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Pobreza

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Se prevé que la inflación supere el 50 por ciento al terminar el año, lo cual hace casi imposible que el nivel de pobreza en el país suramericano sea inferior al 40 por ciento de la población.

Un hogar argentino compuesto por una pareja y dos hijos pequeños necesitó en julio pasado 31 mil 934.44 pesos para evitar ser considerado pobre, lo cual representó un aumento del 2.5 por ciento respecto al mes precedente y un incremento acumulado de 58.6 por ciento en comparación con el mismo mes de 2018.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la valorización de la canasta básica de alimentos (que determina la línea de pobreza) equivale a 2.5 salarios mínimos.

Para adquirir la canasta alimentaria (que establece el umbral de indigencia), la misma familia demandó en julio 12 mil 773.78 pesos, un crecimiento del 2.9 por ciento respecto a junio y un 57.3 por ciento en doce meses.

Estos datos proporcionados por el Indec el jueves no contemplan aún el incremento inflacionario ocasionado por el más reciente aumento del precio del dólar, ocurrido tras la derrota del presidente argentino Mauricio Macri en las elecciones primarias celebradas el pasado 11 de agosto.

Se prevé que la inflación supere el 50 por ciento al terminar el año, lo cual hace casi imposible que el nivel de pobreza en el país suramericano sea inferior al 40 por ciento de la población.

La inflación en julio pasado fue del 2.2 por ciento, sin embargo, se prevé que en los meses de agosto y septiembre ese indicador crezca en niveles del 5 por ciento, luego de la devaluación registrada tras las elecciones primarias en el país y que perdió el gobierno del presidente Macri, así lo informó teleSUR.

 

1300 familias asistidas a través del Plan Calor, apoyo a 14 comedores solidarios y cortes de pelo a cambio de un alimento no perecedero son parte de las medidas aplicadas por el gobierno de El Bolsón como paliativos para pasar un invierno que se avecina riguroso, tanto en lo climático como en la situación económica de muchos sectores sociales.

La secretaria de Desarrollo Social, Laura Rojas, confirmó ayer que “a diario atendemos a decenas de personas que manifiestan dificultades para llegar a fin de mes y tienen que recurrir a los comedores y merenderos comunitarios. Ante ello, y enmarcado en el programa provincial Emprender y del taller dictado en la fundación Cooperar, se realizan cortes de pelo a cambio de alimentos no perecederos que serán destinados a reforzar esos espacios creados por las iglesias evangélicas y los mismos vecinos para ayudar a quienes más lo necesitan”.

“En este momento estamos asistiendo a 14 comedores de distintos barrios –amplió-, donde la prioridad es hacer frente a esta situación. Seguramente va a ir en aumento porque también hemos recibido pedidos de ayuda de lugares que se abrirán en los próximos días para ofrecer una copa de leche y algún alimento. La demanda más recurrente es por harina, levadura y cajones de fruta, ya que apuntamos a la buena nutrición”, graficó.

Para el caso de los almuerzos y cenas “que preparan los mismos vecinos solidarios, se aportan alimentos frescos (verduras y carnes) necesarios para una comida diaria sustentable”, detalló.

La funcionaria evidenció enseguida que “está llegando cada vez más gente a vivir a El Bolsón” y que en muchos casos “arriban con la expectativa de conseguir un trabajo, que a esta altura del año no es nada fácil”. “Hubo quienes vinieron en la temporada veraniega, que resultó mala porque prácticamente no hubo turismo y hoy se traduce en situaciones de mayor vulnerabilidad, no solamente para los lugareños sino también para los nuevos”, insistió.

En referencia al Plan Calor, Rojas explicó que “hay un gran aumento de la demanda con respecto al invierno anterior. A la fecha estamos asistiendo a más de 1300 familias y se va modificando constantemente. Si bien la leña es una ayuda importante (se entrega un metro cúbico por mes), no alcanza para cubrir el consumo familiar. En consecuencia, hay más pedidos por la garrafa de 10 kilos (una unidad semanal), ya que operativamente y por una cuestión de necesidad es más práctico”.

