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Dinosaurios

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Durante las tareas, se recuperaron vértebras, costillas y parte de lo que sería el pecho y la cintura escapular, informó la agencia CTyS-UNLaM.

El paleontólogo Mauro Aranciaga Rolando, becario del Conicet en el Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN), indicó que encontraron “un ejemplar muy grande de un nuevo megaraptórido” que “eran dinosaurios carnívoros formidables”.

“A diferencia del Tyrannosaurus rex, los megaraptores eran animales más esbeltos, más preparados para la carrera, con colas largas que les permitían mantener el equilibrio, a la vez que tenían patas musculosas, pero alargadas para poder dar pasos largos”, contó Aranciaga Rolando.

Según el becario del Conicet, “las armas principales de los megaraptores estaban en sus brazos, porque eran extremadamente alargados y musculosos, al tiempo que tenían garras a modo de guadaña en sus dedos pulgares, las cuales tenían un borde afilado y alcanzaban los 40 centímetros de largo, por lo que es probable que este animal haya conferido profundos zarpazos contra sus presas”.

El jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN e investigador del Conicet, Fernando Novas, comentó que este nuevo hallazgo permitirá “conocer cómo fueron estos dinosaurios en este rincón de la Patagonia y conocer sus relaciones de parentesco con los megaraptores encontrados en otras partes del mundo”.

Novas fue quien descubrió el primer ejemplar de este grupo de dinosaurios en el año 1996, en la provincia de Neuquén, y fue quien acuño el nombre Megaraptor (“gran rapaz”) para esta criatura.

Los megaraptores fueron grandes dinosaurios depredadores que prosperaron durante el periodo Cretácico, fundamentalmente en el hemisferio sur, hasta la extinción masiva que se produjo hace unos 65 millones de años.

También, se encontraron megaraptores en Australia y en Asia.

El paleontólogo Sebastián Rozadilla del MACN y Conicet señaló que estos dinosaurios carnívoros se habrían alimentado de “dinosaurios herbívoros de los cuales también se ha encontrado una manada en esta formación Chorrillo, al oeste de Santa Cruz”.

“Estos dinosaurios herbívoros podían alcanzar entre cinco y seis metros de longitud y pertenecían a la especie Isasicursor, los cuales eran animales bípedos y grandes corredores”, aseveró Rozadilla.

El depredador se encuentra cumpliendo debidamente con su cuarentena en el Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN, a la espera de que los investigadores puedan continuar con su preparación y estudio.

De ser cierto, este animal, de casi 12 metros de largo y que no había alcanzado la madurez cuando murió, fue una rareza: un dinosaurio que nadaba. “Lo que tenemos aquí es un dinosaurio que no solo vadeaba, sino que era un animal que perseguía a sus presas activamente en la columna de agua”, afirmó Nizar Ibrahim, profesor de Biología de la Universidad de Detroit Misericordia en Míchigan.

En un artículo publicado en la revista Nature, Ibrahim y sus colegas describieron el esqueleto del Spinosaurus aegyptiacus, cuyo nombre significa “reptil espinoso de Egipto”. De los huesos de su cola de 4,5 metros. surgían largas espinas en forma vertical, que formaban una estructura parecida a una aleta que, de acuerdo con las teorías de los científicos, podía moverse de un lado a otro. Pensemos en él como una cruza entre un lagarto y una anguila, con el tamaño del Tyrannosaurus rex.

“Se trata de un animal que en realidad no tiene un equivalente moderno”, dijo Ibrahim. “Estamos trabajando con un extraterrestre del espacio exterior en muchos sentidos”.

En un depósito de agua, los científicos demostraron que un plástico cortado con la forma de la cola generaba una propulsión mayor que las colas de otros dinosaurios.

Dijeron que su empuje y eficiencia se comparaban con las de criaturas acuáticas contemporáneas como los cocodrilos. “Además de que la apariencia de la cola era extraña, también era perfectamente lógica”, comentó Matthew C. Lamanna, paleontólogo del Museo Carnegie de Historia Natural en Pittsburgh, quien fue uno de los revisores del artículo publicado en Nature.

