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El edil Omar Lattanzio manifiesta que el testeo del COVID-19 sería una medida “a modo de prevención”, ya que le llegó el rumor de que uno de los marineros infectados estuvo en un lugar donde se ejerce la prostitución junto con otros amigos.

Lo dijo el concejal Omar Lattanzio, en diálogo con El Comodorense Radio por FM La Petrolera, detallando que le llegó el rumor de que “uno de los marineros ha estado, junto con unos amigos, en un lugar donde se ejerce la prostitución”.

Por esta razón, el edil del bloque Raúl Ricardo Alfonsín propuso: “Hagamosle el hisopado a las chicas que ejercen la prostitución, a modo de prevención”.

En ese sentido, indicó que “a mi me llego una versión de que si fueron a este lugar, pero no voy a dar los datos de los que fueron porque pueden estar casados”.

El concejal argumentó querer que “volvamos a tener una vida normal” y “frenar este tema”.

“Generalmente estos marineros al primer lugar que van no es a la casa”

Lattanzio ya había tocado el tema durante la sesión de hoy del Concejo Deliberante. Allí, había manifestado conocer el comportamiento general de los marineros, y señaló que por esta razón podrían haber frecuentado un lugar donde se ejerce la prostitución.

“Generalmente estos muchachos marineros, despues de estar varios dias embarcados y bajan, al primer lugar que van no es a la casa, y esto todo aquel que conoce el puerto lo sabe. Y yo creo que preguntarle a un marinero donde estuvo le va a decir que pudo haber estado en varios lados, pero no teniendo familia le va a decir que estuvo con una prostituta”, apuntó.

El edil continuó diciendo que “hay cosas que se ocultan” y que una mujer que pudo haber estado con uno de los marineros, «le va a transmitir a todo aquel que ha tenido relaciones este mismo virus lo va a llevar por todos lados».

Siguiendo con su idea, el concejal pidió “por favor controlen a todos aquellos que lo ejerzan porque lo van a regar como pólvora”.

Finalizando, expuso “si alguno se agarra la cabeza porque piensa que esto que estoy diciendo es mentira, espero que ojalá no sea como yo estoy diciendo”.

Es una persona que usa de nombre artístico “Pampita Madryn”. Y los vecinos denuncian que ejerce la prostitución “sin respetar las medidas para evitar contagio de COVID-19”

Todos los días surgen denuncias por el incumplimiento de la cuarentena por el Coronavirus. Pero algunas son insólitas, como la que dio a conocer El Diario de Madryn e indica que una persona trans ejerce la prostitución “sin cumplir los recaudos previstos para evitar la propagación del COVID-19”.

Se hace llamar Pampita Madryn. Y trabaja en un departamento del edificio céntrico, donde ejerce la prostitución. “Mi madre vive en el mismo edificio y está cansada, junto con los otros vecinos, del entrar y salir de gente. Nunca dejó de atender a sus clientes ni aún en cuarentena”, indicó la denunciante preocupada por la propagación del COVID-19.

Los vecinos buscan juntar firmas. “Hay gente mayor que vive allí, como mi madre que tiene 70 años y es persona de riesgo”, asegura, preocupada.

Según publicó el matutino, el Juzgado Federal inició actuaciones caratuladas como infracción al artículo 205 de Código Penal, por incumplimiento de normas tendientes a evitar la propagación de la epidemia.

La investigación involucra a un empresario poderoso de Pilar y dueño de un avión privado, y a una maestra de reiki, pero ambos fueron liberados.

Más de 600 horas de escuchas distribuidas en seis meses de investigación fue el tiempo que le llevó a la Justicia obtener las pruebas suficientes como para desarticular una red de prostitución VIP que actuaba en el mundo del automovilismo, y que presuntamente comandaban un empresario del rubro automotor de Pilar, una maestra de reiki que se encargaba de recolectar a las víctimas prometiéndoles trabajos de promotoras y un chofer, que las llevaba y las traía a los encuentros sexuales.

Si bien hasta el momento son 15 las mujeres rescatadas por la Unidad Federal de Investigación sobre Trata de Personas de la Policía Federal Argentina (PFA) –todas en un allanamiento ordenado por el juez Rodolfo Canicoba Corral el pasado domingo en el Autódromo Juan Manuel Fangio de Rosario, durante una competencia de TC Pista en el que se capturó, además, a dos de los tres implicados–los detectives no descartan que haya muchas otras, y advirtieron que la pesquisa recién empieza. Ahora bien, ¿quiénes son los tres señalados en el caso, que si bien recuperaron la libertad horas después tras el pago de una fianza de 25 mil pesos, continúan en la mira judicial ya que varios entrecruzamientos telefónicos entre sí los comprometen? Por lo que pudo reconstruir PERFIL sobre la base de voceros que intervienen en la causa, el más poderoso de los tres es un empresario identificado como R.O.R., de 77 años, y apodado “El Viejo”. Ya jubilado, supo ser dueño de una concesionaria de autos que tiene la licencia oficial de una de las automotrices más reconocidas del mundo.

Con más de tres décadas en el negocio, era una constante como sponsor en los eventos automovilísticos a lo largo de los circuitos. Se jactó de haber sido peluquero en la localidad de General Alvear y de trabajar en una fábrica de carrocería hasta que, según le contó a El diario de Pilar, el destino lo cruzó con el “presidente de General Motors, para quien hacíamos las cúpulas”. Desde ese momento, su vida cambió, administró otras dos empresas del mismo rubro y reunió tanto dinero que se dio el lujo de comprarse un avión privado. Los investigadores sospechan que el empresario financiaba a la red de trata Ante los agentes que lo atraparon el domingo, a metros de su casa del barrio privado Ayres, de Pilar, por el delito de “facilitación y promoción para ejercer la prostitución”, se lamentó de no haber asistido a la competición en Santa Fe porque su aeronave “se descompuso”.

