Tag

Naturaleza

Browsing

Únicos en casi todos los sentidos, son los menos violentos de los grandes felinos. Incluso los machos, en su competición por las hembras, es raro que se enfrenten.

Únicos en casi todos los sentidos, los guepardos son los menos agresivos de los grandes felinos, así que, en algunos lu­gares, se permite a los turistas aproximarse a ellos. Esto no solo es muy cuestionable desde el punto de vista del bienestar animal, sino que entraña riesgos.

En 2013, durante un viaje por Sudáfrica, el actor Adam Sandler –Coneheads, The Waterboy, Un papá genial, Ejecutivo agresivo, Mr. Deeds— decidió visitar una reserva de vida salvaje y conocer a los guepardos de primera mano. Mientras se encontraba agachado junto a un cauce, Sandler sufrió la embestida de uno de ellos. El ataque, que fue grabado en vídeo, no tuvo consecuencias, pero al actor no le quedaron ganas de repetir la experiencia.

En estado salvaje, los guepardos rara vez atacan. Son animales solitarios y suelen evitar a sus congéne­res. Incluso en la época de apareamiento, cuando los machos compiten entre ellos y persiguen a las hem­bras, es raro que se enfrenten. Randall L. Eaton, uno de los biólogos que más ha estudiado su etología, señala que las observaciones de combates serios entre guepardos se pueden contar con los dedos de una mano. Los que se sienten amenazados se agachan, aplastan las orejas y gruñen con la boca abierta, pero siempre tratan de eludir la pelea. Para un animal que depende de su ra­pidez para cazar –es el mamífero terrestre más rápido del mundo–, cualquier herida, por pequeña que sea, puede suponer una sentencia de muerte. Pese a su poca agresividad, son los mamíferos más veloces de la Tierra. Una ventaja dada precisamente por sus garras: son semiretráctiles, lo que les sirve para favorecer su aceleración. En cambio, las garras de los otros felinos son totalmente retráctiles. para desgarrar mejor la carne y trepar mejor a los árboles.

Su gran velocidad les es efectiva para cazar, y para ello necesitan grandes espacios abiertos y una buena visibilidad. El guepardo suele moverse a una velocidad de 45 kilómetros por hora y durante la persecución a su presa puede alcanzar los 110 kilómetros por hora. Una vez alcanzada la presa, ingieren a gran velocidad hasta 10 kilos de carne de una sentada. El motivo es que es posible que otros depredadores les roben la presa mientras se recuperan de la extenuante carrera, para lo cual necesitarán emplear entre 5 y 50 minutos. Sus presas favoritas son los antílopes.

Pese a que el guepardo no es agresivo, sí que mantiene estrategias de protección muy radicales, especialmente las hembras con cachorros. Algunas son capaces de permanecer durante todo un día sin alimentarse, para estar vigilando constantemente el entorno. Este comportamiento, además de ayudarles evitar ataques de otros depredadores, les permite divisar posibles presas. Los leones, los leopardos y las hienas son posibles enemigos; estos animales no dudarían en matar a un cachorro de guepardo si sintieran la necesidad.

Lamentablemente, las interferencias humanas también hacen mella en las costumbres del guepardo. El turismo interfiere en su capacidad para cazar, y se calcula que debido a ello los guepardos pueden perder de 1 o 2 presas de cada 10 que acechan.

Fuente: Muy Interesante

En los años 70, los científicos detectaron que la capa de ozono, una región estratosférica que protege a la Tierra de las radiaciones ultravioleta, adelgazaba peligrosamente por el uso de ciertos productos químicos

En una franja situada entre 20 y 30 kilómetros sobre nuestras cabezas, en una región de la atmósfera conocida como estratosfera, la capa de ozono protege a la Tierra de las radiaciones ultravioleta dañinas (UV-B) procedentes del Sol.

¿Y por qué es tan vital esta capa? Sencillamente, sin ella, la vida en la Tierra no sería posible. De no tener una capa protectora frente a la radiación nociva, la vida sobre la superficie de nuestro planeta nunca hubiera prosperado, y jamás hubiera salido de los océanos.