Los restos de un titanosaurio de más de 20 metros de largo fueron encontrados cerca de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz, mientras que los fósiles de un tatanauro que vivió hace más de 170 millones de años fueron descubiertos en el valle medio del río Chubut, informaron hoy investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

El Museo Paleontológico Egifio Feruglio (MEF) informó que se hallaron los «restos completos de un tatanauro, con una antigüedad de entre 170 y 180 millones de años, en la zona conocida como Cerro Cóndor, en el valle medio del río Chubut».

El ejemplar de tatanauro fue bautizado como «Asfaltovenator vialidadi«, y su existencia se ubicó en la etapa del jurásico medio.

Este hallazgo «puede ser clave para entender mejor a los tatanuros» explicó el investigador del Conicet Diego Pol, quien trabaja en el MEF.

Se halló una nueva especie de titanosaurio de más de 20 metros de longitud junto a fósiles de mamíferos, serpientes, caracoles, peces, ranas, tortugas y aves. Este sorprendente yacimiento se encuentra unos 30 kilómetros al sur de El Calafate y corresponde a la época previa a la extinción masiva de los dinosaurios.

Al sudoeste de la provincia de Santa Cruz, más precisamente en una montaña desde la que se puede observar el glaciar Perito Moreno, no sólo se encontraron fósiles de animales sino que también se descubrieron hojas, madera petrificada y abundante polen de plantas prehistóricas durante las campañas realizadas en enero y marzo de 2019.

Los fósiles ayudarán a describir el ecosistema que precedió a la extinción masiva de los dinosaurios. Un equipo de especialistas volverá en marzo al lugar del hallazgo.

El doctor Fernando Novas, investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET, destacó a la Agencia CTyS-UNLaM que «pocas veces un yacimiento ofrece tanta información como éste; tenemos una gran cantidad de información de naturaleza ecológica”. Y agregó que «debido a que el yacimiento queda en lo alto de una montaña de muy difícil acceso, representó un desafío enorme para nosotros, los paleontólogos, realizar dichas campañas”.

«Es poco lo que se sabe en América del Sur y en todo el hemisferio sur acerca de cómo se extinguieron los dinosaurios; la mayor cantidad de información proviene de Norteamérica y de Europa, en tanto que las rocas de este yacimiento van desde los 75 a los 65 millones de años de antigüedad aproximadamente, por lo que nos permitirán ver la secuencia de cómo fueron cambiando las faunas hasta la extinción final de ese grupo”, agregó.

“Seguramente, en los próximos años, podremos comprender cómo fue esa secuencia y, quizás, las causas que aquí, en el extremo sur de Sudamérica, provocaron la extinción de los dinosaurios y otros reptiles que convivían con ellos”, añadió.

Un nuevo yacimiento con mucha historia

El doctor Federico Agnolin, también investigador del MACN y del CONICET, indicó que el geólogo Francisco Nullo, en 1980, fue el primero en divisar fósiles de un dinosaurio cuando recorría estos estratos de rocas. “En aquel entonces, hace ya casi 40 años, Nullo dio aviso a José Bonaparte, un gran paleontólogo argentino, pero como ese lugar es inaccesible con vehículos, encontraron fósiles pero no pudieron extraerlos”, contó.

Según publicó la Agencia CTyS, durante el verano pasado, un equipo liderado por Fernando Novas organizó una campaña a este sitio para ver si lograba redescubrir los restos, pero lo que encontraron fue aun mayor a lo esperado.

Agnolin destacó que “encontramos una infinidad de fósiles de dinosaurios, pero también tuvimos la suerte de hallar granos de polen y animales pequeños, lo cuales vienen a ser figuritas difíciles en cualquier descubrimiento, entre los que hay mamíferos, aves, lagartijas, reptiles e incluso caracoles terrestres, que son hallazgos rarísimos”.

