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El Gobierno nacional envió al Congreso el proyecto de Ley de Presupuesto para 2021, que prevé un crecimiento del 5,5% del Producto Bruto Interno, una inflación del 29 % y un dólar en torno a los $ 102,4, para fin del año.

La iniciativa, dada a conocer por el Ministerio de Economía que conduce Martín Guzmán, precisa que para fin de este año el PBI cerraría con una caída de 13,6%, una inflación en torno al 32% y un dólar oficial alrededor de $ 81,4 promedio.

Este proyecto de presupuesto «define un camino de reconstrucción para levantarnos y volver a andar», dijo Guzmán esta tarde a la prensa, al referirse al envío del proyecto.

Uno de los principios fundamentales que animan al Gobierno es «impulsar la recuperación económica con un esquema de política fiscal expansiva y un Estado que cumple un rol fundamental para proteger a los sectores más vulnerables, incentivar el mercado interno y potenciar un crecimiento de la producción y de las exportaciones. Ejes esenciales para que nuestro país pueda sostener el crecimiento», dijo el funcionario.

Junto con esto, el proyecto apunta a la «sostenibilidad fiscal» la cual «requerirá de esfuerzo consistente para lograr un equilibrio» en las cuentas públicas, que cerrarán con un déficit primario equivalente a 4,5 puntos del PBI «compatible con un crecimiento inclusivo», añadió.

Las perspectivas para el año que viene apuntan a que las exportaciones crecerán 10,2% y las importaciones 16,3%, lo que dejará un saldo de balanza comercial superavitario en torno a los US$ 15.087 millones, por debajo de los US$ 17.260 estimados para este año.

El año próximo, el consumo privado aumentará un 5,5%, contra una baja del 13,6% estimada para este año, mientras que el Consumo Público subirá 2%, frente a la merma del 2,1% del 2020.

En tanto que la inversión, que este año se estima caerá 25,6%, aumentará 18,1% en el próximo, detalla el proyecto de Ley ingresado a la Cámara Baja.

Guzmán destacó que «los objetivos estructurales del Gobierno Nacional son construir un modelo de desarrollo sustentable en términos económicos, sociales y políticos que reúna en simultáneo cinco condiciones estructurales: inclusión, dinamismo, estabilidad, federalismo y soberanía».

El déficit fiscal en torno a 4,5 puntos del PBI «es un nivel que apunta a garantizar una recuperación sostenible de la actividad y el empleo y un fortalecimiento de la inversión pública en áreas estratégicas».

«Es un nivel adecuado y asequible en términos de financiamiento, compatible con la estabilidad y consistencia macroeconómica», además «la dinámica de los ingresos y el gasto públicos tenderá a normalizarse respecto a la excepcionalidad de 2020 en el marco de la pandemia Covid-19», destacó el titular de Economía.

Guzmán destacó que el Estado «tendrá un rol activo en el proceso de reconstrucción» y que este proyecto de Presupuesto «es para la recuperación económica».

El proyecto de Ley contiene prioridades estratégicas como la reactivación productiva, la generación de empleo, el apuntalamiento de las capacidades de innovación de las y los argentinos, el fortalecimiento de la educación y la salud.

«Además, por primera vez en la historia argentina, el Presupuesto incorpora la perspectiva género y diversidad», destacó el Ministro.

La infraestructura volverá a ser un motor de la economía, la generación de empleo y la competitividad de las empresas argentinas con un criterio inclusivo y federal.

«Para eso duplicaremos la inversión real en infraestructura productiva y social respecto a 2019, a partir de una inversión proyectada en $835.000 millones o 2,2% del PBI», destacó.

Un segundo pilar será una «recuperación sustentable requiere no sólo de políticas de demanda sino también de políticas productivas que generen mayor capacidad de oferta agregada futura».

«Será crucial apoyar financieramente a nuestras empresas en esta etapa de recuperación y de un necesario cambio estructural, especialmente de todo el entramado PyMe. En la misma línea, recuperaremos el valor de nuestro sistema científico tecnológico», sentenció el ministro.

La economía argentina caerá entre 8,3% y 10% este año, según una proyección de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el que la entidad consideró que la pandemia del coronavirus se encuentra «en retroceso», por lo que planteó dos escenarios de acuerdo a cómo evolucione en los próximos meses.

