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Guayaquil, la ciudad más castigada por el coronavirus en Ecuador, inició este miércoles su proceso de reactivación al pasar de «rojo» a «amarillo» en el semáforo epidemiológico, lo que permite la apertura de comercios y la ampliación del servicios de transporte público, entre otros.

En la capital de la provincia del Guayas se pudo ver desde primeras horas de este miércoles comercios abiertos y más movimiento en las calles, tras dos meses de confinamiento por el coronavirus, que ha dejado algo más de 9.100 contagiados, según cifras oficiales basadas en los resultados de las 53.813 pruebas PCR realizadas.

A esa suma habría que agregarle también el porcentaje correspondiente dentro de las 20.572 pruebas rápidas practicadas, aunque esta estadística no es facilitada por las autoridades, con lo cual es difícil establecer una suma global de contagios.

En todo Guayas, que entre marzo y abril concentró un 70 por ciento de los casos conocidos de coronavirus en todo el país, se han producido 1.254 muertes por la enfermedad, del total de 2.839 en Ecuador, de acuerdo a los datos oficiales revelados el martes, que tienen aun bajo condición de «casos probables» a otros 1.692 fallecidos.

Con el cambio de color en el sistema de semaforización epidemiológico, a partir de este miércoles el inicio del toque de queda en Guayaquil comenzará a las 21.00 hora local, siete horas más tarde que aquellos cantones que permanecen aún en «rojo», y terminará a las 5.00 de la madrugada, hora local del otro día.

También aumenta a dos días la posibilidad de utilizar el automóvil, antes restringido a uno solo, siempre conforme al último dígito de la patente, mientras que el transporte público urbano e interparroquial puede circular al 30 por ciento de su capacidad, y se autoriza la circulación entre Guayaquil, Daule, Durán y Samborondón.

Se trata de los cantones más contaminados de la provincia, pero que en la última semana han pasado a color amarillo, con la excepción de Durán.

No obstante, sigue prohibida la circulación hacia otros cantones, así como la interprovincial.

El trabajo en entidades públicas y privadas también se reactiva con restricciones y horarios definidos por las respectivas autoridades y, por otra parte, se autoriza la atención de consulta externa de todas las especialidades médicas.

El gobernador del Guayas, Pedro Pablo Duart, recordó que Guayaquil es el cuarto cantón de la provincia en pasar a amarillo, después de Samborondón, El Triunfo y Daule.

«Guayaquil fue la ciudad más golpeada en la provincia durante la pandemia. Tomemos conciencia. ¡Cuidémonos y cuidemos a los nuestros para lograr una reactivación segura», escribió en Twitter.

La alcaldesa de la que es la segunda urbe del país, Cynthia Viteri, que en marzo se contagió de la enfermedad, destacó que su ciudad empieza el semáforo amarillo tras «un trabajo arduo». Y por ello, pidió a la ciudadanía «respetar las normas y cumplir las reglas establecidas con responsabilidad».

Para apoyar en la reactivación, la alcaldesa dispuso levantar la clausura de aquellos negocios que fueron sancionados durante la emergencia sanitaria por abrir sin autorización.

Esos locales podrán abrir desde hoy «sin pagar la multa», aunque Viteri destacó que el Municipio reforzará los operativos de control para verificar el cumplimiento de las medidas de bioseguridad.

Viteri advirtió que en caso de que no haya la colaboración de la ciudadanía acatando las medidas de protección y alejamiento mínimo en las calles y establecimientos, de inmediato se pasará nuevamente al semáforo rojo, que implica una rigurosa cuarentena y toque de queda desde las dos de la tarde.

Los hospitales también podrán empezar a atender consulta externa en todas las especialidades en esta ciudad de 2,64 millones de habitantes.

En un hospital de Guayaquil, en Ecuador, los muertos de la pandemia llegaron a amontonarse hasta en los baños. Algunos fueron amortajados por enfermeros porque «el personal de la morgue no se abastecía», revela uno de los trabajadores de salud.

