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Walter Alberto Brauton Steimbach (47) fue hasta este miércoles el delincuente sexual más buscado del país: la recompensa por su cabeza era de 300 mil pesos. Pero, como todo tiene un final, el de la vida como prófugo de este condenado a 40 años de prisión por una serie de violaciones también llegó.

A Brauton lo detuvo Interpol en Bolivia este miércoles, luego de haber permanecido cinco años prófugo tras drogar a un guardicárcel y huir del país con su amante durante una salida transitoria de prisión que un juez le había otorgado para que pudiera visitar a su mamá, en Merlo.

La información, confirmada a Clarín por fuentes del Ministerio de Seguridad de la Nación, se conoció este miércoles por la tarde. A Brauton lo capturaron en la ciudad boliviana de Potosí. Este viernes, a primera hora de la tarde, el avión que lo traslada desde Salta (hasta allí fue vía terrestre) aterrizará en Aeroparque.

Bajo la falsa identidad de Roberto Aguirre de la Quintana, Brauton se movía con cierta libertad en los más de 4000 metros de altura sobre el nivel del mar de Potosí.

Caminaba por el cruce de las calles La Paz y Betanzos cuando una delegación de policías de Interpol (Bolivia, Argentina y hasta Brasil trabajaron en la captura) se le interpuso en sus planes de seguir prófugo.

Llegar hasta él requirió de más de 10.000 horas de escuchas telefónicas y unos 20 allanamientos. No se resistió en ningún momento. Zapatillas negras, camisa a cuadros y jeans, pelo rapado y una barba tenue tipo candado.

A Brauton lo buscaban desde agosto de 2013, cuando aprovechó un recurso extraordinario para salir de la Unidad Penal 39 de Ituzaingó donde estaba preso, condenado a 40 años de cárcel por haber raptado a nueve mujeres y haber violado a siete. Podía salir para visitar a su mamá, que aparentemente estaba enferma.

Ese beneficio se lo había dado el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de Morón en 2011, dos años después de haberlo condenado. Una vez al mes, el preso podía ir a la casa de su madre de la localidad de Mariano Acosta, en Merlo. La última visita sólo fue acompañado por un agente del Servicio Penitenciario, que justo había cumplido años por esos días.

Fue después del almuerzo y cuando Brauton, su madre y su amante tomaban unos mates, que le convidaron uno al hombre que debía custodiarlo. El mate tenía un somnífero y por eso a los pocos minutos el guardiacárcel se desmayó. Así fue la huida del violador serial y su mujer: ambos se fueron del país en avión y con documentos falsos.

Ella, Graciela Rita Prono, sería la primera en caer. Por las escuchas telefónicas, determinaron que la pareja estaba en Bolivia y también supieron cuándo regresaría la mujer de Brauton al país: ese 20 de agosto de 2015 la esperaba la Policía en la Estación de Ómnibus de Liniers. La arrestaron cuando bajó del micro.

Violador serial
Graciela siempre le creyó a Brauton. Él le juraba que era inocente de los abusos por los que lo condenaron. Todos ocurrieron entre enero y marzo de 2005 en la zona oeste del Conurbano: en Loma Hermosa, Merlo, San Alberto, Castelar, Moreno e Ituzaingó.

Casado, padre de dos hijos, Brauton vivía en Marcos Paz y trabajaba como contador en una concesionaria de autos de Tortuguitas cuando aún no lo habían detenido.

El violador iba en su auto, amenazaba a sus víctimas con un arma y las violaba en algún descampado. Usaba preservativos que luego guardaba debajo del asiento de su coche. Todas las mujeres abusadas por Brauton, que por entonces tenían entre 17 y 23 años, lo reconocieron.

A Brauton lo arrestaron en Ituzaingó, cuando quiso violar a una odontóloga que se resistió a pedradas.

Cuatro años después, en 2009, fue condenado a 40 años de prisión por siete violaciones, tres intentos de abuso sexual, robo y nueve raptos. La condena fue del TOC N° 2 de Morón, el mismo que le dio las salidas extraordinarias.

Llevaba ocho años preso cuando se fugó y pasó otros cinco viviendo en Bolivia. Ahora deberá terminar de cumplir su condena en prisión.

Fuente: Clarín