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Un nuevo estudio científico publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine habla del beneficio adicional del uso de las mascarillas durante la pandemia de covid-19. Las mismas podrían actuar como elemento de variolización, es decir, generarnos una especie de inmunidad al virus.

En este episodio, el doctor Elmer Huerta analiza el estudio y nos refresca los conocimientos sobre el término variolización.

Puedes escuchar este episodio en Apple Podcasts, Spotify o tu plataforma de podcast favorita, o leer la transcripción a continuación.

Hola, soy el Dr. Elmer Huerta y esta es su diaria dosis de información sobre el nuevo coronavirus, información que esperamos sea de utilidad para cuidar de su salud y la de su familia.

Hoy veremos qué otra ventaja, además de evitar el contagio, brinda el uso de la mascarilla.

El uso de las mascarillas para la prevención del contagio del nuevo coronavirus fue rápida y masivamente adoptado por la población de países asiáticos.

Se cree que experiencias previas con epidemias influyeron mucho para que esas poblaciones adoptaran inmediatamente el uso de las mascarillas.

El mundo occidental, sin embargo, ha pasado por diversos momentos en su adopción.

El uso de las mascarillas

Al inicio de la pandemia, y siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos, el uso de la mascarilla fue únicamente recomendado para las personas con síntomas de alguna enfermedad respiratoria.

No fue sino hasta el 3 de abril que los CDC cambiaron su postura, y recomendaron que toda la población de Estados Unidos usara mascarilla para evitar que aquellos individuos que tengan el nuevo coronavirus sin saberlo, o tener síntomas, contagien a otros.

La OMS tardó mucho más. Fue recién el 5 de junio que cambió su postura y recomendó también el uso universal de las mascarillas.

Entretanto, debido a ese retraso y a los vaivenes de la política, la mascarilla se convirtió, por lo menos en Estados Unidos, en un signo de división política.

El asunto es, como lo describimos en los episodios del 26 de abril y del 23 de junio, que las mascarillas han probado ser elementos esenciales en la prevención del contagio del nuevo coronavirus.

En ese sentido, las mascarillas no solamente actúan como una barrera física para que la persona que la use no se contagie. Sino que hace el trabajo inverso, es decir, impide que una persona sintomática o asintomática, pueda contagiar a los demás.

Pero ahora, investigadores de la Universidad de California en San Francisco plantean una interesante hipótesis publicada en el New England Journal of Medicine del 8 de septiembre, que establece que las mascarillas actúan como un elemento de variolización, haciendo que si nos infectamos usándola, la enfermedad que adquirimos sea asintomática.

Veamos en qué consiste ese antiguo concepto de la variolización.

¿Qué es la variolización?
La viruela fue, desde la antigüedad, una plaga que afectaba a todas las capas de la sociedad.

En el siglo XVIII en Europa, 400.000 personas morían anualmente de viruela y un tercio de los supervivientes quedaban ciegos.

La mayoría de los supervivientes quedaban con cicatrices desfigurantes y entre 20% y 60% de los enfermos morían.

En los niños pequeños, la mortalidad era aun mayor, calculándose que a fines del siglo XIX llegaba a 80% en Londres y 98% en Berlín.

Debido a su alta mortalidad y a severas secuelas estéticas, la humanidad trató desde tiempos inmemoriales de desarrollar algún tipo de tratamiento preventivo contra la enfermedad.

Se piensa que, en algún lugar de África, China o la India, los practicantes médicos desarrollaron un método de control de la enfermedad a la que llamaron variolización, cuyo fundamento era la observación de que una persona que sufría de la enfermedad se volvía inmune a ella, es decir, no volvía a enfermarse jamás.

La inmunidad por exposición
Movidos por razonamientos desconocidos, la variolización consistía en obtener material fresco de las ampollas causadas por la viruela e inyectarlas mediante un raspado en la piel de personas sanas para evitar la enfermedad.

Práctica común en Asia, la variolización llegó a Europa a comienzos del siglo XVIII, llevada por las clases aristocráticas de la corte inglesa.

