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El ajuste de precios por la inflación, sumado a la poca oferta financiada y a la inestabilidad del dólar prefiguran un panorama complejo para el movimiento de turistas locales. El sector no está ajeno al cimbronazo de la economía tras la fuerte devaluación de agosto y pese a ser una oportunidad para el arribo de extranjeros, la demanda de viajes al exterior ya muestra una fuerte contracción con caídas de hasta 35% en las ventas. ¿Cuál es la perspectiva para el 2019?

Viajar es un placer, pero en estos tiempos se trata más que nunca de una aventura. Sobre todo en la búsqueda de precios. La devaluación puso sobre la mesa más interrogantes que certezas al momento de planificar las vacaciones, debido a la incertidumbre que hay sobre el traslado a precios del valor del dólar: en un año, la divisa dio un salto del 106% entre enero y septiembre de 2018 al saltar de $18,76 a $38,74. Esto se traduce directamente en una caída del salario real medido en dólares, que sumado al aumento de la inflación (según Hacienda, 2018 podría culminar en 42%) hace un cóctel difícil de manejar. El placer queda cada vez más relegado.

Un golpe con doble efecto

Si bien la caída del peso respecto al dólar encendió alarmas en casi todos los sectores de la economía, el turismo es un caso particular en el cual se vislumbran efectos positivos y negativos. Por un lado, representantes del sector señalan que habrá un fuerte impulso en el ámbito local a raíz del arribo de turistas extranjeros por la ventaja cambiaria, lo cual comenzó a vislumbrarse en julio con una suba interanual del 6,9%, según cifras del INDEC. Por otro lado, con respecto a la planificación vacacional de los argentinos, el ajuste en los gastos presupuestados ya comenzó a sentirse.

Aldo Elías, presidente de la Cámara Argentina de Turismo (CAT) y representante de la Asociación de Hoteles de la República Argentina (AHT), en diálogo con ámbito.com se refirió a estos aspectos. «Para el turismo, las devaluaciones mejoran la competitividad si lo miramos comparativamente con los países de la región», señaló. Esto es debido a que «permite invertir la situación que teníamos hasta ahora».

En ese sentido, sostuvo que anteriormente «por el atraso del dólar, los argentinos salían al exterior fundamentalmente a hacer compras o a viajar por menos plata de lo que les costaba hacerlo por el país». Ese aspecto consideró que «está frenado», principalmente debido a la recesión que atraviesa la economía. Hoy el argentino «no tiene margen» para hacer ese tipo de viajes, consignó.

Fabricio Di Giambattista, titular de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo (FAEVyT) y presidente de la Feria Internacional de Turismo de América Latina (FIT), coincidió en ese aspecto y profundizó: «Estamos hablando de una caída en ventas del 15% en mayo, del 35% en junio, con otra baja en julio pero menor producto de la leve estabilidad cambiaria y con otro golpe en agosto nuevamente por la fluctuación», dijo.

A propósito de esto, Gastón Tudesco, Gerente Comercial de TTS Viajes, comentó que la baja en la demanda de viajes al exterior es considerable en comparación con 2017. «Las ventas internacionales cayeron 20% con respecto al año anterior y en los últimos meses se vio un ajuste en los destinos debido al presupuesto», dijo. Esto se tradujo en «un incremento en vuelos nacionales como en regionales», puntualizó.

Recalculando

Previo a la megadevaluación, Estados Unidos, México, República Dominicana y Brasil tenían un lugar destacado respecto a otros destinos, según Tudesco. Actualmente, la preferencia es otra. «Brasil tomó un peso más relevante y también se sumaron destinos de cabotaje para el verano como Mendoza, Calafate, Cafayate, Córdoba, cuando los mismos eran más consumidos en vacaciones de invierno o fines de semana largo», señaló.
Además de cambios en los destinos, la calidad del hospedaje o la duración del viaje también sufrieron el impacto cambiario. «En muchos casos los pasajeros prefieren modificar hábitos y preferencias antes que no viajar. Los cambios en la categoría de hoteles o en los planes de comidas, nos permite achicar los valores. Por otro lado, el tiempo elegido para vacacionar en verano hoy es entre 7 y 10 días», explicó.

Otro aspecto importante que golpea al sector es la dificultad para financiar las vacaciones. En ese sentido, Di Giambattista señaló que hay una caída en la oferta de viajes en cuotas. «Hoy encontrás muy pocas posibilidades de financiación, ya que las tasas que ofrecen los bancos son bastante altas», dijo y añadió: «La posibilidad de financiar un gasto grande como este es importante, sobre todo para la clase media. Se trata de un apalancamiento para la industria, no solo en el caso de viajes al exterior sino también a nivel local».