El hombre, que aceptó hablar telefónicamente con la AFP bajo reserva por temor a ser despedido, comparte la «pesadilla» que vivió dentro del saturado sistema sanitario de Guayaquil, uno de los mayores focos de propagación del nuevo coronavirus en Latinoamérica.

Lo que presenció durante lo peor de la crisis, asegura, es «traumático» y le quebró la vida dentro y fuera de su trabajo.

Cuando en marzo comenzó la emergencia, recuerda, cada enfermero pasó de atender de 15 a 30 pacientes en un turno de 24 horas. «Llegaba tanta gente que cuando los ibas a canalizar (con suero) se te morían prácticamente en las manos».

Entonces «se fueron dando de alta o derivando pacientes (a otros centros) para liberar todas esas camas. Tenemos 65 camas de unidad de cuidados intensivos ocupadas con pacientes de covid. Se sacaron las máquinas de anestesia de los quirófanos para suplirlas con los respiradores».

«La gente (enferma) está sola, triste, la medicación les produce estragos gastrointestinales, algunos se defecan; se sienten mal y piensan que siempre van a estar así y ven que la persona que está al lado se empieza a ahogar y gritar que necesita oxígeno».

Las muertes se multiplicaron en un instante, según el enfermero. «El personal de la morgue no se abastecía y lo que nos ha tocado hacer muchas veces a nosotros es amortajar los cuerpos y acumularlos en los baños».

Sus colegas, agrega, han «tenido que aguantarse las ganas» de usar los retretes ocupados «por cadáveres».

Solo cuando se apilan «seis o siete, los vienen a retirar», dice este enfermero de 35 años y tres de servicio en uno de los centros hospitalarios que hacen frente a la pandemia en Ecuador, donde oficialmente hay 22.700 contagiados, incluidos 576 muertos desde el 29 de febrero, la gran mayoría en Guayaquil.

Gremios de profesionales reportan un centenar de médicos y enfermeros muertos a causa de la covid-19 y 147 infectados en la provincia costera de Guayas, cuya capital es Guayaquil.

Otras dos fuentes del sistema sanitario público, que también hablaron con la AFP bajo reserva, describieron hechos similares.

«En el pasillo de la Emergencia es donde se ubicaba a los cadáveres porque estaba llena la morgue», manifestó un médico de otro hospital, añadiendo que «había 20 o 25 cuerpos esperando» ser llevados al depósito.

A patient who tested positive to the new coronavirus is taken on a stretcher into the emergency room of the IESS Sur Hospital in Quito on April 18, 2020. (Photo by RODRIGO BUENDIA / AFP)

 

Todo el mundo ha huido

Pero el conteo oficial va un paso detrás de la tragedia. En los primeros 15 días de abril los óbitos se triplicaron con respecto al promedio mensual y alcanzaron los 6.700 en la provincia de Guayas y su capital, Guayaquil.

En esa lista están incluidas las víctimas y casos sospechosos del nuevo coronavirus, así como las de otras enfermedades.

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, ha reconocido que los «registros se quedan cortos». Una sensación que se refuerza con lo descrito por el enfermero.

Según cuenta, después de que se repletaran las morgues, ingresaron al hospital contenedores refrigerados para depositar los cuerpos, algunos de los cuales estuvieron hasta diez días «envueltos en fundas que son como una maleta negra de viaje».

Algunos familiares «rompen la funda (…), entonces los fluidos salen. Esto es un desastre sanitario», comenta.

En medio de la emergencia, «todo el mundo ha huido. El personal administrativo se ha puesto a buen recaudo. Los sicólogos que deberían estar trabajando han huido (…), los 32 odontólogos que deberían estar ayudando (…) a hacer los registros».

El enfermero apenas siente el consuelo de haber visto descender el número de muertos la semana pasada. Pero los tormentos lo acompañan en su regreso a casa. «En lo que más piensa uno es en enfermarse y el cargo de conciencia de que (…) también haya podido enfermar a pacientes».

