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A los delitos comunes con los que lidiamos, se sumaron durante los últimos años los ciberdelitos. Se trata de software malicioso que se cuela en nuestros equipos informáticos con diversas afectaciones, redundando en ganancias para quienes lo manejan. Cuáles son las ciberamenazas que se prevén para 2019.

Los “gurú” del ciberespacio creen que proliferarán algunos de los software que ya han mostrado sus efectos en el año que está finalizando. Por ejemplo el ransonmware, el malware para los dispositivos móviles y los servidores.  Chet Wisniewski, científico investigador principal de Sophos, líder en endpoint de próxima generación y seguridad de red. Les contamos cuáles son sus pronósticos.

El ransomware oportunista no va a desaparecer

Los autores de ransomware oportunistas operan de manera similar a un “probador de penetración”, porque se extienden fuera de la red en busca de vulnerabilidades y puntos de entrada débiles. Sin embargo, a diferencia de los testers, los ciberdelincuentes luego actúan sobre sus hallazgos de una manera metódica para causar el máximo daño. Vigilan a las víctimas, se mueven lateralmente en toda la red, manipulan los controles internos y más.

Este enfoque centrado en el ser humano ha tenido éxito, ya que los autores del ransomware SamSam recolectaron u$s 6.7 millones en el transcurso de casi tres años. Otros ciberdelincuentes han tomado nota, y en 2019 veremos más y más ataques de imitación. En particular, Matrix, que parece estar constantemente aprobada con nuevas versiones y Ryuk, que está orientado a las empresas y grandes organizaciones que tienen fondos para pagar. Será una situación difícil de controlar.

El próximo año, las organizaciones necesitarán implementar una tecnología de seguridad que, en primer lugar, evite que ocurran las amenazas y también que proporcione protección de movimiento lateral para aislar y detener la propagación de ransomware furtivo que podría estar moviéndose a través de la red.

Para mantenerse al día con el malware móvil, la autenticación de dos factores será diferente

El malware para dispositivos móviles se ha mantenido estable durante los últimos años y seguirá siendo un problema en 2019, a medida que los ciberdelincuentes encuentren nuevas formas de atacar las computadoras de alta potencia que llevamos con nosotros todos los días.

Por ejemplo, la entrega de códigos secretos de seis dígitos a través de un mensaje de texto SMS es un método común para la autenticación de dos factores, sin embargo vemos que los delincuentes utilizan el malware e incluso los ataques de intercambio de tarjetas SIM. En 2019, esperamos ver a la industria hacer un esfuerzo más concertado hacia las notificaciones push para la autenticación de dos factores, que son mucho más difíciles de interceptar o redirigir a los ciberdelincuentes.

Ciberdelincuentes que buscan dinero fácil seguirán el camino de menor resistencia: los servidores

Los ciberdelincuentes prefieren causar el tipo de daño que ofrece las mejores posibilidades de éxito, con los menores esfuerzos y posibilidades de detección. Es un acto de equilibrio de riesgo y recompensa. Esto significa que en 2019 veremos un aumento en los delitos informáticos relegados a los servidores.

En los últimos años, las empresas han invertido en tecnología de próxima generación para proteger los puntos finales, pero la seguridad del servidor se ha desviado a pesar de los datos de alto valor que a menudo se almacenan allí. Los ciberdelincuentes que se aprovechan de las vulnerabilidades de los servidores, posiblemente más difíciles de parchear o monitorear, pueden penetrar en la red de una empresa para infligir un daño grave, mientras que los cryptominers son capaces de pasar inadvertidos durante meses robando los recursos de la compañía, solo para mencionar algunos peligros.

Como resultado, en 2019, las compañías necesitarán repensar la seguridad de sus servidores con un enfoque en capas que incluya protección específica para éstos.

El grooming es uno de los delitos que se cometen actualmente a través las redes sociales y que seguirá ocurriendo en los próximos años. El escudo antigrooming es contar con información para prevenir, estar alerta y saber cómo detectar a los acosadores.

Se conoce como grooming a la acción deliberada de un adulto de acosar sexualmente a un niño, niña o adolescente mediante el uso de Internet, a través de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos (redes sociales, páginas web, aplicaciones de mensajerías como whatsapp, etc.)

Los adultos que realizan grooming suelen generar un perfil falso en una red social, sala de chat, etc., haciéndose pasar por un chico o una chica, buscando generar una relación de confianza con el niño o niña a quien quieren acosar.