En un suceso ocurrido en 2006, delincuentes balearon a su mujer durante un asalto. “Es un hombre muy expuesto y reconocido en la zona, de alto perfil. Está muy relacionado con el universo del automovilismo”, le contó a este medio una calificada fuente. Sospechan que financiaba la red de trata y obligaba a acostarse con él a varias de las víctimas. “No creemos que lo hiciera por cuestiones monetarias, sino por representación, por figurar. Lo que recaudaba no es mucho para él, en base a su posición económica, pero quería manejarse en el ambiente, estar ahí. En cambio, al resto (por los otros dos implicados) sí les representaba una ganancia”. ‘La Mamu’. K.L.J., una mujer de 44 años, conocida como “La Mamu”, a quien esposaron en el playón de carpas VIP del autódromo con 118.190 pesos, dos cheques en blanco y documentación referente a las chicas que regenteaba, se presenta en sus redes sociales como la líder de una “agencia de publicidad”, pero en las escuchas que maneja la Justicia relata ser también “profesora de reiki” y, además, registró en la AFIP una empresa de servicios de catering y de alquiler de inmuebles para fiestas en la que figuran diez empleadas, de entre 22 y 31 años. “Asegura dedicarse a la promoción de promotoras, pero no está habilitada ni tiene una agencia de publicidad”, la desmintieron los voceros, y añadieron que llevaba a las competiciones de carrera no menos de 15 promotoras, “a veces hasta 25”, cuando el resto “lleva entre cinco y siete”. Vecina de La Tablada, del allanamiento de su casa se incautaron documentos y una computadora.

Su función en la banda era “captar a las víctimas” junto con “El Viejo”, “ofreciéndoles trabajo de promotoras. Buscaba personas del interior, con vulnerabilidad económica, jóvenes y preferentemente sin hijos. Las inducía a cambiar de aspecto físico, las convencía con la palabra y después las obligaba” a prostituirse. Junto con ella aprehendieron también a su chofer, F.E.F., un hombre de 53 años que tenía en su poder $ 8.500, un celular y el vehículo Ducato que manejaba para su tarea. “El se encargaba de organizar los viajes, de trasladar a las mujeres y hasta de reemplazar a K.L.J. en eventos en los que ella no podía ir”. Dos llamados anónimos efectuados por alguien que, al parecer, trabajó para ellos fue lo que destapó la olla. Ante Canicoba Corral, dos de los involucrados negaron los cargos y el restante optó por no declarar. “Los autitos cobran guita y yo también tengo que cobrar” “La relación entre ‘El Viejo’ y ‘La Mamu’ era preexistente a la investigación y se conocieron por sus actividades: él, empresario automovilístico relacionado con las carreras, y ella promotora y luego devenida en jefa de promotoras”, le contó a PERFIL un vocero vinculado a la investigación.

En las escuchas que protagonizaron y en las que también aparece el chofer, hablan de las víctimas como si fuesen autos. Por ejemplo, R.O.R. le dijo a un tercero: “Fui a dar una vuelta rápida al autódromo con el autito morocho. La que estaba con la colorada, la morocha”. En tanto, K.L.J. admitió: “’El Viejo’ pide autito, autito, y como no me va a dar plata, no le estoy dando mucha bola”, mientras que también expuso: “Vos me decís que ponés la casa y que te lleve un autito, dos. Los autitos cobran guita y yo también tengo que cobrar”, y en otro pasaje dictamina: “Llevo a las chicas como promotoras, pero las que laburan directamente como… son para ustedes”. Por su parte, las damnificadas fueron entrevistadas por personal del Programa de Rescate y sus palabras “corroboran la investigación que se hizo”.

El caso

-El domingo pasado la Unidad Federal de Investigación sobre Trata de Personas realizó un operativo en el autódromo Juan Manuel Fangio de Rosario, a partir de una investigación por prostitución VIP.

-Tres personas fueron demoradas: un empresario de 77 años, una maestra de reiki y un chofer que llevaba a las víctimas.

El tribunal de Impugnación de Neuquén revocó ayer por la mañana la prisión preventiva de la dirigente neuquina de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (Ammar), Teresa Godoy, quien está imputada por facilitar la prostitución y fue detenida el 31 de agosto durante un allanamiento en un prostíbulo en el centro de la ciudad. La mujer ahora cumple con un régimen de prisión domiciliaria por el plazo de dos meses.

El abogado particular de la acusada, Michel Rischmann, informó que durante la audiencia «los jueces entendieron que la preventiva era excesiva y que había otras alternativas para neutralizar los riesgos procesales». El abogado señaló que la fiscalía había pedido la preventiva justificando el riesgo de fuga y en ese contexto indicó que desde la defensa propusieron que la imputada cumpla con presentaciones diarias ante la justicia, que le coloquen una tobillera electrónica o que le dicten la prisión domiciliaria.

Godoy fue imputada el sábado 31 de agosto por el fiscal de Delitos Sexuales, Andrés Azar, por los delitos de facilitación de la prostitución en concurso real con explotación económica de la prostitución ajena simple. Ese día también fue acusado el encargado de seguridad del local que fue allanado, Adrián Crespo, por facilitación de la prostitución en carácter de partícipe necesario.

El fiscal sostuvo que entre comienzos de abril de 2019 y el 31 de agosto de 2019, la imputada facilitó el ejercicio de la prostitución ajena de 13 mujeres. Para hacerlo les proporcionó un local céntrico de la capital provincial, donde en carácter de administradora, organizaba y controlaba el funcionamiento de los servicios que allí se prestaban.

