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El trabajo es realizado por el grupo de emprendedores Patagonia 3D. El material donado servirá para la elaboración de entre 400 y 500 mascarillas. Más de 20 personas trabajan en su confección.

Concejales de Chubut al Frente realizaron, este jueves, una donación de filamento plástico que será utilizado por el grupo emprendedor Patagonia 3D para la elaboración de soportes de mascarillas de protección facial del personal de sanidad, en el marco de la prevención en la ciudad y la provincia del Coronavirus (COVID-19)

Según explicó la concejala Virginia Correa, la iniciativa surgió en el marco del trabajo conjunto desarrollado por el intendente Adrián Maderna, las autoridades del Hospital Zonal de Trelew y distintos profesionales médicos consultados. “Nos dijeron que esta era una de las insumos prioritarios que necesita el hospital, porque es de ultra protección, más allá de que también se necesiten los barbijos y antiparras”, explicó.

Correa agradeció el trabajo “a pulmón” desarrollado por los integrantes del grupo de emprendedores Patagonia 3D y otros colaboradores, para la confección de las mascarillas, que podrán ser utilizadas por personal de sanidad del Hospital, Clínicas y otras dependencias de salud.

Gabriel Paredes, referente de Patagonia 3D, agradeció la donación del filamento plástico puesto que según explicó “es el material primordial para la elaboración de soportes de protector facial”. “Nos ayudara a seguir fabricando y poder contribuir con el personal sanitario”, precisó.

Paredes aseguró que con el material recibido como donación se podrán elaborar entre 400 y 500 mascaras de protección facial, que estarían lista en el plazo aproximado de 5 días y serán puestas a disposición de las autoridades sanitarias para su distribución, de acuerdo a las necesidades que se vayan presentando. Trabajan en la confección de las mascarillas unos veinte voluntarios y voluntarias.

El diseño de las máscaras no es de Patagonia 3D sino que es un diseño de código abierto que se puede descargar libremente. Sin embargo, su confección tiene el aval de personal médico y técnico. “Se hicieron las pruebas, nos dieron el visto bueno y comenzamos la producción de un tipo de modelo, queremos hacer algo que sea bueno, útil, que facilite la tarea de los profesionales”, subrayó Paredes.

En la última sesión del Concejo Deliberante se aprobó la ordenanza por la cual se prohíbe el uso de sorbetes de plástico.

La ordenanza 11.252 dispone la prohibición de “la venta, entrega a título gratuito y uso de sorbetes plásticos de un solo uso en el ejido municipal de Puerto Madryn” y reglamenta de alguna manera los tiempos en que se implementa, ya que en una primera etapa “no se permitirá ofrecer o colocar sorbetes plásticos de un solo uso a la vista del cliente”, mientras que en la segunda etapa se menciona que “por el término de seis meses, los comercios que hubiesen invertido en los sorbetes plásticos de un solo uso, podrán disponer sobre los mismos hasta agotar sus stocks. Cumplido ese plazo, se dará lugar a la aplicación plena de la ordenanza”.

El Secretario de Ecología del municipio, Facundo Ursino vio con beneplácito la sanción de la norma, “la ordenanza la trabajamos primero en la secretaría con los equipos técnicos, después la llevamos al Concejo Deliberante con el bloque nuestro, y la idea era que ellos hagan también sus aportes a la ordenanza, después la ingresen en comisión de Ecología, fueron esos los pasos que siguieron y afortunadamente se aprobó, entiendo que es una ordenanza que se aplica en un montón de otros lugares, era hora de que Madryn lo haga”.

«La idea es seguir»
El funcionario municipal aseguró que ya trabajaban en ello, “lo hicimos en el Madryn Comestible, se trabaja con los vasos reutilizables, la idea es seguir en ese sentido para disminuir los plásticos en el mar, sabemos que todos los descartables que quedan en la calle van por el pluvial al mar y es algo en lo que estamos trabajando”.

“Esta ordenanza es solo sobre los sorbetes, vamos a seguir avanzando con otras ordenanzas, teníamos que empezar con algo, y después iremos avanzando con otro tipo de descartables”, con lo que seguramente los propietarios de establecimientos comenzarán a tomar previsiones.

En ese sentido, Ursino indicó que “ya tienen bastante conciencia la mayoría, vienen pensando en dejar de tener descartables, hay organizaciones que también están trabajando con esto”, con lo que se espera que en el próximo período legislativo se pueda llegar a avanzar con otra ordenanza de estas características.

Con más de 30.000 juguetes y piezas de plástico desechados, el artista japonés Hiroshi Fuji ha creado un parque jurásico multicolor que se expone en Bangkok.