De hecho,a principios de 2018 se publicó un  estudio que concluía que la extinción masiva del Pérmico-Triásico, la mayor de toda la historia del planeta, y tras en la cual desapareció el 96% de las especies terrestres estuvo provada, en parte, por una grave disminución del grosor de la capa de ozono.

En la década de los setenta, los científicos observaron por primera vez que ciertos productos químicos podían dañar la capa de ozono, reduciendo su grosor y, por lo tanto, su eficacia como pantalla protectora.

Y lo que es más grave, detectaron que sobre la  Antártida el adelgazamiento de esta capa era tan intenso que, a efectos prácticos, se estaba formando una especie de “agujero” en la capa de ozono que podía tener efectos catastróficos. Investigaciones posteriores revelaron que los principales causantes de la reducción del ozono eran los compuestos clorofluorocarbonados (CFCs), presentes sobre todo en sprays, sistemas de refrigeración y aires acondicionados.

Poco más tarde, llegaron las reacciones políticas, y decenas de países se han reunido a lo largo de las últimas dos décadas del siglo XX y primeros años del XXI para adoptar medidas globales de emergencia, creando diversos protocolos, como el de Montreal, firmado en 1987.

Alarmados ante la predicción de que en el año 2100 la temperatura media del planeta podría aumentar  entre uno y medio y cinco grados centígrados en caso de duplicarse la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, 195 países firmaron en el acuerdo de París contra el cambio climático, del que luego EEUU se desligaría bajo la administración  Trump.

Un mayor déficit de ozono en la atmósfera, si bien no causaría una extinción inmediata, provocaría un importante incremento de los casos de cáncer de piel cataratas. Además, el aumento en las radiaciones ultravioleta en la  Tierra reduciría drásticamente los niveles de fitoplancton, base de la pirámide alimenticia en los océanos, afectando a la biodiversidad.

Los daños en la capa de ozono también tendrían efectos negativos sobre el crecimiento de las plantas, con importantes repercusiones en la agricultura.

Según los expertos, esta capa registra actualmente “una progresiva pero lenta recuperación”, y habrá que esperar hasta 2050 para igualar los niveles anteriores a los años ochenta. Las perspectivas son más pesimistas en el área antártica, donde se estima que hasta 2065 no se alcanzarán los niveles esperados.

Fuente: Muy Interesante

Hace tres años, el lugar que ves ilustrando estas líneas no existía. De repente, un volcán bajo el agua entró en erupción en el Pacífico Sur y, después de que el humo y las cenizas se dispersaron, una nueva masa de tierra había aparecido: una isla que nadie había visto antes. Así nació la isla volcánica Hunga Tonga, ubicada entre dos islas polinesias deshabitadas que forman parte del Reino de Tonga.

En los últimos 150 años, solo tres islas volcánicas han surgido así y sobrevivieron apenas unos pocos meses, siendo la más famosa de ellas Surtsey, que apareció frente a la costa sur de Islandia durante una erupción que comenzó en 1963.

Sin embargo, Hunga Tonga es diferente. Es el único tipo de isla que ha emergido en la era de los satélites modernos, lo que nos da una nueva forma de estudiar cómo evolucionan estas masas de tierra rocosa. De hecho, los científicos ya están utilizando datos satelitales para aprender todo lo posible sobre ella, antes de que la erosión la haga desaparecer de nuevo bajo las aguas.

Hay una gran cantidad de material que salió de esta erupción, posiblemente más grande que en Surtsey”, comenta la geóloga Vicki Ferrini de la Universidad de Columbia (EE. UU.), que está estudiando la isla junto a investigadores de la NASA.

Al principio, los científicos estaban convencidos de que Hunga Tonga duraría unos meses antes de desaparecer, pero la isla, que abarca unas 200 hectáreas y 120 metros de extensión sobre el océano, podría sobrevivir incluso 30 años.

