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La Sala III de la Cámara de Apelaciones en lo Penal, Contravencional y de Faltas, dispuso la prisión domiciliario de Ricardo Russo. El pediatra, acusado de poseer y distribuir pornografía infantil, estará monitoreado electrónicamente aunque tendría un radio limitado para moverse.

En diálogo con Clarín, el abogado del detenido, Ricardo Izquierdo expresó: “La Cámara de Apelaciones entendió que no existe ninguno de los peligros que decía la fiscal Daniela Dupuy sobre que mi asistido puede fugarse o entorpecer la investigación”.

Izquierdo aseguró que su defendido saldrá el viernes a la noche del penal de Ezeiza, en el que estuvo 99 días, y pasará la noche en su casa del barrio River, donde lo esperarán su pareja Mina y sus dos hijos. “Estamos con el papeleo de rigor, calculamos que se irá antes de la medianoche”, explicó.

Para el letrado, Ricardo Russo es “una persona inocente, que está siendo investigada por delitos que él no cometió”.

El Tribunal resolvió “disponer la implementación de un dispositivo de geolocalización, con el objeto de monitorear de manera electrónica su permanencia en el domicilio y así asegurar la medida impuesta”.

Es preciso recordar que la Justicia confirmó que además el exjefe del Servicio de ReumatologíaeInmunología fotografió a niñas en el Hospital Garrahan.

Es un dato clave, que cambia el impulso de la investigación: lo ubica en el rol de productor de pornografía infantil, no solo distribuidor. Asimismo, podría agravar la situación su posición de poder, por el cargo que ejercía en el nosocomio.

Según al escrito judicial firmado por la jueza penal, contravencional y de faltas porteña, María Laura Martínez Vega, que interinamente reemplaza a la titular, Alejandra Doti, el especialista le “tomó nueve fotografías” a jóvenes aún no identificadas en el interior del establecimiento de salud.

Este viernes se llevó a cabo la audiencia de imposición de pena por la tentativa de homicidio de Luis “Viejita” Muñoz, que tiene como responsable a Oscar Pallis. La fiscal solicitó la pena de 6 años de prisión. Por su parte, la defensa solicitó el mínimo de la pena establecida, 4 años de prisión. Finalmente, el tribunal pasó a deliberar y dará a conocer su decisión el próximo lunes 9 de septiembre.

Durante la audiencia declaró una Licenciada en Trabajo Social de la Defensa Pública que intervino en varias oportunidades por solicitud de la defensa de Pallis, para evaluar su posible arresto domiciliario. Allí hizo hincapié además en la historia de vida del imputado, con una enfermedad de gran impacto en su desarrollo la cual lo llevó a una situación de aislamiento y exclusión, como así también los problemas de adicción a muy temprana edad.

Seguidamente la fiscal en base a la calificación jurídica de “homicidio simple en grado de tentativa”,  solicitó seis años de prisión para Pallis. Apartándose del mínimo de la pena por las circunstancias agravantes como el modo de comisión del hecho por la violencia y la golpiza desplegada.

Asimismo, pidió que se mantenga la prisión preventiva de Pallis en base al peligro de fuga existente, por el término de seis meses en base a que ya fue declarado penalmente responsable del delito de “homicidio simple en grado de tentativa”.

Se trata de Andrés Rodolfo Villaba (48), condenado por los delitos de “lesiones graves calificadas por el vínculo y por mediar violencia de género”, en perjuicio de su concubina, Natalia Soledad Garay (42).

El incidente ocurrió el 28 de octubre de 2016, cuando la víctima regresó de un control médico y tras reclamarle por la demora, Villaba la sometió a un feroz castigo a golpes de puños y patadas que le provocaron graves lesiones a la mujer en distintas partes del cuerpo.

Los jueces en el veredicto dado a conocer ayer en los Tribunales de Esquel, no encontraron elementos que acrediten ninguna causal de justificación para que Gabriel Díaz haya disparado contra su hermano en las circunstancias en que lo hizo.

DEBATE DE LA PENA
A pedido de las partes, media hora después de conocido el veredicto, tuvo lugar el debate por la pena. La Fiscalía pidió que se lo condene a 25 años de prisión, en tanto que el defensor requirió el mínimo legal, 10 años y medio.
El veredicto del Tribunal consistió en dar a conocer la declaración de responsabilidad y anticipar brevemente algunos de los que serán los puntos salientes de la sentencia, aunque el desarrollo en profundidad de los fundamentos de la decisión, se conocerán recién el próximo jueves por la mañana.

El presidente del Tribunal, Jorge Criado, puntualizó los elementos en los que se basaron para tener por acreditados los hechos y la autoría de Gabriel Díaz. Mencionó el contexto y el lugar en que se suscitaron los hechos, señaló contradicciones en la versión del imputado respecto de las de los testigos, habló de la situación de disparidad que se suscitó entre la víctima y el imputado, en el contexto en el cual se produjo el disparo mortal. Finalmente se refirió a que la Defensa no aportó evidencias demostrativas de las circunstancias de necesidad de actuar en defensa propia alegadas y que es requisito probarlas para que estas puedan ser consideradas por el Tribunal.

Luego de un breve cuarto intermedio, volvieron a encontrarse las partes en la sala 2 de los Tribunales de Esquel, para discutir la pena justa. Carlos Días Mayer mencionó como agravantes que víctima e imputado fueran hermanos por parte de padre, lo imprevisible e inesperado del ataque armado, que fuera el cumpleaños de la víctima, que se realizara en presencia de familiares, la expectativa de vida de la víctima y el momento particular de reconciliación familiar que protagonizaba Alfredo Horacio Díaz.

DEFENSOR PLANTEO ATENUANTES
El defensor Hugo Cancino hizo referencia como atenuantes a la falta de antecedentes penales, el excesivo consumo de alcohol, las características de personalidad de su defendido, su situación familiar con una familia conformada y el hecho que el fallecido sea su hermano, como una forma de pena natural. Luego de argumentar requirió la imposición del mínimo legal, 10 años y seis meses de prisión.