En su informe de perspectivas económicas de junio, el organismo multilateral detectó que la actividad económica en varios países comenzó a repuntar a raíz de un retroceso del virus.

En ese sentido, la OCDE planteó dos escenarios para la economía global y la de los países miembro del G20, incluida la Argentina. Aclaró que no se trata de escenarios exhaustivos, sino de dos caminos a partir de los cuales se puede enmarcar el campo de posibilidades de los próximos meses.

En primer lugar, esbozó un escenario base, que supone que el Covid-19 seguirá retrocediendo y quedará bajo control en los próximos meses, y otro en el que un rebrote volverá a obligar a los gobiernos a cerrar buena parte de sus actividades económicas.

Así, pronosticó que la economía mundial caerá 6% este año aunque se controle la pandemia, con una recuperación de 5,2% en 2021, mientras que en el escenario de rebrote la magnitud de la recesión sería de 7,3%, con un rebote de apenas 2,8% el año que viene.

En ese marco la Argentina, con los desequilibrios macroeconómicos que acumula hace años, aparece entre los países más expuestos. En caso de que el coronavirus sea controlado, la caída del PBI será de 8,3% y la eventual recuperación en 2021 de 4,1%. En tanto, si hay rebrote, el desplome sería de 10% y la recomposición, de apenas 1,7%.

Se trata de uno de los países con peores perspectivas para la OCDE. Sólo la superan un puñado de países, en su mayoría de Europa, donde el coronavirus causó un mayor índice de muertes: Gran Bretaña (-11,5% en el escenario base y -14% si hay rebrote), Francia (-11,4% y -14,1%), Italia (-11,3% y -14%), España (-11,1% y -14,4%), Islandia (-9,9% y -11,2%), República Checa (-9,6% y -13,2%), Portugal (-9,4% y -11,3%), Eslovaquia (-9,3% y -11,1%), Bélgica (-8,9% y -11,2%), Nueva Zelanda (-8,9% y -10%) y Estonia (-8,4% y -10%).

De hecho, en la Zona Euro en promedio las expectativas apuntan a una caída de 9,1% en el escenario con control y una de 11,5%, en caso de un rebrote. No obstante, las respectivas recuperaciones son más contundentes: 6,5% y 3,5% para cada caso en 2021.

«Mientras no haya una vacuna o tratamiento disponible, los encargados de formular políticas en todo el mundo continuarán caminando en la cuerda floja El distanciamiento físico y las pruebas, el seguimiento, el rastreo y el aislamiento serán los principales instrumentos para combatir la propagación del virus», señaló la OCDE.

Y agregó: «Ambos escenarios son aleccionadores, como lo hace la actividad económica. A fines de 2021, la pérdida de ingresos excederá la de cualquier recesión previa en los últimos 100 años, fuera del tiempo de guerra, con una situación extrema y duradera consecuencias para personas, empresas y gobiernos».

La pandemia del coronavirus está obligando a las autoridades y a los analistas económicos de todo el mundo a hacer uno de los “recalculando” más grandes que se recuerde en muchos años. En todo el planeta se habla de una -inesperada hace apenas un par de meses atrás- recesión global. Y para peor, la primera en la que se incluye a China.

Frente a ese panorama oscuro, la economía argentina también sufrirá una contracción aún mayor a la que se esperaba, estirando al menos un año más la contracción económica, y apuntando a completar una nueva década perdida.

En estos días están surgiendo informes con un denominado común: el PBI argentino se contraerá más de lo que se preveía. La pandemia, la cuarentena y una negociación por la deuda en dólares que aparece como muy complicada y con final incierto (¿default?) no hacen más que oscurecer el panorama. Los analistas están revisando los números que habían elaborado apenas semanas atrás. El impacto de la crisis global ya se está sintiendo. Nadie sale ileso de un parate repentino de la actividad en cada rincón del planeta. Menos, Argentina, que enfrenta sus propios desafíos. Por eso hay quienes estén viendo, para el caso argentino, una contracción del PBI que podría llegar este año al 4%. Qué dicen cuatro consultoras sobre, si se permite, el annus horribilis que transitarán los argentinos en 2020.