Usando datos satelitales actualizados en tiempo real, el equipo de científicos está desarrollando mapas tridimensionales de la topografía de la isla, estudiando sus cambiantes costas y la cantidad de tierra que se encuentra sobre el nivel del mar.

Nuestro interés es calcular cuánto cambia el paisaje tridimensional con el tiempo, particularmente su volumen“, dice el científico jefe del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA, Jim Garvin. “Es el primer paso para comprender las tasas de erosión y los procesos y para descifrar por qué persistió más de lo que la mayoría de la gente esperaba”.

Estos datos podrían informarnos sobre el comportamiento de tierras volcánicas que existen mucho, mucho más lejos, como en Marte.

“Todo lo que aprendemos sobre lo que vemos en Marte se basa en la experiencia de interpretar los fenómenos de la Tierra”, dice Garvin. “Creemos que hubo erupciones en Marte en un momento en que había áreas de aguas superficiales persistentes. Podríamos utilizar esta nueva isla de Tonga y su evolución como una forma de probar si alguna de ellas representaba un entorno oceánico o un lago efímero”.

Hay poco tiempo

Nadie sabe con certeza cuánto tiempo resistirá esta isla volcánica, pero sabemos que no vivirá para siempre, debido a los inestables acantilados de ceniza solidificada de Hunga Tonga que se erosionarán por completo en los próximos años.

Los hallazgos fueron presentados en la Reunión de Otoño 2017 de la Unión Geofísica Americana en Nueva Orleans esta semana.

NOTA: Si haces una búsqueda de ‘Hunga Tonga’ en la vista normal de Mapas de Google Maps, verás una ilustración obsoleta de dos islas separadas por una extensión de agua azul; pero si te mueves a la vista de satélite, la isla recién nacida se nos revela en todo su esplendor.

Fuente: Muy Interesante

Los bosques pierden cada año unos 15.000 millones de ejemplares.

Un grupo internacional de científicos concentrados en la Universidad de Yale (EE.UU.) ha estudiado la cantidad total de árboles en la Tierra. Para su sorpresa, las cifras resultan ser mucho más altas de lo que esperaban: nuestro planeta cuenta con más de tres billones de árboles, siendo Canadá el país con más ejemplares (318.180.524.032).

Para llegar a conocer estas cifras, que se traducen en 422 árboles por persona, los investigadores han tenido que recurrir a la estimación de la cantidad total, ya que los satélites empleados solo pueden observarlos desde una gran altura. Según el informe, publicado en la revista Nature, las imágenes de satélite revelan que existen aproximadamente 400.000 millones. “Así, combinamos estos datos con la información obtenida de la medición sobre el terreno de casi 430.000 bosques en más de 50 países”, comenta Thomas Crowther, autor principal del estudio.

A continuación, hicieron coincidir el recuento de número de árboles con las imágenes de satélite de los mismos espacios forestales, pudiendo trazar de esta manera tipos similares de bosques por cada kilómetro cuadrado del resto de la superficie de la Tierra.

Pero, ¿realmente son esto buenas noticias? Según los expertos, no es algo de lo que haya que presumir, teniendo en cuenta que los bosques se reducen a un ritmo vertiginoso, perdiendo cada año unos 15.000 millones de ejemplares. Ante los resultados de la investigación, los expertos han alertado de que en 2415 acabarían por desaparecer todos los árboles del mundo.

¿Y en España?

El Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) también ha querido averiguar la cantidad de árboles que llenan de vida el territorio español. Para ello, ha realizado un análisis de los registros españoles. Según datos del tercer inventario forestal (IFN3) hay un total de 6.971.283.041 árboles, lo que equivaldria a 245 ejemplares por persona. Hay que tener en cuenta que los jóvenes que no llegan a 75 mm de diámetro normal no se han considerado en el recuento.