A pesar de que la variolización causaba enfermedad y muerte en algunos sujetos sometidos a ella. Esas cifras eran mucho menores que las causadas por la enfermedad natural, por lo que su práctica se extendió en Europa y América, y se convirtió en el principal modo de combatir esa grave enfermedad.

Fue en 1796, cuando el médico inglés Edward Jenner observó que las mujeres que ordeñaban vacas y adquirían la viruela de las vacas eran también inmunes a la viruela humana, que se inventó la vacuna, haciendo posible que en 1975 se erradicara la viruela del mundo.

Pero volviendo a la variolización, este era un método que no eliminaba completamente la viruela; lo que hacía era disminuir la intensidad de la enfermedad.

En otras palabras, la persona variolizada desarrollaba una viruela tan leve que disminuía el daño causado por la enfermedad.

¿Las mascarillas nos generan inmunidad al Covid-19?
Volviendo a las mascarillas, los investigadores de la Universidad de California postulan que el uso de las mascarillas durante esta pandemia de covid-19 actuaría como un elemento de variolización. Es decir, que si una persona se infecta usando una mascarilla, la carga viral sería tan poca, que terminaría causando una forma asintomática de la enfermedad.

En ese sentido, mencionan que en sociedades en donde el uso de las mascarillas es casi universal la proporción de casos asintomáticos es de 80%, mientras que en sociedades en donde el uso de las mascarillas no es generalizado, la proporción de casos asintomáticos es del 40%.

Citan también dos situaciones en las que las mascarillas produjeron un alto número de casos asintomáticos. La primera en un barco argentino y la segunda en una planta procesadora de carnes, en las que, gracias a las mascarillas, repartidas muy temprano en el brote, la proporción de asintomáticos llegó a ser de 81% y 95%, respectivamente.

Obviamente, dicen los investigadores, su hipótesis solo podría ser probada comparando la proporción de casos de covid-19 en sociedades que usen y no usen mascarillas, algo muy difícil de hacer.

En resumen, la hipótesis es muy atractiva y agrega otro potencial beneficio al uso de las mascarillas para prevenir la enfermedad.

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En los últimos meses se han disparado el número de falsificaciones que no ofrecen ninguna protección, y eso es justo lo que hay que evitar.

Mascarillas higiénicas

Las mascarillas higiénicas son las más utilizadas junto con las de tela. Pues bien, estas deben cumplir obligatoriamente la norma UNE 0064-2020 o UNE 0065-2020. Ambas han sido aprobadas por la Asociación Española de Normalización en abril de este año. La certificación debe venir indicada en la etiqueta. Si optas por comprar las mascarillas a través de Internet, fíjate en la descripción del producto porque debe especificarlo.

Mascarillas quirúrgicas

Las mascarillas quirúrgicas son las que el Ministerio de Sanidad recomienda para las personas que sufren alguna enfermedad crónica. Para saber si estás homologadas, presta atención a la caja; debe incluir el CE europeo, y hacer referencia a la norma UNE-EN 14683.

Recomendaciones para utilizar la mascarilla

Ahora bien, con saber si la mascarilla está homologada no es suficiente para protegerte. Debes saber cómo utilizarla. Estas son las principales recomendaciones que debes seguir.

Lo primero es lavarte las manos con agua y jabón pH neutro antes de ponerte la mascarilla. También puedes utilizar un gel desinfectante si estás en la calle. Luego, sujétala por las gomas, y ajústatela bien cubriendo boca y nariz, señaló Ok Diario.

Una de las discusiones que más tiempo tomó zanjar en los inicios de la pandemia giró en torno a la utilidad de las mascarillas como medida para evitar el contagio del SARS-CoV-2.

Sin embargo, ahora que Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que los gobiernos alienten al público en general a usarlas donde haya «una transmisión generalizada y sea difícil el distanciamiento físico» y como parte de una serie de medidas para la prevención, que incluyen el lavado de manos y la distancia social, el debate parece haberse trasladado a la efectividad de un modelo de mascarilla en particular: la que tiene válvula.

