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Un día después de que el gabinete aprobara el acuerdo con la Unión Europea estalló el caos en el gobierno del Reino Unido que encabeza la primera ministra Theresa May.

El secretario del Brexit Dominic Raab presentó su renuncia en la mañana de este jueves “por no estar de acuerdo con el borrador”. Antes se habían ido el ministro para Irlanda del Norte Shailesh Vara y la ministra de Trabajo y Pensiones Esther McVey, quien declaró que el entendimiento “no honra los resultados del referéndum” en el que se votó a favor de la salida del bloque europeo tras 40 años de membresía.

Y puede haber más renuncias: el clima es de rebelión, con los conservadores rechazando el acuerdo (es capitular ante Europa, creen) y los parlamentarios laboristas anunciando que van a votar en contra.

Los euroescépticos amenazan a May con un “voto de confianza” que la eyectaría del poder.

Mientras tanto, la Unión Europea ha aceptado una cumbre para discutir el Brexit el próximo 25 de noviembre. Un segundo referéndum es el escenario más probable frente a este escenario caótico.

“Lamento decir que, tras la reunión de gabinete por el acuerdo del Brexit, debo renunciar. No puedo apoyar este acuerdo por 2 razones: primero porque creo que el régimen regulatorio propuesto para Irlanda del Norte presenta una muy real amenaza a la integridad de Gran Bretaña. Segundo, no puedo apoyar un indefinido acuerdo de salvaguarda (backstop), cuando la Unión Europea conserva el veto sobre nuestra habilidad para salir”, argumentó Raab en su dimisión, que hizo caer la libra esterlina inmediatamente frente al euro y el dólar.

Raab, que se encargó de negociar con la UE, expresa a los denominados brexiteers (quienes están a favor de salir tal como se votó en el referéndum de 2016) que presionan para que se declare la puesta en marcha del “voto de confianza” que terminaría con el gobierno de Theresa May. No aceptan la unión aduanera y el mercado único vigente en Irlanda del Norte y sin fecha de salida.

El “sí” que obtuvo May es el resultado de un mecanismo llamado “responsabilidad colectiva”, con un manual de comportamiento exhibido por el jefe de Gabinete para disciplinar a una ministra que exigía que se votara y 13 ministros que no avalaban el acuerdo.

Todos estos detalles muestran un gobierno en medio de un tsunami de disidencias y más dividido que nunca.

La renuncia de Raab pone a May en un serio y abierto conflicto con su partido en estas horas claves.

El Partido Unionista Democrático norirlandés (DUP), que le entrega a May sus 12 bancas para mantenerla en el poder, sin embargo apoyó la actitud del ahora exfuncionario.

“Gracias Dominic Raab y otros por defender la Unión”, escribió Nigel Dodds, uno de los voceros del DUP.

Numerosos brexiteers han escrito al Comité 1922, el grupo parlamentario del Partido Conservador, para exigir la implementación del voto de confianza. Entre ellos, el European Research Group (ERG), que reúne a 50 euroescépticos duros y el jueves en la Cámara de los Comunes le advirtieron a May que su propuesta traicionaba lo que la gente había votado e iba a perder el apoyo de docenas de diputados y millones de británicos.

Técnicamente sir Graham Brady, el presidente del Comité 1922, puede lanzar el voto de confianza si ha recibido 48 cartas de diputados conservadores exigiéndolo.

Jacob Rees-Mogg, líder de los brexiteers, anunció que votará en contra y puede ser uno de los que desafíe directamente a May para reemplazarla.

Periodistas dormidos saltaron de la cama en Londres muy temprano ante los rumores de las renuncias, que se fueron concretando una a una cuando se comenzaba a perfilar qué pasó realmente en la reunión de gabinete del miércoles.

Fue  una “masiva pelea”, que sofocaron a los gritos Julian Smith, el “látigo” partidario de May, y sir Mark Sedwill, su secretario de gabinete, quien leyó a los ministros el manual del principio de “responsabilidad colectiva”, que fue el mecanismo que permitió conseguir la forzada aprobación.

Aun así 9 ministros continuaron con su desaprobación. El ministro del Interior Sajid Havy preguntaba por qué no había otro ronda de negociaciones, cuando May insistía con que el acuerdo era “el mejor que podía conseguirse”.

Al mismo tiempo, el ministro alertaba que se debía planificar un “no acuerdo” si el Parlamento decidía lo desaprobaba. May decidió terminar el debate, tras 5 horas de discusiones, y anunciar el acuerdo sola, frente a Downing St, la sede del poder.

El laborismo denunció la ingobernabilidad en la que está sumergida Theresa May. Sir Keir Starmer, que estaba reunido con los negociadores del Brexit cuando se enteró de la renuncia de Raab, dijo que “esto es ahora una situación increíblemente seria”.

“El acuerdo de la primera ministra ha caído en el primer obstáculo. Ella necesita urgentemente repensar su enfoque”, agregó.

Los liberales demócratas denunciaron que “el gobierno se encuentra en completa crisis”.

”No hay manera de prevenir que el Brexit dejará a nuestro país peor. Un voto de la gente al final del acuerdo, donde se pueda elegir la permanencia en la Unión Europea, es la única ruta para salir de esta incertidumbre”, dijo el líder de ese sector, sir Vince Cable.

La primera ministra May repitió que iba a presentarse en la Cámara de los Comunes en el mediodía londinense, pese al clima de crisis.

 

 

 

Clarín

La primera ministra Theresa May anunció la investigación en 2017, calificando el caso de “tragedia que causó dificultades y dolor inconmensurables a los afectados”.

Presidida por el exjuez del Tribunal Superior Brian Langstaff, la investigación, que debe durar dos años y medio, considerará “si hubo intentos de ocultar detalles de lo ocurrido” mediante la destrucción de documentos o retención de información.

También analizará si esos intentos fueron deliberados y si “hubo una falta de sinceridad u honestidad” en las respuestas del gobierno, la administración del NHS y otros responsables.

El abogado Des Collins, que representa a numerosas víctimas y grupos asociados, consideró que este era “un día que pocos pensaban que llegarían a ver”.

Debido a la escasez de productos sanguíneos en Reino Unido, el NHS compró gran parte de su reserva a abastecedores estadounidenses cuyos donantes, entre los que había presos y otros grupos de riesgo, habían cobrado por su sangre.

Una investigación anterior concluyó en 2009 que el gobierno debería haber actuado antes para lograr que los suministros de sangre en el país fuesen autosuficientes en lugar de depender de las importaciones.

También pidió que se compensase a los afectados. Una decisión del Tribunal Superior permitió en 2017 a las víctimas y sus familias a pedir compensaciones en el sistema de justicia británico.

 

 

El Zonda SJ