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La Real Academia Española (RAE) presentó el proyecto LEIA, de lengua española e inteligencia artificial, que nació con la firma de un convenio entre las 23 academias y seis empresas tecnológicas: Telefónica, Google, Twitter, Amazon, Microsoft y Facebook.

«Nos hemos encontrado casi sorpresivamente con el reto de la inteligencia artificial», declaró Santiago Muñoz Machado, director de la RAE. «En el campo de la inteligencia artificial, nos está ocupando el inglés, pero tenemos que ganar espacio para el español», afirmó.

Marcó el camino que seguir con tres ejemplos que hoy no acaban de funcionar: los correctores ortográficos que marcan como incorrectas palabras que están en el diccionario y, por tanto, provocan que los usuarios las desestimen; las máquinas que traducen que empobrecen el lenguaje; y los 700 millones de máquinas que hablan español según los criterios de sus fabricantes.

Muñoz Machado se mostró preocupado por la unidad de la lengua, «que tanto ha costado y se ha logrado conquistando la voluntad de los hablantes». En la inteligencia artificial «no hay autoridades globales, pero sí las hay en la lengua española».

Confesó desconocer la magnitud del reto pero ofreció a las tecnológicas la completa colaboración de la academia, con todo el material elaborado y disponible en formato digital, para que «las máquinas aprendan la lengua que fijan la RAE y las otras academias del español», asì lo detallò IProfesional.

Telefónica –la primera en unirse al proyecto LEIA–, Google, Microsoft, Twitter, Amazon y Facebook ejemplificaron aspectos de sus programas que ya trabajan con la lengua española (Siri, Alexa, correctores, textos predictivos, sugerencias, traductores, consultas al diccionario…) y se mostraron dispuestos a colaborar en este proyecto, «que compromete a todas las partes».

La definición de la Real Academia Española ni se hizo esperar ni sorprendió. Para que no quedaran dudas, este lunes la entidad ibérica usó el capítulo que abre su primer manual de estilo del idioma español para volver a expresar su rechazo al lenguaje inclusivo.

En las primeras páginas de su «Libro de estilo de la lengua española», la entidad que se arroga la tarea de velar por la lengua castellana considera innecesarias las variables que se han desarrollado en Hispanoamérica para incluir el género masculino y femenino en su formulación. «Todos y todas», «todes», «todxs» o «tod@s» son construcciones que la Real Academia rechaza. Es que la institución considera que el género masculino de las palabras, «por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos».

La opinión que la Academia tiene sobre el lenguaje inclusivo se incluyó en su manual de estilo porque ese volumen, editado junto a Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), pretende funcionar como guía ante interrogantes idiomáticos que han surgido en los últimos años y que, en casos como el del lenguaje inclusivo, han llegado a despertar alguna polémica.

Este rechazo, que se suma a varias expresiones contrarias al lenguaje inclusivo que ya tuvieron lugar entre autoridades de la RAE, llega algunas semanas antes de que la Academia deba expedirse con un informe sobre la posible modificación del texto de la Constitución española que encargó la vicepresidenta de Gobierno de ese país con el objetivo de que esa Carta Magna reflejara mayor paridad entre hombres y mujeres.

«El problema es confundir la gramática con el machismo», dijo Darío Villanueva, director de la RAE, ante esa solicitud: es la postura que la Academia vuelve a tomar en su manual de estilo y que, adelantaron desde la institución, muy probablemente tomará al elaborar su informe sobre la Constitución.

A pesar de la posición institucional, el lenguaje inclusivo ha ganado espacio en distintos ámbitos. En Latinoamérica, la cadena televisiva Fox Premium estrenó en octubre la serie «Pose», pionera en tener subtítulos con lenguaje inclusivo, tanto en castellano como en portugués. «Les chiques» se lee, por ejemplo, en las letritas blancas que acompañan los diálogos de sus personajes.

También en octubre, una campaña gráfica de la Ciudad de Buenos Aires usó la «x» en sus carteles: «Todxs tenemos derecho a información, educación y atención gratuita de nuestra salud sexual», decía uno de ellos. En ese entonces, Guadalupe Tagliaferri, ministra de Desarrollo Humano y Hábitat, sostuvo: «Tal vez la Real Academia Española se enoje un poco, y alguno tal vez nos acuse de que estamos destruyendo el idioma, en este contexto nos parece muy importante porque estamos hablándoles a los jóvenes».