¿Sirven o no sirven estas mascarillas faciales para frenar el avance de la pandemia? ¿Nos protegen más que las que no tienen? ¿Y por qué han generado polémica?

Respuesta contundente

Son varias las mascarillas en el mercado que vienen con una válvula en el centro o en un costado (los modelos N95, FPP2 y FPP3 cuentan con ella).

Pero independientemente del modelo del que se trate y de qué porcentaje de partículas filtre cada una, ningún cubrebocas con válvula es efectivo en el contexto de una pandemia, advierten los expertos.

Esto se debe a que esta clase de mascarilla protege a quien la usa, pero no a los demás, dado que filtra las partículas del aire exterior cuando la persona inhala, pero permite el escape de partículas a través de la válvula cuando la persona exhala.

Tal es así, que en junio el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y portavoz del Ministerio de Sanidad sobre la pandemia en España, Fernando Simón, tildó estos tipos de mascarillas como «egoístas», precisamente por proteger solo a quien la lleva.

«El problema de la válvula es que el aire que exhala la persona que la lleva, lo concentra en un punto concreto. Eso puede hacer que alguien que esté expuesto a ese aire pueda infectarse», explicó.

«Pueden ser las mascarillas egoístas porque yo me protejo y los demás me preocupan poco», añadió.

En opinión de Ben Killingley, especialista en medicina de urgencias y enfermedades infecciosas del Hospital del University College en Londres, Reino Unido, si bien el uso general de la mascarilla tiene el doble propósito de proteger a ambas partes, «la razón por la que se promueve es para que las gotas que exhala la gente que puede estar infectada y no lo sabe no les lleguen a los demás».

Y, desde este punto de vista, no tiene ningún sentido que se utilicen mascarillas con válvula en el contexto comunitario.

«En realidad, solo los respiradores, que se ajustan bien a la cara, tienen válvulas, y estos están reservados para los profesionales de la salud. El público ha tenido acceso a ellos, pero la recomendación para la gente es que utilice las mascarillas faciales quirúrgicas básicas, y no este tipo de mascarillas que no brindan ningún beneficio añadido para ellos», enfatiza Killingley.

No recomendables, excepto algunos casos

Dado que la protección funciona en un solo sentido, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), que meses atrás se adelantó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en recomendar el uso de mascarillas, también advirtió en contra de su uso.

Asimismo, autoridades de distintas regiones en España, donde el uso de mascarillas es obligatorio hasta en la calle, han prohibido esta clase de respiradores en algunas circunstancias.

Y en muchos lugares del mundo —incluidas algunas aerolíneas— tampoco se permite el ingreso a espacios cerrados con ellas.

 

 

En medio de la pandemia de Covid-19, la mascarilla se han convertido en una necesidad, como las llaves o la billetera, no puedes salir de casa sin ella. Es que después de muchas idas y vueltas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) finalmente admitió el 9 de julio pasado que el COVID-19 puede contagiarse por el aire, y eso transformó a los barbijos en un elemento básico.

En EEUU, por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan el uso de tapabocas en lugares públicos, principalmente para proteger a los demás de los portadores del virus. Muchos estados, restaurantes, bares, tiendas de comestibles y grandes minoristas también exigen que los clientes usen máscaras para reducir la propagación del Covid-19. En América Latina, su uso está extendido y en muchas ciudades, como Buenos Aires, por ejemplo, el uso de mascarillas en la vía pública y establecimientos comerciales es obligatorio. En Europa, donde no era obligatorio, comienza a serlo en los grandes centros urbanos, como París.

Y aún cuando proliferan los movimientos anti barbijo, la ciencia ya acumuló evidencia irrefutable de que las máscaras sí son esenciales para prevenir la propagación del virus.

Pero, ¿realmente hay que lavarlas después de cada uso? Respuesta corta: sí.

“Definitivamente se recomienda lavar esa máscara todos los días”, dijo Ravina Kullar, especialista en enfermedades infecciosas y epidemióloga al sitio Vox. Kullar señala que el propósito de la máscara es prevenir que el virus se propague, así que si hay alguna partícula de virus en la tela, usar una máscara sin lavar anula el propósito.

