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Los precios no dan respiro. La canasta escolar registró una suba de 54 por ciento para los alumnos de primaria. Así lo registró un informe del centro de análisis económico CEPA. El documento precisó que el incremento de precios de la canasta escolar en el acumulado de los últimos tres años asciende al 229 por ciento. El Gobierno, cuando asumió, dijo que el problema de la inflación era lo más fácil de resolver. En el inicio del cuarto año de mandato las promesas quedaron lejos de cumplirse. La principal consecuencia fue la pérdida de poder adquisitivo. El salario mínimo subió un 106 por ciento desde 2016 y la Asignación Universal por Hijo 174 por ciento. La canasta escolar lo hizo en casi 230 por ciento.

El informe del CEPA (realizado por Eva Sacco, Félix Schmidt y Marcelo Galvano) precisó que la canasta para alumnos de primaria asciende a 1007 pesos. “Si se consideran el resto de los gastos que debe afrontar una familia para enviar a los hijos al colegio, tales como la indumentaria escolar, cuotas y matrículas (en el caso de colegios privados) y textos escolares se requieren 18.531 pesos para escuelas privadas. En el caso de las públicas, la cifra se ubica en los 7868 pesos”, detalló el centro de estudios que dirige Hernán Letcher.

La canasta total para enviar a los niños a la escuela aumentó a ritmos mayores respecto de lo que subieron los salarios. “En 2019 se pueden adquirir 1,59 canastas con el salario mínimo, mientras que en 2018 la cifra era de 1,68 canastas, en 2017 de 2,22 canastas y en 2016, 2,53. Esto implica que se perdió 5 por ciento de poder de compra contra 2018 y 37 por ciento respecto de 2016”, dijo el CEPA en un documento con la firma de los investigadores Eva Sacco, Félix Schmidt y Marcelo Galvano.

En el trabajo se hizo un relevamiento de los elementos básicos que solicitan los docentes a sus alumnos al momento de comenzar el año escolar. La canasta de productos básicos (ver detalle en cuadro adjunto), que este año se consigue a 1007 pesos, tenía un valor de 655 pesos el año pasado, mientras que se conseguí a 473 pesos en 2017 y a 306 pesos en 2016. Para la canasta de nivel secundario (incluye carpetas y repuestos en lugar de cuadernos y resaltadores), los valores fueron aumentando en proporciones similares. Este año, los productos se compran a 769 pesos, cuando el año pasado se requerían 536 pesos, en 2017 a 428 pesos y en 2016 a 258. Los salarios no subieron a este ritmo y dejan en evidencia la fuerte caída en el poder de compra de la población desde finales de 2015.

Cuando se revisa la evolución por productos, los aumentos resultan notables. Por caso, el mismo lápiz que en 2016 se conseguía a 5 pesos ahora tiene un valor de 22 pesos. La Plasticola pasó de 8,87 a 52 pesos, la tijera de 18 a 60 pesos. Para algunos productos las subas fueron todavía más marcadas. Se destaca el caso del sacapuntas que pasó de costar 4,55 a 42 pesos. Es un aumento de más de 800 por ciento en tres años –según publica Página 12-.

La indumentaria escolar es otro de los rubros con fuertes subas. “Los kits de uniformes para colegios privados (considerando en todos los casos cuotas de colegios subsidiados o parroquiales), un equipo de remera o chomba, pantalón, campera, pollera, short y zapatillas escolares, asciende a alrededor de 5960 pesos mientras que en 2018 el costo era de 3790, es decir, un incremento de 57 por ciento”, detalló el CEPA. Para las escuelas públicas, la indumentaria reglamentaria exige el guardapolvo y debe agregarse un par de zapatillas escolares, que las familias suelen adquirir con las compras de marzo, con las cuales el total asciende a 2180 pesos, con un 46 por ciento de aumento sobre el año pasado.

El documento agregó que “a los costos de la indumentaria, se pueden sumar las mochilas, que suelen adquirirse al comenzar las clases. Las mochilas con carrito de arrastre para los chicos de primaria tienen un costo que arranca en los 1600 pesos y puede llegar hasta los 4000 o 4500 pesos si incluyen los dibujos de los personajes de moda. En el caso de las mochilas de espalda o los bolsos que los chicos más grandes llevan a la escuela secundaria, las mismas arrancan desde 850”.

