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El presidente Alberto Fernández cumple este domingo cinco meses de gestión que comenzó con un plan para sacar al país de la recesión y la inflación, con foco en la asistencia a los sectores más vulnerables y políticas solidarias y, en poco menos de tres meses, debió dar un golpe de timón para hacer frente a la peor pandemia de la historia mundial reciente.

«Me siento un jugador de ajedrez, jugando 20 partidas simultáneas. Salto de la deuda a los bonos, de los bonos a la pandemia, de la pandemia a la educación, de la educación a los jubilados. Es lo que me tocó en suerte», dijo el mandatario esta mañana, en una extensa entrevista a la radio FM Futurock, al cumplir mañana cinco meses de gobierno desde que asumió el 10 de diciembre pasado.

Reorientar el Estado hacia los más vulnerables

El eje de gestión de los primeros 150 días fue el de reorientar el rol del Estado hacia los sectores más vulnerables, casi hundidos por la recesión y la inflación, con la meta de diseñar políticas inclusivas.

Esa convicción de un Estado activo le permitió, el 11 de marzo, con la declaración de la pandemia del coronavirus, reaccionar rápidamente para empezar a diagramar una red sanitaria nacional para contener la propagación de la enfermedad, una amenaza latente que dejó a un costado las iniciativas en las que venía trabajando el gobierno nacional.

Cuando llegó a la Casa Rosada, y desde las antípodas del pensamiento de su antecesor Mauricio Macri, comenzó a rediseñar todas las políticas para tratar de favorecer prioritariamente al casi 50% de la población en estado de pobreza.

Un eje inevitable de su Gobierno, tal como lo dijo Fernández al asumir, era la deuda externa. En ese marco, ratificó desde el inicio de su gestión que estaba dispuesto a darle una solución y no a patear el problema para adelante, como su antecesor quien concentró los mayores pagos en el 2020 y 2021.

En el frente interno, Fernández impulsó una relación institucional dinámica con los 24 jefes de distritos del país, tanto oficialistas como opositores, a quienes los convocó a establecer un esquema federal de decisiones que se acentuó aún más con la pandemia.

De hecho, lo primero que hizo fue aceptar una propuesta de los gobernadores y el jefe de Gobierno porteño de reformar la ley de Consenso Fiscal, para obtener mayor recaudación para sus alicaídas arcas, carcomidas por la alta inflación.

La recesión galopante y los números en rojo del Tesoro lo llevaron a proponerle al Parlamento una ley de emergencia para redireccionar la política económica y destinar los recursos en favor de los jubilados y las familias de bajos ingresos y de millones de trabajadores informales.

En enero se potenciaron los anuncios del cambio estructural que Fernández había propuesto en campaña: ya estaba en ciernes una quirúrgica reforma judicial para democratizar el poder de Comodoro Py, los tribunales utilizados por la política para dirimir poder.

La cuestionada AFI, la central de Inteligencia, fue intervenida y eliminados sus gastos reservados, sospechados de ir a parar a espías de políticos y periodistas.

Una gestión con sello igualitario

La formula presidencial estuvo equiparada entre un hombre -Fernández- y una mujer -Cristina Fernández de Kirchner-, y ese sello igualitario distinguió hasta ahora a su gestión y tuvo su punto más alto con la creación del Ministerio de las Mujeres y la Diversidad.

El tema del aborto y su abordaje institucional, inevitable por parte del Estado, había quedado pendiente de la gestión de Cambiemos, cuando un proyecto de ley en ese sentido fue bloqueado en 2018 por el Senado, tradicional ala conservadora de la política parlamentaria.

El 1 de marzo, al inaugurar en el Congreso el periodo de sesiones ordinarias, el Presidente anunció el pronto envío de un proyecto, que quedó en carpeta al avanzar en forma explosiva el coronavirus e instalarse como primera prioridad.

La pandemia

El presidente Fernández recogió a tiempo el guante y puso al frente de la emergencia que se venía al ministro de Salud, Ginés González García, quien armó un comité de científicos epidemiológicos e infectólogos -la mayoría reconocidos mundialmente- que diseñó un plan integral para estudiar la propagación del virus y las formas de tratar de contenerlo.