El CDC también recomienda lavar las mascarillas: “Las mascarillas deben lavarse después de cada uso. Es importante quitarse siempre las mascarillas correctamente y lavarse las manos después de manipular o tocar una mascarilla usada”, dice el sitio web. Según el CDC, quitarse la mascarilla correctamente significa manipularla sólo por las orejas o por los lazos, doblarla para colocarla en la lavadora y lavarse las manos inmediatamente después.

Las máscaras de tela pueden lavarse a mano o en una lavadora. Las máscaras quirúrgicas, otra opción popular, no se pueden lavar y deben ser desechadas después de un uso. Hay muy poca información «revisada por pares» sobre cómo lavar una máscara N95. Algunas opciones potenciales incluyen el peróxido de hidrógeno vaporizado, el uso de calor seco, o la luz UV – métodos que no son realmente adecuados para la experimentación en casa.

En el caso de las mascarillas hechas en casa, si se utiliza una lavadora, el CDC recomienda un jabón regular y “el ajuste de agua más caliente”. Si se lava la mascarilla a mano, debe prepararse una solución de lavandina y sumergirla en ella durante cinco minutos, y luego enjuagarla en agua fría o a temperatura ambiente. Además, se recomienda que los filtros de la mascarilla se laven a mano.

También hay ciertas prácticas para asegurar que laves la mascarilla de forma efectiva sin desgastar demasiado la tela.

Patric Richardson, el autodenominado evangelista de la lavandería (un experto en limpieza y ya famosos youtuber e influencer norteamericano), explicó que una mascarilla de tela puede soportar alrededor de 100 lavados si no se pasa por la secadora, y 50 si lo hace. También explicó que las partes elásticas de la máscara se desgastan más rápidamente que la tela.

«Depende de la tela, y por supuesto esa es la pregunta del millón de dólares con una máscara hecha a mano, pero la mayoría de las telas son muy duraderas para unas 100 lavadas si no están en la secadora», dijo.

Richardson también recomienda usar máscaras faciales de algodón, que según él es lo más duradero. Aunque otros materiales como la seda o incluso el uso de pañuelos son populares, a menudo son menos eficaces y no duran tanto. Además de escoger un buen material, Richardson enfatizó el uso de detergente con moderación.”La piel de la cara es bastante sensible, así que hay que asegurarse de no usar mucho detergente porque se quiere enjuagar al 100 por ciento”, dijo.

Con el tiempo, advierten los especialistas, una máscara que se ha sobrecargado podría volverse más porosa y perder su utilidad. Cuando eso sucede, es hora de conseguir nuevas máscaras, ya sea comprándolas o fabricando las tuyas propias.

La OMS recomienda el uso de mascarillas para toda la población general siempre que no se pueda mantener la distancia de seguridad en zonas de transmisión como el transporte público, tiendas o espacios cerrados.

Es la principal novedad de la guía actualizada publicada hoy y que supone un cambio de criterio con respecto a anteriores recomendaciones emitidas por la organización, que hasta ahora solo aconsejaba el uso de mascarillas para personas con síntomas, que hubieran estado en contacto con infectados y personal sanitario.

Esta nueva reglamentación, resultado de una investigación encargada por la OMS, ha sido presentada en una rueda de prensa coral liderada por su director, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien ha vuelto a enfatizar la importancia de complementar el uso de mascarillas con otro tipo de medidas como la higiene de manos y el distanciamiento personal: «Las mascarillas por sí solas no protegen de la COVID-19», ha asegurado Adhanom.

Mascarillas FFP2 para enfermos crónicos y mayores de 60 años

El máximo responsable de la OMS también ha comunicado otras importantes novedades incluidas en la nueva guía. Entre ellas, la recomendación de mascarillas médicas de tipo FFP2 para personas mayores de 60 años y enfermos crónicos se encuentren en espacios públicos, y por tanto de posible transmisión, donde no sea posible mantener la distancia de seguridad de dos metros. Este tipo de mascarillas son además a partir de ahora recomendables para todo el personal de centros médicos que trabajen en áreas de riesgo de contagio, «traten o no a pacientes de COVID-19», ha remarcado.