Para estudiar todos estos hallazgos, se reunió un equipo numeroso de paleontólogos especializados en plantas, en invertebrados, en caracoles, como así también de geólogos. “Armamos un trabajo extensísimo en el que le pusimos nombre a varias especies de dinosaurios argentinos: uno de ellos es un animal herbívoro enorme que superaba los 20 metros de longitud, Nullotitan glacialis, en alusión al geólogo Francisco Nullo y a que desde el yacimiento se puede observar el glaciar Perito Moreno”, precisó Agnolín.

El grupo liderado por Novas presentó otra nueva especie de dinosaurio herbívoro, llamado Isasicursor santacrucensis, en referencia a Marcelo Isasi, un explorador y preparador de fósiles del MACN.

En marzo del año de próximo, el equipo liderado por Novas regresará a este yacimiento extraordinario que permitirá, acaso, describir con claridad lo que sucedió en los últimos millones de años de la edad de oro de los dinosaurios en el hemisferio sur.

Los fósiles hallados en la Provincia del Chubut constituyen los restos más antiguos y completos de uno de los grupos de dinosaurios carnívoros más diversos.

Los tetanuros representan el grupo de dinosaurios terópodos más diversos, dentro del cual se encuentran no solo los dinosaurios más populares, como Allosaurus o Tyrannosaurus, sino también las aves modernas. La historia evolutiva de este grupo comienza hace unos 185 millones de años atrás durante el Jurásico Medio temprano, sin embargo, los primeros registros son extremadamente escasos y fragmentarios.

Este trabajo, realizado por los Dres. Oliver Rauhut (LMU München, Alemania) y Diego Pol (CONICET-MEF), fue publicado hoy en la prestigiosa revista científica Scientific Reports De Nature.

Por otro lado, las relaciones de parentesco entre los principales linajes hasta el momento no han sido del todo comprendidas. Este nuevo dinosaurio, bautizado como Asfaltovenator Vialidadi y descubierto en yacimientos de entre 170 y 180 millones de años (Jurásico Medio), ha brindado claves para entender mejor a este grupo de dinosaurios.

“Uno de los puntos más importantes de este hallazgo es lo completo que está el cráneo, algo sumamente raro de encontrar en un terópodo, sumado a que encontramos el 50% del esqueleto, toda la mitad delantera. Otro aspecto importante es que documenta un momento de gran diversificación evolutiva en la historia de los dinosaurios terópodos, algo que observamos precisamente durante el Jurásico Medio. En este fenómeno no se entienden claramente cómo son las relaciones entre uno y otro grupo porque todo se acelera. Es como ver un árbol con muchas ramas que aparecen de golpe” explicó Diego Pol, investigador del CONICET e integrante del equipo del MEF.

El científico agregó que “encontrar un animal tan completo, justamente durante el momento de esta explosión evolutiva, es realmente importante porque nos permite empezar a entender cómo son las relaciones entre los principales grupos de dinosaurios carnívoros. Y Asfaltovenator posee una combinación de características únicas que reúne a linajes que estaban separados: los alosaurios, los megalosaurios y los espinosaurios”. Para entender las relaciones de parentesco entre los linajes conocidos de dinosaurios carnívoros, los investigadores incluyeron a esta nueva especie en un análisis filogenético. “El resultado de incluir a Asfaltovenator es que los grupos que pensábamos que estaban separados, ahora conforman un único grupo que reconocemos como carnosaurios, una propuesta hecha hace muchos años, pero que últimamente nadie la tomaba en serio”, detalla.

La Provincia del Chubut posee yacimientos paleontológicos sumamente ricos del Periodo Jurásico, constituyendo una verdadera ventana al pasado. “El nuevo dinosaurio completa el panorama de los ecosistemas de los lagos del centro de la Patagonia hace unos 170 o 180 millones de años, que se suma a herbívoros como Patagosaurus, Volkheimeria, o a carnívoros como Eoabelisaurus o Condorraptor», comenta.

