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Ochenta científicos han calificado de «falacia peligrosa» la tesis de la inmunidad de rebaño, respaldada por altos funcionarios de la Casa Blanca, que plantea dejar que el covid-19 se propague en Estados Unidos hasta que un alto porcentaje de la población se infecte. Y, luego, desarrolle una supuesta inmunidad.

Para estos 80 expertos esto aumentaría los niveles de morbilidad y letalidad en la población.

Altos funcionarios de la administración Trump han discutido la tesis de la inmunidad colectiva o de rebaño, impulsada por un grupo de expertos en epidemiología y salud pública que firmaron la llamada «Declaración de Great Barrington» como una medida para detener el daño económico causado por la pandemia.

El doctor Jonathan Reiner, profesor de la Universidad George Washington, dice que bajo un modelo de inmunidad colectiva o de rebaño un 70% de la población en Estados Unidos podría infectarse de coronavirus. Y, añade, como consecuencia unos 2 o 3 millones de personas morirían.

Este experto insiste en que no hay evidencia de que una vez que alguien se infecta de covid-19 su inmunidad sea permanente. Como ocurre con el sarampión, que cuando la persona se contagia o se vacuna no se vuelve a infectar.

Proteger a los ancianos en la teoría de la inmunidad de rebaño

La teoría de la inmunidad colectiva o de rebaño contempla entre otras cosas que los ancianos tengan una «protección focalizada». Por ejemplo, introduciendo precauciones adicionales como pruebas frecuentes de covid-19 para evitar infecciones.

Sin embargo, el médico Thomas Frieden, exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), considera imposible evitar que el coronavirus llegue en un momento dado a esta población vulnerable.

Frieden insiste en que la vacuna es la mejor manera de poner fin a la pandemia de covid-19.

En medio de la controversia sobre aplicar o no un esquema de inmunidad colectiva o de rebaño en Estados Unidos, el presidente Donald Trump se ha declarado inmune al coronavirus tras padecer la enfermedad.

Pero el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de EE.UU., advierte que hay que tener cuidado al decir que la persona es inmune. Justamente, porque hay casos documentados de personas que se han reinfectado después de semanas o meses de haber contraído el coronavirus.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) también advirtió sobre los peligros que implicaría una estrategia de inmunidad de rebaño.

Tedros Adhanom Ghebreyesus considera que permitir que un virus peligroso, que aún no entendemos del todo, se propague libremente es simplemente una falta de ética y no es una opción.

Un estudio realizado por expertos en enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad de Rochester encontró evidencia de que los pacientes recuperados del padecimiento causado por el virus SARS-CoV-2 podrían adquirir inmunidad por muchos años e “incluso para toda la vida”.

Los resultados fueron publicados en la revista mBio, en donde también se refirió que los resfriados comunes pueden proporcionar cierto tipo de protección contra el virus.

El análisis arrojó que el virus causante de la enfermedad por coronavirus estimula las células B, las cuales son un tipo de organismos inmunes de larga duración que detectan patógenos y crean anticuerpos para combatir la enfermedad y los recuerda para el futuro.

Por ello, las personas que se enfermaron de COVID-19 tendrán en sus células B un aliado para evitar que la infección se propague.

Cabe señalar que las células de la memoria pueden vivir durante décadas, por lo que sería posible que las personas que superaron el coronavirus puedan estar protegidos por muchos años, aunque aseguran que aun falta profundizar más en los estudios para aseverarlo completamente.

“Cuando observamos muestras de sangre de personas que se estaban recuperando del covid-19, parecía que muchos tenían un conjunto preexistente de células B de memoria que podían reconocer el SARS-CoV-2 y producir rápidamente anticuerpos para atacarlo”, dijo Mark Sangster, investigador principal del estudio.

Por otra parte, la investigación también aportó información sobre la reactividad cruzada de las células B de la memoria, lo que significa que aquellas que alguna vez atacaron a los virus que causan el resfriado común parecían reconocer también el SARS-CoV-2.

Con base en estos hallazgos, los autores del estudio creen que esto podría significar que cualquier persona que haya sido infectada por un coronavirus común puede tener algún grado de inmunidad preexistente al COVID-19.

Para realizar la investigación se compararon 26 muestras de sangre de personas que se estaban recuperando de coronavirus leve a moderado y 21 donantes sanos cuyas pruebas se recolectaron hace seis y 10 años, mucho antes de que pudieran haber sido expuestos al SARS-CoV-2.

A partir de estas muestras, los autores del estudio midieron los niveles de células B y anticuerpos que se dirigen a partes específicas de la proteína Spike, que existe en todos los coronavirus y es crucial para ayudar a que los virus infecten las células.