Otra de las nuevas recomendaciones incluidas en la guía tiene que ver con los componentes que deben incorporar las mascarillas de tela, o quirúrgicas: aquellas de uso general cuya finalidad principal es evitar la expulsión de gotas al exterior de personas infectadas. Según las nueva guía de la OMS, este tipo de protecciones deben estar fabricadas de tres capas. Una primera, la más cercana a la boca, de algodón; la segunda de polipropileno; y y una última capa exterior sintética resistente a los fluidos.

Acerca de la implementación de estas nuevas recomendaciones en los distintos países, el Director Ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, Michael J. Ryan, ha subrayado durante su intervención que «las guías son recomendaciones para los Estados y son ellos tienen quienes tienen que adaptarlas e interpretarlas».

Ryan ha remarcado además que el uso de mascarillas no supone en modo alguno una «alternativa» al resto de medidas de higiene y prevención, y ha querido hacer hincapié en la importancia de que todas las personas que presenten síntomas sean aisladas y se mantengan alejadas de las zonas de transmisión, independientemente de que lleven mascarilla protectora.

Un cambio de criterio fruto del «proceso normal de la ciencia»

La postura sobre el uso de mascarillas en la población general ha sufrido diversos cambios a medida que avanzaba el conocimiento acerca de su utilidad para reducir la transmisión del virus. Una evolución que Maria Van Kerkhove, epidemióloga de la OMS, ha calificado durante su comparecencia como un «proceso normal en la ciencia»: «Debemos seguir lo que la ciencia nos va diciendo», ha afirmado.

El pasado 27 de febrero, la Organización Mundial de Salud reducía la importancia del uso de mascarilla, limitando su recomendación de uso a «quienes están enfermos, para evitar contagiar a otros, no al resto». Una postura fundamentada principalmente en la escasez de este tipo de protecciones que la organización reafirmó en la guía presentada el 6 de abril -la última antes de esta nueva actualización- en la que se instaba a que se priorizarse su disposición para los trabajadores sanitarios en primera línea.

“Se inicia para todos la fase de convivencia con el virus”, ha anunciado el primer ministro Giuseppe Conte. Con cautela. Italia empezará el 4 de mayo el retorno a la normalidad permitiendo sólo algo de todo eso que era la vida normal de antes. Hay miedo al rebrote. Aún hay contagios y fallecidos suficientes como para no confiarse y tirar por la borda todo el esfuerzo de más de un mes y medio de encierro. Finalmente se ha optado por una reapertura escalonada que permita controlar cómo se comporta la epidemia tras permitir la salida de más gente a la calle. En dos semanas, el monitoreo será diario, se decidirá si se mantiene el plan previsto en el mejor de los escenarios y se reabren nuevas actividades.

Mascarillas a 0,50 euros

Finalmente, las mascarillas se convertirán en obligatorias y en el pasaporte necesario para subir a transportes públicos. Además, el precio de estos dispositivos de protección individual será regulado para evitar abusos y se distribuirán gratuitamente a los sin techo y personas con bajos recursos. “No queremos especulaciones y se eliminará el IVA. El precio de las mascarillas (simples) será de 0,50 euros”, ha dicho el Primer Ministro. Sigue siendo obligatorio mantener la distancia de separación de un metro.

Se ha aprobado también la visita restringida en número a familiares cercanos dentro de las regiones, pero aún no estarán permitidos el resto de encuentros sociales. “Uno de cada cuatro contagios se ha producido en las familias”, ha advertido Conte, quien ha especificado que «con más de 37,5 de fiebre se debe quedar uno en casa».

Se abren parques y jardines con distancias y número de personas por espacio, aunque esta medida queda a discreción de los municipios. Para salir a correr debe haber una distancia de dos metros. “El 18 de mayo estamos pensando en permitir los entrenamientos profesionales de los equipos”.

