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El ministerio de Salud de ese país precisó que el paciente no es egipcio, aunque no detalló su nacionalidad.

El Gobierno de Egipto anunció este viernes el primer caso del nuevo coronavirus en el país. Se trata de una persona extranjera recientemente llegada al país, sin dar más detalles al respecto.

El portavoz del Ministerio de Sanidad, Jaled Megahed, indicó que esta persona, cuya nacionalidad no ha trascendido, no presenta síntomas, si bien las pruebas de laboratorio confirmaron que sufre la enfermedad.

Asimismo, destacó que el paciente fue puesto en cuarentena y que las autoridades se han coordinado con la Organización Mundial de la Salud (OMS), según precisó el diario egipcio ‘Al Masry al Youm’.

El Ministerio de Salud de China elevó este mismo viernes la cifra de muertos por el brote del nuevo coronavirus a 1.380, mientras que los casos por infección aumentaron hasta alcanzar los 63.851.

Aunque el epicentro del coronavirus está en Wuhan, se detectaron casos en otros países del sureste asiático, Europa y América. La OMS, que declaró la emergencia sanitaria global, pidió a la comunidad internacional que redoble sus esfuerzos.

Los signos comunes de infección incluyen síntomas respiratorios, fiebre, tos y dificultades para respirar. En casos más graves, la infección puede causar neumonía, síndrome respiratorio agudo severo, insuficiencia renal e, incluso, la muerte.

Los datos de fallecidos por el brote del nuevo coronavirus superan a los registrados a causa del brote de SARS o síndrome respiratorio agudo que se detectó por primera vez en 2002. En 2003, más de 600 personas habían muerto en China a causa de este virus, mientras que la cifra a nivel global alcanzó los 765 fallecidos.

Después de una larga investigación, las autoridades de Nueva York entregaron un ataúd de 2.100 años de antigüedad que había sido robado en 2011 de Egipto. La pieza había sido adquirida por el Museo Metropolitano de la ciudad (Met).

Conocido como el «Ataúd Dorado de Nedjemankh», los especialistas lo valuaron en 4 millones de dólares. Según detallaron, contuvo los restos momificados del sacerdote que llevó ese nombre y fue descubierto hace ocho años.

El ataúd fue robado en Egipto en 2011 y comprado por el Met en 2017 por un valor que no trascendió. (Foto: Reuters/ Brendan McDermid)
El ataúd fue robado en Egipto en 2011 y comprado por el Met en 2017 por un valor que no trascendió. (Foto: Reuters/ Brendan McDermid)

Sin embargo, la pieza fue robada durante la inestabilidad que vivió Egipto en ese momento con la Primavera Árabe. Tras ser sustraída, fue traficada a los Emiratos Árabes Unidos, desde donde la trasladaron a Alemania para su restauración. De ahí pasó a Francia y finalmente fue vendida al Met en julio de 2017.

«No es la protección de nuestra herencia, sino la herencia de la humanidad. No es solo para egipcios», expresó el ministro de Exteriores egipcio, Sameh Hassan Shoukry, en un discurso en el que también agradeció el papel de la Oficina de la Fiscalía de Manhattan y el Departamento de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, sus siglas en inglés).

La entrega del ataúd se realizó este miércoles. El funcionario egipcio describió a la pieza como uno de «los tesoros nacionales» de su país y agradeció la colaboración de Washington y Cairo, que trabajaron en conjunto para la repatriación.

El ataúd tiene 2.100 años de antigüedad y está valuado en 4 millones de dólares.  (Foto: Reuters/ Brendan McDermid)
El ataúd tiene 2.100 años de antigüedad y está valuado en 4 millones de dólares. (Foto: Reuters/ Brendan McDermid)

Por su parte, el jefe del HSI en Nueva York, Peter Fitzhugh, subrayó que «el negocio altamente rentable del robo y el tráfico de antigüedades estuvo presente durante décadas», y que «esta actividad es una de las que utilizan grupos terroristas como el Estado Islámico para su financiación».

Para el fiscal general de Manhattan, Cyrus Vance, había numerosos detalles que indicaban que se trataba de una pieza de procedencia sospechosa, como el hecho de que para cuando llegó a París, «nunca en la historia se había documentado su existencia ni fotografiado».

Los documentos que acompañaban al ataúd, además, estaban «claramente falsificados» al contar, entre otros aspectos, con un sello de mayo de 1971 de la «República Árabe de Egipto», nombre que el país no adoptó hasta septiembre de ese año.

