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Científicos argentinos

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Por la pandemia global de COVID-19, miles de personas, empresas y hospitales debieron modificar buena parte de sus rutinas de higiene para prevenir y evitar el contagio del virus. En este contexto, científicos argentinos crearon unos barbijos con triple capa protectora con activos antivirales, bactericidas y antihongos. Fue desarrollado por científicos del Conicet, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), con el apoyo de la PyME textil Kovi S.R.L.

Los barbijos Atom-protect están fabricados con nanotecnología: cuentan con telas tratadas con activos antivirales, bactericidas y fungicidas. Su acción fue testeada con éxito en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y en el Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Un barbijo equivale a 15 barbijos descartables.

Las propiedades antivirales y fungicidas del producto fueron testeadas en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial y obtuvieron resultados sorprendentes en muy poco tiempo: “Nuestro grupo de trabajo asesoró y acompañó a las empresas destinatarias en la implementación de las buenas prácticas de fabricación, la confección del registro maestro del producto y la gestión del riesgo”, dijo Griselda Polla, investigadora del desarrollo.

El «superbarbijo» ya cuenta con la licencia necesaria para ser comercializado. La pyme Kovi está a cargo de la producción y comercialización de los barbijos: según la empresa, podrán producir 4 millones de barbijos por mes. Pueden comprarse en la fábrica al por mayor o en la tienda online. Cada barbijo cuesta $324 pesos y 40 unidades $10 mil. También ofrecen una caja “máster” de 320 unidades.

Un equipo de investigación integrado por científicos del Conicet, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), con el apoyo de la PyME textil Kovi S.R.L., desarrolló superbarbijos compuestos por telas tratadas con activos antivirales, bactericidas y fungicidas.

Sus propiedades antimicrobianas fueron testeadas con éxito por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y su acción antiviral por el Instituto de Virología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

Según publicó Infobae, en los últimos días se firmó la licencia que permitirá comercializar los superbarbijos de uso común Atom-Protect. La mascarilla tiene triple capa de protección —antibacterial, antiviral y antihongos— y cuenta con una durabilidad equivalente a 15 barbijos descartables. La PyME tiene la capacidad para hacer 4 millones de barbijos por mes.

Propiedades del superbarbijo Atom-Protect

Las telas son de algodón y poliéster adicionadas con un polímero ambientalmente amigable que facilita la retención de agentes activos basados en plata y cobre (de reconocida eficiencia antimicrobiana). La combinación es muy atractiva porque reúne tecnología avanzada y materiales tradicionales y accesibles en el mercado local.

Sobre la caracterización del material producido, Roberto Candal explicó: “Hicimos un análisis morfológico de las telas fabricadas con componentes industriales por microscopía electrónica de barrido, lo que nos permitió comprobar la regularidad en la aplicación de los activos. Para determinar la actividad antimicrobiana de la tela activa realizamos ensayos basados en normas internacionales”.

Un proyecto tecnológico con una función social

El acuerdo realizado entre el Conicet, la UBA, la UNSAM y Kovi S.R.L., que le otorga a la PYME de La Matanza la licencia exclusiva para fabricar estas telas, establece que durante los primeros seis meses de producción, la empresa va a donar el 10 por ciento de las telas que produzca a pequeños talleres del conurbano bonaerense, que confeccionarán barbijos para otorgar de forma gratuita a personas que no se encuentren en condiciones de comprarlos. “Que son justamente quienes más los necesitan”, señaló Silvia Goyanes.

Científicos argentinos crearon un horno para descontaminar y reutilizar los barbijos.Profesionales del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales del Conicet (Ipatec) y la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) con sede en la ciudad de Bariloche crearon un horno que permite descontaminar más de 100 tapabocas en una hora.

Un grupo de profesionales del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales del Conicet (Ipatec) y la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) con sede en la ciudad de Bariloche crearon un horno para la reutilización de barbijos, que permite descontaminar más de cien tapabocas por hora, en un trabajo conjunto con el área de Ingeniería de Groupe PSA Argentina, según informaron a Télam fuentes oficiales.

