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Tras viralizarse las fotos que compartió en Facebook para que se conozca «la realidad que se está viviendo en el Hospital Regional», el enfermero Leandro Torres dialogó con Actualidad 2.0 y contó cómo se trabaja en el área de terapia intensiva de adultos en medio de la escalada de casos positivos de coronavirus en la ciudad. Destacó el esfuerzo de sus compañeros, quienes «se esfuerzan al 100%» todos los días para salvar vidas. «Es muy triste ver como perdés a un paciente», relató.

«Mi idea de subir las fotos fue porque veía muchos comentarios de que no existía, de que era mentira, que era todo falso y miro a mis compañeros, todo el esfuerzo que hacen y el mío también, además de que no tenemos novedades de los pagos y existe mucha sobrecarga laboral», explicó el joven de 23 años.

El enfermero afirmó que buscó que la población empiece a creer lo que ocurre en la ciudad. «Soy del sector pediátrico; estaba cubriendo guardia pediátrica pero me llamaron para cubrir guardia de adultos y lo hice para adquirir nuevos conocimientos. Es una experiencia que no creo que olvide nunca. Hay un hermoso equipo de trabajo que todos los días se está esforzando al 100. Sin palabras», expresó.

Sobre la posibilidad de ir a la primera línea de fuego, dijo que «siempre hay mucha ansiedad, miedo y mucha tristeza. Yo no soy de Comodoro. Tengo una hermanita que aún no conocí; no pude viajar y todo eso te consume. Eso te juega en contra y estar solo prácticamente sin amigos es difícil».

Afirmó que las camas para pacientes covid «están ocupadas. Hasta ayer hubo otro ingreso así que eran siete».

En relación con la adhesión al protocolo nacional, dijo que «se respetan los protocolos, se actualizan, nos van informando día a día. Es triste ver como perdés a un paciente directamente. A veces no pueden venir familiares porque están en aislamiento. Es la realidad de Comodoro que muchos no quieren creer», lamentó.

«Las ganas de juntarse con amigos van a estar siempre. A nosotros nos afecta leve pero a los adultos mayores los afecta mucho: yo intentaría prevenir las reuniones y el día de mañana poder disfrutar con mis familiares», dijo el joven.

Se trata de un enfermero que atendió en la localidad de Garayalde a un camionero y ambos se encuentran en Trelew.

Matías Castiñeira, director Asociado Hospital de Trelew MP 3917, informó que el personal de salud contaba con el equipo adecuado de prevención pero suponen que se realizó algún descuido al momento de quitarse el traje.

Comunicó que cuando el enfermero comenzó a presentar síntomas decidieron trasladarlo al hospital y el hisopado dio positivo.

Ambos contagiados cuentan con síntomas leves y por el momento no precisan internación, entre los dos suman cuatro contactos estrechos.

Finalmente manifestó que los últimos casos que se registraron en la ciudad son de camioneros y que cuando pasan por Trelew y dan positivo se hacen cargo del paciente hasta que sea negativo, lo aíslan y le hacen un seguimiento para asegurar el control dentro de la ciudad.

En medio de la emergencia meteorológica que vive la zona cordillerana de Chubut, en las últimas horas se evacuó en helicóptero a varias familias que se encontraban aisladas por la nieve, mientras que a otras se las asistió desde el Gobierno Provincial con mantas, leña y forraje para sus animales. José Luis Loncón, enfermero de Cushamen, indicó a Actualidad 2.0 que aún resta llegar a unas 200 personas que viven en los parajes cercanos, y que el hospital de la localidad se encontraba cerrado por falta de energía eléctrica y gas.

Al respecto, Loncón indicó que los pacientes internados fueron trasladados a hospitales de referencia o incluso a sus domicilios para seguir desde allí su tratamiento.

«Cuando arrancó la emergencia climática hace una semana tuvimos que evacuar el hospital porque no teníamos energía eléctrica, ni gas y era imposible mantener el hospital en funcionamiento en esas condiciones. Se armó un operativo de evacuación, se reevaluaron a los pacientes y los que se podían ir a su domicilio continuaron con tratamiento en su casa y los que estaban más complicados se derivaron a hospitales de referencia», explicó.