“Se le está dando respuesta a la gente porque la necesidad es muy grande y no estamos exentos de la contingencia socioeconómica que está viviendo el país. La desocupación supera el 20% y se nota más durante los meses de invierno teniendo en cuenta que el turismo es el gran dinamizador de la economía en la región y a esta altura de año está en su mínima expresión”, remarcó.

“Hay muchas situaciones de salud y enfermedades crónicas, donde los pacientes no tienen los recursos para comprar los medicamentos o necesitan un pasaje para viajar a ver un especialista en Bariloche, principalmente personas con discapacidad o adultos mayores, a los que debemos asistir”, concluyó.

Walter, el malabarista

En coincidencia, ayer llamó la atención la situación de calle en que se encuentra Walter, un malabarista y changarín de 39 años, quien está viviendo debajo de un puente en Los Repollos ya que no tiene recursos para alquilar.

“Estoy así desde hace dos semanas por el abandono de la sociedad, me prometieron trabajo durante el invierno y no se cumple. Lo que gano en los semáforos me alcanza apenas para comer”, reveló.

Pasa las noches metido en una pequeña carpa, sin posibilidades de hacer fuego y a pocos metros de un arroyo, con temperaturas de varios grados bajo cero. “Estoy acostumbrado al frío”, asegura aunque no para de temblar cuando sale de su cobijo. “Si alguien me puedo brindar un par de frazadas, agradecido”, reconoce.

“También me vendría bien cualquier tipo de trabajo, quizás cuidar una casa. Soy honesto, no tengo ningún tipo de antecedente. Me porto bien y hasta la policía sabe que estoy acá. Tengo domicilio en El Bolsón”, asegura.

Diario Jornada

El papa Francisco afirmó hoy que los pobres «no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos» y pidió «un cambio de mentalidad» frente a la pobreza.

«Por un día dejemos de lado las estadísticas; los pobres no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos», reclamó el pontífice en su mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres que se celebrará el próximo 17 de noviembre con el lema «La esperanza de los pobres nunca se frustrará».

«Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa», planteó Jorge Bergoglio en el texto divulgado este jueves por la Santa Sede.

El papa Francisco instituyó la Jornada Mundial dedicada a los pobres a fines de 2016, tras el Año de la Misericordia extraordinario que convocó en el Vaticano.

En ese marco, aseveró en el mensaje que «el compromiso de los cristianos, con ocasión de esta Jornada Mundial y sobre todo en la vida ordinaria de cada día, no consiste sólo en iniciativas de asistencia que, si bien son encomiables y necesarias, deben tender a incrementar en cada uno la plena atención que le es debida a cada persona que se encuentra en dificultad».

El informe del Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina arrojó números alarmantes. A cuatro años de que Mauricio Macri prometa «pobreza cero», el 51,7% de los chicos y adolescentes se encuentran en situación de pobreza y el 10,2% son indigentes.

Los principales motivos que recrudecieron la situación del sector más vulnerable de la sociedad fueron la devaluación superior al 50%, la inflación del 47,6%, caída del empelo y shock tarifario. Aún más grave son los datos respecto a la alimentación: un 29,3% tiene déficit en sus comidas, un 13% pasó hambre durante 2018 y la asistencia en comedores alcanzó el 35%.

“Las crisis socioeconómicas como la actual pegan con especial dureza en las infancias. El efecto que tiene sobre el ejercicio de derechos básicos como el alimentario no es el mismo que en otros períodos de la vida”, sostuvo Ianina Tuñon, Investigadora Responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia al diario Ámbito Financiero.

El análisis realizado por la UCA analiza «inequidades asociadas a cada dimensión de los derechos del niño» especialmente enfocadas en alimentación, salud, hábitat, subsistencia (pobreza), crianza y socialización, información, educación y trabajo infantil.

En cuanto a la distribución geográfica, el conurbano bonaerense mostró el mayor índice ya que la pobreza alcanza al 63,6% de los niños, lejos del 54,2% del año anterior. En tanto en el territorio que gobierna con promezas de cambios María Eugenia Vidal desde el 2015, el 15,4% son indigentes.

