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El fiscal federal Fernando Gélvez consideró acreditado quiénes planificaron y ejecutaron los asesinatos de Federico Lomeña y Héctor López, cuyos cadáveres aparecieron enterrados. Una deuda de 4 kilos de droga, la clave de los homicidios. Detalles del pedido de elevación para las audiencias.

Hechos

A Nicolás Cerrudo le habían robado 4 kilos de marihuana para vender en Puerto Madryn, valuados en $ 230.000. Federico Lomeña y Héctor Nehemías “Bastian” López lo amenazaron fuerte para que pagara esa carga, llegada desde Mendoza para distribuir en la ciudad del Golfo. Es que ambos eran quienes debían rendir cuentas por la droga.

La presión fue tanta que Cerrudo reclutó a su grupo íntimo para ejecutar a ambos antes de que algo le pasara a él. “Eran ellos o yo”, dijo, como consta en la causa. Todos sabían de la deuda narco. Algunos se negaron a participar. Otros no. El plan criminal se cumplió pero dejaron demasiados rastros. Cerrudo terminó ahorcado con un mensaje sugerente (ver página 7). Le decían “Mínimo”, “Máximo” o “Reptil”.

Es la hipótesis del fiscal federal de Rawson, Fernando Gélvez, que ya elevó el pedido de juicio oral y público para Genaro Carrizo Artiles, Nicolás Valencia, Nalib Zajur, B.B. y Aaron Agustín Sepúlveda por el homicidio de Lomeña, doblemente agravado por la premeditación de dos o más personas, el 6 de diciembre de 2018, en Puerto Madryn.

B., Sepúlveda y Giulio Giancarlo De Cecco tienen la misma imputación pero por el crimen de López, el 10 de diciembre de ese año.

Según la hipótesis de la acusación, el 6 de diciembre, cerca de las 15, en la casa de la abuela de Cerrudo, Berwin al 200, se reunieron Sepúlveda, Valencia, Carrizo Artiles, Zajur y B., conspirados para asesinar a Lomeña.

Lo llamaron y tras discutir por la deuda por venta de droga, lo golpearon y le asestaron al menos 20 puñaladas con dos cuchillos en todo el cuerpo. Lo mató un puntazo en el corazón. Con una remera le rodearon y le quebraron el cuello. “Le provocaron un sufrimiento extraordinario y no necesario”, explicó el fiscal en su elevación.

Habrían metido el cuerpo dentro de un mueble de madera de la vivienda. Lo cubrieron con una frazada y lo llevaron en un Renault Clío a Playa Paraná. El vehículo era de un testigo reservado que había recibido un mensaje de Cerrudo: “Necesito que me hagas un favor, te doy churro”. Decía que era enterrar droga porque de lo contrario lo iban a matar. El testigo se negó pero “Reptil” en el asiento de atrás sacó un arma: “Llevame porque me van a matar y a mí no me importa hacerte daño”.

Bajaron el mueble entre dos, con mucho esfuerzo. Era muy pesado y salía un fuerte “olor a mierda”. Bajaron dos palas y una bolsa de residuos de nylon negra para envolverlo. Lo enterraron con cemento y cal para acelerar la descomposición. Lomeña fue encontrado el 18 de diciembre cerca de la ruta, envuelto en la bolsa. Se encontraron trozos de madera.

Cuatro días después, el 10 de diciembre, en la misma casa de Berwin, pasadas las 23 se reunieron B., Cerrudo, Sepúlveda y De Cecco. Llamaron a López. Hubo una previa de TV, cerveza y porros.

Discutieron por la deuda. Lo atacaron y le quebraron el cuello con una manguera. Lo golpearon en la cabeza con un fierro y le mutilaron ambos manos. Ese hierro fue hallado en el patio de la casa. Lo mató una puñalada en el corazón. Agonizó.

Lo desvistieron, lo bañaron y lo envolvieron en una frazada. Estuvo tirado en la ducha hasta que pudieran sacarlo del barrio sin llamar la atención. Cerrudo pidió comprar lavandina para borrar rastros del piso de la cocina.

