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Si la divisa y el crudo se mantienen en los valores actuales, el incremento sería de 5%, o más. La suba de los precios impacta en el impuesto a los combustibles y fija un piso de aumento de 2 por ciento.

En una semana en la que la sensación térmica superó los 40 grados y el dólar también cerró por encima de los $40, las petroleras también analizan llevar el precio del litro de la nafta cerca de ese valor. Es que en marzo deben realizar la revisión de precios en función de diversas variables que se vienen moviendo al alza durante el último mes: el precio del petróleo, la inflación, que incide en el impuesto a los combustibles, y el tipo de cambio.

Fuentes de las empresas precisaron que el aumento podría ser de 5%, si es que los valores del crudo y del dólar se mantienen en los niveles actuales o crecen aún más. En lo que va del mes, el dólar se encareció casi 5% y el Brent escaló desde los USD 62,60 el barril que estaba a comienzos de febrero hasta los USD 66,20 del cierre de ayer, lo que equivale a una suba de 6% en lo que va del mes.

Lo que ya fija un piso de 2% de aumento de la nafta y el gasoil para marzo es la incidencia del impuesto a los combustibles, que se actualiza trimestralmente en función de la inflación del período anterior. En este caso, la de octubre a diciembre, que en promedio fue de 3,7%, precisó el presidente de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines de la Argentina (CECHA), Carlos Gold.

“Eso es inevitable. Pero para ver cómo va a incidir el precio del crudo y el tipo de cambio hay que esperar hasta fin de mes. Si se mantuvieran ambas variables con los valores actuales, también incidirán en los precios”, aclaró. También afecta en el valor de las naftas el precio de los biocombustibles se que usan de corte para los combustibles.

Actualmente, el litro de nafta súper se vende a $ 37,62 en las estaciones de servicios de YPF de la Ciudad de Buenos Aires, apenas por encima en Axion y a $38,52 en Raizen (que opera la marca Shell). A su vez, la Infinia cuesta $43,40 en YPF y la V-Power de Shell, $44,43. Si el aumento que se defina en marzo alcanza el 5%, la súper pasará a costar $39,50 en YPF y $40,44 en las estaciones Shell.

En el caso del gasoil, se iría de $35,18 a $36,9 el común, y el Infinia Diesel, de los $41,18 actuales a $43,20. Mientras que en el caso de Raizen, el gasoil comun cuesta $36,79 y el V-Power Diesel, $42,82. Cuánto más alejada esté la estación de Capital Federal, el precio se encarece más.

Por lo tanto, llenar un tanque de 50 litros con nafta súper hoy sale $1.881, que escalaría a casi $2.000. Con gasoil, el total a pagar sería de $1.845. Claro que las cifras dependerán de cuánto finalmente sea el aumento.

Durante el año pasado, los automovilistas sufrieron 14 incrementos en el precio de los combustibles debido al brusco impacto de la devaluación. Recientemente hubo algunas bajas, pero la mayoría fueron subas. Ello hizo que en un contexto recesivo, con aumentos de tarifas fuertes y salarios en baja, muchas personas dejen el auto para movilizarse y caiga el consumo de combustibles. En una de las petroleras precisaron ayer que durante febrero se había percibido una mejora, que podía ser atribuible, entre otros factores, a los movimientos en el sector agropecuario.

 

INFOBAE

Desde Ecolatina, Orlando J. Ferreres, CESO y ABECEB dieron su pronóstico a este medio. Estaría impulsada por tarifas y carne vacuna, principalmente. De confirmarse la suba, ubicará el aumento para el primer bimestre por encima del 6%.

Con la sorpresiva cifra de inflación difundida por el INDEC para enero, que ubicó la suba en 2,9%, los pronósticos para febrero hacen prever un mes caliente. En diálogo con ámbito.com, consultoras remarcaron que el incremento podría cerrar cerca del 3,5% empujado por las tarifas, el aumento de la carne y una inflación inercial. De confirmarse la cifra, ubicará el Índice de Precios al Consumidor por encima del 6% solo en el primer bimestre.

El 2018 cerró para el olvido dentro del Gobierno en materia de inflación. El organismo que conduce Jorge Todesca dio cuenta de un alarmante aumento del 47,6% en 12 meses, lo que la colocó como la más alta de los últimos 27 años. La devaluación y los aumentos de tarifas se transformaron en un caldo de cultivo para los bienes y servicios y si bien la primera parece haberse estabilizado, los segundos siguen haciendo mella, al menos a corto plazo.