«Mi inspiración vino de mi sentimiento de rechazo ante todo el plástico que hay en el mundo», dijo a Efe Fuji, momentos antes de la inauguración de la muestra titulada Plástico jurásico en el parque creativo Chang Chui.

A lo lejos, el visitante de esta exposición ve dinosaurios multicolores en una sábana psicodélica, pero de cerca descubre que están hechos con todo tipo de juguetes recolectados en Japón y Tailandia.

«Quiero encontrar un equilibrio entre la diversión de ver todos estos juguetes, y al mismo tiempo sentir el peligro del plástico», dice el artista.

Agregó que en su obra quiere darle un nuevo propósito a la masa de juguetes de plástico que tiramos.

Fuji también quiere recordar con su obra que el petróleo con el que se produce el plástico proviene en parte de los cadáveres de los dinosaurios del Jurásico, más de 145 millones de años antes de nuestra era.

El artista se siente especialmente orgulloso de las fauces de los dinosaurios realizadas de manera meticulosa con juguetes y piezas pequeñas que no fueron fáciles de encajar.

Además de visitar la exposición, los niños y adultos podrán participar en talleres en los que jugarán y luego crear obras de arte con los juguetes.

«Ni siquiera la crisis consiguió reducir la cantidad de plástico»

La preocupación de Fuji por los desechos plásticos se remonta a los años setenta y ochenta, cuando el crecimiento económico y la producción en masa convirtieron a este material en un elemento ubicuo en la sociedad.

«Quería escapar de todo eso, no me gustaba la gran cantidad de plástico que veía», asegura el artista, que imparte clases de arte en la Universidad de Akita en Japón.

Durante una estancia como profesor en Papúa Nueva Guinea en los años ochenta, se dio cuenta de que los residuos allí eran orgánicos por lo que volvían a la naturaleza.

No había basura, hasta que también fueron invadidos por el plástico y otros materiales no orgánicos.

«Ni siquiera la carencia y las crisis del petróleo consiguieron reducir la cantidad de plástico», comenta alarmado Fuji, que se considera también un activista medioambiental.

En 1997, empezó a recolectar juguetes de plástico y creó el proyecto «Bazar Kaekko», en el que los niños cambiaban sus juguetes por otros de segunda mano.

Siguió acumulando juguetes de plástico desechados y, aunque no lleva una cuenta precisa, calcula que puede tener alrededor de 100.000 piezas en su colección con las que realiza obras de arte.

Alerta que gran parte del plástico que desechamos va a parar a los ríos y los océanos, lo que causa un gran impacto en la vida marina, o se introduce en la cadena alimentaria a través de los microplásticos.

Antes de pasar por Bangkok, Plástico jurásico se expuso en el Festival de Sydney en 2018 y más adelante volverá a Japón.

Pequeños pedazos de plástico fueron hallados en núcleos de hielo perforados en el Ártico por un equipo de científicos, lo que subraya la amenaza que esta creciente forma de contaminación representa para la vida marina, incluso en las aguas más remotas del planeta.

Los investigadores usaron un helicóptero para aterrizar en témpanos de hielo y recuperar las muestras durante una expedición de 18 días en el Pasaje del Noroeste, la peligrosa ruta que une los océanos Pacífico y Atlántico.

“Pasamos semanas observando lo que se parece mucho al hielo prístino que flota en el océano”, dijo Jacob Strock, un investigador de la Universidad de Rhode Island, quien realizó un análisis inicial de los núcleos.

“Pero cuando lo miramos de cerca vemos que está muy visiblemente contaminado, y con las herramientas adecuadas se sintió como un golpe en el estómago”, sostuvo Strock a Reuters por teléfono.

Strock y sus colegas encontraron el material atrapado en las muestras de hielo tomadas de Lancaster Sound, un tramo de agua aislado en el Ártico, que habían asumido que podría estar relativamente protegido de la contaminación del plástico a la deriva.

El equipo extrajo 18 núcleos de hielo de hasta dos metros de largo de cuatro ubicaciones y vio perlas y filamentos de plástico visibles de varias formas y tamaños. Los científicos dijeron que los resultados refuerzan la teoría de que la contaminación por microplásticos parece concentrarse en el hielo en relación al agua de mar.

“El plástico creció tanto en abundancia como en escala”, dijo Brice Loose, oceanógrafo de la Universidad de Rhode Island y científico jefe de la expedición, conocida como el Proyecto del Pasaje del Noroeste.

La consternación de los científicos recuerda la de los exploradores que encontraron desechos plásticos en la Fosa de las Marianas del Océano Pacífico, el lugar más profundo de la Tierra, durante inmersiones submarinas a principios de este año.