Cuando vuelve al hogar, después de 24 horas de servicio, con dolor en los pies, intenta descansar pero entonces lo despierta bruscamente la «pesadilla»: corre hasta caer y «abrir la puerta del baño con la cantidad de cadáveres», «no te puedes volver a dormir», reconoce.

Su vida familiar también se trastocó. Ya no puede compartir con sus padres y hermano y ahora sigue un estricto autoaislamiento que empieza con el ritual de desinfectar el auto y sus zapatos. Le sigue una ducha en el patio de la vivienda y el lavado de ropa en agua caliente.

«Como en una mesa plástica aparte de todos. De mi habitación salgo con mascarilla, no puedo abrazar a nadie, ni a las mascotas». Cada tanto piensa en la huella que le está dejando la pandemia.

Te «marca el hecho de no poder colaborar más allá de poner una cánula sabiendo que (el paciente) necesita un ventilador y no tienes otra opción» cuando se trata de ancianos con diabetes o hipertensión.

«Te dicen: bueno, póngale el oxígeno y el suerito lento y déjelo ahí. ¿Y si fuera mi mamá? ¿Y si fuera mi papá? Eso te mata, te mata sicológicamente».

Fuente: AFP

Cuerpos abandonados en las veredas. Las autoridades luchan por seguir las muertes. Las empresas fúnebres, sin cajones, usan cajas de cartón hechas por empresas que suelen empacar bananas y camarones.

El desastre que se desarrolla en Guayaquil, la capital comercial de Ecuador, ofrece una advertencia lúgubre para América Latina.. La capacidad de los funcionarios para responder a la pandemia de coronavirus en la región puede verse peligrosamente afectada por la desigualdad, la debilidad de los servicios públicos y las economías frágiles que caracterizan a gran parte de la región.

“Lo que estamos viendo en Guayaquil es lo que puede suceder en la mayoría de las grandes ciudades de Sudamérica, donde los focos de riqueza coexisten con la pobreza generalizada”, dijo Alexandra Moncada, directora de CARE, la organización internacional de ayuda, en Ecuador.

Ecuador, que cuenta con una población de 17 millones de habitantes, tiene además una de las tasas oficiales más altas de infecciones (y muertes) per cápita por coronavirus en América Latina.

Todavía no está claro por qué el país fue tan afectado. Algunos expertos creen que el virus pudo haber viajado hasta ese territorio debido a los profundos vínculos migratorios que mantiene con España e Italia. Luego se propagó cuando Ecuador retrasó la adopción de medidas de distancia social.

La cuenta oficial de muertos por coronavirus en Ecuador llegó hasta 220 el 7 de abril. Tiene ademas otros 182 casos catalogados como «probables» pero no confirmados. Es una figura que supera los registros de sus vecinos mas grandes y mas poblados, Perú y Colombia.

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, advirtió que la cifra real es mucho mayor, pero como las pruebas son limitadas, es imposible determinar el verdadero alcance de las infecciones.

La mayoría de las muertes se produjeron en Guayaquil, la ciudad portuaria del Pacífico que tiene una población de tres millones de personas, y que se convirtió en la primera gran metrópoli de la región que sufrió el colapso de sus servicios públicos.

Desde el comienzo de la crisis, a fines de marzo, el gobierno ha recuperado 1350 cuerpos de viviendas de Guayaquil, según la oficina de Jorge Wated, quien lidera el grupo de trabajo responsable de recoger a los muertos en la ciudad. Según su equipo, diariamente recogen alrededor de 60 cuerpos.

El virus se propagó tanto en los lujosos barrios cerradas como en los lugares más pobres ubicados en los cerros. En cuestión de días, la explosión de la mortalidad abrumó a las autoridades. Cientos de cuerpos comenzaron a acumularse en hospitales, morgues y hogares.

Lourdes Frías dijo que pasó cinco días tratando de que alguien recogiera el cuerpo de un hombre mayor que era vecino que murió la semana pasada, después de tener problemas respiratorios. Explicó que las líneas telefónicas de emergencia estaban siempre ocupadas, y en las raras ocasiones en que podía hablar con algún funcionario le decían que no había nadie disponible para ayudarla.