Daniel Marx, de Quantum Finanzas, dice en su último informe, sin anestesia: “La economía mundial se encuentra ante un desafío sin precedentes. No se trata de una mera corrección de desequilibrios ni de excesos financieros acumulados. Es la puesta en marcha de mecanismos de supervivencia para muchos, ante una amenaza sanitaria sin claridad sobre su evolución y salida. Ello lleva a profundos cambios en las conductas, que repercuten en las perspectivas económicas individuales y globales”.

Puntualmente sobre la evolución de la economía doméstica, prevé que “la situación es particularmente más compleja dada la persistencia de estanflación y las restricciones al acceso al financiamiento. Entre los principales efectos identificamos. Sin la pandemia, se preveía que el PBI cayera 1,6-1,8% en 2020. Ahora, las primeras estimaciones indican niveles de contracción del orden del 2,6 o mayor, muy dependiente de la evolución de la pandemia y las medidas tomadas en consecuencia. Suavizar la caída en el consumo a través de una mayor capacidad de gasto podría ser difícil en un contexto de confinamiento total como el que recientemente se anunció, principalmente porque un mayor grado de incertidumbre limita decisiones en un sistema que no cuenta con amplias redes de salvataje.

En la consultora Seido, Luciano Cohan y Gabriel Zelpo consideran que el PBI podría caer tranquilamente un 4%. “Si la cuarentena dura lo que dicen que tiene que durar lleva que al menos el PBI caiga 4%. “Sería optimista de hecho si eso llegara a darse” le dice a Clarín Zelpo, quien igual se apura a aclarar: «La verdad es que la caida del PBI¡ es lo que menos importa hoy. Me resulta más importante controlar socialmente a la situación, adaptar la economía y el país a esta situación para transitarla lo mejor posible”.

Igual, subrayan que la caída de la recaudación relacionada a la actividad será muy importante. Calculan que por cada punto que caiga el PBI la recaudación se contrae entre 1,6 y 1,9% en rubros como IVA, Ganancias, combustibles o débitos en cuenta corriente. Y cierran: “El déficit primario aumentará mucho más allá de nuestra proyección de -2.0% del PIB y, nuevamente, duplicar esta cifra ahora no parece poco realista. El 0.9% del costo fiscal del estímulo, más posibles medidas adicionales para aliviar la recesión económica que se avecina (consideramos que esta es la primera de varias oleadas del estímulo fiscal) se complementará con una contracción de los ingresos fiscales.

Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma y Asociados, le resumió su visión a Clarin: «Habíamos proyectado una caída del PBI del 1% para este año antes de que surgiera la pandemia. Ahora vemos una contracción de al menos el 4%. La sequía de fines de febrero se va a notar en la cosecha y en los ingresos por retenciones. El shock covid-19 tiene dos partes: el shock externo y el shock local. El externo es vía precios de lo que exportamos y demanda de nuestras exportaciones industriales. En este punto la ralentización de Brasil es un ejemplo de lo que vamos a sufrir. Y además es la segunda recesión mundial en 60 años.

En Analytica, los economistas Rodrigo Alvarez y Ricardo Delgado escribieron que “Nuestro escenario base contenía proyecciones que indicaban una caída del PBI 2020 entre 1 y 1,5%, asumiendo una expansión fiscal del orden de un punto del producto. Esto es, antes del efecto Coronavirus, considerábamos que el Gobierno gastaba todos los ingresos adicionales derivados de la Ley de Solidaridad, manteniendo el déficit primario en los niveles de 2019 (en torno al 0,4% del PBI)”. Ahora, sostienen que “si los efectos fiscales en la Argentina fueran similares a los de Estados Unidos, de no mediar un aumento del gasto público, el producto bruto caería entre 3.3 y 3.8% en 2020, dos puntos porcentuales más que en nuestro escenario base”

En el informe de actualización de las Perspectivas de la Economía Mundial, difundido hoy, el FMI mantuvo idénticas proyecciones para el país que las realizadas en octubre último, respecto del comportamiento económico, y auguró para el 2021 una recuperación de 1,4%.

En cuanto a la evolución de la región, se espera un repunte de 1,6% en 2020 y de

2,3% en 2021, “impulsado por una reactivación gradual del crecimiento mundial y de los precios de las materias primas».

Pero también por «un continuo apoyo de la política monetaria, una menor incertidumbre en torno a las políticas económicas, y una recuperación paulatina de las economías estresadas”, expresó el responsable del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo, Alejandro Werner, en un texto también divulgado hoy.

