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La OMS publicó el jueves un estudio en el que se evaluaron cuatro medicamentos: remdesivir, hidroxicloroquina, lopinavir/ritonavir e interferón. Estos se han empleado durante meses en pacientes con covid-19, pero la OMS dijo que los hallazgos sobre su eficacia son tan «concluyentes» como decepcionantes.

«Los resultados provisionales del Solidarity Therapeutics Trial, coordinado por la Organización Mundial de la Salud, indican que los regímenes de remdesivir, hidroxicloroquina, lopinavir/ritonavir e interferón parecían tener poco o ningún efecto sobre la mortalidad a 28 días o el curso hospitalario entre pacientes con covid-19 hospitalizados», dice el reporte.

Ninguno de ellos ayudó a los pacientes a vivir por más tiempo o a reducir su estadía en el hospital, según la OMS.

Es uno de los medicamentos que el presidente de Estados Unidos Donald Trump ha dicho que ha usado para prevenir el covid-19. Esto a pesar de que múltiples estudios han demostrado que no hay evidencia de que tomarlo pueda prevenir la infección e incluso podría ser dañino.

La hidroxicloroquina, también conocida por la marca Plaquenil, y su análogo, la cloroquina, se derivan de la quinina, que químicos franceses aislaron en 1820 de la corteza del árbol de la cinchona, según Medicines for Malaria Venture.

Se usa para tratar o prevenir la malaria y para tratar afecciones autoinmunes como el lupus y la artritis reumatoide. Desde 2006 no se ha recomendado su uso para tratar la malaria severa debido a problemas de resistencia, particularmente en la región de Oceanía, según la Organización Mundial de la Salud.

 

Científicos canadienses revelaron que un antioxidante presente en el vino tinto, el maní, los pistachos y las bayas de piel oscura podría aliviar las consecuencias respiratorias del coronavirus.

Así concluyeron investigadores de la Universidad Laval, en Canadá, sobre el resveratrol, que aumenta la concentración de la proteína ACE2. Ésta puede encontrarse en los tejidos de los pulmones y el sistema digestivo, lo que va asociado con una reducción de la gravedad del síndrome de dificultad respiratoria aguda que a veces acompaña al Covid-19.

Román Zinovkin, investigador del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad Estatal de Moscú M.V. Lomonósov, explicó que, por un lado, un aumento en la cantidad de ACE2 incrementa la probabilidad de que el virus entre en la célula.

Sin embargo, por otro lado, cuando esta enzima «deja de funcionar», conduce a un aumento en la cantidad de un péptido llamado AngII, que puede reforzar «la respuesta inflamatoria». «Por tanto, en mi opinión, la falta de ACE2 y el exceso de AngII influyen negativamente en el desarrollo del Covid-19», señala Zinovkin, según informó el diario Izvestia.

Filip Kopylov, profesor del Departamento de Cardiología, Diagnóstico Funcional y de Ultrasonido de la Universidad Séchenov, coincidió que «el resveratrol es uno de los agentes que puede afectar la concentración de ACE2».

Al mismo tiempo, si bien las pruebas en animales demostraron que la sustancia puede aumentar la cantidad de ACE2, ello «no significa que el efecto en los humanos sea el mismo», indicó el científico, y advirtió que la investigación «aún se encuentra en una etapa inicial».

Otro potencial efecto «anti coronavirus» del resveratrol tiene que ver con el sistema inmunológico. Según un artículo de una investigadora de la Universidad de Catania, en Italia, el antioxidante tiene un efecto supresor sobre las células del sistema inmunológico.

Al tener en cuanta que el síndrome de dificultad respiratoria aguda está provocado por una actividad excesiva del sistema, es probable que el resveratrol tenga un efecto positivo en el caso de esta complicación.

Mediante un comunicado distribuido por el Banco de Desarrollo de América Latina junto al BBVA se destacó que ambas entidades «suman esfuerzos para apoyar la reactivación de América Latina y el Caribe» ante los efectos económicos y sociales de la pandemia.

El Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el BBVA firmaron un contrato de préstamo por US$ 200 millones para financiar iniciativas que permitan a los países de la región atender la emergencia generada a partir del coronavirus y apoyar medidas contracíclicas que ayuden a aliviar los efectos económicos en el corto plazo.

Mediante un comunicado distribuido hoy por la CAF se destacó que ambas entidades «suman esfuerzos para apoyar la reactivación de América Latina y el Caribe» ante los efectos económicos y sociales de la pandemia.

El presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo de América Latina-CAF, Luis Carranza Ugarte, afirmó que la entidad sigue trabajando «para traer recursos a tasas y plazos más favorables para mejorar el bienestar de la población, mantener las ganancias sociales logradas en las últimas dos décadas y promover la reactivación económica de la región».

Por su parte, el presidente de BBVA, Carlos Torres Villa, dijo que la entidad «quiere ser parte de la solución y esta financiación es una muestra de nuestro compromiso”.

La relación entre CAF y BBVA le permitió a la banca multilateral brindar soluciones de financiamiento a distintos países de la región a través de un portafolio de instrumentos diversificados que van desde la estructuración de bonos hasta líneas de crédito en moneda local.