De esta forma, indicó que «algunos internados fueron al Hospital de Esquel, y las cuatro embarazadas que estaban casi a término fueron al hospital de El Maitén». Al mismo tiempo, mencionó que «con gente del Área Programática nos comunicamos para poder articular algún mecanismo y garantizar la atención mínima en el hospital y zonas rurales».

«Mas allá de la inclemencia climática en Cushamen que este año es muy fuerte surge la dificultad porque no contamos con servicios adecuados para la zona como el trasporte, el caso de la ambulancia por ejemplo», citó Loncón y puntualizó que «tenemos una sola preparada para el traslado de pacientes críticos, que en este momento se está utilizando para todo, y eso tiene un desgaste y se empieza a averiar».

Sostuvo que «para esta inclemencia puntual necesitamos vehículos 4×4 para salir, y al no tener quedamos completamente colapsados».

Este lunes «la jornada arrancó bastante agradable, ha salido el sol, hay deshielo», señaló el enfermero, y consideró que «es una buena noticia que anoche tuvimos energía eléctrica nuevamente, con el grupo electrógeno en la localidad, y esta mañana llegó el camión de gas que estábamos esperando hace una semana».

Remarcó que «eran los elementos básicos que estábamos esperando acá en el Hospital para poder continuar con la atención básica».

NECESIDADES DEL HOSPITAL

Mencionó que el hospital de Cushamen está necesitando en estos momentos más equipamiento para poder responder a las necesidades diarias, como ropa de cama, colchones, camas ortopédicas, instrumental médico de uso diario.

«A partir del fin de semana la gente del área programática, al no tener médicos estables acá, hizo una reprogramación para atender a las personas con médicos desde Esquel», explicó e indicó que «ayer vinieron de pediatras y atendieron a casi 16 niños y adolescentes, y hoy a las 11 llegaron médicos generalistas para atender adultos y ancianos a domicilio, entonces armamos dos grupos con médicos, enfermeras y trabajadores domiciliarios para la atención domiciliaria directa».

Loncón recordó que «la zona rural es muy amplia: son 17 parajes y recién se ha llegado la mitad, o sea que faltan unos 7 u 8 parajes, y son entre 150 y 200 personas, en lugares donde todavía no se ha podido llegar desde hace una semana».

«La situación la estamos llevando con el esfuerzo y la solidaridad de la gente, y de hospitales y ciudades que han colaborado con nosotros. Nos enteramos por el ruido del helicóptero que estuvo el gobernador, pero acá por el hospital no vino», finalizó.

El hecho sucedió en el barrio Nueva Esperanza, en la Capital Neuquina; con un enfermero que trabaja en la clínica ADOS de la localidad y que en junio pasado contrajo Coronavirus (en el centro de salud de produjo una ola de casos). Desde entonces comenzó a ser hostigado por los vecinos.

Al hombre, Daniel Porro, le dieron el resultado positivo del hisopado el 19 de junio, pero antes se encontraba aislado en su casa. Luego del diagnóstico, fue a hacer el aislamiento a la vivienda de un familiar.

El enfermero transitó la enfermedad con síntomas de tos y dolor en el pecho, y tras varios días, al someterse a otro hisopado, el resultado fue negativo, por lo que fue considerado como un paciente recuperado. Fue así que volvió a su casa y se reincorporó a trabajar ya sin el virus.

Sin embargo, continuaba siendo hostigado por los vecinos del barrio Nueva Esperanza. Desde la vereda lo insultaban y el pasado jueves la situación se volvió sumamente violenta.

Un vecino lo insultó y comenzó a llamarlo desde la vereda. El enfermero salió a ver quién era y esto desembocó en insultos y una pelea. Varias personas lo golpearon y lo patearon hasta dejarlo casi inconsciente.