Consultoras dieron su previsión a ámbito.com para el segundo mes del año y coincidieron en que no será un febrero calmo sino que, por el contrario, cerrará con una inflación “caliente”. En algunos casos, la ubican en torno al 2,6% mientras que otros la posicionan cerca del 3,5%.

Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, adelantó que “la primera quincena de febrero en comparación con la primera de enero nos dio 3,4% y estamos previendo que el mes cerrará entorno al 3,5%”.

“Vemos que hay una sorpresa no agradable en el precio de la carne vacuna. Venía bastante tranquilo, pero empezó a subir en el mercado mayorista de enero y en febrero nos da una suba fuerte cercana al 10%. Eso tiene un impacto que llega a Alimentos y Bebidas, que cerraría en por lo menos 3,5% lo cual hace que la inflación en el segundo mes siga acelerándose”, profundizó.

Para explicar la suba, hizo hincapié en que “los precios del ganado venían retrasados respecto al dólar”. Esta actualización se vio en parte en enero, pero Sigaut Gravina adelantó que “en febrero va haber un aumento de casi el 10% de la carne vacuna, lo que explica porque ya no estamos hablando de 3% sino de 3,5%. Esto puede llegar a marzo y golpear también el valor del pollo. Estamos hablando de un bien sensible de cara a las paritarias y la gente lo va a sentir”.

Con respecto a la cifra de enero difundida por INDEC, Sigaut Gravina dijo que fue “una sorpresa porque nos estaba dando parecido a la cifra de diciembre, mientras que febrero lo veíamos apenas arriba de estos”.

En cuanto a la persistencia de la inflación en un contexto recesivo, Sigaut Gravina sostuvo que es en parte producto de la “inercia pero también porque tenemos una inflación elevada y persistente hace más de 10 años y en 2018 se aceleró y mucho, con algunos precios que todavía no se habían actualizado. A eso hay que sumarle las tarifas”.

Un estudio realizado por la Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella señala que la inflación esperada por la sociedad para el 2019 continúa ubicándose en torno al 30%. Para Sigaut Gravina, la inflación anual “rozará el 35% y con los datos de inicio de año confirman esta percepción”.

Fausto Spotorno, economista y director del Centro de Estudios Económicos Orlando J. Ferreres, ante la consulta sobre las expectativas de inflación para el mes corriente y señaló que están pronosticando “cerca del 3%, con un impacto muy grande de tarifas”. En ese sentido, sostuvo que “el tema clave es ver si Alimentos afloja, lo cual creemos que sí. Pero si no, estaríamos arriba de esa cifra”.

En cuanto al impacto de las tarifas en el IPC, el economista de OJF sostuvo que “en el muy corto plazo impacta pero en el mediano plazo no. Este mes el incremento será por ese motivo pero en los siguientes las tarifas van a tener un impacto desflacionario sobre el resto de los bienes porque al tener que pagar tarifas no podes comprar otros productos”, agregó Spotorno.

Un informe que difundió el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz señala que el índice de precios de supermercados, que corresponde a un seguimiento de más de 20.000 productos, se ubicó en 0,38% solamente durante la segunda semana de febrero. Asimismo, en comparación a la misma semana de enero, la cifra se elevó a 2,58%. Por otro lado, desde la consultora ABECEB informaron que la previsión será de 3%.

El director del CESO Andrés Asiain adelantó que “la estimación para febrero es de 2,6%”, lo cual la ubicaría apenas 0,3 puntos porcentuales por debajo de enero.

Para explicar el porqué del alza de precios pese a la recesión económica, Asiain aclaró que “para nosotros la inflación no es monetaria ni de demanda”. “Hubo un shock de costos de la devaluación que todavía se continúa trasladando a precios. También hubo reclamos salariales que fueron aparejados con nuevos aumentos a fin de año, sumado a las subas de tarifas y a las altas tasas de interés que incrementan los costos financieros. Todo eso sobre una inflación inercial que ya estaba en los contratos de alquiler, en los créditos, en las expectativas de paritarias, es el escenario que genera la inflación actual”, concluyó.

Ámbito

Con números en aumento, y el mix de factores internacionales (el valor del petróleo crudo en el mundo) y locales (rebote en el tipo de cambio y traslado de la inflación acumulada en el cuarto trimestre de 2018), las naftas y gasoil tendrían así su segundo incremento del año en marzo.