El plan fue bifronte: por un lado, se diagramó la ampliación de la red sanitaria de atención pública y privada en todo el país, concretamente con más camas para internaciones y más personal e insumos: y la otra cara fue el novedoso aislamiento social, preventivo y obligatorio, que paralizó en consecuencia alrededor del 90% de la actividad económica.

El plan permitió ralentizar la velocidad de la propagación de contagios y la cuarentena estricta empezó a dar resultados para la salud de los argentinos, según las estadísticas nacionales y comparativas internacionales.

Ante la paralización de la actividad productiva, ya golpeada por la crisis heredada, el Gobierno elaboró un abanico de medidas que le inyectó a la economía aproximadamente un 6% del PBI, con medidas destinadas a los monotributistas, los jubilados, los comercios y las grandes empresas privadas.

El lunes comienza una nueva etapa del confinamiento, iniciado el 10 de marzo y extendido hasta el 24 de mayo, «sin grandes cambios» en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), pero con algunas excepciones que se analizarán para flexibilizar actividades, mientras que el resto del país iniciará la fase 4 de «reapertura progresiva».

Como reafirmó anoche Fernández, el objetivo central sigue siendo la salud, pero a la par se viene el apuntalamiento de la reactivación de la economía nacional y, también el de afrontar el problema de la deuda.

El Presidente hizo su oferta «sostenible» –con una fuerte quita de intereses y un período de quita de tres años para primero iniciar una etapa de crecimiento- y le tiró la pelota a los bonistas tenedores de la deuda que, por ahora, están renuentes a un acuerdo, aunque saben que la pandemia abrió un escenario de crisis económica mundial de características imprevisibles.

Mientras tanto, el país cerró filas detrás de la propuesta de restructuración de la deuda pública: recibió el apoyo coincidente de las asociaciones empresariales más importantes; de la CGT, los gobernadores y los intendentes del país.

El presidente Alberto Fernández afirmó hoy que el Gobierno trabaja para que «no se profundice la recesión” y que este mediodía analizará con el ministro de Economía, Martín Guzmán, un “menú” de medidas con “mecanismos de compensación” para los sectores productivos y asalariados que puedan llegar a ser afectados por los efectos del coronavirus.

“Nosotros no debemos dejar que se profundice la recesión, estamos en recesión”, subrayó Fernández en diálogo con Radio 10 y radio Mitre.

El Presidente dijo que va a mantener una reunión en la Quinta de Olivos con el ministro Guzmán para definir “un menú” de medidas económicas para compensar los problemas que pueden llegar a generar las restricciones que puedan aplicarse para evitar la propagación del virus.

“Hay que buscar mecanismos de compensación”, señaló el jefe del Estado”.

Fernández adelantó además que mañana a las 10 se reunirá el Gabinete Social, coordinado por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, para terminar de definir las distintas propuestas.

“Lo que más hace falta es garantizar el salario de los que se quedan en su casa por orden del Estado y garantizar créditos muy blandos para que el que deja de producir pueda sobrevivir”, resumió el jefe del Estado.

El presidente Alberto Fernández afirmó que la Argentina necesita “tiempo” para poder resolver el problema de la deuda y ratificó la decisión de su gobierno de “priorizar” la resolución de problemas que afectan a los sectores más desprotegidos.

“Es prioritario sacar de la crisis social a los argentinos. La deuda no nos va postergar las cuestiones sociales”, dijo el Presidente.

“El primer tema que tengo que tratar con Martín Guzmán es el tema deuda”, detalló el Fernández respecto a la agenda de reuniones que mantendrá hoy.

“El capital no tiene mucho corazón”, dijo Fernández al ser consultado sobre el tema deuda y la propuesta que presentará la Argentina a los tenedores de deuda.

“Estamos encaminados y lo que nos está pasando nos está dando la razón, porque veníamos mal y esto nos hace peor, por eso necesitamos tiempo”, sostuvo el Presidente.