El hombre fue trasladado al hospital y durante la tarde, tras la agresión, algunos integrantes de la familia que lo habían golpeado horas antes le prendieron fuego la casa, una vivienda modesta que se encuentra en construcción.

Además, mientras esto sucedía, al trabajador le robaron su auto, Fiat Palio, que la Policía pudo recuperar a las pocas horas.

Tras la sucesión de hechos violentos, el hombre hizo la denuncia correspondiente y tomó intervención el Ministerio Público Fiscal neuquino. Sin embargo, el enfermero se mostró atemorizado por lo que produce el desconocimiento en los vecinos de la zona.

“Me decían que me vaya del barrio porque tenía Coronavirus. No sólo no tengo porque cumplí con el aislamiento, sino que me quemaron la casa y me robaron el auto”, contó el enfermero a LMNeuquén, medio de la Capital neuquina.

El hombre contó que mientras era agredido los vecinos le decían “andate porque sos caso positivo y te vamos a quemar la casa, no queremos gente como vos acá en el barrio”, amenaza que unas horas después se cumplió.

“Me golpearon por todos lados entre varias personas, y todavía no me recupero. Perdí el conocimiento y quedé en el hospital. Me llevaron el auto, directamente me lo robaron y una vez que estaba en el hospital me prendieron fuego adentro de mi casa”, lamentó.

El hombre lamentó el “desconocimiento, porque no he tenido problemas con este vecino. La Policía le explicó bien cómo era el tema de los contactos, del aislamiento, pero esta persona nunca lo entendió, hasta hace tres noches, que me pasa todo esto”, informó.

“No tengo a donde vivir”, agregó el enfermero agredido.

Fuente: lmneuquen.com

“Por suerte estamos recuperados y hubo consecuencias graves, los únicos síntomas que tuvimos los dos, con mi esposa, fueron pérdida del gusto y el olfato”, contó Martín en diálogo con Radio 3 al estar de alta.

“Me tuvieron que hacer un nuevo hisopado ayer, pero ya me dieron el alta después de 21 días”, confirmó el trabajador de la Salud que se reincorporará en las próximas horas a sus tareas habituales.

“Tuve un dolor de cabeza que me explotaba el sábado antes del Día del Padre, a la noche me despertó el dolor. Como no tenía medicación, le pedí a mi señora que me acompañara al hospital y cuando el doctor me tomó la temperatura ya tenía 38º”, recordó.

“El médico me dijo que al ser personal de Salud me iban a ser el testeo, me lo hicieron el domingo a la madrugada y a las 10 de la noche me dio positivo”, remarcó.

“Me mandaron el lunes al anexo de Rada Tilly, después al anexo de las 1008 donde terminé de cumplir mi cuarentena”, señaló respecto de cómo transitó la enfermedad.

“Hasta que llegaron cuatro marineros trabajábamos en el área de Covid, pero a partir de ese día el personal de limpieza dejó de hacer tareas para protegerse, y creo que me contagié ahí porque lo único que hacía es ir de casa al laburo”, consideró el primer camillero infectado.

“Los mismos compañeros pidieron después que les hicieron a todos los hisopados y fue ahí donde dieron positivo otro compañero, una enfermera y una chica de recepción”, expuso en el final.

Un enfermero de la clínica ADOS de Neuquén se encadenó en las puertas del lugar para que realicen una desinfección de todas las instalaciones, ante el brote de casos de coronavirus que se disparó en los últimos días, vinculados a este centro de salud.

«Si seguimos así, no hay forma de que no nos contagiemos», manifestó el trabajador de la clínica, quien reclama la presencia del Ministerio de Salud.

«Nosotros necesitamos que se trasladen los pacientes, que se haga una buena desinfección para que podamos volver a trabajar sin correr el riesgo de que nos vamos a enfermar. De esta forma, lo único que nos aseguran es que nos enfermemos», planteó Julio, quien se encadenó este jueves pasadas las 11 de la mañana.