“Uno de cada cuatro contagios se ha producido en las familias”, ha advertido Conte, quien ha especificado que «con más de 37,5 de fiebre se debe quedar uno en casa»

Sobre el movimiento dentro de la provincia y regiones, incluso entre distintas regiones, se abre la mano mientras haya un justificante de trabajo o residencia. También se permite de nuevo regresar a sus residencias a las personas a las que el cierre del 11 de marzo les ha pillado en otras regiones (estudiantes, trabajadores…).

Funerales de 15 personas máximo

Los funerales, para los que hay una larga lista de espera en este momento ante los más de 26.000 muertos que se ha llevado por delante el Covid-19, también se podrán realizar desde el 4 de mayo. Sólo podrán asistir familiares cercanos, no más de 15 personas, y todos deberán usar mascarillas y si es posible realizarse al aire libre. Las misas siguen prohibidas.

En la calle se suprime la prohibición de poder salir a pasear, incluso lejos del domicilio, pero siempre de forma individual y manteniendo la distancia de un metro. También abrirán en siete días, con protocolos de seguridad, las manufacturas, construcción, obras públicas y el comercio al por mayor vinculado a estas actividades. “Las ayudas a los autónomos de 600 euros se renovarán directamente”, ha explicado Conte.

Sobre los bares y restaurantes, se permitirá por ahora sólo la opción de comida para llevar y el reparto a domicilio. “Los alimentos se deben comer en casa y no frente al local”, ha matizado el mandatario. La apertura total deberá esperar, al menos, a finales de mayo según las actuales previsiones del Gobierno.

Sobre los bares y restaurantes, se permitirá por ahora sólo la opción de comida para llevar y el reparto a domicilio. “Los alimentos se deben comer en casa y no frente al local”

El pequeño comercio, por su parte, tampoco formará parte de esta primera desescalada y en principio se esperará hasta el 18 de mayo para decidir si se permite su actividad y en qué condiciones. El mismo escenario se prevé para museos, exposiciones y bibliotecas. Los peluqueros, masajistas y centros de estética parece que deberán esperar a junio, como los hoteles de costa para los que aún se está planificando una regulación para reabrirlos de cara al verano.

La desescalada regional

El decreto del Gobierno se sumará en todo caso a algunas medidas tomadas ya por diversas regiones que están aplicando normas propias en ámbitos de sus competencias. Las regiones de Véneto y Friuli, por ejemplo, ya han permitido este fin de semana la venta de comida para llevar en restaurantes, heladerías y pastelerías. Lombardía, por su parte, pese a sumar más de la mitad de fallecidos en todo el país y envuelta en una polémica por la gestión regional de la epidemia, abrirá los mercados al aire libre el 29 de abril adoptando medidas de prevención. Toscana, una de las regiones que mejor ha gestionado la crisis, ha decidido permitir ciertos trabajos de mantenimiento en su importante industria textil desde este lunes.

Es un goteo, el de las regiones que van tomando ciertas decisiones propias en el ámbito de sus competencias, que choca con posturas como la del presidente regional de Campania (Nápoles), Vincenzo De Luca, que declaró que si “las regiones del norte rebajan la cuarentena, nosotros cerramos Campania”.

Buena parte de estos movimientos tienen que ver con el escenario post coronavirus y la entrada de las responsabilidades políticas que están en juego. El mapa del virus en Italia ha marcado grandes diferencias entre las regiones y cuando la situación se suavice sus responsables deberán responder de sus decisiones tomadas. Ese escenario va cobrando fuerza.

En este sentido, el propio Conte ha justificado el resultado obtenido en la UE con el fondo de recuperación y no los eurobonos que él había prometido. “Si no hubiéramos demostrado orgullo, dignidad y carácter nunca hubiéramos obtenido ese resultado”. Es decir, la estrategia fue pedir muchísimo para poder obtener algo menos, de alguna manera ha resumido el primer ministro. Sobre las iniciativas regionales, Conte ha sido claro: “Cada día deberán dar las regiones al Gobierno central los datos sobre la curva de la epidemia y las consecuencias de las medidas tomadas”. Es decir, Roma reafirma que tiene el control para impedir que cada uno haga la guerra por su cuenta. “Si amas Italia mantén las distancias, depende de nosotros el éxito”, ha pedido Conte.