La comunidad autónoma que contiene más árboles es Castilla y León, seguida de Cataluña.El motivo, según Jordi Vayreda, investigador del CREAF, es que “Cataluña, además de ser un territorio con mucha superficie forestal, tiene muchos árboles por hectárea”. De hecho, esta región es una de las que cuenta con mayor densidad de árboles, concretamente 637, junto con La Rioja y Cantabria. La encina es la especie que predomina en todo el país, con un 19,12 por ciento de los árboles totales.

Fuente: Muy Interesante

 

Probablemente la mayoría erraría a la hora de dar una respuesta a esta pregunta. Este es el animal que vuela más rápido.

¿Cuál es el animal que vuela más rápido? Si has pensado que probablemente se trate del halcón peregrino ibas bien encaminado, pero no has acertado. Un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Ornitología en Radolfzell (Alemania) ha descubierto que existe un nuevo favorito entre los animales más veloces del cielo. Sin embargo, no es un ave.

¿No es un ave? El mayor acróbata del aire no es un halcón peregrino (alcanza los 389 kilómetros por hora -en picado, eso sí-, ni un vencejo común (alcanza los 116 kilómetros por hora). Es… un murciélago: el murciélago sin cola de Brasil (Tadarida brasiliensis) ostenta el récord actual de animal más veloz en vuelo horizontal, ya que supera los 160 kilómetros por hora.

La forma aerodinámica de su cuerpo y unas alas más largas que el promedio de otras especies de murciélagos, representan la combinación perfecta para alcanzar velocidades tan asombrosas, compensando la resistencia al aire que ofrece su cuerpo. Eso sí, las hembras son un poco más veloces que los machos, ya que pesan algo menos: unos 11 gramos (los machos unos 14 gramos).

Lo curioso es que debido a la estructura de sus alas, los murciélagos generan mayor resistencia al aire, y generalmente se consideran voladores más lentos. Aquí tenemos la excepción a la regla.

Los animales con alas largas y estrechas por lo general vuelan más rápido que aquellos que cuentan con alas más cortas y anchas. Por esta razón, los científicos seleccionaron este tipo de murciélago para su estudio. Los propios expertos se sorprendieron por sus resultados: “Inicialmente, no podíamos creer nuestros datos, pero eran correctos: a veces, las hembras, que pesan entre 11 y 12 gramos, volaban a velocidades de más de 160 kilómetros por hora. Un nuevo récord para el vuelo horizontal”, según Kamran Safi, coautor del trabajo.

Los datos sobre las velocidades de vuelo de los murciélagos se recogieron utilizando un transmisor de radio que pesaba sólo medio gramo y que fue adherido a la espalda del animal con un adhesivo (que se desprendió solo tras varios días). La señal se localizó utilizando un receptor móvil instalado en un pequeño avión. “No fue fácil para el piloto seguir a los animales y medir su trayectoria de vuelo continuamente”, explica Dina Dechmann, coautora del trabajo. Los científicos también evaluaron los datos registrados por la estación meteorológica más cercana y anotaron las condiciones de viento en el momento de los vuelos estudiados.

Fuente: Muy Interesante

 

Su nombre científico es Synanceia horrida y habita en aguas tropicales de los océanos Índico y Pacífico

En el mundo submarino, no tienes que ser la criatura más grande para ser la mayor amenaza. El pez piedra o pez roca, que alcanza una longitud promedio de 30 a 40 centímetros y hasta 2 kg de peso, es el pez más venenoso del mundo, portando sacos venenosos en cada una de sus 13 espinas.

Aunque la amenaza para los buceadores responsables es minúscula, os contamos 5 datos que desearás conocer sobre estas interesantes y tóxicas criaturas submarinas (si te las encuentras).

1. Hay cinco especies de pez piedra que se pueden encontrar en las regiones costeras de los océanos del Indo-Pacífico.

2. Como el pez más venenoso en el mar, la mayoría asumiría que el pez piedra mata a su presa usando el veneno en sus espinas, pero este no es el caso. En cambio, el pez piedra captura a su presa con gran velocidad. Para cazar a la que va a ser su comida, los peces piedra esperan a que aparezca la presa y luego nadan rápido y la atacan velozmente. ¡El ataque puede durar apenas 0.015 segundos! Cuando no persigue a su presa, el pez piedra normalmente nada muy muy lentamente.