A medida que pasaban los días, otras personas de su edificio —ubicado en el barrio Socio Vivienda de Guayaquil— comenzaron a clamar para que llevaran el cuerpo a la calle. Finalmente, la policía retiró los restos.

“Nuestra situación es una pesadilla de la que no podemos despertar”, dijo Frías.

El aumento de las muertes en Guayaquil, y las imágenes que circulan en redes sociales de cuerpos envueltos en plástico y colocados en las puertas de las casas, han expuesto los posibles efectos de la pandemia en los sectores más pobres de los países en desarrollo, donde el acceso a la atención médica y otros recursos era una cuestión problemática incluso antes de la pandemia.

A medida que el virus comenzó a propagarse, algunas familias hicieron saber que sus seres queridos habían pasado días intentando conseguir tratamiento en hospitales. También que las autoridades se habían demorado días en recuperar los cuerpos de sus familiares y tratar de enterrarlos.

La crisis de los cadáveres alcanzó dimensiones tan grandes que las empresas de cartón, que normalmente fabrican paquetes para productos agrícolas de exportación,  empezaron la semana pasada a donar cajones de cartón a las familias afectadas.

“Es beneficioso, es una solución”, dijo Pedro Huerta. Su fábrica en Guayaquil dona 600 ataúdes de cartón por día. El cartón de su planta generalmente empaca bananos ecuatorianos para la compañía Dole.

Al igual que muchos residentes de Guayaquil que trabajan en la economía informal, sin cobertura ni seguridad laboral, Frías, una mujer que se dedica a limpiar casas, perdió la posibilidad de generar ingresos cuando se impuso la cuarentena. Al mismo tiempo, la escasez ocasionada por el confinamiento hizo que los precios de los alimentos se dispararan.

Los residentes dicen que, en las últimas semanas, el precio de las papas, un alimento básico en el país, se disparó en Guayaquil: con un dólar solían comprar 2,2 kilogramos de papas. Esa misma cantidad de dinero ahora alcanza para menos de medio kilo

Para disminuir las dificultades económicas, el gobierno comenzó a pagarles a los trabajadores informales un monto mensual de 60 dólares para que se queden en sus casas. Esa cantidad es aproximadamente una cuarta parte de lo que alguien como Frías suele ganar en un mes.

“Siempre me gustó tener mis cosas: mis porotos, mi arroz”, dijo. “Ahora estoy viviendo de la gracia de Dios”.

La pandemia ha dejado a la economía de Ecuador, que ya estaba en problemas, con pocas alternativas más allá de las donaciones.

El colapso de los precios del petróleo diezmó la principal fuente de ingresos del gobierno. Un paquete de austeridad impulsado por el presidente Moreno para mitigar las exigencias de los acreedores internacionales provocó el despido de unos 3500 trabajadores de la salud pública el año pasado.

Y la decisión del gobierno ecuatoriano de usar dólares estadounidenses como su moneda oficial, tomada durante la crisis financiera de 2000, significa que Moreno no puede imprimir más dinero para compensar a los trabajadores afectados.

Las presiones económicas que enfrentan los sectores pobres de Guayaquil muestran la compleja dinámica de clase que ha empeorado la epidemia en el país, y que podría replicarse en todo el continente. La capacidad del virus para hacer colapsar de manera abrupta las capacidades de Guayaquil puede ser una advertencia para toda la región, dijo Jarbas Barbosa, subdirector de la oficina para las Américas de la Organización Mundial de la Salud.

“Creemos que todos, en algún momento, tendrán transmisión comunitaria generalizada” del virus, dijo.

Algunas de las primeras infecciones que fueron confirmadas en Guayaquil sucedieron entre estudiantes ecuatorianos acomodados que estudian en España,a pero regresaron con sus familias para escapar del brote en Europa. Según las autoridades locales, las infecciones se propagaron en las bodas de la alta sociedad celebradas el mes pasado.