El Proyecto del Pasaje del Noroeste se centra principalmente en investigar el impacto del cambio climático provocado por el hombre en el Ártico, cuyo papel como sistema de enfriamiento del planeta se ve comprometido por la rápida desaparición del hielo marino en verano.

Pero los fragmentos de plástico, conocidos como microplásticos, también sirvieron para resaltar cómo el problema de los desechos ha alcanzado proporciones epidémicas. Naciones Unidas estima que hasta la fecha se han arrojado 100 millones de toneladas de plástico en los océanos.

La restricción de sorbetes en restaurantes o la prohibición de entregar bolsas de polietileno en mercados forman parte de una tendencia mundial que incluye a Argentina para buscar una solución a la contaminación del plástico, propuesta que debe contemplar un «camino de transición» para la industria y poner el foco en la educación ambiental, aconsejaron hoy especialistas.

Cada minuto se compran un millón de botellas de plástico y se usan 500.000 millones al año, mientras que casi una tercera parte de todos los envases de plástico salen de los sistemas de alcantarillado y ocho millones de toneladas acaban en los océanos cada año, amenazando a la vida marina, de acuerdo con estimaciones de la ONU.
En esta línea la cuarta Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente logró en marzo último un acuerdo global para «reducir el consumo de plásticos de un solo uso».

En Argentina, ya comenzaron algunas regulaciones al respecto como en Ushuaia, que en febrero pasado se convirtió en la primera ciudad de la Patagonia que prohibió el uso de material plástico descartable en los locales de comidas.
O la decisión del intendente del General Pueyrredón, Carlos Arroyo, que el mes pasado decretó la prohibición del uso de plásticos, como sorbetes, vasos y cubiertos, en todo el sector costero de Mar del Plata con el objetivo de «proteger el medio ambiente».

En la ciudad de Buenos Aires, el legislador de «Vamos Juntos» Maximiliano Ferraro presentó en el parlamento local «un paquete de proyectos que buscan reducir o limitar el uso de ciertos plásticos que por distintos motivos no se están pudiendo recuperar y/o reciclar», según declaró a Télam.

Describió que una de las iniciativas «busca prohibir progresivamente la venta y utilización de utensilios desechables y sorbetes fabricados en material plástico tradicional» y que «estos productos suelen ser desechados luego de su utilización en contacto con materiales orgánicos, lo que impide que puedan ser dispuestos en la fracción de residuos secos y posteriormente ser reciclados».
«La consecuencia de esto es un mayor volumen de residuos que es dispuesto en los rellenos sanitarios», alertó Ferraro.

La coordinadora del Proyecto Basura Marina de Fundación Vida Silvestre Argentina indicó a Télam que «la producción de plásticos aumentó desde los años 50 hasta ahora a un ritmo de 8 por ciento anual, llegando en 2015 a producir el peso de la población humana», y agrego que «solamente 9 por ciento de todo el plástico que se produjo se recicló, 12 por ciento se incineró y el resto quedó en el ambiente».
Por eso mencionó que al no procesar semejante cantidad de residuos plásticos las medidas que están tomando los países «son disminuir la demanda, la producción y el consumo de plástico», aunque destacó la importancia de una «buena gestión».

En cuanto a la regulación de materiales descartables, sugirió que hay que «respetar una transición, en la que los comercios y las industrias puedan tener un tiempo para acomodarse a los nuevos productos que van a tener que diseñar o entregar».
En relación con las medidas que buscan reemplazar al plástico por otros materiales -como papel, cartón, aluminio- Verónica Ramos, directora Ejecutiva de la entidad especializada en plásticos y medio ambiente Ecoplas, explicó a Télam que «la sustitución de un material por otro no aportará soluciones», porque esos serán los que luego «aparecerán abandonados en las playas».

«Este será el nuevo resultado ya que no estamos apuntando ni al consumo responsable ni a la educación ciudadana para evitar los residuos dispersos», sostuvo la especialista. En este sentido, enfatizó la necesidad de que para diseñar regulaciones vinculadas con la problemática del plástico se busque una salida «en conjunto» con referentes del medio ambiente para contemplar que en algunos casos es mejor «educar, antes de prohibir», y «trabajar en equipo».

 

 

Fuente: La Arena

Con un total de 1,8 billones de pedazos de basura, es el más grande que existen en todo el planeta y su tamaño es el doble que el de Texas. Por qué es vital revertir esta situación.

Debido a los plásticos que se arrojan en los mares y océanos del mundo, se fueron formando grandes «islas» de residuos. Una de ellas constituye el gran parche de basura del Pacífico, el más grande de todos. El territorio que abarca es entre San Francisco y Hawái, y su tamaño es el doble del de Texas. Es el más grande de los cinco parches que hay en los océanos del planeta.