3. Tiene excelentes capacidades de camuflaje, por lo que el pez piedra puede ser difícil de distinguir. Si te gusta bucear, por supuesto que es emocionante detectar las criaturas que mejor se camuflan, pero recuerda prestar atención a lo que se esconde en el fondo rocoso o el coral.

4. No entres en pánico si lo ves, el pez piedra no se desviará de su camino para atacarte, sino que usará su veneno como mecanismo de defensa contra los depredadores. El veneno generalmente se libera cuando se aplica presión a la espina del pez piedra, lo que significa que el veneno se emite con más frecuencia cuando el pez piedra es atacado por un depredador o pisado por un humano. Nunca irá directo a atacar a un humano. Si por alguna razón accidentalmente pisas un pez piedra, busca tratamiento inmediato, ya que el veneno puede causar dolor severo, insuficiencia cardíaca e incluso la muerte si no se trata. El agua caliente se puede usar como alivio temporal; sin embargo, es esencial buscar atención médica y disponer de un antídoto.

5. El pez piedra puede sobrevivir hasta 24 horas fuera del agua, lo que es un rasgo poco común entre los peces.

Apariencia física

Fiel a su nombre, el pez piedra parece estar formado por rocas encostradas o escombros en el fondo del mar. Pero si se observa detenidamente, veremos algunas características interesantes, como que la mayoría son de color marrón o gris con manchas amarillas, anaranjadas o rojas en su cuerpo.

Fuente: Muy Interesante

¿Cómo de baja es la temperatura más fría a la que puede llegar la Tierra? Al parecer, más fría de lo que pensábamos.

Un nuevo estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters muestra que el análisis de los datos de satélite evidencian que los valles en las capas de hielo de la Antártida pueden alcanzar cerca los -100 ºC. Esto es significativamente inferior al registro de – 93 grados Celsius observado en la misma área.

Los científicos alcanzaron este nuevo dato tras analizar de nuevo las lecturas de los satélites de observación de la Tierra. En 2013, un equipo de científicos del Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de la Universidad de Colorado Boulder (EE.UU.) anunció haber encontrado temperaturas superficiales de -93ºC en varios puntos de la Meseta Antártica Oriental; ahora, al recalibrar estas lecturas con datos actualizados tomados de estaciones meteorológicas en el terreno, han descubierto que los sitios más fríos en realidad son mucho más fríos de lo se creía: alcanzan los -98ºC.

Estas temperaturas se observan durante la noche del Polo Sur y “parecen ser tan bajas como es posible alcanzar”, según el equipo internacional de investigadores que trabajaron en el estudio. Dichas temperaturas bajo cero se mantienen hasta 3 metros de profundidad.

El nuevo estudio de los datos también arrojó algo interesante acerca de cómo se producen estos mínimos récord: para alcanzar este punto bajo no solo son necesarios cielos despejados, sino que el aire también debe ser extremadamente seco, porque cualquier vapor de agua en el aire tiende a calentarlo, aunque ligeramente.

 

Los científicos analizaron los datos de los satélites Terra y Aqua de la NASA, además de los satélites ambientales Polar de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration’s), registrados entre 2004 y 2016. Los mayores descensos de temperatura ocurren durante la noche durante el invierno en el hemisferio sur, que se corresponden con los meses de junio, julio y agosto.

Los investigadores afirman que la temperatura podría descender aún más, aunque se necesitaría una inusual cantidad de cielos despejados y aire seco para conseguirlo.

Encontraron docenas de sitios con temperaturas tan frías; sin embargo, teniendo en cuenta que la misma temperatura se registró en varios lugares a lo largo del glaciar, incluso a muchos cientos de kilómetros de distancia, los científicos creen que este podría ser el límite de temperatura más baja en la Tierra.