Fuente: El Confidencial

Pertenecen a la Unidad carcelaria 28 de Magdalena y a la cárcel de Bahía Blanca y confeccionan hasta 41 productos al día.

Agentes penitenciarios de la Unidad carcelaria 28 de Magdalena y de la cárcel de Bahía Blanca fabrican, con impresoras 3D, vinchas para máscaras faciales de protección contra el coronavirus, informó el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB).

Según explicaron en un comunicado, la Dirección de Tecnología Informática del SPBpuso a disposición sus impresoras 3D y ya entregaron 800 sostenes a hospitales públicos de La Plata y a la Unidad Penitenciaria 9 para que, con láminas de radiografías blanqueadas, puedan obtener un elemento más de cuidado frente al Covid-19.

«El primer paso para confeccionar este insumo consiste en realizar el diseño en una computadora. Luego, se archiva en una tarjeta de memoria que se inserta en la máquina de prototipado rápido que se desplaza en el plano para soltar el plástico sobre las coordenadas adecuadas», explicó Ezequiel Jáuregui, uno de los penitenciarios que trabaja en esta iniciativa.

El hombre señaló que de esa forma, «finalmente se logra reproducir, en 35 minutos, la vincha. De esta manera, diariamente, se pueden fabricar 41».

Una de las mayores ventajas de esta técnica es el costo ya quelas máscaras que se venden en internet se consiguen por estos días a entre 500 y 900 pesos mientras que elaborarlas cuesta $9,60, señaló el comunicado.

Otra virtud que posee es que la materia prima que se utiliza para la impresión, a base de aceite de cereal, es biodegradable.

En el Centro de Formación Profesional N° 401, que funciona en la Unidad 4 de Bahía Blanca,se puso en marcha una impresora 3D, donada por el Instituto Nacional de Educación Teccnológica (INET), para colaborar con el resguardo del personal penitenciario ante el avance del coronavirus.

«Para fabricar el producto, contamos con un agente destinado a supervisar el proceso y tres internos que se dedican al armado de la máscara, con las radiografías en desuso», explicó el director de la Unidad 4, Luis Velasco.

Por otro lado, Walter Barragán, un agente penitenciario de la Unidad 28 de Magdalena y aficionado al diseño industrial, con una impresora 3D, en su domicilio, realizó protectores faciales para donar y hasta el momento, entregó seis al Hospital Santa María Magdalena, 20 a la Policía Local y 15 al Regimiento de Caballería de Tanques 8, señaló Télam.

Con la curva de la pandemia aplanada, aunque no en descenso, este lunes España levantó la paralización de dos semanas a la actividad económica en algunos sectores no esenciales, con lo que cientos de miles de trabajadores comenzaron a reincorporarse a sus puestos. Ante la reactivación del movimiento en las calles, el gobierno inició el reparto gratuito de 10 millones de mascarillas.

El gobierno recomienda ahora el uso de tapabocas entre las personas que empleen el transporte público para ir a trabajar, ya que en los autobuses y en el metro no siempre se puede garantizar la distancia de social entre los viajeros.

Un policía reparte mascarillas en Madrid (Reuters)

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había anunciado que del lunes al miércoles las fuerzas de seguridad y voluntarios de Protección Civil distribuirán las 10 millones de unidades en los accesos de metro y trenes de cercanías, así como en los “principales nodos de transporte público”. La mascarilla “es recomendable, no es obligatoria”, aclaró el ministro.

Tras el inicio del operativo, el ministro reportó: “Ha habido 1.500 puntos de entrega, 4.500 agentes y voluntarios han participado en la entrega. No ha habido incidentes reseñables”.