Igual de trágica es la situación de precariedad en la construcción de viviendas que afectó solo en 2018 a casi el 24% de la infancia llevando a un 23,4% a vivir en situaciones de hacinamiento. En los últimos tres años la cobertura de salud pública se incrementó en torno a un 10% entre los 0 y 17 años.

El 55% de estos chicos tiene como única opción de atención de salud al servicio público, situación que también se agudiza en la Provincia donde alcanza al 63% de los habitantes del conurbano. Uno de los datos que lo exponen es que el 44% de los chicos argentinos no realizó consultas al odontólogo en 2018.

Es una de esas contradicciones de las estadísticas. Desde hace años la pobreza en el mundo viene bajando acompañada de un aumento significativo de las clases medias. Pero en este 2019, según el «Reloj Mundial de la Pobreza», una organización auspiciada por el gobierno alemán que provee datos en tiempo real de los ingresos de las personas, el ritmo de los que escapan de la miseria está disminuyendo en forma considerada. Somos menos pobres, pero la pobreza sigue aumentando. También la concentración. Ya son apenas 26 los multimillonarios que poseen más dinero que los 3.800 millones de personas más pobres del planeta.

Cuando el Reloj Mundial de la Pobreza se lanzó hace dos años, en promedio, una persona escapaba de la pobreza cada segundo. El año pasado, el ritmo de reducción se desaceleró a 0,8 personas por segundo. Las últimas proyecciones para este año muestran que se ralentizó aún más: a 0,6 personas por segundo. Este es el resultado de la desaceleración en el crecimiento de la economía global que afecta particularmente a los países africanos y se alimenta de las grandes crisis como las que viven Siria, Yemen y Venezuela.
India, por ejemplo, consiguió en la última década tasas muy altas de reducción de la pobreza en enormes capas de la población que pasaron a engrosar la ascendente clase media. Pero en la última etapa del primer gobierno de Narendra Modi –reelegido la semana pasada- muestra una caída considerable del producto bruto per cápita. Ya no hay compradores para los 100.000 nuevos departamentos construidos en New Delhi en los últimos meses, tampoco se venden como antes motos ni autos nacionales. Se detuvo la movilidad social.

A nivel global, la última proyección confirmada por datos del Banco Mundial, el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI) y el Instituto de Salud Métricas y Evaluación (IHME), indica que, en 2030, unos 500 millones de personas seguirán viviendo en la pobreza extrema, 44 millones más de la estimación anterior. Con esta actualización, el World Data Lab dice que África tiene hoy 427 millones de personas viviendo en pobreza extrema. Se espera que el continente sea el hogar de casi tres cuartas partes de la pobreza mundial a finales de 2019. «Sin embargo, muchas partes de África, como Etiopía y Kenia, están logrando avances significativos de un Desarrollo Sostenible.Pero Nigeria tuvo un retroceso muy importante», dice un informe del Brookings Institute, el centro de pensamiento demócrata en Washington. África sigue siendo el hogar de la mayoría de los extremadamente pobres del mundo, viven con menos de dos dólares por día.

Las guerras en Yemen y Siria, así como el conflicto social en Venezuela y el estancamiento económico en Tanzania, provocaron las mayores caídas de la población en la indigencia. Casi 18 millones de yemeníes viven en la pobreza extrema, el 57% de la población. En Venezuela, se prevé un aumento de 2,4 millones más de personas en la indigencia. Y ya permanecen en esa categoría 8,6 millones de venezolanos, el 26,5 por ciento de la población. En Tanzania son 23 millones, casi el 42% de sus habitantes.

Steven Pinker, el profesor de Harvard y uno de los divulgadores científicos más reconocidos, decía que en 2018 el éxito en el combate de la pobreza y el ascenso social a la clase media de millones de personas en todo el mundo era «la noticia ignorada» del año. Pero poco después, comentó en su cuenta de Twitter que las mismas estadísticas en las que basó su observación, estaban siendo revisadas. En 2019 sólo 20 millones de personas escaparán de la pobreza extrema. A este ritmo, el número global tardará cinco años en caer por debajo de 500 millones, lo que hace casi imposible cumplir con el objetivo de las Naciones Unidas de acabar con la pobreza extrema para el 2030.