Cuando el virus llegó a los barrios populares, la dinámica había cambiado. Mientras los ecuatorianos de las clases acomodadas pudieron abastecerse de provisiones y recluirse en sus hogares, muchos empleados en trabajos manuales desafiaron las órdenes del gobierno de quedarse en casa para poder llegar a fin de mes.

En los barrios pobres, muchos dicen que continúan trabajando todos los días, lo que incrementa el riesgo de contagio. Algunos están pidiendo comida.

Las colas en los bancos

Los bancos se convirtieron en zonas de alto riesgo cuando los ecuatorianos, muchos de los cuales no tienen cuentas bancarias, se presentaron en masa a reclamar su bono de 60 dólares en efectivo.

La crisis de Ecuador impactó con singular severidad en los aproximadamente 500.000 venezolanos que llegaron huyendo del colapso económico de su país. A diferencia de los ecuatorianos, ellos no pueden recibir los subsidios del gobierno. Oficialmente, Ecuador ofrece atención médica universal, pero muchos migrantes temen que serán los últimos en recibirla.

Hace seis meses, Génesis Portillo, de 26 años, llegó a Ecuador desde Venezuela con su novio. Ambos encontraron trabajo como asistentes de ventas en la ciudad de Machala, a unas tres horas de Guayaquil, pero se quedaron sin trabajo por la pandemia.

Dijeron que habían gastado sus últimos ahorros para comprar comida. Calculaban que la reserva les duraría aproximadamente un mes, pero no tenían cómo volver a su país si las condiciones empeoraban.

“Descubrí personas que nos ayudan porque saben que estamos todos juntos en esta crisis, pero tengo miedo de que nos enfermemos”, dijo Portillo. “Si no hay recursos para atender a los ecuatorianos, ¿qué le queda a un inmigrante?”

El Servicio Integrado de Seguridad ECU911 en Ecuador registró un total de 7.330 avisos de levantamientos de cadáveres en el período comprendido desde el 17 de marzo hasta el 4 de abril, durante el brote de coronavirus en el país suramericano.

Dentro de las provincias que más llamados realizan por este tema está Guayas con 6.527 llamados, un 89 por ciento de los casos, seguido por Los Ríos, Santa Elena, Pichincha, entre otras.

Sin embargo, el organismo precisó que la cantidad de llamados está asociada con las alertas receptadas, más no al número de personas fallecidas retiradas o registradas en el país.

En un comunicado ofrecido por ECU911, apuntan que “sobre cada caso particular de solicitud de levantamiento de cadáveres se reciben una o varias alertas que reportan el mismo evento”.

No obstante, ciudadanos en Guayaquil continúan reportando sobre la situación existente con los fallecidos, cifra que en días anteriores alcanzó el número de 450 cuerpos en lista de espera para ser retirados de las casas, según reportes policiales.

Fuente: Ultimas Noticias

Imágenes dantescas empiezan a verse en Ecuador por el avance del coronavirus. En Guayaquil, la ciudad más afectada por el Covid-19, las personas empezaron a dejar en las calles a sus muertos ante la falta de respuesta del sistema de salud. En Guayas, provincia a la que pertenece esta ciudad, hay 1937 infectados, es decir el 70 por ciento del total nacional que llegó a 2748. Los muertos en el país son 93. El gobierno de Lenín Moreno decretó hace tres semanas el Estado de excepción. Días después ordenó el toque de queda en todo el país que rige entre las 2 de la tarde y las 5 de la mañana. A su vez, organismos de Derechos Humanos denuncian golpizas y tratos vejatorios por parte de las fuerzas de seguridad en las barrios populares.