Este lunes, el gobierno español informó un balance de 517 nuevas muertes por coronavirus, 102 menos que los informados el domingo, con lo que se retomó la tendencia a la baja luego de varias semanas de cuarentena y en la jornada en la que se reabre parcialmente la actividad económica. El total de víctimas fatales llegó a 17.489, con lo que España se mantiene como el tercer país con más fallecimientos, detrás de EEUU e Italia, según los registros oficiales de cada gobierno. En tanto, los contagios aumentaron en 3.477, para un total de 169.496.

Distribución gratuita en la estación Atocha, de Madrid (Reuters)

Una integrante de Protección Civil, en Ronda, en el sur de España (Reuters)

Si bien se habilitó la apertura de miles de negocios, las autoridades siguen recomendando también el teletrabajo entre aquellos que puedan, y piden que la gente obligada a ir a su trabajo se desplace a pie o en vehículo particular, y evite el transporte público.

Pese al fin de esta “hibernación” económica, como la bautizó el gobierno, los 47 millones de españoles seguirán bajo un estricto confinamiento: solo pueden ir a trabajar o hacer actividades básicas como comprar comida o medicamentos.

Salir de casa en pareja, hacer deporte en solitario al aire libre o sacar a los niños de casa sigue estando prohibido.

Los carteles informativos en el transporte público (Reuters)

“Pensamos que con esas medidas, que todavía son muy drásticas, se evitará un repunte” al reactivar la actividad económica, dijo Salvador Illa, ministro de Sanidad, publicó Infobae.

El Gobierno tiene sobre la mesa una propuesta para hacer obligatorio a la ciudadanía en general el uso de mascarillas para frenar la expansión del coronavirus. 

El Ministerio de Sanidad aún no ha tomado una decisión al respectosobre todo porque el principal problema es la escasez de ese artículo, agotado en las farmacias desde antes de que se decretara el estado de alarma.

Hasta ahora, el Gobierno había rechazado recomendar su uso generalizado, señalando que solo lo debía usar aquel que estuviera infectado. SIn embargo, la Generalitat se desmarcó de esa directriz el viernes pasado al pedir que se usara a la hora de acudir al supermercado a hacer la compra.

Además, a partir de este lunes el Ministerio de Transporte ha comenzado a repartir mascarillas entre transportistas, taxistas y otros profesionales del sector, pero no a otros colectivos.

En el mercado hay diferentes tipos de mascarillas que proporcionan distintos grados de protección. Algunas se pueden reutilizar y otras son de un solo uso, como se puede ver en este gráfico, siendo la más recomendable la mascarilla autofiltrante, tipo FFP2 y FFP3, ya que está homologada por la OMS por la capacidad de protección superior a un 90%:

 

Los empleados sanitarios que usan mascarillas no médicas hechas con algodón, corren mayores riesgos de infección en comparación con aquellos que se protegen con mascarillas médicas, señala la Organización Mundial de la Salud citando un estudio.

En su última edición  de instrucciones sobre el uso de mascarillas en el contexto de la pandemia de covid-19, este organismo internacional no recomienda el uso de mascarillas de algodón en centros médicos, por «no considerarse apropiadas para los trabajadores de la salud».

Al mismo tiempo, el uso de tales mascarillas en condiciones de dispensario «no se ha evaluado bien» por lo que «no hay pruebas actualmente para hacer recomendaciones a favor o en contra».

El organismo de la ONU también recomienda abrir ventanas en domicilios para mejorar la ventilación en espacios cerrados.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó su preocupación este lunes por el amplio uso de mascarillas médicas por la población general, algo que podría agravar la carencia de este tipo de equipos para las personas que más las necesitan.

Las mascarillas, respiradores y otros equipos de protección deben ser priorizados para los trabajadores médicos que están en el frente de la lucha contra la pandemia de covid-19, señaló Ghebreyesus en rueda de prensa.

El funcionario recomendó que los miembros de la población general solo usen mascarilla si están enfermos o cuidan a un enfermo en su casa.

Según datosde la Universidad Johns Hopkins, el mundo ha registrado más de 1.380.000 de casos de infecciones de coronavirus, incluidos más de 80.700 casos letales.