Estacionaron el Volkswagen Vento de la víctima en la puerta de la casa. Según la acusación fiscal, vaciaron el baúl: había ropa, una campera de mujer y un monopatín de nena.

Envolvieron al cuerpo con una sábana y luego en otra de nylon. Lo midieron con una sábana de cabeza a pie. Pero no entraba. Quebraron su cuerpo, lo doblaron y lo ataron de pies a cabeza.

Cargaron al auto las bolsas de cal, palas, cemento y la ropa. En el camino frenaron en el basural: en la pantalla del auto un celular se conectaba por Bluetooth. Todos lo tenían apagado. Sugestionado, Cerrudo le disparó al celular de López.

Lo enterraron en el Parque Ecológico El Doradillo. Limpiaron el coche con pedazos de sábana embebidas de nafta y abandonaron el vehículo con la batería desconectada. El cuerpo quedó en otra punta, debajo de un árbol cerca de una laguna seca, con un arbusto encima. Era madrugada.

Fue hallado el 17 de diciembre. Como Lomeña, estaba en estado de descomposición por la cal y al cemento. Ambos habían ido a la casa de Berwin creyendo que les iban a pagar.

Rol central

Según Gélvez, el rol central de ambos operativos lo tuvo Cerrudo. Eligió días, lugar, ayudantes y estrategia para intentar quedar impune. Todo el grupo está vinculado estrechamente por “amistad, conocimiento y comunidad de intereses”. El factor común que los reunía en lugares públicos era la droga. “Cerrudo recurrió a ellos solicitando el auxilio y la participación en los hechos que estaba decidido a cometer. Aceptaron, consintieron, y de manera libre respondieron afirmativamente”. Ninguno actuó amenazado, pese a sus excusas.

El joven organizó la logística y acordó llevar los cadáveres fuera del casco urbano para que no fueran hallados. “Fue una completa planificación, con la debida concertación de voluntades que se unieron”.

La deuda de Cerrudo involucraba al resto, explicó Gélvez. Según la pericia de su celular Motorola, Cerrudo se comunicó con Zajur desde el 6 de diciembre (crimen de Lomeña), 8, 9 y 10 del mismo mes (cuando mataron a López). Le pidió bolsas de cal o de material.

Según su WhatsApp, un tal “Ale” le dice: “No sé man es matar a alguien, es una pregunta re jugada”, a lo que contesta Cerrudo: “Mal”. “Ale” le pregunta: “Cuándo tenés pensado hacerlo”; responde Cerrudo: “En una hora…Hora y media”. El tal “Ale” le pregunta si tiene “fierro o algo”.

El resto del chat se eliminó. Los mensajes fueron el 5 de diciembre y la “hora u hora y media” coincidiría con el 6 de diciembre.

No era posible que una sola persona completara ambos operativos por su cuenta. Y la cantidad de lesiones muestran la crueldad, innecesaria si sólo querían matarlos. “Se buscó el sufrimiento y agonía de las víctimas”, concluyó el fiscal en su elevación. #

“Les voy a decir la verdad”

Nalib Zajur conocía a Nicolás Cerrudo por patinar y juntarse a “boludear” con cervezas y porros en la rambla, en cervecerías y en el patinódromo II. El grupo llegó a tener 50 personas. “Nicolás cuando se enojaba se enojaba feo. No sabría afirmar si era capaz de cumplir con sus amenazas, por su cara no se sabía con qué podía salir”, dice la acusación.

El 4 de diciembre Cerrudo le escribió. Estaba por llegar su “tranza” con una carga de diez kilos de droga. Le pidió a Zajur que le avise a su papá (policía retirado) para organizar un procedimiento. Le daría los detalles sobre la marcha desde casa de su abuela. “La idea era agarrar a toda la banda junta”.