Desde que comenzó febrero, el petróleo Brent, que se negocia a futuro en Londres y es la referencia para Argentina, saltó más de un 8%, desde los u$s 61 por barril a más de u$s 66 ayer. El dólar, por su parte, subió 4% hasta los $ 39,70 que cerró ayer en el Banco Nación.

En tanto, la inflación minorista que entre octubre y diciembre del año pasado sumó 11,3% llevará a que el litro de nafta cueste $ 0,91 más, mientras que el litro de gasoil se encarecerá $ 0,57. Esto porque el Impuesto a la Transferencia de Combustibles (ITC) se actualiza trimestralmente (en marzo, junio, septiembre y diciembre de cada año) a partir de la reforma tributaria sancionada en 2017.

Con la referencia de los precios actuales de YPF en la Ciudad de Buenos Aires, de movida la nafta súper debería subir un 2,4%, y 1,6% en gasoil –según publica El Cronista-.

Como las empresas refinadoras compran el petróleo a las productoras con paridad de exportación (export parity), para lo que al precio mundial se le restan las retenciones (del 10%) y un descuento extra por la calidad del Medanito (cercano a los u$s 3), las ventas en marzo se negociarían en torno a los u$s 57 por barril, confió en reserva una fuente vinculada a la producción en Vaca Muerta.

Los contratos de compraventa para febrero estuvieron alrededor de los u$s 55, con lo que el próximo mes, de mantenerse la actual cotización mundial del petróleo, el aumento estaría en torno al 3,5%.

Desde una compañía refinadora, por su lado, comentaron que “las negociaciones están tranquilas” porque “las productoras están ganando plata”.

Es que dos meses atrás, cuando el petróleo rondaba los u$s 50 por barril, hubo una pequeña crisis porque las petroleras chicas, que no son líderes en la producción y no estaban integradas con las refinerías (como sí lo están YPF, PAE-Axion y Shell-Raizen) protestaban porque las retenciones a las exportaciones actuaban como un límite de hecho al precio local y sus operaciones en Vaca Muerta podrían haber carecido de rentabilidad, de sostenerse esa situación en el tiempo.

De todas formas, en esa refinadora aseguraron: “Deberíamos subir los precios de los combustibles, pero dependerá de lo que haga YPF, que tiene un 60% del market share”.

“Habrá que ver hasta dónde la demanda puede aguantar. Tal vez, si nos excedemos con un aumento, hay que hacer una corrección a la baja después. Hay que esperar hasta fin de mes para tener certezas de cuánto tienen que actualizarse los precios”, explicaron en una petrolera integrada.

El Comodorense

Los rubros de Comunicación y de Restaurantes y Hoteles fueron los que más subieron en el primer mes de 2019.

La inflación de enero fue del 2,9 por ciento, informó esta tarde el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC). Se aguardaba que se ubicara en torno al 2,5 por ciento, según estimaciones de consultoras privadas. La cifra llega luego de que el organismo que conduce Jorge Todesca diera a conocer que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) llegó a 47,6 por ciento en 2018, el número más elevado en 27 años.

El rubro Alimentos y Bebidas, que más incidencia tiene en los sectores de menores recursos, registró en el primer mes del año un aumento superior al índice general, ya que fue del 3,4 por ciento. Mientras tanto, el sector que más subió en enero fue Comunicación con el 7,4 por ciento, debido al ajuste en tarifas de celulares.

Lo siguieron el rubro Restaurantes y Hoteles, con el 3,7 por ciento, y el de Recreación y Cultura, con el 3,5 por ciento. Según los datos oficiales, la inflación acumulada con relación a enero del año pasado trepó al 49,3 por ciento, cuando durante 2018 había llegado al 47,6. En enero, la inflación más baja se registró en la región del Gran Buenos Aires, con un aumento de los precios minoristas del 2,8, mientras que en la del Noreste se registró la más alta con un 3,4 por ciento.

Ciertamente, la cifra dada a conocer este jueves por el INDEC resultó superior a lo esperado por numerosas consultoras privada. Según el estudio Orlando Ferreres y Asociados, la inflación dada a conocer esta tarde sería de 2,5 por ciento. El estudio precisó a su vez que durante el período evaluado se “evidenció una leve aceleración en su ritmo de crecimiento de la mano de los aumentos en los servicios regulados”.