Los primeros restos que comenzaron a aparecer en el año 2002, a unos pocos kilómetros de la aldea escolar de Cerro Cóndor, se convertirían en un hallazgo no sólo importante desde el punto de vista científico, sino también en uno de los rescates más importantes que se harían en la historia del Museo.

“Habíamos viajado un grupo de técnicos, paleontólogos y estudiantes a una región en el centro de la Provincia del Chubut donde previamente se habían descubierto otros dinosaurios. Recuerdo que nos habíamos separado en grupos para prospectar la zona, y caminando, encontré unas vértebras sueltas en el fondo de un cañadón. Las junté, empecé a ver de dónde venían y logré encontrar de dónde estaban saliendo: era un nivel donde había más vértebras metiéndose en la roca”, comenta Leandro Canessa (técnico del MEF).

“Cuando encontramos los restos, parecía un dinosaurio más. Empezamos a destaparlo y para ese momento, cuando ya teníamos el trabajo bastante avanzado, nos dimos cuenta que los huesos estaban articulados ¡Era el primer dinosaurio carnívoro del Jurásico Medio de todo Gondwana que estaba articulado! Entonces era importantísimo tratar de sacarlo en un solo bochón [estructura de tela y yeso para protección de los huesos]”, detalla Pablo Puerta (técnico del MEF).

Luego de marcar el lugar del hallazgo, vendrían años de trabajo de campo para extraer al dinosaurio. “Fueron cuatro años de campañas donde tuvimos que levantar muchísimo material en una excavación que se hacía cada vez más grande. Tanto fue así que tuvimos que llamar a Vialidad Provincial, para hacer un camino y poder llevar una retroexcavadora y una topadora para hacer una plataforma y así emplazar una grúa de 40 t como la que usan para ensamblar los puentes sobre los ríos. Porque para ese momento ya era el bochón más grande que habíamos hecho jamás en el MEF. Pesaba unas 5 t y no podíamos usar el trípode con el cual normalmente subimos los bochones a los camiones para traerlos hasta el museo. En esta oportunidad también tuvimos que recurrir a Gendarmería Nacional, que nos facilitó un camión para el traslado de los fósiles. Así que para el Mef no sólo es un dinosaurio carnívoro muy importante sino que fue uno de los dinosaurios que nos hizo desarrollar la mayor capacidad logística con la que cuenta el MEF», explica Pablo.

“Asfaltovenator tendría en vida una longitudde 6 m y dada la forma [los huesos en posición articulada] y lo completo del registro fósil es que las tareas de extracción resultaron sumamente complejas”, agrega Diego.

Los paleontólogos bautizaron a este dinosaurio con el nombre de Asfaltovenator Vialidadi. El nombre Asfaltovenator tiene dos raíces, la Formación geológica Cañadón Asfalto, donde se encontraron los fósiles y Venator, del griego, que significa cazador. El nombre de la especie, Vialidadi, es en honor a Vialidad Provincial que colaboró en el rescate del dinosaurio.

Con información del Diario Jornada.

Un grupo de investigadores de diversos países, liderados por la Universidad Nacional de Cuyo, reconoció «un nuevo linaje» de dinosaurios gigantes en la Argentina, al que denominaron Colossosaurios, que incluyen a los titanosaurios más grandes del mundo con la masa corporal más pesadas que se haya conocido, entre 50 y 70 toneladas, informó esa casa de estudios.

«La relevancia de este reconocimiento no solo se halla en el tamaño corporal extremo de estos titanosaurios gigantes, sino por las adaptaciones biológicas que involucran, las cuales son complejas», agregó la universidad.

Los colossosaurios incluyen a los animales terrestres más pesados que se hayan conocido, con masas corporales máximas que alcanzaron de 50 a 70 toneladas. Como las formas argentinas Patagotitan, Argentinosaurus, Puertasaurus, y Notocolossus, esta última con un húmero de 1,76 metros de longitud, el mayor que se conoce para este grupo, destacó la Universidad.