El día era el 6 de diciembre. La División Drogas vigiló la casa. Vieron el Palio Negro de “El Mendocino” Campos Sosa merodeando. A las 14 salieron dos jóvenes con una actitud que llamó la atención policial: se movían rápido y observaban hacia todos lados. Una hora se sumaron otros dos jóvenes. “Estaban como perseguidos, en constante alerta”. Estaban sucios de sangre.

Policía le mostró el material a Genaro Carrizo Artiles. Fue espontáneo: “Les voy a decir la verdad, a Federico Lomeña lo matamos nosotros, el cuerpo está enterrado en Playa Paraná”. La filmación mostraba a Valencia y a Sepúlveda.

“Es el último trabajo que tenemos y ya está”

Ante la Brigada de Investigaciones, Genaro Carrizo Artiles contó que convivía con Nicolás Cerrudo en casa de su abuela, sobre pasaje Berwin. Sostuvo que su amigo había entrado en el “negocio” de vender droga y que en realidad, la deuda por perder 4 kilos era suya. Héctor López y Federico Lomeña lo presionaron. “Bastian” lo buscó en su coche y sacó un revólver. “Le dijo que tranquilamente podía matarlo y era mejor que pagaran. Él no iba a hacer nada, pero si venía alguien de Mendoza le iba a decir quiénes eran”.

Cerrudo estaba desesperado por conseguir la plata y a Artiles le pidió mudarse. Era peligroso que estuvieran juntos y la abuela le habría recriminado que le faltaban blusas, sábanas y frazadas. Eran las halladas en El Doradillo.

Artiles declaró que días antes, Cerrudo le había pedido a Aaron “Papota” Sepúlveda que le comprara un bidón de nafta en la YPF de Gales y Juan B. Justo. Se usó para limpiar el techo, el baúl, el torpedo y los asientos.

Los bidones los encontró su abuela en la basura en el patio. En esa casa, un equipo de luz UV encontró manchas de sangre, telas sucias, un hierro, una manguera azul e indicios de que se procuró limpiar todo el lugar. La mujer notó que le faltaban toallas, sábanas, frazadas, la colcha del perro y una alfombra. En la basura del patio, una bolsa vacía de cemento, bidones con olor a nafta y trapos con sangre.

Se arrepintió

Luego Carrizo Artiles intentó desmentir su primera declaración en la Brigada: “Soy inocente y declaré bajo presión, Cerrudo me dijo que no diga nada porque había personas pesadas como policías y políticos, que no era joda, que se iban a enterar e iban a matar a mi familia, que por seguridad se fue de Madryn. Me pidió que diga algunas cosas para tapar algo más grande, que esto no era chiste, que no diga nada sobre lo que él había hecho con Lomeña y López”.

Sin embargo, toda su primera confesión ya estaba corroborada con la investigación: había participado con Cerrudo y la filmación policial (ver recuadro “Les voy a decir la verdad”) lo comprometía.

Para el fiscal Gélvez, su desmentida “es una hipótesis incomprobable y alejada de toda realidad, limitándose a echar toda la responsabilidad a quien ya está muerto y elaborar una suerte de entramado oscuro y poderoso de `gente más pesada´, historia alejada de todo sentido”.

Artiles sabía que Cerrudo estaba endeudado con los muertos y estaba en “situaciones límite”. Según contó Giulio De Cecco, en la celda de Fiscalía de Tribunales le preguntó a Carrizo: “Me dijo que con Cerrudo habían matado a Lomeña. Que sus cortaduras no eran de un robo, entonces me dijo la verdad, que era porque Federico se había defendido.”

Otros dos testigos de identidad reservada señalaron que cuando B. dejó el velatorio de Cerrudo, el 12 de diciembre, les contó que “boletearon a dos” y que habían “descartado” el Vento de López en El Doradillo, entre otros detalles, como el celular con dos tiros.

El joven negó todo: el cuchillo y la rejilla con sangre hallados en su casa eran de la cena de la noche anterior. Y las sábanas -dijo- eran de su hermano, que tenía problemas de sangrado en la nariz.