Guayaquil: tierra de nadie

Los videos de los cadáveres abandonados en las calles de Guayaquil son la expresión más clara de un sistema de salud desbordado en la región de Guayas. Allí buena parte de las funerarias dejaron de trabajar por miedo a contraer el Covid-19, según informó el sitio ecuatoriano Portal V. Se estima que muchas de esas muertes no corresponden a casos de coronavirus, pero no hay certezas ya que los médicos no llegan hasta los cadáveres. Como las funerarias no pasan a retirar los cuerpos y el sistema de público no da respuesta, algunos difuntos llegaron a estar más de tres días en sus casas. “Si bien la falta de recursos en los barrios populares lleva a que los velorios se hagan en las casas, nunca antes ocurrió algo como esto”, dijo en diálogo con Página/12 Billy Navarrete, Secretario Ejecutivo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos de Guayaquil. Las personas no pueden llevar los cuerpos a los cementerios ya que tampoco acceden a los certificados de defunción. “Además, hasta hoy el gobierno obligaba a hacer sólo cremaciones. Sin embargo en la ciudad sólo existen tres crematorios, todos privados, que cobran sumas imposibles para las clases populares. Es increíble pero en esta situación encontraron lugar para el lucro”, denunció el defensor de ddhh. Para sumar más caos a la situación, el vicepresidente de Ecuador, Otto Sonnenholzner, dijo el viernes pasado que los muertos por coronavirus serían enterrados en fosas comunes. Tras una ola de críticas el presidente dio marcha atrás y dijo que habrían “entierros dignos”.

El estado de Excepción decretado por Moreno volvió a poner a los militares en las calles, como durante las jornadas de protestas de noviembre pasado. Guayaquil además fue declarada Zona de Seguridad Especial. Esa denominación le permite a las Fuerzas Armadas asumir el control del espacio público, entre otras atribuciones. Navarrete informó que recibieron denuncias por el accionar violento de los militares. “Durante los patrullajes en los barrios más pobres apalearon a los jóvenes y hubo cortes de cabello forzados. Se volvió a repetir el relato que estigmatiza a la gente de los barrios populares. Quieren hacerlos ver como los que perjudican la salud del resto, cuando son los que peor la están pasando”, afirmó el defensor público. Guayaquil es una ciudad donde las desigualdades sociales saltan a la vista. Los barrios lujosos tienen como telón de fondo enorme barriadas populares. “En las zonas pudientes la gente sigue haciendo reuniones sociales, se junta a hacer deportes, la vida sigue como si nada”, denunció Navarrete.

El costo de abandonar la salud

La expansión de Covid-19 en la provincia de Guaya y especialmente en Guayaquil se originó ante la llegada masiva de ecuatorianos residentes en España. La comunidad ecuatoriana en ese país es muy numerosa. El gobierno hizo una pobre vigilancia epidemiológica en el país desde que se detectó el primer caso de covid-19, sostuvo Esteban Ortíz, médico salubrista de la Universidad de las Américas de Quito. “Entre los que llegaron de España estuvo la primera gran propagadora de la enfermedad. Ella contagió contagió a 17 familiares, de las cuales dos murieron. En ese momento no hubo una buena política de prevención hacia la personas que llegaban al país”, sostuvo Ortiz. Para el médico otro elemento que permite entender la gravedad de la situación, es la desinversión en salud de los últimos gobiernos, pero especialmente durante la administración de Moreno. “El gobierno disminuyó el gasto público en salud. Se tildó de burócratas a todos los trabajadores públicos, incluidos los de la salud, y echaron a muchos de ellos. Con los cual acotaron el margen de respuesta ante una crisis de este tipo”, denunció Ortiz. Además informó que los hospitales públicos no se fueron equipados para la pandemia. “Al primer caso sospechoso de coronavirus, que fue un paciente chino, no se le pudieron hacer los análisis pertinentes por que no funcionaba el tomógrafo del hospital público Emilio Espejo, el más grande de Quito. En los últimos tres años el sistema hospitalario fue muy debilitado”, sostuvo Ortiz.