LOS HECHOS
El 15 de julio de 2018 aproximadamente a las 3:05 hs en una vivienda de Cholila, propiedad del tío de Gabriel Arturo Díaz, en momentos en que se celebraba el cumpleaños de quien fuera la víctima, Alfredo Díaz, hermanastro de parte de padre de Gabriel.

En un momento se escuchó un disparo de arma de fuego efectuada por este último que impactó en un pulmón de Alfredo, provocándole la muerte.
El fiscal, Carlos Díaz Mayer, sostuvo que el disparo se sucedió luego tras un forcejeo entre el imputado y su padre que retuvo su mano para quitarle el arma, tras un primer disparo, se sucedió una segunda detonación la que habría impactado en Alfredo Díaz provocándole la muerte.

Luego de ser declarado autor de fraude contra la Administración Pública, el Ministerio Público Fiscal pidió ayer 4 años de prisión para el ex funcionario dasnevista, Oscar «Chito» Alarcón. Por su parte la defensa solicitó 2 años.

La sentencia se conocería el miércoles de la semana que viene. Cabe recordar que el Juez Martín O’Connor encontró debidamente probados los cargos presentados por la Fiscalía y resolvió declarando autor penalmente responsable a Oscar Roberto Alarcón de los delitos por los que fue llevado a juicio.

Alarcón, que era empleado de planta permanente de la Municipalidad de Trevelin desde el año 1996, fue nombrado Director General de Ceremonial de la Provincia, el 10 de diciembre de 2015.

El juez tuvo por probado que el acusado no puso en conocimiento del Municipio la incompatibilidad que estaba obligado a informar de acuerdo a lo establecido por la Ley de Ética Pública, la Constitución Provincial y el Estatuto del empleado provincial. Esa omisión llevó a que comenzara a percibir los dos sueldos, uno por la función provincial y otro por el empleo municipal. Situación que se extendió desde el 10 de diciembre de 2015 hasta el 1 de marzo de 2018. Recién entonces, solicitó licencia política.

El ex funcionario provincial estaba obligado por la ley de ser garante del cumplimiento de las normas, en lo que a él compete. Se encontraba en posición de garante de ese cumplimiento. Silenciar su situación ante la Municipalidad de la cual era empleado, le posibilitó la percepción de dos sueldos contemporáneamente, y de ese modo se configuró una modalidad de comisión por omisión del delito de estafa, agravada por ser en perjuicio de la administración pública.

El tribunal entendió que de ese modo llevó a error a la «Municipalidad de Trevelin al no tener ella un cuadro completo de la situación de revista del acusado. La actitud omisiva persistente (pese a su clara obligación en contrario) también permitió que la Administración Pública Municipal continuara en el error y la doble percepción salarial se extendiera hasta el 1 de marzo de 2018, esto es, por espacio de más de 2 años y 3 meses».

La defensa cuestionó la existencia de perjuicio real para el municipio, porque se llegó a un acuerdo entre las partes por el que Alarcón devuelve en cuotas los salarios mal cobrados.

Sin embargo el juez entendió que el perjuicio ocasionado al municipio se produjo al momento de no poder disponer de los fondos. La cifra asciende a $ 885.477,77, esto es el haber más los aportes y contribuciones. Más allá de estar devolviendo el dinero mal cobrado, el faltante de fondos que afrontó la Municipalidad configura el perjuicio exigido por la figura típica, especificó O’ Connor.

Asimismo, y además del fraude comprobado, «la omisión tenida por probada configura el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público, en su modalidad omisiva».

Lo que fue informado a sus progenitores como el de tres amigas en Puerto Madryn, terminó siendo una pesadilla de tres menores en Buenos Aires. Con testimonios se descubrió que María de los Ángeles Acosta y Rodolfo Mauricio Barrionuevo, prostituían a las menores en un hotel, por el hecho fueron condenados a 12 años de prisión. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia los sentenció por explotación sexual, engaño y amenazas.

El lunes 15 de agosto de 2016, en Trelew, Acosta pidió permiso a dos madres para llevar a sus hijas de 14 años de paseo a Puerto Madryn porque era feriado. Las acompañaría una tercera nena de 12 años, familiar de la condenada. Prometió regresarlas al otro día. Pero se esfumó.

Luciana, madre de N.A.L., una de las nenas, hizo la denuncia en la Comisaría 2ª. Su hija tenía turno en el pediatra y nunca llegó. Le había dado una muda de ropa y plata para el pasaje. Presumía que podía estar en Buenos Aires por un dato que le acercaron. Era la primera vez que trataba a Acosta. “En cambio a la hija hace tiempo porque es amiga de la suya hace cuatro años”. Le advirtieron que Acosta solía prostituirse. Comenzó una búsqueda masiva con fotos de las chicas, así lo informó El Patagonico.

La Policía reconstruyó que el 17 de agosto, Acosta y las tres nenas tomaron el micro a Madryn. Se las vio en la estación de servicio El Tenaz. Se quedaron en un departamento de San Luis al 600, prestado por un amigo que la conoció cuando trabajaba en Tránsito y ella en el SEM. Pero cuando el hombre la vio con menores ajenas y tomando Fernet le reclamó que “no lo meta en quilombos”.

La mujer dejó el departamento robándose un TV, un equipo musical y ropa de cama. Se movió en taxi con valijas. Según testigos, las nenas lucían drogadas, idas. Hicieron dedo a camiones en la ruta hasta provincia de Buenos Aires, donde llegaron el 18. Una vez en Cañuelas llegaron a Florencio Varela en micro, gratis porque Acosta no tenía SUBE. Luego en taxi a la casa en Villa La Carolina. Eran las 3 y las esperaba Barrionuevo.