El hombre trabaja en el área de terapia intensiva. Y es de los pocos que continúa prestando servicios ya que su hisopado dio negativo y tampoco necesitó ser aislado. «En la terapia la mayoría se contagió y, el que no dio positivo está aislado», dijo el hombre.

«Dicen que no se pueden mover, pero hemos trasladado hasta pacientes intubados que eran Covid positivo. No sé si están esperando que esos pacientes que están ahora también se contagien o se sigan contagiando nuestros compañeros, que se han contagiado la mayoría», reclamó Julio, quien apuntó hacia la responsabilidad del Comité de Emergencia provincial ya que, según él, es desde donde niegan la desinfección total de la clínica.

«Yo mismo hablé con el director médico y me dijo que desde el Comité no lo quieren hacer, entonces. Ayer (miércoles) el gobernador dijo que todo era culpa del ADOS. Yo soy trabajador del ADOS, hicimos todo lo que el Comité dijo y nos siguen echando la culpa», planteó.

Al mismo tiempo, contó algunas situaciones laborales que sufrieron sus compañeros. «A mi compañero lo apedrearon, lo tuvieron que sacar de la casa por venir a trabajar y contagiarse trabajando. Tengo compañeras que han tenido que dejar sus hijos en otros lados para poder seguir trabajando y se han contagiado. No entiendo porqué se nos sigue cuestionando», lamentó el enfermero.

«El accionar del Comité deja mucho que desear porque no toman la decisión definitiva de desinfectar el ADOS. Si seguimos así, no hay forma de que no nos contagiemos. Solicito que venga alguien del Ministerio de Salud», reclamó el hombre, y aseguró que se quedará encadenado en el lugar hasta que se haga presente algún funcionario, según publicó LMNeuquén.

El médico Ramiro Federico Bassi y el enfermero Patricio Walmsley, las dos víctimas fatales en la tragedia aérea de Esquel eran dos personas reconocidas en la aeroevacuación por sus colegas y por su entrega profesional.

“Padre, médico cardiólogo, aeroevacuador y buzo. Me gusta el tenis y viajar. Escucho a Bruce Springsteen y a Billy Joel», así se definía Ramiro Bassi, de 44 años, en su cuenta de Twitter.

Oriundo de Bahía Blanca, papá de Benjamín de 7 años, y fanático de Bruce Springsteen, vivía hace décadas en Bernal, provincia de Buenos Aires.

Cardiólogo de la Unidad Coronaria del Sanatorio Modelo de Quilmes y del Hospital Argerich. Graduado en Evacuación Aeromédica en el Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial, formaba parte de la empresa MD Fly, que brinda el servicio de Ambulancias Aéreas y Escolta Médica en el país desde 1995.

En estos tiempos de pandemia de coronavirus estaba ejerciendo más que nunca su profesión de aeroevacuador, y el viernes pasado tuiteó: «A la madrugada fuimos a Formosa en un vuelo sanitario. Trajimos una paciente de 1900 gramos con una cardiopatía congénita. Llegó sin complicaciones al Hospital Militar. Valió la pena trabajar un 1° de mayo».

El afecto, la tristeza y el reconocimiento de sus colegas, familiares y amigos se vio reflejado en numerosos mensajes en las redes sociales.
Enfermero apasionado
Además de Bassi, en el accidente murió el enfermero Patricio Walmsley, vivía en el Tigre, provincia de Buenos Aires, y como el médico fallecido era también un apasionado por su tarea.

Walmsley era enfermero aeroevacuador desde 2009. Con el pasar del tiempo se especializó en enfermería pediátrica. Entre 2013 y 2018 formó parte de las organizaciones Médicos Sin Fronteras y Save The Children, y trabajó en zonas como Haití, República Centroafricana, Níger y República Democrática del Congo.

En su Linkedin se definía como: «Enfermero universitario graduado en 2009 en la Universidad de Buenos Aires, amplia experiencia en traslado aéreo de mediana y alta complejidad, experiencia como enfermero laboral a cargo de grandes dotaciones».