«La iniciativa surgió a raíz de un informe que realizó el Ipatec en relación a la importancia de usar barbijo en la vía pública como medida complementaria para mitigar el contagio del coronavirus», señaló el reconocido doctor en Biología y director del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geo ambientales (Ipatec), Diego Libkind, a Télam.

Ese primer informe, que contenía también algunos consejos y recomendaciones sobre formas de confección, uso y reutilización de barbijo, y la decisión de la provincia de Río Negro de implementar luego el uso obligatorio de tapabocas fueron el disparador al que se sumaron luego otros actores.

«A raíz de ese informe, la empresa Peugeot Argentina, en función de la gran cantidad de empleados que tiene –que ronda el millar–, comenzó a evaluar la manera de producir los barbijos para equipar a sus trabajadores en el contexto laboral», relató el científico patagónico.

La compañía comenzó analizando la alternativa de producir cantidades industriales de barbijos porque en su idea se trataba de un producto descartable y presentaron la consulta a los investigadores para diseñarlos de manera adecuada.

«En función de eso, se empezó a charlar sobre cuestiones alternativas considerando que una producción de esa cantidad de barbijos y después de descarte sería de impacto ambiental muy fuerte, además del costo que implica la fabricación y así es que apareció la idea de desarrollar alguna estrategia de reutilización», agregó Libkind a esta agencia.

Según el científico, hay varias formas de descontaminar los barbijos y una de ellas implica obviamente la aplicación de calor: por esa vía se planteó un trabajo conjunto entre ingenieros, técnicos y diseñadores de la empresa junto con ingenieros y microbiólogos del Ipatec para diseñar un horno que cumpliera ese rol sanitizante.

Este horno, a través del calor seco cercano a ochenta grados y un sistema conectivo, que le permite que la temperatura sea homogénea en todos los puntos del compartimento, puede descontaminar más de cien barbijos por hora, resolviendo la higiene y el cuidado del ambiente al mismo tiempo para los empleados de la empresa.

«Gracias a esta interacción, lo que se planteó fue tratar de hacer un diseño de bastante fácil acceso, sin complejidades tecnológicas pero eficaz, y dejando los datos más importantes del equipo abiertos para que cualquier interesado, empresa o individuo, lo pueda utilizar para hacer su propio horno de reutilización», dijo el biólogo.

Por otro lado se planteó que la empresa fabricará un número mayor de los hornos de los que necesita, para donar los restantes a instituciones públicas: «Ese fue el acuerdo del intercambio», aseveró Libkind.

«La fabricación del horno quedará en manos de la empresa y no del Ipatec, pero poniendo a disposición tanto los planos como los detalles del diseño de manera que cualquiera pueda replicarlo sin más costo que el de los materiales y la fabricación en sí», agregó el investigador.

Mientras un instituto del Conicet y de la CONEA en Bariloche van a certificar que los ciclos de calor que se le va a imponer con estos hornos efectivamente no perjudiquen la mecánica de los barbijos de mayor demanda en salud, que son los N95, y definir un número máximo de reutilizaciones posibles para este tipo de barbijo.

«Con esta información y estos protocolos que surgirán de este estudio se podrá donar, seguramente, no solo el equipo, sino la forma de uso y la certificación de efectividad a las instituciones de salud que requieren mayor rigurosidad», agregó a Télam el científico.

Con respecto a las expectativas, Libkind aseguró que «tienen que ver con que este tipo de desarrollo llegue a la sociedad, se implementen, que las donaciones sean efectivas, que brinden soluciones a los hospitales que hoy lo necesitan y mucho, y que este esfuerzo y este tiempo dedicados se puedan traducir en beneficios para esta situación delicada que estamos viviendo y para la gente en general», expresó.

Para finalizar en estos tiempos en los que se habla mucho de la reconversión industrial privada, el científico destacó el rol de los institutos de ciencia y tecnología, «como el propio Ipatec, que también atravesó este proceso y se adaptó en función de sus capacidades a lo que creía que podía aportar. Fue así como, en función de demandas externas, se fue adecuando y adaptando a las necesidades, en este caso de una empresa privada, que también impactan a la sociedad, para generar desarrollos conjuntamente», concluyó Libkind.