Sin embargo, para el fiscal lo que contaron esos dos testigos sólo pudieron oírlo de alguien que hubiera participado en los crímenes: eran indicaciones precisas y datos reales y coincidentes que sólo un protagonista pudo saber.

Todos intentaron mostrarse amenazados por Cerrudo para justificar que habían participado “de manera involuntaria”. Según el fiscal, la estrategia fue “centrar toda la responsabilidad en quien ya no está, y a la vez colocarse en una suerte de víctima del supuesto amedrentamiento”.

El día de la muerte de López, por WhatsApp Cerrudo le pidió a Sepúlveda bolsas de cal y cemento. Y que vaya a casa de la casa de la abuela a las 17.30: “Es el último trabajo que tenemos que hacer y ya está”. Sepúlveda responde: “Oka dalee”. #

“Esto nos pasa por jugar con fuego”

Aunque fue el primer crimen, primero se denunció la desaparición de Héctor López, el 11 de diciembre. Faltaba de su casa desde el día anterior a las 22.30. Su pareja declaró que esa noche mientras preparaba la cena, López le dijo que iba en el Vento a buscar un lavarropas a lo de “Maxi” Cerrudo. No supo más.

Ese mismo 11 de diciembre fue entrevistada la “madre de crianza”. Reveló que su hijo aparecía con plata o con cosas caras. Para ella “andaba metido en la droga”.

Nicolás Cerrudo declaró para vender una versión distinta: López y federico Lomeña eran amigos íntimos y tenían una deuda con Humberto Marcelo “El Mendocino” Campos Sosa, que traía la droga del norte. Eran ellos los que habían perdido 4 kilos en panes de marihuana. Habían juntado la plata para escapar a Buenos Aires ya que era inminente que “Marcelo” llegara a la ciudad del Golfo. Lo describió como de entre unos 50 y 60 años, canoso, morocho, siempre de chomba, 1,70. La droga la enterraban en el terreno de la casa de Lomeña. Como no tenía antecedentes, se movía tranquilo en un Fiat Palio Negro.

Pero el 12 de diciembre, en el Parque Ecológico familiares de López encontraron ropa, una lona con sangre; bolsas vacía de cal y cemento, frazadas, guantes, un cuchillo carnicero, una manguera azul, un Iphone con dos tiros en la pantalla y la alfombra del Vento. El caso ya no era una fuga de dos sino un ajuste de cuentas.

A horas de su declaración, Cerrudo se ahorcó. Dejó una carta de despedida de su familia. Pedía perdón y explicaba: “Esto nos pasa por jugar con fuego”. El plural indicaba que estaba involucrado en las muertes.

El Fiscal Federal Norberto José Bellver entiende que no es un momento oportuno para desfederalizar el narcomenudeo por una cuantas razones.

El resultado que se observa en las Provincias que han desfederalizado es negativo.

La situación económica de la Provincia no esta en condiciones de soportar los gastos que acarrearía este procedimiento, ya que habría que considerar los mismos, (laboratorios para determinar si la sustancia es o no estupefaciente, sus correspondientes bioquímicos, etc.

El cumulo de trabajo que soportan los fiscales de la Provincia ya es de por si voluminoso, a lo que habría que sumarle los casos de narco menudeo.

Por otra parte no es posible saber si cuando empezamos una investigación por narco menudeo esta puede terminar en una gran organización de narcotráfico.-

Asimismo, creo que debe haber una unidad en las investigaciones de este tipo ya que también puede llegar a suceder, que exista una gran cantidad de incidentes de competencia entre la justicia federal y la provincial, lo que obviamente perjudicaría las investigaciones.-

Por las razones expuestas es que no estoy a favor de la des federalización.

Norberto José Bellver – Fiscal Federal de Comodoro Rivadavia.

El fiscal federal Fernando Gélvez reveló que los jefes de las áreas de Drogas Peligrosas y Leyes Especiales de Puerto Madryn, Trelew y Rawson “eran policías honestos que investigaban y terminaron renunciando”.