En ese sentido, en el sondeo efectuado por Orlando Ferreres y Asociados se realizó un cálculo de los rubros que registraron los mayores aumentos en enero pasado. A la cabeza se ubicó el rubro de Bienes Varios con un 5,8 por ciento. En tanto, se detalló que el de Esparcimiento trepó un 4,6 por ciento, impulsado por el aumento en los cigarrillos, entre otros.

Por su parte, la fundación Fiel estimó también una inflación de 2,5 por ciento en Ciudad de Buenos Aires, mientras pronosticó para febrero un avance de entre 2,1 y 2,4 por ciento. En tanto, la consultora Elypsis publicó la proyección de inflación para el primer mes del año y coincidió con la cifra de 2,5 por ciento al tiempo que consideró que el año concluirá con un 30 por ciento de aumentos de precios minoristas.

 

elintransigente.com

El Presidente reconoció los efectos de la devaluación y la inflación en los argentinos. “Veníamos hace muchos viviendo por arriba de sus posibilidades “, sostuvo. “Hay gente enojada y mucha gente angustiada porque cuesta más llegar a fin de mes”, admitió.

Antes de partir a Colonia para reunirse con el presidente uruguayo Tabaré Vázquez, Mauricio Macri admitió que hay muchos argentinos que sufren con la crisis económica, volvió a responsabilizar de la situación a los anteriores gobiernos y aseguró que la actual coyuntura es “mejor” que la el punto de partida del 2015.

“Doy vueltas por el país todo el tiempo, debo ser el presidente que más ha recorrido el interior del país en sus primeros tres años de gobierno, y lo hago desde el amor que tengo por lo que hacemos y todos ustedes, y por la convicción que estando cerca y escuchándolos, voy a resolver los problemas que tenemos”, le comentó a la entrevistadora al inicio de la charla radial.

“Hay gente enojada y mucha gente angustiada porque cuesta más llegar a fin de mes, porque nos hemos chocado contra una realidad, los entiendo. La Argentina venía hace muchos viviendo por arriba de sus posibilidades”, sostuvo el mandatario en diálogo con FM Radio Pasión 96.5, de la localidad puntana de Buena Esperanza.

“Hubo gobiernos que gastaban más de lo que tenían, y de golpe nos encontramos que el mundo nos dejó de dar crédito para sostener eso, y tuvimos una devaluación grande, acompañado de un aumento de la inflación eso nos ha pegado, pero finalmente hemos entendido”, sostuvo en la breve entrevista radial.

“A la luz de las dificultades que hemos enfrentado, entendimos que no podemos vivir de lo prestado, ni gastar más de lo que tenemos. No se pude gastar más de los que se genera todos los meses, para estar más tranquilo y ahorrar un poquito. Los intendentes, los gobernadores y el presidente tienen que gastar menos de lo que le damos de impuestos, que nos cuesta mucho pagar”, añadió.

“Este camino ya lo han logrado muchos países, nuestros países vecinos lo han logrado, como Chile, Paraguay, Uruguay, Perú. Ellos viven con presupuestos realidad, acotados, sin despilfarrar, sin robar”, sostuvo. “Si se gasta más de lo que une tiene facilita el desorden, y eso trae más posibilidad de corrupción, como estamos viendo con las denuncias que se están estudiando del gobierno anterior”, completó.

“Es un camino que nos ha golpeado, que no es fácil, y entiendo a aquellos que están enojados o angustiados, pero créanme que es el único camino: decirnos la verdad, el diálogo, trabajar en equipo. Estamos en minoría en el Gobierno y dialogamos con la oposición, el peronismo, para hacer las reformas fundamentales que esperan los que votaron un cambio. Y a pesar de los golpes, diría que estamos en una mejor posición para encarar el futuro de lo que estábamos en el 2015, en una posición más sólida”, dijo y remarco, las relaciones internacionales, la institucionalidad, la lucha contra el narcotráfico, la conectividad de internet y la “revolución” de los aviones.

En medio de las quejas de los sectores bajos por la falta de empleo y asistencia social, de los sectores medios por los tarifazos, de los empresarios por la suba de impuestos y exiguos incentivos a la producción local, el mandatario se mostró ilusionado con los futuros ingresos de dólares que generarán los productos agropecuarios. “El campo va a tener una cosecha récord que va a permitir generar más actividad” económica, sostuvo.