Argentina.gob.ar brinda información sobre cómo actúan los acosadores, indispensable para cuidar a los niños de esta amenaza.

Para iniciar la relación se hacen pasar por un menor de edad falsificando la identidad.

Aprovechan la información que los chicos comparten sobre sus gustos y preferencias en las redes sociales y/o servicios de mensajería instantánea, y así aceleran y afianzan la confianza.

Dan comienzo a una supuesta amistad. Esto generalmente incluye con frecuencia confesiones personales e íntimas entre el niño, niña o joven y el acosador. De esta forma empieza a consolidarse la confianza entre ellos.

Utilizan el tiempo para fortalecer el vínculo. Este lapso varía según los casos: el acosador puede lograr su objetivo en una conversación, en meses o incluso en años. El tiempo transcurrido hace que el niño, niña o adolescente se olvide o deje de tener presente que hay un desconocido del otro lado y pase a considerarlo un amigo.

Incorporan el componente sexual. No tenemos que olvidar que el objetivo final de este acercamiento es de carácter sexual. Comienzan con el pedido de grabación de imágenes o toma de fotografías. En los casos más extremos empiezan a buscar un encuentro físico, valiéndose de la confianza generada o manipulando con la difusión de las imágenes obtenidas.

¿Cómo hablar con tus hijos?

Para la prevención de esta u otras problemática es importante generar espacios de diálogo y escucha con ellos, para fortalecer un vínculo de confianza que les permita hablar de aquellos temas que les preocupan o para pedir ayuda.

Enseñales a realizar un uso responsable de Internet y de las redes sociales. Brindales información sobre los riesgos y aclarales cómo funcionan las herramientas de protección.

Explicales que no deben compartir claves, información o imágenes comprometedoras por medios electrónicos, porque lo que se sube a Internet no se borra nunca.

Configuren juntos las opciones de privacidad en las redes sociales para determinar qué información será accesible para los demás, evitando usar sus nombres completos y datos personales.

Conversá con ellos sobre el concepto de privacidad y generá con ellos un pensamiento crítico a la hora de publicar información o imágenes en las redes.

Prestá atención a los cambios de conducta o humor de tu hijo/a.

Según la edad, vayan definiendo hábitos de uso de redes e internet, con diferentes niveles de participación y acompañamiento.

Generá puntos de encuentro relacionados con las redes o sitios de internet. El diálogo y la confianza con los chicos siempre es lo más importante.

¿Qué hacer si pasa?

Ante esta situación concreta, te aconsejamos:

Hablá con tu hijo, acompañalo en este proceso sin culparlo ni cuestionarlo.

No borres ningún contenido de la computadora o teléfono celular.

No denuncies al perfil acosador en la red social o plataforma web.

No amenaces, increpes o mantengas una conversación con el abusador.

Denuncialo llamando al 134, en la Fiscalía o comisaría más cercana.

Ambito

A este balneario llegan los cables submarinos que proveen de conexión a toda la Argentina y otros países. Instalaciones secretas, temor de atentados y desilusión en los vecinos porque no se beneficiaron de la ubicación estratégica.

Las Toninas, tarde de un lunes feriado de noviembre. Los turistas se apuran para tomar la ruta porque el fin de semana largo se termina y su rutina empieza. La última selfie en la salida de la 38, playa ancha como el resto, y enviar. Ahora un audio de WhatsApp para reforzar lo que los destinatarios suponen: “Estamos volviendo”. Otra vez enviar. Luego, una story en Instagram: compartir, listo. Las respuestas llegan de inmediato en forma de emojis, de texto, de fotos.

Todo eso –la foto, el audio, un video– se convirtió en nanosegundos en una combinación de ceros y unos que “viajó” en forma de luz a través de un cable del grosor de un cabello, la fibra óptica. Esos cables aseguran nuestra vida digital. Garantizan Internet en todas sus formas, red doméstica o laboral, wifi, 4G y sus versiones menos veloces. Hacen posible la mensajería instantánea y las charlas vía Skype, sin importar cuántos kilómetros nos separen, ni idiomas ni diferencia horaria.

Nuestra conexión permanente depende de esos hilos de silicio. Los cables están bajo tierra o en el mar. Los controlan un puñado de personas a través de un complejo y moderno sistema que opera en plantas hipervigiladas . ¿De dónde salen los cables? De aquí, desde Las Toninas, el pequeño balneario familiar que hoy es el centro neurálgico de telecomunicaciones de la Argentina.