De esta forma, aún mediando el consentimiento de las victimas, explotó económicamente el ejercicio de la prostitución de las 13 mujeres a través de la retención de un porcentaje, de lo recaudado por todas las meretrices.

El abogado defensor cuestionó esta hipótesis y sostuvo que cuando se realizó el allanamiento «se encontraron con 13 personas trabajando, lo que indica que es una sociedad de hecho, destinada al ejercicio de la prostitución. Godoy estaba ahí y tiene una función diferente porque es quien figura en el contrato de alquiler y en el de luz, en los contratos no pueden figurar 13 personas, tiene que figurar alguien que los represente». El abogado aseguró que no hay un «regenteó» y «por más que algunas personas no les guste o que lo considere reprochable desde lo moral, entendemos que no está conducta no se encuadra en el tipo penal».

Era un paseo de tres amigas a Buenos Aires. Se convirtió en una pesadilla por la cual María de los Ángeles Acosta y Rodolfo Mauricio Barrionuevo fueron condenados a 12 años de prisión. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia los sentenció por explotación sexual, engaño y amenazas, abusando de la vulnerabilidad de las menores víctimas para prostituirlas en Plaza Miserere, Capital Federal.

El lunes 15 de agosto de 2016, en Trelew, Acosta pidió permiso a dos madres para llevar a sus hijas de 14 años de paseo a Puerto Madryn porque era feriado. Las acompañaría una tercera nena de 12 años, familiar de la condenada. Prometió regresarlas al otro día. Pero se esfumó, así lo informó Diario Jornada.

Luciana, madre de N.A.L., una de las nenas, hizo la denuncia en la Comisaría 2ª. Su hija tenía turno en el pediatra y nunca llegó. Le había dado una muda de ropa y plata para el pasaje. Presumía que podía estar en Buenos Aires por un dato que le acercaron. Era la primera vez que trataba a Acosta. “En cambio a la hija hace tiempo porque es amiga de la suya hace cuatro años”. Le advirtieron que Acosta solía prostituirse. Comenzó una búsqueda masiva con fotos de las chicas.

La Policía reconstruyó que el 17 de agosto, Acosta y las tres nenas tomaron el micro a Madryn. Se las vio en la estación de servicio El Tenaz. Se quedaron en un departamento de San Luis al 600, prestado por un amigo que la conoció cuando trabajaba en Tránsito y ella en el SEM. Pero cuando el hombre la vio con menores ajenas y tomando Fernet le reclamó que “no lo meta en quilombos”.

La mujer dejó el departamento robándose un TV, un equipo musical y ropa de cama. Se movió en taxi con valijas. Según testigos, las nenas lucían drogadas, idas. Hicieron dedo a camiones en la ruta hasta provincia de Buenos Aires, donde llegaron el 18. Una vez en Cañuelas llegaron a Florencio Varela en micro, gratis porque Acosta no tenía SUBE. Luego en taxi a la casa en Villa La Carolina. Eran las 3 y las esperaba Barrionuevo.

Ya en Buenos Aires, donde nunca habían estado, el dúo las llevaba en micro a Plaza Miserere de Once. Las prostituían en un albergue cercano, bajo amenazas de echarlas o dejarlas sin comida. “Callensé p…de m…Más vale que hagan plata para pagar el alquiler por semana, que hay que pagar $ 600, si no, no sé cómo se van a ir ni cómo van a pagar la SUBE”, les decía el hombre. “Pero denle, si es para la comida de ustedes”, las animaba ella.

Ambos se quedaban con los $500 de cada encuentro.

El dúo captaba “clientes”, las acompañaba al hotel, arreglaban la tarifa y las esperaban a la salida. No usaban preservativo. Comían alfajor y gaseosa. Uno hacía de campana. Con la plata, la pareja compraba a diario marihuana, pasta base, paco, cocaína, Poxirán. Las obligaron a consumir.

A veces para no ir las chicas decían que estaban menstruando. La comunicación con sus familias era escasa y controlada. Sus documentos los guardaba Acosta. No sabían dónde estaban ni tenían dinero. Engañadas, no tenían forma de huir. Les ordenaban limpiar y cocinar, pero si no había, no comían.

Buscando en Facebook la Policía llegó hasta una empleada de Lotería Nacional, hermana de Mauricio. La entrevistaron y los guió para llegar a La Carolina.

La única vecina que colaboró les contó que en esa casa vivían hace una semana “tres jóvenes con una señora gorda y un masculino que conoce como Mauricio”. Las nenas le pedían agua para higienizarse. Se iban a las 8 y regresaban a las 22. “Ella se da cuenta por el ruido cuando hablan las chicas y le suelen pedir vasos y cosas así, porque en esa casa no tienen nada. Sucede casi a diario desde que llegaron, carecen de energía básica y luminosidad por la noche”.

La madrugada del 25 de agosto se allanó la casa de calle 1134 Nº 2041 de la villa. Había muy poca luz. Se halló a las tres menores muy nerviosas junto con los imputados en la cocina. Era una casilla precaria de madera y techo de chapa. Calles de tierra y difícil acceso vehicular. Piso de cemento, dos habitaciones y cocina comedor. Tenía luz y como calefacción fuego en un recipiente, con pocos muebles y “deplorable estado de conservación”. Había una bolsa con preservativos, incluso usados. Acosta entregó los DNI.

Los jueces Enrique Guanziroli, Nora Cabrera de Monella y Ana D´Alessio definieron la trata como “una grave violación a los Derechos Humanos, que afecta en lo más profundo la dignidad y la posibilidad de elegir libremente el plan de vida”. Acosta y Barrionuevo “se aprovecharon de la situación personal de las niñas, pobres, con miedo, desconcierto e incertidumbre”.

