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La familia de un joven de Concepción del Uruguay había realizado el acto solidario. Pero el corazón no pudo llegar a un paciente que lo necesitaba en Buenos Aires porque el avión de la Fundación Favaloro no pudo aterrizar ni allí ni en Gualeguaychú. Lo que tanto se temió, finalmente sucedió.

Hace un año y medio que el reclamo está vigente, que las advertencias son repetidas desde distintos sectores una y otra vez, pero nadie escuchó. Lo que tanto se temía, finalmente sucedió: por culpa de la falta de inversión y ausencia de voluntad política para poner a punto y refaccionar la pista del Aeródromo de Gualeguaychú, una donación de órganos fracasó y se echó a perder un  corazón que podría haber salvado una vida. Un sacrificio y un acto solidario que por razones de infraestructura no pudieron cumplir su objetivo.

Todo sucedió la semana pasada, cuando un joven de 34 años de Concepción del Uruguay murió víctima de un ACV. Sus familiares aceptaron donar sus órganos, e inmediatamente se puso en marcha el operativo para realizar la ablación.

El viernes por la mañana, médicos y enfermeros del hospital Justo José de Urquiza de Concepción del Uruguay junto a profesionales del Centro Único Coordinador de Ablación e Implantes de Entre Ríos (CUCAIER).

Según informó el sitio 03442, los médicos se procedieron a la ablación de córneas y riñones, que por el momento no tienen receptores asignados, y también se retiró el hígado, que fue asignado a una mujer de Córdoba.

Pero todo se complicó cuando se intentó realizar la donación de uno de los órganos más importantes: el corazón. Rápidamente, el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) encontró a un posible receptor internado en la Fundación Favaloro, por lo que el centro médico envió un jet para traer el órgano, pero en la pista del Aeródromo de Concepción del Uruguay no podía aterrizar porque jamás fue asfaltada.

Entonces se optó por la segunda y última opción, el aeropuerto de Gualeguaychú. Pero como es de público conocimiento, desde hace un año y medio la pista local está clausurada por falta de mantenimiento en el asfalto.

La opción de Gualeguaychú era la última con la cual se podía contar, ya que la siguiente alternativa, el aeropuerto de Concordia, está demasiado lejos para realizar el viaje con un corazón sin que este se eche a perder y no sirva para nada.

“El problema radica en que los tiempos de isquemia fría no pueden superar las 4 o 6 horas. Estos tiempos son los que transcurren desde la ablación del órgano, hasta la implantación en el paciente receptor y en caso de tener que operar con el aeropuerto de Concordia no nos da esos márgenes de tiempo”, señalaron los profesionales del CUCAIER.

Debido al desprendimiento de piedras en la capa asfáltica, en octubre de 2017, la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC) prohibió las operaciones de aviones reactores en el aeródromo local. Y desde ese día, nadie hizo nada para remediar esta situación.

Por esta situación, se hizo imposible aprovechar este órgano que bien pudo ser una posibilidad de vida para un paciente en espera, situación que no es la primera vez que se produce y parecería que nadie puede solucionar el problema.

“Es triste perder oportunidades como estas pese al buen trabajo del equipo del hospital Urquiza y ver que se trata de cuestión de decisiones políticas. Necesitamos que de una vez por todas se tome la firme decisión de solucionar esto”, se quejó Carlos Casas, jefe de la Unidad de Coordinación de Trasplantes  del Hospital Urquiza.

El origen del problema

El estado de la pista del el Aeródromo Gualeguaychú ya llegó a un punto de no retorno, y si la ciudad quiere volver a tener un aeropuerto operativo se tiene que iniciar una serie de arreglos: según especialistas, volver a tener en condiciones las instalaciones rondaría los $20 millones, y una vez financiada la obra, todo se resolvería a más tardar en un mes.

En 2013, el Gobierno provincial destinó fondos para el reasfaltado y puesta a punto de la pista, pero fue entonces cuando saltó el obstáculo que al día de hoy sigue imposibilitando que los trabajos se realicen: cuando la obra estaba a punto de adjudicarse, se supo que el terreno del aeródromo pertenece al Aero Club, y está absolutamente prohibido que el Estado gaste fondos públicos en un predio privado. Desde ese día, los fondos quedaron en Vialidad Provincial, por lo que el problema no es monetario.

Desde ese día, el Aero Club se niega a ceder ese espacio o a buscar una solución legal al problema, y el motivo es simple: si el aeropuerto local vuelve a ser operativo, no podrán realizar la única actividad que practican los miembros de la Comisión Directiva: el parapente.

Lo cierto es que en la actualidad, ni el Municipio, ni la Provincia, ni Nación han podido encontrarle la vuelta a este entuerto. Y el Aero Club está empecinado en no dar el brazo a torcer.

 

 

El Día Online

Hoy se celebra el Día Nacional del Donante de Médula Ósea. Es el 16º aniversario del Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH) del Incucai. Este registro es la entidad encargada de incorporar candidatos dispuestos a donar células para ser utilizadas en trasplante.