La recesión económica, la inflación y la devaluación, sumado a la poca oferta de financiación, se traduce en menos gasto y más control. En ese sentido, Elías sostuvo que «los argentinos que elijan veranear en el país van a estar inmersos en la realidad económica propia de la coyuntura actual y con la recesión de este momento no están para grandes descuidos», dijo y remarcó: «Acá se produjo una devaluación muy alta que va a tener un incremento de precios. De esa actualización producto de la inflación no podemos salvarnos. El tema es que no se cobre un hotel, una comida o un espectáculo a precio dólar».

Para Di Giambattista, la situación actual hará que la revisión de gastos sea primordial a la hora de elegir destinos. «Hay gente que tendrá que evaluar bien sus próximas vacaciones respecto a si les conviene viajar por la Argentina o ir al exterior. La decisión del viaje siempre tiene dos partes: una es la motivacional, vinculada a las ganas de ir a tal o cual destino, y la otra es el limitante que es la plata, que te puede hacer pasar de un plan A, a un B o un C».

Expectativas

La caída del salario respecto a la inflación es un punto importante en ese sentido y el sector del turismo tiene un margen estrecho para corregir precios sin autoflagelarse. «Tendremos que ver lo que pasa con los valores de pasar las vacaciones en el país, porque el dólar cerca de $40 es una referencia», puntualizó Elías.

En cuanto a las expectativas de evolución en el sector, Elías vislumbró un escenario positivo. «El turismo local e internacional va a encontrar un marco muy propicio para desarrollar un buen 2019 en Argentina», aseguró, haciendo foco en el impulso que generará la llegada de turistas extranjeros.

En tanto que el ejecutivo de TTS Viajes puso el foco en que siendo 2019 un año electoral, estarán «más expectantes del rumbo propuesto por los candidatos en materia económica». Más allá de eso, destacó que 2018 respecto a 2017 mostró un crecimiento general en la empresa «y las proyecciones marcan que seguirá así».

En cambio, Di Giambattista fue más cauteloso e indicó que primero hay que analizar el cierre de este año, ya que todavía hay oferta retrasada por la falta de demanda. «Antes se vendía con mucha anticipación y vos encontrabas en septiembre oferta para todo el verano. Hoy hay pero es muy pequeña, porque todavía no se vendió todo lo referido a octubre, noviembre y diciembre», sostuvo.

La complicada realidad económica genera incertidumbre con respecto al futuro cercano del sector. Lo cierto es que se trata de un terreno complejo, que muestra puntos auspiciosos y al mismo tiempo una coyuntura de austeridad, que no permite anticiparse más que lo necesario. En ese sentido, Di Giambattista optó por no apresurarse sobre lo que viene: «habrá que ver cómo continúa».

 

 

Ambito

La inflación de agosto trepó al 4,3 por ciento impulsada por la nueva disparada del dólar y el aumento de tarifas del transporte público. La estimación fue realizada por el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET) de la UMET, que alcanzó así su marca más elevada en los últimos veintiocho meses. Con subas lideradas por transporte y alimentos y bebidas, los precios acumularon un aumento del 24,5 por ciento durante los primeros ocho meses del año y arrojan un alza del 34,1 por ciento frente al mismo mes de 2017. El Indec dará a conocer pasado mañana la estimación mensual oficial. Un documento interno del Ministerio de Hacienda difundido la semana pasada prevé que, a pesar de la recesión, 2018 terminará con una aceleración de la inflación hasta el 42 por ciento. La persistente inestabilidad cambiaria convierte a ese registro en un piso. De acuerdo a las proyecciones preliminares elaboradas por el IET, este año se registrará el mayor aumento de precios desde 1991, superando a 2002, 2014 y 2016, cuando rondó el 40 por ciento.

Durante agosto el rubro alimentos y bebidas se disparó un 4,5 por ciento. Aunque se trata de bienes de fabricación nacional, como son productos de exportación sus precios son muy sensibles a los movimientos en el tipo de cambio. “En épocas de devaluación los alimentos tienden a subir más que el resto de las cosas, a menos que se apliquen medidas de desacople de los precios internos respecto a los internacionales, como pueden ser retenciones a las exportaciones o subsidios”, advierte el documento del IET. Al interior del sector se destacaron los aumentos en restaurantes, frutas, lácteos y cereales con alzas superiores al 6 por ciento. En la comparación interanual, los alimentos subieron 29,3 por ciento.

A partir de la suba en el transporte público vigente desde comienzos del mes pasado, el rubro Transporte y Comunicaciones registró un aumento del 7 por ciento. Junto con el tarifazo también contribuyeron a esa dinámica el alza en los combustibles cuyos valores están directamente vinculados al precio del dólar y, en menor medida, el encarecimiento postdevaluación de los autos cero kilómetro.