Vance se negó a hacer pública la cantidad de dinero que había pagado el Met por la antigüedad, y aunque dio las gracias a la institución estadounidense por su «completa cooperación» en la devolución de la pieza, también señaló que está seguro de que el museo «aprendió valiosas lecciones» de esta situación.

Una de ellas pertenece a dos sacerdotes de hace más de 4.400 años.

A pocos kilómetros al sur de las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino, una misión arqueológica egipcia ha descubierto tres nuevas tumbas en el desierto de Guiza, entre las que se encuentra una que comparten dos sacerdotes de hace más de 4.400 años.

En el desierto de Guiza, el Ministerio de Antigüedades egipcio presentó las tumbas de los nuevos «inquilinos» de la necrópolis, Behen Wi Ka y Nuwi, dos sacerdotes de la V dinastía (2500-2350 a.C).

«Al principio pensábamos que íbamos a encontrar tumbas del periodo tardío (s.VII aC.), pero encontramos una tumba del Imperio Antiguo de Egipto, de la V dinastía. Estamos hablando de una tumba de 4.400 años», dijo Mostafa Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio.

Waziri explicó que la misión empezó en agosto de 2018 y, tras remover más de 450 metros cúbicos de escombros, descubrieron tres tumbas y, para su sorpresa, una de ellas repleta de sarcófagos de madera y fragmentos en perfecto estado de conservación pertenecientes a los dos sacerdotes de la V dinastía.

Ambos fueron enterrados en la misma tumba: Behen Wi Ka ostentaba siete títulos y era el sacerdote de la purificación del faraón Kefrén, mientras que Nuwi tenía cinco títulos, entre ellos el de sacerdote de Maat, la diosa de la justicia y la verdad, de acuerdo con la mitología egipcia.

Las tumbas, separadas por pocos metros, se esconden bajo las dunas y tras puertas de piedra caliza, un indicador del poder de los sacerdotes, ya que para obtener tal material era indispensable «el permiso del mismísimo rey», aseguró Waziri.

Las puertas guardan estrechos pasillos decorados con grabados jeroglíficos y pueden verse sarcófagos de madera intactos que conservan los colores originales y que actualmente se están restaurando dentro de las mismas tumbas.

«Los sarcófagos están en perfectas condiciones porque estaban bien pintados, bien coloreados y bien decorados. Los vamos a exhibir en nuestros museos egipcios, como los de Sharm el Sheij o Hurgada», anunció Waziri, después de la visita al yacimiento.

El conocido egiptólogo Zahi Hawas, quien asistió a la presentación de los nuevos descubrimientos, aseguró que está «muy contento» porque las escenas de los grabados y las estatuas «también pueden fechar esta tumba a la dinastía XXVI» (664-525 a.C), última antes de la conquista persa.

«Detrás de la gran esfinge encontramos grandes tumbas de sacerdotes de Kefrén y, esas personas de las que hemos descubierto sus tumbas, están conectadas a los sacerdotes de la dinastía XXVI de detrás de la esfinge», argumentó Hawas.

No es el primero ni será el último. Un joven egipcio de 27 años acaba de sumarse a la ya abultada lista de visitantes que han escalado la Gran Pirámide de Keops, en la meseta de Giza. Su aventura, captada por las cámaras, ha acabado en comisaría y afronta un incierto futuro entre rejas.

Su viaje hasta la cima de la última maravilla del mundo antiguo en pie, de 149,98 metros de altura, ocurrió a primera hora del miércoles, según el comunicado del ministerio de Antigüedades egipcio remitido a EL MUNDO. El joven adquirió, como cualquier otro turista, su billete en las taquillas que jalonan el acceso y enfiló el árido camino hacia la necrópolis.

Una vez en la pirámide de Keops, comenzó a trepar por los enormes bloques de piedra del monumento. La policía turística y los funcionarios del ministerio que guardan la falda del lugar trataron de disuadirlo. Todo fue en vano. El veinteañero llegó a arrojarles piedras para evitar que frustraran su ascenso.

Con el camino expedito, prosiguió su ruta hacia la cumbre. Tardó menos de una hora. Alcanzada la cima, aprovechó para arrancar un mástil de madera colocado por las autoridades para marcar la altura original de la pirámide y un pararrayos de metal. Poco después, como muestran las instantáneas, fue capturado por los agentes y escoltado en su bajada.

El protagonista de la última escalada a las pirámides, un entrenador de natación que residía en los alrededores, permanece arrestado. Será trasladado a la Fiscalía pública mientras continúa la investigación sobre su asalto a uno de los iconos de Egipto, un vestigio faraónico que ha sobrevivido con achaques y misterios a 4.500 años de vicisitudes.