Para la condena fue clave el testimonio de las nenas. La “rebeldía propia de la edad” o el consumo de Poxirán que admitieron no desacreditó sino que reforzó sus dichos “pues demuestran su vulnerabilidad”. Las nenas siempre contaron lo mismo sobre cómo fueron sometidas. El relato fue coherente, ordenado y creíble. La experiencia fue “traumática y angustiante”.

“¿Por qué mentirían las víctimas? Como muchas veces pasa en nuestra sociedad, ante un delito cruel la estrategia de los culpables es vilipendiar a las víctimas, en este caso tres niñas frágiles”, advierte la sentencia.

Según el informe de la Oficina de Rescate y Acompañamiento de las Personas Damnificadas por el Delito de Trata de Personas, que refugió y entrevistó a las niñas, “habrían sido víctimas de violencia psicológica, física, sexual, y económica en un contexto de restricción total de su autonomía y libertad”.

El rol de Acosta fue lograr que las niñas decidieran viajar. Las conocía y sabía que eran inmaduras y de familias pobres. Barrionuevo tampoco podía desconocer el perfil de las víctimas. Bastaba mirarlas

“En estos delitos lamentablemente no sorprende que allegados e incluso familiares de las víctimas estén implicados, motivados por la misma miseria que los rodea donde pierden todo atisbo de decencia”. Las chicas estaban sin dinero, sin documentos y a cientos de kilómetros de su hogar, sin chances de pedir ayuda.

Sus relatos por separado fueron “ricos en detalles y no pueden provenir de otro lado que de sus penosas experiencias personales vividas”. Acosta ocultó el viaje y el destino final “usando su trato ascendiente y de vecina, entendida como la atracción y seducción para ganar su confianza y voluntad, llevándolas de un sitio a otro, separándolas y desarraigándolas”.

El eje central del caso fue “el avasallamiento de la infancia de las víctimas, el condicionamiento de su vida a futuro, traducida en dificultades para establecer vínculos, generar una propia y positiva conformación de la sexualidad y la puesta en riesgo de su autoestima”.

Toda su vida las nenas padecieron problemas familiares, económicas y personales. “Eran blanco fácil para quien tuviera el deseo de aprovecharse”.

Con ausencia de padres, conflictos con las madres, abandono de la escuela, relaciones con adultos en la calle, adicciones y pobreza, era tentador y nuevo viajar a Madryn de la mano de Acosta.

“Se las trasladó a más de 1.500 km; no sabían dónde se encontraban, desconocían cómo manejarse en el Gran Buenos Aires y dependían para habitación y alimento de los dos adultos. Limitadas de origen y con sus defensas más debilitadas, se las sometió a la explotación sexual. Ocurrió de la peor manera”.

“Niñas en un cuarto de hotel alojamiento, ¿qué posibilidad tenían de poner alguna condición al ocasional “cliente”, exigir preservativos o establecer algún límite en esa relación sexual? Ninguna”.

En una de las nenas, los profesionales dijeron que “su cuerpo había sido muy maltratado, muy pasada de droga; sus partes íntimas habían sido muy dañadas porque pasaban 10 o 12 hombres por día”.

Barrionuevo tenía condenas por violación de domicilio, amenazas y robo calificado. Quedó preso en la Unidad 6 de Rawson. Acosta, en el Complejo Penitenciario Federal Nº 4 del Servicio Penitenciario Federal. La vivienda de la Villa Carolina fue decomisada.#

“Nunca nos dijeron y nunca pensamos que nos iban a hacer estar con hombres”

Las profesionales del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata tuvieron entrevistas individuales y privadas con las tres nenas, apenas halladas. Debieron aguardar por el estrés, el shock y el agotamiento de las víctimas, hambrientas. Las llamó “A”, “B” y “C”.

“A” vivía en Trelew con su madre desocupada, su padrastro albañil y tres hermanos de 9, 8 y 2 años. Había comenzado el quinto año de la primaria pero abandonó porque “no le gustaba ir a la escuela”. Con las otras dos nenas eran vecinas y amigas.

Acosta iba a radicarse en Buenos Aires y le ofreció acompañarla para pasear y conocer. Su madre le dio permiso. “Viajamos las cuatro en la parte de delante de los camiones y no sé dónde bajamos, yo nunca había venido”. Todo lo pagó Acosta.

A la mañana siguiente de la llegada las levantaron para ir a Plaza Miserere. “Teníamos que trabajar con los hombres” en un hotel. No quería pero Acosta “se enojaba y ponía cara de mala”. Las ofrecía, negociaba con los clientes y los acompañaba al hotel, donde Barrionuevo esperaba en la esquina. Iban casi todos los días de 10 a 20.

Acosta les preparaba cena pero algunas noches no tenía ganas y las mandaba a limpiar. Varias veces fumó marihuana, incitada.

“Barrionuevo consumía alcohol en exceso, los fines de semana, en varias oportunidades me pedía un beso y yo me negaba”.

Habló con su madre pero vigilada. Las chicas le dijeron a Acosta que querían regresar. “Me van a meter en quilombos”, les respondió.

“A” se mostró preocupada por el futuro de sus amiguitas. Consumía Poxirán y hasta cayó “presa” unas horas. De su padre sólo sabía que vivía en Corrientes.

La niña “B” vivía en Trelew con su mamá, su papá albañil y cinco hermanos de 19, 18, 17, 11 y 4 años. Dejó el tercer año de secundaria pero quería terminar los dos últimos juntos. “Mi mamá creía que me iba a Puerto Madryn, sino no me hubiera dejado ir a Buenos Aires”, contó. Le dieron $ 100 para gastos personales para el paseo. “Acosta nunca me dijo que iba a tener que trabajar con hombres, me dijo que venía a pasear”.

