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Devaluación

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El Presidente reconoció los efectos de la devaluación y la inflación en los argentinos. “Veníamos hace muchos viviendo por arriba de sus posibilidades “, sostuvo. “Hay gente enojada y mucha gente angustiada porque cuesta más llegar a fin de mes”, admitió.

Antes de partir a Colonia para reunirse con el presidente uruguayo Tabaré Vázquez, Mauricio Macri admitió que hay muchos argentinos que sufren con la crisis económica, volvió a responsabilizar de la situación a los anteriores gobiernos y aseguró que la actual coyuntura es “mejor” que la el punto de partida del 2015.

“Doy vueltas por el país todo el tiempo, debo ser el presidente que más ha recorrido el interior del país en sus primeros tres años de gobierno, y lo hago desde el amor que tengo por lo que hacemos y todos ustedes, y por la convicción que estando cerca y escuchándolos, voy a resolver los problemas que tenemos”, le comentó a la entrevistadora al inicio de la charla radial.

“Hay gente enojada y mucha gente angustiada porque cuesta más llegar a fin de mes, porque nos hemos chocado contra una realidad, los entiendo. La Argentina venía hace muchos viviendo por arriba de sus posibilidades”, sostuvo el mandatario en diálogo con FM Radio Pasión 96.5, de la localidad puntana de Buena Esperanza.

“Hubo gobiernos que gastaban más de lo que tenían, y de golpe nos encontramos que el mundo nos dejó de dar crédito para sostener eso, y tuvimos una devaluación grande, acompañado de un aumento de la inflación eso nos ha pegado, pero finalmente hemos entendido”, sostuvo en la breve entrevista radial.

“A la luz de las dificultades que hemos enfrentado, entendimos que no podemos vivir de lo prestado, ni gastar más de lo que tenemos. No se pude gastar más de los que se genera todos los meses, para estar más tranquilo y ahorrar un poquito. Los intendentes, los gobernadores y el presidente tienen que gastar menos de lo que le damos de impuestos, que nos cuesta mucho pagar”, añadió.

“Este camino ya lo han logrado muchos países, nuestros países vecinos lo han logrado, como Chile, Paraguay, Uruguay, Perú. Ellos viven con presupuestos realidad, acotados, sin despilfarrar, sin robar”, sostuvo. “Si se gasta más de lo que une tiene facilita el desorden, y eso trae más posibilidad de corrupción, como estamos viendo con las denuncias que se están estudiando del gobierno anterior”, completó.

“Es un camino que nos ha golpeado, que no es fácil, y entiendo a aquellos que están enojados o angustiados, pero créanme que es el único camino: decirnos la verdad, el diálogo, trabajar en equipo. Estamos en minoría en el Gobierno y dialogamos con la oposición, el peronismo, para hacer las reformas fundamentales que esperan los que votaron un cambio. Y a pesar de los golpes, diría que estamos en una mejor posición para encarar el futuro de lo que estábamos en el 2015, en una posición más sólida”, dijo y remarco, las relaciones internacionales, la institucionalidad, la lucha contra el narcotráfico, la conectividad de internet y la “revolución” de los aviones.

En medio de las quejas de los sectores bajos por la falta de empleo y asistencia social, de los sectores medios por los tarifazos, de los empresarios por la suba de impuestos y exiguos incentivos a la producción local, el mandatario se mostró ilusionado con los futuros ingresos de dólares que generarán los productos agropecuarios. “El campo va a tener una cosecha récord que va a permitir generar más actividad” económica, sostuvo.

Enojos y angustias

Al mismo tiempo que brindaba el reportaje telefónico, organizaciones sociales se movilizaban hacia el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, así como también había marchas en distintos puntos del Interior, para reclamar actualización de los montos que perciben los beneficiarios de los programas de empleo y la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el Frente Popular Darío Santillán y el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) llevaban adelante la medida bajo el lema “Tierra, techo y trabajo”. La movilización cuenta con el apoyo de sectores del sindicalismo como la Corriente Federal, ATE Nacional, CTA Autónoma, entre otros.

Asimismo, en las últimas horas la Unión Industrial Argentina (UIA) estimó que la actividad del sector cayó 3,5% en 2018. Durante la primera junta del año, que reúne a la mesa grande de la UIA con representantes de todo el país, además de repasar los datos estadísticos del 2018 se manifestó la preocupación de las distintas regiones y sectores productivos por la caída del nivel de actividad.

José Urtubey, del Comité Ejecutivo de la entidad fabril, advirtió que el modelo económico del Gobierno “no nos sirve a los industriales, ni a nadie” y dijo que las perspectivas para 2019 son que la industria va a volver a caer, un 2,5%. “La mitad de la industria está paralizada. Eso sintetiza la crisis que vive el sector. Era obvio que íbamos a terminar así y no hubo modificaciones en el rumbo que tomó el Gobierno nacional”, enfatizó el dirigente empresario. Además, recordó que en los últimos tres años, se perdieron 107 mil puestos de trabajo en la industria.