La CAF promueve «el desarrollo sostenible y la integración regional, mediante una eficiente movilización de recursos para la prestación oportuna de servicios financieros múltiples, de alto valor agregado, a clientes de los sectores públicos y privado de los países accionistas», reseñó.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte de que el aumento del nivel del mar y los fenómenos extremos se han intensificado en los últimos cinco años.

Los indicios y los efectos del cambio climático están adquiriendo una velocidad que nadie se esperaba. La Declaración sobre el estado del clima de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), incluida en el informe United in Science preparado para la cumbre del clima que se celebra este lunes en Nueva York, indica que el aumento del nivel del mar, el derretimiento de los hielos y la aparición de fenómenos meteorológicos extremos se han intensificado durante el periodo 2015-2019. Este será “posiblemente” el quinquenio más cálido jamás registrado. Los datos de este organismo de la ONU muestran cómo la temperatura mundial ha aumentado en 1,1 ºC desde la era preindustrial y en 0,2 ºC con respecto al periodo 2011-2015.

Nada extraño en un mundo donde “la concentración de gases de efecto invernadero ha aumentado también a niveles sin precedentes”. Una mala noticia que confirma la “tendencia al calentamiento futuro”, explica la OMM en un comunicado. El dióxido de carbono (CO2) fue casi un 20% superior en este periodo al registrado en los cinco años anteriores. La concentración mundial de este gas, que permanece en la atmósfera durante siglos y aún más tiempo en los océanos, alcanzará, o incluso excederá, las 410 partes por millón (ppm) para finales de 2019. El planeta superó la barrera de las 400 partes por millón en 2016.

En el estudio se ofrece una evaluación del estado de la Tierra bajo “la creciente influencia del cambio climático, la respuesta que el ser humano ha podido aportar hasta la fecha y los cambios previstos en el clima mundial en el futuro”. También se comenta el potencial que ofrece la adopción de medidas climáticas ambiciosas para limitar los efectos “posiblemente irreversibles y la necesidad imperiosa de adoptarlas”. En este sentido, el secretario general de la OMM, Petteri Taalas, mantiene: “Para frenar un aumento de la temperatura mundial de más de dos grados Celsius por encima de los niveles preindustriales (el objetivo para este siglo del Acuerdo de París), debemos triplicar el nivel de ambición. Y para limitar el aumento por debajo de 1,5 grados, es necesario multiplicarlo por cinco”.

Mares en aumento

El nivel del mar ha sufrido un incremento global de cinco milímetros por año en ese periodo, frente a los cuatro milímetros por año durante el decenio 2007-2016 y a la media de 3,2 milímetros anuales registrada anteriormente, desde 1993. Por lo tanto, la contribución de la fusión de los hielos continentales de los glaciares y de la cubierta de hielo al aumento del nivel del mar es cada vez mayor. Actualmente ese fenómeno, y no la expansión térmica, es el elemento dominante en la subida del nivel de las aguas marinas. En el Ártico, el hielo multianual (aquel que sobrevive al menos un verano) ha desaparecido prácticamente, advierte el organismo.

En la Antártida, la situación es también complicada: la extensión de los hielos marinos durante el verano alcanzó su primer y segundo valor más bajo en 2017 y 2018 respectivamente, y en 2017 también se registró la segunda extensión más reducida durante el invierno. «El derretimiento anual de la cubierta de hielo de la Antártida ha aumentado al menos seis veces, pasando de 40 gigatoneladas (gt) por año en el período 1979-1990 a las 252 que perdió entre 2009 y 2017». En Groenlandia el ritmo también se ha acelerado.

Océanos tórridos

Los océanos almacenan más del 90% del exceso de calor provocado por el cambio climático. “En 2018, con mediciones realizadas hasta los 700 metros, se registraron los valores más elevados de contenido calorífico. Los años 2017 y 2015 ocuparon el segundo y tercer lugar, respectivamente”. Los océanos absorben un 30% de las emisiones anuales causadas por el ser humano, evitando un mayor calentamiento. Pero, a su vez, el CO2 retenido reacciona con el agua de mar y modifica la acidez de los océanos, que ha aumentado un 26% desde los comienzos de la Revolución Industrial. “Un alto coste ecológico”, dice la OMM.

Fenómenos meteorológicos extremos

La organización de la ONU recuerda que más del 90% de los desastres naturales están relacionados con el tiempo. Las olas de calor, añade, fueron el peligro meteorológico más mortífero durante el período 2015-2019, y afectaron a todos los continentes. Las pérdidas económicas mayores las producen los ciclones tropicales. En el Atlántico, la temporada de huracanes de 2017 fue una de las más devastadoras que se haya conocido jamás y las pérdidas asociadas únicamente al paso del huracán Harvey se cifraron en más de 125.000 millones de dólares. En el océano Índico, en marzo y abril de 2019, Mozambique se vio azotado por dos ciclones tropicales consecutivos sin precedentes que causaron gran devastación.