Ecuador es el cuarto país en toda América más afectado por coronavirus, con el agravante de que su población -de casi 17 millones- es muy inferior a la de Estados Unidos, Canadá y Brasil, que lo superan en la fatídica lista. Chile, por ejemplo, tiene más contagios pero muchos menos fallecidos. Al día de hoy Guayaquil es la ciudad con la mayor tasa de mortalidad cada cien mil habitantes en todo el continente sudamericano. Sin embargo, Ortiz remarcó que esos números serían mucho peores si se hubiera abordado la pandemia como en Brasil. Y resalta como algo positivo que el gobierno haya ordenado en forma temprana el confinamiento de toda la población.

Ecuador lleva 18 días de parálisis total. El sector informal y los desempleados, que sumados componen el 60 por ciento de la población económicamente activa, son los más golpeados por esta situación. A esto se suma la profunda crisis económica que se venía arrastrando. El gobierno no tomó medidas ni siquiera para defender a los trabajadores formales, informó Pablo Iturralde, economista del Centro de Derechos Económicos y Sociales. “Al contrario, se le permitió al empleador que descuente los días de vacaciones de la actual cuarentena. Y como segunda medida, les permitió suspender los pagos de salarios por tiempo indeterminado. El gobierno está viabilizando que la cuarentena la paguen los trabajadores”, sostuvo Iturralde. Además resaltó que el colapso del sistema de salud se explica en que el gobierno decidió priorizar el pago de la deuda externa. “Las reformas de austeridad recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos llevaron a esta situación. Se adoptan esos programas pensando en resultados financieros, pero no en las consecuencias para la población. Y eso es lo que hoy estamos viendo”, enfatizó Iturralde.

Fuente: Página/12

Ecuador se convirtió rápidamente en el tercer país de América Latina, después de Brasil y Chile, en registrar las cifras más altas de contaminación y fallecidos por la covid-19, pero si se toma en cuenta su pequeña población (17 millones de habitantes), en comparación a la del gigante ‘suramericano’, se podría considerar uno de los primeros per cápita (Brasil tiene más de 210 millones de habitantes y 4 579 casos de covid-19), por lo que se han desatado todas las alarmas.

El país, que confirmó el primer caso el pasado 29 de febrero del 2020, ahora se encuentra en la fase 3 de contagio comunitario con “transmisión sostenida y amplia”, según señaló el médico Marcelo Aguilar, epidemiólogo de la Universidad Central.

Hasta este lunes 30 de marzo del 2020 las cifras oficiales registran 1 966 casos confirmados, 62 personas fallecidas y 3 232 casos sospechosos.

El mayor número de contaminados, 1 206, fluctúan en edades de 20 a 49 años y la edad de los fallecidos, a diferencia de lo sucedido en otras partes del mundo, es de edades tempranas, según los reportes médicos.

Para el especialista en Salud Pública Esteban Ortiz, el incremento de los casos, entre otras cosas, obedece a la “pobre” vigilancia epidemiológica que se estableció en el país durante las primeras semanas del brote internacional. “La mayoría de casos son importados, se nos metieron un montón de pacientes por los aeropuertos, a la gente solo se le tomaba la temperatura y se iban para la casa, cuando debió establecerse un centro epidemiológico informativo y vigilado por la autoridad sanitaria”, señaló a EL TIEMPO.

Guayas, provincia costera, y su capital Guayaquil, es el epicentro de la enfermedad y la región que más preocupa con 1 397 casos, el 71 por ciento del registro total. 40 de los 62 fallecidos corresponden a esta división territorial.

Desde ahí se han difundido cuadros estremecedores por la falta de retiro de cadáveres de los domicilios, en algunos casos abandonados por sus familiares por miedo al contagio. El clamor ciudadano por falta de atención también es evidente en un sistema de salud que parece llegar a su límite.

El doctor Ortiz indica como hipótesis que lo que pasa en Guayaquil obedece a que gran cantidad de personas que llegaron a final del 2019 y principios de 2020 de Europa, particularmente de España, donde residen gran cantidad de emigrantes y estudiantes, y por diferencias culturales con la sierra (los Andes), su sociabilidad los llevó a “la fiesta de bienvenida”, que fue foco de contaminación.