Ya en Buenos Aires, donde nunca habían estado, el dúo las llevaba en micro a Plaza Miserere de Once. Las prostituían en un albergue cercano, bajo amenazas de echarlas o dejarlas sin comida. “Callensé p…de m…Más vale que hagan plata para pagar el alquiler por semana, que hay que pagar $ 600, si no, no sé cómo se van a ir ni cómo van a pagar la SUBE”, les decía el hombre. “Pero denle, si es para la comida de ustedes”, las animaba ella.

La única vecina que colaboró con la investigación contó que en una casa vivían hace una semana “tres jóvenes con una señora gorda y un masculino que conoce como Mauricio”. Las nenas le pedían agua para higienizarse. Se iban a las 8 y regresaban a las 22. “Ella se da cuenta por el ruido cuando hablan las chicas y le suelen pedir vasos y cosas así, porque en esa casa no tienen nada. Sucede casi a diario desde que llegaron, carecen de energía básica y luminosidad por la noche”.

La madrugada del 25 de agosto se allanó la casa de calle 1134 Nº 2041 de la villa. Había muy poca luz. Se halló a las tres menores muy nerviosas junto con los imputados en la cocina. Era una casilla precaria de madera y techo de chapa. Calles de tierra y difícil acceso vehicular. Piso de cemento, dos habitaciones y cocina comedor. Tenía luz y como calefacción fuego en un recipiente, con pocos muebles y “deplorable estado de conservación”. Había una bolsa con preservativos, incluso usados. Acosta entregó los DNI.

Por reste aberrante hecho los jueces Enrique Guanziroli, Nora Cabrera de Monella y Ana D´Alessio definieron la trata como “una grave violación a los Derechos Humanos, que afecta en lo más profundo la dignidad y la posibilidad de elegir libremente el plan de vida”. Acosta y Barrionuevo “se aprovecharon de la situación personal de las niñas, pobres, con miedo, desconcierto e incertidumbre”.

Para la condena fue clave el testimonio de las nenas. La “rebeldía propia de la edad” o el consumo de Poxirán que admitieron no desacreditó sino que reforzó sus dichos “pues demuestran su vulnerabilidad”. Las nenas siempre contaron lo mismo sobre cómo fueron sometidas. El relato fue coherente, ordenado y creíble. La experiencia fue “traumática y angustiante”.

Sus relatos por separado fueron “ricos en detalles y no pueden provenir de otro lado que de sus penosas experiencias personales vividas”. Acosta ocultó el viaje y el destino final “usando su trato ascendiente y de vecina, entendida como la atracción y seducción para ganar su confianza y voluntad, llevándolas de un sitio a otro, separándolas y desarraigándolas”.

El eje central del caso fue “el avasallamiento de la infancia de las víctimas, el condicionamiento de su vida a futuro, traducida en dificultades para establecer vínculos, generar una propia y positiva conformación de la sexualidad y la puesta en riesgo de su autoestima”.

Toda su vida las nenas padecieron problemas familiares, económicas y personales. “Eran blanco fácil para quien tuviera el deseo de aprovecharse”, determinaron desde la Justicia.

Cabe señalar que Barrionuevo tenía condenas por violación de domicilio, amenazas y robo calificado. Quedó preso en la Unidad 6 de Rawson. Acosta, en el Complejo Penitenciario Federal Nº 4 del Servicio Penitenciario Federal. La vivienda de la Villa Carolina fue decomisada.

LOS IMPUTADOS SE DEFENDIERON

En su defensa, María Acosta negó los hechos ante el tribunal y dijo que ambas madres le habían dado permiso y sabían la fecha de regreso.

Ella había viajado a Trelew para visitar a su hijo menor discapacitado, alojado en el Hogar de Menores del barrio Planta de Gas.

“A Buenos Aires iban de vacaciones porque las nenas no hacen nada, estaban en su casa de Florencio Varela y les daba plata para que llamen a su mamá”.

Aseguró que dormían hasta las 17, se levantaban a desayunar y comer, todo junto. Barrionuevo trabajaba todo el día. Según su versión, regresarían el 12 de septiembre porque era el cumpleaños de su hijo.

Acosta ejerció la prostitución y fue víctima de violencia de género. Se prostituyó cuando el papá de sus hijos falleció en 2008 y no tenía como mantenerlos. De sus 25 a los 32 años.

“En ningún momento explotaría a una menor porque ella conoce lo que es el maltrato, siempre puso el cuerpo por sus hijos”.

Le dijo a los jueces que mientras estuvieron en Florencio Varela con las nenas fueron hasta el Obelisco en micro a comer pizza. Su marido es pintor y estaba cerca. En Plaza Miserere sólo estuvieron un día y no pasó nada. La noche del allanamiento “las menores como son nenas se llevaron preservativos para inflar y reventar porque se ponían a jugar como en un cumpleaños”.

Por su parte, Rodolfo Barrionuevo buscó conmover al TOF relatando que tiene hijas y nietas. “Antes de hacer algo así prefiere salir a robar, tiene trabajo y no precisa nada”.

Cuidaba coches en las calles y a María la conoció en Buenos Aires. Decidió “cambiar de vida, “se hizo pintor y trabajaba de lunes a viernes, sin horario.

En la Villa La Carolina, María se quedaba con las nenas en la casa, haciendo tareas del hogar. Aseguró que le preguntó a su pareja si las nenas tenían autorización de las madres. Como Acosta le dijo que sí, se quedó tranquilo con la situación. La idea era volver luego todos juntos a Trelew.

Dijo no saber que hacían las nenas en la casa ya que trabajaba todo el día trabajando. Hasta les dio plata para que hablen con sus mamás por Facebook.

“No obligó a las chicas a prostituirse, que si las tuviera trabajando no viviría así”. Dijo que es “mentira” que las llevó a Miserere porque allí hay miles de cámaras, policías y patrulleros. Lo hubiesen descubierto. Tiene cuatro causas en el Juzgado de Quilmes por robo y estuvo 18 años detenido. Fuma marihuana desde los 12 años.