También trabajó dos años como enfermero supervisor clínico de la Unidad de Salud de Emergencia de Save The Children en Reino Unido. Y pudiendo radicarse en Inglaterra, decidió regresar a la Argentina.

Hablaba inglés, francés y suajili, y su Facebook da cuenta de la variedad de destinos en los que trabajó. Hace cinco años estuvo en África para colaborar con la crisis humanitaria de la República Centroafricana.

Su trabajo como enfermero aeroevacuador era una pasión. En 2016 protagonizó una charla en la Ciudad Cultural Konex, donde expuso cómo fue su trabajo durante años en el Congo.

En las últimas semanas, ante la pandemia de coronavirus, su vocación de servicio lo llevó a sumarse como enfermero en el SAME. Sin embargo, mantenía su guardia con MD Fly y el martes por la tarde asumió la guardia para viajar a Esquel a asistir en el traslado de una pequeña niña de 3 años que debía viajar hacia Buenos Aires.

Fue Walmsley quien tomó el viaje entre los tres enfermeros posibles en ese momento.

Su última foto con vida la subió a su Whats-App minutos después de que despegara el avión Learjet 35. Dentro de la avioneta y con el barbijo puesto, en la foto aclaró: “Sanitario a Esquel”.

El director general de Defensa Civil de Chubut, José Mazzei, dijo, por Radio 3, que «más allá de la tragedia, que nos golpea a todos, no se pueden romper los protocolos», y agregó que «hay que hacerles los test tanto a los cuerpos de los fallecidos como a los dos sobrevivientes».

Por último, explicó que «una vez que se hagan los análisis de coronavirus, los médicos forenses quedarán habilitados para hacer las autopsias. Hoy hay una situación de salud pública que está por encima de cualquier otra situación», concluyó.

Los cuatro protagonistas de esta historia. El enfermero y el médico que dejaron su vida en el viaje y el piloto y copiloto que siguen dando pelea.

El accidente que se produjo en la ciudad de Esquel este martes por la noche dejó el saldo de dos personas fallecidas, un enfermero y un médico, y dos internados en estado delicado, el piloto y el copiloto.

De acuerdo al registro de la ANAC, el avión pertenece a la empresa Cabiline, compañía que estaba autorizada para transporte aéreo sanitario, aunque en el listado de empresas Regulares y No Regulares, al 4 de marzo, figuraba como “empresa vencida y/o suspendida transitoriamente”.

Según pudo saber este medio, el avión había sido vendido recientemente a MD Fly.

¿Quiénes son?

Ramiro Bassi: médico cardiólogo aeroevacuador

El médico Federico Bassi de 44 años cumplió con el envío de de la información a la familia de su próximo destino de aeroevacuación sanitaria anunciando el vuelo a Esquel, el último de su vida.

En su Twitter se describía como: “Padre, médico cardiólogo, aeroevacuador y buzo. Me gusta el tenis y viajar. Escucho a Bruce Springsteen y a Billy Joel”. Además era oriundo de Bahía Blanca y vivía en Bernal.

Desde hace 15 años ejercía como cardiólogo de la Unidad Coronaria del Sanatorio Modelo de Quilmes y desde el 2007 también se desenvolvía en el Hospital Argerich.

Además de su pasión por la medicina, a Bassi también le fascinaba volar. Fue así que obtuvo un grado en Evacuación Aeromédica en el Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial.

Bassi, al igual que los otros tres tripulantes del trágico vuelo, formaba parte de la empresa MD Fly, una compañía que brinda el servicio de Ambulancias Aéreas y Escolta Médica en el país desde 1995.

Patricio Walmsley: enfermero

Vivía en la localidad de Tigre y también era un apasionado por su trabajo.

Viajó alrededor del mundo para ayudar en distintas causas. Para muchos era uno de los destacados en la Aeroevacuación médica argentina.

Walmsley era enfermero aeroevacuador desde 2009. Con el pasar del tiempo se especializó en enfermería pediátrica.