Junto a la pobreza, aumenta la desigualdad económica planetaria. En su último informe, la ONG Oxfam, muestra que la riqueza de los multimillonarios aumentó 900.000 millones de dólares el año pasado. La concentración se acentuó a tal punto en 2018 que 26 multimillonarios poseen más dinero que los 3.800 millones de personas más pobres del planeta. Un año antes eran 43 esos multimillonarios. La cantidad de personas que acumularon más riqueza se duplicó desde la crisis financiera de 2008. «El abismo que aumenta entre ricos y pobres penaliza la lucha contra la pobreza, perjudica la economía y alimenta la rabia en el mundo», afirmó Winnie Byanyima, la directora ejecutiva de Oxfam.
La riqueza de los multimillonarios del mundo aumentó a un ritmo de 2.500 millones por día, mientras que los ingresos de la mitad más pobre del planeta cayeron un 11%. La ONG estimó que el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, dueño de Amazon, alcanzó el año pasado una fortuna de 112.000 millones de dólares. El presupuesto de Salud de Etiopía equivale al 1% de esa suma.
Oxfam dice que «los más ricos se benefician no sólo de una fortuna en plena expansión, sino también de los niveles impositivos menos elevados desde hace décadas». La riqueza está particularmente infragravada; de cada dólar de impuestos a los ingresos, sólo cuatro céntimos provienen del impuesto a la riqueza. Y a esto hay que agregarle la evasión impositiva. Se estima que los más ricos esconden al fisco 7,6 billones de dólares, en algunos países como Brasil o Reino Unido, el 10% de los más pobres pagan impuestos más altos en proporción a sus ingresos que los más ricos.
Y la tendencia a la acumulación la propician las mismas empresas que benefician a sus directivos en forma desproporcionada con respecto a los salarios del resto de los empleados. Equilar, una consultora de compensaciones para ejecutivos, hizo una encuesta para el New York Times que muestra cómo los doscientos directores ejecutivos mejor pagados en Estados Unidos obtienen beneficios todavía mayores cada año. En 2018, les fue especialmente bien a los CEO: el promedio recibió pagos equivalentes a 18,6 millones de dólares, un aumento de 1,1 millones, o del 6,3 por ciento, en comparación con el año anterior. Una tasa de casi el doble de la registrada para los salarios comunes. En 2018, un año muy bueno para el mercado laboral estadounidense, el trabajador promedio recibió en el sector privado un aumento del 3,2 por ciento, equivalente a 84 centavos adicionales por hora.
El ejemplo más destacado es el de la empresa Tesla, de innovación en automóviles y energía, autorizó en diciembre pasado un paquete de pagos a su director, Elon Musk, por cerca de 2.300 millones de dólares. No solo es la suma más elevada del año pasado para un directivo empresario, sino que es la mayor de la historia. David Zaslav, director ejecutivo de la empresa de entretenimiento Discovery, ocupó el segundo lugar con 129,5 millones de dólares. Palo Alto Networks, proveedora de servicios de ciberseguridad, le otorgó a su nuevo CEO, Nikesh Arora, un paquete que equivale a 125 millones de dólares. Oracle convino en pagarle a cada uno de sus dos directores ejecutivos 108 millones de dólares y un poco más a su presidente, Larry Ellison. Una de estos directores ejecutivos, Safra Catz, fue la mujer mejor pagada en 2018. Y el jefe global de Uber, Dara Khosrowshahi, obtuvo 45,3 millones de dólares y ocupó el décimo lugar en la lista de Equilar.

Pobreza y concentración de la riqueza son dos caras en el mismo espejo. No se puede acabar con una si no se elimina al mismo tiempo a la otra. Todos los especialistas lo saben y lo comparten. Pero no hay un liderazgo global para remediarlo. Por ahora, apenas si comparamos estadísticas y llenamos las notas de frías cifras.

 

 

Infobae

Hubo un fuerte incremento de la pobreza monetaria que llegó al 51,7%. 