Era un paseo de tres amigas a Buenos Aires. Se convirtió en una pesadilla por la cual María de los Ángeles Acosta y Rodolfo Mauricio Barrionuevo fueron condenados a 12 años de prisión. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia los sentenció por explotación sexual, engaño y amenazas, abusando de la vulnerabilidad de las menores víctimas para prostituirlas en Plaza Miserere, Capital Federal.

El lunes 15 de agosto de 2016, en Trelew, Acosta pidió permiso a dos madres para llevar a sus hijas de 14 años de paseo a Puerto Madryn porque era feriado. Las acompañaría una tercera nena de 12 años, familiar de la condenada. Prometió regresarlas al otro día. Pero se esfumó, así lo informó Diario Jornada.

Luciana, madre de N.A.L., una de las nenas, hizo la denuncia en la Comisaría 2ª. Su hija tenía turno en el pediatra y nunca llegó. Le había dado una muda de ropa y plata para el pasaje. Presumía que podía estar en Buenos Aires por un dato que le acercaron. Era la primera vez que trataba a Acosta. “En cambio a la hija hace tiempo porque es amiga de la suya hace cuatro años”. Le advirtieron que Acosta solía prostituirse. Comenzó una búsqueda masiva con fotos de las chicas.

La Policía reconstruyó que el 17 de agosto, Acosta y las tres nenas tomaron el micro a Madryn. Se las vio en la estación de servicio El Tenaz. Se quedaron en un departamento de San Luis al 600, prestado por un amigo que la conoció cuando trabajaba en Tránsito y ella en el SEM. Pero cuando el hombre la vio con menores ajenas y tomando Fernet le reclamó que “no lo meta en quilombos”.

La mujer dejó el departamento robándose un TV, un equipo musical y ropa de cama. Se movió en taxi con valijas. Según testigos, las nenas lucían drogadas, idas. Hicieron dedo a camiones en la ruta hasta provincia de Buenos Aires, donde llegaron el 18. Una vez en Cañuelas llegaron a Florencio Varela en micro, gratis porque Acosta no tenía SUBE. Luego en taxi a la casa en Villa La Carolina. Eran las 3 y las esperaba Barrionuevo.

Ya en Buenos Aires, donde nunca habían estado, el dúo las llevaba en micro a Plaza Miserere de Once. Las prostituían en un albergue cercano, bajo amenazas de echarlas o dejarlas sin comida. “Callensé p…de m…Más vale que hagan plata para pagar el alquiler por semana, que hay que pagar $ 600, si no, no sé cómo se van a ir ni cómo van a pagar la SUBE”, les decía el hombre. “Pero denle, si es para la comida de ustedes”, las animaba ella.

Ambos se quedaban con los $500 de cada encuentro.

El dúo captaba “clientes”, las acompañaba al hotel, arreglaban la tarifa y las esperaban a la salida. No usaban preservativo. Comían alfajor y gaseosa. Uno hacía de campana. Con la plata, la pareja compraba a diario marihuana, pasta base, paco, cocaína, Poxirán. Las obligaron a consumir.

A veces para no ir las chicas decían que estaban menstruando. La comunicación con sus familias era escasa y controlada. Sus documentos los guardaba Acosta. No sabían dónde estaban ni tenían dinero. Engañadas, no tenían forma de huir. Les ordenaban limpiar y cocinar, pero si no había, no comían.

Buscando en Facebook la Policía llegó hasta una empleada de Lotería Nacional, hermana de Mauricio. La entrevistaron y los guió para llegar a La Carolina.

La única vecina que colaboró les contó que en esa casa vivían hace una semana “tres jóvenes con una señora gorda y un masculino que conoce como Mauricio”. Las nenas le pedían agua para higienizarse. Se iban a las 8 y regresaban a las 22. “Ella se da cuenta por el ruido cuando hablan las chicas y le suelen pedir vasos y cosas así, porque en esa casa no tienen nada. Sucede casi a diario desde que llegaron, carecen de energía básica y luminosidad por la noche”.

La madrugada del 25 de agosto se allanó la casa de calle 1134 Nº 2041 de la villa. Había muy poca luz. Se halló a las tres menores muy nerviosas junto con los imputados en la cocina. Era una casilla precaria de madera y techo de chapa. Calles de tierra y difícil acceso vehicular. Piso de cemento, dos habitaciones y cocina comedor. Tenía luz y como calefacción fuego en un recipiente, con pocos muebles y “deplorable estado de conservación”. Había una bolsa con preservativos, incluso usados. Acosta entregó los DNI.

Los jueces Enrique Guanziroli, Nora Cabrera de Monella y Ana D´Alessio definieron la trata como “una grave violación a los Derechos Humanos, que afecta en lo más profundo la dignidad y la posibilidad de elegir libremente el plan de vida”. Acosta y Barrionuevo “se aprovecharon de la situación personal de las niñas, pobres, con miedo, desconcierto e incertidumbre”.

Para la condena fue clave el testimonio de las nenas. La “rebeldía propia de la edad” o el consumo de Poxirán que admitieron no desacreditó sino que reforzó sus dichos “pues demuestran su vulnerabilidad”. Las nenas siempre contaron lo mismo sobre cómo fueron sometidas. El relato fue coherente, ordenado y creíble. La experiencia fue “traumática y angustiante”.

“¿Por qué mentirían las víctimas? Como muchas veces pasa en nuestra sociedad, ante un delito cruel la estrategia de los culpables es vilipendiar a las víctimas, en este caso tres niñas frágiles”, advierte la sentencia.

Según el informe de la Oficina de Rescate y Acompañamiento de las Personas Damnificadas por el Delito de Trata de Personas, que refugió y entrevistó a las niñas, “habrían sido víctimas de violencia psicológica, física, sexual, y económica en un contexto de restricción total de su autonomía y libertad”.