El segundo rubro en relevancia fue Salud, donde se computaron subas de 6,2 por ciento de la mano de las prepagas y los medicamentos. Educación y Equipamiento del Hogar subieron, por su parte, 5,4 por ciento. Esa dinámica se explica por la entrada en vigor de nuevas cuotas en los colegios y el encarecimiento de electrodomésticos y muebles ligados al precio del dólar. Vivienda, por su parte, trepó 4,5 por ciento impulsada por subas del 17 por ciento en electricidad. Solo Indumentaria y Calzado (0,4 por ciento) y Esparcimiento (-1,1) tuvieron un agosto tranquilo en materia de precios.

Como consecuencia de la reciente aceleración inflacionaria, el poder adquisitivo de los trabajadores registrados del sector privado alcanzó su menor nivel en ocho años. Las cifras del IET muestran que el salario real retrocedió en agosto 8,3 por ciento frente al mismo período de 2017, la caída interanual más profunda en dos años. Desde que asumió el gobierno de Cambiemos la capacidad de compra de los asalariados registra una caída del 11,7 por ciento.

“Esta tendencia a la baja continuará en los próximos meses, cuando impacte de lleno el traspaso a precios de la devaluación de agosto. Es probable que en los próximos meses registremos caídas interanuales cercanas al 10 por ciento, de modo que el promedio anual de 2018 cerraría con caídas entre 5 y 6 por ciento, dejando un arrastre estadístico muy malo para 2019”, sostiene el informe del IET.

 

 

Pagina 12

Por paliza. En la actual pulseada de monedas de la región frente al dólar, la devaluación local no tiene ningún punto de comparación con la que se dio en otras naciones.

El rally explosivo en el que se embarcó el dólar en la Argentina profundizó el desconcierto de un Gobierno que se vio empujado a anunciar un paquete de medidas para intentar llevar algo de calma a un mercado que destila desconfianza hacia el plan económico, justo cuando se está en plena negociación con el FMI para redefinir los términos del acuerdo.

Y, en principio, el billete verde encontró algo de calma. Sin embargo, el propio presidente Macri reconoció que «no es que porque hayamos tenido tres días consecutivos de tranquilidad en los mercados las problemas estructurales de la Argentina se hayan solucionado».

Claro que la forma en que el Gobierno aborda el discurso muestra cierta ambivalencia. El jefe de Estado ahora se encargó de aclarar que el tipo de cambio «es altamente competitivo».

Sin embargo, cuando la devaluación lucía descontrolada, salió pidiendo disculpas por su impacto en la inflación, con su consecuente efecto negativo sobre los niveles de pobreza. «Me duele muchísimo», llegó a afirmar el jefe de Estado.

La contracara está dada por los funcionarios vinculados con las carteras de Producción y Agroindustria, que ven en el nuevo tipo de cambio -aún sin conocerse su nivel de equilibrio- un efecto motorizador sobre varias ramas de actividad estratégicas, desde sectores con alto valor agregado hasta economías regionales.

Hace apenas semanas, el ministro Dane Sica aseguraba que «las exportaciones son el camino para crecer y crear empleo».

«Debemos ser generadores de dólares y no caer en las crisis del sector externo», agregaba, para luego destacar que «un dólar entre $28 y $29 deja muy cómodas a diversas actividades». El billete verde hoy está más del 30% por encima de esa marca que le sentaba bien al ministro.

En paralelo, la cartera que conduce Luis Miguel Etchevehere festejó abiertamente que la Argentina esté reabriendo mercados para las economías regionales, gracias a la súbita competitividad cambiaria ganada en las últimas semanas.

Incluso, el propio presidente del Banco Central, Luis Caputo, si bien reconoció que todavía «el déficit de cuenta corriente es alto», celebró como contrapartida el hecho de que «los flujos comerciales ya se corrigieron muy fuerte», como consecuencia de la fuerte devaluación.

Todo esto responde a que el tipo de cambio real frente a la canasta conformada por las monedas de las principales naciones con las que comercializa el país pasó a ubicarse en los mejores niveles en más de ocho años. Básicamente porque la Argentina viene ganando «por paliza» la carrera devaluatoria en toda la región.

Esto, incluso, en un contexto en el que en las últimas jornadas se reavivó la «guerra de monedas», propiciada por el fortalecimiento del dólar frente a los signos monetarios de emergentes.

Para contextualizar el nivel de depreciación que sufrió el peso argentino, basta saber que en lo que va del año el tipo de cambió acumuló un salto cercano al 100%.

Si bien los industriales y el propio mercado tienen un ojo puesto en el «temido» derrumbe del real brasileño –de hecho, en varias ruedas, operadores remarcaron que el en la City el salto del dólar respondía a la presión que metía la plaza vecina-, lo cierto es que las «velocidades» no tienen punto de comparación.

En efecto: en lo que va del año, el tipo de cambio en Brasil sufrió un salto del 22%. Un movimiento que sin dudas hubiese metido miedo a funcionarios y empresarios en otro contexto pero que queda desdibujado frente al fuerte salto que se dio en la plaza doméstica.