Y podría ser un registro que no se rompa en mucho, mucho tiempo.

El aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera y los niveles elevados de vapor de agua como resultado, representa que las condiciones necesarias para temperaturas súper frías son cada vez más raras.

“Los procesos radiactivos que controlan las bajas temperaturas de la superficie y del aire, y la composición cambiante de la atmósfera, implican que en el futuro podemos ver menos eventos de temperaturas extremadamente extremas”, escriben los autores.

Fuente: Muy Interesante

 

El recorte de emisiones de carbono no es suficiente. El calentamiento global hará inhabitables algunas zonas del planeta.

El planeta necesita urgentemente una transición a una economía verde porque la contaminación por combustibles fósiles corre el riesgo de empujar a la Tierra a un estado de “invernadero” irreversible y peligroso, según ha advertido un equipo de expertos.


Si el hielo polar continúa derritiéndose, los bosques se reducen y los gases de efecto invernadero se elevan a nuevos niveles, como ocurre actualmente cada año, 
la Tierra pasará por un punto de inflexión.

Un equipo internacional de científicos ha publicado un estudio en la revista Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) que demuestra que incluso si se cumplen las reducciones de emisiones de carbono exigidas en el Acuerdo de París, existe el riesgo de que la Tierra entre en lo que los científicos llaman estado de “Tierra Invernadero”. El clima de esta “Tierra de invernadero” se estabilizará a largo plazo a un promedio global de 4-5 °C más alto a las temperaturas preindustriales con un nivel del mar 10-60 metros más alto que hoy en día. Los autores concluyen que es muy urgente acelerar la transición hacia una economía mundial libre de emisiones.

“Las emisiones humanas de gases de efecto invernadero no son el único factor determinante de la temperatura en la Tierra. Nuestro estudio sugiere que el calentamiento global inducido por el hombre -de 2 ° C- puede desencadenar otros procesos, a menudo llamados“retroalimentaciones”, que pueden generar un mayor calentamiento si no dejamos de emitir gases de efecto invernadero. Evitar este escenario requiere una redirección de las acciones humanas desde la explotación hasta la administración del sistema de la Tierra”, comenta Will Steffen de la Australian National University y Stockholm Resilience Center y líder del trabajo.

El escenario

Una cascada de hielo derretido, mares templados, corrientes cambiantes y bosques moribundos podrían hacer que la Tierra se convirtiese en un “invernadero” donde los esfuerzos humanos para reducir las emisiones serían cada vez más inútiles.

Esta sombría perspectiva está esbozada en dicho trabajo, que considera las consecuencias combinadas de 10 procesos de cambio climático, incluida la liberación de metano atrapado en el permafrost de Siberia y el impacto de la fusión del hielo de Groenlandia en la Antártida.

Los autores subrayan que este camino “casi con seguridad inundaría los ambientes deltaicos, aumentaría el riesgo de daños por las tormentas costeras y eliminaría los arrecifes de coral (y todos los beneficios que brindan a las sociedades) para finales de este siglo o antes“.

“Espero que estemos equivocados, pero como científicos tenemos la responsabilidad de explorar si esto es real. Necesitamos saberlo ahora”, explica Johan Rockström, director ejecutivo del Stockholm Resilience Center y coautor del estudio.

Estudios previos han demostrado que el debilitamiento de los sumideros de carbono agregará 0,25ºC, la extinción del bosque añadirá 0,11ºC, el descongelamiento por permafrost sumará 0,9ºC y el aumento de la respiración bacteriana agregará 0.02ºC.

Rockström dice que hay enormes lagunas en los datos y el conocimiento sobre cómo un proceso puede amplificar otro. Al contrario de la teoría de Gaia, que sugiere que la Tierra tiene una tendencia a la auto corrección, dice que las retroalimentaciones podrían llevar al planeta a un estado más extremo.