En este marco, el Gobierno convocó para el jueves a la mañana a empresarios y entidades del sector para anunciar el lanzamiento de medidas de estímulo para las economías regionales. En encuentro será a las 9 en el Salón Blanco de la Casa Rosada, y estará encabezado por Macri y el ministro de la Producción, Dante Sica. De acuerdo a lo que trascendió, el objetivo de las medidas en análisis será el de facilitar las ventas al exterior de productos regionales. No se descarta en ese sentido que se modifique el esquema de retenciones.

Ámbito

Los números macroeconómico de Argentina, en clave relativa, volverán a ser muy malos en 2019. Así lo mostró ayer un informe del BBVA Research, que no tiene datos de Ecuador ni de Venezuela.

Todos crecen

En promedio, la región crecerá 1,2% y Argentina es el único país que caerá. Según la entidad, 1%. Eso se compara con el 2,2% de Brasil, el 2% de Mexico, el 3,4% de Chile, el 3% de Colombia, el 4,1% de Paraguay, el 3,9% de Perú y el 1,3% de Uruguay. Además, Argentina fue el único en caer en 2018 y en 2016, también, junto con Brasil.

¿Inflación?

En 2019, los precios subirán 30% en Argentina, dice el BBVA. Eso comparado con el 4,5% de Brasil, el 2,8% de Chile (casi lo mismo que tuvimos en enero), el 3,2% de Colombia, el 3,7% de México, el 4% de Paraguay, el 2,3% de Perú y el 7,4% de Uruguay.

Tasas anormales

Si bien el BBVA estima que el rendimiento de las Leliq caerá hasta 35%, sigue siendo un número altísimo en clave regional. Más que cuadruplica el 8% de Brasil y México. A su vez, Chile cerrará en 3,50%, Colombia en 4,75%, Paraguay en 5,50% y Perú en 3,25%.

El informe también muestra que el déficit fiscal será de 3,3% (es decir, incluyendo intereses) en 2019 y allí nos supera Brasil, con 5,3%. El resto oscila entre 2% y 3% del PIB. A la vez, el rojo en Cuenta Corriente nos sigue mostrando vulnerables, aunque mejorando: tras concluir 2018 arriba de 5%, cerrará 2019 en 3,3%.

El dato alentador, como muestra la tabla, es que el BBVA proyecta que las variables de Argentina se normalizarán aún más en 2020. También ocurrirá lo mismo con el déficit fiscal y el externo: ambos pasarán a 2,3% del PIB en 2020. Un proceso de convergencia necesario para volver a atraer inversiones.

Los riesgos a la baja de esos pronósticos, dice el BBVA, son las elecciones de octubre y una eventual escasez prolongada de flujos de capital que impidan el retorno a los mercados globales en 2020.

El Economista

Especialistas en pobreza adelantan que en el último trimestre de 2018 el indicador aumentó hasta el 33,5 por ciento, siete puntos más que en igual período del año anterior. La tendencia se profundiza en el primer semestre de este año.

En el último año, 2,5 millones de personas en todo el país empeoraron su posición económica y pasaron a ser pobres en términos de su ingreso monetario. Ese número se basa en una estimación porcentual de pobreza por ingresos del 33/33,5 por ciento para el cuarto trimestre del año pasado, lo cual implica una fuerte suba respecto al mismo período de 2017, cuando se registró una tasa de pobreza del 26,3 por ciento según el Indec. Cada punto de aumento equivale a 450 mil personas en todo el país. Estos datos fueron calculados recientemente por Diego Born, sociólogo y especialista en estadísticas sociales, en base al recorrido de los salarios, jubilaciones y empleo frente a los precios de la canasta de pobreza, y coincide con las estimaciones de otros investigadores y organismos. Recién a fines de marzo el Indec publicará el dato de pobreza del segundo semestre del año pasado, que rondaría el 31,5 por ciento, por encima del 25,6 del mismo período de 2017.

La macroeconomía argentina a lo largo del año pasado fue una fuente de creación de pobreza y de deterioro de las condiciones socio-económicas generales. Hay un puñado de grandes números ya publicados que hablan por sí solos. El índice general de salarios tuvo en noviembre del año pasado una suba nominal del 27,9 por ciento frente al mismo período de 2017, según el Indec, mientras que la inflación general de ese período fue del 48,5 por ciento y el incremento de los precios de la canasta de pobreza, del 52,9 por ciento, lo cual implica una diferencia de 25 puntos frente a los salarios. Además, los jubilados comenzaron el 2018 con un haber mínimo de 7246 pesos que ahora está en 9300 pesos, un alza del 28,3 por ciento, 20 puntos por detrás de la inflación general. Al mismo tiempo, el indicador que confecciona la Secretaría de Trabajo arrojó un deterioro del empleo del 2,3 por ciento en 2018.