El rol de Acosta fue lograr que las niñas decidieran viajar. Las conocía y sabía que eran inmaduras y de familias pobres. Barrionuevo tampoco podía desconocer el perfil de las víctimas. Bastaba mirarlas

“En estos delitos lamentablemente no sorprende que allegados e incluso familiares de las víctimas estén implicados, motivados por la misma miseria que los rodea donde pierden todo atisbo de decencia”. Las chicas estaban sin dinero, sin documentos y a cientos de kilómetros de su hogar, sin chances de pedir ayuda.

Sus relatos por separado fueron “ricos en detalles y no pueden provenir de otro lado que de sus penosas experiencias personales vividas”. Acosta ocultó el viaje y el destino final “usando su trato ascendiente y de vecina, entendida como la atracción y seducción para ganar su confianza y voluntad, llevándolas de un sitio a otro, separándolas y desarraigándolas”.

El eje central del caso fue “el avasallamiento de la infancia de las víctimas, el condicionamiento de su vida a futuro, traducida en dificultades para establecer vínculos, generar una propia y positiva conformación de la sexualidad y la puesta en riesgo de su autoestima”.

Toda su vida las nenas padecieron problemas familiares, económicas y personales. “Eran blanco fácil para quien tuviera el deseo de aprovecharse”.

Con ausencia de padres, conflictos con las madres, abandono de la escuela, relaciones con adultos en la calle, adicciones y pobreza, era tentador y nuevo viajar a Madryn de la mano de Acosta.

“Se las trasladó a más de 1.500 km; no sabían dónde se encontraban, desconocían cómo manejarse en el Gran Buenos Aires y dependían para habitación y alimento de los dos adultos. Limitadas de origen y con sus defensas más debilitadas, se las sometió a la explotación sexual. Ocurrió de la peor manera”.

“Niñas en un cuarto de hotel alojamiento, ¿qué posibilidad tenían de poner alguna condición al ocasional “cliente”, exigir preservativos o establecer algún límite en esa relación sexual? Ninguna”.

En una de las nenas, los profesionales dijeron que “su cuerpo había sido muy maltratado, muy pasada de droga; sus partes íntimas habían sido muy dañadas porque pasaban 10 o 12 hombres por día”.

Barrionuevo tenía condenas por violación de domicilio, amenazas y robo calificado. Quedó preso en la Unidad 6 de Rawson. Acosta, en el Complejo Penitenciario Federal Nº 4 del Servicio Penitenciario Federal. La vivienda de la Villa Carolina fue decomisada.#

“Nunca nos dijeron y nunca pensamos que nos iban a hacer estar con hombres”

Las profesionales del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata tuvieron entrevistas individuales y privadas con las tres nenas, apenas halladas. Debieron aguardar por el estrés, el shock y el agotamiento de las víctimas, hambrientas. Las llamó “A”, “B” y “C”.

“A” vivía en Trelew con su madre desocupada, su padrastro albañil y tres hermanos de 9, 8 y 2 años. Había comenzado el quinto año de la primaria pero abandonó porque “no le gustaba ir a la escuela”. Con las otras dos nenas eran vecinas y amigas.

Acosta iba a radicarse en Buenos Aires y le ofreció acompañarla para pasear y conocer. Su madre le dio permiso. “Viajamos las cuatro en la parte de delante de los camiones y no sé dónde bajamos, yo nunca había venido”. Todo lo pagó Acosta.

A la mañana siguiente de la llegada las levantaron para ir a Plaza Miserere. “Teníamos que trabajar con los hombres” en un hotel. No quería pero Acosta “se enojaba y ponía cara de mala”. Las ofrecía, negociaba con los clientes y los acompañaba al hotel, donde Barrionuevo esperaba en la esquina. Iban casi todos los días de 10 a 20.

Acosta les preparaba cena pero algunas noches no tenía ganas y las mandaba a limpiar. Varias veces fumó marihuana, incitada.

“Barrionuevo consumía alcohol en exceso, los fines de semana, en varias oportunidades me pedía un beso y yo me negaba”.

Habló con su madre pero vigilada. Las chicas le dijeron a Acosta que querían regresar. “Me van a meter en quilombos”, les respondió.

“A” se mostró preocupada por el futuro de sus amiguitas. Consumía Poxirán y hasta cayó “presa” unas horas. De su padre sólo sabía que vivía en Corrientes.

La niña “B” vivía en Trelew con su mamá, su papá albañil y cinco hermanos de 19, 18, 17, 11 y 4 años. Dejó el tercer año de secundaria pero quería terminar los dos últimos juntos. “Mi mamá creía que me iba a Puerto Madryn, sino no me hubiera dejado ir a Buenos Aires”, contó. Le dieron $ 100 para gastos personales para el paseo. “Acosta nunca me dijo que iba a tener que trabajar con hombres, me dijo que venía a pasear”.

En el viaje pararon en varias ocasiones para comer y pagaba Acosta. Era su primera vez en Buenos Aires. Pero en su estancia su única salida fue a un kiosco de La Carolina.

Un día Barrionuevo la llamó y la llevó hasta un hotel. “Me dijo que tenía que estar con un boliviano, yo vi cuando a Mauricio le dio 500 pesos”. Describió “un telo” a dos cuadras de la plaza; en la esquina había un kiosco y un puesto de diarios, frente a un supermercado. Era una puerta de chapa negra y escaleras al primer piso. Habló con su mamá pero por la vigilancia de Acosta, no pudo alertarla. “Nunca pensé que nos iban a hacer estar con hombres”.

“B” pasaba gran parte del día en la calle con “A” y “C”, en situaciones de riesgo. Dormía varias noches en la casa de amigos. Prefería no volver a su casa: se sentía sola y sus padres discutían mucho.