Enojos y angustias

Al mismo tiempo que brindaba el reportaje telefónico, organizaciones sociales se movilizaban hacia el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, así como también había marchas en distintos puntos del Interior, para reclamar actualización de los montos que perciben los beneficiarios de los programas de empleo y la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el Frente Popular Darío Santillán y el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) llevaban adelante la medida bajo el lema “Tierra, techo y trabajo”. La movilización cuenta con el apoyo de sectores del sindicalismo como la Corriente Federal, ATE Nacional, CTA Autónoma, entre otros.

Asimismo, en las últimas horas la Unión Industrial Argentina (UIA) estimó que la actividad del sector cayó 3,5% en 2018. Durante la primera junta del año, que reúne a la mesa grande de la UIA con representantes de todo el país, además de repasar los datos estadísticos del 2018 se manifestó la preocupación de las distintas regiones y sectores productivos por la caída del nivel de actividad.

José Urtubey, del Comité Ejecutivo de la entidad fabril, advirtió que el modelo económico del Gobierno “no nos sirve a los industriales, ni a nadie” y dijo que las perspectivas para 2019 son que la industria va a volver a caer, un 2,5%. “La mitad de la industria está paralizada. Eso sintetiza la crisis que vive el sector. Era obvio que íbamos a terminar así y no hubo modificaciones en el rumbo que tomó el Gobierno nacional”, enfatizó el dirigente empresario. Además, recordó que en los últimos tres años, se perdieron 107 mil puestos de trabajo en la industria.

En este marco, el Gobierno convocó para el jueves a la mañana a empresarios y entidades del sector para anunciar el lanzamiento de medidas de estímulo para las economías regionales. En encuentro será a las 9 en el Salón Blanco de la Casa Rosada, y estará encabezado por Macri y el ministro de la Producción, Dante Sica. De acuerdo a lo que trascendió, el objetivo de las medidas en análisis será el de facilitar las ventas al exterior de productos regionales. No se descarta en ese sentido que se modifique el esquema de retenciones.

Ámbito

Cae la actividad industrial a su menor nivel desde 2003. Más del 40 por ciento de la capacidad instalada está ociosa. El índice de utilización de la capacidad instalada cayó en diciembre a 56,6 por ciento, el peor registro para la industria desde 2002. Los sectores más afectados, el automotor y el textil, con niveles del 25,6 y 32,3 por ciento, respectivamente.

El gobierno de Cambiemos logró en tres años llevar a la industria a los mismos niveles de actividad post default y crisis socioeconómica de 2001. La utilización de la capacidad instalada del sector manufacturero se ubicó en diciembre pasado en el 56,6 por ciento, informó ayer el Indec. Se trata del peor registro de la industria desde 2002, cuando había promediado el 49,9 por ciento. Hasta ayer había que remitirse a enero de 2003, con 58,9 por ciento de capacidad en uso de la industria, para encontrar un desempeño tan bajo e inferior a 60 por ciento. La caída del consumo interno por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el impacto en sus costos por la devaluación del peso, los tarifazos en los servicios públicos y los combustibles, los altos niveles de tasas de interés que torno inviable el acceso al crédito y la apertura a las importaciones explican la capacidad fabril ociosa actual. Los rubros con los más bajos desempeños en diciembre fueron el automotor, con 25,6 por ciento, el textil, con 32,3 por ciento y el metalmecánico, con 42,8 por ciento.

La capacidad instalada es el potencial máximo de producción que puede lograr una empresa o un sector durante un período determinado y la medición de su utilización, por carácter opuesto, refleja la capacidad ociosa de la actividad como respuesta a una menor demanda. Entre la promesa de lluvia de inversiones productivas y el achicamiento inédito (desinversión) de la industria que consiguió el Gobierno pasaron cosas, y de forma vertiginosa. La primera caída en el uso de la capacidad instalada comenzó a fines de 2016 y se extendió hasta principios de 2017, en plena primera recesión económica del macrismo. Dentro de ese lapso, en febrero de 2017, el uso de la capacidad instalada llegó a tocar el mínimo de 60 por ciento. Ese fue el peor registro del país desde fines de 2003, cuando la economía iniciaba una recuperación, por rebote, tras tocar fondo en 2002.

En 16 años nunca había habido una capacidad ociosa superior al 40 por ciento (inversa del potencial utilizado). Sin embargo, la industria cerró 2018 con la marca de 56,6 por ciento de capacidad instalada, 6,7 puntos menos que en noviembre previo. Respecto de octubre de 2015, cuando el nivel general de uso de la capacidad instalada era 71,4 por ciento, se retrajo 14,8 puntos. Pero además de la caída, hasta fin de 2015 la actividad era homogénea y el sector textil exhibía un uso de su capacidad instalada de un 75,6 por ciento. O la metalmecánica, en donde se ubicaba en 62,6 por ciento. Junto con la caída de los últimos tres años, también se aceleró la dispersión y profundización de la crisis en sectores mano de obra intensivos.