Según lo encontrado, la proteína Spike actúa de forma diferente en cada coronavirus, pero la subunidad S2, uno de sus componentes, se mantiene prácticamente igual en todos los virus; por lo cual las células de la memoria no pueden diferenciar entre las subunidades Spike S2 de los diferentes coronavirus y atacan indiscriminadamente.

La investigación encontró que esto aplica para los beta-coronavirus, una subclase que incluye dos virus que causan el resfriado, así como el SARS, MERS y SARS-CoV-2.

No obstante, el estudio no muestra el nivel de protección proporcionado por las células B de memoria de reacción cruzada y cómo afecta los resultados de los pacientes.

Un nuevo estudio que analizó el brote de coronavirus en Brasil encontró un vínculo entre la propagación del virus y los brotes de dengue, que sugiere que la exposición a la enfermedad transmitida por mosquitos puede proporcionar cierto nivel de inmunidad contra el Covid-19.

El estudio aún no publicado dirigido por Miguel Nicolelis, profesor de la Universidad de Duke, compartido con Reuters, comparó la distribución geográfica de los casos de coronavirus con la propagación del dengue en 2019 y 2020.

Nicolelis encontró que los lugares con tasas más bajas de infección por coronavirus y un crecimiento de casos más lento eran zonas que habían sufrido brotes intensos de dengue este año o el pasado.

Este sorprendente hallazgo plantea la intrigante posibilidad de una reactividad cruzada inmunológica entre los serotipos de flavivirus del dengue y el SARS-CoV-2, añadió al estudio, refiriéndose a los anticuerpos contra el virus del dengue y el nuevo coronavirus.

Si se demuestra que es correcta, esta hipótesis podría significar que la infección por dengue o la inmunización con una vacuna eficaz y segura contra el dengue podría producir algún nivel de protección inmunológica.

Nicolelis dijo que los resultados son particularmente interesantes, porque estudios previos han demostrado que las personas con anticuerpos contra el dengue en la sangre pueden dar un resultado falso positivo para anticuerpos Covid-19, incluso si nunca han sido infectadas por el coronavirus.

Esto indica que hay una interacción inmunológica entre dos virus que nadie podría haber esperado, porque los dos virus son de familias completamente diferentes, recalcó Nicolelis, y agregó que se necesitan más estudios para probar la conexión.

 

Un nuevo estudio científico publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine habla del beneficio adicional del uso de las mascarillas durante la pandemia de covid-19. Las mismas podrían actuar como elemento de variolización, es decir, generarnos una especie de inmunidad al virus.

En este episodio, el doctor Elmer Huerta analiza el estudio y nos refresca los conocimientos sobre el término variolización.

Puedes escuchar este episodio en Apple Podcasts, Spotify o tu plataforma de podcast favorita, o leer la transcripción a continuación.

Hola, soy el Dr. Elmer Huerta y esta es su diaria dosis de información sobre el nuevo coronavirus, información que esperamos sea de utilidad para cuidar de su salud y la de su familia.

Hoy veremos qué otra ventaja, además de evitar el contagio, brinda el uso de la mascarilla.

El uso de las mascarillas para la prevención del contagio del nuevo coronavirus fue rápida y masivamente adoptado por la población de países asiáticos.

Se cree que experiencias previas con epidemias influyeron mucho para que esas poblaciones adoptaran inmediatamente el uso de las mascarillas.

El mundo occidental, sin embargo, ha pasado por diversos momentos en su adopción.

El uso de las mascarillas

Al inicio de la pandemia, y siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos, el uso de la mascarilla fue únicamente recomendado para las personas con síntomas de alguna enfermedad respiratoria.

No fue sino hasta el 3 de abril que los CDC cambiaron su postura, y recomendaron que toda la población de Estados Unidos usara mascarilla para evitar que aquellos individuos que tengan el nuevo coronavirus sin saberlo, o tener síntomas, contagien a otros.

La OMS tardó mucho más. Fue recién el 5 de junio que cambió su postura y recomendó también el uso universal de las mascarillas.

Entretanto, debido a ese retraso y a los vaivenes de la política, la mascarilla se convirtió, por lo menos en Estados Unidos, en un signo de división política.

El asunto es, como lo describimos en los episodios del 26 de abril y del 23 de junio, que las mascarillas han probado ser elementos esenciales en la prevención del contagio del nuevo coronavirus.

En ese sentido, las mascarillas no solamente actúan como una barrera física para que la persona que la use no se contagie. Sino que hace el trabajo inverso, es decir, impide que una persona sintomática o asintomática, pueda contagiar a los demás.

Pero ahora, investigadores de la Universidad de California en San Francisco plantean una interesante hipótesis publicada en el New England Journal of Medicine del 8 de septiembre, que establece que las mascarillas actúan como un elemento de variolización, haciendo que si nos infectamos usándola, la enfermedad que adquirimos sea asintomática.