Científicos argentinos diseñan un equipo electrónico que medirá parámetros respiratorios en pacientes severos afectados por coronavirus que deben recibir ventilación mecánica, con el objetivo de monitoreo, telediagnóstico y también para recabar datos clínicos, informaron autoridades de la Universidad Nacional de San Martín.

“El desarrollo tiene como fin un módulo electrónico de medición de presión y flujo en vía aérea de paciente, con indicación local y transmisión de datos vía WiFi, para monitoreo de la ventilación mecánica, asistencia al médico en la toma de decisiones, telediagnóstico, construcción de base de datos para análisis fuera de línea y potencial creación de repositorio de tratamientos médicos de acceso público”, explicó a Télam el decano de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), Federico Golmar

Para los desarrolladores, este medidor de Parámetros Respiratorios para el Monitoreo de Ventilación “es un equipo de bajo costo, portátil, operado con batería, de fácil uso y operación natural, que es utilizado para monitorear los parámetros ventilatorios básicos (presión, flujo y concentración de oxígeno en vía aérea) y calcular parámetros derivados (Presión Inspiratoria Pico, Volumen Corriente, y otros) en forma rápida y confiable”.

“Esta capacidad facilita el registro de procesos ventilatorios y la construcción de una base de datos respiratorios con información de diferentes pacientes a la vez. Estas funcionalidades permiten complementar las prestaciones de respiradores primitivos o cicladores de resucitadores, para transformarlos en dispositivos útiles para el tratamiento de patologías respiratorias, particularmente aquellas asociadas a COVID-19”, continuó.

Golmar aseguró que “no existe en el mercado un producto que haga exactamente lo que nosotros estamos diseñando; el nuestro es un producto tecnológicamente original porque está destinado al monitoreo continuo de los parámetros respiratorios y cuenta con alarmas”, entre otras prestaciones.

A la hora del diseño, pensaron en un equipo que necesite la menor cantidad de piezas importadas posibles y basado en componentes de libre disponibilidad, “lo que le permitirá alcanzar un costo de producción bajo”.

El equipo de investigación está conformado por especialistas de la UNSAM y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

El proyecto, planificado para 6 mes de trabajo, fue otro de los seleccionados por la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en el marco de la Unidad Coronavirus Covid-19, un dispositivo de coordinación impulsado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para hacer frente a la pandemia.

Científicos argentinos elaboraron un suero a partir de anticuerpos de caballos que logró impedir el ingreso del coronavirus a las células en pruebas de laboratorio y, tras la aprobación de Anmat, se estima que durante julio comenzarán un ensayo clínico para probarlo en pacientes con enfermedad moderada a severa, anunciaron este miércoles los investigadores.

Se trata de un trabajo de articulación pública-privada encabezado por el laboratorio Inmunova y el Instituto Biológico Argentino (BIOL), la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud «Dr. Carlos G. Malbrán» (Anlis), con la colaboración de la Fundación Instituto Leloir (FIL), Mabxience, Conicet y la Universidad Nacional de San Martín (Unsam).

«Hemos iniciado conversaciones con la Anmat y estamos presentando los resultados de los ensayos de laboratorio al organismo, apuntando a iniciar el ensayo clínico durante julio», indicó a Télam Fernando Goldbaum, director científico de Inmunova, jefe del Laboratorio de Inmunología y Microbiología Molecular en la Fundación Instituto Leloir.

El suero desarrollado se basa en anticuerpos policlonales equinos, que se obtienen mediante la inyección de una proteína recombinante del SARS-CoV-2 en estos animales, inocua para ellos, que así tienen la capacidad de generar gran cantidad de anticuerpos capaces de neutralizar el virus.

«Los anticuerpos que se extraen del suero de los caballos reciben luego un tratamiento biotecnológico en el que se le quita lo que se llama ‘dominio constante’ que es una parte del anticuerpo que puede provocar reacciones alérgicas y que se sospecha que es lo que provoca también reacciones inflamatorias», explicó Goldbaum, que es también investigador de Conicet.

La utilización de sueros como tratamiento se denomina inmunización pasiva y consiste en administrar anticuerpos a los pacientes contra el agente infeccioso, produciendo su bloqueo y evitando que se propague.

En este sentido, en la actualidad se está evaluando otro método de inmunización pasiva que es la aplicación de plasma de convalecientes, que contiene los anticuerpos que generaron pacientes que se recuperaron de la enfermedad.