El fiscal deslizó la falta de dinero, de personal formado y la incorporación de un Juzgado Federal en Puerto Madryn para tratar un problema que ahora pasará a otra órbita judicial, además de la enorme cifra de causas que representa el tráfico de drogas.

Advirtió que se está dejando de lado “a personal policial idóneo para conformar una nueva oficina que se dedique a un tema cuando ya tiene años haciéndolo. Hace poco el Jefe de la División Drogas Peligrosas de Puerto Madryn dejó su cargo. El de Trelew y el de Rawson también. Excelentes policías. Honestos. Que trabajaron muy bien y es la misma opinión del juez Lleral” refirió Gélvez. Destacó al comisario Sergio Salamín “que investigó los dobles crímenes y comercio de estupefacientes en más de 10 personas. No se entienden esos cambios”, observó.

Sobre qué relación establece entre estas renuncias y el proyecto, Gélvez afirmó que “evidentemente a quien envía el proyecto no le gustan las personas que conducían esas divisiones”.

-¿Eran personas que estaban investigando?

-Sí, muy bien. Tengo algunos años en este tema porque trabajamos con Drogas Peligrosas desde 1994, con mejores conformaciones o no tan buenas, pero esa división le garantizo que al Juzgado de Rawson y a la Fiscalía siempre le dieron muy buenos resultados y han sido los que más y mejores procedimientos han hecho a lo largo de tantos años y que últimamente estaban realizando muy bien.

El fiscal advirtió que para este tipo de investigaciones “no se puede ser muy ansioso ni creer que un procedimiento se puede llevar a cabo en pocos días; no hay que ver que la cuestión termina en una foto o en lo que se secuestró. Ese hecho terminan cuando hay una condena. Hay que ver todo y no lo que se pretende, una noticia o una foto del momento”.

El día 3 de septiembre se presentó ante la Secretaria Disciplinaria y Técnica del Ministerio Publico Fiscal de la Nación, a cargo del Dr. José Manuel CASANOVAS, una denuncia contra la fiscal subrogante del Juzgado Federal de Rawson Dra. Romina Patiño por violación por violación del Art. 68 Inc. H de la ley 27.148, que dada su gravedad podría concluir con la formación de un tribunal de enjuiciamiento que concluyere con su destitución.

Tal como este medio hubiere informado en notas anteriores, las irregularidades acaecidas en el expediente judicial puestas de manifiesto por la auditoria interna efectuada por el Lic. Carlos E. PADIN, daba cuenta que la fiscal se encontraba mencionada en un acta de examen con serias irregularidades.

Que la sola presencia de una auditoria que mencionare a la fiscal como beneficiaria y-o posible autora y-o cómplice del delito que ella misma investiga, amerita a criterio de la defensa que la misma debió apartarse inmediatamente de la investigación. Al no apartarse de la causa, genera sobradas dudas acerca de sus motivaciones personales de continuar investigando un presunto delito del cual puede ella haber sido beneficiaria, y-o posible autora y-o cómplice.

Se solicitó a la Procuración General de la Nación que se inicie el proceso sancionatorio correspondiente que podría culminar con la remoción de la cuestionada fiscal subrogante. La conducta que la fiscal adopte al momento de efectuar su descargo será decisiva sobre el tipo de sanción que recaiga sobre la misma, ya que la ley es clara al sostener que se tomara en cuenta la conducta observada por la denunciada con posterioridad al hecho. Negar la existencia de elementos objetivos obrantes en una causa judicial que ameritaban su apartamiento de la investigación, casi con seguridad dará lugar a un tribunal que juzgue dicha conducta. Pareciera que el camino del reconocimiento de los hechos y de la prueba acompañada se presenta para la fiscal como el mejor camino a observar, no solo en defensa de su fuente de empleo sino también para despejar toda duda de parcialidad acerca del funcionamiento de la justicia federal, tan cuestionada no solo a nivel provincial sino también nacional, por encontrarse muchas veces entremezclada con cuestiones que parecieren más políticas que jurídicas. El tratamiento mediático que recibió la causa, que mereció más de cincuenta y dos notas en los diarios de soporte papel más populares de la zona, la mayor parte de ellos en titulares, y que ni una mención han tenido sobre lo que hoy informamos refuerzan esta teoría.