Veamos en qué consiste ese antiguo concepto de la variolización.

¿Qué es la variolización?
La viruela fue, desde la antigüedad, una plaga que afectaba a todas las capas de la sociedad.

En el siglo XVIII en Europa, 400.000 personas morían anualmente de viruela y un tercio de los supervivientes quedaban ciegos.

La mayoría de los supervivientes quedaban con cicatrices desfigurantes y entre 20% y 60% de los enfermos morían.

En los niños pequeños, la mortalidad era aun mayor, calculándose que a fines del siglo XIX llegaba a 80% en Londres y 98% en Berlín.

Debido a su alta mortalidad y a severas secuelas estéticas, la humanidad trató desde tiempos inmemoriales de desarrollar algún tipo de tratamiento preventivo contra la enfermedad.

Se piensa que, en algún lugar de África, China o la India, los practicantes médicos desarrollaron un método de control de la enfermedad a la que llamaron variolización, cuyo fundamento era la observación de que una persona que sufría de la enfermedad se volvía inmune a ella, es decir, no volvía a enfermarse jamás.

La inmunidad por exposición
Movidos por razonamientos desconocidos, la variolización consistía en obtener material fresco de las ampollas causadas por la viruela e inyectarlas mediante un raspado en la piel de personas sanas para evitar la enfermedad.

Práctica común en Asia, la variolización llegó a Europa a comienzos del siglo XVIII, llevada por las clases aristocráticas de la corte inglesa.

A pesar de que la variolización causaba enfermedad y muerte en algunos sujetos sometidos a ella. Esas cifras eran mucho menores que las causadas por la enfermedad natural, por lo que su práctica se extendió en Europa y América, y se convirtió en el principal modo de combatir esa grave enfermedad.

Fue en 1796, cuando el médico inglés Edward Jenner observó que las mujeres que ordeñaban vacas y adquirían la viruela de las vacas eran también inmunes a la viruela humana, que se inventó la vacuna, haciendo posible que en 1975 se erradicara la viruela del mundo.

Pero volviendo a la variolización, este era un método que no eliminaba completamente la viruela; lo que hacía era disminuir la intensidad de la enfermedad.

En otras palabras, la persona variolizada desarrollaba una viruela tan leve que disminuía el daño causado por la enfermedad.

¿Las mascarillas nos generan inmunidad al Covid-19?
Volviendo a las mascarillas, los investigadores de la Universidad de California postulan que el uso de las mascarillas durante esta pandemia de covid-19 actuaría como un elemento de variolización. Es decir, que si una persona se infecta usando una mascarilla, la carga viral sería tan poca, que terminaría causando una forma asintomática de la enfermedad.

En ese sentido, mencionan que en sociedades en donde el uso de las mascarillas es casi universal la proporción de casos asintomáticos es de 80%, mientras que en sociedades en donde el uso de las mascarillas no es generalizado, la proporción de casos asintomáticos es del 40%.

Citan también dos situaciones en las que las mascarillas produjeron un alto número de casos asintomáticos. La primera en un barco argentino y la segunda en una planta procesadora de carnes, en las que, gracias a las mascarillas, repartidas muy temprano en el brote, la proporción de asintomáticos llegó a ser de 81% y 95%, respectivamente.

Obviamente, dicen los investigadores, su hipótesis solo podría ser probada comparando la proporción de casos de covid-19 en sociedades que usen y no usen mascarillas, algo muy difícil de hacer.

En resumen, la hipótesis es muy atractiva y agrega otro potencial beneficio al uso de las mascarillas para prevenir la enfermedad.

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Todos los voluntarios que recibieron la nueva vacuna experimental contra el coronavirus desarrollada por el Ministerio de Defensa ruso y el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya han presentado claros indicios de inmunidad contra el patógeno.

«En el hospital militar clínico Burdenko el 3 de agosto ha tenido lugar la revisión médica final de los voluntarios que participaron en las pruebas clínicas de la vacuna contra el coronavirus covid-19, llevadas a cabo por el Ministerio de Defensa junto con el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya», informó este lunes el organismo de Defensa, según citan medios locales.

Los voluntarios regresaron a la institución médica militar —donde se habían llevado a cabo los ensayos con humanos— al cumplirse el día 42 desde que recibieron la inyección para someterse a una revisión exhaustiva, tal y como establece el protocolo del experimento.

Sin efectos adversos

«Los resultados de las revisiones han demostrado con claridad la existencia de una evidente respuesta inmunológica obtenida como producto de la vacunación», aseguran desde el Ministerio de Defensa.

Y precisan que «no se ha detectado ningún efecto secundario o desviación en el funcionamiento del organismo de los voluntarios».