Cada año, a cientos de personas se les diagnostican enfermedades hematológicas, como leucemia, anemia aplástica, linfoma, mieloma, errores metabólicos o déficits inmunológicos. Estas enfermedades pueden ser tratadas con un trasplante de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH), conocido popularmente como trasplante de médula ósea.

Tres de cada cuatro pacientes no tienen donante compatible en su grupo familiar. Ser donante es un acto solidario y un compromiso a largo plazo. Es simple, solo hay que acercarse a uno de los centros y donar una pequeña muestra de sangre.

En 2018 se realizaron 1.116 trasplantes de células progenitoras hematopoyéticas, 48 fueron pacientes mendocinos, cuatro gracias al registro nacional de donantes, y 119 se realizaron con donantes no emparentados.

En 2019 ya hay trasplantados 13 pacientes.

El Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH) fue creado en 2003 por la Ley 25.392, funciona en el Incucai (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) y ha permitido incrementar cada año la lista de argentinos que se suman a la red mundial de donantes voluntarios.

La donación de médula ósea se rige por el principio de solidaridad internacional. Toda persona inscrita en el Registro Argentino está dispuesta a donar CPH a cualquier persona del mundo que lo necesite.

Donantes

Toda persona de 18 a 55 años que goce de buena salud y pesar más de 50 kilos puede ser donante. No debe tener antecedentes de enfermedades cardíacas, hepáticas o infectocontagiosas.

El donante debe firmar el consentimiento informado y llenar un formulario de inscripción que autoriza la extracción de sangre para realizar los estudios serológicos y de marcadores genéticos.

La inscripción se realiza en los centros de donación habilitados en los servicios de hemoterapia de los hospitales y bancos de sangre de todo el país.

¿Qué es la médula ósea?

La médula ósea es la fábrica de todos los componentes de la sangre que circula en nuestro organismo, es decir, donde nacen los glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Hay enfermedades que ven afectadas a estas células, como la leucemia, donde los glóbulos blancos crecen de manera desorganizada y se hace necesaria la realización de quimioterapia para poner en suspenso el funcionamiento de la médula y eventualmente se requiere de un trasplante, lo que le brinda sentido al banco, para tener donantes a disposición.

 

 

ciudadanodiario

Liliana Tellería era azafata de LADE y tenía 58 años. El pasado lunes 19 de marzo, sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) cuando se disponía a abordar un vuelo con destino al sur del país, desde el Aeropuerto de Comodoro.  El triste incidente se produjo al momento del despegue del vuelo LD450. Liliana, había sufrido una descompensación con pérdida total del conocimiento.

Este miércoles le decretaron muerte cerebral, y permitió dar paso al proceso de donación de órganos que llevó a cabo el equipo del INCUCAI y que representa una esperanza de vida para pacientes que permanecen en lista de espera, informó VíaComodoroRivadavia.

 

 

ADN Sur

Profesionales del hospital zonal “Ramón Carrillo” de Bariloche realizaron esta mañana una ablación de órganos tras la muerte de un joven de 30 años que se encontraba internado en terapia intensiva.

Los órganos fueron trasladados a Buenos Aires, Rosario y Neuquén en el marco de un riguroso protocolo que establece el Incucai para ser trasplantados a los pacientes en lista de espera.

El donante tuvo muerte cerebral como consecuencia de un accidente cerebro vascular (ACV) y estaba inscripto como donante de órganos.

De todos modos, la ley Justina, reglamentada recientemente, permite que todas las personas mayores de 18 años sean donantes excepto que hayan dejado constancia expresa de lo contrario.

Se trata de la quinta ablación que se realiza en Río Negro en los primeros 20 días del año. La última se practicó el martes en el hospital de Cipolletti. En ese caso, dos personas pudieron recuperar la visión por la donación de tejido ocular.

El Cordillerano

Terminó agosto y dejó una muy buena noticia: fue el mes en el que se registró el récord histórico de donantes y trasplantes de órganos. Según datos del INCUCAI, hubo 88 donantes de órganos durante el mes. Para ponerlo en contexto basta mirar el registro histórico del organismo: entre 2005 y hasta julio de este año el mes que había registrado el mayor número de donantes fue agosto de 2010, con 70 donantes. Las cifras de agosto de 2018 están un 27% arriba del mejor mes histórico del que había registro hasta ahora. También hubo récord de trasplantes, con 212 operativos realizados durante el último mes. En ese sentido, hasta ahora el mes con mayor cantidad de trasplantes había sido diciembre de 2011 con 160 intervenciones.

En total se realizaron 118 trasplantes renales, 54 hepáticos, 15 cardíacos, 12 renopancreáticos, 9 pulmonares, 3 hepatorrenales y uno pancreático.

¿Cuánto influyó en estos números la Ley Justina? “Estamos realmente impactados por los números. Y creemos que aún es muy temprano para poder valorar en su punto justo los factores. Sin embargo, es evidente que hay una respuesta espontánea de la sociedad a aceptar de buen grado la nueva ley, sin quitar el factor contagio o emotivo por todas las discusiones que hubo en torno al tema. También el INCUCAI realizó capacitaciones, entrenamiento y discusiones sobre el tema, lo que motiva al plantel profesional. Y por supuesto está todo lo que la ley en sí misma pudiera aportar”, dijo a Clarín el presidente de la Sociedad Argentina de Trasplantes, Carlos Díaz. “Se deben estar dando una serie de factores que todavía no podemos ver claramente cuál es el que lo está impulsando”, agregó.