Según el Boletín de la Sociedad Meteorológica de los Estados Unidos, en 62 de los 77 fenómenos de ese tipo que se estudiaron en 2015-2017 «se apreció una significativa influencia de la actividad humana en su génesis». Lo mismo revelaban prácticamente todos los estudios realizados sobre importantes olas de calor. De hecho, cada vez en más estudios se señala la influencia humana en relación con el riesgo de precipitaciones extremas, así lo informó El país.

Incendios forestales

La sequía aumenta en gran medida el riesgo de incendios forestales e influye particularmente en los de larga duración, explican los científicos. Los incendios forestales causantes de las tres mayores pérdidas económicas de las que se tiene registro han ocurrido durante los últimos cuatro años. Además, liberan grandes cantidades de CO2 en la atmósfera. La OMM recuerda que ni el Ártico se libra ya: «A mediados de este año se produjeron allí incendios forestales sin precedentes». Para dar una idea de su magnitud, la organización explica que en el mes de junio esos fuegos emitieron 50 megatoneladas de CO2 a la atmósfera. Este valor supera la cantidad liberada por todos los fuegos que se produjeron en la región ártica durante el mismo mes entre 2010 y 2018. Asimismo, en 2018 se registraron grandes incendios forestales en Canadá y Suecia. También se notificaron extensos incendios en selvas pluviales tropicales de Asia meridional y la Amazonia, donde se albergan recursos no renovables, que afectaron el presupuesto mundial del carbono.

Un grupo de investigadores austríacos realizó un estudio de intervención y halló que genera síntomas similares a los de la abstinencia de drogas.

Estar sin redes sociales como Facebook y WhatsApp, aunque sea por pocos días, es algo inimaginable para la gran mayoría; pocos lo logran y quienes lo hacen sufren evidentes «consecuencias», como el síndrome de abstinencia.

Así lo sostiene un estudio publicado por la revista Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, según el que bastan apenas siete días de no usar redes como Facebook y WhatsApp (inclusive sin estar totalmente desconectados, con libertad de uso de mensajes, correos electrónicos y teléfono) para manifestar síntomas similares a los de la abstinencia de las drogas.

A partir del auge de los teléfonos inteligentes, redes sociales como Facebook y Whatsapp se convirtieron en plataformas omnipresentes en la vida de muchos. Y, si bien muchas investigaciones se enfocaron en cómo y por qué las usamos, pocas se concentraron en evaluar el impacto que produce la abstinencia. Eso fue lo que impulsó a un un grupo de investigadores austríacos de la Universidad Karl Landsteiner en Krems (KL Krems) y de la Universidad de Viena a diseñar un estudio de intervención en el que los participantes recibieron instrucciones de no utilizar redes sociales durante 7 días.

Sobre el grupo de 1.000 individuos mayores de 18 años a los que se les propuso participar, sólo 152 (menos del 15%) se sumaron. «El bajo porcentaje de adhesión sugiere que para las personas que eligieron formar parte del estudio era más fácil estar sin redes sociales por un breve período», dijo Stefan Stieger, del Departamento de Psicología de la KL Krems.

A partir de las respuestas de los participantes (recogidas a través de preguntas online que debían responder tres veces al día, más un cuestionario al final de cada jornada), los investigadores evaluaron los sentimientos positivos y negativos, el deseo, el aburrimiento, la frecuencia y la duración de uso de las aplicaciones, y hasta la presión social recibida para estar en las redes.

«Encontramos síntomas de abstinencia, si bien leves, similares a los asociados con quienes consumen sustancias que provocan dependencia» como el alcohol o las drogas, sostuvo Stieger.

Entre esos síntomas, los investigadores detectaron el aumento del deseo y del aburrimiento por no poder usar redes sociales. La presión social “aumentó significativamente” durante la abstinencia y un número sustancial de participantes (el 60%) recayó al menos una vez durante la fase de intervención, según consigna el artículo.

«En particular, constatamos un muy elevado incremento del deseo -el deseo excesivo, casi una necesidad psicofísica- de usar las redes durante el período de abstinencia», agregó el investigador. «Este efecto fue medido apenas los participantes pudieron nuevamente usar las redes sociales».

“Las redes sociales están ahora tan estrechamente relacionadas con nuestra vida cotidiana que muchos participantes no pudieron prescindir de ellas. Si bien tenían la posibilidad de satisfacer sus necesidades de comunicación social y mantenerse en contacto con amigos utilizando otras formas permitidas, como SMS, correo electrónico, llamadas telefónicas o incluso reunirse con ellos en persona, muchos participantes no pudieron resistirse al uso de las redes sociales. Una razón para esto podría ser la presión social para usarlas, que también se encontró en este estudio”, sostiene el trabajo.

Los autores afirman que esto es sólo la punta del iceberg, reconocen las limitaciones del estudio y afirman que se necesitan estudios más amplios. Al tiempo que apuntan que los síntomas de abstinencia observados en la muestra «podrían ser en promedio más leves respecto a los que se podrían haber verificado en otros individuos que podrían manifestar efectos todavía más pronunciados».

Fuente: Diario Clarín