Los bloques por orden de menor uso de su capacidad instalada fueron la industria automotriz (25,6 por ciento), productos textiles (32,3), metalmecánico (42,8), caucho y plástico (47,2), edición e impresión (48,9) y tabaco (56,0). Todos por debajo de la media del nivel general de diciembre. Por encima del nivel general se ubicaron refinación del petróleo (77,4 por ciento), industrias metálicas básicas (69,4), papel y cartón (66,8), sustancias y productos químicos (66,4), productos minerales no metálicos (61,5) y productos alimenticios y bebidas (58,9), según el Indec.

En el caso de la industria textil, la disminución en el uso de la capacidad instalada fue de 23,4 puntos porcentuales respecto del 55,7 de igual mes de 2017, que “se explica por la menor elaboración de hilados de algodón y de tejidos, tanto planos como de punto”, señala el Indec. La industria automotriz tuvo una caída de 12,7 puntos respecto de diciembre de 2017 (38,3 por ciento), “como consecuencia de la disminución de la cantidad de unidades fabricadas por las terminales automotrices a partir de la menor demanda local y de la realización de paradas técnicas en algunas plantas productivas”. Por su parte, la baja de 12,8 puntos en el uso de la capacidad instalada de la industria metalmecánica se originó “en las caídas de los niveles de producción de aparatos de uso doméstico y maquinaria agropecuaria”. Otro rubro con caída interanual de dos dígitos (-15,2 por ciento) fue productos minerales no metálicos por caídas de los niveles de producción de vidrio, cemento, sanitarios de cerámica, pisos y revestimientos cerámicos, ladrillos huecos, mosaicos y placas de yeso, de la mano del desplome de la construcción.

La encuesta de perspectivas que incluye el informe de producción industrial que publica mensualmente el Indec arrojó en diciembre que el 41,4 por ciento de los empresarios relevados anticipa para el primer trimestre de este año una disminución en el uso de la capacidad instalada manufacturera. El 49,8 por ciento prevé que se mantendrá en niveles actuales y sólo 8,8 por ciento proyecta que habrá una mejora.

El Comodorense

Los números macroeconómico de Argentina, en clave relativa, volverán a ser muy malos en 2019. Así lo mostró ayer un informe del BBVA Research, que no tiene datos de Ecuador ni de Venezuela.

Todos crecen

En promedio, la región crecerá 1,2% y Argentina es el único país que caerá. Según la entidad, 1%. Eso se compara con el 2,2% de Brasil, el 2% de Mexico, el 3,4% de Chile, el 3% de Colombia, el 4,1% de Paraguay, el 3,9% de Perú y el 1,3% de Uruguay. Además, Argentina fue el único en caer en 2018 y en 2016, también, junto con Brasil.

¿Inflación?

En 2019, los precios subirán 30% en Argentina, dice el BBVA. Eso comparado con el 4,5% de Brasil, el 2,8% de Chile (casi lo mismo que tuvimos en enero), el 3,2% de Colombia, el 3,7% de México, el 4% de Paraguay, el 2,3% de Perú y el 7,4% de Uruguay.

Tasas anormales

Si bien el BBVA estima que el rendimiento de las Leliq caerá hasta 35%, sigue siendo un número altísimo en clave regional. Más que cuadruplica el 8% de Brasil y México. A su vez, Chile cerrará en 3,50%, Colombia en 4,75%, Paraguay en 5,50% y Perú en 3,25%.

El informe también muestra que el déficit fiscal será de 3,3% (es decir, incluyendo intereses) en 2019 y allí nos supera Brasil, con 5,3%. El resto oscila entre 2% y 3% del PIB. A la vez, el rojo en Cuenta Corriente nos sigue mostrando vulnerables, aunque mejorando: tras concluir 2018 arriba de 5%, cerrará 2019 en 3,3%.

El dato alentador, como muestra la tabla, es que el BBVA proyecta que las variables de Argentina se normalizarán aún más en 2020. También ocurrirá lo mismo con el déficit fiscal y el externo: ambos pasarán a 2,3% del PIB en 2020. Un proceso de convergencia necesario para volver a atraer inversiones.