En el ranking de la «guerra de monedas» siguió Uruguay, con un salto de «apenas» 14%, seguido muy de cerca por Chile, donde el avance en términos nominales fue del 12%.

En paralelo, las monedas que menos se debilitaron frente al dólar desde el arranque del año estuvieron el peso colombiano, el sol peruano y el peso mexicano.

Devaluación versus inflación 

Si bien la presión que el dólar le imprimió a los precios terminó erosionando parte de la depreciación nominal, el colchón cambiario que se generó hoy es considerablemente mayor que el que había al inicio del año.

Con un índice inflacionario que en agosto orilló el 4% y que estará acumulando un preocupante salto de más del 23% en lo que va del año, el salto del tipo de cambio descontada la inflación fue del 90%. Este nivel casi que cuadruplica el registro de Brasil.

Para Fernando Baer, de la consultora Bconomics, las diferentes velocidades que adquirieron las depreciaciones en la región obedecen a las disímiles situaciones políticas y económicas que atraviesan cada uno de los países.

«Colombia, Perú y México, por ejemplo, vienen de sacudones mucho más marcados al inicio de la gestión de Donald Trump, pero ahora atraviesan el actual período de shocks externos, con Turquía a la cabeza y dólar fuerte en el mundo, sin mayores contratiempos», señala el experto.

Distinto es el caso de Brasil, apunta Baer, país que «está iniciando el camino de una mayor incertidumbre política. Por eso se prevé que el debilitamiento del real continuará. Esto implica que habrá una presión extra a nivel local sobre el tipo de cambio, si bien los factores que empujan la devaluación en nuestro país son otros».

Según Baer, en esta guerra de monedas, Argentina es el país que más vulnerable se presenta, por tener un déficit de cuenta corriente y un déficit fiscal más alto que el resto y mucha necesidad de financiamiento».

El economista Miguel Bein consideró que un tipo de cambio real alto tendrá un efecto concreto sobre las exportaciones, si bien advirtió que «en la medida que esto impulse a la inflación, jugará directamente en contra del consumo».

Más allá del debate acerca de cuán sostenible será en el tiempo debido al traspaso de la devaluación a precios, es un hecho que la competitividad cambiaria acaba de recibir una fuerte dosis de «anabólicos».

Y esto se refleja con los principales países con los que comercia la Argentina:

-Frente a la canasta de las monedas más representativas, el tipo de cambio real al día de hoy es el mejor desde febrero de 2010, es decir, en más de ocho años.

-Si se considera Brasil, y pese a la devaluación del real, entonces hoy la relación cambiaria es la más ventajosa para comerciar bienes y servicios desde abril de 2012.

-Contra Estados Unidos, el tipo de cambio bilateral -descontada la inflación- volvió a los niveles de hace más de una década, más precisamente, a los registros de julio de 2007.

Efecto derrame sobre exportadores

De la mano de la fuerte escalada del dólar, consultoras como Ecolatina prevén una inminente mejora del saldo de la balanza comercial, que no viene arrojando buenos resultados.

Puesto en cifras, prevén que el rojo -que en 2017 totalizó unos u$s8.500 millones-, baje hasta los u$s5.500 millones. Claro que, en buena medida, por la caída de la actividad y el menor impacto de las importaciones.

En cuanto a la balanza de servicios, explicada mayoritariamente por el sector turismo, altamente deficitario, se prevé que se pase de un resultado negativo de u$s10.800 millones a un nivel de u$s8.100 millones, una contracción del 25%.

Así, entre la balanza de bienes y la de servicios, este año la devaluación evitaría la salida de u$s5.700 millones de la economía. Si bien cada dólar suma para el Gobierno, no es una ganancia que luzca tan contundente considerando que, solo en julio y con una divisa muy fuerte, la compra de divisas en términos netos alcanzó los casi u$s2.400 millones.

Pese a esto, el lado b del «súper dólar» es el fuerte impulso de algunos sectores industriales y de las economías regionales, si bien en algunos sectores todavía están evaluando el impacto de los cambios en las retenciones.

Los altos precios de los granos van en sintonía con un próximo boom del campo: una tonelada de soja vale hoy casi 50% más que en igual fecha de 2017, descontada la inflación.

El economista Miguel Bein pronostica que el agro dejará al menos u$s10.000 millones adicionales, un factor que ayudará a darle más estabilidad al tipo de cambio, ya pensando en 2019.

Dentro de los agronegocios, se prevé un salto de las exportaciones de carne: desde el consorcio ABC proyectan ventas al mundo por u$s1.800 millones, el mayor nivel en casi una década.

El sector citrícola también está preparando el despegue: a la apertura del mercado estadounidense para los limones, se sumó el hecho de que la Argentina volvió a exportar mandarinas a China después de siete años sin negocios, justamente por la mejora cambiaria.