“El salto de la pobreza en el cuarto trimestre del año pasado obedece a un incremento feroz de la canasta básica. Este aumento fue claramente superior al del promedio de los precios de los consumos de todos los hogares porque los bienes y servicios que mayor peso relativo adquieren entre los consumos de los pobres crecieron muy por encima del resto, como fue el caso de alimentos y bebidas (51 por ciento), servicios de la vivienda (55,0) y transporte público (70,0). En contrapartida, los rubros educación, recreación y cultura, hoteles y restaurantes y ropa –consumos más típicos de sectores medios o integrados– aumentaron en torno o por debajo del 40 por ciento. Esta inflación ‘pro-pobre’ se explica tanto por el efecto de la devaluación como por el efecto de las tarifas”, señala Diego Born ante la consulta de este diario.

“Si se considera la inflación de los ‘pobres’, o sea la canasta básica total, frente al último trimestre de 2015, la caída del poder adquisitivo del salario privado es de 18 por ciento y de la de jubilaciones mínimas y asignaciones del 26 por ciento. Pero además de la pérdida de poder adquisitivo, esto se da en un contexto en el que se empieza a notar con fuerza el deterioro del mercado de trabajo. La desocupación subió y si no lo hizo más fue por la aparición de changas modernas del estilo Uber”, agrega Born.

Para el investigador, en base a los datos parciales que existen al momento, la pobreza en el segundo semestre de 2018 se habrá ubicado en el 31,5 por ciento, lo cual implica un incremento de 5,9 puntos en la comparación interanual. En tanto, Born calculó que en el cuarto trimestre la pobreza se ubicó en el 33/33,5 por ciento, siete puntos más frente al mismo período del año previo. En términos absolutos, serían 2,5 millones de personas que pasaron a ser pobres. El investigador del Conicet Daniel Schteingart coincide en que la pobreza en 2018 tuvo un aumento de siete puntos porcentuales. El Observatorio Social de la UCA midió un aumento de la pobreza algo menor, aunque el punto de llegada es el mismo: 33,6 por ciento.

Sergio Chouza, investigador de la Universidad de Avellaneda, indicó que “al Gobierno no sólo le queda afrontar el indicador de suba de pobreza en el segundo semestre de 2018 sino también en el primer semestre de 2019, en donde la inflación no se va a desacelerar en términos anuales, tanto por la inercia alta como por la inflación reprimida del año pasado. Todavía no se trasladó completamente la devaluación a los precios, lo cual seguirá presionando sobre la pobreza”. Chouza advierte por la multiplicación de la “pobreza energética”, ya que según sus cálculos el peso de los servicios públicos, incluyendo transporte, ya representa el 11 por ciento del salario promedio.

El 33,5 por ciento de pobreza para finales de 2018 está muy por debajo del dato de 2003, cuando hubiera alcanzado el 70 por ciento con la metodología actual, destaca Born. “Probablemente nos encontremos en niveles cercanos a 2008-2009, y varios puntos por encima de 2011-2015, donde osciló, de la mano del ciclo económico, entre 24 y 29 por ciento (en el pico registrado con la devaluación y recesión de 2014) bajo la metodología actual”, agrega.

Página 12

Según el INDEC, las exportaciones crecieron el año pasado un 5,1% interanual a u$s 61.621 millones, mientras que las importaciones cayeron un 2,2% a u$s 65.441 millones.

La balanza comercial argentina registró en 2018 un déficit de u$s 3.820 millones, un 54% menor al exhibido en 2017, en gran parte debido a la fuerte suba del dólar frente al peso, y a la consecuente recesión de la actividad económica.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), las exportaciones crecieron el año pasado un 5,1% interanual a u$s 61.621 millones, mientras que las importaciones cayeron un 2,2% a u$s 65.441 millones.

De este modo, las ventas al exterior aumentaron por tercer año consecutivo, después de subir 1,9% y 1,3% en 2016 y 2017, respectivamente.

“Este desempeño de las exportaciones es aún más destacable si consideramos que nuestro país sufrió la peor sequía de los últimos 50 años: excluyendo oleaginosas y cereales, las exportaciones crecieron 15,3%”, destacaron desde el Ministerio de Hacienda.

Los rubros que más se destacaron fueron los de combustibles y energía que crecieron 69,2% interanual en 2018 (el mayor aumento desde 1990) y manufacturas de origen industrial que se incrementaron 9,3%. Las exportaciones a Brasil contribuyeron fuertemente dado que subieron 21,3% interanual, resaltaron desde la cartera que lidera Nicolás Dujovne.