Consumió hasta 7 latas de Poxirán por día. Dejó de “jalar” ya que le costaba dormir y se ahogaba de noche. Solía terminar “en problemas” y “presa”. En Buenos Aires se puso “firme” y recurría a una actitud evasiva para no ir a la plaza.

La niña “C” relató que es familiar de Acosta y que vivía con ella. En 6º año abandonó la Primaria. Residió en el Hogar de Mujeres. Pasó por varias instituciones de Trelew debido a conflictos familiares. Se escapaba para quedarse con amigos. Pasó mucho tiempo en la calle entre Poxirán y marihuana.

Iba a mudarse a Buenos Aires. “Se lo comentó a sus dos amigas y ellas habían querido pasear”. Para defender a su familiar explicó que “eran ellas las que decidían acostarse con hombres para tener dinero para sus gastos”. Ya lo hacía en Trelew. “C” no quiere volver al Hogar. Prefiere a su familia en Caleta Olivia.

Según las profesionales, las nenas dieron varios detalles coincidentes acerca de la oferta engañosa, el traslado y la acogida. “Las vivencias ocasionan vergüenza y culpa, y es frecuente por el temor a represalias, más aún cuando los proxenetas tienen vínculo cercano a las víctimas”, dijo su informe. La confianza que las personas depositan en el captador “suele ser un mecanismo de persuasión”.

Eran 24 horas de control, amenazas y coerción constante. Pocas horas de descanso, órdenes para limpiar, falta de alimentación e higiene, comunicación monitoreada con sus familiares, incitación al consumo de drogas, maltrato psicológico y acoso sexual. Estaban indocumentadas y desconocían la zona, en una zona inaccesible, desorientadas para pedir ayuda. Querían volver.

Fue un “contexto complejo y no esperable en su etapa evolutiva”.#

“Lo que les hicieron les robó la niñez”

Luciana, mamá de N.A.L., declaró ante el Tribunal Oral Federal que su hija “estaba en una etapa de rebeldía que venía controlando a través del Servicio de Protección de Niño y el Adolescente”.

Admitió que era frecuente que se escapara pero que era la primera vez fuera de Trelew.

Primero la buscó por Messenger, sin respuestas. Hasta que una familiar de María Acosta le avisó: “La gorda se la llevó a Buenos Aires a prostituirlas”. Le propuso viajar y buscarlas.

Llamó a Protección de Niños y Adolescentes. Le dijeron que no viajara a buscarla y que hiciera la denuncia”. En una charla que pudo lograr, su hija dijo que estaban en La Carolina. Trató de mantener la comunicación lo más que pudo hasta contactar a Investigaciones, hasta que se le apagó el celular. Su hija le había sacado el teléfono a Barrionuevo y habían salido a hacer un mandado, tenían un rato para hablar. Ya el caso había explotado. Llamaban desde el celular de Acosta pero hablaba su hija, pidiendo plata para los pasajes por Wester Union. Con los datos y dirección la rescataron.

“Que pague”

Gisela es madre de M.A. Conoció a Acosta cuando fue a pedirle permiso para llevar a su hija a Madryn. “Le dijo que si es a Madryn sí, que la lleve y la cuide mucho”. Al otro día no apareció.

“Empezó a desesperarse y como tiene hijos menores no los podía dejar solos, es madre soltera. Todo el tiempo le decía que estaba en Madryn. Con 11 años nunca le iba a dar permiso para que esté en Buenos Aires. Por su hermana se enteró que estaba en Buenos Aires. Acosta la drogó para sacarla de Trelew”.

M.A. ahora va a escuela en Corrientes. Vive con su abuelo y una hermana. “Lo único que quiere es que pague por lo que le hizo”.

Lorena es tía de M.A. Por su vecina Luciana se enteró que su sobrina estaba en Buenos Aires. con supuesto permiso de Gisela. “No justifica a su hermana, pero es muy ingenua, cree mucho en las personas y se ve que tomó mucha confianza en Acosta. Le dijo a su hermana si era o se hacía, que como le iba a dar permiso para que se lleve a su hija; ella respondió que se la llevaba de vacaciones, que se la iba a cuidar”.

No se quedó tranquila y denunciaron en la Comisaría 2ª “porque esto no le cerró nunca”. M. se contactó un par de veces y después perdió el rastro. No le creía que estaba bien. Luciana, desesperada, quería viajar.

Nunca trató con Acosta pero “no le agradaba su cara”. De las comunicaciones a escondidas supo que la mujer no les daba el teléfono. “Se querían volver porque no aguantaban más, no sabían explicar dónde estaban, decían nomás que estaban en una villa”.

Después llegó el rescate. Cuidó en su casa un par de meses a su sobrina, que con el tiempo le confesó a lo que la habían obligado. La acompañó al pediatra, psicólogo y ginecólogo.

“Le dejó secuelas en su sobrina, no quiere acercarse a nadie, ni siquiera con sus tíos. Trata de hacer vida normal de una nena pero con lo que le hicieron, no sabe. Le robaron la niñez”, definió.#

“Antes de hacer algo así prefiero salir a robar”

En su defensa, María Acosta negó los hechos ante el tribunal y dijo que ambas madres le habían dado permiso y sabían la fecha de regreso.

Ella había viajado a Trelew para visitar a su hijo menor discapacitado, alojado en el Hogar de Menores del barrio Planta de Gas.

“A Buenos Aires iban de vacaciones porque las nenas no hacen nada, estaban en su casa de Florencio Varela y les daba plata para que llamen a su mamá”.

Aseguró que dormían hasta las 17, se levantaban a desayunar y comer, todo junto. Barrionuevo trabajaba todo el día. Según su versión, regresarían el 12 de septiembre porque era el cumpleaños de su hijo.

Acosta ejerció la prostitución y fue víctima de violencia de género. Se prostituyó cuando el papá de sus hijos falleció en 2008 y no tenía como mantenerlos. De sus 25 a los 32 años.