En el viaje pararon en varias ocasiones para comer y pagaba Acosta. Era su primera vez en Buenos Aires. Pero en su estancia su única salida fue a un kiosco de La Carolina.

Un día Barrionuevo la llamó y la llevó hasta un hotel. “Me dijo que tenía que estar con un boliviano, yo vi cuando a Mauricio le dio 500 pesos”. Describió “un telo” a dos cuadras de la plaza; en la esquina había un kiosco y un puesto de diarios, frente a un supermercado. Era una puerta de chapa negra y escaleras al primer piso. Habló con su mamá pero por la vigilancia de Acosta, no pudo alertarla. “Nunca pensé que nos iban a hacer estar con hombres”.

“B” pasaba gran parte del día en la calle con “A” y “C”, en situaciones de riesgo. Dormía varias noches en la casa de amigos. Prefería no volver a su casa: se sentía sola y sus padres discutían mucho.

Consumió hasta 7 latas de Poxirán por día. Dejó de “jalar” ya que le costaba dormir y se ahogaba de noche. Solía terminar “en problemas” y “presa”. En Buenos Aires se puso “firme” y recurría a una actitud evasiva para no ir a la plaza.

La niña “C” relató que es familiar de Acosta y que vivía con ella. En 6º año abandonó la Primaria. Residió en el Hogar de Mujeres. Pasó por varias instituciones de Trelew debido a conflictos familiares. Se escapaba para quedarse con amigos. Pasó mucho tiempo en la calle entre Poxirán y marihuana.

Iba a mudarse a Buenos Aires. “Se lo comentó a sus dos amigas y ellas habían querido pasear”. Para defender a su familiar explicó que “eran ellas las que decidían acostarse con hombres para tener dinero para sus gastos”. Ya lo hacía en Trelew. “C” no quiere volver al Hogar. Prefiere a su familia en Caleta Olivia.

Según las profesionales, las nenas dieron varios detalles coincidentes acerca de la oferta engañosa, el traslado y la acogida. “Las vivencias ocasionan vergüenza y culpa, y es frecuente por el temor a represalias, más aún cuando los proxenetas tienen vínculo cercano a las víctimas”, dijo su informe. La confianza que las personas depositan en el captador “suele ser un mecanismo de persuasión”.

Eran 24 horas de control, amenazas y coerción constante. Pocas horas de descanso, órdenes para limpiar, falta de alimentación e higiene, comunicación monitoreada con sus familiares, incitación al consumo de drogas, maltrato psicológico y acoso sexual. Estaban indocumentadas y desconocían la zona, en una zona inaccesible, desorientadas para pedir ayuda. Querían volver.

Fue un “contexto complejo y no esperable en su etapa evolutiva”.#

“Lo que les hicieron les robó la niñez”

Luciana, mamá de N.A.L., declaró ante el Tribunal Oral Federal que su hija “estaba en una etapa de rebeldía que venía controlando a través del Servicio de Protección de Niño y el Adolescente”.

Admitió que era frecuente que se escapara pero que era la primera vez fuera de Trelew.

Primero la buscó por Messenger, sin respuestas. Hasta que una familiar de María Acosta le avisó: “La gorda se la llevó a Buenos Aires a prostituirlas”. Le propuso viajar y buscarlas.

Llamó a Protección de Niños y Adolescentes. Le dijeron que no viajara a buscarla y que hiciera la denuncia”. En una charla que pudo lograr, su hija dijo que estaban en La Carolina. Trató de mantener la comunicación lo más que pudo hasta contactar a Investigaciones, hasta que se le apagó el celular. Su hija le había sacado el teléfono a Barrionuevo y habían salido a hacer un mandado, tenían un rato para hablar. Ya el caso había explotado. Llamaban desde el celular de Acosta pero hablaba su hija, pidiendo plata para los pasajes por Wester Union. Con los datos y dirección la rescataron.

“Que pague”

Gisela es madre de M.A. Conoció a Acosta cuando fue a pedirle permiso para llevar a su hija a Madryn. “Le dijo que si es a Madryn sí, que la lleve y la cuide mucho”. Al otro día no apareció.

“Empezó a desesperarse y como tiene hijos menores no los podía dejar solos, es madre soltera. Todo el tiempo le decía que estaba en Madryn. Con 11 años nunca le iba a dar permiso para que esté en Buenos Aires. Por su hermana se enteró que estaba en Buenos Aires. Acosta la drogó para sacarla de Trelew”.

M.A. ahora va a escuela en Corrientes. Vive con su abuelo y una hermana. “Lo único que quiere es que pague por lo que le hizo”.

Lorena es tía de M.A. Por su vecina Luciana se enteró que su sobrina estaba en Buenos Aires. con supuesto permiso de Gisela. “No justifica a su hermana, pero es muy ingenua, cree mucho en las personas y se ve que tomó mucha confianza en Acosta. Le dijo a su hermana si era o se hacía, que como le iba a dar permiso para que se lleve a su hija; ella respondió que se la llevaba de vacaciones, que se la iba a cuidar”.

No se quedó tranquila y denunciaron en la Comisaría 2ª “porque esto no le cerró nunca”. M. se contactó un par de veces y después perdió el rastro. No le creía que estaba bien. Luciana, desesperada, quería viajar.

Nunca trató con Acosta pero “no le agradaba su cara”. De las comunicaciones a escondidas supo que la mujer no les daba el teléfono. “Se querían volver porque no aguantaban más, no sabían explicar dónde estaban, decían nomás que estaban en una villa”.

Después llegó el rescate. Cuidó en su casa un par de meses a su sobrina, que con el tiempo le confesó a lo que la habían obligado. La acompañó al pediatra, psicólogo y ginecólogo.