El suero con plasma de equinos inmunizados tiene como ventaja que puede ser producido en gran escala, además de que en el laboratorio demostró gran poder neutralizante.

El investigador señaló que el grupo de trabajo «estaría en condiciones de escalar la producción para abastecer a todo el país mientras que la situación pandémica sea controlada, es decir, tenemos capacidad de producir varios miles de dosis en los próximos meses».

Para desarrollar el suero terapéutico anti-SARS-CoV-2, Inmunova y el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI-ANLIS) realizaron pruebas en sus laboratorios -el INEI- ANLIS aisló el virus y midió la capacidad del suero de neutralizarlo.

A su vez la Fundación Instituto Leloir, Mabxience e investigadores de la Universidad Nacional de San Martín desarrollaron cantidad suficiente de proteína recombinante para las primeras pruebas.

Tras los resultados de los ensayos pre-clínicos, una vez que esté la aprobación de Anmat, Inmunova avanzará en la etapa de ensayos clínicos en pacientes.

«El ensayo va a comprender a pacientes mayores de 18 años con un desarrollo moderado a grave de la enfermedad y con inicio de síntomas no mayor a 10 días», describió.

Y continuó: «El objetivo es realizar una aplicación temprana en el inicio de la enfermedad para evitar que el virus se replique, es decir, que infecte más células sobre todo a nivel pulmonar».

El ensayo va a evaluar cómo evolucionan los pacientes que reciben este suero en relación a otros de una rama control a los que se le va a administrar el estándar de tratamiento.

Los anticuerpos policlonales equinos se vienen utilizando para la elaboración de medicamentos, atender emergencias médicas como el envenenamiento por mordedura de serpientes, intoxicaciones por toxina tetánica o picadura de alacrán, exposición al virus de la rabia y para tratar enfermedades infecciosas como la influenza aviar.

«Nosotros habíamos producido un suero hiper-inmune contra el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) de la misma forma que elaboramos éste», describió Goldbaum.

Y en ese contexto, en referencia los efectos secundarios, recordó que «en 2018 cuando hicimos un ensayo clínico en el Hospital Italiano del producto que habíamos elaborado para SUH demostramos que era muy seguro».

El proyecto fue uno de los seleccionados por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en la convocatoria «Ideas Proyecto Covid-19» –de la Unidad Coronavirus, creada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación e integrada por el Conicet.

El presidente Alberto Fernández encabezó este viernes en la residencia de Olivos la presentación de un test de diagnóstico rápido y económico desarrollado por científicos argentinos para detectar el SARS-CoV-2. El “NEOKIT-COVID-19” permite obtener resultados en menos de 2 horas con similar sensibilidad que las técnicas actuales de PCR y ya fue aprobado por la ANMAT.

Está previsto que sea utilizado por el sector público en el marco de la estrategia del Ministerio de Salud para el diagnóstico del COVID-19. Los primeros 10.000 test serán producidos durante los próximos 10 días. Y en el corto plazo se podrían elaborar 100.000 test por semana.

“Estoy muy contento. Esto nos permite enfrentar el control de la pandemia de otro modo”, aseguró el Presidente durante la presentación, en la que estuvo acompañado por los ministros de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Roberto Salvarezza, y de Salud, Ginés González García.

“Tenemos la mejor calidad humana científica para ofrecer estas respuestas”, destacó el mandatario, remarcó: “Esto lo han hecho investigadores argentinos y lo produce un laboratorio argentino, esto es tan importante para el desarrollo de un país porque demuestra que no dependemos de otros, que podemos hacerlo nosotros, esto es soberanía, y eso es lo que todos deben entender”.

«Estoy muy contento por muchos motivos: primero esto nos permite enfrentar el control de la pandemia de otro modo. No es el mejor modo ver cuántos de nosotros estamos inmunizados, que es lo que hacemos hoy con el test rápido, sino que nos permite conocer rápidamente quién está infectado y quién no, y tratarlo a partir de allí. También nos permite conocer quién está infectado y no tiene síntomas, que es uno de los problemas de los que siempre hablamos», acotó.