Una infracción sin castigo

La escalada a las majestuosas Pirámides de Giza solo fue prohibida a finales de la década de 1990. Algunas instantáneas en blanco y negro guardan memoria aún de los tiempos en los que subir hasta la cima, transportando incluso el picnic, era un actividad común, al alcance de los peregrinos. La preservación del monumento fue una de las razones esgrimidas para imponer un veto visible hoy en las advertencias que salpican las caras de las pirámides.

A pesar de la prohibición, las autoridades egipcias reconocen que no hay un castigo específico para quienes osan desafiar la orden. En los últimos años no han sido pocos los turistas, locales y extranjeros, que se han aventurado a escalar la Gran Pirámide.

El pasado diciembre el fotógrafo danés Andreas Hvid, de 23 años, hizo públicas unas instantáneas tomadas semanas antes en las que aparecía desnudo junto a una chica en la cumbre de la pirámide. El material, con abiertas connotaciones sexuales, desató una cascada de comentarios en las redes sociales, la negativa inicial de las autoridades de que se hubiera producido la sesión de fotos y la apertura de una investigación judicial. Para entonces la pareja ya no se hallaba en el país árabe.

Hvid se unió así a otros escaladores. En enero de 2017 el turco Fatih Kormogo logró sortear a los agentes que le perseguían y tocar cima entre los aplausos de los turistas congregados a sus pies. Un año antes, el alemán Andrej Ciesielski firmó la misma «hazaña». «Fue alucinante. Me sentí totalmente libre mientras subía a la cumbre del mundo. Mucha gente dice que lo hago para experimentar el riesgo pero no es así. Es sencillamente porque me apasiona escalar», relató entonces a EL MUNDO. Desde entonces, tiene prohibido de por vida el acceso a la tierra de los faraones.

En 2016 otro visitante, el estudiante egipcio Hisham Mustafa, unió su nombre a quienes subieron a la pirámides y publicaron un fotograma desde las alturas. Admirar la Gran Pirámide es ya una experiencia única a ras de suelo. Una visión tan extraordinaria que se perdonan las disparadas teorías que atribuyen su construcción a atlantes o extraterrestres llegados en naves espaciales. Su interior, saqueado hace más de un milenio por los cazatesoros, todavía guarda secretos en trampillas y puertas accesibles solo a través de los ojos de un robot.

En 2013 un joven ruso -que se estrenó en el skywalking tomando fotografías desde el edificio moscovita Ciudad Capital, el mayor rascacielos de Europa- aprovechó también la noche para abrirse camino por la construcción. «Subir por las rocas resultó muy peligroso porque muchas se deshacían bajo los pies», reconoció poco después. Arriba, se percató de que no había sido el único en concluir con éxito la misión: «El pico de la pirámide estaba lleno de inscripciones en muchos idiomas. Algunos de hace cientos de años»

 

 

El Mundo

En las montañas de Dehir el-Bahari, cerca de Luxor, un lugar famoso por ser el emplazamiento del gran templo de la reina Hatshepsut, se esconde una tumba misteriosa conocida como la Tumba de los guerreros, descubierta en 1923, pero vuelta a sellar poco tiempo después. En ella yacen los restos momificados de decenas de hombres –unos sesenta– que fueron sepultados allí hace más de cuatro mil años. Un tipo de enterramiento que no era habitual en el antiguo Egipto.

Momias con signos de violencia

Para intentar esclarecer este enigma, se ha rodado un documental titulado Los secretos de los muertos: la hora más oscura de Egipto, que ha contado con la participación de la egiptología especializada en momias Salima Ikram, de la Universidad Americana de El Cairo. La egiptóloga y su equipo se adentraron en un laberinto de túneles jalonados por una serie de cámaras funerarias repletas de cuerpos momificados así como numerosos restos de las vendas de lino que se usaron para envolverlos. El estudio de las momias ha revelado que todos eran varones, y todos mostraban signos de violencia.

Los cráneos estaban fracturados o perforados por algún tipo de arma o proyectil y en el interior de los cuerpos se hallaron alojadas algunas puntas de flecha.Incluso uno de los cuerpos aún llevaba puesto un guantelete en el brazo. Este desolador panorama llevó a la doctora Ikram ha concluir que todos estos hombres «fallecieron de manera sangrienta. Fueron muertes terribles».