“¿El cable de Internet? ¿Acá? ¿Pero no es por satélite, tipo Arsat? ¿Y eso de la parabólica humana para enganchar señal? ¿Qué es? ¿Un invento de la televisión? ¿Estás segura, vos?”. La mujer responde con preguntas la pregunta inicial: “¿Sabe usted que por aquí pasa el cable que provee de Internet al país y, por extensión,al mundo?” Es mediodía y el sol cae amable sobre la playa. La mujer hace una visera con su mano, achina los ojos, repasa el mar hasta el horizonte. Ahí el cable no está. La fibra óptica pasa dos metros debajo suyo y unos cuantos metros a la izquierda de su sombrilla antes de meterse en el mar. La mujer no sabe pero igual desconfía.

El 97% de las conexiones globales se realiza mediante el tendido de fibra óptica. De Las Toninas parten cinco cables: Unisur, Sam–1, SAC, Atlantis y Bicentenario. En 2020, Facebook y GlobeNet, una empresa de Brasil, tirarán el suyo. Ya lo bautizaron, se llama Malbec. También llegará el Seaborn, que unirá este balneario con San Pablo para hacer puente con otro que se enlazará con una terminal en Nueva York. El Ente Nacional de Comunicaciones –Enacom– es el que otorga las autorizaciones. Las empresas ya lo anunciaron, pero en el ente dijeron a Viva que no tienen registro del trámite para instalarlas.

Las Toninas es un sitio clave en cuanto a ubicación. Eso, sumado a las características del lecho marino, hizo que el balneario sirva de conexión para que Internet dé la vuelta al mundo.

Los cables “entran” desde el Atlántico y se enlazan en ciudades de países vecinos hasta formar un anillo que rodea el continente o lo une con otro. En cada costa que tocan llega el servicio, que a su vez puede empalmarse por tierra. La fibra óptica está debajo de nuestros pies o a la vera de las rutas. Es una telaraña escondida, omnipresente.

La “punta” de cada cable está sujeta a plantas a las que llaman “puertos de amarre”. En Las Toninas son edificaciones distribuidas a lo largo de la costa, en ubicaciones estratégicas, semisecretas, custodiadas y sin ventanas.

Nos han pedido que no revelemos la ubicación de los puertos de amarre. Es una obviedad señalar que su arquitectura es extraña para la zona y que por eso, ofrecer las coordenadas está de más. Pero han pronunciado la palabra “sabotaje” y en el pueblo hablaron de “atentado”, así que por las dudas…

Una estampida de alguaciles. El perfume amargo de la quema de hojarasca. Garrafas encadenadas a la puerta del almacén, bolsas de basura atadas al clavo de los postes de luz. Bicis sin candado. Los malvones despuntando en los jardines o salvajes en los baldíos. Casas de veraneo tapiadas, envueltas en sus rejas. O casas de puertas abiertas y familias enteras reunidas a la mesa. El único cajero de Las Toninas no funciona. Sólo hay un edificio y tiene ocho pisos. Nueve calles y media asfaltadas. Y los perros, los perros, los perros.

La fecha de fundación es incierta. Balneario tradicional, tiene una población estable de 6.200 habitantes, a simple vista envejecida. Las Toninas está a poco más de 300 kilómetros de Buenos Aires, apretada entre San Clemente y Santa Teresita. De acuerdo a la Dirección de Estadísticas municipal, la mayoría de los toninenses se dedica a ofrecer servicios y trabajan en comercios. Otro grueso, en la construcción.

“Las plantas son como edificios fantasma. Sabemos que hay gente ahí, pero todo es automático. ¿Progreso? Nada. ¿Menos impuestos? No. Quizás es medio romántico, pero una siente que le vinieron a robar un pedazo de pueblo porque les servía.”

Dependen del verano. Hay algunos atractivos: el laberinto más grande de la Argentina, 6.400 metros de falso aromo que se recorre en media hora; la fiesta de las toninas, que se celebra el 24 de febrero pero sin avistaje porque la pesca desmesurada condenó a esos delfines; el casco de un barco que naufragó y asoma cuando la marea baja; unas viviendas diseñadas por Clorindo Testa. Y no mucho más, salvo que es la capital nacional de Internet.