Además, señalan que estos datos permiten afirmar que esa vacuna contra el covid-19 es segura y posee buena aceptación por parte del organismo.

Vacunación masiva
El pasado sábado, el ministro de Salud de Rusia, Mijaíl Murashko, ministro de Salud de Rusia, ha confirmado que se completó la fase de ensayos clínicos de la vacuna. E indicó que se está preparando el paquete de documentos necesarios para registrar el medicamento.

Se prevé que la vacunación masiva de la población rusa contra la infección por coronavirus empiece en octubre. Los primeros en vacunarse serán los integrantes de colectivos especiales como médicos y maestros.

Habrá más observaciones de pacientes vacunados», explicó Murashko, quien agregó que la vacunación masiva está prevista para octubre.

25 vacunas en desarrollo

El ministro de Salud también dijo que otra vacuna, desarrollada por el Centro Estatal de Investigación en Virología y Biotecnología Véktor en Novosibirsk, está siendo sometida a ensayos clínicos.

La semana pasada, el primer ministro de Rusia, Mijáil Mishustin, anunció que en el país 17 organizaciones científicas están desarrollando más de 25 vacunas distintas contra el nuevo coronavirus.

Hasta el momento, Rusia ha contabilizado 856.264 casos positivos y 14.207 decesos por covid-19.

La medida fue muy cuestionado por organismos internacionales de derechos humanos. “Hemos logrado la ansiada pacificación”, sostuvo Áñez.

El decreto que daba inmunidad penal a militares y policías en Bolivia quedó derogado este jueves, tras considerar el Gobierno interino que el país logró «la ansiada pacificación».

La presidenta provisional Jeanine Áñez anunció la derogación del decreto, muy cuestionado por organismos internacionales de derechos humanos y en el propio país, donde la violencia desde los comicios fallidos del 20 de octubre deja 34 muertos, muchos por disparos durante operativos militares y policiales.

«Hemos logrado la ansiada pacificación», sostuvo Áñez en una breve conferencia de prensa en el palacio de Gobierno en La Paz. La mandataria interina argumentó que el decreto supremo que emitió el pasado 14 de noviembre, dos días después de asumir el poder, era «un recurso constitucional» tomado ante «acciones violentas que nunca antes» habían visto en la «historia» de Bolivia.

Jeanine Áñez se refirió expresamente a lo que calificó como «días de terror» en la ciudad de El Alto, vecina de La Paz, donde aseguró que estuvo en riesgo la vida de más de 250.000 personas en lo que pudo ser «una tragedia de dimensiones devastadoras» en una refinería.

Al menos diez civiles murieron por disparos tras un operativo militar y policial el pasado 19 de noviembre en esta ciudad de cerca de un millón de habitantes, cuando grupos de manifestantes contrarios al Gobierno de Áñez se concentraban ante la refinería.

El Ejecutivo interino niega que las fuerzas del orden dispararan, mientras que entidades como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que envió una delegación a Bolivia, denunciaron un uso excesivo de la fuerza en este y otros operativos.

Otros nueve civiles murieron por disparos en la ciudad boliviana de Sacaba el pasado 15 de noviembre en una intervención de fuerzas del orden.

Amnistía Internacional, la Defensoría del Pueblo de Bolivia, que presentó un recurso de inconstitucionalidad, y otras entidades desde el exterior y en el país criticaron duramente el decreto supremo 4078, que eximía de responsabilidad penal a militares y policías si actuaban con «proporcionalidad» y «en legítima defensa».

«Nos toca llegar al momento histórico de la reconciliación», concluyó la presidenta interina en un rápido discurso de unos cuatro minutos.

Según datos de la Defensoría,las víctimas mortales son 34 y los heridos 832 por actos de violencia desde los comicios del 20 de octubre, ahora anulados.

La violencia comenzó el día después de las elecciones, tras las que fue declarado vencedor Evo Morales entre denuncias de fraude desde la oposición.

Morales anunció el pasado 10 de noviembre su renuncia, forzado por las Fuerzas Armadas, tras un informe de la Organización de Estados Americanos que advirtió graves irregularidades en los comicios.

Al día siguiente salió hacia México, donde está asilado, y desde esa jornada el ejército realiza operativos conjuntos con la Policía, que pidió su apoyo al verse desbordada por los actos violentos en medio de un vacío de poder. Áñez asumió la Presidencia interina el pasado 12 de noviembre y el decreto fue emitido el 14.

La renuncia de Morales fue calificada como «golpe de Estado» por varios Gobiernos y políticos latinoamericanos. Otros países han reconocido al Ejecutivo interino de Áñez, mientras que parte de la comunidad internacional ha instado al diálogo sin pronunciarse sobre la crisis política, informó Clarín.