Por su parte, la caída de las importaciones en 2018 fue explicada por una merma del 17,9% en bienes de capital, 16,2% en autos, 5,8% en piezas y accesorios de bienes de capital y de 5,2% en bienes de consumo, a partir de la fuerte suba del dólar y una menor actividad. Los rubros que crecieron fueron bienes intermedios en 14,6% y combustibles y lubricantes en 14,1%.

Diciembre, con el mayor superávit desde 2014

En lo que respecta a diciembre, la balanza comercial anotó un superávit de u$s 1.369 millones, el cuarto en forma consecutiva y el más alto desde mayo de 2014.

Las exportaciones de diciembre de 2018 sumaron u$s 5.282 millones, lo que significó una alza interanual del 15,4%, y las importaciones totalizaron u$s 3.913 millones, un 27,1% menos que en el mismo mes del año pasado (fue la quinta caída consecutiva).

En diciembre del 2017 la balanza comercial argentina había registrado un déficit de 786 millones de dólares.

 

Ambito.com

El año terminó con un nivel de casi 48%, que no se registraba desde 1991. Se estima un 2,5% para diciembre

La inflación se desaceleró en diciembre y se habría ubicado en torno al 2,5%. Esta relativamente buena noticia para el Gobierno será tapada por la lectura del índice en términos anuales. Cuando el INDEC divulgue hoy los datos oficiales se confirmará lo que ya todo el mundo sabe a esta altura: la inflación de 2018 fue la más alta en los últimos 27 años.

Se estima que el índice anual se acercará al 48%, el peor nivel desde 1991 (ese año superó el 60%) e incluso más alto que el salto inflacionario de 2002, luego de la megadevaluación que llevó al dólar de 1 a 4 pesos. Sin embargo, en aquella oportunidad las tarifas congeladas y la recesión galopante impidieron un traslado pleno a precios.

En diciembre jugó positivamente la disminución del precio de las naftas, el hecho de que no había ajustes tarifarios previstos y sobre todo la estabilidad del tipo de cambio. Para enero se espera que el índice vuelva a ubicarse en torno al 2,5% por factores parecidos, aunque sí hubo algunos aumentos tarifarios como el agua y el transporte. Sin embargo, el dólar en baja es clave para que los precios de los alimentos tengan menos presión.

Fue justamente el aumento de la canasta básica, especialmente alimentos, lo que impulsó tanto la inflación en 2018. Pero detrás de ese fenómeno está la suba del dólar, que duplicó su valor en un año. La devaluación termina siendo un verdadero castigo para los más pobres, que gastan todos sus ingresos en alimentos y vestimenta.

Muy atrás en el tiempo quedaron aquellas estimaciones del Banco Central, que arrancó con metas de inflación del 10% que más adelante fueron corregidas por la Casa Rosada al 15%. Pero no fue ni uno ni otro. Finalmente, el índice terminó más que triplicando aquella estimación.

La economía argentina volvió a quedar muy lejos de lo que sucedió con la inflación en la región, donde en todos los países los índices se ubicaron en menos de 10% y en muchos de ellos incluso abajo del 5% (Paraguay, Bolivia, Colombia, Perú y Chile, por ejemplo, también Brasil).

Pero el efecto más notable del gran salto inflacionario fue la pérdida del poder adquisitivo. Aunque hubo algunos gremios que consiguieron acercarse o incluso ganarle a la inflación, como sucedió con los bancarios, la gran mayoría quedó lejos. Esto implicó una importante caída del salario real, que se sintió sobre todo en el segundo semestre. Esta situación impactó de lleno en la caída del consumo.

El Central y el FMI pusieron en marcha un nuevo programa que apunta a reducir la inflación, pero gradualmente. Para este año el Gobierno estimó en el Presupuesto 2019 un nivel de 23%, pero los analistas creen que se ubicará más cerca del 30%.

El equilibrio fiscal primario, un estricto programa monetario y el corte del financiamiento del Tesoro por parte del Banco Central son piezas fundamentales para empezar a recorrer el camino de desaceleración de precios.

Sin embargo, la experiencia de casi todos los países que lograron bajar la inflación muestra que el proceso puede demorar de 7 a 10 años para llegar al dígito y mantenerse en el tiempo.

Infobae

La pérdida del poder adquisitivo estimada para este año es del 11% en promedio. Así lo proyectó un estudio difundido por la consultora Invenómica.

El golpe será más duro para los asalariados del sector privado de las regiones Noreste y Noroeste donde la contracción proyectada gira en torno al 17%, de acuerdo al estudio privado.

En el primer semestre, los salarios reales cayeron un 5%; pero en las regiones NOA y NEA, la caída fue del 8%. “Las cifras del primer semestre ya vaticinaban una situación muy complicada para los trabajadores en 2018”, resalta el informe que publicó ambito.com.