Entre 2013 y 2018 formó parte de las organizaciones Médicos Sin Fronteras y Save The Children y trabajó en zonas como Haití, República Centroafricana, Níger, República Democrática del Congo.

También trabajó dos años como enfermero supervisor clínico de la Unidad de Salud de Emergencia de Save The Children en Reino Unido pero decidió regresar a su país.

Mariano La Torre: piloto de avión.

Tiene 33 años y lleva más de diez años de experiencia como piloto. Precisamente, es el hijo de Gustavo La Torre, quien es el actual Director Médico de la empresa MD Fly. En Esquel, su padre lo calificó como un piloto avezado con más de 3000 horas de vuelo sumadas a pesar de ser muy joven.

En estas horas atraviesa una situación muy compleja de salud con quemaduras importantes y golpes que lo llevan a permanecer en terapia intensiva. Su padre llegó este mediodía a Esquel para trasladarlo pero según lo expresado por el director del Hospital Sergio Cardozo, debería estar estabilizado primero.

Angel Gamboa: copiloto de la nave

Tiene alrededor de 50 años, y de agente de ventas definió hace varios años dedicarse a su verdadera pasión: la aviación. En 2011 se recibió como piloto y entre 2012 y 2018 fue instructor en la Escuela de Vuelo Fly Tango. Precisamente, desde el mismo 2018 forma parte de la empresa MD Fly.

Su estado también es crítico y la mirada de las autoridades de salud locales en relación con ambos es que deben permanecer un par de días más para estabilizar y luego pensar en su traslado.

En un hospital de Guayaquil, en Ecuador, los muertos de la pandemia llegaron a amontonarse hasta en los baños. Algunos fueron amortajados por enfermeros porque «el personal de la morgue no se abastecía», revela uno de los trabajadores de salud.

El hombre, que aceptó hablar telefónicamente con la AFP bajo reserva por temor a ser despedido, comparte la «pesadilla» que vivió dentro del saturado sistema sanitario de Guayaquil, uno de los mayores focos de propagación del nuevo coronavirus en Latinoamérica.

Lo que presenció durante lo peor de la crisis, asegura, es «traumático» y le quebró la vida dentro y fuera de su trabajo.

Cuando en marzo comenzó la emergencia, recuerda, cada enfermero pasó de atender de 15 a 30 pacientes en un turno de 24 horas. «Llegaba tanta gente que cuando los ibas a canalizar (con suero) se te morían prácticamente en las manos».

Entonces «se fueron dando de alta o derivando pacientes (a otros centros) para liberar todas esas camas. Tenemos 65 camas de unidad de cuidados intensivos ocupadas con pacientes de covid. Se sacaron las máquinas de anestesia de los quirófanos para suplirlas con los respiradores».

«La gente (enferma) está sola, triste, la medicación les produce estragos gastrointestinales, algunos se defecan; se sienten mal y piensan que siempre van a estar así y ven que la persona que está al lado se empieza a ahogar y gritar que necesita oxígeno».

Las muertes se multiplicaron en un instante, según el enfermero. «El personal de la morgue no se abastecía y lo que nos ha tocado hacer muchas veces a nosotros es amortajar los cuerpos y acumularlos en los baños».

Sus colegas, agrega, han «tenido que aguantarse las ganas» de usar los retretes ocupados «por cadáveres».

Solo cuando se apilan «seis o siete, los vienen a retirar», dice este enfermero de 35 años y tres de servicio en uno de los centros hospitalarios que hacen frente a la pandemia en Ecuador, donde oficialmente hay 22.700 contagiados, incluidos 576 muertos desde el 29 de febrero, la gran mayoría en Guayaquil.

Gremios de profesionales reportan un centenar de médicos y enfermeros muertos a causa de la covid-19 y 147 infectados en la provincia costera de Guayas, cuya capital es Guayaquil.

Otras dos fuentes del sistema sanitario público, que también hablaron con la AFP bajo reserva, describieron hechos similares.