Los riesgos a la baja de esos pronósticos, dice el BBVA, son las elecciones de octubre y una eventual escasez prolongada de flujos de capital que impidan el retorno a los mercados globales en 2020.

El Economista

El presidente Mauricio Macri se refirió ayer  jueves a la inflación y aseguró que “nos costó más de lo que imaginé”, reconociendo que “fui demasiado optimista”. Reiteró que es una “fantasía” que cuando paga el Estado “es gratis”.

El presidente Mauricio Macri manifestó ayer jueves que fue muy “optimista” en la campaña de 2015 sobre la forma de resolver la inflación y pidió que se elimine la “fantasía” de que cuando paga el Estado “es gratis”.

“La inflación se combate no gastando más de lo que uno tiene. Eso nos ha costado muchísimo, la Argentina arrastra este problema hace décadas. Nos ha costado más de lo que imaginé. En esto tal vez fui demasiado optimista”, admitió.

“El cierre de 2018 fue muy traumático”, añadió el primer mandatario nacional. Aseguró que tiene “la convicción de que los argentinos elegimos el cambio, elegimos incorporarnos al mundo, decirnos la verdad, poner los problemas sobre la mesa y entendemos que las cosas que heredamos, que arrastramos durante mucho tiempo, no se resuelven en tres años”.

“No es tan fácil construir esa Argentina que nos merecemos y que soñamos”, continuó, recordando “por primera vez en años”, en 2019 el Presupuesto que fue aprobado tiene equilibrio primario, por lo que llamó a “seguir ordenando los presupuestos, que no estén al servicio de los políticos, sino, al servicio de la gente, priorizando la inversión y cuidando el mango”.

Sobre el final de esta entrevista radial, el presidente pidió que se elimine la “fantasía de que lo paga el Estado” y remarcó que cuando el Estado debe afrontar algún gasto, esto “no es gratis, se paga de alguna manera” y mencionó a la inflación y a la deuda como los mecanismos a los que se suele recurrir para ello.

Radio 3

Enero mantuvo la tendencia del año pasado y ya se acumulan 13 meses a la baja.

Las ventas minoristas de los comercios pymes comenzaron el 2019 con una caída de 10% frente a igual mes del año pasado y acumulan 13 meses consecutivos en baja, según un informe de la CAME.

El informe señala que en enero el 77,4% de los comercios consultados tuvieron bajas anuales en sus ventas, que sólo 15,5% crecieron y el 7,1% se mantuvo sin cambios.

Los descensos más profundos se registraron en la venta minorista de Bijouterie (-14,9 %), Calzado y marroquinería (-14,8 %), Muebles (-14,3 %) y Bazares y regalos y Joyerías y relojerías (-13,8 %).

Por su parte, dado que los 15 rubros relevados presentaron caídas, los mejores resultados se vieron en Alimentos y bebida, que igualmente retrocedió un 4,9%, deportes (-7,5%) y juguetería (-8,3%), parcialmente beneficiada por las fiestas de Reyes.

El canal de venta con mejores resultados en el mes, fue el online. Las ventas en esa modalidad crecieron 4,8% frente al mismo mes del año pasado, aunque todavía son pocos los negocios que utilizan esa vía y es baja su incidencia en el consumo total (8%).

Por el contrario, la ventas en locales al público disminuyeron 11,6 % anual, demostrando el efecto arrastre del 2018, con una recesión que está lejos de ser superada.

“Enero se encontró con un cliente comprando lo justo y necesario, y un empresario dispuesto a vender como sea. Hubo grandes descuentos por compra en efectivo y facilidades de pagos con tarjetas, en muchos casos asumiendo los costos el negocio”, señaló la confederación.

El Comodorense

Especialistas en pobreza adelantan que en el último trimestre de 2018 el indicador aumentó hasta el 33,5 por ciento, siete puntos más que en igual período del año anterior. La tendencia se profundiza en el primer semestre de este año.

En el último año, 2,5 millones de personas en todo el país empeoraron su posición económica y pasaron a ser pobres en términos de su ingreso monetario. Ese número se basa en una estimación porcentual de pobreza por ingresos del 33/33,5 por ciento para el cuarto trimestre del año pasado, lo cual implica una fuerte suba respecto al mismo período de 2017, cuando se registró una tasa de pobreza del 26,3 por ciento según el Indec. Cada punto de aumento equivale a 450 mil personas en todo el país. Estos datos fueron calculados recientemente por Diego Born, sociólogo y especialista en estadísticas sociales, en base al recorrido de los salarios, jubilaciones y empleo frente a los precios de la canasta de pobreza, y coincide con las estimaciones de otros investigadores y organismos. Recién a fines de marzo el Indec publicará el dato de pobreza del segundo semestre del año pasado, que rondaría el 31,5 por ciento, por encima del 25,6 del mismo período de 2017.