“La caída se acentuará en el segundo semestre dada la fuerte aceleración de la inflación”, se indica. Entre otros motivos, se destaca, pesa la brusca devaluación del tipo de cambio y los aumentos de salarios nominales que se ubican por debajo de la suba de precios. Las cifras estimadas del primer semestre surgen de las remuneraciones nominales de los trabajadores registrados por provincia para el periodo diciembre 2017 y junio 2018 (último mes disponible) informada por el Ministerio de Trabajo, ajustada por la inflación de cada región de acuerdo al Índice de Precios al Consumidor publicada por el Indec.

Los trabajadores más afectados fueron los de las regiones del Noreste con una contracción del 7,9% y del Noroeste con una del 7,7%.

Por el contrario, la región pampeana, que concentra el 75% de los trabajadores registrados del país, se destaca por verificar el “mejor desempeño” con una baja del 3,6%. En un análisis más detallado, a la hora de analizar provincia por provincia, Tierra del Fuego verifica el peor desempeño con una caída del 18,6%.

 

 

La Gaceta

La devaluación no sólo tiene efectos negativos directos sobre los salarios, sino que también favorece la llegada de turistas extranjeros y así viene ocurriendo en los últimos días con el arribo de cientos de ciudadanos chilenos y uruguayos que vienen al país a hacer compras y quedarse unos días.

Hasta hace pocos meses la situación era inversa: miles de argentinos viajando en micros, aviones, autos particulares para realizar compras en shoppings del país vecino.

Aquel aluvión de argentinos cruzando la Cordillera de los Andes para comprar más barato, tras larguísimas horas de viaje, fue quedando atrás.

El dólar empezó aceleradamente a subir en la Argentina a diferencia de Chile, lo que inició el camino inverso y así cambió la tendencia turística.

Una situación similar se da en Entre Ríos, donde unos diez mil uruguayos cruzaron al país por los puentes de Concordia-Salto, Colón-Paysandú y Gualeguaychú-Fray Bentos, para abastecerse de alimentos y combustibles, favorecidos por la devaluación argentina.

Durante este último fin de semana, más de 20 mil chilenos arribaron a Mendoza para pasear, hacer compras y quedarse unos días favorecidos por el cambio.

Incluso, desde la Provincia confirmaron que hubo colas de hasta 10 kilómetros de autos procedentes de Chile para llegar al país.

Este sábado, ingresaron más de 13.500 vehículos, con demoras que promediaron las tres horas para realizar los controles aduaneros.

El día anterior habían cruzado hacia la Argentina unos 3.000 chilenos, quienes manifestaron sus quejas por los retrasos y los controles desde la Argentina.

Un factor que contribuyó el arribo de miles de trasandinos no sólo fue la devaluación sino que en Chile se festeja este martes el Día de la Independencia y muchos aprovecharon para obtener mejores réditos.

La diferencia que harán los visitantes es en la compra de vinos, espectáculos, marcas nacionales, restaurantes, pero no así en la compra de equipos electrónicos ni ropa, porque tienen precios similares.

A principios de año, un peso argentino cotizaba a 33 pesos chilenos, ahora, producto de la devaluación, cayó a 18 pesos.

 

 

Ambito

Por efecto directo de la megadevaluación, los precios de varios productos de la canasta básica familiar subirán en promedio un 17% a partir de hoy con picos del 39%, con un impacto más fuerte en los comercios de cercanía que en los hipermercados.

Fuentes de las grandes superficies comerciales, de supermercados provinciales y autoservicios informaron a BAE Negocios que empresas de primer nivel como Molinos remarcará sus productos un 23 por ciento; La Serenísima, 11%; Unilever, 12%; Bimbo, 15%; Arcor, 12%; café La Virginia, 17%; Fratelli Branca, 6%; y agua saborizada Sierra de los Padres, 23%, entre las firmas más conocidas del mercado.

En un segundo lote de marcas, la yerba Playadito subirá un 9%; la leche Purísima, 23%; lácteos Tregar, 11%; Castell aceitunas, 27%; y la firma rosarina Monthelado (que fabrica La Montevideana), nada menos que un 39 por ciento. En todos los canales comerciales, en tanto, también subió el precio del papel higiénico (18%) y huevos. En un escenario donde se espera una inflación cercana al 4% para el mes de agosto, desde una de las cadenas dijeron a este medio que “sigue la ola de aumentos. Estamos claramente en el escenario de estanflación y no vemos una salida cercana”. Otras fuentes del retail señalaron que las empresas apuestan todavía por mayor rentabilidad, a pesar de la baja en el consumo, un fenómeno que se observa muy especialmente en el mercado argentino.