Entre las «fábricas sin chimeneas», corporizadas por la industria del software, previo a las novedades de las retenciones, proyectaban que las ventas al mundo superarían cómodamente los u$s2.100 millones en este 2018, lo que marcaría una nueva marca histórica,

En el caso del sector automotor, por ejemplo, en julio los despachos al mundo despegaron un 75% interanual, con una mayor demanda por parte de Brasil pero también desde Chile, Perú y Colombia. La contracara, sin embargo, es el derrumbe del mercado interno, preso de la incertidumbre, el encarecimiento de la financiación y la suba de precios.

El desplome del salario mínimo en dólares, que arrancó el año equivaliendo a casi u$s500 y ahora ronda los u$s260 -el peor nivel en más de una década-, es una muestra de esa ambivalencia: remuneraciones bajas en dólares hacen más competitiva a la exportación pero también son sinónimo de menor consumo doméstico.

Por eso, entre los industriales, la dependencia por el mercado interno y por los componentes importados genera posturas encontradas.

Desde la UIA, por caso, se cuidan de no festejar el salto del dólar, advirtiendo por su impacto negativo en la demanda local.

Una mirada similar tienen sectores cuya facturación está apoyada en las ventas domésticas, como la electrónica fueguina o los fabricantes de línea blanca.

 

 

iProfesional

La disparada del dólar tuvo su impacto en los celulares. En algunos casos, la fuerte suba en un lapso tan breve hizo que resulte más económico comprar en la Argentina que en el exterior.

Este beneficio se sintió, especialmente, en los equipos que se ensamblan en la Argentina. En cambio, en los celulares de importación directa, como el iPhone, el precio se fue a las nubes.

Los tope de gama 

Si tomamos precios de referencia de los principales puntos de venta, el Samsung Galaxy S9 el S9 Plus cuestan $33.999 y $36.999, respectivamente. Si tomamos el tipo de cambio a ARS/USD 38,7, el precio en Argentina equivaldría a USD 878 y USD 956 respectivamente.

Por su parte, el Moto Z3 Play, que desembarcó en el país en agosto, cuesta $20.000 (USD 517). En Estados Unidos se consigue a un valor de entre USD 450 y USD 500. En este caso también saldría más caro hacer la compra en el exterior.

LG y Huawei no trajeron al país, por el momento, los tope de gama que presentaron este año. Pero el LG G6, que se lanzó el año pasado y es el premium de la marca disponible en Argentina, ronda los $20.000 (USD 517). Ese mismo producto en Estados Unidos está unos USD 400.

El Huawei Mate 10 Lite, un gama media alta, se puede adquirir a partir de $17.000 (USD 439). Debido a la traba que pesa sobre el gigante chino en Estados Unidos puede ser difícil conseguir un equipo en la región, aunque en algunos retailers se ofrece a USD 300.

El iPhone X, cada vez más caro

El iPhone X de 64 GB cuesta, depende el punto de venta, entre $70.000 y $93.500. Es decir, con el tipo de cambio de 38,7, entre USD 1.809 y USD 2.416. El de 256 GB se puede conseguir por $107.600 (USD 2.780).

Cuando se lanzó en el mercado en Argentina, en enero de este año, el modelo de 64 GB costaba, en promedio, $40.000 y el de 256 GB $ 49.999. Teniendo en cuenta la cotización del dólar en ese momento (USD 18,8), su equivalente en dólares era: USD 2.127 y USD 2.659, respectivamente. Como se puede ver, la fuerte devaluación impactó de lleno en estos productos. Es más, hoy en día, en el caso del de 256GB su costo en dólares aumentó.

En Estados Unidos, el de 64 GB se vende a USD 999 y el de 256 GB a USD 1.149, en promedio.Si se compra y trae al país el de 64 GB representaría (considerando un impuesto del 7% sobre la venta y el 50% por sobre la franquicia excedente) terminaría costando USD $1454 y USD $1694, respectivamente. Aproximadamente la mitad de su valor en Argentina en el caso el modelo de 256GB.

Los gama media y baja

Según datos de IDC, la venta de gama baja pasó de representar el 26%, en 2016 a significar el 51% del mercado en apenas un año. Y todo indica que este segmento seguirá aumentando su presencia en el mercado local, teniendo en cuenta que la inflación impactó de lleno en el bolsillo del ciudadano.

Un claro indicio de la tendencia de que el universo low cost está en expansión es el desembarco del celular Quantum Mini, del grupo Positivo, que se vende a $1.999. Cuenta con un procesador de cuatro núcleos, 512 MB de RAM, 8 GB de almacenamiento interno, conectividad 3G y Android Go.

Nokia, que llegó este año al país de la mano de HMD, presentó el Nokia 1 con Android Go, memoria RAM de 1 GB, almacenamiento interno de 8 GB, procesador de cuatro núcleos y ronda los $4.400. El mismo precio que cuando llegó al país, en junio de este año.