La matrícula y las cuotas de las escuelas privadas son otro punto relevante en el informe del Centro de Economía Política Argentina. “Entre la matrícula y la cuota, las familias que envían a sus hijos a escuelas privadas deben calcular un total adicional de 6883 pesos por cada hijo si es alumno de escuela primaria y 7867 pesos si asiste a la secundaria o media”. El incremento de las cuotas aprobadas por el oficialismo representa 40 por ciento en el caso de la primaria y 43 por ciento en la secundaria. Paralelamente, el incremento salarial propuesto para los docentes porteños es de 23 por ciento.

 

Es la primera vez que se conocen todas las características genéticas del Andes Sur; esto confirma su capacidad de transmisión de persona a persona.

La variante Andes Sur del virus hanta que provocó el brote, aún activo, de Epuyén y alrededores en Chubut , no solo se puede transmitir de persona a persona, sino que también es similar al causado hace 23 años a tan solo 40 kilómetros de distancia, en la localidad rionegrina de El Bolsón.

Desde entonces, esta cepa se adaptó para subsistir y lo hizo a través de cambios genéticos que reforzaron su capacidad de propagarse, según los resultados del primer análisis del genoma completo del Andes Sur que se conoce en el mundo. Estuvo a cargo del equipo de Valeria Martínez, del Servicio de Biología Molecular del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, que es el laboratorio nacional de referencia para hantavirus .

La similitud del virus detectado en las muestras de las 34 personas infectadas desde noviembre pasado es del 99,9%. Esto confirma que el mecanismo de transmisión en este brote fue de persona a persona. A la vez, en la comparación con otras cepas del virus hanta endémicas en el país, el mayor parecido fue con la cepa del brote de 1996.

Cuando se publicaron los primeros estudios sobre los casos de El Bolsón por la variante común a la región sur de la Argentina y Chile, de ahí su nombre, y que describieron su capacidad de transmisión interhumana, los especialistas de la actual Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (Anlis) Dr. Carlos Malbrán contaban con información de algunos fragmentos del ADN viral.

Ahora, con tecnologías de secuenciación de nueva generación y las muestras analizadas de todas las personas que enfermaron y murieron en este brote, el equipo que dirige Martínez pudo descifrar la información completa del material genético de la cepa endémica patagónica que causó el brote del síndrome pulmonar por hantavirus (SPH) en Epuyén, Trevelín, El Maitén, en Chubut, además de El Bolsón y Palena, en Chile.

Con esos datos, que provienen de los tres segmentos del material genético viral, en lugar de pequeñas partes de dos de esos segmentos obtenidos hasta ahora, se podrán explicar más adelante las diferencias en las respuestas inmunológicas que tuvieron los pacientes o su relación con ciertas mutaciones identificadas, entre otras preguntas por estudiar.

“El brote, de magnitud sin precedente, involucró 34 casos, de los que 12 fallecieron -repasaron desde Anlis Malbrán esta semana a través de un comunicado sobre los resultados obtenidos-. La tasa de letalidad fue casi el doble en las mujeres que en los hombres (40 versus 21,4%). Los últimos casos comenzaron con síntomas el 7 de este mes y aún permanecen hospitalizados. Hacia finales de diciembre, se impuso el aislamiento domiciliario a las personas que habían estado en contacto con casos confirmados, lo que logró limitar una expansión mayor del brote”.

La manera en que las personas iban enfermando (“casos agrupados y en poco tiempo”), la poca cantidad de roedores donde vivían y la información del estudio ambiental donde podían haberse producido los contagios que relevaron especialistas en epidemiología y zoonosis desplazó desde las primeras semanas la idea de que el brote epidémico fuera por la exposición al virus que roedores silvestres eliminan a través de la orina, las heces o la saliva.

“Se sospechó tempranamente la posibilidad de que la dispersión viral ocurriera de persona a persona, como se había postulado previamente”, por los estudios publicados en 1998 y en 2005 sobre el brote de El Bolsón, donde la transmisión interpersonal se autolimitó y evitó nuevos contagios. En Epuyén y alrededores, el aislamiento de más de un centenar de personas que estuvo en contacto con los enfermos es, para las autoridades sanitarias, lo que fue limitando la transmisión.

“Es uno de los virus zoonóticos de mayor distribución mundial que causa dos síndromes principalmente: la fiebre hemorrágica con síndrome renal, de alta incidencia y baja mortalidad en Asia y Europa, y el SPH en América, pero con menor incidencia y mayor letalidad. Es como si, de algún modo, se compensaran con estas diferencias”, explicó Martínez a LA NACION.

Claudia Perandones, interventora de la Anlis Malbrán, destacó: “No contábamos con la secuencia completa del genoma viral como hoy. Ahora, el nivel de la evidencia es mayor. Con la información previa, podía existir una divergencia en alguno de los segmentos del genoma y, como no lo podíamos evaluar completo, lo desconocíamos. Hoy, conocemos toda la información genética del Andes Sur y es la primera vez que se dispone de estos datos”.

