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Pobreza

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La ministra de Desarrollo Social admitió que se reunió con el titular del organismo Jorge Todesca para analizar la posibilidad de cambiar la metodología de medición. “Hoy por hoy, lo que hace el INDEC en medición de la pobreza es el índice que respetamos”, aclaró.

El Gobierno de Cambiemos anticipó que el próximo índice de pobreza que dará a conocer el INDEC en marzo próximos será “peor” que las últimas mediciones, cuando se registró un 27,3% de pobres en todo el país.

“Ya lo dijo el presidente, con el impacto de la inflación y algunas medidas económicas claramente (el próximo) puede ser un índice que dé un poco peor que el ultimo que se anunció”, afirmó la ministra de Salud y Desarrollo Social, Carolina Stanley, en conferencia de prensa.

Por efectos de la devaluación, el índice de pobreza alcanzó al término del primer semestre del año a 27,3%, por debajo del 28,6% de igual período del año pasado pero con un crecimiento respecto del 25,7% del segundo semestre de 2017, informó el Instituto.

En tanto, la indigencia, entendida como los pobres cuyos ingresos ni siquiera les alcanza para comprar el mínimo de alimentación indispensable para la subsistencia, bajó en relación al primer semestre de 2017 4,9% contra 6,2%, pero también creció este semestre 0,1%.

Al término de la reunión de gabinete, la funcionaria pidió esperar a los datos oficiales para explicar los motivos del crecimiento de la pobreza. “Vamos a esperar los números que dé el INDEC, y en ese momento, como hacemos siempre, explicaremos qué es lo que pasó y cómo vamos a seguir trabajando; el año pasado, a raíz de una inflación un poco más alta de la esperada, priorizamos estar al lado de las familias”, sostuvo.

Por otra parte, confirmó que este lunes se reunió con el director del organismo estadístico, Jorge Todesca, ante versiones de supuestos cambios en los sistemas de medición de la pobreza. Aunque no confirmó el lanzamiento de un nuevo índice, expresó su deseo de cambiar la metodología actual.

“Ayer hablé con Todesca, con quien venimos trabajando desde el principio, y le dije que este Gobierno, y lo dijo el Presidente en la primera conferencia de prensa, busca transparentar los datos, hablar con la verdad, que es la única manera de poder transformar la realidad, y desde ese lugar respetamos el trabajo que viene haciendo el INDEC, un trabajo independiente que finalmente pudo volver a medir la pobreza”, señaló.

“Siempre se trabajó con esta mirada de concepto multidimensional de la pobreza; la posibilidad concreta en conjunto de ver si se puede crear un índice que mida la pobreza de esta manera, pero, hoy por hoy, lo que hace el INDEC en medición de la pobreza es el índice que respetamos, que valoramos, y a través del cual seguimos midiendo la pobreza en la Argentina”, enfatizó.

 

ambito.com

Especialistas en pobreza adelantan que en el último trimestre de 2018 el indicador aumentó hasta el 33,5 por ciento, siete puntos más que en igual período del año anterior. La tendencia se profundiza en el primer semestre de este año.

En el último año, 2,5 millones de personas en todo el país empeoraron su posición económica y pasaron a ser pobres en términos de su ingreso monetario. Ese número se basa en una estimación porcentual de pobreza por ingresos del 33/33,5 por ciento para el cuarto trimestre del año pasado, lo cual implica una fuerte suba respecto al mismo período de 2017, cuando se registró una tasa de pobreza del 26,3 por ciento según el Indec. Cada punto de aumento equivale a 450 mil personas en todo el país. Estos datos fueron calculados recientemente por Diego Born, sociólogo y especialista en estadísticas sociales, en base al recorrido de los salarios, jubilaciones y empleo frente a los precios de la canasta de pobreza, y coincide con las estimaciones de otros investigadores y organismos. Recién a fines de marzo el Indec publicará el dato de pobreza del segundo semestre del año pasado, que rondaría el 31,5 por ciento, por encima del 25,6 del mismo período de 2017.