Como ejemplo, los autores dicen que la pérdida de hielo de Groenlandia podría alterar la corriente oceánica de la Corriente del Golfo, lo que elevaría los niveles del mar y acumularía calor en el Océano Austral, lo que a su vez aceleraría la pérdida de hielo de la Antártida oriental.


Actualmente, las temperaturas promedio mundiales están alrededor de 1ºC por encima de los niveles preindustriales y 
aumentan a 0,17ºC por década. El acuerdo climático de París estableció acciones para mantener el calentamiento limitado a 1.5C-2C a finales de siglo, pero los científicos advierten que podría ser necesaria una acción más drástica.

“La ola de calor que tenemos ahora en Europa no es algo que se espere con solo 1ºC de calentamiento”, dice Rockström. “Varios ciclos de retroalimentación positiva ya están en funcionamiento, pero aún son débiles. Necesitamos más estudios para mostrar cuándo podrían causar un efecto de escape“.

Fuente: Muy Interesante

 

Un estudio con carboneros comunes demuestra que la exposición a cadmio y plomo les quita vitalidad y, a la vez, les provoca agresividad.

El carbonero común, (Parus major), es una pequeña ave insectívora cuyo vivo plumaje amarillo se puede avistar por toda España y buena parte de Europa. La abundancia y los rasgos definidos de carácter que exhibe esta paseriforme la convirtieron en un sujeto de estudio ideal para los investigadores de la Universidad de Amberes, en Bélgica, que intentaban averiguar si la ingesta de metales pesados afectaba de algún modo la personalidad de las aves, como sí ocurre con los seres humanos. Porque la exposición a estas sustancias tóxicas produce en las personas desde irritabilidad y fatiga extrema a depresión.

Los científicos belgas observaron y grabaron los hábitos de carboneros comunes que vivían junto a las instalaciones de la compañía Umicore, una refinería y fundición de metales con abundantes emisiones de plomo y cadmio, entre otros contaminantes. El experimento consistió en capturar 250 ejemplares de distintos emplazamientos –más cercanos y más lejanos a las instalaciones fabriles– y examinar cómo se comportaban en el laboratorio. Y así descubrieron que los carboneros con mayor contacto a los metales pesados, según pudieron comprobar analizando la composición química de sus huevos y sus plumas, se mostraban más inactivos. El plomo y el cadmio habían “apagado” su natural propensión a sentir curiosidad, a explorar el entorno.

¡Fuera de mi nido!

Pero no fue el único cambio de personalidad detectado por los expertos de la Universidad de Amberes. En la segunda fase del estudio, marcaron a los ejemplares capturados y los devolvieron a su entorno original, donde volvieron a observar sus hábitos y reacciones no solo ante los estímulos naturales, sino también ante otros inducidos por los científicos, como la introducción de un pájaro de peluche en sus nidos o la reproducción de cantos grabados para incitarles a creer que les rondaba un competidor. Así pudieron comprobar que los machos más agresivos frente al señuelo eran justamente los que vivían más cerca de las instalaciones de Umicore. De una manera similar, las hembras vecinas a la refinería eran las que demostraban un comportamiento más protector en sus nidos.

En resumen: el plomo y el cadmio volvían a los carboneros comunes, a la vez, más decaídos e irritables. Y este trastorno de carácter, de acuerdo con los investigadores, les hace más vulnerables a sus depredadores.

A dieta de plástico

Desgraciadamente, los metales no son la única amenaza alimenticia para las aves. Otros informes recientes señalan, por ejemplo, que más del 80% de las especies marinas han introducido el plástico –bolsas, tapones de botellas, etcétera– en su dieta habitual, y que el porcentaje se disparará al 99% de aquí a 2050. Parece ser, según un estudio publicado en 2016, que lo confunden con comida debido al olor: al descomponer los desechos en el mar, los microbios generan una sustancia fragante llamada sulfuro de dimetilo. Y al ingerir el plástico, las aves pueden sufrir obstrucción intestinal, intoxicación o malnutrición.

Fuente: Muy Interesante

Hasta cinco estudios se han publicado sobre la evolución, estado actual y futuro de este continente. El proceso no ha parado de acelerarse.

