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Nahuel Huapi

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Los jabalíes ocupan cerca del 70% de la superficie del Parque Nacional Nahuel Huapi. El dato se desprende de un importante trabajo que están llevando adelante investigadores del Conicet.

“La especie se encuentra en gran parte del Parque. Estos animales necesitan mucha agua, por lo tanto siempre merodean en inmediaciones de ríos y lagos”, informó a ANB Sebastián Ballari, investigador del Conicet.

El especialista agregó que están principalmente en sectores de bosque de coihue y lenga, aunque también ocupan lugares de matorrales y estepa.

Ballari trabaja hace un año en la conformación de un mapa de distribución de los jabalíes en el Parque Nahuel Huapi.

Las tareas consistieron en la recolección de datos sobre registros de presencias de los animales. Para esto se llevaron adelante recorridas a pie y en camionetas, identificando huellas y hozadas en el suelo.

“La especie abarca una amplia superficie porque necesita mucha agua, y en la zona existe una gran cantidad de ríos y lagos”, señaló Ballari, quien realiza el trabajo con otros investigadores del Conicet y la colaboración de Parques Nacionales.

El mapa estará finalizado en aproximadamente dos meses. Allí se podrá visualizar con precisión la distribución de los jabalíes en todo el Parque.

Ballari sostuvo que los animales suelen circular en grupos de entre cuatro y ocho ejemplares. “Generalmente son hembras con sus crías y algunos machos”, especificó.

“Es una especie que está en pleno crecimiento tanto en la región como en el resto del país”, añadió. “En los últimos años viene aumentando el número de animales y la cantidad de terreno ocupado”, indicó.

El investigador remarcó que el jabalí se encuentra presente en una importante parte del territorio argentino, incluyendo Buenos Aires, Chubut, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, Mendoza, Neuquén, San Juan, San Luis, Santa Fe y Santiago del Estero.

“Es una especie invasora que está en aumento en todo el país e incluso se encuentra invadiendo nuevas áreas”, subrayó.

“Pueden recorrer distancias grandes en busca de alimento. Se trata de un animal crepuscular que sale a la tarde-noche, mientras que durante el día reposa”, describió Ballari.

El especialista aclaró que en el afán de buscar alimento puede convivir e interactuar con las personas. “Otros animales son más asustadizos, y huyen de la gente y del movimiento. No es el caso del jabalí”, precisó.

Un ataque que reactivó la problemática

El salvaje ataque de un jabalí a un perro reavivó el viernes pasado el problema  que existe en Bariloche desde hace muchos años por la presencia de una gran cantidad de estos animales depredadores.

Ocurrió en el barrio Costa del Sol, lo cual generó un gran temor entre los vecinos de la zona, quienes vienen advirtiendo sobre la presencia de estos animales.

Los peligros

Los jabalíes son transmisores de potenciales enfermedades infecciosas y parasitarias que pueden afectar al hombre y otros animales, entre las que se encuentran la trichinelosis, la leptospirosis y la brucelosis.

Ballari sostuvo que, además, provocan diversos impactos negativos en el medio ambiente. Afecta la supervivencia de especies de plantas nativas por herbivoría y destrucción de semillas; facilita la invasión de plantas exóticas; compite por recursos con especies nativas; depreda aves caminadoras y destruye sus nidos; aumenta la degradación del suelo; y es un importante vector de parásitos y enfermedades que potencialmente pueden afectar a especies nativas y al hombre.

Asimismo, en zonas productivas provoca daños por consumo de plantaciones agrícolas y puede depredar sobre crías de ganado.

En sectores urbanos y suburbanos pueden existir serios problemas con el atropellamiento de animales.

¿Cómo llegó a Bariloche?

El jabalí fue introducido en Argentina por Pedro Luro en 1905, con el fin de incorporarlo a sus cotos de caza. En un primer momento, lo instalaron en terrenos ubicados en La Pampa.

La especie allí comenzó a reproducirse rápidamente. Su población creció de manera exponencial. Empezaron a dispersarse fuera de los lotes destinados a los cotos de caza en diversas direcciones.

Llegaron a Neuquén, desde donde se trasladaron hacia el sur, hasta llegar a Río Negro. Muchos se quedaron en el Parque Nacional Nahuel Huapi. Con el correr de los años fueron reproduciéndose hasta transformarse en una plaga que se tornó muy difícil de controlar.

 

ANB