Fernández advirtió que “el escenario del mundo ha cambiado mucho” a causa del coronavirus.

“El mundo ha cambiado por esta enfermedad. Si vale el ejemplo, en el caso de Argentina, nosotros veníamos achacados, nos agarra el virus y nos hace mucho más daño”, concluyó.

La economía tiembla con el coronavirus. Las consultoras recalculan las posibles pérdidas para el país y en un primer análisis, “ya podemos asumir que, al menos durante todo el primer semestre, el golpe dolerá”, resume el director de DNI, Marcelo Elizondo. Más en detalle, Abeceb estima una caída del 5% en las exportaciones, por un total de US$3.400 millones. “Por la irrupción de la pandemia se prevé una desaceleración del PBI en 0,5%, pero los últimos eventos sugieren que la caída en la actividad podría trepar hasta 1,5%”, advierte la consultora.

Son cálculos provisorios de una crisis global, pero que repercute en varios rubros locales, como la agroindustria, petróleo, autos, turismo, electrónicos y al mercado interno. Pero por sobre todo, los expertos consideran que lo más grave son las complicaciones para reestructurar la deuda pública, un tema crucial para un país que “se encamina a transitar su tercer año consecutivo de retracción en el nivel de actividad”, explica Soledad Pérez Duhalde, de Abeceb.

Los pronósticos para la Argentina ya eran desalentadores, con un estancamiento del PBI supeditado a una rápida y exitosa resolución de la deuda. Y son cálculos efectuados antes del surgimiento de dos “cisnes negros”: el coronavirus y la baja abrupta del precio del petróleo. Esos eventos inesperados generaron un cuadro muy complejo en países como Brasil, el mayor socio comercial del país y destino de casi el 65% de las exportaciones de autos locales.

“La economía brasileña no crece y eso perjudica a la industria automotriz (principal socio en el rubro), por la menor demanda de manufacturas argentinas”, comenta Ricardo Delgado, director de Analytica. “Esto se refuerza -añadió el economista- por la devaluación del real y la salida de capitales de la economía vecina”. En el primer bimestre del año, según Adefa, la producción cayó 1,4%. En el sector aguardan a ver cómo evoluciona la crisis para hacer proyecciones.

El coronavirus inició su recorrido en China, el destino del 75% de los despachos de soja y carne de origen nacional. Las exportaciones caen, según coinciden los expertos, por los menores volúmenes y también por la baja de precios. Con respecto a esto, Abeceb prevé menores ingresos de dólares por la soja (US$1.360 millones), carnes (US$790 millones), maíz y trigo (US$460 millones) y petróleo (US$400 millones). Como contrapartida, observa una mejora de US$360 por las exportaciones de oro.

Por la crisis de las bolsas y una sensación de pánico que se generaliza, la tonelada de soja el jueves cotizó al precio más bajo en seis meses: US$315. A su vez, la oleada bajista arrastró también a las cotizaciones de maíz y trigo en Chicago, golpeando la rentabilidad de los productores..

La baja del precio del crudo complica el desarrollo de Vaca Muerta. Y en forma colateral, “tiene un fuerte impacto en la siderurgia”, que podría perder más de US$300 millones este año si la crisis continúa. Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina, coincide en que el freno en la economía global impacta de lleno en la actividad doméstica. Pero subraya que el peor escenario podría agravarse mucho más si se repite la crisis de 2009, con la gripe A. “Esto complicaría el consumo”, subrayó el economista.

La gripe A (H1N1) causó en el país 626 muertos y provocó una caída en el PBI de 5,9% por una sumatoria de de factores, entre ellos el conflicto con el campo, la crisis de Lehman Brothers, la caída de los precios de la soja (que rozaban los US$600 la tonelada) y la sequía. A eso se sumó la epidemia, con cierre de espectáculos y otra clase de eventos, para evitar la propagación del virus. “Algunas de estas cosas ya la estamos viendo”, añadió Sigaut.