Luego del último trimestre del 2017 que tuvo un alza frente al año anterior por el cobro de incrementos en las paritarias, vino un período de ocho meses de caídas en el consumo. “En los supermercados, la situación es terminal porque los proveedores nos matan con los aumentos. Incluso en más de una cadena se habla de cierre de locales y despidos”, expresaron.

Sobre el comportamiento del consumidor, se repite la variante de los meses previos ya que “la gente compra en cantidades reducidas, aunque venga varias veces en el mes. Además, sigue comprando marcas más baratas”, señalaron. Como se descartaba en el mercado, la disparada de la divisa estadounidense tiene y tendrá el inmediato reflejo en las góndolas, en parte por los componentes importados y también por las conductas especulativas que siempre aparecen en el empresariado, lo cual deriva en la licuación del poder adquisitivo.

Top 10 del año

Asimismo, de acuerdo con datos de la consultora Focus Market, el top 10 de productos que más aumentaron en el período enero-agosto está encabezado por la harina.

La lista es liderada por dicho producto con una suba del 131% en los primeros ocho meses del año; le siguen las galletas saladas, con 45% al igual que el aceite; pastas secas, 44%; té, 39%; detergente, 38%; mayonesa, 37%; yerba mate, 36%; jugos líquidos, 35%; y gaseosas hasta 27 por ciento. Los aumentos se verificaron a través del Scanntech (lector de punto de venta) sobre 305 productos de diferentes marcas y presentaciones.

 

 

Portal de Noticias

Por paliza. En la actual pulseada de monedas de la región frente al dólar, la devaluación local no tiene ningún punto de comparación con la que se dio en otras naciones.

El rally explosivo en el que se embarcó el dólar en la Argentina profundizó el desconcierto de un Gobierno que se vio empujado a anunciar un paquete de medidas para intentar llevar algo de calma a un mercado que destila desconfianza hacia el plan económico, justo cuando se está en plena negociación con el FMI para redefinir los términos del acuerdo.

Y, en principio, el billete verde encontró algo de calma. Sin embargo, el propio presidente Macri reconoció que “no es que porque hayamos tenido tres días consecutivos de tranquilidad en los mercados las problemas estructurales de la Argentina se hayan solucionado”.

Claro que la forma en que el Gobierno aborda el discurso muestra cierta ambivalencia. El jefe de Estado ahora se encargó de aclarar que el tipo de cambio “es altamente competitivo”.

Sin embargo, cuando la devaluación lucía descontrolada, salió pidiendo disculpas por su impacto en la inflación, con su consecuente efecto negativo sobre los niveles de pobreza. “Me duele muchísimo”, llegó a afirmar el jefe de Estado.

La contracara está dada por los funcionarios vinculados con las carteras de Producción y Agroindustria, que ven en el nuevo tipo de cambio -aún sin conocerse su nivel de equilibrio- un efecto motorizador sobre varias ramas de actividad estratégicas, desde sectores con alto valor agregado hasta economías regionales.

Hace apenas semanas, el ministro Dane Sica aseguraba que “las exportaciones son el camino para crecer y crear empleo”.

“Debemos ser generadores de dólares y no caer en las crisis del sector externo”, agregaba, para luego destacar que “un dólar entre $28 y $29 deja muy cómodas a diversas actividades”. El billete verde hoy está más del 30% por encima de esa marca que le sentaba bien al ministro.

En paralelo, la cartera que conduce Luis Miguel Etchevehere festejó abiertamente que la Argentina esté reabriendo mercados para las economías regionales, gracias a la súbita competitividad cambiaria ganada en las últimas semanas.

Incluso, el propio presidente del Banco Central, Luis Caputo, si bien reconoció que todavía “el déficit de cuenta corriente es alto”, celebró como contrapartida el hecho de que “los flujos comerciales ya se corrigieron muy fuerte”, como consecuencia de la fuerte devaluación.

Todo esto responde a que el tipo de cambio real frente a la canasta conformada por las monedas de las principales naciones con las que comercializa el país pasó a ubicarse en los mejores niveles en más de ocho años. Básicamente porque la Argentina viene ganando “por paliza” la carrera devaluatoria en toda la región.

Esto, incluso, en un contexto en el que en las últimas jornadas se reavivó la “guerra de monedas”, propiciada por el fortalecimiento del dólar frente a los signos monetarios de emergentes.

Para contextualizar el nivel de depreciación que sufrió el peso argentino, basta saber que en lo que va del año el tipo de cambió acumuló un salto cercano al 100%.

Si bien los industriales y el propio mercado tienen un ojo puesto en el “temido” derrumbe del real brasileño –de hecho, en varias ruedas, operadores remarcaron que el en la City el salto del dólar respondía a la presión que metía la plaza vecina-, lo cierto es que las “velocidades” no tienen punto de comparación.

En efecto: en lo que va del año, el tipo de cambio en Brasil sufrió un salto del 22%. Un movimiento que sin dudas hubiese metido miedo a funcionarios y empresarios en otro contexto pero que queda desdibujado frente al fuerte salto que se dio en la plaza doméstica.