Sin embargo, Werner advirtió que continúan los desafíos regionales, y remarcó que «la fuerte incertidumbre en torno a las políticas económicas en algunos de los principales países de América Latina sigue limitando el crecimiento”.

A modo de ejemplo, indicó que “la incertidumbre acerca del rumbo de las reformas y las políticas económicas en Brasil y México probablemente contribuyó a la desaceleración del crecimiento del PBI real y la inversión en 2019”, si bien consideró que «las señales en estos países se están revirtiendo hacia una recuperación».

Asimismo, sostuvo que la “continuidad del rebalanceo económico en las economías estresadas que experimentaron frenadas bruscas de los flujos de capital en 2018-19 (Argentina, Ecuador) ha ayudado a restaurar los equilibrios internos y externos», pero alertó que «también ha contenido el crecimiento”.

En cuanto a Brasil, el ejecutivo puntualizó que “el crecimiento permaneció en un nivel moderado de 1,2% en 2019», pero destacó que «se proyecta que se acelere a 2,2% en 2020 gracias al repunte de la confianza tras la aprobación de la reforma de las pensiones y las menores tasas de interés de política monetaria en el contexto de una inflación baja”.

Al respecto, consideró que «la ejecución firme del amplio programa de reforma fiscal y estructural del gobierno brasileño será esencial para salvaguardar la sostenibilidad de la deuda y estimular el crecimiento potencial del país vecino».

«La actividad económica en América Latina y el Caribe se estancó en 2019, siguiendo con el lento ritmo de crecimiento de los últimos cinco años, lo que plantea nuevos retos y urgencia a la reactivación», indicó Werner.

De hecho, subrayó que «el PBI real per cápita de la región ha disminuido 0,6% por año en promedio durante el período 2014–2019, en marcado contraste con el aumento medio anual de 2% durante el período de auge de las materias primas de 2000–2013».

El director del Observatorio de la Deuda Social Argentina en la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, aseguró que con el «0,3 por ciento del PBI», se podría «salir del hambre» en la Argentina.

«¿Cuánto cuesta salir de la indigencia? Requiere de $7.500 por mes. Esta situación hay que tomarla en cuenta teniendo presente que el 60 por ciento de los ingresos son de planes sociales y el 40 por ciento de ´changas´, porque no es que no se trabaja en la indigencia, se trabaja mucho», explicó Salvia.

Según dijo, otorgar nuevos programas sociales a los sectores sumergidos en la indigencia para sacarlos de esa situación «significarían 1.300 millones de dólares anuales», es decir, el «0,3 por ciento del PBI».

Al participar del 55º Coloquio de IDEA en Mar del Plata, el director del Observatorio de la UCA hizo un llamado a los empresarios a «ser valientes y también solidarios con ese tercio de la población que está en la pobreza».

«Necesitamos políticas activas y un nuevo pacto político, económico y social», consideró el investigador en el salón principal del hotel Sheraton, donde tiene lugar la segunda jornada del encuentro empresario.

Salvia efectuó un diagnóstico de la situación de la pobreza en la Argentina y afirmó que es de tipo «estructural» y «se va reciclando y profundizando» cada año.

En ese sentido, detalló que «dos de cada tres pobres no logran salir de la pobreza de un año a otro, ni de una década a otra», por lo que puede decirse que la situación en el país es «crónica».

«Los datos que hay son viejos, ya estamos en el segundo semestre y, seguramente, la pobreza está en no menos del 37 por ciento, con un 8 por ciento de indigencia, es decir, 3.600.000 personas en la indigencia», evaluó Salvia, al referirse al último índice difundido por el INDEC, que fue del 35,4 por ciento en los primeros seis meses de 2019.

En base a esos datos, sostuvo que «hoy el riesgo alimentario por hambre en Argentina alcanza a 800 mil hogares».

«No solo afecta la inseguridad alimentaria o el riesgo crítico a las zonas rurales, porque en las grandes ciudades encontramos zonas donde se experimenta hambre», subrayó Salvia.

Informes privados pronostican que la caída de la actividad de este año será hasta de 2%. Su impacto en la recaudación fiscal.

La inestabilidad cambiaria y el escenario de incertidumbre que emergió de las elecciones primarias ya está haciendo mella en la economía real. Por eso empezaron a conocerse algunas correcciones hacia la baja de las previsiones sobre el nivel de actividad para lo que queda del año.