Además, la pobreza es muy marcada en esta provincia por lo que las personas no acatan las disposiciones sanitarias y porque es muy difícil que quienes viven en una pequeña casa de caña puedan permanecer en su interior a 40 grados centígrados.

Este domingo 29 de marzo, el Gobierno ya dispuso un campo santo para fallecidos, muertos por covid-19 o no. Dentro de los protocolos sanitarios están prohibidas las velaciones, y los cadáveres de personas con coronavirus deben ser cremados o enterrados bajo tierra.

Por eso hay muchas voces que cuestionan las cifras oficiales que estarían subestimadas. Ortiz considera que eso ha sucedido en todo el mundo y señala un reporte internacional en el que se indica que el 86 % de los casos podrían estar sin diagnóstico.

“No existe un ocultamiento de información por parte del Gobierno ecuatoriano. Lo que sí hay es imposibilidad de diagnosticar los casos que pueden llevar a un registro involuntario”, señaló al vaticinar que la medida de “quédate en casa” comenzará a dar resultados en los próximos días.

“Todos estamos viviendo una gravísima situación”, dijo el vicepresidente del país, Otto Sonnenholzner, durante una cadena nacional este domingo, en la que reiteró las medidas de aislamiento social, restricción vehicular, toque de queda desde las 14:00 hasta las 05:00, acciones paulatinas que se han ido adoptando desde el 11 de marzo, fecha en la que se declaró la emergencia sanitaria.

Fuente: ElComercio.com

A pesar de que Brasil es el país de la región con más casos de coronavirus, Ecuador es el que enfrenta, con relación a su población, la crisis más alarmante en Latinoamérica.

Las medidas del gobierno no pudieron frenar la llegada temprana de la epidemia, que ya cuenta 1.962 contagiados y 60 fallecidos. Para entender la dimensión del problema, con un tercio de la población colombiana- 17,5 millones-, el país vecino tiene más del doble de positivos y registra el cuadruple de muertos.

El 15 de marzo se cerraron fronteras y se suspendieron vuelos internacionales, pero el virus ya había entrado fuertemente al territorio, concentrándose en la provicia de Guayas, donde está su centro económico, Guayaquil. El 72,8% de los casos se encuentran en esa zona suroccidental, donde viven 4,5 millone de personas.

La situación es tan dramática, que ya se anunció la construcción de una fosa común, con capacidad para 300 cuerpos, en esta provincia, donde muchas de la víctimas han muerto en sus viviendas. La pandemia ha desbordado el sistema de Medicina Legal de Ecuador.

La ministra de Gobierno ecuatoriana, María Paula Romo, afirmó que las medidas de restricción a la movilidad se extenderán hasta el próximo 5 de abril. Expresó, además, su preocupación por el manejo de los cadáveres que se ha denunciado en diversos medios de comunicación.

“Muchas funerarias o quienes estaban dando estos servicios no los están dando o prefieren que hagan el levantamiento la Policía o Fuerzas Armadas por temor a que sean casos de contagios de coronavirus”, expresó Romo al diario local El Comercio.

Además, Ecuador extendió el teletrabajo obligatorio hasta el próximo domingo. «Se ha formalizado la decisión de llevar hasta el día 5 de abril la suspensión de la jornada laboral. Hasta el momento la suspensión estaba hasta el 31 de marzo, expresó Romo en una cadena de radio y televisión.

Frente a la pandemia, el gobierno ecuatoriano declaró el estado de excepción, la emergencia sanitaria, la suspensión del trabajo presencial y las clases en colegios y universidades, el confinamiento de personas, un toque de queda de hasta 15 horas, la restricción vehicular y el cierre de fronteras. Además ordenó la militarización de Guayas. Y todavía no ha logrado frenar el problema.

El próximo domingo Ecuador, de 17,5 millones de habitantes, cumplirá tres semanas de confinamiento. «A lo largo de la semana se va a valorar si es que se prolonga la medida, si se hace diferencia por provincia, por región, por ciudades», precisó la ministra Romo. Al ritmo en que van las cosas, no parece una decisión fácil hacerlo así se de una maera paulatina.