La confitería se llama “Ennamours” y es la más antigua del balneario: 34 años. Aquí se reúnen los primeros pobladores. Rosana Carnevali fue maestra y es la esposa del primer médico en prestar servicio en Las Toninas. Mabel y Juan García son hermanos y dueños de este bar. Y Pablo Cuccarese, 81 años y carpintero, es su “ciudadano ilustre”.

“Cuando llegó la fibra óptica pensamos que íbamos a ser favorecidos de alguna manera –dice Rosana, docente ya jubilada–. Que las escuelas tendrían Internet gratis o un descuento para los vecinos, trabajo. Si de acá sale la conexión del mundo… Pero nada”.

“Y llegaron empresas multinacionales, eh. Venían belgas, franceses, yanquis, todos expertos de los cables –suma Mabel, decepcionada–. Había gente de todos lados. Pero les dieron trabajo a poquitas personas: dos serenos, uno de limpieza, el jardinero”.

“Las plantas son como edificios fantasma. Sabemos que hay gente ahí, pero todo es automático –sigue Rosana–. ¿Progreso? Nada. ¿Menos impuestos? No. Quizás es medio romántico, pero una siente que le vinieron a robar un pedazo de pueblo porque les servía”.

“Acá la fibra óptica pasa sin pena ni gloria. Sólo somos un punto estratégico para las empresas –agrega Mabel–. Ni los ingenieros viven en Las Toninas. Está todo computarizado ahí”.

Pablo Cuccarese, el carpintero, recuerda algunas cosas: que hace 48 años, cuando se instaló, Las Toninas era pura arena, monte y pino, que él fue el primero en tener teléfono de línea en el pueblo –lo que le evitaba hacer fila en el teléfono público de la Cooperativa– y que construyó una estantería para una de las corporaciones que tiró los cables.

Enfrente de este bar hay un ciber, “Espacio”, el único del balneario. Sólo abre en temporada y algunos fines de semana largos. Unas 40 máquinas a $40 pesos la hora de Internet, más tres Play Station a $45 pesos la ficha de veinte minutos. El aire es demasiado denso aunque sólo tres computadoras estén ocupadas. ¿Dónde están los adolescentes? Si no se juntaron en la plaza Malvinas, están en sus casas, encerrados pero online, jugando al Free Fire.

Un grupo de vecinos conversa en la vereda. Alguien que pide reserva de su nombre dice: “Las Toninas siempre es un chiste. Que ‘tenés menos luces que el centro de Las Toninas’, ‘más feo o más chico que Las Toninas’… Y ahora cada vez que se corta Internet ‘la culpa es de Las Toninas’. No nos causa gracia, eh, para nada. Menos si pensamos que acá, en Las Toninas, podría haber un atentado por esto de los cables submarinos”.

No es posible comunicarse con él por celular, así que intercambiamos SMS y terminamos en un llamado por teléfono de línea. Las indicaciones son calle 40, una casa con un cartel que dice “perforaciones”. Allí vive Ricardo Bukel, 65 años y casi treinta en Las Toninas. Es el buzo que se ocupó de asegurarles a las empresas internacionales que éste era el lugar ideal para que tiraran sus cables.

“Me daban una referencia, el punto más cercano al que podía llegar el barco con el cable antes del calado, desde ahí ya no podía avanzar –dice Bukel, en su casa–. Tiraban una línea con boyas por dónde iba a pasar la fibra óptica hasta la costa. Yo tenía que inspeccionar el fondo del mar, cada metro, así fueran mil, cuatro mil hasta la orilla. Por donde iba a pasar el cable no podía haber nada que lo rompiera. Ni conchilla, ni restos de naufragios, ni rocas, ni hierros…”.

“El fondo del mar es un desierto. No hay nada. Hay barro, arena, algunos caracoles. No mucho más. Por eso es un lugar estratégico para las empresas, hay menos riesgos de una ruptura. Además, la localización. Las Toninas está en la pancita de la Provincia. Parece una pavada, pero se ahorran kilómetros de fibra óptica.”

Bukel se sumergió en la costa de Las Toninas por primera vez en 1994, cuando tiraron el Unisur. Volvió a hacerlo en 1999, con el Atlantis y el Sam–1. Y la última vez fue en 2000, con el SAC. Su trabajo es fundamental en el proceso de landing, el aterrizaje de los cables en el lecho marino. Un vez que él chequea que no haya objetos que puedan dañarlos, con lanchas o grúas lo traen hasta la orilla. Ahí se empalma con el cabo del cable que lo espera en tierra.