La macroeconomía argentina a lo largo del año pasado fue una fuente de creación de pobreza y de deterioro de las condiciones socio-económicas generales. Hay un puñado de grandes números ya publicados que hablan por sí solos. El índice general de salarios tuvo en noviembre del año pasado una suba nominal del 27,9 por ciento frente al mismo período de 2017, según el Indec, mientras que la inflación general de ese período fue del 48,5 por ciento y el incremento de los precios de la canasta de pobreza, del 52,9 por ciento, lo cual implica una diferencia de 25 puntos frente a los salarios. Además, los jubilados comenzaron el 2018 con un haber mínimo de 7246 pesos que ahora está en 9300 pesos, un alza del 28,3 por ciento, 20 puntos por detrás de la inflación general. Al mismo tiempo, el indicador que confecciona la Secretaría de Trabajo arrojó un deterioro del empleo del 2,3 por ciento en 2018.

“El salto de la pobreza en el cuarto trimestre del año pasado obedece a un incremento feroz de la canasta básica. Este aumento fue claramente superior al del promedio de los precios de los consumos de todos los hogares porque los bienes y servicios que mayor peso relativo adquieren entre los consumos de los pobres crecieron muy por encima del resto, como fue el caso de alimentos y bebidas (51 por ciento), servicios de la vivienda (55,0) y transporte público (70,0). En contrapartida, los rubros educación, recreación y cultura, hoteles y restaurantes y ropa –consumos más típicos de sectores medios o integrados– aumentaron en torno o por debajo del 40 por ciento. Esta inflación ‘pro-pobre’ se explica tanto por el efecto de la devaluación como por el efecto de las tarifas”, señala Diego Born ante la consulta de este diario.

“Si se considera la inflación de los ‘pobres’, o sea la canasta básica total, frente al último trimestre de 2015, la caída del poder adquisitivo del salario privado es de 18 por ciento y de la de jubilaciones mínimas y asignaciones del 26 por ciento. Pero además de la pérdida de poder adquisitivo, esto se da en un contexto en el que se empieza a notar con fuerza el deterioro del mercado de trabajo. La desocupación subió y si no lo hizo más fue por la aparición de changas modernas del estilo Uber”, agrega Born.

Para el investigador, en base a los datos parciales que existen al momento, la pobreza en el segundo semestre de 2018 se habrá ubicado en el 31,5 por ciento, lo cual implica un incremento de 5,9 puntos en la comparación interanual. En tanto, Born calculó que en el cuarto trimestre la pobreza se ubicó en el 33/33,5 por ciento, siete puntos más frente al mismo período del año previo. En términos absolutos, serían 2,5 millones de personas que pasaron a ser pobres. El investigador del Conicet Daniel Schteingart coincide en que la pobreza en 2018 tuvo un aumento de siete puntos porcentuales. El Observatorio Social de la UCA midió un aumento de la pobreza algo menor, aunque el punto de llegada es el mismo: 33,6 por ciento.

Sergio Chouza, investigador de la Universidad de Avellaneda, indicó que “al Gobierno no sólo le queda afrontar el indicador de suba de pobreza en el segundo semestre de 2018 sino también en el primer semestre de 2019, en donde la inflación no se va a desacelerar en términos anuales, tanto por la inercia alta como por la inflación reprimida del año pasado. Todavía no se trasladó completamente la devaluación a los precios, lo cual seguirá presionando sobre la pobreza”. Chouza advierte por la multiplicación de la “pobreza energética”, ya que según sus cálculos el peso de los servicios públicos, incluyendo transporte, ya representa el 11 por ciento del salario promedio.

El 33,5 por ciento de pobreza para finales de 2018 está muy por debajo del dato de 2003, cuando hubiera alcanzado el 70 por ciento con la metodología actual, destaca Born. “Probablemente nos encontremos en niveles cercanos a 2008-2009, y varios puntos por encima de 2011-2015, donde osciló, de la mano del ciclo económico, entre 24 y 29 por ciento (en el pico registrado con la devaluación y recesión de 2014) bajo la metodología actual”, agrega.