Bernardo González Riga, investigador del CONICET y director del Laboratorio y Museo de Dinosaurios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN), dijo a Télam que «el aporte radica en sintetizar el conocimiento anatómico que se tiene de los saurópodos titanosaurios, haciendo especial énfasis en su estudio filogenético, es decir en los parentescos».

«De este grupo nos llama la atención la gran diversidad. Un grupo de ellos fueron realmente gigantes y eso son los que constituyen un desafío para los modelos paliobiológicos referidos a la fisiología, a la locomoción, a los ritmos de crecimiento, alimentación y reproducción», agregó el investigador, así lo reseña Télam.

Un aumento de los niveles de oxígeno en la Tierra hace 215 millones de años propició un aumento de los dinosaurios y que estos se hicieran más grandes, según un estudio del profesor del Instituto Politécnico Rensselaer de Nueva York (EE.UU.) Morgan Schaller.

El científico dio a conocer su trabajo en el Goldschmidt 2019, el principal congreso de geoquímica del mundo, que se celebra en Barcelona con la participación de más de 3.500 científicos, investigadores, docentes y estudiantes de todo el mundo.

El estudio ha detectado que los niveles de oxígeno en las rocas en América del Norte aumentaron casi un tercio en solo tres millones de años, posiblemente, según los investigadores, preparando el escenario para una expansión de dinosaurios en los trópicos de América del Norte y otros lugares.

Los científicos han desarrollado una nueva técnica para liberar pequeñas cantidades de gas atrapado dentro de antiguos minerales de carbonato, de forma que los gases se canalizan directamente a un espectrómetro de masas, que mide su composición, así lo reseña la agencia de noticias EFE.

«Probamos rocas de la meseta de Colorado y la cuenca de Newark que se formaron al mismo tiempo a unos 1.000 kilómetros de distancia en el supercontinente de Pangea», especificó Schaller.

«Nuestros resultados muestran que durante un período de alrededor de 3 millones de años, muy poco en términos geológicos, los niveles de oxígeno en la atmósfera saltaron del 15 al 19 %. A modo de comparación, actualmente hay un 21 % oxígeno en la atmósfera», detalló el investigador.

Schaller reconoció que desconocen qué pudo haber causado este aumento de oxígeno, aunque han comprobado «una caída en los niveles de CO2 en ese momento».

«Creemos que este cambio en la concentración de oxígeno fue un cambio global y, de hecho, encontramos el cambio en muestras que estaban separadas 1.000 kilómetros. Lo notable es que justo en el pico de oxígeno vemos los primeros dinosaurios que aparecen en los trópicos de América del Norte, el Chindesaurus», según Schaller.

«Aún no podemos decir si esto fue un desarrollo global, pero podemos asegurar que un entorno cambiante hace 215 millones de años era adecuado para su diversificación evolutiva, aunque, por supuesto, los niveles de oxígeno pueden no haber sido el único factor», reconoció.

La ciencia acaba de confirmar que Mussaurus patagonicus, un gigantesco dinosaurio que habitó el sur argentino hace casi 200 millones de años, nació como un individuo que se desplazaba en cuatro patas y alcanzó la adultez caminando solamente sobre las dos traseras y utilizando los miembros superiores como brazos. La conclusión se alcanzó gracias al escaneo de esqueletos casi completos de ejemplares recién nacidos, juveniles y adultos que permitió simular la postura que habrían tenido en cada etapa, y que resulta similar a lo que experimentan los seres humanos durante el crecimiento. La novedad se publicó en la prestigiosa revista Scientific Reports.

“La evidencia más contundente fue obtenida a partir del centro de masa, que es el lugar del cuerpo en que se concentra la mayor parte del peso, algo así como un punto de equilibrio”, explicó Alejandro Otero, investigador del Conicet en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), y continúa: “Lo que vimos es que en los bebés se encuentra a mitad del tórax, forzando su peso hacia adelante. En los jóvenes de un año de edad, el centro de masa se ubica un poco más atrás, mientras que en los adultos está prácticamente en la cadera, y esto nos permite deducir que de pequeños eran cuadrúpedos y paulatinamente se iban enderezando hasta convertirse definitivamente en bípedos”.