El ministro de Gobierno, Federico Massoni está en la ruta en Rawson, donde estatales llevan adelante un corte en los acceso a la ciudad.   En la ruta además hay una fuerte presencia policial  y la presencia de diputados provinciales.

Massoni explicó que la justicia federal fue quien ordenó el desalojo en la ruta 3 y 26 por una denuncia de la operadora de YPF.

Los trabajadores estaban apostados en las rutas en donde aseguran permanecerán  hasta que liberen a los dirigentes gremiales de Comodoro, que fueron detenidos en ruta 3 y 26.

Massoni indicó que la detención de Daniel Murphy y Magalí Stoynaoff se dio por la orden de un fiscal federal, por una denuncia que realizó YPF para desalojar la ruta.  Los  dos gremialistas siguen detenidos, así lo informó ADN Sur.

 

DETENIDOS POR «RESISTENCIA A LA AUTORIDAD»

Este viernes cerca de las 5 de la mañana se produjeron una serie de incidentes en la Ruta 3 y 26 entre la Policía de Chubut y los trabajadores estatales. El secretario general de la Regional Sur de ATECh, Daniel Murphy y la delegada, Magalí Stoyanoff, quedaron detenidos.

La abogada Silvia De Los Santos, aseguró que «nos informaron en la Comisaría que quedaron detenidos por resistencia a la autoridad».

«Como es un delito ordinario, estamos esperando que desde la Oficina Judicial Provincial se rectifique la situación», sostuvo De Los Santos en contacto con ADNSUR. La abogada informó que «estamos esperando que el procedimiento defina la libertad inmediata de los dirigentes».

Manifestó además que «ambos se encuentran bien».

Mañana a las 14 expondrá el fiscal federal Rafael Vehils Ruiz y, a su término, harán lo propio las querellas.

El juicio oral y público por delitos de lesa humanidad cometidos en La Rioja durante la última dictadura, que tiene en el banquillo de los acusados al teniente general César Milani- quien fue jefe del Ejército durante el gobierno de Cristina Kirchner -, y otros 12 imputados, será retomado tras la feria judicial en esa provincia.

Se trata del debate en el que se juzga, desde el 3 de mayo pasado en la capital riojana a Milani y otros doce acusados por el secuestro y las torturas a Pedro y Ramón Olivera, ocurridos en 1977 en esa provincia.

En este proceso, participan dos querellas, una de ellas particular, correspondiente a Alfredo Olivera y representada por las abogadas María Elisa Reinoso, Viviana Reinoso y Adriana Mercado Luna; en tanto la otra querella corresponde a las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y de la provincia, representadas por los abogados Claudio Orosz y Eugenio Biafore.

Por eso, luego de que comience la etapa de los alegatos con la exposición del fiscal Rafel Vehils Ruiz y su pedido de condenas en la audiencia de mañana, a partir de las 14, será el turno de los alegatos de las querellas, que arrancarán en la misma jornada y finalizarán, tras un cuarto intermedio, al día siguiente, el viernes.

En tanto, el turno de los alegatos de las defensas será la semana próxima, jueves y viernes, según anticiparon a Télam fuentes judiciales.

De acuerdo con lo previsto, el 8 de agosto próximo será la audiencia en la que se dará la posibilidad a los trece acusados, entre ellos Milani, de pronunciar sus últimas palabras antes del veredicto, que, en principio, se daría a conocer al día siguiente, 9 de agosto próximo.

El ex jefe del Ejército de la última etapa de la gestión presidencial de Cristina Fernández de Kirchner está acusado de haber participado en el operativos para secuestrar y luego someter a tormentos a los Olivera.