Página 12

La Comisión Económica para América Latina (Cepal) no cree que el Gobierno de Mauricio Macri pueda cumplir la promesa de “pobreza cero” antes de la finalización de su primer mandato. El organismo regional estimó que Argentina recién podría lograr una mejora significativa en sus indicadores dentro de cuatro años. El Panorama Social de América Latina 2018 del organismo sostiene que para reducir los niveles de pobreza a la mitad en 2023 será necesario impulsar “políticas redistributivas en materia de ingresos”, “avanzar en la promoción de empleos de calidad” y “fortalecer las políticas públicas de protección social”.

La orientación macroeconómica sugerida se contrapone con el programa de austeridad diseñado e implementado por las autoridades argentinas para acceder al financiamiento del FMI. Como las proyecciones fueron elaboradas con los datos de finales de 2017, no contemplaron el deterioro socioeconómico asociado a la crisis cambiaria, la aceleración inflacionaria, la destrucción de empleo y el ajuste recesivo.

La Cepal estimó que el número de personas pobres en la región llegó a 184 millones, una cifra equivalente al 30,2 por ciento de la población latinoamericana. El número de personas en situación de pobreza extrema (menos de 1,9 dólar por día) se situó en 62 millones, que representa el 10,2 por ciento de la población. Los resultados presentados ayer por el organismo muestran un estancamiento en la evolución de la pobreza y un deterioro en la situación de la pobreza extrema. “Aun cuando la región logró importantes avances entre la década pasada y mediados de la presente, desde 2015 se han registrado retrocesos, particularmente en materia de pobreza extrema”, alertó la secretaria ejecutiva del organismo, Alicia Bárcena, al sugerir la implementación de políticas públicas complementarias de protección social e inclusión laboral y redistributivas en materia de ingreso.

Como la evolución de la pobreza monetaria está directamente relacionada con la forma en que los ingresos de los hogares crecen y se distribuyen, la Cepal proyectó cómo evolucionaría la pobreza en distintos escenarios de crecimiento del ingreso y cambio distributivo. De acuerdo a ese ejercicio, si las trayectorias de ambas variables fueran similares al promedio observado entre 2008 y 2017, un conjunto de 10 países podrían reducir la pobreza extrema hasta el 3 por ciento y 11 países podrían bajar la pobreza a la mitad a 2030. Bajo los supuestos de la Cepal, que no contemplan el impacto regresivo del programa de ajuste implementado por Argentina desde mediados del año pasado, el país alcanzaría ambos resultados en 2023.

Las cifras oficiales permiten anticipar que el recorrido será más extenso. Las políticas económicas elegidas por el gobierno para intentar controlar la crisis ponen en duda el cumplimiento de esos objetivos incluso en 2030. La última medición del Indec arrojó que el 27,3 por ciento de la población percibía ingresos por debajo de la línea de pobreza durante el primer semestre de 2018, lo cual representó una suba de 1,6 punto porcentual frente al segundo semestre de 2017. La aceleración de la inflación y la ausencia de instrumentos que permitan recomponer el poder de compra de los sectores más vulnerables –trabajadores informalizados y los jubilados– permiten anticipar un deterioro en la medición oficial.

Con menos rezago temporal, la medición de pobreza del Observatorio de la Deuda Social de la UCA alcanzó al 33,6 por ciento de la población urbana durante el tercer trimestre del año pasado. Con un salto de 5,4 puntos en doce meses alcanzó su valor más elevado desde 2010. Una investigación de Unicef, por su parte, estima que el 48 por ciento de los niños, niñas y adolescentes en la Argentina son pobres desde una perspectiva multidimensional. Esa mirada no tiene en cuenta las cuestiones de acceso a determinada canasta de bienes (pobreza monetaria) sino que evalúa las carencias educativas, de protección social, vivienda adecuada, saneamiento básico, acceso al agua segura y hábitat seguro. El acceso al agua junto a los problemas de hábitat explican la mayor parte de las carencias no monetarias , según publica página 12.