La Antártida ha perdido 3 billones de toneladas de hielo desde 1992, y esa pérdida de hielo se ha acelerado rápidamente en los últimos cinco años, así lo resaltan hasta cinco estudios que ha publicado esta semana la revista Nature Research.

En uno de los estudios más completo hasta la fecha sobre el estado de congelación del continente, un grupo internacional de 84 investigadores analizó datos de múltiples encuestas satelitales, desde 1992 a 2017.

Descubrieron que la Antártida actualmente está perdiendo hielo unas tres veces más rápido de lo que lo hizo hasta 2012, alcanzando una tasa de más de 241.000 millones de toneladas (219 mil millones de toneladas métricas) por año. La pérdida total de hielo durante el período de 25 años contribuyó al aumento del nivel del mar de aproximadamente 8 milímetros y alrededor del 40%, esto es, 3 mm, ocurrió en los últimos cinco años.

Los milímetros de aumento del nivel del mar pueden no parecer mucho, pero estudios anteriores sugirieron que las enormes capas de hielo de la Antártida no se iban a ver afectadas por el cambio climático. Ahora, los nuevos hallazgos insinúan que la capa de hielo del continente puede no ser tan resistente al calentamiento como se pensaba, y presentan una imagen muy diferente de las posibles contribuciones de la Antártida a un océano en ascenso.

Tengamos esto en cuenta: si todo el hielo de la Antártida se derritiera, el agua resultante podría elevar el nivel del mar a niveles de aproximadamente 58 metros, según los investigadores.

En conjunto, los estudios publicados evalúan las condiciones pasadas y presentes en la Antártida para determinar el impacto del cambio climático y la actividad humana en el continente y presentar estrategias para el futuro de su ecología y geología.

Para el nuevo estudio, los científicos combinaron datos de tres tipos de mediciones satelitales para rastrear los cambios en el hielo con el paso del tiempo. Los satélites que escanearon el hielo antártico con altímetros reunieron pruebas científicas sobre su volumen; otro tipo de medición satelital rastreó la velocidad del flujo glacial en el océano; y un tercer tipo de observación calculó la gravedad de las masas de tierra alrededor del planeta, pesando las capas de hielo en su totalidad.

Por sí solas, cada una de estas técnicas contenía incertidumbres; ciertos factores como la nieve variable en la parte superior del hielo o los cambios en la roca, podrían afectar las mediciones del satélite.

“Las mediciones satelitales nos dicen que la capa de hielo es mucho más dinámica de lo que solíamos pensar”, comentó Andrew Shepherd, profesor de la Universidad de Leeds.

“Si echas un vistazo al primer informe de evaluación del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) hace 30 años, antes de que tuviéramos mediciones satelitales de las regiones polares, verás que no se esperaba que las capas de hielo respondieran al cambio climático. El consenso general en glaciología fue que las capas de hielo no podían cambiar rápidamente, pero ese no es el caso”, dijo Shepherd.


El mayor cambio en la pérdida anual de hielo fue en la Antártida Occidental, con un promedio de alrededor de 58.000 millones de toneladas en los años previos a 2012, luego se disparó a 175.000 millones de toneladas por año en los cinco años posteriores. Mientras tanto, 
en la Península Antártica, la tasa anual de pérdida de hielo aumentó de unas 7.000 millones de toneladas de 1992 a 2012 a 36.000 millones de toneladas de 2012 a 2017, en gran parte debido al colapso de las plataformas de hielo.

Derretimiento acelerado


A pesar de que la Antártida está cubierta de hielo durante todo el año, sus capas de hielo retroceden y avanzan en ciclos anuales, un patrón que ha persistido durante miles de años. Pero
las pistas del registro geológico sugieren que el cambio climático que conduce la pérdida de hielo en la Antártida está yendo mucho más rápido que durante sus períodos de pérdida de hielo en el pasado distante.

Fuente: Muy Interesante