“En ningún momento explotaría a una menor porque ella conoce lo que es el maltrato, siempre puso el cuerpo por sus hijos”.

Le dijo a los jueces que mientras estuvieron en Florencio Varela con las nenas fueron hasta el Obelisco en micro a comer pizza. Su marido es pintor y estaba cerca. En Plaza Miserere sólo estuvieron un día y no pasó nada. La noche del allanamiento “las menores como son nenas se llevaron preservativos para inflar y reventar porque se ponían a jugar como en un cumpleaños”.

Versión Barrionuevo

Rodolfo Barrionuevo buscó conmover al TOF relatando que tiene hijas y nietas. “Antes de hacer algo así prefiere salir a robar, tiene trabajo y no precisa nada”.

Cuidaba coches en las calles y a María la conoció en Buenos Aires. Decidió “cambiar de vida, “se hizo pintor y trabajaba de lunes a viernes, sin horario.

En la Villa La Carolina, María se quedaba con las nenas en la casa, haciendo tareas del hogar. Aseguró que le preguntó a su pareja si las nenas tenían autorización de las madres. Como Acosta le dijo que sí, se quedó tranquilo con la situación. La idea era volver luego todos juntos a Trelew.

Dijo no saber que hacían las nenas en la casa ya que trabajaba todo el día trabajando. Hasta les dio plata para que hablen con sus mamás por Facebook.

“No obligó a las chicas a prostituirse, que si las tuviera trabajando no viviría así”. Dijo que es “mentira” que las llevó a Miserere porque allí hay miles de cámaras, policías y patrulleros. Lo hubiesen descubierto. Tiene cuatro causas en el Juzgado de Quilmes por robo y estuvo 18 años detenido. Fuma marihuana desde los 12 años.

Un marinero deberá cumplir una condena de tres años de prisión condicional y pagar quince mil pesos a las dos víctimas y a la Policía Científica tras reconocer la serie de delitos en que incurrió en un típico caso de celos, amenazas y violencia de género ocurridos en Rawson entre febrero y mayo de este año. El acuerdo entre las víctimas y el victimario plasmados en un juicio abreviado, se produjo en un lapso corto de tiempo si se tiene en cuenta que el último incidente investigado ocurrió en el mes de mayo pasado.

El imputado se llama Leandro Díaz Martínez, un marinero de 32 años de edad. Las víctimas fueron su ex pareja Liliana Colazurdo con la que tuvo dos hijos, y un amigo de ésta Marcos Jaerge. Luego de un tiempo de peleas entre los miembros del matrimonio, el 27 de febrero de este año un incidente en la casa del matrimonio en el barrio Río Chubut de Rawson insultos y golpes mediante, el Juzgado de Familia de Rawson le impuso a Díaz Martínez la prohibición de acercamiento a su mujer por el delito de amenazas.

El segundo incidente también es producido por el imputado, ocurrió casi un mes después cuando en la esquina de Onetto y Mariano Moreno le cruzó la camioneta a la mujer a la que volvió a amenazar. Al día siguiente, el 26 de marzo a la salida de la Escuela a la que concurrían los dos hijos del matrimonio, nuevamente la volvió amenazar escenas de celos mediante. En este caso fue detenido por acercarse a la mujer y desobedecer la orden de prohibición que pesaba en su contra. Luego la fiscalía, nuevamente en audiencia le solicitó a un  juez penal una nueva medida de prohibición de acercamiento a su ex pareja.

Pero el 1ero. de mayo pasado se produjo el incidente más grave. Fue cuando la mujer se encontraba con sus dos hijos y un amigo, Marcos Jaerge en la rambla de Playa Unión. Díaz Martínez llegó en su camioneta, nuevamente increpó a la mujer, con una llave cruz golpeó a Jaerge y cuando dos ocasionales transeúntes intentaban calmar los ánimos, fue hasta la camioneta, volvió con un cuchillo intentando lesionar al amigo de su ex esposa. Igualmente Jaerge sufrió lesiones consideradas leves. Temiendo una vez más la intervención de la Policía, el agresor se alejó del lugar.

La serie de incidentes a lo largo de cuatro meses hicieron incurrir al imputado en varios delitos, entre ellos, amenazas, desobediencias reiteradas a las disposiciones legales, además de lesiones leves. Esto llevó que para evitar el juicio oral y público,  Díaz Martínez reconociera los hechos y fuera condenado a tres años de prisión en suspenso, además del pago de cinco mil pesos a su ex esposa, al amigo de ésta y a la Policía Judicial que realizó las pericias.

El imputado fue defendido por el abogado Jorge Baudés y el Ministerio Público Público Fiscal estuvo representado por el fiscal general Fernando Rivarola y el funcionario de fiscalía Leonardo Cheuquemán.

Sesenta días de prisión preventiva le dieron ayer a la mujer que el fin de semana hirió gravemente de dos puñaladas a un hombre en medio de una pelea que se desató por cuestiones del momento en una vivienda en la que la agresora, un hermano, la víctima y otras dos personas se habían juntado a tomar alcohol.

El hecho, tal como fue publicado por EL CHUBUT, ocurrió el sábado al anochecer en una casa de la calle Laura Vicuña y Juan XXIII de Trelew y fue uno de los varios sangrientos sucesos que entre ese día y el domingo a la madrugada se registraron en Trelew.

En total hubo seis heridos a puñaladas entre la noche del viernes y anteayer y algunos de ellos todavía están graves; como el hombre apuñalado por la mujer que ayer al ser imputada del cargo de tentativa de homicidio le dieron dos meses de prisión preventiva, al igual que a su hermano, a quien desde la fiscalía le atribuyen ser su cómplice.

La víctima de la ahora detenida fue un hombre de 45 años, de quien en la víspera se dijo que aún se encuentra muy grave, en terapia intensiva con una puñalada que le perforó el hígado y otra que le hirió el diafragma.