Por la expansión del coronavirus, Gobierno y empresas toman medidas de contención, lo que afecta al mercado interno. Ayer nomás, la productora DF Entertainment reprogramó el Lollapalooza, el tradicional festival que se iba a llevar a cabo en el Hipódromo de San Isidro entre el 27 y el 29 de marzo y que se realizaría en el segundo semestre. Ya hay varios shows cancelados, al igual que muchos eventos deportivos y culturales. Tal es el caso de la Feria del Libro, que está en duda. “Muchas de estas actividades tienen impacto directo en el consumo interno”, dice Sigaut.

China es destino de exportaciones y también es un fuerte proveedor de insumos para industrias locales, como la electrónica fueguina. Al respecto, Federico Hellemeyer, de la AFARTE, admite que en Tierra del Fuego “todas las industrias están afectadas, en alguna medida, en sus esquemas productivos. La industria electrónica argentina también está sintiendo el impacto de esta problemática global”, dijo y añadió que “cada empresa está gestionando sus niveles de stock, sus vínculos comerciales y sus estrategias productivas”.

Un alto ejecutivo de un fabricante fueguino reconoció que los envíos de componentes desde China tienen una “demora de 30 días”. Por ahora, señaló, la falta de insumos no paralizó a las terminales y que por ahora se toman medidas coyunturales, como adelantamiento de vacaciones para el personal. “Desde China se comprometieron a normalizar la situación en junio, pero no sabemos si van a cumplir”, describió.

El estallido del coronavirus cayó como balde de agua fría a una economía cuya mampostería ya tenía rajaduras y filtraciones. Sobre este punto, Bárbara Gueretza Echagüe, analista del estudio Arriazu, describió que la pandemia está afectando a la economía mundial. “Se detiene el comercio internacional, bajan las importaciones, la producción, la demanda de productos y también los precios”, enumeró. Pero destacó que para la Argentina, el impacto por ahora es limitado. Y que lo prioritario “es avanzar con la reestructuración de la deuda y la política fiscal”.

¿La crisis financiera favorece la posibilidad de un acuerdo por la deuda? Para Guido Lorenzo, de LCG, “caen los incentivos para llegar un arreglo”. Pero Delgado, de Analytica, sostiene que la menor entrada de dólares comerciales (por la caída de las exportaciones y la baja de precios) implica un mayor esfuerzo por parte del Gobierno para presentar una propuesta menos agresiva a los acreedores.

Lo explicó de este modo. “Para salir de esta situación, si no es por el lado de las exportaciones, se debe encontrar algún atajo más amigable con los mercados. Posiblemente la negociación no sea tan dura, que le permita al Gobierno obtener financiamiento voluntario, que alivie la baja de los ingresos de dólares comerciales”, finalizó.

Un primer semestre muy duro

La expansión de la enfermedad producida por el llamado coronavirus tiene por principal efecto el sanitario. Pero, adicionalmente, está generando consecuencias económicas. Algunas, inmediatas, ya podemos advertirlas; y otras, mediatas, aún son inciertas.

En la Argentina impactará en distintos planos. El primero de ellos es el comercio exterior. Sufrirán por un tiempo los precios de los commodities, un mercado significativo para la Argentina. En 2019 se exportaron alrededor de US$40.000 millones en estos productos (de los cuales los agropecuarios -unos US$25.000 millones- son el principal componente. Aunque también se despacharon minerales por casi US$4.000 millones.

Adicionalmente sufrirán los volúmenes embarcados. Principalmente por la menor demanda de China (segundo mayor mercado para Argentina en el planeta pero principal cliente de agroexportaciones), algo que resulta inexorable.

En 2019 China importó US$7.000 millones desde la Argentina y dos tercios de esa cifra estuvo explicada por el complejo sojero: del total, US$3.600 millones fueron productos primarios y US$3.000 millones manufacturados de origen agropecuarios. Dicho sea de paso, hoy las carnes también tienen en China su principal mercado.

Asia, que es un foco crítico del problema sanitario, es (con US$21.000 millones exportados en 2019) para la Argentina más relevante comercialmente que Europa.