El año pasado, la pobreza multidimensional más severa –por carencia de ingresos y otras privaciones, en especial por mayor inseguridad alimenticia- entre los niños y adolescentes aumentó de 4.100.000 a 4.700.000 menores de 17 años. Subió así del 37,1% al 41,2% de los casi 11,7 millones de niños y adolescentes urbanos. Si incluimos la población rural, en Argentina hay 13,1 millones de chicos menores de 17 años.

Los datos son del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA (Universidad Católica Argentina). El Informe, presentado por Ianina Tuñon, Coordinadora del Estudio, precisa que los chicos pobres porque viven en hogares con ingresos por debajo de línea de pobreza (“pobreza monetaria”) alcanza al 51,7% ( 6.100.000) con un fuerte incremento de 7,7 puntos durante 2018. Y que si se amplía más allá de lo meramente monetario, considerando carencias de vivienda, de salud o de educación, llega hasta el 63,4% o 7.500.000 chicos.

Tuñon aclaró que para definir la pobreza multidimensional se consideran seis dimensiones: (1) Derecho a la alimentación, (2) Derecho al saneamiento, (3) Derecho a una vivienda digna, (4) Derecho a la atención de la Salud, (5) Derecho a la estimulación temprana (0-3 años) / Educación (4-17 años), y (6) Derecho a la información.

En base a esos indicadores, “el 63,4% de los niños/as y adolescentes estaba privado en el ejercicio de al menos un derecho y 51,7% vivía en hogares pobres en términos monetarios. Un 41,2% de la infancia era doblemente pobre (en el ejercicio de derecho y por pobreza monetaria). Esta doble carencia se incrementó entre 2017 y 2018 en 4,1 puntos porcentuales”. Además, “del 63,4% de chicos/as que no logran ejercer plenamente al menos uno de los derechos considerados, un 18,9% no logra hacerlo en niveles humanamente inaceptables”.

El Informe multidimensional detectó que el 22,9% de los niños/as tienen carencias en el espacio de la vivienda, 19,1% en el acceso a la información, 18,5% en los servicios de saneamiento básicos (agua e inodoro con descarga), 17,4% en el acceso a la atención de la salud, 13,4% en la estimulación en los primeros años de vida y en la educación luego, y 8,7% en el acceso a la alimentación”.

A su vez, el 51,7% de pobreza monetaria infantil es el más alto de la serie que arranca en 2010. Tuvo su punto más bajo en 2011 con el 40% fue ascendiendo año a año hasta el 50,6% en 2016, retrocedió al 44 en 2017 para trepar al 51,7% en 2018.

Donde se advierten progresos importantes – dice el Informe- es entre los niños/as privados en el ejercicio de al menos un derecho que bajó del 68,3 al 63,4%. No obstante, entre 2015 y 2018 “se advierte estabilidad en la incidencia total y una leve merma en el déficit severo. Sin dudas, lo relevante es que la mayoría de las infancias continúan experimentando privaciones inaceptables en múltiples dimensiones del desarrollo”, dice el Informe. Y agrega: “los mayores logros en el ejercicio de derechos se observan en la dimensión del saneamiento y acceso a la información. Entre 2010 y 2018, las privaciones cayeron 7,1 (30,8% al 23,7%) y 10,1 p.p. (34,6% al 24,5%) respectivamente. Otros avances fueron algo menores pero significativos en la dimensión de la estimulación y educación de 3,7 p.p. (20,9% al 17,2%)”.
Por edades, los adolescentes son los más expuestos a experimentar alguna carencia en el espacio multidimensional de los derechos (73,5%, frente a 60,8% entre los de 4 a 12 y 62,2% entre los de 0 a 3 años).