El comodorense

La crisis en el país llevó a que solo en el último año aumente en más de 456 mil la cantidad de niños que sufren hambre.

Pese a las promesas de combatir la pobreza, y hasta prometer llevar a cero ese índice que arrasa con la Argentina, Mauricio Macri nada ha hecho para combatir con la situación de extrema vulnerabilidad de millones de argentinos. Más del 30% vive en esa condición y al menos un millón y medio de chicos sufren de hambre. Este es el mayor fracaso de la administración Cambiemos.

La escalada inflacionaria afectó con fuerza todas las variables sociales y llevó a que en el país más de 1,5 millones de chicos padezcan hambre, lo que representó un aumento de más de 456 mil niños en el último año, según un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Los datos surgen del relevamiento 2018 del Observatorio de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, el cual determinó que la inseguridad alimentaria severa pasó de 9,6% al 13%, con un incremento de 3,4 puntos porcentuales.

Según el estudio, entre fines de 2017 e igual período de 2018, la cantidad de menores de hasta 17 años que sufrió hambre pasó de 1.116.160 a 1.573.000, con un incremento de 456.840 jóvenes.

Además, la proporción de niños y adolescentes en hogares que experimentan inseguridad alimentaria registró un aumento de 21,7% a 29,3%.

“Se calcula que la mitad de la infancia en el país es pobre en términos de los ingresos, es decir que vive en hogares que no logran reunir los ingresos necesarios para alimentarse, vestirse, transportarse. Sin embargo, no todos los niños pobres pasan hambre”, aseguró Ianina Tuñón, autora del informe junto con Santiago Poy, en declaraciones al portal La Nación.

De acuerdo con el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, en la Argentina el 33,6% de la población es pobre, con lo que 13.600.000 habitantes se encuentra en esa situación.

Asimismo, informó que la cantidad de jóvenes de hasta 17 años que está en la pobreza había dado dio un salto importante entre 2017 y 2018, al pasar de 44% a 51,7%.

Portal de Noticias

Ana María se quedó viuda tiempo atrás. Todos los días se levanta con la ilusión de que su realidad cambie y sea un poco más cómoda, para ella y sus cinco hijitos. Vive en un ranchito levantado con pocos materiales y plásticos, en barrio Ferroviario, en Salvador Mazza, casi en el límite entre Salta y Bolivia. Su situación es realmente crítica. No tiene ni agua potable para cocinar una sopa.

La mujer contó que su hijo mayor, que tiene 13 años, está a punto de egresar de la primaria y no tiene ni zapatos para poder asistir al acto de colación. Si alguien pudiera ayudarles, sería de gran utilidad.

Y no solo es la falta de vestimenta y calzado lo que los afecta. No tienen agua potable, por lo que cocinar se dificulta el triple.

“Estamos acostumbrados a irnos a dormir temprano en Navidad, con el estómago vacío y sin Papá Noel. Confiamos en que algún día esto se revertirá”,

Contexto Tucumán

La pobreza en la Argentina alcanzó al 33,6% de la población durante el tercer trimestre del año, según la última medición del Observatorio de Deuda Social de la UCA. Con 13,6 millones de pobres, se trata de la mayor variación de este índice en el gobierno de Mauricio Macri y de la última década. La cifra supera por lejos la última medición oficial (27,3%), que ya marcaba una tendencia en alza.

Los motivos para este aumento deben encontrarse en la crisis económica producto de una megadevaluación, una inflación terminará el año en torno al 45%, la caída del salario real y la recesión. “Si los ingresos reales están bajando y no hay posibilidad de compensarlo con más trabajo y los precios van por arriba de las remuneraciones, la pobreza sube a valores como los actuales”, resumió Agustín Salvia, director del ODSA durante la presentación del informe.
La medición de la UCA mostró un avance del 28,2% del tercer trimestre de 2017 al 33,6% actual. Se trata del mayor registro de la era Macri, solo asemejable con el 32,3% de 2016 que marcó el anterior pico, producto de la devaluación con la llegada del gobierno de Cambiemos. Salvo estos dos datos, desde 2010 la pobreza osciló entre 24% y 29%, números igualmente altos que muestran el avance de la pobreza estructural.