Pero la creciente problemática en Europa (con epicentro en Italia y España pero con capacidad de afectar a toda la economía continental), a su vez, también podría impactar en las exportaciones argentinas (más de US$10.000 millones exportados a toda Europa, y unos US$8.800 a la Unión Europea), que en su mayoría se componen de productos de origen agropecuario y alimentos (alrededor de US$5.500 millones).

Y por propiedad transitiva, a la vez, Brasil, principal cliente de la Argentina en el mundo (las exportaciones el año pasado a ese país alcanzaron US$10.500 millones), está fuertemente expuesto a China y a la Unión Europea y una consecuente desaceleración de la economía brasileña implicará menos importaciones desde la Argentina (que es el cuarto mayor proveedor de Brasil en el mundo).

Hay otros planos donde el fenómeno impacta en la Argentina: la demora en la concreción de inversiones en Vaca Muerta (donde se estima que cuando el precio del petróleo desciende por debajo de Us$ 50 el negocio pierde sustento.

El barril de crudo ha caído ya 30% por debajo de esa cifra y el golpe en las cotizaciones que afecta el valor de empresas argentinas, posterga decisiones de inversión en general y debilita la posibilidad de financiamiento, y la mayor dificultad para el Gobierno en la búsqueda de renegociar los términos de la deuda pública en un escenario volátil, donde todo resulta más difícil y riesgoso.

Sobre la evolución del problema del COVID-19 es mucho más lo que no sabemos que lo que sí sabemos. Pero ya podemos asumir que, al menos durante todo el primer semestre, el golpe dolerá. Y si el impacto de la pandemia (como se prevé) se consolida globalmente, se verán afectados otros commodities, como frutas y legumbres (US$1.300), cereales (US$9.000 millones en 2019) y hasta en alguna medida los vinos (US$1.000 millones).

Y para después, empiezan a aparecer interrogantes sobre el impacto en la geoeconomía global. ¿Cambiarán las bases de las alianzas internacionales? ¿Se ponderarán aún más cuestiones cualitativas y/o culturales que las meramente comerciales en los procesos de integración? ¿Mutará la evaluación para la elegibilidad de los países? ¿Será esta calamidad la madre de algo distinto? Todavía no hay respuestas .

En el informe de actualización de las Perspectivas de la Economía Mundial, difundido hoy, el FMI mantuvo idénticas proyecciones para el país que las realizadas en octubre último, respecto del comportamiento económico, y auguró para el 2021 una recuperación de 1,4%.

En cuanto a la evolución de la región, se espera un repunte de 1,6% en 2020 y de

2,3% en 2021, “impulsado por una reactivación gradual del crecimiento mundial y de los precios de las materias primas».

Pero también por «un continuo apoyo de la política monetaria, una menor incertidumbre en torno a las políticas económicas, y una recuperación paulatina de las economías estresadas”, expresó el responsable del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo, Alejandro Werner, en un texto también divulgado hoy.

Sin embargo, Werner advirtió que continúan los desafíos regionales, y remarcó que «la fuerte incertidumbre en torno a las políticas económicas en algunos de los principales países de América Latina sigue limitando el crecimiento”.

A modo de ejemplo, indicó que “la incertidumbre acerca del rumbo de las reformas y las políticas económicas en Brasil y México probablemente contribuyó a la desaceleración del crecimiento del PBI real y la inversión en 2019”, si bien consideró que «las señales en estos países se están revirtiendo hacia una recuperación».

Asimismo, sostuvo que la “continuidad del rebalanceo económico en las economías estresadas que experimentaron frenadas bruscas de los flujos de capital en 2018-19 (Argentina, Ecuador) ha ayudado a restaurar los equilibrios internos y externos», pero alertó que «también ha contenido el crecimiento”.

En cuanto a Brasil, el ejecutivo puntualizó que “el crecimiento permaneció en un nivel moderado de 1,2% en 2019», pero destacó que «se proyecta que se acelere a 2,2% en 2020 gracias al repunte de la confianza tras la aprobación de la reforma de las pensiones y las menores tasas de interés de política monetaria en el contexto de una inflación baja”.