“Le dejó secuelas en su sobrina, no quiere acercarse a nadie, ni siquiera con sus tíos. Trata de hacer vida normal de una nena pero con lo que le hicieron, no sabe. Le robaron la niñez”, definió.#

“Antes de hacer algo así prefiero salir a robar”

En su defensa, María Acosta negó los hechos ante el tribunal y dijo que ambas madres le habían dado permiso y sabían la fecha de regreso.

Ella había viajado a Trelew para visitar a su hijo menor discapacitado, alojado en el Hogar de Menores del barrio Planta de Gas.

“A Buenos Aires iban de vacaciones porque las nenas no hacen nada, estaban en su casa de Florencio Varela y les daba plata para que llamen a su mamá”.

Aseguró que dormían hasta las 17, se levantaban a desayunar y comer, todo junto. Barrionuevo trabajaba todo el día. Según su versión, regresarían el 12 de septiembre porque era el cumpleaños de su hijo.

Acosta ejerció la prostitución y fue víctima de violencia de género. Se prostituyó cuando el papá de sus hijos falleció en 2008 y no tenía como mantenerlos. De sus 25 a los 32 años.

“En ningún momento explotaría a una menor porque ella conoce lo que es el maltrato, siempre puso el cuerpo por sus hijos”.

Le dijo a los jueces que mientras estuvieron en Florencio Varela con las nenas fueron hasta el Obelisco en micro a comer pizza. Su marido es pintor y estaba cerca. En Plaza Miserere sólo estuvieron un día y no pasó nada. La noche del allanamiento “las menores como son nenas se llevaron preservativos para inflar y reventar porque se ponían a jugar como en un cumpleaños”.

Versión Barrionuevo

Rodolfo Barrionuevo buscó conmover al TOF relatando que tiene hijas y nietas. “Antes de hacer algo así prefiere salir a robar, tiene trabajo y no precisa nada”.

Cuidaba coches en las calles y a María la conoció en Buenos Aires. Decidió “cambiar de vida, “se hizo pintor y trabajaba de lunes a viernes, sin horario.

En la Villa La Carolina, María se quedaba con las nenas en la casa, haciendo tareas del hogar. Aseguró que le preguntó a su pareja si las nenas tenían autorización de las madres. Como Acosta le dijo que sí, se quedó tranquilo con la situación. La idea era volver luego todos juntos a Trelew.

Dijo no saber que hacían las nenas en la casa ya que trabajaba todo el día trabajando. Hasta les dio plata para que hablen con sus mamás por Facebook.

“No obligó a las chicas a prostituirse, que si las tuviera trabajando no viviría así”. Dijo que es “mentira” que las llevó a Miserere porque allí hay miles de cámaras, policías y patrulleros. Lo hubiesen descubierto. Tiene cuatro causas en el Juzgado de Quilmes por robo y estuvo 18 años detenido. Fuma marihuana desde los 12 años.

Una joven salteña de 25 años escapó de una red de trata que la obligaba a prostituirse en la ciudad de Comodoro Rivadavia.

La mujer había arribado a la provincia de Chubut en mayo pasado, atraída por la promesa de un puesto laboral, aunque más tarde se dio cuenta de que había sido engañada.

Durante dos meses, la joven vivió encerrada en una casa del barrio Las Flores, en Comodoro Rivadavia, en donde una mujer la obligaba a tener sexo con distintos hombres: la víctima era acompañada por algún guardia que evitaba que se escapara.

Sin embargo, el pasado domingo por la noche, la joven secuestrada logró salirse del cautiverio y, en su huida, rodó por una calle y se lastimó, sufriendo heridas de consideración.

En ese momento, vecinos de la zona llamaron a la Policía, que se acercó hasta el lugar y pidió la presencia de una ambulancia para atenderla: la mujer reclamaba que la llevaran al hospital.

Ante las heridas y el desesperado pedido de la joven, los médicos decidieron su traslado al Hospital Regional: en el trayecto, la víctima le contó a uno de los profesionales que la habían llevado «engañada» a Comodoro Rivadavia desde Salta y que la obligaban a acostarse con hombres.

Con ese testimonio, el médico informó al efectivo de la Policía de Chubut que se encontraba de guardia en el centro de salud, quien dio aviso a sus superiores.

Aunque en el primer contacto con la Policía provincial no quiso hablar, la joven luego accedió a contar los detalles de su pesadilla de dos meses.

Por el hecho tomó intervención al Juzgado Federal de Comodoro Rivadavia, subrogado por el magistrado Guido Otranto, quien ordenó aguardar a que la chica recobrara su lucidez para trasladarla a la Comisaría de la Mujer.

 

telefenoticias.com.ar

Foto Radio 3

Como consecuencia de una denuncia que realizó una mujer al 101, se llevaron a cabo dos allanamientos en la ciudad de Trelew. Si bien no encontraron a nadie en el lugar, la Brigada de Investigaciones continuará investigando.

TRELEW (ADNSUR) – El ministro de Gobierno Federico Massoni y el jefe de Policía Miguel Gómez encabezaron en las ultimas horas del martes dos sorpresivos procedimientos en un bar y una casa de familia, buscando a una mujer extranjera que llamó al 101 pidiendo ayuda.

Según confirmó el jefe de Policía Miguel Gómez a Radio 3, «la voz que llamó era de un acento dominicano, la cual estaba muy alterada y nerviosa y daba cuenta que estaba secuestrada en el bar San Cristóbal. Ante esta situación se activó el protocolo, y se pidieron las órdenes de allanamientos».

Gómez explicó que durante la denuncia, la mujer aseguraba que estaba cautiva y siendo explotada sexualmente. «Hasta el momento no detectamos a la persona secuestrada, pero en las autoridades quedó la duda, y seguirán investigando», dijo.