Otras conclusiones del Informe indican: Los niños/as que viven en hogares de clima educativo bajo (padres que no completaron la escuela secundaria) tienen casi 3 veces más chances de tener al menos una privación que sus pares de hogares de clima educativo medio-alto (cuyos padres tienen nivel universitario incompleto o más).
Los niños/as que viven con uno solo de sus padres están más expuestos a experimentar privaciones que aquellos que viven con ambos padres (70,9% frente a 62,3%).
Un niño/a del estrato trabajador marginal tiene 4 veces más chances de tener una privación que las que experimenta un niño/a del estrato medio profesional (84,9% frente a 22%).
Los niños/as cubiertos por AUH tienen más propensión a tener privaciones que los que no reciben (78,2% frente a 57,3%), pero ello se relaciona con el tipo de focalización que tiene la transferencia en poblaciones económicamente vulnerables.
Los niños/as que viven en espacios urbanos informales, como villas o asentamientos, tienen chances más elevadas de experimentar privaciones que sus pares de barrios con trazado urbano.
Dentro de la CABA sólo 30,2% de los niños/as tienen al menos una privación, tal proporción asciende a 74,8% en el Conurbano Bonaerense y a 61,4% en las grandes áreas metropolitanas del interior.

Un jubilado necesitó 30.524 pesos para cubrir su canasta básica, contra la jubilación mínima que es de 10.400.

La crisis generada por el Gobierno nacional llegó a todos los rincones de la sociedad pero a los que más le pegó fue a los adultos mayores. Según un informe de la Defensoría de la Tercera Edad basado en un relevamiento, el 1 de abril un jubilado necesitó 30.524 pesos para cubrir su canasta básica, contra la jubilación mínima que es de 10.400. Este monto denota un desfasaje con los haberes de alrededor de 2.500.000 jubilados y pensionados que perciben una remuneración mínima de 10.400 pesos. A la vez, hay 1.300.000 personas que reciben Pensiones No Contributivas y la Pensión Universal para Adultos Mayores que se ubican en 7287,25 y 8328,29 pesos, respectivamente. De este modo, existe más de un 70% de los mayores sin poder cubrir sus necesidades básicas.

La Canasta básica del Jubilado está compuesta por alimentos, productos de higiene y limpieza, medicación y artículos de farmacia, impuestos y servicios, transporte, vestimenta, gastos de vivienda y recreación.

El relevamiento anterior se hizo en diciembre, cuando se ubicaba en 26.043 pesos. Es decir que en cuatro meses trepó un 17%.

Esta medición comenzó en mayo de 2010, cuando la canasta se ubicó en 2.053 pesos, de modo que el aumento en nueve años fue de 1386%.

 

conclusion

«Somos muy conscientes, y también lo los las autoridades (argentinas), de que un aumento en la pobreza podría imponer serios desafíos a la posibilidad de lograr los objetivos del programa» acordado con el organismo internacional, dijo Chalk.

En declaraciones al diario británico Financial Times, Chalk advirtió que si la pobreza sigue aumentando a un ritmo acelerado en el país podría necesitarse «una recalibración del gasto social para proveer más espacio para que el Gobierno actúe para proteger a los pobres».

A su vez, el diario financiero indicó: «El riesgo, reconocen los funcionarios, es que si el gobierno fracasa en recortar lo suficiente el déficit por el gasto social extra, los mercados se pongan más ansiosos de que el ajuste fiscal de la Argentina no ocurre tan rápido como se cree necesario».

La publicación especialista señaló que «eso podría forzar a la Argentina a buscar más deuda externa para cubrir el déficit fiscal de lo que esperaba originalmente».

 

 

 

BAE Negocios

Una familia ya necesita $ 38.554 para no ser pobre. Inflación, caída de salarios y del consumo, más la pobreza, un complejo cóctel económico.

El aumento de la pobreza y la indigencia en los últimos años en Chubut hace recomendable analizar algunas de sus causas más importantes que impactan en los niveles actuales y futuros del desarrollo regional.

Aquí se estudiará la pobreza en términos de insuficiencia de ingresos en la Provincia del Chubut, con énfasis en el aglomerado Trelew-Rawson entre diciembre de 2016 y diciembre de 2018, con algunos datos complementarios a febrero de 2019.

Base metodológica

La medición de pobreza que realiza el INDEC posee una metodología de cálculo consistente en determinar primeramente una canasta básica de alimentos que permitan satisfacer un conjunto mínimo de necesidades energéticas y proteicas de un ciudadano tipo (o “Adulto Equivalente”, como lo define la metodología). Este cálculo establecerá lo que se denomina “Línea de Indigencia”.

