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Nueva Delhi era hasta ahora la ciudad más contaminada del mundo.

Janire Manzanas

La crisis sanitaria mundial por el coronavirus mantiene en estos momentos al 33% de la población global confinada en sus hogares. Esto ha traído un efecto positivo, y es la caída de la contaminación del aire. Uno de los lugares en los que esto se ha hecho más notorio es Nueva Delhi, la que era hasta ahora la ciudad más contaminada del mundo. Estos últimos días ha ocurrido algo insólito en la India: el Himalaya se ha dejado ver a 200 kilómetros de distancia. Algo que no ocurría desde hacía 30 años.

A pesar de que la India lleva menos tiempo en confinamiento oficial que España, la calidad del aire ha mejorado de forma notable en apenas unos días, pasando a ser «buena» o «moderada». Los expertos estiman que la contaminación ha caído alrededor del 50% en Nueva Delhi.

Además de la sorprendente imagen del Himalaya visible desde la India por primera vez en tres décadas, hace sólo unos días veíamos el palacio presencial sin la característica bruma amarillenta.

Pero, ¿a qué se debe la caída de la contaminación? El confinamiento ha obligado a suspender vuelos. Air India, la mayor aerolínea del país asiático, ha cancelado todos sus vuelos durante el mes de abril. Además, grandes fábricas como Samsung o Xiaomi han paralizado su actividad. A esto hay que sumar que los indios tienen prohibido salir a la calle, de manera que el tráfico se ha reducido drásticamente.

El pasado año 2019 Nueva Delhi fue la ciudad más contaminada del mundo. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud es que en ningún casos e sobrepasen los 10 µg/m³, y la capital india alcanzaba los 98 µg/m³, casi 10 veces más.

En Europa los efectos del confinamiento también se han hecho notar. Hace sólo unos días veíamos los canales de Venecia con el agua transparente, señaló Ok Diario.

La grave crisis que produjo el coronavirus puso a la mayor parte del mundo en cuarentena. Pero como todo lo malo tiene algo de bueno, la naturaleza aprovechó esta situación para volver a mostrar su esplendor.

Otro de los casos que sorprende al planeta durante el aislamiento es el Himalaya, que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial se pudo ver desde Jalandhar, India, a 230 kilómetros de distancia.

Suena curioso pensar que era difícil ver los picos de esta cadena montañosa, la más alta del mundo, pero la contaminación los cubría incluso a corta distancia. Pero el Covid-19 obligó a las industrias a parar, el aire se limpió y la gente, desde su aislamiento, pudo ser testigo nuevamente de esta maravilla.

En la India, 1300 millones de personas llevan 21 días de cuarentena, con 5360 infectados y 164 muertos. Esta situación generó una nueva vista para algunos de ellos, con los asombrosos picos nevados del sistema de Dhauladhar.

Antes había pasado con Venecia, cuando sus canales se limpiaron de la basura de los turistas y gracias a que sus aguas volvieron a ser cristalinas aparecieron peces, patos y cisnes como hacía rato no se veían.

O en muchas ciudades más, donde fueron vistos incluso animales que se creían en extinción, y hasta nacimientos de muchas tortugas marinas en playas hasta hace poco colmadas de extranjeros. O en el zoológico de Hong Kong, donde dos pandas tuvieron la privacidad que necesitaban para tener sexo después de diez años.

Hay días en que hace falta más paciencia y perseverancia para esperar el turno de tomarse una foto en la cumbre del Everest que para escalar la propia montaña. El miércoles fue uno de esos: más de 200 alpinistas hicieron cima, batiendo el récord de ascensos en una misma jornada. Los alpinistas formaron un atasco de varias horas mientras esperaban en un estrecho paso de la cresta sureste cerca del techo del planeta, como se ve en la fotografía superior. Dos de los que hicieron la cola murieron mientras descendían, tras haber hecho cumbre: el estadounidense Donald Lynn Cash y la india Anjali Kulkarni, ambos de 55 años. El organizador de la expedición de Kulkarni, Arun Trek, ha atribuido el accidente al excesivo flujo de montañeros, que retrasó su descenso, según ha declarado a la agencia AFP. En estos días han fallecido ya seis personas en el pico más alto del mundo.