Es que, aunque de forma incipiente, el lenguaje inclusivo empieza a expandirse en Argentina, especialmente entre adolescentes que lo usan en su habla cotidiana, tanto oral como escrita. Un ejemplo de esto que cobró notoriedad fueron las palabras de Natalia Mira, integrante del Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini, que en junio de este año, dos días antes de que la Cámara Baja votara a favor de la legalización del aborto, instó a «les diputades indecises» a pronunciarse positivamente en ese debate legislativo.

El manual de estilo que acaba de editar la RAE, del que se imprimió una primera tirada de 10.000 ejemplares y que en España se vende a 24,90 euros, no sólo se dedica a rechazar el lenguaje inclusivo. También se refiere a dudas que surgen de una vida cotidiana cada vez más asociada a la tecnología: para eso, el libro incluye un glosario con términos como «tuit», «yutubero» o «guasap». Y hace recomendaciones tales como escribir «pirata informático» en vez de «hacker». O, en todo caso, apelar a la castellanización y tipear «jáquer». Algo parecido ocurre con el dispositivo de almacenamiento «pen drive»: la RAE invita a escribir «memoria USB» o «lápiz de memoria». Son expresiones que, al menos en Argentina, resultan muy ajenas al habla cotidiana. Pero como en el caso del lenguaje inclusivo, la RAE se aferra a sus convicciones.

Clarin

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) ha elegido al jurista Santiago Muñoz Machado como su nuevo director, imponiéndose en la terna final a Juan Luis Cebrián y sucendiendo así a Darío Villanueva, que decidió no presentarse a la reelección.

Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949) se convierte en el director número 31 de la historia de la RAE, una institución que afronta una situación delicada desde el punto de vista económico.

Tras una primera votación entre los tres académicos que más votos obtuvieron en un pleno celebrado la pasada semana -Santiago Muñoz Machado, Juan Luis Cebrián y José Antonio Pascual-, sin una mayoría absoluta, se procedió a una segunda elección en la que el jurista obtuvo la mayoría simple (22 votos frente a los 13 de Cebrián) necesaria para ser elegido máximo responsable de la RAE.

Perfil del nuevo director

El jurista Santiago Muñoz Machado, uno de los grandes expertos en Derecho Internacional, Administrativo y Comunitario, coge el timón para dirigir el destino de la Academia en un momento delicado por la situación económica que pasa la docta casa.

Será el trigésimo primer director de la institución que tendrá que hacer frente también a temas como el informe sobre el lenguaje inclusivo o intensificar la relación con Latinoamérica.

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid desde 1994, Muñoz Machado es también académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y pone ahora con la dirección de la RAE broche de oro a una prestigiosa carrera. En 1980 obtuvo la cátedra de Derecho Administrativo de la Universidad de Valencia y, dos años más tarde, la cátedra de la misma disciplina en la Universidad de Alcalá de Henares.

Más de cincuenta libros e importantes premios Es doctor honoris causa por la Universidad de Valencia, técnico de la Administración civil del Estado y especialista en la organización territorial del Estado. De su bibliografía jurídica, compuesta por más de cincuenta libros e incontables artículos, destaca su «Tratado de derecho administrativo y derecho público general», obra de referencia en la materia.

También es autor de libros de relatos, como Riofrío; de obras de investigación histórica, como El problema de la vertebración del Estado en España (2006) y Sepúlveda, cronista del Emperador (2012), además de obras ensayísticas como Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo (2012) por la que fue galardonado con el Premio Nacional de Ensayo 2013.

En febrero de 2014 fue distinguido con la Medalla de Andalucía y ese mismo año publicó, Cataluña y las demás Españas. Ha dirigido Historia de la abogacía española, obra que se presentó en 2015 en la RAE, año que presentó en la sede del Tribunal Supremo su Tratado de derecho administrativo y de derecho público general, una nueva edición de la obra que se amplió de cuatro a dieciséis volúmenes.

En noviembre de 2015, Muñoz Casado dio a conocer en el XV Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) -que se celebró en la ciudad de México-, su proyecto de Diccionario del español jurídico, que dirigió por encargo de la RAE, en colaboración con el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). El Consejo de Ministros del 17 de junio de 2016 le concedió la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort, distinción recibida el 6 de julio. En octubre de 2016 fue distinguido también con el Premio Averroes de Oro Ciudad de Córdoba 2016 a las Ciencias Sociales y Humanidades.

Muñoz Machado es el director del Libro de estilo de la Justicia. En mayo de 2016 publicó Vieja y nueva Constitución, y ,en octubre de 2017, Hablamos la misma lengua, una obra que ofrece una historia política de la lengua española en América Latina desde el descubrimiento hasta las independencias, que le valió el Premio Nacional de Historia de España 2018.