El Moto C, que se presentó en 2017, cuenta con procesador de cuatro núcleos, memoria RAM 1G y almacenamiento de 8GB y cuesta $4.450

Samsung también estaría pensando en traer a la Argentina un celular de gama baja, con Android Go pero todavía no hubo confirmación oficial al respecto.

 

 

Infobae

El dólar registraba este mediodía una suba de 82 centavos con relación al último cierre, para ofrecerse a un promedio de 38,01 pesos para la compra y 39,80 pesos para la venta, con picos de 40,10 pesos.

Según informó el Banco Central, la moneda norteamericana se ofrecía a 39,60 pesos en el banco Nación y a 40 pesos en los bancos Galicia, Francés, Patagonia, Supervielle e Itaú.

En tanto, se vendía a 40,10 pesos en el banco ICBC, de acuerdo con el promedio elaborado por la autoridad monetaria.

Por su parte, El Banco Central subastará hasta 100 millones de dólares, en un intento para evitar que el precio de la moneda norteamericana se dispare por encima de los 40 pesos.

En un comunicado, la autoridad monetaria explicó que las ofertas por parte de las entidades deberán canalizarse a través de la rueda LCFX del sistema SIOPEL del Mercado Abierto Electrónico S.A.

 

 

El Destape Web

Presionados por la devaluación y el valor del petróleo, los precios de las naftas continúan subiendo en todo el país. La estatal YPF, principal cadena de estaciones de servicio, incrementó hoy un 9,5% en Capital y un 8% en el Interior, que se suman al 2,5% que aplicó el sábado. Además también Axion aumentó 12%, igual porcentaje que había subido Shell en los últimos días.

Con este incremento, el litro de nafta súper en YPF pasa de $30,34 a $33,23 y el de premium de $36,42 a $39,88, mientras el gasoil va de $26,38 a $28,89, y el de más calidad de $31,65 a $34,65.

Los precios de los combustibles en YPF aumentaron el sábado hasta 2,5%, mientras los de Shell se incrementaron hasta 12%, lo cual pondrá más presión a una inflación que ya viene acelerada por el traspaso a precios de la suba del dólar.

Las petroleras argumentaron que la actualización de la tarifa se debe al incremento del impuesto a la transferencia de los combustibles (ITC) y el ajuste en el importe de biocombustibles, además de la devaluación.

Por su parte, Axion aumentó también hoy hasta un 12% el precio de la nafta en surtidor, luego de que ya había subido en julio.

El incremento era esperado debido a la directa vinculación del sector con la escalada del dólar, que en la última semana subió 23% al pasar de $31,57 – el 27 de agosto – a cerrar este lunes en $39,04, luego de los anuncios del presidente Mauricio Macri y del Ministro de Economía Nicolás Dujovne. Pan American Energy, operadora de Axion, ya había comenzado a autorizar las subas en distintos puntos del país días atrás.

 

 

Ambito

Tras los anuncios económicos del Gobierno para intentar llevar calma a los mercados y aplacar la volatilidad del dólar, la divisa estadounidense llegó a subir más de un peso y medio y tocó los $39,50. Pero sobre el final de la jornada el Banco Central salió a vender 100 millones de dólares en subasta a $37,97, lo que tiró hacia abajo el valor de la moneda estadounidense.

En el orden mayorista, la divisa terminó con un salto de un peso y treinta centavos respecto al cierre del viernes, y terminó en $37,40. Se trata del mercado donde inciden los grandes jugadores como los bancos, empresas y el Banco Central y cuya cotización afecta al canal minorista, donde operan los pequeños ahorristas.

El Banco Nación, que llegó a ofrecer dólares a $39,50 pocos minutos antes del cierre de la rueda, tras la intervención de la autoridad monetaria con 100 millones de dólares, bajó hasta $38. El promedio de cotizaciones que hace el Banco Central, de todas formas, mostró un valor de $38,98, por lo que el aumento respecto al viernes fue de un peso.

De todas formas, la jornada cambiaria que abrió la semana estuvo marcada por la ausencia de operaciones desde el exterior, ya que la principal plaza financiera, Wall Street, no funcionó por el feriado en Estados Unidos. En la región, la moneda estadounidense se aprecia en los principales mercados como en Brasil (1,78%), México (0,81%), Colombia (0,49%), y Chile (0,23%).

La última semana el dólar atravesó jornadas frenéticas que lo llevaron a romper la barrera de los 40 pesos. El viernes pasado la moneda se acomodó en 38 pesos, tras la intervención del Central, y así, cerró el mes de agosto con un avance de 35,5 por ciento.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, partirá junto al titular del Banco Central, Nicolás Caputo, rumbo a Washington para renegociar con el FMI adelantos de los desembolsos de dólares para despejar dudas del mercado sobre la solidez del país para afrontar los vencimientos en 2019. Uno de los puntos clave de las reuniones que mantendrán los integrantes del equipo económico con la jefa del Fondo, Christine Lagarde, será flexibilizar el acuerdo original para permitir una mayor intervención del Banco Central en el mercado de cambios.