«En el pasillo de la Emergencia es donde se ubicaba a los cadáveres porque estaba llena la morgue», manifestó un médico de otro hospital, añadiendo que «había 20 o 25 cuerpos esperando» ser llevados al depósito.

A patient who tested positive to the new coronavirus is taken on a stretcher into the emergency room of the IESS Sur Hospital in Quito on April 18, 2020. (Photo by RODRIGO BUENDIA / AFP)

 

Todo el mundo ha huido

Pero el conteo oficial va un paso detrás de la tragedia. En los primeros 15 días de abril los óbitos se triplicaron con respecto al promedio mensual y alcanzaron los 6.700 en la provincia de Guayas y su capital, Guayaquil.

En esa lista están incluidas las víctimas y casos sospechosos del nuevo coronavirus, así como las de otras enfermedades.

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, ha reconocido que los «registros se quedan cortos». Una sensación que se refuerza con lo descrito por el enfermero.

Según cuenta, después de que se repletaran las morgues, ingresaron al hospital contenedores refrigerados para depositar los cuerpos, algunos de los cuales estuvieron hasta diez días «envueltos en fundas que son como una maleta negra de viaje».

Algunos familiares «rompen la funda (…), entonces los fluidos salen. Esto es un desastre sanitario», comenta.

En medio de la emergencia, «todo el mundo ha huido. El personal administrativo se ha puesto a buen recaudo. Los sicólogos que deberían estar trabajando han huido (…), los 32 odontólogos que deberían estar ayudando (…) a hacer los registros».

El enfermero apenas siente el consuelo de haber visto descender el número de muertos la semana pasada. Pero los tormentos lo acompañan en su regreso a casa. «En lo que más piensa uno es en enfermarse y el cargo de conciencia de que (…) también haya podido enfermar a pacientes».

Cuando vuelve al hogar, después de 24 horas de servicio, con dolor en los pies, intenta descansar pero entonces lo despierta bruscamente la «pesadilla»: corre hasta caer y «abrir la puerta del baño con la cantidad de cadáveres», «no te puedes volver a dormir», reconoce.

Su vida familiar también se trastocó. Ya no puede compartir con sus padres y hermano y ahora sigue un estricto autoaislamiento que empieza con el ritual de desinfectar el auto y sus zapatos. Le sigue una ducha en el patio de la vivienda y el lavado de ropa en agua caliente.

«Como en una mesa plástica aparte de todos. De mi habitación salgo con mascarilla, no puedo abrazar a nadie, ni a las mascotas». Cada tanto piensa en la huella que le está dejando la pandemia.

Te «marca el hecho de no poder colaborar más allá de poner una cánula sabiendo que (el paciente) necesita un ventilador y no tienes otra opción» cuando se trata de ancianos con diabetes o hipertensión.

«Te dicen: bueno, póngale el oxígeno y el suerito lento y déjelo ahí. ¿Y si fuera mi mamá? ¿Y si fuera mi papá? Eso te mata, te mata sicológicamente».

Fuente: AFP

En el departamento del enfermero que trabaja en el Hospital Regional se encontraron recetarios en blanco y sellos de los médicos, además se secuestró un arma de fuego.

Personal policial de la División de Investigaciones y de Operaciones de Comodoro Rivadavia, realizó este viernes un allanamiento en el barrio LU 4, relacionado con una investigación a un enfermero del Hospital Regional.

Se pudo saber que el procedimiento se llevó a cabo a partir de las 15 horas, en un departamento del barrio LU4, donde vive un enfermero que trabaja en el Hospital de nuestra ciudad. Las diligencias se concretaron en el marco de una investigación que realizó personal policial por el delito de falsificación, iniciada hace unos días junto al Ministerio Publico Fiscal.

El enfermero está sospechado de falsificar recetas de medicamentos y firmas de médicos. En su vivienda se secuestraron varios recetarios en blanco con sellos de médicos del Hospital Regional. También se encontró un celular y arma de fuego calibre 22, según información del Diario ADNSUR.