Las diligencias fueron llevadas a cabo con el apoyo logístico del GEOP en la calle Lezana entre Alberdi e Italia. Se efectuaron en las ultimas horas de la noche de este martes con la participación de personal policial de la Comisaría Primera y la Regional de Policía y luego de una minuciosa revisación en los lugares allanados se verificó que allí no había ninguna persona privada de su libertad.

Alquilaron una casa y la convirtieron en un cabaret. Se beneficiaron de la ganancia por los servicios sexuales. Los denunciaron y fueron a juicio.

Ernesto David Dejodas fue condenado a 5 años de prisión en una cárcel federal por promoción y facilitación de la prostitución de nueve víctimas, agravado por abuso de una situación de vulnerabilidad; Lorna Fabiana Ruiz, como partícipe secundaria, a dos años y seis meses en suspenso. Hará 100 horas de trabajos no remunerados a favor del Estado o de una institución de bien público. El fallo fue del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia.

La causa empezó con la denuncia de María Lourdes Schlemminger, delegada de la Dirección Nacional de Migraciones de Puerto Madryn. Recibió llamados anónimos de una mujer muy alterada denunciando que en Roberto Gómez al 200 tenían a una jovencita de Paraguay engañada para explotarla sexualmente. La vivienda ya había sido mencionada en la línea telefónica de la Municipalidad: habían denunciado que Héctor Omar “Cura” Segundo “llevaba prostitutas y narcotráfico” al cabaret.

Grupo

Prefectura Naval y Policía verificaron que allí un grupo de mujeres ejercía la prostitución –algunas extranjeras-, vivían y vendían alcohol. El encargado era Dejodas. Se movía en una Renault Kangoo. En la barra atendía un travesti –Luciana- que cobraba pases y bebidas, y repartía las ganancias. Los hombres iban de noche. No había cartel: tocaban timbre. El lugar era conocido por el boca a boca. Dejodas tenía la llave y llevaba cajones de bebidas, hielo y elementos de limpieza. En ocasiones llevaba y traía a las mujeres.

Su domicilio era Colón al 600. Allí vivía con su mujer Ruiz y un nene de 3 años. Ella también descargaba mercadería en el VIP y se retiraba.

En el burdel, a las 23 llegaban las mujeres. Se iban a las 8. Los pases se cobraban $ 500 la media hora y $ 1.000 la hora, y $ 200 la copa con las alternadoras.

El primer allanamiento fue el 15 de junio de 2016 a las 23.20. Se halló el contrato de alquiler. Ruiz era locataria y Dejodas, garante. Había preservativos, una bolsa con pulseras de colores, bebidas alcohólicas, documentación, un pendrive y $ 485,75 en una caja fuerte abierta sobre el mostrador.

Había mesas, sillas, una barra, una fonola, tres baños y tres habitaciones. Al menos 5 mujeres vivían y trabajaban. La casa no tenía habilitación ni matafuegos. Tenía cables sueltos, suciedad y olores nauseabundos. La Dirección Provincial de Lucha contra la Trata y el Tráfico de Personas entrevistó a las chicas. Varias eran paraguayas. Por eso ayudó una civil de Prefectura, intérprete de guaraní.

Hubo otro operativo la madrugada del 17 de septiembre de 2016. Estaba Dejodas junto con 12 hombres y 9 mujeres, la mitad extranjeras, todos bajo una luz tenue. Uno era el “Cura” Segundo: le incautaron plata y un cheque.

Se secuestraron 49 preservativos, 7 sobres de gel íntimo, condones usados en un tacho, un carnet de discapacidad de una de las mujeres, 103 litros de alcohol y tarjetas con la leyenda “Si andas buscando un buen momento Roberto Gómez”. Había un guante con $ 12.710.

En la pared un cartel: “Después de las 05:00 AM todo compartido”. Vasos, botellas y una bolsa con algo de cocaína. Se hallan una tarjeta con la inscripción “Director Espiritual” con un telefóno. Cuadernos y libretas con anotaciones. También comprobantes de transferencias de Wester Unión. Cuando amanecía apareció la madre de una de las chicas y se la llevó.

En simultáneo se allanó la casa de la pareja, en calle Colón. Ruiz estaba con su nene y “en estado de shock”. Le dijo a la Policía que se estaba separando y sólo vendía cosméticos para mantener a su hijo. Hallaron un certificado de discapacidad de una de las mujeres. Había anotaciones en papel de “Lore”, “Anto”, “Sara” y “Cele”.

Ruiz sacó del placard una bolsa de nylon con fajos de efectivo y la guardó entre su ropa. Era “la comida de su bebé”. Pero debió entregarla: eran $5.900.

La pareja había alquilado la casa de calle Roberto Gómez a $ 20 mil para hacerla VIP. Según la sentencia, el hombre decidía quiénes podían trabajar, dando alojamiento en algunos casos. Se quedaba con la mitad de la venta de alcohol. Le pagaban por ser patovica del local y aportaban dinero para el alquiler.

Dejodas y Ruiz aprovecharon que las mujeres eran muy pobres, con hijos pequeños y poca educación. Algunas ni hablaban español, estaban lejos de sus hogares, sin contactos en la zona. Llegaban a Madryn y lo contactaban para ejercer la prostitución, acordando condiciones. Algunos mensaje de WhatsApp, por ejemplo: “La Cele quiere venir con un embarcado veni atender”; “Voy a salir a comer un rato te aviso para que después no me digas que salgo con clientes” u “Hola, soy Mika, me puedo tomar el día?”.

Los jueces Nora Cabrera de Monella, Enrique Guanziroli y Mario Reynaldi consideraron probado que Dejodas y Ruiz alquilaron y pusieron a disposición la casa para promover la prostitución. Él decidía nombres, días y horarios. Se convirtió en un prostíbulo sin habilitación con servicios sexuales, venta de bebidas y música.