Adicionalmente, para determinar la “Línea de Pobreza”, se toman en cuenta otro tipo de consumos no alimentarios relevantes para la vida urbana, como la indumentaria, la salud, la educación, los costos de transporte, ente otros, que se suponen guardan una relación proporcional con los consumos de la Canasta Básica de Alimentos.

Entonces, si los ingresos de un hogar cubren la suma de ambas canastas, para todos los individuos del mismo, este hogar es considerado como parte de la población no pobre; si los ingresos de un hogar no cubren la suma de ambas canastas, para todos los individuos del mismo, este hogar caerá por debajo de la línea de pobreza y; si peor aún, no se pueden cubrir los costos de la canasta de alimentos básicos, el hogar se la considerará como Indigente.

Cálculos preliminares

Con esta base metodológica y haciendo uso de los datos provistos por el INDEC, se puede inferir que desde finales de 2016 y diciembre de 2018 la pobreza aumentó 32,35%, acrecentándose la complejidad, ya que en el mismo período aumentó en 43,75% la cantidad de indigentes en Chubut.

En términos monetarios, a diciembre de 2018 un residente de Chubut necesitaba como mínimo $ 3.393,87 para no ser indigente, y por lo menos $ 9.638,59 para no ser pobre. Esto implica que una familia necesitaba poco más de $ 20.000 para no ser pobre a enero 2017 y que para poder mantenerse en el umbral de “no pobreza” tuvo que incrementar 90% sus ingresos hasta los $ 38.554,36 en diciembre de 2018.

Lo que queda en evidencia, de acuerdo a estos valores, es que la pobreza en Chubut enfrenta dos grandes problemas. Por un lado el aumento generalizado de precios, es decir los efectos de la inflación. Pero por el otro la caída de los ingresos, o por lo menos el no acompañamiento del crecimiento de los ingresos a los valores de la inflación.

Efectos de la inflación

Estudiemos algunos datos relevantes que atestiguan el aumento de precios y algunos impactos de estos tanto en las poblaciones indigentes como pobres. En primer lugar, los incrementos de precios: la Canasta Básica Alimentaria de la Región Patagónica calculada por el INDEC aumentó 86,17% entre diciembre de 2016 y diciembre de 2018, lo que generó una importante retracción del consumo, provocando una caída en la cantidad de operaciones que realizan los supermercados (-8%).

Concomitantemente, en cada operación se compran menos productos (-14%) y se gasta menos cada vez que se realizan las compras (-8%). Todo ello parados a principios de 2019 y mirando las compras en términos constantes de precios de enero 2017.

En este escenario, cayó más de un 12% la compra de alimentos, destacándose los descensos en el consumo da en carnes (-25%) y frutas y verduras (-20%).

Por otra parte, el efecto precios modificó los hábitos de consumo, cambiando la composición del “changuito” promedio, cayendo fuertemente la cantidad que se compra de carne (-15%) y frutas y verduras (-8%), sosteniendo la adquisición de lácteos o panificados, y subiendo la participación del rubro almacén del tipo productos secos o empaquetados (+7%).

Claramente, un factor que actúa como desaliento para la compra de los productos de primera necesidad proteicas y energéticas es el incremento de precios en más de un 200% para carnes, frutas y verduras, lo que implicó que por cada kilo de carne o verdura que se podía comprar en febrero de 2017, en febrero de 2019 se pudo comprar menos de la mitad.

Este efecto inflacionario en alimentos perjudica considerablemente a quienes están en condiciones más desventajosas, ya que los hogares de estratos sociales bajos tienden a destinar montos cercanos al 50% de sus ingresos en alimentos. En tanto que los hogares de estratos sociales altos destinan poco más del 25% de sus ingresos en alimentos y bebidas (INDEC, 2016).

Por ello la inflación atenta mucho más al que menos tiene y explica en gran medida que no sólo pobreza e indigencia son mayores, sino que la indigencia (no cubrir lo más mínimo en términos alimentarios para vivir) creció, en Chubut, más que proporcionalmente (+8.8%) respecto de la pobreza total.