Perandones estuvo en Epuyén y alrededores con el equipo de profesionales que la Secretaría de Salud de la Nación envió a Chubut para contener el brote. Recordó que en el laboratorio nacional de referencia se desarrolló el año pasado el antígeno recombinante (un fragmento del virus introducido en una bacteria para poder reproducirlo masivamente) para las pruebas diagnósticas de alta certeza a través de la muestra de sangre de un caso en el que se sospecha la enfermedad.

“Además -agregó Martínez- evita la manipulación del virus para el trabajo de rutina con las pruebas de laboratorio, como es el diagnóstico de la infección”.

Con estos resultados y los que se irán conociendo, en el Anlis Malbrán confían en que no debería repetirse una emergencia de alto riesgo por su facilidad de transmisión como la de Epuyén. “Esta es la oportunidad de tener datos perfectos sobre el Andes Sur y que se perfeccione el nivel de alerta. Ojalá sirva para evitar que ocurra otro brote”, sostuvo Martínez.

 

La Nación

El sueño de la casa propia está cada vez más lejos; y el de la alquilada también. Entre el primer trimestre de 2014 e igual período de este año el precio del metro cuadrado de los inmuebles para la venta se encareció en dólares un 39 por ciento, pasando el metro cuadrado promedio de 2300 a 3200 dólares, según un estudio realizado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) e Inquilinos Agrupados. Esas fluctuaciones en el precio del suelo permitieron a los propietarios de inmuebles que los dedican al alquiler contar con una ganancia extraordinaria que supera ampliamente los márgenes tradicionales. Medido en dólares, en los últimos cuatro años los alquileres aumentaron 25 por ciento. El valor del alquiler se fija históricamente como el 1 por ciento mensual de la tasación de la propiedad afectada. Por las fuertes alzas en dólares del valor de las viviendas, sólo en el primer trimestre de 2018 la rentabilidad -tomando en cuenta la revalorización del inmueble- fue de 13,65 por ciento y 2017 cerró con un 33,24 por ciento anual en moneda dura. Triplicó el desempeño de activos financieros en el último año.

Desde hace unos meses representantes del sector inmobiliario reclaman por una supuesta caída en la rentabilidad, producto de una constante pérdida de valor de la moneda local. La rentabilidad de ese sector fuertemente  dolarizado guarda una relación entre el precio de la propiedad -en dólares-y los alquileres cobrados en pesos. Cuanto más rápido se deprecia la moneda, con mayor velocidad se deteriora el margen para el propietario, al tiempo que la actual situación de crisis económica y laboral acotan la actualización de contratos. “Al ser los contratos por un monto fijo o escalonado establecido con anterioridad durante 12 a 24 meses, no dan cuenta de la pérdida en dólares que se produce”, señalan en el informe Juan Pablo Costa, Eva Sacco y Gervasio Muñoz.

“Los datos que difunden las cámaras que representan a los grandes propietarios, inmobiliarias y desarrolladores, desconoce el incremento sistemático que vienen experimentando los precios de las propiedades para la venta en dólares, subestimando la utilidad obtenida”, aclara el documento realizado por el CEPA e Inquilinos Agrupados. De acuerdo con el relevamiento de ambas entidades, “los alquileres, medidos en dólares, se incrementaron un 25 por ciento entre el primer trimestre de 2014 y el primer trimestre de 2018”. Mientras que alquilar un departamento de dos ambientes en el barrio porteño de Almagro costaba el equivalente a 431 dólares mensuales durante el primer trimestre de 2014, entre enero y marzo de este año representó unos 521 dólares. A esto se suma que el precio de la divisa se disparó en cuatro años un 250 por ciento.

La serie histórica de la medición de rentabilidad de los alquileres evidencia deterioros en los períodos que siguieron inmediatamente a una devaluación, producto de “ser un mercado dolarizado con alquileres en pesos”. La rentabilidad la recuperan en los períodos de estabilidad con la renovación de los contratos. Si se suma el monto de los alquileres cobrados y la valorización de la propiedad respecto del valor inicial del inmueble surge un incremento del 10,2 al 13,7 por ciento entre el primer trimestre de 2014 y el primero de este año. “En definitiva, a pesar de las devaluaciones, el sector inmobiliario mantiene ganancias muy altas. La revalorización sistemática de las propiedades le garantiza un piso extraordinario, por encima de las ganancias promedio de otros sectores de la economía, concluye el informe.

 

 

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