 

 

TN

Tras los anuncios de presidente Mauricio Macri respecto a las medidas para enfrentar la crisis económica, el dólar salta 32 centavos a $ 38,32 en bancos y agencias.

Sucede luego de que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, señaló «no se puede hacer una estimación de a cuánto va a estar el dólar, sin embargo, creemos que el tipo de cambio real exagera los fundamentos de la economía argentina».

No obstante, operadores y analistas no descartan que el impacto de estas medidas se refleje recién el martes, ya que mañana se celebra el Día del Trabajador en Estados Unidos y se prevé que la operatoria tenga un acotado volumen.

Cabe recordar que el viernes la divisa cedió $ 1,9 centavos para cotizar a $ 37,98, tras las subastas del Banco Central por u$s 250 millones y la declaración de apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Con este resultado, el billete acumuló un avance del 35,5% en el mes y cortó con una racha de ocho subas consecutivas, en la que sumó un alza del 24,7%.

Fue en sintonía con el Mercado Único y Libre de Cambio (MULC), donde la divisa descendió 75 centavos a $ 36,85 en una jornada donde un clima algo más distendido y algo de oferta privada colaboraron con la estrategia oficial para recortar parcialmente la fuerte suba del dólar en la semana.

De esta manera, la moneda norteamericana acumula un avance del 95,6% en el año, mientras que el agosto subió un $ 8,5 y en la semana, $ 5,5. El mes estuvo caracterizado por inversores que buscaron refugio en la moneda norteamericana debido a la crisis de la moneda turca, la Lira, que impactó en los mercados emergentes y en mayor medida en la Argentina.

Sobre el final del agosto, a esa inestabilidad externa, se sumaron cuestiones internas -como la causa judicial por el supuesto esquema de pago de sobornos que involucra a funcionarios de la gestión anterior y empresarios del sector de la construcción; a desconfianza creciente en la política económica del Gobierno; y las dudas sobre el cumplimiento del acuerdo con el FMI-, que impulsaron aún más la ‘fiebre verde’.

La autoridad monetaria vendió cerca de las 11 horas u$s 75 millones, a un precio promedio de corte de $ 37,6128 y con un mínimo precio adjudicado de $ 37,01. A media rueda, vendió u$s 100 millones, con un precio promedio de corte se ubicó en 37,3023 y con un el mínimo precio adjudicado de $ 37,08.

Durante los tres últimos minutos de la rueda, por último, la autoridad monetaria subastó otros u$s 500 millones, de los que se adjudicó u$s 75 millones, con un precio promedio de corte se ubicó en $ 36,9316 y con un mínimo precio adjudicado de $ 36,80. En total, vendió u$s 250 millones, equivalente al 37% de lo subastado.

El mercado reaccionó de manera positiva a la declaración del Fondo Monetaria Internacional (FMI), quien aseguró que «Argentina cuenta con el pleno respaldo y confiamos en que el fuerte compromiso y la determinación de las autoridades argentinas ayudarán al país a superar las dificultades actuales». Asimismo confirmó que está prevista una reunión para el martes con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

La última rueda de la semana y del mes mostró a la divisa norteamericana operando con tendencia declinante y con un recorrido de mayor a menor en un escenario de menor tensión y con una demanda más abastecida, tanto por las intervenciones oficiales como por una leve mejora en la oferta privada.

Al contrario de lo sucedido en los últimos días, los máximos se anotaron en el inicio de la sesión cuando se registraron operaciones en $ 39, $ 1,4 por encima del cierre previo.

La temprana subasta efectivizada por el Banco Central, aunque de bajo monto, sirvió para ir acomodando la evolución de los precios con sentido descendente. La oferta privada que poco a poco acompañó, en este sentido, la estrategia oficial sirvió para mantener los precios en un escenario de menor tensión y con propensión a la baja. El volumen negociado fue de u$s 648 millones, con una caída de 13%.

Luego de la segunda subasta del BCRA, se acentuó la intensidad de los ingresos y los precios perdieron gran parte de la ganancia inicial tocando mínimos sobre el cierre en los $ 36,80, $2,20 debajo de la apertura.

En el mercado de dinero entre bancos el «call money» se mantuvo operado a un promedio del 53%. En «swaps» cambiarios se pactaron u$s 78 millones para tomar y/o colocar fondos en pesos mediante el uso de compra-venta de dólares para el próximo martes. Las tasas de Lebac en el circuito secundario recortaron sus rendimientos, operándose la de 19 días al 63%.

En el mercado de futuros Rofex, donde se operaron u$s 1.161 millones, más del 40% se pactó para septiembre con precios finales de $ 38,11 a una tasa del 41,60% TNA.