El kit de diagnóstico rápido fue desarrollado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el Conicet, la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación y por científicos y científicas del Instituto de Ciencia y Tecnología Dr. César Milstein (Conicet – Fundación Pablo Cassará).

Se realizó con fondos del Gobierno nacional y estuvo a cargo de un equipo de investigación del ICT Milstein – CONICET, liderado por Adrián Vojnov e integrado por Carolina Carrillo, Luciana Larocca y Fabiana Stolowicz, y Santiago Werbajh, de la Fundación Cassará.

Por su parte, el ANLIS-Malbrán contribuyó con la provisión de las muestras de ARN purificado de pacientes positivos y negativos para el test de validación.

El NEOKIT-COVID-19 permite testear muestras de ARN y no requiere equipamiento complejo (como los termocicladores en tiempo real).

El método que se usa en la actualidad para hacer el diagnóstico y el monitoreo es la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) en tiempo real, que conlleva una duración de 7 horas, y el resultado es informado al día siguiente.

El nuevo test, que constituye un logro del Estado nacional en el marco de la pandemia de coronavirus, también tiene la ventaja de que puede mantenerse a temperaturas de entre 4 y 8 grados, sin la necesidad de un freezer.

También participaron del encuentro la titular del Conicet, Analía Franchi, y los científicos Adrián Vojnov y Carolina Carrillo.

El último logro trascendente ocurrió hace pocos días, cuando un grupo de investigadores del ANLIS-Malbrán logró develar la secuencia del genoma del SARS-COV-2, fundamental para el diagnóstico y una posible vacuna contra el coronavirus.

En el Instituto Leloir, en tanto, los investigadores trabajan en la producción de un test rápido de coronavirus, un examen sencillo y económico que, a partir de una muestra de sangre, permitirá determinar si una persona estuvo o está infectada de Covid-19.

«En tiempo récord logramos producir y purificar proteínas del nuevo coronavirus, que serán empleadas para producir test serológicos en Argentina», afirmó al respecto Andrea Gamarnik, jefa del Laboratorio de Virología Molecular de la Fundación Instituto Leloir (FIL).

Los test serológicos detectan los anticuerpos que produce el organismo para neutralizar un virus y eliminarlo y, cuando la persona se cura, esos anticuerpos siguen en la sangre.

«Estos exámenes permitirán saber, en toda la población, quiénes estuvieron en contacto con el virus, incluso aquellas personas que han transitado una infección asintomática», explicó Gamarnik, quien también es investigadora del Conicet.

Por otra parte, hace tres días, investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Cesar Milstein (ICT Milstein) y de la fundación Pablo Cassará informaron que trabajan en un «kit rápido» que detectará el genoma viral del Covid-19 a partir de hisopados bucales en solo una hora.

«Para lograr este kit, conformamos un equipo de investigadores con la capacidad de dar respuestas puntuales a problemas concretos como la pandemia que estamos viviendo», afirmó Adrián Vojnov, investigador del Conicet y jefe del Laboratorio de Fitopatología Molecular del ICT Milstein.

El kit, que todavía debe atravesar pasos adicionales para ser validado, tiene como objetivo efectuar diagnósticos «rápidos y asequibles», aseguraron los científicos.

Pero, sin duda, el descubrimiento que más expectativas generó en la comunidad científica y en la población en general en los últimos días fue la «secuenciación del genoma del coronavirus», lograda por integrantes del Instituto ANLIS-Malbrán.

«Este hallazgo es muy importante, se logró identificar el genoma completo del virus y las tres cepas diferentes de tres pacientes distintos en la Argentina», dijo a Télam Claudia Perandones, directora científico-técnica del Malbrán.

Y, orgullosa, agregó: «Fuimos los primeros del país en hallarlo. En seis días logramos la puesta a punto de la secuenciación del genoma y en 20 minutos fue aprobado por la plataforma mundial en la que todos los países publican sus hallazgos y que contribuye a que se acelere el descubrimiento de la fórmula vacunal».

Conocer las cepas que circulan en el país es una «información crítica», dijo Perandones, porque es necesario para hacer la fórmula de las vacunas e identificar algunas características de los genomas que hacen que, en algunos individuos, «la contiagiosidad sea mucho mayor que en otros», explicó.