Según informó el Conicet La Plata, con restos fósiles correspondientes a esas tres etapas ontogénicas, es decir relativas al desarrollo morfológico del organismo, Otero y colegas del Colegio Veterinario Real de Londres, Reino Unido (RVC, por sus siglas en inglés) reconstruyeron las formas y estructuras de este dinosaurio a lo largo de su vida. Lo hicieron a través de una técnica llamada Micro Tomografía Computarizada que les mostró los huesos sin la roca en la que fueron hallados –algunos estaban adheridos y es imposible separarlos sin destruirlos–, y les permitió articular los esqueletos y agregarles tejido y volumen. Así, calcularon en qué punto del cuerpo estaba el centro de masa y por ende pudieron determinar cuál era su postura.

Otro dato importante que arrojó el análisis fue el crecimiento de los miembros. “Al nacer, tenían una extensión similar en las cuatro patas, pero a medida que pasaba el tiempo las delanteras se iban acortando en proporción a las traseras, hasta llegar a la adultez con patas considerablemente más largas que los brazos”, añade Otero, y enfatiza un particularidad sobre la forma de las manos que se suma a las evidencias anteriores: “Las garras eran muy potentes, especialmente la del que sería el dedo pulgar, que a su vez estaba inclinado hacia adentro. Esto nos hace pensar que, si bien le era posible apoyarse con ellas, es probable que le sirvieran para otras funciones relacionadas a sus hábitos de vida

 

 

El Día

Un equipo de investigadores descubrió en Estados Unidos unos fósiles excepcionalmente bien conservados de peces que murieron hace 66 millones de años, cuando se estrelló contra la Tierra el asteroide que selló el destino de los dinosaurios.

Estos fósiles de peces y de otros animales ancestrales fueron descubiertos en un yacimiento de Dakota del Norte, a 3.000 kilómetros del cráter de Chicxulub, en el Caribe, donde se produjo el impacto del asteroide.

El estudio, que será publicado el lunes en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), muestra hasta qué punto aquel episodio tuvo un impacto devastador y rápido en extensas zonas, señala su autor principal Robert de Palma, citado por el sitio especializado Eurekalert.

«Es como un museo del fin del Cretácico en una capa de metro y medio de espesor», señaló Mark Richards, otro de los autores y profesor emérito de la universidad californiana de Berkeley, en un comunicado de la institución.

Tsunami descomunal

Las sacudidas provocadas por el impacto del asteroide generaron unas olas gigantes en un mar interno que existía en lo que actualmente es Dakota del Norte que, al llegar a un río cercano donde vivían varios peces, invirtieron la corriente, según el comunicado.

Torrentes de piedras y escombros cayeron sobre los peces, que quedaron enterrados por otra ola y se fosilizaron con el tiempo.

Maraña de peces

«Una maraña de peces de agua dulce, vertebrados terrestres, árboles (…) y otras criaturas marinas quedaron compactados en esa capa», explicó Robert de Palma.

Según los investigadores, antes de morir los peces inhalaron fragmentos propulsados por el impacto del asteroide que fueron hallados en sus branquias. Algunos de los peces murieron por el simple hecho de haber ingerido estos materiales.

La biodiversidad descubierta en el sitio es notable. «Al menos varios especímenes son especies nuevas y otros son los mejores ejemplares de su género», se congratuló De Palma.

«Estamos frente a una grabación instantánea de uno de los eventos más importantes de la historia de la Tierra. No hay otro lugar que tenga huellas como éstas».

 

 

Diario Jornada

El hallazgo, realizado por paleontólogos del CONICET, permite entender por qué este grupo de reptiles pudo sobrevivir a la extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los esfenodontes o tuátaras (Sphenodon) son un grupo de reptiles que en la actualidad se encuentra representado solo por dos especies –Sphenodon punctatus y Sphenodon guntheri-, localizables únicamente en algunas islas menores de Nueva Zelanda, y cuyo registro fósil más antiguo data de tiempos del Tríasico Superior, hace más de 200 millones años.