«Ha sido un día de mucho tráfico. Las expediciones se quejan de que hay que esperar dos o más horas para llegar a la cumbre», ha afirmado Gyanendra Shrestha, representante del Ministerio de Turismo de Nepal. Unos 250 montañeros salieron del campo IV (7.900 metros) durante la noche del martes al miércoles, según explicó Shrestha a Efe. El estadounidense fallecido este jueves se desvaneció en la cumbre mientras inmortalizaba el momento. «Nuestros dos sherpas ayudaron a recobrar la conciencia [a Donald Lynn Cash], pero luego falleció cuando se lo traían de vuelta», ha explicado Pasang Tenje Sherpa, de la expedición Pioneer Adventure.

La pasada temporada se batió el récord de ascensiones al Everest (8.848 m): 802 personas pisaron el techo del planeta. Cinco alpinistas murieron en el intento. Con los seis fallecidos entre el miércoles y este jueves son ya ocho los montañeros que han perdido la vida en lo que va de la presente temporada. La semana pasada murieron un montañero indio y un irlandés que resbaló y cayó cerca de la cumbre.

Abril y mayo son los meses más favorables para escalar el Everest. Se pronostica, sin embargo, que las condiciones climáticas favorables que se han dado en estos días van a cambiar en menos de una semana. Un 64% de las ascensiones se dan desde Nepal y el 36% desde China, estadística idéntica en cuanto al numero de muertes, según el Himalayan database. En el intento han fallecido 288 personas. Escalar el Everest cuesta entre 26.000 y 115.000 euros: la primera es la tarifa baja, pero hay una intermedia de unos 60.000 euros. La diferencia es que las tarifas bajas son las fijadas por agencias de Nepal, mientras que las altas pertenecen a empresarios extranjeros que llegan a emplear varios guías para una sola persona.

En 2012 se produjo otro atasco cuando 260 montañeros trataron de hacer cumbre en un mismo día aprovechando el buen tiempo, lo que causó una acumulación de gente en el famoso escalón Hillary, una roca vertical de 12 metros que supone el último gran obstáculo antes de hacer cumbre. En esa ocasión, 179 personas llegaron a los 8.848 metros y cuatro perecieron por cansancio y mal de altura cuando regresaban.

 

 

El País

Con solo 24 años, fueron 8163 metros los que recorrió Ulises Kusnesov, junto a su amigo Matías Marín en Nepal

«No concibo mi vida sin la montaña. Me veo siempre en esto, como actividad, como hobby, como trabajo. La filosofía de la montaña me gusta y me gusta trasladarla a la ciudad”. La frase pertenece a Ulises Kuznesov, un joven de 24 años se acaba de convertir en el primer tucumano en ascender a una montaña de más de 8.000 metros en el Himalaya. Kuznesov rompió otro récord: es el argentino más joven en hacer cumbre en uno de los picos de ese cordón montañoso, desplazando a Nicolás de la Cruz, que lo hizo con 25 años.

Junto al porteño Matías Emiliano Marín (39), Kuznesov coronó la cumbre del Manaslu, de 8.163 metros sobre nivel del mar, uno de los «ochomiles» que está en Nepal. Fue el último jueves, a la 1.33 de nuestro país, tras más de 10 horas de ascenso.

El Manslu es la octava montaña más alta del mundo, ubicada en el macizo Mansiri Himal, en la zona centroccidental de ese país asiático. Ambos andinistas llegaron hasta la cima sin utilizar oxígeno ni sherpas, los guías nepaleses que acompañan a los expedicionarios.

Una vida ligada a la montaña

Kusnezov prácticamente nació en la montaña. Es nieto e hijo de montañistas. “La montaña es mi vida y nunca imaginé poder vivir sin ella”, reconoció. Su vida en la naturaleza logró que sean pocas las situaciones en las que el miedo lo dominó, aunque siempre mostrara respeto. “La adrenalina supera al miedo y eso lo que nos da fuerza para realizar nuestra actividad. Tal vez si nos pusiéramos a considerar todas las consecuencias posibles no podríamos hacer nada”, reflexionó el escalador.

El muchacho, junto a la Asociación Argentina de Montaña, y en su función de guía y logística, desarrolló una expedición al Ojo del Salado, el volcán más alto del mundo con 6.891,30 metros de altura. “Al retornar de esta expedición empezaré a trabajar por mi próximo objetivo personal: hacer experiencias en el Himalaya”, había  declarado a La Gaceta en febrero pasado, cuando se estableció como próxima meta escalar el Manaslú. Y lo logró.

 

 

Diario Hoy