En cuanto a la indigencia los números son otros. Según la ODSA, en el tercer trimestre de 2018, aunque con tendencia al alza, la tasa de indigencia no registró un cambio significativo, ya que se ubicó en el 6,1% de las personas contra el 5,7% del mismo periodo de 2017. “Hay un colchón de protección social que hace que esto no se agrave”, advirtió Salvia al referirse a la asistencia social por parte del Estado y a las changas de los sectores más populares.

Fuente: Ámbito

Para la realización del informe, Unicef trabajó junto a investigadores del Instituto de Estudios Laborales y de Desarrollo Económico de la Universidad de Salta, la Universidad Nacional General Sarmiento y la organización Equidad para la Infancia.

Los especialistas determinaron una metodología multidimensional: por un lado, como lo hacen los organismos oficiales, midiendo la pobreza a través de los ingresos; por otro, a través de las “privaciones no monetarias”, y por último con un método integrado, que tiene en cuenta a aquellos niños que carecen de uno o más derechos básicos y a su vez viven en hogares con ingresos insatisfechos.

Los datos, en tanto, fueron recabados durante el primer semestre de 2018 por la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Así, el estudio mostró que el 48% de los chicos argentinos son pobres, es decir, “unos 6,3 millones carecen de uno o más de los derechos básicos, como educación, protección social, vivienda adecuada, saneamiento básico, acceso a agua potable y un hábitat seguro”, detallaron los especialistas.

Asimismo, la investigación mostró que la pobreza infantil es “mucho más elevada” en los hogares monoparentales, aquellos que cuentan con un único proveedor de ingresos que, además, debe asumir las tareas domésticas y de cuidado.

En tanto, un 42% -unos 5,5 millones- de niños y adolescentes viven en hogares con ingresos insuficientes. En ese aspecto el informe remarca que en un contexto de “elevada vulnerabilidad”, la importancia de las transferencias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) “reducen en promedio un 30% de la pobreza monetaria en niños”.

Como parte de la medición multidimensional, el organismo agregó un indice denominado Método Integrado de Medición de Pobreza (MIP), que contempla los dos índices anteriores y arrojó que casi el 27% de los niños y adolescentes en la Argentina sufren ambas pobrezas (monetaria y no monetaria), lo que equivale a unos 3,5 millones.

La metodología de medición de pobreza multidimensional es “más específica que la que apunta solamente a determinar esa condición bajo parámetros de ingreso económico en los hogares (pobreza monetaria)”, según el estudio.

“En un contexto económico adverso, con una inflación que atenta contra el poder adquisitivo y afecta mayormente a los sectores más vulnerables de la población, los indicadores de pobreza monetaria y no monetaria son preocupantes”, aseguró Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social de Unicef Argentina, durante la presentación del informe en el barrio porteño de Recoleta.

En ese sentido, Unicef aseguró que la pobreza “es más que la escasez o insuficiencia de ingresos” y que los factores “no monetarios” son “fundamentales cuando se aborda la pobreza infantil”.

“Vivir en la pobreza durante la infancia significa no asistir a la escuela ni aprender, saltar una de las comidas o ir a dormir con hambre, no tener zapatos o vestimenta digna, no tener atención médica y estar expuesto a enfermedades”, graficó Waisgrais.

El Indec publicó ayer los números del primer semestre del año. El conglomerado del Valle del Chubut, con 27,5% de pobreza, supera en 0,2% a la media nacional.

Al alarmante dato del desempleo en el conglomerado Trelew-Rawson, se suma ahora el relevamiento del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), en cuento al índice de pobreza. Las ciudades valletanas de Chubut, no solo son las más pobres de la región patagónica, sino que además están por encima de la media nacional.