Al respecto, consideró que «la ejecución firme del amplio programa de reforma fiscal y estructural del gobierno brasileño será esencial para salvaguardar la sostenibilidad de la deuda y estimular el crecimiento potencial del país vecino».

«La actividad económica en América Latina y el Caribe se estancó en 2019, siguiendo con el lento ritmo de crecimiento de los últimos cinco años, lo que plantea nuevos retos y urgencia a la reactivación», indicó Werner.

De hecho, subrayó que «el PBI real per cápita de la región ha disminuido 0,6% por año en promedio durante el período 2014–2019, en marcado contraste con el aumento medio anual de 2% durante el período de auge de las materias primas de 2000–2013».

El Índice Líder (IL), que busca anticipar cambios de tendencia en el ciclo económico, creció 0,6% durante septiembre 2019 y la probabilidad de salir de la recesión en los próximos meses se situó en 94,7%, de acuerdo con un informe del Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella.

El IL creció 0,6% en septiembre con respecto a la medición del mes anterior, y se ubicó en 125,16 puntos; mientras que, en términos interanuales, presentó una caída de 3,92% con respecto a septiembre 2018.

Por otra parte, el Índice de Difusión (IDCIF) se ubicó en 50% en septiembre, lo que significa que «de las diez series que componen el Índice Líder, cinco de ellas presentan una variación positiva significativa: IGBC, Merval Argentina, molienda de soja, minerales no metálicos y siderurgia».

En tanto, la probabilidad de ingresar en una fase de expansión de la actividad económica durante septiembre se ubicó en 94,7%, por encima del 94,4% registrado en agosto y el 89,4% de julio.

Los consumidores están priorizando las compras en las grandes cadenas de supermercados, de acuerdo con un relevamiento de la consultora Scanntech.

En septiembre las ventas de los productos que integran la canasta básica (alimentos, bebidas, artículos de tocador y de limpieza) en el canal autoservicios cayó 15%, la mayor baja del año.

El derrumbe en la demanda en este canal contrasta con el desempeño de los supermercados en el último mes.

A partir de la iniciativa oficial para reducir a cero la alícuota del IVA para trece familias de productos de primerísima necesidad (aceites, pastas, leche), en septiembre la demanda en las grandes cadenas se contrajo 2,6% interanual, según el índice Scantrack Express, de la consultora Nielsen.

La brecha entre la caída de la demanda en los autoservicios chinos y los supermercados se explica básicamente por la menor presión impositiva sobre algunos alimentos.

En septiembre las categorías en las que se sintió con más fuerza la reducción del IVA tuvieron un comportamiento positivo en los supermercados.

El rubro almacén cerró con una suba del 2,7% en las ventas, aunque este efecto se vio compensado por las caídas en el resto de las categorías: bebidas (-2,9%), cosmética y tocador (-0,9%), frescos, lácteos y congelados (-8,4%) y artículos de limpieza (-7,5 por ciento).

Los autoservicios chinos fueron muy golpeado por la devaluación post elecciones PASO y agosto había cerrado con una baja del 12% en las ventas.

La caída se profundizó en septiembre (-15%), con algunos rubros con caídas especialmente sensibles, como alimentos congelados (16,7%) y lácteos (-16%).

En precios, los autoservicios acumulan en los últimos doce meses una suba del promedio del 54,3%, en línea con la inflación general que ronda el 55%.

La familia de productos de cuidado personal es la que encabeza las subas con un alza del 61,4%, seguido por limpieza (60,4%) y alimentos (58,7%), mientras que bebidas fue la única que tuvo una suba por debajo de la inflación (40,5%).

El Banco Mundial pronosticó que la economía argentina sufrirá este año una contracción del 3,1% y que bajará 1,2% en el 2020, según un informe sobre la situación económica de América latina publicado por esa entidad.

El estudio estimó que la actividad productiva del país recién volverá a la senda del crecimiento con una leve reactivación del 1,4% en el 2021.