El Chubut

En el juicio oral y público contra Martin Napal-condenado como autor penalmente responsable del delito de homicidio doblemente agravado, en grado de tentativa- , concluyo la etapa de debate,  respecto a la pena que debe recibir el procesado.

En este marco, la fiscal Andrea Vázquez, requirió al tribunal,  la aplicación de una condena de quince años de prisión. En tanto, los abogados de la defensa pública, solicitaron que su asistido cumpla un castigo de diez años de cárcel.

Por último, los jueces Daniel Pérez, Jorge Novarino y María Tolemei, se retiraron a deliberar. Asimismo, convocaron a las partes para el miércoles 12 de junio,  a las 12:00, a la sala de audiencias de la oficina judicial. En esa ocasión, realizaran la lectura completa del fallo y sus fundamentos.

Para el juicio de cesura de la pena. las representantes del Ministerio Publico Fiscal, ofrecieron el testimonio de la Licenciada en Psicología, Carla Galarza. La profesional – que presta servicios en el hospital rural de Sarmiento- , describió la evaluación de las secuelas  que sufrió Yhoana Terán, por el hecho traumático que le toco atravesar.

En este sentido, señalo los indicadores del estrés postraumático, destacando sus estados anímicos, y la situación de angustia, que mantiene en la actualidad.

Asimismo, confirmo que la víctima, atraviesa situaciones de miedo e intranquilidad, en los momentos en los que debe permanecer sola, en la vivienda,  donde Martin Napal, perpetro el ataque.

«Quiero justicia, estoy viva de milagro»

Yhoana Terán, hablo ante los jueces. La joven mujer, manifestó «quiero justicia por lo que me hizo a mí, y por hacer que pierda a mi hija». A ello,  agrego que » estuve dieciocho días internada, los médicos,  me dijeron que estoy viva de milagro, me tuvieron que operar,  y me quito la posibilidad de volver a ser madre».

Finalmente, la víctima,  sostuvo»  desde que paso el hecho, vivo con miedo. No puedo salir tranquila, con mis hijos, porque tengo miedo que alguien nos haga algo», concluyo.

Así las cosas, Vázquez, desarrollo los agravantes que se presentan en el caso. En este sentido, argumento las cuestiones referidas a la naturaleza y gravedad del hecho, la modalidad de ataque, utilizada por el condenado, y la extensión del daño causado, entre otras. En consecuencia, pido al tribunal, que aplique a Martin Napal, el máximo de la pena prevista en el Código Penal. La ley, establece que se debe imponer quince años de prisión, a la persona condenada, por el delito de homicidio doblemente agravado, en grado de tentativa.

Por su parte, Oyarzun, expreso que los agravantes invocados, por la parte acusadora, no habían sido debidamente acreditados. Asimismo, requirió, que se tengan en cuenta como atenuantes, la escasa instrucción de Napal, y la falta de antecedentes penales computables. Con respecto, a la pena de prisión, pido que la misma, sea de diez años de cárcel.

El caso

El hecho que investigo la fiscalía,  ocurrió  el sábado 19 de mayo del año pasado,  a las 8:00, en la vivienda ubicada  en la calle Rafael De La Fuente, casa n° 2, de la localidad de Rio Mayo.

En esa ocasión,  Yohana Teran -embarazada de aproximadamente veinticinco semanas- se encontraba  durmiendo junto a su hija  de 2 años, en la cama de abajo, de una cucheta. En la habitación,  también se encontraba  su otro hijo,  de 5 años.

En este marco,  los investigadores,  señalan  que Napal aprovecho esa situación de indefensión e intento matar a Yohana Teran.  La apuñalo por la espalada,  entre el tórax y el abdomen, del lado izquierdo. Para concretar el ataque, utilizo un cuchillo de 33 centímetros de largo.

Asimismo, informaron que la víctima, logro despertarse  y comenzó a gritar “mamá, mamá sácame el chuchillo, sácame el cuchillo”. La  madre de Yohana,  llego de forma inmediata y le quito el puñal que tenía clavado en la espalda.

Para los investigadores,  Napal,  se escapo por la misma ventana,  que abrió para ingresar a la casa de su ex novia.

Como consecuencia del brutal ataque,  la víctima,  fue llevada  de urgencia al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia. Allí, los médicos,  le realizaron intervenciones quirúrgicas,  para   realizarle  una cesárea -el feto estaba sin vida-   extirparle el útero y el bazo.

A raíz de estas operaciones, Yoahana,  perdió la capacidad de engendrar. Quedo hospitalizada en terapia intensiva, en grave estado,  y con riesgo de vida.

En otro tramo de la pieza de investigación, aseguran que Martin Napal, conocía el estado de embarazo de Yohana Teran. Ella,  se lo había comunicado. También se supo que la pareja se había distanciado,  y se veían esporádicamente.

Con respecto a las características de la relación, se indico que el  acusado,  tenía una personalidad celotipica. También, se señalo que Napal, sospechaba que la niña que esperaba la víctima, no era su hija biológica.

En este marco, los acusadores,  mencionaron que en los años 2016 y 2017, otras dos mujeres, presentaron denuncias contra el acusado. En esos casos, las victimas, manifestaron que Napal no aceptaba la finalización de esas relaciones afectivas. En consecuencia, desobedecía las órdenes judiciales de prohibición de contacto, emitidas por el Juez civil de Sarmiento.  Asimismo, la fiscal Vázquez,  confirmo que un informe del Equipo Técnico Multidisciplinario (ETM),  diagnostico al procesado,  como una persona de conducta transgresora.

A  todo esto, la parte acusadora,  agrego que el imputado sustrajo 500 pesos de una billetera. También se habría llevado  una radio y un  pen drive. Todos los elementos,  eran propiedad de la madre de la víctima. Los policías,  encontraron la radio y el pen drive,   afuera de la casa de la familia de Yohana Teran. Estaban tirados en la vereda. En tanto, el dinero,  nunca  fue hallado.