La basura que se ha ido acumulando en el Océano pacífico oriental entre California y Hawái es alarmante. En total posee 1,8 billones de pedazos de basura. De esa imponente cifra, una mitad está compuesta por residuos de pesca como sogas y redes; la otra mitad son plásticos.
Y es que en el mundo cada año se producen más de 350 millones de toneladas de plástico. 8 millones de ellas terminan sin escala en todo el océano.

El plástico es un material compuesto por resinas, proteínas y otras sustancias que lo hacen fácil de ser manipulado, y tiene la virtud de cambiar de forma de manera permanente dependiendo de la compresión y temperatura. Es resistente (desaparecer le lleva años) y liviano, por lo que se lo eligió para hacer una infinidad de productos, desde una botella de gaseosa hasta un juego de muebles para el jardín.

Debido a su composición, es uno de los elementos que más tiempo tarda en degradarse y en ese proceso colabora de manera directa en la contaminación del Ambiente y de las aguas. Tanto es así que las ONG ambientalistas reclaman que se los ponga a la misma altura que el Cambio Climático, ya que durante su descomposición provocan gases de efecto invernadero.

Por otro lado, los microplásticos miden hasta 5 milímetros y provienen de fuentes como los cosméticos, ropa, elementos de pesca, plásticos de uso cotidiano que se degradan y otros de procesos industriales. Todos permanecen en el medio ambiente en altas concentraciones y afectan a los ecosistemas marinos y lacustres porque no son biodegradables. Eso significa que se desintegra en partículas cada vez más pequeñas que son absorbidas o ingeridas por muchos organismos, alojándose en sus cuerpos y tejidos.

Ante este escenario planteado, la fundación Ocean Cleanup lanzó en el 2018 el primer sistema de limpieza de océanos del mundo llamado Wilson en San Francisco para enfrentar el «Gran Parche de Basura del Pacífico». La enorme tubería de 600 metros de largo que buscó retirar la mitad de la basura del océano Pacífico, sin embargo, hacia fines del año 2018 sufrió una rotura y perdió todo el trabajo realizado y la basura recolectada, dejando por delante un nuevo desafío: salvar al océano.

En los últimos 40 años, la cantidad de basura marina -solo en la capa superficial- aumentó más de un 100%. El último informe de la Unesco reveló que existen 45 mil objetos que se agolpan en cada milla oceánica cuadrada, más de 150 millones de toneladas.

Por otro lado, de acuerdo a las estadísticas de ONU Medio Ambiente, el mundo produce aproximadamente 300 millones de toneladas de residuos plásticos cada año y actualmente solo el 14% se recolecta para el reciclaje. Se estima que 8 millones de toneladas de desechos plásticos llegan a los océanos cada año, por lo que si no se deja de arrojar residuos, en 2050 el océano tendrá más plástico que peces.

La necesidad de revertir la situación actuar es tal, que expertos estiman que para el 2050 el peso de la basura va a superar al de todas las criaturas marinas.

Los resultados recopilados durante el tercer Censo de Basura Costera 2018 arrojaron datos preocupantes: de los 46.673 residuos no orgánicos encontrados, el 82% corresponde a residuos plásticos. Los principales residuos detectados fueron: bolsas plásticas, colillas de cigarrillos, restos plásticos, restos de nylon, tapitas y botellas plásticas, entre otros.

Uno de los principales factores de esta suciedad costera es el sistema de drenaje (bocas de tormenta, pluviales), a través del cual la basura de las calles desemboca en el mar. En este marco, la Fundación Vida Silvestre junto a ONG de 16 localidades de la costa de la Provincia de Buenos Aires realizan anualmente los Censos de Basura Costera para poder registrar la situación en las playas, identificar qué tipo y qué cantidad de residuos afectan las costas y buscar soluciones.

El censo fue realizado en 813.554 metros cuadrados de playa entre las que se encuentran Bahía Blanca, Claromecó, Mar del Plata, Necochea, Punta Lara, San Clemente, Santa Teresita, y Villa Gesell, entre otras.

La Coordinadora del Proyecto de Basura Marina de Fundación Vida Silvestre, Verónica García, explicó que ante esta situación se debe procurar “reglamentar la entrega de bolsas en los comercios, la promoción de la separación de los residuos en origen y su posterior reciclado por parte de los municipios, y el correcto tratamiento de la basura para evitar que termine en el mar, a través de una mejora en los drenajes de los pluviales.”

Según recientes estudios, el 90,5% de los residuos plásticos generados desde 1950 nunca se recicló, es decir que aún están en el ambiente, ya sea en predios de disposición final, la playa o el mar.

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