Según el informe, América Latina y el Caribe, sin contar a Venezuela, crecerá un 0,8% en 2019 y un 1,8% en 2020.

«La recesión argentina se profundizará antes de que comience la recuperación», señaló la entidad, al hacer referencia a los dos años de caída contínua, tras el impacto de la devaluación.

El trabajo destacó que los países del Pacífico, América Central y el Caribe seguirán experimentando un crecimiento «más veloz, en promedio, que los países del Atlántico».

Las economías más grandes de la región tuvieron que enfrentar recesiones, turbulencias macroeconómicas o una desaceleración en el crecimiento, apunta el informe, que señala que Brasil crecerá un 0,9%; México, 0,6%, y Colombia un 3,3 por ciento este año.

Advirtió que «un freno en la economía mundial podría hacer que estas perspectivas se deterioren aún más», aunque indicó que «una mayor integración al comercio internacional y a las cadenas de valor globales podría reavivar el crecimiento económico».

El estudio indica que los acuerdos comerciales sellados por México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y el Mercosur y la Unión Europea, que fueron negociados en el transcurso del último año, «representan oportunidades hacia una mayor integración comercial y, eventualmente, un mayor dinamismo regional».

«Ambos pueden tener efectos positivos considerables sobre el crecimiento, aunque deberán abordarse los impactos ambientales y las potenciales repercusiones negativas sobre ciertas áreas», indicó el informe, titulado «¿La integración comercial como vía hacia el desarrollo?».

La probabilidad de salir de la recesión de la Argentina «sube a 90% para los próximos meses», según un índice que elabora la Universidad Torcuato Di Tella.

Se trata del Índice Líder (IL), que busca anticipar cambios de tendencia en el ciclo económico, que verificó que «la tendencia-ciclo tiene un piso en febrero marcando desde allí cinco meses consecutivos de crecimiento; con lo cual, la probabilidad de salir de la recesión en los próximos meses aumenta y se ubica en casi 90%».

El indicador no obstante cayó 0.82% en su versión desestacionalizada durante julio 2019. .

En términos interanuales, el Índice Líder cayó 7.74% con respecto a julio 2018, para la serie desestacionalizada y 8.16% para la tendencia-ciclo.

En tanto, el Índice de Difusión (IDCIF) se encuentra en 60%.

Según la Di Tella, «esto quiere decir que de las series que componen el IL seis presentan aumentos interanuales», de manera «significativa, a saber: molienda de soja, ventas a concesionarios, despachos de cemento, icc y minerales no metálicos».

Estos resultados sugieren que la recesión habría terminado durante el segundo trimestre de 2019″, concluye el informe, citado por la agencia Télam.

Argentina atraviesa este año la séptima recesión más profunda del mundo y la recuperación es más lenta de lo esperado, de acuerdo con el informe difundido por la consultora Ecolatina.

«La retracción de 2,7% en nuestro PBI per cápita nos convierte en el séptimo país con peor performance económica en el mundo de acuerdo a las proyecciones del FMI, solo superados por Venezuela, Guinea, Irán, Nicaragua, Sudán y Turquía», aseguró Ecolatina.

Durante enero y febrero la actividad mostró crecimiento en términos desestacionalizados, al mismo tiempo que el tipo de cambio se mantuvo cerca del piso de la zona de no intervención.

Pero el movimiento cambiario de marzo (11% entre puntas) aceleró la inflación, «redujo el salario real e incrementó la tasa de política monetaria secando los brotes verdes del primer bimestre», indicó Ecolatina.

Al mismo tiempo, Brasil, del cual se esperaba un crecimiento cercano al 2% en el año, mostró una leve contracción en el primer trimestre, complicando aún más la recuperación local.

De esta manera, para marzo el nivel de actividad era inferior al de diciembre.

Según Ecolatina, el dato de marzo «sorprendió negativamente al punto tal de obligarnos a ajustar nuestra proyección de crecimiento para el año».