Por caso, la consultora Ecolatina advirtió que el PBI podría caer hasta un 2% este año. Es la segunda rectificación que realiza en los últimos meses. Su diagnóstico original indicaba una baja de 1,4% y tras la devaluación de marzo pasó a ser de 1,7%.

El informe describe una situación de aceleración de la inflación y de reducción del poder adquisitivo de los asalariados, que no cambiará ni siquiera con las renegociaciones paritarias pendientes. “Este escenario errático, volátil y tenso producto de un riesgo de default latente se extenderá, por lo menos, hasta que asuma el próximo presidente electo. Lamentablemente, la situación no mejorará significativamente luego del 10 de diciembre: el fantasma no se alejará rápido”, agrega.

“En este marco, si anteriormente el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyectaba una caída del PBI de 1,5% para este año, podemos decir que la misma tendrá un piso de 2% luego de los recientes movimientos. En igual sentido, la inflación, que se estimaba cerrando el año en la zona del 40%, no será menor a la del año pasado (47,6%)”, continúa.

El dato no será irrelevante para el gobierno, que tiene que cubrir el costo del paquete que anunció a mediados de mes y que mezcla rebajas impositivas con pagos extra a empleados estatales y beneficiarios de planes sociales. El monto oscila en los $ 50 mil millones y la manera de cubrir ese bache preocupa al Fondo Monetario Internacional, que exige mantener el equilibrio fiscal para asegurar los pagos a los acreedores de la deuda pública. El gobierno cree que la mayor inflación que sobrevendrá por la nueva disparada del dólar lo ayudará a tapar ese agujero. Pero si la actividad cae más de lo previsto, la recaudación difícilmente pueda reponerse, informó el Tiempo.

La economía cayó en el año pasado 2,5%, después de un derrumbe en el cuarto trimestre de 2018 del 6,2%, según informó el Indec. En la comparación contra el tercer trimestre del año pasado, la baja fue del 1,2%, por lo que desde Hacienda aseguraron que la caída de la actividad «se desacelera».

El impacto de la devaluación, la suba de precios, el deterioro del poder adquisitivo y de la producción explican la baja que no pudo remontar aun con el consumo asociado a fin de año, por las fiestas de diciembre.

De acuerdo con los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la industria se derrumbó con relación al cuatro trimestre de 2017 en un 11,9%, al igual que el comercio mayorista y minorista, con una caída del 13,5% y la construcción 9,5 por ciento.

La producción de electricidad, agua y gas cayó 2,7% en su comparación interanual, mientras que el rubro hoteles y  restaurantes bajó tres por ciento. Otro sector que se vio golpeado, sobre todo a partir del segundo trimestre del año pasado fue el de inmobiliarias, con baja interanual del 1 por ciento.

Del otro lado, se vio una expansión en el agro, con mejora del 3,7 % y la pesca con una suba del 14%. La crisis obligó al Gobierno a realizar algunos esfuerzos fiscales para determinados servicios sociales. En ese contexto, educación y servicios sociales y de salud registraron mejoras del 0,9 por ciento.

Optimismo

Según la evaluación del Gobierno, la caída fue menor a la esperada, ya que el EMAE, el indicador que sirve como anticipo del PBI, había publicado caídas de 1,8% trimestral y de 6,3% interanual. «Esto implica que la economía se encuentra mejor posicionada para encarar la recuperación, ya que el arrastre estadístico, es decir la dinámica que dejó el cuarto trimestre de 2018 a revertir en 2019, pasó de -2,9% a -2,4%», remarcaron fuentes de Hacienda.

El área a cargo de Nicolás Dujovne, asimismo, señaló que con el dato cerrado del PBI en pesos corrientes del año 2018, el déficit primario del mismo año pasa a ser de 2,3 puntos del PBI (antes 2,4), lo que representa una baja de 1,5 puntos porcentuales respecto a 2017.

 

 

 

Perfil

La corrida cambiaria, la devaluación, la inflación y la caída del consumo golpearon con fuerza el aparato productivo y los datos oficiales confirmaron ese crítico panorama y constataron que el país está en recesión al llegar al segundo trimestre consecutivo en baja.