Entonces la fibra óptica entra en un tubo de hormigón dos metros bajo arena y, como si la enhebraran, termina en la planta que le corresponde a cuatro o siete cuadras de la costa –la imprecisión se debe a que no podemos dar ubicaciones exactas–. El cable submarino no queda suelto en el mar sino que lo entierran con unas bombas de inyección.

¿Qué características tiene el fondo del mar en esta zona?

Es un desierto. No hay nada. Hay barro, arena, algunos caracoles. No mucho más. Por eso es un lugar estratégico para las empresas, hay menos riesgos de una ruptura. Además, la localización. Las Toninas está en la pancita de la Provincia. Parece una pavada, pero se ahorran kilómetros de fibra óptica.

¿Visibilidad?

Cero, por la influencia del Río de la Plata. Todo nuestro trabajo era a ciegas, por tanteo. A siete, ocho metros de profundidad ya no ves nada. Nosotros nos sumergíamos a bajo nivel, unos dieciséis metros.

¿Y qué significó para los toninenses que su ciudad se convirtiera en el centro de operaciones de Internet?

Al principio se pensó que esto traería un rédito económico, pero no sucedió. Después hubo una especie de temor que terminó en una humorada entre nosotros. Por acá pasan todas las comunicaciones del mundo y, quién te dice, no descartamos ser un blanco.

Bukel ahora despliega un mapa naval. Tres líneas finas simulan los cables que parten desde Las Toninas al Atlántico. Hay una advertencia a quienes naveguen por allí: “Prohibido fondear”. El mayor peligro para los cables submarinos es el paso de los buques pesqueros que arrojan sus redes o las anclas. Ahora miramos fotos de su época de buzo. Las luces del módem que está sobre el televisor titilan.

Nos han dicho que son edificios fantasma, que las medidas de seguridad son extremas, que trabajan pocas personas, que está “todo computarizado”. Hoy visitaremos una de las plantas, el puerto de amarre de Century Link. Es una de las compañías que operan en Las Toninas. Suelen ser las receptoras de los insultos cada vez que se corta la conexión en casa u oficina, pero no. Estas corporaciones –muchas de ellas consorcios– son mayoristas que proveen el servicio y el mantenimiento a los operadores que nos mandan las facturas.

Pero antes, el telégrafo eléctrico. Es 1837 y una chispa va y viene entre dos polos. La palabra escrita puede ser recibida a miles de kilómetros, leerse y entenderse. Eso marca un hito en la comunicación entre habitantes de territorios lejanos, pero también en la valoración del tiempo: unas horas bastan para que en Lisboa sepan lo que pasa, por ejemplo, en París.

Por el momento, la electricidad va por tierra y como no existe un método que aisle el cobre y el hierro del agua, la idea de que un cable de ese tipo cruce el mar es imposible. Es 1851 y descubren que la gutapercha, savia producida por un árbol, sirve como aislante. Así, Europa suma a Inglaterra y se interconecta. Ahora van por América.

Será “la mayor proeza del siglo XIX”, una realización técnica sin precedentes. Un cable fondeará el Atlántico para unir ambos continentes. Es 1857 y el primer intento es un fracaso: el buque pierde 600 kilómetros de cable en el océano porque nadie advierte que se ha escurrido de la bobina. Hay una chance en 1858, pero una tormenta de diez días en alta mar arruina el cable y el barco regresa al puerto.

Cinco semanas después, dos barcos vuelven a zarpar –uno desde Terranova, Canadá, y otro desde Irlanda, cada uno con su rollo de cable– y se encuentran en medio del Atlántico. Proa con proa, unen los cabos de los cables y cada uno parte a su costa.

La operación es un éxito. Por primera vez la palabra cruza de continente a continente. La Reina Victoria “estrena” el cable submarino al enviar un mensaje al presidente de los Estados Unidos, James Buchanan. Aquellas 99 palabras tardan 16 horas en llegar a destino, mucho menos que las semanas que demoraría una carta en barco. Pero días después, por una rotura, los continentes quedan incomunicados.

Seis años más tarde, en 1866, logran el empalme, y América y Europa intercambian mensajes claros y precisos a través del Cable Transatlántico Telegráfico. El hombre a cargo del plan es el estadounidense Cyrus W. Field, dueño de Atlantic Telegraph Company. La Historia lo compara con Colón o Magallanes. Su cable es el bisabuelo de la fibra óptica que nace en Las Toninas.