Todas las momias pertenecían a varones que presentaban signos de violencia, como cráneos fracturados o heridas de flecha

Una revolución social

Las momias datan de finales del Reino Antiguo (2543-2120 a.C.), del reinado del faraón Pepi II, de la dinastía VI, uno de los más largos de la historia de Egipto (2216-2153 a.C.). El saqueo de la pirámide del faraón poco después de su construcción ha llevado a los egiptólogos a pensar que en ese período se vivió un auténtico caos social en Egipto, con violentas revueltas y disturbios. Todo ello sería consecuencia de las hambrunas y sequías recurrentes que asolaron el País del Nilo en ese momento. Estos acontecimientos tienen su confirmación en las inscripciones de algunos gobernadores del período, como la tumba de uno de los nomarcas de Elefantina, en la necrópolis de Qubbet el-Hawa, donde se dice que «el país del sur se estaba muriendo de hambre, por lo que cada hombre se estaba comiendo a sus propios hijos».

Según una inscripción «el país del sur se estaba muriendo de hambre, por lo que cada hombre se estaba comiendo a sus propios hijos»

Los egiptólogos, con Salima Ikram a la cabeza, están convencidos de que estos convulsos acontecimientos fueron los causantes de la muerte de los hombresenterrados en Dehir el-Bahari. Pero porque fueron sepultados allí todos juntos es algo que aún permanece en el misterio.

 

 

nationalgeographic

Un grupo de arqueólogos alemanes y egipcios descubrieron este jueves bajo el lodo de un suburbio de El Cairo dos estatuas de faraones enormes de aproximadamente 3.000 años de antigüedad. Una vez más la ciencia confirma la Biblia.

El Ministerio de Antigüedades egipcio lo ha descrito como uno de los mayores hallazgos de la historia,segun informa la agencia Reuters.

Los investigadores creen que una de las estatuas representa a Ramsés II (apodado ‘El Grande’), uno de los faraones egipcios más importantes, que gobernó el país entre 1279 a. C. y 1213 a. C.

Hasta ahora, han podido recuperar el busto y varios fragmentos de la cabeza de la estatua, que mide 8 metros de altura y está hecha de cuarcita.

El descubrimiento se produjo cerca del sitio de excavación del templo de Ramsés II, que se encontraba en el antiguo centro religioso y astronómico de Heliópolis, situado actualmente en uno de los suburbios de la capital del país. En su momento, el templo fue uno de los más grandes del Antiguo Egipto.

La segunda estatua es de caliza y representa al nieto de Ramsés II, el faraón Seti II, que gobernó entre 1200 a. C. y 1194 a. C.

Los arqueólogos siguen buscando más fragmentos de las estatuas, a las que someterán a un proceso de restauración antes de exponerlas.

Todos sabemos que faltan muchas cosas que encontrar para que el mundo crea las maravillas que Dios hizo en aqui tiempo y que el tiene él poder de hacerlo también en la actualidad. Aleluya gloria a Dios para siempre, bendito Jesús.

Tenga Fé

Al menos 25 personas murieron y otras 40 resultaron heridas este miércoles en un accidente de tren en la estación central de El Cairo, según informaron fuentes de seguridad y médicas.

El episodio ocurrió al explotar el tanque de combustible de una locomotora que se estrelló contra un tope, lo cual generó un incendio dentro de la estación de Ramsés, que es la principal de la capital egipcia.

Una decena de ambulancias y otros tantos vehículos de bomberos trabajaron para controlar las llamas.

La peor tragedia ferroviaria de la historia egipcia ocurrió en 2002, al incendiarse un tren que iba de El Cairo a Luxor: hubo 376 muertos.

De acuerdo con la compañía egipcia de ferrocarriles, la locomotora perdió el control en el andén número 6 y chocó contra el tope de hormigón.

El primer ministro Mostafa Madbuly acudió al lugar: «Todo aquel responsable de negligencia deberá responder y asumir las graves consecuencias», afirmó.

En fotografías y videos compartidos en las redes sociales se ve una humareda negra elevarse sobre la estación. Otras imágenes del interior muestran un andén en llamas y a la gente corriendo para socorrer a las víctimas.

El fuego arrasó en la estación Ramsés. (AFP)
El fuego arrasó en la estación Ramsés. (AFP)

En Egipto abundan los accidentes de tránsito y ferroviarios debido a una circulación anárquica, a la vetustez de los vehículos y al mantenimiento deficiente y la poca vigilancia de las vías.

 

 

AFP, EFE, Reuters y Clarín

Al menos dos turistas murieron hoy y otras 14 personas resultaron heridas por la explosión de una bomba casera colocada contra un autobús de turistas en la zona de las pirámides de Giza, a las afueras de El Cairo, informó el Ministerio de Interior Egipcio.

Las víctimas fatales son dos vietnamitas, mientas que resultaron heridos otros diez turistas, el conductor del vehículo y el guía, según un comunicado del Ministerio.

Infobae