La nueva Ley 27.477 de Trasplantes de Organos, Tejidos y Células, también conocida como Ley Justina fue sancionada el 4 de julio último. Aún falta la reglamentación, que estuvo a cargo del INCUCAI y que ya fue girada al Ministerio de Salud de la Nación para sus ajustes finales antes de su publicación. La norma fue impulsada por la familia de Justina Lo Cane, la nena que el año pasado estuvo cuatro meses internada en la Fundación Favaloro esperando un trasplante de corazón que nunca llegó. Luego de su muerte, su familia se propuso seguir con la tarea que la nena de 12 años les encomendó: “Ayudar a todos los que podamos” para que reciban el trasplante que necesitan. En la Argentina hay unas 11.000 personas en lista de espera.

Si bien la figura del donante presunto no es nueva –está vigente en la Argentina desde 2005- la nueva norma introdujo una figura más “dura”, ya que establece que todos los mayores de 18 años son donantes salvo que en vida hubieran expresado su voluntad en contrario.

Hasta la sanción de la Ley Justina, según datos del INCUCAI, se producía un 40% de pérdida de potenciales donantes por negativa familiar al momento de la donación. “Desde hace años me vengo preguntando y trato de analizar a qué se debe ese rechazo en el momento que se debe producir la ablación. Mi respuesta es que lo que se produce es una negación de la muerte del ser querido, no de la donación. Es la circunstancia. El argentino es solidario. Hay estudios internacionales y encuestas nacionales en las que el 80% de la población dice que estaría dispuesta a donar sus órganos”, señala a Clarín el doctor Alejandro Yankowski, jefe de la Guardia Médica del Incucai, que durante años realizó el trabajo de procuración.

En ese punto, Yankowski dice que es clave la comunicación del profesional hacia la familia. Cómo la aborda. “El resultado de la comunicación con la familia no depende la familia. Depende de quien hace esa comunicación. Tenemos gente entrenada para que este tipo de comunicaciones sean favorables y que la familia pueda acompañar en el proceso. La mala noticia es la muerte, no la donación”, remarca. Precisamente, para mejorar este aspecto de los procesos que se realizan en todo el país, el INCUCAI está organizando capacitaciones para profesionales.

Durante agosto, también, realizó una capacitación para 200 profesiones. En el INCUCAI están seguros de que una de las claves para que las buenas cifras continúen será seguir por ese camino. “Hemos visto el empoderamiento de profesionales que participaron de la capacitación. Eso ha fortalecido mucho al sistema. La clave es dar herramientas a los profesionales para llevar adelante el proceso, clarificar hacia adentro”, agrega el especialista. “Los que pueden hacer algo son los médicos, que son quienes podrían detectar a los pacientes que pueden ser donantes”.

Aunque la ley todavía no está reglamentada –aún no se cumplieron los 90 días que dispone la norma- en los hechos ya algunas cuestiones cambiaron. Por ejemplo, la nueva norma eliminó la obligatoriedad de que el familiar tenga que firmar un acta dando testimonio de la voluntad de la persona fallecida. Pero esto de ninguna manera significa correr del medio a la familia. “Para nosotros la familia cumple un rol fundamental, acompañando y apoyando en el proceso de donación, donde la comunicación con ellos es fundamental”, señaló Yankowski. Uno de los miedos que expresaron algunos profesionales e incluso la SAT durante el debate fue que la figura del donante “duro” terminara en situaciones conflictivas o un rechazo social hacia la donación. “Yo soy el responsable de chequear las comunicaciones (de todos los proceso de ablación) y no hemos tenido registro de conflictos con familiares y médicos, ni denuncias de familiares”, agrega el jefe de la guardia médica de INCUCAI. El titular de la SAT coincide: “Los mayores temores que teníamos no están ocurriendo”.

Consultado sobre los datos de agosto, Ezequiel Lo Cane, el papá de Justina, dice que atribuye este “notición” a la nueva ley. “No por la ley Justina en sí misma, sino por el factor mediático. La ley facilita que haya más trasplantes, pero no es el único factor. Se habla más, se pregunta más y se establece un debate que hace que la gente investigue, pregunte y se saque las dudas”, señala.

En medio de la alegría por esta noticia, para el papá de Justina es imposible dejar de lado el factor personal. “Imaginate”, dice y le cambia el tono de voz. “A mí me llaman personas para pedirme ayuda para comunicar su caso, o porque se quedaron sin hotel y la prepaga no les cubre, me llama gente feliz que se trasplantó su familiar”, describe. “En cada buena noticia la veo a Justina. Y en cada mala, también, porque te mantienen vivo todo. Cuando me avisaron de las cifras de agosto fue un notición. Y atrás de eso hay gente que se salvó”, dice.

 

 

Clarín