Ahora sí, 2018. El puerto de amarre de Century Link es un rectángulo de 4.500 metros cuadrados, chato y sin ventilación, vigilado en todo su perímetro. Excepto las del centro, en Las Toninas las veredas son irregulares. Aquí son lomaditas de pasto verde y prolijo, amansado a cortadora. Hay una reja automática, una recepción vidriada y una persona de seguridad. El frío es artificial y de glaciar porque, sabremos, las altas temperaturas podrían alterar el funcionamiento de las máquinas.

Aquí trabajan tres hombres: Raúl De Pedro, gerente de la estación, y Marcelo Peressutti y Gabriel Motta, ambos ingenieros de Red. Ellos se ocupan de que nuestros datos (tuits, mails, posteos…) encuentren el camino para llegar a destino a través de la fibra óptica y monitorean posibles interrupciones.

Caminamos por pasillos de paredes claras y pisos brillantes, bajo la luz blanca de los tubos. Atendemos cartelería de seguridad, tratamos de oírnos por encima de las alarmas, que se activan cada vez que una puerta se abre. Hay salas con funciones específicas y cada una tiene su gemela: si una falla, la reemplaza la otra. Dos salas de baterías, dos de gas FM200, de transmisión, controladores de energía, servidores apilados, paneles que escupen cables amarillos. No es un atentado el mayor peligro al que se exponen los cables, sino un corte de luz. Un generador de energía está encendido.

Que aumente el tráfico no implica un reemplazo de fibra óptica. En las estaciones trabajan sobre los extremos del cable, añadiendo tecnología que aumenta capacidad o velocidad. Así multiplicaron por 50 el tráfico, lo que en forma indirecta significa que más personas accedan al servicio.

Century Link y el resto de las mayoristas instaladas en Las Toninas garantizan que los datos lleguen: ante cualquier eventualidad, los datos se redirigen automáticamente, buscan alternativas rápidas y baratas para llegar a destino lo antes posible.

Es el final del recorrido y, de repente, aparece “el” cable, uno de los que vienen desde el mar, el South American Croissing –SAC–. Está en un rincón, al ras del piso, con otro cable que le da energía. Se erige desde la tierra, envuelto en una vaina amarilla. Es apenas un tramo y de poder acercarse bastaría la palma de una mano para abarcarlo. Tan desabrido y tan importante, el cable.

Hay una computadora vieja, del año 2000, que controla el heartbeat, las pulsaciones de la red en todo su entramado. El resto de la información es un lenguaje ajeno, tuberías y bandejas, terminaciones etiquetadas y con su propio destello, verde o rojo. Estamos rodeados de datos, su paseo silencioso e invisible. Afuera los perros, el mar y su arrullo, la playa de siempre. La Toninas toda, exhibiéndose en su timidez analógica.

Clarin

Unos 3.900 millones de personas usan actualmente internet, por lo que por primera vez más de la mitad de la población global está online, informó el viernes la ONU.

La agencia de la ONU para la información y la comunicación, ITU, indicó que para fines de 2018 un 51,2% de la población mundial estará usando internet.

“Para finales de 2018, habremos superado el umbral del 50% del uso de internet” afirmó el jefe de la ITU, Houlin Zhou, en un comunicado.

“Ello supone un importante paso hace una sociedad global de información más inclusiva” aseguró. “Aún queda demasiada gente que sigue esperando los beneficios de la economía digitalizada” matizó sin embargo.

Según la ITU, los países más ricos del planeta han registrado un sólido crecimiento en el uso de internet, que ha pasado de 51,3% de sus poblaciones en 2005 al 80,9% actualmente.

El avance ha sido proporcionalmente mucho más importante en los países en desarrollo, donde actualmente 45,3% de la población usa internet contra solamente 7,7% en 2005.

Al mismo tiempo, el informe indica que cerca de la totalidad de la población mundial vive en zonas donde hay redes para teléfonos móviles, y que el 90% de ella puede acceder a internet a través de la tecnología 3G o redes de banda ancha.

El promedio de velocidad de las conexiones fijas de internet en Argentina es de 13,1 MB, aunque 4 de cada 10 son conexiones de entre 1 y 6 Megas, según surge de los datos recopilados por la Cámara Argentina de Internet(CABASE).