«El ajuste de 0,3 puntos porcentuales implicó pasar de una contracción de 1,4% en el promedio del año a una de 1,7%», señaló.

Sostuvo que «el dato es aún más desalentador si se calcula en términos per cápita, en este caso la caída sería de 2,7%, dejándonos prácticamente en el mismo nivel de vida que el de una década atrás».

La pertenencia de Argentina a este grupo de economías en recesión «no solo es solo coyuntural, sino que es parte de un comportamiento histórico», advirtió la consultora.

En este contexto, observó que «cuando comenzó el año advertimos que la recuperación no sería rápida. Si bien el motor de la recesión de 2018 fue similar al de 2016 (significativo salto cambiario), la mejora en la actividad no tendría en la apreciación cambiaria el pilar que sí encontró en 2017».

«Como argentinos estamos acostumbrados a vivir en una economía extremadamente volátil. Esa volatilidad no solo es elevada sino que ha sido también un rasgo característico de nuestra economía a lo largo de las últimas décadas», detalló.

El informe indicó que «desde 1950 el 35% de los años fueron recesivos, pero este promedio no da cuenta de casos puntuales».

«Un argentino de 30 años pasó 40% de su vida en recesión y uno de 20 años pasó casi la mitad de su vida en esa condición. Estos números solo pueden ser comparados con los del Congo, Iraq, Siria o Zambia, países que difícilmente pueden ser llamados economías de mercado. En este sentido, no es descabellado decir que Argentina es la economía más volátil del mundo», agregó.

En cuanto a qué podemos esperar para los próximos años, la consultora sostuvo que «de cara al próximo ciclo presidencial la performance económica dependerá de la capacidad del gobierno electo de disipar las dudas respecto al repago de la deuda pública».

El actual esquema de pagos con el FMI establece que Argentina debería pagar US$ 52 mil millones entre 2021 y 2023 y se descuenta que el país no podrá recurrir al mercado para tomar deuda en esa magnitud.

 

 

iProfesional

Los datos surgen de la comparación interanual. En relación a febrero, el indicador retrocedió un 1,3%, con lo que cortó una racha de tres alzas consecutivas.

La actividad económica se derrumbó 6,8% en marzo en forma interanual, acumuló su undécima caída mensual consecutiva y cerró el primer trimestre del año con una contracción del 5,7%, informó este miércoles el INDEC.

Según las cifras del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), en marzo último respecto de febrero el indicador registró una caída del 1,3%, con lo que volvió así a tener una variación negativa contra el mes anterior, después de tres meses de números positivos.

Los once meses de caída consecutiva de la actividad contradicen los pronóstico del Palacio de Hacienda, que por los indicadores positivos desestacionalizados en febrero había encontrado que la economía habría registrado el piso de caída en noviembre pasado.

En abril profundizaron la caída de la producción de bienes y servicios la intermediación financiera, el comercio minorista y mayorista la industria y la construcción.

Con excepción del campo, que creció en marzo 10,8%, la enseñanza, que mejoró 1%, y los servicios de salud, que subieron 0,2%, el resto de los sectores arrojaron variaciones negativas.

La intermediación financiera se desplomó un 13,9% la mayor caída en los últimos tres años, mientras que la contracción en consumo del comercio minorista y mayorista, que cae un 14,6%, es también el mayor indicador negativo desde el 2016, si se excluye ella utilización del agua, gas y energía eléctrica que baja un 3,4% último bimestre del año pasado.

La industria manufacturera presentó en marzo un 13,2%, la actividad de la construcción un 7,1% con 8,2, pesca con un 4,4% y la utilización del agua, gas y energía eléctrica presentó una baja del 6,1%.

Los servicios del transporte y comunicaciones y la actividad inmobiliaria se contrajeron un 3,6%.

También mostraron bajas menores los servicios comunitarios con un 1,7% de contracción, la actividad en hoteles y restaurantes cayó en marzo un 1,5, y la explotación de minas y canteras bajó 1,8%, mientras que la administración pública cayó un 0,3 y la pesca pesca con un leve retroceso del 0,2%.

 

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