El PBI de la Argentina cayó 3,5% en el tercer trimestre respecto de igual período de 2017 y acumula en el año una retracción del 1,4%, informó el INDEC, y de ese modo confirmó que la economía se encuentra en un proceso recesivo. La corrida cambiaria, la devaluación, la inflación y la caída del consumo golpearon con fuerza el aparato productivo y los datos oficiales confirmaron ese crítico panorama y constataron que el país está en recesión al llegar al segundo trimestre consecutivo en baja.

De esta manera, según la información pública, el producto bruto interno (PBI) del país se ubicó en el período en análisis en $695.664 millones. Respecto del segundo trimestre, la actividad económica experimentó un descenso del 0,7%, indicó el organismo encargado de las estadísticas oficiales.

El resultado del tercer trimestre fue menos grave que el del segundo -en la medición interanual-, en el que la caída había sido del 4%. En cuanto al tercer trimestre, el sector que verificó la baja más fuerte fue el comercio mayorista y minorista, que se desplomó un 8,9%, seguido de la industria con un descenso interanual del 6,6%, respecto de igual período de 2017.

El sector agricultura, ganadería, caza y silvicultura decreció 5,2% en el tercer trimestre con respecto a igual lapso del año anterior.

En tanto, la actividad de la construcción -uno de los más dinamizadores- tuvo una baja de 0,8% en el tercer trimestre, según la información difundida por el INDEC y la explotación de minas y canteras cayó 0,1%.

El valor agregado del sector pesca observó un crecimiento interanual de 7,3% y el sector electricidad, gas y agua creció 1,4% durante el tercer trimestre del 2018 con respecto al mismo trimestre del año 2017.

Según informó el organismo, el sector restaurantes y hoteles registró una baja de 3,5% y transporte, almacenamiento y comunicaciones mostró un decrecimiento de 3,8%, en el tercer trimestre contra igual período de 2017.

Por el contrario, la actividad de intermediación financiera observó un crecimiento de un 5,1% y las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler experimentó una suba de 1,1%.

La inversión bruta tuvo una caída del 11,2%, con baja del 1,5% en el sector de construcciones, 13,3% en maquinaria y equipo, pero el derrumbe muy fuerte en la formación de capital fue en transporte, con una retracción del 36%.

Fuente: Diario Jornada

Según un estudio, en la actualidad el total de la deuda contraída en los últimos años equivale al 82% del Producto Bruto Interno (PBI) del país. Algo, que incluso, podría llegar a superarlo completamente para fin de año debido a la fuerte devaluación del peso.

De todas formas, no se tenían registros de semejante porcentaje desde el 2005, luego de que el país emergiera de una grave crisis económica y social.

Se trata de la principal herramienta que el gobierno que Mauricio Macri utilizó como forma de financiamiento, y que ya comienza a mostrar señales de alarma.

El preocupante análisis surge de estimaciones privadas, pero incluso la Secretaría de Finanzas había oficializado que en el primer trimestre de 2018, la deuda sobre el PBI sería del 59,3%.

Es decir, la deuda total a pagar será más grande que todo lo que produce el país en un año, lo cual pondrá a la Argentina en una situación extremadamente compleja.

Esa estimación se dio antes de que el gobierno acordara un millonario préstamo de 15 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, lo que elevó esta cifra exponencialmente.

Por su parte, el efecto dólar terminó por crear la “tormenta” perfecta, ya que los intereses de la deuda serán más caros de pagar a partir de las constantes corridas cambiarias que elevaron al dólar a cerca de los $40 pesos.

Solo en junio, con un dólar a 33 pesos, la deuda saltó a un 70% del PBI. Pero, el informe que aseguró Estudio Broda y otras consultoras privadas, ponen principal advertencia al indicar que –de seguir con este ritmo cambiario-, con un dólar a $44 para fin de año, la deuda representará un 107,4% del PBI.

Es decir, la deuda total a pagar será más grande que todo lo que produce el país en un año, lo cual pondrá a la Argentina en una situación extremadamente compleja.

Según publicó hoy El Cronista, Juan Ignacio Paolicchi, de EcoGo, hizo un cálculo similar: con un tipo de cambio de hoy de $ 37,50, llega a 91,5%, que, para fin de año con un dólar estimado en $ 44 lleva el ratio a 107,4%”.

Si bien en la región, Brasil figura como el país más endeudado, es necesario aclarar que allí se contempla también la deuda privada. Situación distinta a la de Argentina.

 

 

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