Según el Internet Index del segundo semestre de 2018, apenas el 43,3% de las conexiones ellas supera los 10 MB y el 40,7% son conexiones de entre 1 y 6 MB.

“Si bien Argentina tiene una buena tasa de penetración de los servicios de internet, muchos años de desinversión en las redes han hecho que las velocidades promedio de las conexiones estén muy por debajo de países con un desarrollo económico similar al nuestro”, afirmó Ariel Graizer, presidente de CABASE.

Al analizar las velocidades promedio por provincia, se destaca que solo la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, con 17,8 y 14,2 MB respectivamente, tienen promedios por encima de la media nacional.

En el escalón siguiente, en la franja de entre 11 y 13 MB, 7 provincias tienen velocidades promedio cercanas a la media nacional: Córdoba con 12,8 MB, Chaco con 12,4 MB, Misiones con 12,1 MB, Neuquén con 12 MB, Santa Fe con 11,2 MB y Corrientes y Formosa, ambas con 11,1 MB.

En el extremo opuesto, La Pampa (4 MB), Santa Cruz (5,2 MB) y Chubut (5,4 MB) son las tres provincias con los promedios de velocidad más bajos.

Según consigna el documento, para que los usuarios de todo el territorio argentino cuenten con servicios de internet de calidad y a precios accesibles, se necesita un mayor desarrollo de infraestructura e inversiones en redes de transporte, así como en redes de fibra óptica de última milla (FTTH), la única tecnología que es capaz hoy de soportar los anchos de banda que requiere un hogar medio, y también una mayor cantidad de puntos de interconexión de tráfico (IXP – Internet Exchange Points) para hacer un uso más eficiente de los recursos de la red.

“Tenemos por delante un gran desafío para recuperar el tiempo perdido, generando políticas públicas, regulaciones e incentivos que promuevan la inversión en redes de Fibra Óptica al Hogar (FTTH) a lo largo y ancho del territorio”, agregó Graizer.

Según datos de marzo de 2018 del ENACOM volcados en el CABASE Internet Index, las conexiones de fibra óptica en Argentina totalizan 217.000, lo que equivale al 3% del total de conexiones fijas de internet del país.

Además, a través de un relevamiento propio, el CABASE Internet Index del segundo semestre establece el “umbral de asequibilidad de Internet” de las capitales de las provincias argentinas, tal y como lo determina la Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Digital de la ONU. Esta iniciativa establece que, si el precio del servicio de banda ancha supera el 5% de los ingresos medios mensuales de un hogar, este se convierte en una fuerte carga económica para la vivienda, por lo que aumentan las posibilidades de no ser contratado.

Así, este relevamiento establece que para 1,5 millón de hogares argentinos (el 11% del total) la contratación de un servicio de conectividad a Internet supone una elevada inversión económica, quedando por debajo del umbral de asequibilidad.

Sobre este resultado, Ariel Graizer sostuvo: “Las inversiones de los actores privados del ecosistema de internet, junto con las políticas públicas de los diferentes estamentos de gobierno, tienen que motorizar un mayor desarrollo e inclusión, para que los servicios de Internet sean de acceso universal y permitan a todos los argentinos entrar en la economía digital”.

A través de los 27 IXP Regionales (Internet Exchange Points) que integran la red nacional de puntos de interconexión de tráfico de la Cámara Argentina de Internet se interconectan más de 12.500.000 usuarios de la red en Argentina, generando un tráfico de datos que superó los 380 Gbps sostenidos en julio de 2018.

El volumen de tráfico sostenido alcanzado en julio significa un crecimiento del orden del 73% respecto de la medición de julio de 2017. Al tomar la serie histórica, surge que, desde el inicio de la medición en enero de 2011, el tráfico cursado en la red creció casi 245 veces hasta llegar a los 380 Gbps actuales.

La creciente popularidad del video como contenido favorito de los usuarios y sus múltiples usos cotidianos en diversas plataformas y redes sociales empujan el crecimiento de los volúmenes de tráfico y el aumento de la participación de este formato sobre el total del tráfico de internet.

“El uso de videos en nuevas opciones de aplicaciones sociales de streaming en vivo, películas y series a la carta, TV play, juegos en línea y otros servicios “Over the Top” (OTT), empujan el ancho de banda que los clientes esperan y demandan en los hogares y eso hace que las inversiones en infraestructura de redes de fibra al hogar sean críticas para que los proveedores puedan afrontar esa demanda”, concluyó Graizer.

 

 

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