En el ranking de la “guerra de monedas” siguió Uruguay, con un salto de “apenas” 14%, seguido muy de cerca por Chile, donde el avance en términos nominales fue del 12%.

En paralelo, las monedas que menos se debilitaron frente al dólar desde el arranque del año estuvieron el peso colombiano, el sol peruano y el peso mexicano.

Devaluación versus inflación 

Si bien la presión que el dólar le imprimió a los precios terminó erosionando parte de la depreciación nominal, el colchón cambiario que se generó hoy es considerablemente mayor que el que había al inicio del año.

Con un índice inflacionario que en agosto orilló el 4% y que estará acumulando un preocupante salto de más del 23% en lo que va del año, el salto del tipo de cambio descontada la inflación fue del 90%. Este nivel casi que cuadruplica el registro de Brasil.

Para Fernando Baer, de la consultora Bconomics, las diferentes velocidades que adquirieron las depreciaciones en la región obedecen a las disímiles situaciones políticas y económicas que atraviesan cada uno de los países.

“Colombia, Perú y México, por ejemplo, vienen de sacudones mucho más marcados al inicio de la gestión de Donald Trump, pero ahora atraviesan el actual período de shocks externos, con Turquía a la cabeza y dólar fuerte en el mundo, sin mayores contratiempos”, señala el experto.

Distinto es el caso de Brasil, apunta Baer, país que “está iniciando el camino de una mayor incertidumbre política. Por eso se prevé que el debilitamiento del real continuará. Esto implica que habrá una presión extra a nivel local sobre el tipo de cambio, si bien los factores que empujan la devaluación en nuestro país son otros”.

Según Baer, en esta guerra de monedas, Argentina es el país que más vulnerable se presenta, por tener un déficit de cuenta corriente y un déficit fiscal más alto que el resto y mucha necesidad de financiamiento”.

El economista Miguel Bein consideró que un tipo de cambio real alto tendrá un efecto concreto sobre las exportaciones, si bien advirtió que “en la medida que esto impulse a la inflación, jugará directamente en contra del consumo”.

Más allá del debate acerca de cuán sostenible será en el tiempo debido al traspaso de la devaluación a precios, es un hecho que la competitividad cambiaria acaba de recibir una fuerte dosis de “anabólicos”.

Y esto se refleja con los principales países con los que comercia la Argentina:

-Frente a la canasta de las monedas más representativas, el tipo de cambio real al día de hoy es el mejor desde febrero de 2010, es decir, en más de ocho años.

-Si se considera Brasil, y pese a la devaluación del real, entonces hoy la relación cambiaria es la más ventajosa para comerciar bienes y servicios desde abril de 2012.

-Contra Estados Unidos, el tipo de cambio bilateral -descontada la inflación- volvió a los niveles de hace más de una década, más precisamente, a los registros de julio de 2007.

Efecto derrame sobre exportadores

De la mano de la fuerte escalada del dólar, consultoras como Ecolatina prevén una inminente mejora del saldo de la balanza comercial, que no viene arrojando buenos resultados.

Puesto en cifras, prevén que el rojo -que en 2017 totalizó unos u$s8.500 millones-, baje hasta los u$s5.500 millones. Claro que, en buena medida, por la caída de la actividad y el menor impacto de las importaciones.

En cuanto a la balanza de servicios, explicada mayoritariamente por el sector turismo, altamente deficitario, se prevé que se pase de un resultado negativo de u$s10.800 millones a un nivel de u$s8.100 millones, una contracción del 25%.

Así, entre la balanza de bienes y la de servicios, este año la devaluación evitaría la salida de u$s5.700 millones de la economía. Si bien cada dólar suma para el Gobierno, no es una ganancia que luzca tan contundente considerando que, solo en julio y con una divisa muy fuerte, la compra de divisas en términos netos alcanzó los casi u$s2.400 millones.

Pese a esto, el lado b del “súper dólar” es el fuerte impulso de algunos sectores industriales y de las economías regionales, si bien en algunos sectores todavía están evaluando el impacto de los cambios en las retenciones.

Los altos precios de los granos van en sintonía con un próximo boom del campo: una tonelada de soja vale hoy casi 50% más que en igual fecha de 2017, descontada la inflación.

El economista Miguel Bein pronostica que el agro dejará al menos u$s10.000 millones adicionales, un factor que ayudará a darle más estabilidad al tipo de cambio, ya pensando en 2019.

Dentro de los agronegocios, se prevé un salto de las exportaciones de carne: desde el consorcio ABC proyectan ventas al mundo por u$s1.800 millones, el mayor nivel en casi una década.