Dejodas declaró que “no todo es verdad” y que las chicas decidían las condiciones de trabajo. Usaban su celular porque tenía un buen abono. Se vendía mucha bebida, cerveza, whisky, fernet, champagne. Tenía llave porque cuando llevaba la bebida abría la puerta sin despertarlas.

“Tenía que cuidar a las chicas para que no les pase nada. Llamaba habitualmente a la empresa de remis frente a la terminal para que se llevara a una persona pasadas de copas, y él pagaba”. Reveló que la Policía iba todas las noches, pedía documentos a todos y se retiraban.

Explicó que los mensajes con su hijo eran “chistes” (ver columna). “No tenía experiencia en esta clase de negocios. Generalmente las chicas explicaban las reglas”. Las pulseras de colores eran para contar las consumiciones.

Según la versión de Ruiz, su pareja, con su esposo vendían pescado y esa era la plata hallada. Ella iba a la casa a vender cosméticos a las mujeres. Estudió Abogacía hasta tercer año y tiene dos hijos, de 22 y de 5.

En la causa consta un billete de $ 5 con una escritura “Ayuda soy Celeste me tienen en Roberto Gómez, no me deja salir el dueño de Madryn soy de Paraguay ayúdenme”. Una mujer se lo dio a la Policía en un revistero.

Según el informe de la Dirección Provincial de Lucha contra la Trata y el Tráfico de Personas , en varias se constató el Síndrome de Estocolmo: “Las víctimas se identifican con su captor, quedando a expensas de sus decisiones sobre sus cuerpos y vidas y manteniendo un lazo de fusión que atenta contra su libertad de acción y decisión”.

Eran comprensivas y benevolentes con la conducta de Dejodas. “Hubo contradicciones en los relatos cuando se preguntó cuánto ganaban, eso permite inferir que trataban de encubrir al reclutador. Conocían a la esposa del reclutador y según sus palabras, ´ella es muy buena´. Nunca pudieron decir que eran reclutadas sino que se les ofrecía una casa, dinero y comida”.

Tenían bajo nivel de escolarización, sin primaria terminada. Sólo una contaba con secundario completo. “Preguntadas por si podían elegir negarse a atender a un cliente manifestaron que eran obligadas”. De la venta de copas cobraban el 50% de las ganancias. Sólo compartían gastos de la compra de bebidas y limpieza. Trabajan toda la semana de 0 a 6. “En el momento de la entrevista se encontraban muy alteradas”.

 

 

 

Diario Jornada

Nora Edith Amaya también deberá someterse a un tratamiento psicológico y se considera su falta de antecedentes penales.

El viernes se efectuó la audiencia de presentación de juicio abreviado en una causa por facilitación y explotación económica ajena de la prostitución en el local “Zulu”, que tiene como condenada a Nora Edith Amaya. La imputada aceptó voluntariamente su participación y autoría en el hecho que se le imputa, como también la pena de cuatro años de prisión efectivos. Este miércoles finalmente se homologó el acuerdo abreviado.

En esa audiencia, la imputada admitió voluntariamente todas las circunstancias de tiempo, modo y lugar en ilícitos calificados jurídicamente como autora de “facilitación de la prostitución en concurso ideal con explotación económica de la prostitución, al menos tres hechos en concurso real”.

Los hechos acontecieron entre el 2 de mayo de 2015 y el 25 de junio de 2015, dentro del local comercial cabaret “Zulu”, donde Amaya era la propietaria. Allí posibilitó el ejercicio de la prostitución de al menos tres damas de sala. Asimismo, explotó comercialmente el ejercicio de la prostitución ajena y percibió por anticipado el pago por servicios sexuales de las damas de sala.

Amaya solicitó la aplicación del procedimiento abreviado, aceptando su responsabilidad penal y la pena de 4 años de prisión, la que se considera como adecuada por las características del hecho y el daño causado. También deberá someterse a un tratamiento psicológico y se considera su falta de antecedentes penales.

La pena de 4 años será de cumplimiento efectivo y es razonable y proporcional al delito endilgado. Por último, se renunció a los plazos procesales de impugnación.

Respecto de la prueba, existe en cantidad y calidad suficiente para tener a la imputada como autora del presente caso que se inicia en el Juzgado Federal local que luego declara su incompetencia ya que no se configuraba el delito de trata de personas. Existía consentimiento de las víctimas que se encontraban en el lugar por su propia voluntad, se estableció. El local comercial estaba habilitado por la Municipalidad y era administrado por la imputada, Amaya.

La defensa, por su parte, “ratificó en todos sus términos el acuerdo abreviado suscripto por mi asistida, como también su alcance y consecuencias”, solicitando que el mismo sea homologado ya que es serio y debidamente fundado, destacando como circunstancia atenuante la falta de antecedentes penales de Amaya y que no tiene causas en trámite.

Finalmente, el juez pasó a deliberar y dio a conocer su resolución este miércoles. Decidió homologar el acuerdo abreviado condenando a Nora Amaya a la pena de 4 años de prisión efectivos y estableciendo como probados tanto la materialidad como la autoría del hecho en cabeza de la imputada, considerándola autora de los delitos de “facilitación de la prostitución en concurso ideal con explotación económica de la prostitución, al menos tres hechos en concurso real”.

Presidió el acto Jorge Odorisio, juez penal; por el Ministerio Público Fiscal se hicieron presentes María Laura Blanco -subrogando a Martín Cárcamo, fiscal general y Cristian Ovalle, funcionario de fiscalía. Por su parte la defensa de Amaya fue ejercida por Mauro Fonteñez, abogado particular de la misma.

ADN Sur