El Conicet expresó hoy que «de todas las profesiones que existen, la de la investigadora y el investigador científico es una de las pocas que requiere iguales dosis de pasión y de exigencia. Porque en el universo de la ciencia los conceptos se ponen en revisión de manera constante».

Ana Franchi, presidenta de ese organismo, agregó: «A las y los investigadores científicos nos desvela poder contribuir desde la excelencia a ser un país mejor. Por eso y sobre todo en un contexto tan difícil como el que estamos atravesando, ponemos a disposición nuestros conocimientos y recursos con nuestra mejor voluntad y responsabilidad, en el convencimiento de que será una colaboración decisiva para superar este desafío que involucra a toda la sociedad».

El descubrimiento estuvo a cargo de los investigadores del Instituto ANLIS-Malbrán, en la ciudad de Buenos Aires, y se realizó con muestras de pacientes argentinos infectados.

Las autoridades señalaron que será útil «para asegurar la calidad del diagnóstico, complementar la vigilancia epidemiológica y contribuir al desarrollo de una vacuna representativade las cepas circulantes en el país y en la región».

Asimismo, permitirá al laboratorio realizar reactivos «en momentos en que son escasos a nivel mundial debido a la pandemia de coronavirus», informó el Malbrán.

El resultado obtenido fue enviado al Global Initiative on Sharing All Influenza Data (Gisaid, por sus siglas en inglés), una iniciativa público privada con sede en Alemania que avaló el estudio del laboratorio argentino de manera inmediata.

De acuerdo a los científicos argentinos, esta institución «promueve el intercambio internacional de todas las secuencias del virus de la influenza, datos clínicos y epidemiológicos relacionados con virus humanos».

Según afirmó el ministro de Salud argentino, Ginés González García, la investigación «pudo determinar la procedencia de estos microorganismos y qué características tienen», lo que permitirá que, cuando haya que hacer la vacuna, esta «incluya las características del virus local».

Investigadores de Mendoza identificaron genes de la hortaliza que regulan la producción de pigmentos antioxidantes y antiinflamatorios.

En lo que podría haber sido el sueño de Bugs Bunny, investigadores argentinos lideraron una investigación que constituye un paso hacia el desarrollo de variedades de zanahorias más saludables para el consumo o de interés industrial para la obtención de colorantes naturales, detallo la  Agencia CyTA-Fundación Leloir.

Los científicos identificaron las regiones del ADN de la zanahoria donde se localizan los genes que regulan la producción de antocianos, compuestos flavonoides que contribuyen a la pigmentación de su raíz comestible y poseen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. También se los encuentra en la piel de las uvas.

Los resultados podrían ser útiles para la industria alimentaria como una opción natural para reemplazar a los colorantes sintéticos

La aplicación de estos resultados en programas de mejoramiento genéticode la especie “podría derivar en el desarrollo de nuevas variedades con mayores propiedades benéficas para la salud”, afirmó el líder del avance, el doctor Pablo Cavagnaro, investigador del CONICET, del INTA La Consulta y del Instituto de Horticultura de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), en Mendoza. Cavagnaro también formó parte del estudio internacional que reveló el genoma completo de la zanahoria en 2016.

Ahora, en un trabajo publicado en la revista “Theoretical and Applied Genetics”, identificó junto a colegas regiones en el cromosoma 3 de la hortaliza que son responsables de la producción de antocianos. En dichas regiones identificaron genes que regulan la síntesis de estos pigmentos. El siguiente desafío es evaluar en detalle cómo funcionan los genes“candidatos” encontrados.

Los resultados del trabajo podrían ser útiles para producir zanahorias con altos niveles de antocianos, tanto de los llamados “antocianos no acilados” (con mayores beneficios para la salud debido a su mayor biodisponibilidad) como de los “antocianos acilados”, que son químicamente más estables y podrían ser usados por la industria alimentaria como una opción natural para reemplazar a los colorantes sintéticos, señaló Cavagnaro.

Del trabajo también participaron Florencia Bannoud, primera autora y becaria del CONICET, y otros colegas del CONICET, de INTA Mendoza, y de las universidades de Wisconsin-Madison y de Carolina del Norte, en Estados Unidos.