A diferencia de lo que ocurre en la actualidad, durante la Era Mesozoica (comenzada 250 millones de años atrás y culminada hace alrededor de 65 millones años) en la que los dinosaurios gigantes llegaron a dominar la Tierra, diversas especies de tuátaras podían encontrarse dispersas en la mayor parte de los continentes.

En Sudamérica, los fósiles más recientes de este grupo de reptiles corresponden al Paleoceno (65 a 60 millones de años atrás), la época inmediatamente posterior a la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno que acabó con cerca del 75 por ciento de los seres vivientes existentes, entre los que se encontraban, por ejemplo, la mayoría de los dinosaurios.

En febrero de 2018, un equipo de paleontólogos del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET) y la Fundación de Historia Natural Feliz de Azara, dirigido por Fernando Novas, investigador principal del Consejo, encontró en la localidad de Campo Violante (frente a El Chocón), en la que afloran rocas del Cretácico Superior de 90 millones años, restos del esqueleto de una nueva especie de esfenodonte, a la que bautizaron Patagosphenos watuku. Tanto la descripción anatómica como los estudios paleohistológicos de los restos del espécimen hallado fueron publicados recientemente en la revista Cretaceous Research.

“Aunque la estructura anatómica de Patagosphenos watuku difiere de la de los esfenodontes actuales, desde el punto de vista histológico existen similitudes claves. Ambos poseen una corteza ósea relativamente gruesa en comparación con la de otros reptiles, lo cual podría favorecer la adaptación a climas fríos. Por otra parte, estudios recientes en mamíferos han mostrado una correlación entre el grosor de las paredes de los huesos y la actividad fosforial (cavar), patrón que parece repetirse al menos en los reptiles actuales. El hecho de que los antiguos tuátaras también tuvieran el hábito de vivir en cuevas podría explicar que hayan sobrevivido al invierno nuclear que se desató en nuestro planeta hace 65 millones de años”, explica Adriel Gentil, becario doctoral del CONICET en el MACN y primer autor del trabajo.

Esto llevaría a los investigadores a concluir que la adaptación de los esfenodontes actuales al clima frío, que les permite soportar temperaturas de hasta solo 5°C, no sería un rasgo que adquirieron a lo largo del proceso evolutivo, sino que ya estaba presente en sus parientes más antiguos.

“Esta capacidad de tolerar las bajas temperaturas diferenciaría a los esfenodontes, no solo de gran parte de los reptiles actuales, sino también de otros grupos que desaparecieron junto con los dinosaurios por no contar con las ventajas adaptativas necesarias como para sobrevivir a las bajas temperaturas que asolaron la Tierra durante aquel evento de extinción masiva”, explica Matías Motta, becario doctoral del CONICET en el MACN y otro de los autores del trabajo.

Uno de los aportes más novedosos de este trabajo es que pese a que existe un registro fósil bastante completo de especímenes de esfenodontes de diferentes períodos del Mesozoico, desde el punto de vista paleohistológico, hasta ahora solo se contaba con la descripción de una especie del Triásico Superior que, aunque escueta, también señala el carácter grueso de las paredes de los huesos. El responsable de este aspecto particular de la investigación estuvo a cargo de Jordi García Marsá, becario doctoral del Consejo en el MACN.

“Otro dato que arrojó el estudio histológico es que Patagosphenos tenía un crecimiento cíclico, lo que le da al corte del hueso una apariencia similar a la del tronco de un árbol en la que se van marcando anillos concéntricos que representan aproximadamente un año cada uno. En este caso, se pudo deducir que el individuo que encontramos tenía cerca de 18 años de edad. La longevidad, si se los compara con lo que suelen vivir la mayoría de los reptiles, es un rasgo que también comparten los tuátaras actuales con sus parientes más lejanos”, afirma Gentil.

El Cordillerano