La macroeconomía argentina a lo largo del año pasado fue una fuente de creación de pobreza y de deterioro de las condiciones socio-económicas generales. Hay un puñado de grandes números ya publicados que hablan por sí solos. El índice general de salarios tuvo en noviembre del año pasado una suba nominal del 27,9 por ciento frente al mismo período de 2017, según el Indec, mientras que la inflación general de ese período fue del 48,5 por ciento y el incremento de los precios de la canasta de pobreza, del 52,9 por ciento, lo cual implica una diferencia de 25 puntos frente a los salarios. Además, los jubilados comenzaron el 2018 con un haber mínimo de 7246 pesos que ahora está en 9300 pesos, un alza del 28,3 por ciento, 20 puntos por detrás de la inflación general. Al mismo tiempo, el indicador que confecciona la Secretaría de Trabajo arrojó un deterioro del empleo del 2,3 por ciento en 2018.

“El salto de la pobreza en el cuarto trimestre del año pasado obedece a un incremento feroz de la canasta básica. Este aumento fue claramente superior al del promedio de los precios de los consumos de todos los hogares porque los bienes y servicios que mayor peso relativo adquieren entre los consumos de los pobres crecieron muy por encima del resto, como fue el caso de alimentos y bebidas (51 por ciento), servicios de la vivienda (55,0) y transporte público (70,0). En contrapartida, los rubros educación, recreación y cultura, hoteles y restaurantes y ropa –consumos más típicos de sectores medios o integrados– aumentaron en torno o por debajo del 40 por ciento. Esta inflación ‘pro-pobre’ se explica tanto por el efecto de la devaluación como por el efecto de las tarifas”, señala Diego Born ante la consulta de este diario.

“Si se considera la inflación de los ‘pobres’, o sea la canasta básica total, frente al último trimestre de 2015, la caída del poder adquisitivo del salario privado es de 18 por ciento y de la de jubilaciones mínimas y asignaciones del 26 por ciento. Pero además de la pérdida de poder adquisitivo, esto se da en un contexto en el que se empieza a notar con fuerza el deterioro del mercado de trabajo. La desocupación subió y si no lo hizo más fue por la aparición de changas modernas del estilo Uber”, agrega Born.

Para el investigador, en base a los datos parciales que existen al momento, la pobreza en el segundo semestre de 2018 se habrá ubicado en el 31,5 por ciento, lo cual implica un incremento de 5,9 puntos en la comparación interanual. En tanto, Born calculó que en el cuarto trimestre la pobreza se ubicó en el 33/33,5 por ciento, siete puntos más frente al mismo período del año previo. En términos absolutos, serían 2,5 millones de personas que pasaron a ser pobres. El investigador del Conicet Daniel Schteingart coincide en que la pobreza en 2018 tuvo un aumento de siete puntos porcentuales. El Observatorio Social de la UCA midió un aumento de la pobreza algo menor, aunque el punto de llegada es el mismo: 33,6 por ciento.

Sergio Chouza, investigador de la Universidad de Avellaneda, indicó que “al Gobierno no sólo le queda afrontar el indicador de suba de pobreza en el segundo semestre de 2018 sino también en el primer semestre de 2019, en donde la inflación no se va a desacelerar en términos anuales, tanto por la inercia alta como por la inflación reprimida del año pasado. Todavía no se trasladó completamente la devaluación a los precios, lo cual seguirá presionando sobre la pobreza”. Chouza advierte por la multiplicación de la “pobreza energética”, ya que según sus cálculos el peso de los servicios públicos, incluyendo transporte, ya representa el 11 por ciento del salario promedio.

El 33,5 por ciento de pobreza para finales de 2018 está muy por debajo del dato de 2003, cuando hubiera alcanzado el 70 por ciento con la metodología actual, destaca Born. “Probablemente nos encontremos en niveles cercanos a 2008-2009, y varios puntos por encima de 2011-2015, donde osciló, de la mano del ciclo económico, entre 24 y 29 por ciento (en el pico registrado con la devaluación y recesión de 2014) bajo la metodología actual”, agrega.

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