En el mercado informal, en tanto, el blue cayó $ 2 a $ 38, pero terminó agosto con un avance del 33,6%, según el relevamiento de este medio en cuevas del microcentro porteño. El «contado con liqui», por su parte, cerró este viernes con una baja de $ 1,63 a $ 37,87.

Por último, las reservas del Banco Central cedieron este viernes u$s 1.133 millones hasta los u$s 52.661 millones, por lo que acumularon en agosto una pérdida de u$s 5.335 millones.

 

 

Ambito

Grandes empresas de productos masivos comenzaron a restringir la reposición de productos en las góndolas de los supermercados. El estallido del dólar provocó un descalabro en el sistema general de precios de la economía y las empresas, por precaución, están a la espera de que el panorama se estabilice.

Al igual que ocurre en gran parte de la cadena de pagos en las actividades industriales, las empresas se enfrentan al riesgo de mandar a reponer sus productos en las cadenas de retail, con un valor del dólar determinado, y que cuando cobren ya se encuentre a otro valor superior. Sin llegar al punto de que haya desabastecimiento, igualmente, en el sector supermercadista advierten que no se están reponiendo productos, con lo cual, es factible que los consumidores vean faltantes en los próximos días, si el gobierno no logra frenar la escapada del billete norteamericano.

Victor Fera, dueño de Maxiconsumo y productos Marolio, advirtió que «los proveedores suspendieron las ventas porque no saben cuál es el valor de dólar, han perdido la confianza en la economía».

En todas las empresas, sobre todo las de consumo masivo, también se enfrentan al problema de la caída de las ventas. La retracción del consumo es tan fuerte que se encuentran con el riesgo perder aún más ventas si tratan de trasladar la devaluación del peso a los precios.

La caída del consumo interno es palpable en el sector supermercadista, donde los margenes de rentabilidad son acotados por cada producto, lo cual obliga a tener una alta rotación. Por otro lado, las cadenas de retail demoran el pago a sus proveedores, lo cual genera mayor grado de incertidumbre a las proveedoras.

Algunas cadenas de valor de las empresas se encuentran totalmente dolarizadas, como en el caso de las fabricantes de bienes de capital, pero en otros casos, como fabricantes de juguetes, las empresas le venden a minoristas y cobran en pesos, lo cual les genera un descalce de monedas.

En cualquiera de los dos casos, la falta de precio del dólar, genera un freno total de operaciones. De hecho, el secretario de la Cámara Argentina de la Maquina Herramienta (CARMAHE), Pedro Cascales, dijo que «en estos días está todo frenado». No se están realizando operaciones. No se están reponiendo insumos, y las que exportan tampoco liquidan porque no saben a qué precio está la divisa.

Juan Carlos Ferrero, fundador de la empresa BAW, fabricantes y comercializadora de equipos de soldaduras, aseguró que las pymes «no podrían seguir sosteniendo su actividad en otro semestre con estas características».

La única luz que están viendo a lo largo del túnel varias pymes del sector industrial es que con el tipo de cambio tan devaluado y con la capacidad instalada ociosa, que en algunos casos llega al 50%, la salida puede llegar de la mano de la exportación.

Por el momento, en la Secretaría de Comercio se está siguiendo el tema de cerca pero no se anticipan medidas.

 

Ambito

Una de las grandes críticas llevadas adelante por el actual oficialismo desde las pretéritas épocas de campaña presidencial del 2015 fue el ritmo devaluatorio de los 12 años del kirchnerismo, que llevaron un dólar de $2,88 a uno de $9,75 en todo el período.

Uno de los más fustigados fue, sin dudas, el último Ministro de Economía de Cristina Kirchner, Axel Kicillof, donde hicieron foco todos los dardos de Cambiemos y del séquito de los medios.

Lo cierto es que durante los 12 años K el dólar oficial incrementó 3,38 veces su valor, mientras que, durante el Macrismo, ya lleva 4,16 veces. Claro que los tiempos en el poder, además, son distintos: el kirchnerismo estuvo gobernando durante 4582 días, mientras que Macri, a la fecha, lleva “apenas” 996 días, con lo cual si se calcula el incremento devaluatorio por día, éste arrojará que el dólar “K” subía a razón de 0,0007 veces por jornada de gobierno, mientras que con Cambiemos lo hace a un ritmo de 0,0042. Seis veces más rápido.

Lejos quedaron los mentirosos caballitos de batalla de Rogelio Frigerio en épocas de elecciones cuando afirmaba hablando del gobierno kirchnerista: “Este es el gobierno que más ha devaluado en el mundo”.

Si así hubiese sido lo de Mauricio Macri sería todo un Record Guinnes.

De mantener su promedio permaneciendo 12 años en el poder, al irse Macri nos dejaría un dólar a 187 pesos.

N de R: este informe se realizó en el momento que la cotización del dólar en el Banco Nación marcaba $40.60 para la venta

 

 

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