El sector citrícola también está preparando el despegue: a la apertura del mercado estadounidense para los limones, se sumó el hecho de que la Argentina volvió a exportar mandarinas a China después de siete años sin negocios, justamente por la mejora cambiaria.

Entre las “fábricas sin chimeneas”, corporizadas por la industria del software, previo a las novedades de las retenciones, proyectaban que las ventas al mundo superarían cómodamente los u$s2.100 millones en este 2018, lo que marcaría una nueva marca histórica,

En el caso del sector automotor, por ejemplo, en julio los despachos al mundo despegaron un 75% interanual, con una mayor demanda por parte de Brasil pero también desde Chile, Perú y Colombia. La contracara, sin embargo, es el derrumbe del mercado interno, preso de la incertidumbre, el encarecimiento de la financiación y la suba de precios.

El desplome del salario mínimo en dólares, que arrancó el año equivaliendo a casi u$s500 y ahora ronda los u$s260 -el peor nivel en más de una década-, es una muestra de esa ambivalencia: remuneraciones bajas en dólares hacen más competitiva a la exportación pero también son sinónimo de menor consumo doméstico.

Por eso, entre los industriales, la dependencia por el mercado interno y por los componentes importados genera posturas encontradas.

Desde la UIA, por caso, se cuidan de no festejar el salto del dólar, advirtiendo por su impacto negativo en la demanda local.

Una mirada similar tienen sectores cuya facturación está apoyada en las ventas domésticas, como la electrónica fueguina o los fabricantes de línea blanca.

 

 

iProfesional

La suba de las naftas (un 41% en lo que va del año) y el desembarco de las aerolíneas de bajo costo generaron un nuevo escenario: viajar a distintos destinos del país por vía aérea es más económico que hacerlo en auto. Gracias a las ofertas de las empresas aéreas y debido a la devaluación de las últimas semanas, se puede volar a Mar del Plata por poco más de u$s10 (o $433) e ir y volver de Mendoza por u$s35 ($1.408).

Esta semana, las aerolíneas renovaron sus promociones para viajar por el país con descuentos de hasta el 50% (en algunos casos, éstas finalizaban ayer, pero en otras continúan vigentes). Así, aquellos viajeros que con paciencia y disponibilidad de fechas buscaron pasajes, pudieron conseguir tickets a distintos destinos por precios que incluso llegan a ser hasta cuatro veces más económicos que ir en auto.

Según un relevamiento que realizó este diario, fue posible encontrar un aéreo a Bariloche para febrero a $1.900 ida y vuelta. La promoción no incluye el equipaje. Hacer el trayecto de 1.568 kilómetros en auto, ida y vuelta, demanda un gasto de $8.336 sólo en nafta (sin contar los peajes): se calculó utilizando 8 litros de nafta súper en los 100 km, a una velocidad promedio de 120 km/h en un auto mediano. Para Iguazú, la diferencia es similar: se encontraron vuelos de $1.405 para cubrir el trayecto de ida y vuelta, mientras que para recorrer ese camino en un vehículo propio se necesitan $7.103.

Para poder aprovechar las ofertas, la paciencia y la disponibilidad de fechas suele ser factor fundamental. Desde la web Turismocity, un buscador de precios económicos, reconocieron que en agosto se registró, por primera vez, un destino local como el más buscado: Iguazú desplazó a Barcelona y Bariloche completó el “podio”. “El hecho de que hayan sacado la banda mínima disparó las búsquedas de cabotaje en nuestro sitio y por primera vez en la historia, ocho destinos quedaron en el top 30”, aseguraron desde ese sitio. Las ciudades argentinas que integraron ese lote fueron Salta, Mendoza, Córdoba, Jujuy, El Calafate y Ushuaia. Las consultas interanuales para los destinos locales también aumentaron exponencialmente: Iguazú, por ejemplo, creció un 702%, Salta un 1.022% y Mendoza un 1.201%.

Las promociones de las aerolíneas, que en la mayoría de los casos mantuvieron los mismos precios que durante las ofertas de principios de agosto, convivieron con las nuevas subas en los combustibles. Es que la semana comenzó con un nuevo aumento del 9,8% en YPF, que se sumó al 2,5% que se había aplicado el sábado. Así, la nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires pasó de valer $30,34 a $33,23. El incremento, de todos modos, no fue una novedad para los automovilistas: desde enero a la fecha, la nafta súper aumentó un 41% ($9,66) en YPF.

También comenzó a regir en septiembre la posibilidad de comprar pasajes de micros a bajo costo. Después de que el Ministerio de Transporte eliminara el “piso” en las tarifas, las empresas pueden hacer descuentos de hasta 95% para ganar clientes. Aunque pocas lleguen a tanto, aquellos pasajeros que busquen sus tickets con más de diez días de antelación podrán encontrar buenos precios para viajar por esa vía.

 

 

Ambito