El INDEC informó este jueves que en el conglomerado Trelew-Rawson la pobreza alcanzó un 27,5% en el primer semestre del año, registrando una suba interanual del 2,4% respecto al mismo período del año pasado. La indigencia registrada es de 2,1%.

Este nuevo registro es un 0,2% más alto que la media nacional, que cerró dicho período con un 27,3% de pobreza. Sin embargo, en la región patagónica ese índice alcanzó al 20,3% de la población.

En comparación con los períodos anteriores igualmente registrados, es la primera vez en dos años que el conglomerado del Valle registra un aumento en el índice de pobreza, tras la baja del 28% en el segundo semestre del 2016 al 25,1% del el comienzo del 2017; y una nueva baja que al 23,5% en el segundo semestre del año pasado.

En números reales, precisa el informe del Indec, en el conglomerado de Trelew y Rawson hay 38.023 pobres, lo que representa un 20,5% de los hogares

Comodoro – Rada Tilly

Respecto a la zona sur de nuestra provincia,el conglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly registró un 14,9% de pobreza en el primer semestre del año, siendo la tercera zona con mejor índice en el país, detrás de Ushuaia (10,4%) y CABA (11,2%).

 

 

El Chubut

El índice de pobreza se situó en 27,3% en el primer semestre del año según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), 1,6 puntos por arriba del segundo semestre del año pasado aunque 1,3 por debajo del dato del primer semestre de 2017, cuando estaba en 28,6%.

Las cifras corresponden a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y reflejan un primer impacto de la crisis cambiaria que se profundizó en el país a partir de mayo y aceleró la inflación.

Sin embargo, tras los picos de devaluación de agosto y el alza sostenida en alimentos y bienes básicos, se espera que los números de la pobreza del segundo semestre de este año serán mayores.

La extrapolación indica que hoy hay unos 11 millones de pobres en la Argentina, según la medición por ingreso (se toma una canasta de bienes básicos como umbral y quienes no acceden a comprarla se consideran pobres).

Para la UCA, “no hay crecimiento del empleo y va a aumentar la pobreza”

Luego de un salto de la pobreza a más del 30% en 2016, el guarismo clave para el presidente Mauricio Macri que llegó con promesa de “pobreza cero”, se situó en el 25,7% al compás de la baja de la inflación durante el año pasado.

La indigencia, a su vez, se situó en el 3,8%, lo que marcó una baja interanual del 0,7% y una suba del 0,3% contra el segundo semestre del año pasado.

Sobre la distribución geográfica, el mayor nivel de pobreza se ubicó en Corrientes, con un 36,8%, y la menor en la Ushuaia con 10,4%, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con un 11,2%.  En el Gran Buenos Aires la pobreza se situó en el 31,9%.

 

 

Perfil

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) un núcleo familiar de cuatro personas requirió de $ 8.347,57 para adquirir la Canasta Básica Alimentaria, es decir, la cantidad mínima de comida para la subsistencia, y no caer por debajo de la línea de la indigencia.

La CBT que reúne alimentos, más indumentaria y transporte, aumentó durante agosto 3,6% en relación a julio, 25,1% en lo que va del año, y 36,9% en los últimos doce meses. En tanto, la CBA registró incrementos del 2,8%, 25,6% y 33,6% respectivamente.

A comienzos de mes, el presidente Mauricio Macri estimó que “con esta devaluación, la pobreza va a aumentar”, por lo que anunció un incremento en las partidas de la ayuda social.

Ver imagen en TwitterMacri anunció un refuerzo en septiembre y diciembre para las casi cuatro millones de personas que reciben la Asignación Universal por Hijo y para los beneficiarios de otros programas sociales.

El Indec tiene previsto informar el próximo jueves el Índice de Pobreza e Indigencia correspondientes al primer trimestre de este año.

En el primer semestre del año pasado, el 28,6% de las personas estaban debajo de la línea de la pobreza, y entre ellos, 6,2% eran indigentes.

Para el segundo semestre, el índice había bajado al 25,7% y la indigencia al 4,8% de la población

 

 

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