Los efectos de la inflación en la población no pobre e impactos encadenados, se puede dimensionar. Por ejemplo, otros grupos sociales también se vieron afectados por los cambios en precios de los denominados “consumos no alimentarios” como la vestimenta, los servicios, la educación, la salud o el transporte, que prácticamente se duplicaron entre enero de 2017 y enero de 2019.

En este grupo, el costo de los servicios tuvo un crecimiento superior al 100% a febrero de 2019. Dentro del ítem “transporte”, las naftas duplicaron su precio entre febrero 2017 y febrero 2019 (se multiplica por tres al considerar febrero de 2016 como base de comparación).

Las prendas de vestir y calzado registran incrementos de precios promedio del 53%. Y los insumos de construcción, como hierro, cal o cemento que subieron de 150% a 170% entre febrero 2017 y febrero 2019.

Los incrementos de precios obligan a las familias a concentrar sus ingresos en bienes y servicios esenciales, posponiendo otro tipo de gastos como los de mejoramiento de sus hogares (disminuyó en 4,5% la compra de cemento por bolsa en el primer bimestre de 2019 contra el mismo periodo de 2017); o la renovación de medios de movilidad (la venta de autos 0 km experimentó una caída del 28% durante el primer bimestre de 2019 comparado con igual período de 2017, y de casi el 10% la venta de autos usados si la comparación es con el primer bimestre del año 2018).

Consecuentemente se va reduciendo el margen operativo del sector comercial, reflejándose, por ejemplo, una caída del 20% en las ventas a precios constantes en los locales comerciales de shoppings (diciembre 2016 vs. diciembre 2018): o una caída en el consumo de energía para uso comercial en las cinco ciudades más importantes de Chubut (-10%), midiendo enero de 2019 contra enero de 2017.

Por otra parte, como el consumo es muy flexible a las subas y tiende a ser muy difícil de disminuirlos, comparando diciembre de 2016 con diciembre de 2018 se registra un aumento del 63% en los montos otorgados en préstamos personales y tarjetas de crédito a personas físicas en la provincia del Chubut.

Distribución del ingreso

Como se mencionara en la introducción, no se llega a la pobreza sólo por el aumento de precios sino que incide también el nivel de actividad económica y como acompañan los ingresos a las variaciones de precios.

De acuerdo a los datos de remuneración promedio de los trabajadores registrados, la pérdida del poder adquisitivo del salario en la provincia del Chubut, entre diciembre de 2016 y diciembre de 2018, se puede estimar entre un 15% y un 20%, dependiendo del sector de actividad en el que el trabajador se desempeñe.

Por el lado de los ingresos, en términos reales a precios de enero de 2017, las estimaciones indicarían una caída superior al 20% en los ingresos de la población en el aglomerado Trelew-Rawson entre septiembre de 2016 y septiembre de 2018.

Desde el punto de vista distributivo, con datos preliminares y considerando el ingreso medio familiar de quienes reciben ingreso por decil de población, se percibe que se amplía levemente la brecha de ingresos entre los estratos de mayores ingresos (5º quintil) y los de menores ingresos (1º quintil).

Conclusiones

Los efectos plenos de las variaciones de precios y pérdida de poder adquisitivo se dan con fuerza en las clases medias impactando en su dinámica de consumo. Los grupos sociales de los estratos más pobres y vulnerables de la sociedad, tienen mecanismos institucionales de contención como planes sociales o Asignación Universal por Hijo, que están focalizados a transferir ingresos no contributivos.

Sin embargo, estos no alcanzan a amortiguar el aumento del costo de los alimentos de la canasta básica. Por lo tanto, la pobreza persistirá en tanto no mejore el nivel de actividad y no se reduzca la inflación.

 

 

Por Julio Ibáñez / Licenciado (Magister), investigador del Proyecto de Investigación UNPSJB / Diario Jornada

La crisis que se vive en Argentina se volvió inaguantable en muchas familias, basta con alejarse un poco de las ciudades y centros urbanos para observar la realidad del bolsillo de muchos argentinos. En el norte por ejemplo, los wichis recurrieron a carnear un burro para poder alimentarse.

La imagen que publicó el medio Antena Noticias, asombró a más de uno. En la misma se pudo ver como una persona faena al animal de carga para poder comerlo.

 

 

 

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