También en 2017 presentó el proyecto del Diccionario panhispánico del español jurídico en la inauguración de la 40ª edición de los cursos de especialización en Derecho. El nuevo académico recordó en una entrevista con Efe que en la RAE «siempre ha habido juristas», en parte porque, «de todas las ciencias sociales, quizá sea el derecho la más importante desde el punto de vista del uso de las estructuras del lenguaje».

«Los juristas siempre nos hemos preocupado de la exactitud en el empleo de las palabras y de los conceptos. Quizá el cuidado y la depuración del lenguaje hayan nacido en el derecho antes que en ninguna otra ciencia», dijo.

 

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La definición de la Real Academia Española ni se hizo esperar ni sorprendió. Para que no quedaran dudas, este lunes la entidad ibérica usó el capítulo que abre su primer manual de estilo del idioma español para volver a expresar su rechazo al lenguaje inclusivo.

En las primeras páginas de su «Libro de estilo de la lengua española», la entidad que se arroga la tarea de velar por la lengua castellana considera innecesarias las variables que se han desarrollado en Hispanoamérica para incluir el género masculino y femenino en su formulación. «Todos y todas», «todes», «todxs» o «tod@s» son construcciones que la Real Academia rechaza. Es que la institución considera que el género masculino de las palabras, «por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos».

La opinión que la Academia tiene sobre el lenguaje inclusivo se incluyó en su manual de estilo porque ese volumen, editado junto a Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), pretende funcionar como guía ante interrogantes idiomáticos que han surgido en los últimos años y que, en casos como el del lenguaje inclusivo, han llegado a despertar alguna polémica.

Este rechazo, que se suma a varias expresiones contrarias al lenguaje inclusivo que ya tuvieron lugar entre autoridades de la RAE, llega algunas semanas antes de que la Academia deba expedirse con un informe sobre la posible modificación del texto de la Constitución española que encargó la vicepresidenta de Gobierno de ese país con el objetivo de que esa Carta Magna reflejara mayor paridad entre hombres y mujeres.

«El problema es confundir la gramática con el machismo», dijo Darío Villanueva, director de la RAE, ante esa solicitud: es la postura que la Academia vuelve a tomar en su manual de estilo y que, adelantaron desde la institución, muy probablemente tomará al elaborar su informe sobre la Constitución.

A pesar de la posición institucional, el lenguaje inclusivo ha ganado espacio en distintos ámbitos. En Latinoamérica, la cadena televisiva Fox Premium estrenó en octubre la serie «Pose», pionera en tener subtítulos con lenguaje inclusivo, tanto en castellano como en portugués. «Les chiques» se lee, por ejemplo, en las letritas blancas que acompañan los diálogos de sus personajes.

También en octubre, una campaña gráfica de la Ciudad de Buenos Aires usó la «x» en sus carteles: «Todxs tenemos derecho a información, educación y atención gratuita de nuestra salud sexual», decía uno de ellos. En ese entonces, Guadalupe Tagliaferri, ministra de Desarrollo Humano y Hábitat, sostuvo: «Tal vez la Real Academia Española se enoje un poco, y alguno tal vez nos acuse de que estamos destruyendo el idioma, en este contexto nos parece muy importante porque estamos hablándoles a los jóvenes».

Es que, aunque de forma incipiente, el lenguaje inclusivo empieza a expandirse en Argentina, especialmente entre adolescentes que lo usan en su habla cotidiana, tanto oral como escrita. Un ejemplo de esto que cobró notoriedad fueron las palabras de Natalia Mira, integrante del Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini, que en junio de este año, dos días antes de que la Cámara Baja votara a favor de la legalización del aborto, instó a «les diputades indecises» a pronunciarse positivamente en ese debate legislativo.

El manual de estilo que acaba de editar la RAE, del que se imprimió una primera tirada de 10.000 ejemplares y que en España se vende a 24,90 euros, no sólo se dedica a rechazar el lenguaje inclusivo. También se refiere a dudas que surgen de una vida cotidiana cada vez más asociada a la tecnología: para eso, el libro incluye un glosario con términos como «tuit», «yutubero» o «guasap». Y hace recomendaciones tales como escribir «pirata informático» en vez de «hacker». O, en todo caso, apelar a la castellanización y tipear «jáquer». Algo parecido ocurre con el dispositivo de almacenamiento «pen drive»: la RAE invita a escribir «memoria USB» o «lápiz de memoria». Son expresiones que, al menos en Argentina, resultan muy ajenas al habla cotidiana. Pero como en el caso del lenguaje inclusivo, la RAE se aferra a sus convicciones.

Fuente: Clarín