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Aunque 2019 fue el segundo año más caliente que jamás se ha registrado en el planeta, el aumento de la temperatura sigue marcando tendencia en el inicio de 2020. Este enero fue el enero más caliente jamás registrado en el planeta, según anunció este martes (04.02.2020) el servicio europeo Copernicus sobre el cambio climático. Se registraron temperaturas superiores a las medias en la mayoría de las zonas en el mundo. Una tendencia que continúa tras el periodo 2010-2019, el más caliente desde el inicio de las medidas de temperatura.

El aumento de la temperatura global está pasando factura a los glaciares sudamericanos, que durante las últimas décadas han ido perdiendo masa y extensión. Según varias investigaciones efectuadas por científicos alemanes y franceses con el uso de imágenes satelitales, el derretimiento provocó que los glaciares andinos hayan disminuido casi un metro al año desde 2000.

Este rápido retroceso, que amenaza el suministro del agua de la región, se acentúa en el sur de los Andes. Según Thorsten Seehaus, glaciólogo de la Universidad de Erlangen-Nürnberg, «la mayor parte del hielo se pierde en Patagonia, donde hay las mayores masas de hielo. Sin embargo, para la población local en los Andes centrales de Chile y Argentina, y especialmente en Perú y Bolivia, es un problema grave».

«El agua derretida de los glaciares contribuye a los suministros de agua y juega un papel importante, en particular durante los períodos de sequía», recordó a DW el científico alemán, que llevó a cabo uno de los primeros estudios en la región basado en mediciones en todos los lugares.

«En Perú y Bolivia la recesión de los glaciares fue 3 o 4 veces mayor en el período 2013-2016 en comparación con 2000-2013, muy probablemente debido al fuerte evento de El Niño en 2015-2016», detalló.

Seehaus apuntó que los cambios en las precipitaciones también influyen en el balance de masa del glaciar. «La mega sequía en Chile central desde 2010 conduce a una menor acumulación de los glaciares, y por lo tanto causa muchas pérdidas de hielo glaciar», aseguró.

Además de afectar la disponibilidad de agua, las consecuencias de este derretimiento pueden provocar inundaciones por un desborde violento de un lago glaciar. Esto se produce cuando los elementos de contención de un lago glaciar fallan. «La cordillera Blanca en Perú ha sido afectada por tales inundaciones en los últimos siglos un par de veces. El diluvio en 1941 destruyó aproximadamente un tercio de la ciudad de Huaraz y mató a cerca de 5.000 personas», recordó.

El científico alemán alertó de otras consecuencias mundiales que pueden ocasionar el derretimiento de los glaciares, como el aumento del nivel del mar. «La agricultura orientada a la exportación a gran escala también recibe agua de deshielo del glaciar, por lo tanto, también tendrá un impacto económico», avanzó.

Por ello, abogó por que se cumpla el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados.  «Si continuamos de la manera actual, casi no quedarán glaciares en los Andes tropicales y el centro de los Andes de Chile y Argentina a finales del siglo XXI», advirtió.

Medio ambiente, asignatura pendiente en Venezuela

No obstante, la desaparición total de los glaciares se aproxima a pasos agigantados en Venezuela, que «posiblemente se convierta en los próximos años en el primer país de América del Sur donde desaparezcan completamente sus glaciares», explicó a DW Alejandro Álvarez, Coordinador General de Clima 21 Ambiente y Derechos Humanos.

El uso de combustibles fósiles es uno de los principales causantes del aumento de la temperatura global. «Venezuela está cavando su propia tumba. Los combustibles fósiles y en particular la gasolina está regalada. El precio actual en bolívares es de 0,00006», subrayó.

En este sentido, alertó que la población venezolana es cada vez más vulnerable a los efectos del cambio climático. «Venezuela tiene un Estado que en gran parte ya se ha desentendido en muchísimos servicios ambientales», criticó apuntando que «un 80 por ciento de la población no tiene acceso en este momento a agua potable de manera normal».

Además de las previsiones de aumento de sequía, alertó sobre otros efectos que potencia el cambio climático. «La deforestación masiva en la zona amazónica debido a la minería caótica que está ocurriendo en la zona ha generado un rebrote del paludismo que en este momento está en más de 20 de las entidades federales (de 23)», lamentó.

Por estos motivos, Álvarez recordó los deberes pendientes del Gobierno. «La Ley de Gestión Integral de Riesgos Naturales y Tecnológicos del 2009 indica en uno de sus artículos que debe hacerse en el plazo de un año un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Asimismo, para el Plan Nacional de Derechos Humanos se identificaba la protección contra el cambio climático como derecho humano y se solicitaba el diseño y puesta en práctica de un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático», criticó.

En apenas unos segundos y gracias al trabajo de un excolaborador de la NASA, es posible descubrir cómo podría cambiar la faz de la Tierra si los océanos se secaran repentinamente.

La retirada de las aguas permitiría el surgimiento del 70% de la superficie del planeta que hoy está sumergida, revelando cordilleras y cañones hasta ahora ocultos, y una oscura profundidad de hasta 6.000 metros por debajo del nivel de los océanos. Se trata de un escenario apocalíptico, con sectores del planeta que lucen de forma surrealista.

La animación en cámara rápida publicada en Twitter fue producto del trabajo del científico planetario James O’Donoghue, ex colaborador de la NASA y hoy al servicio de la agencia espacial japonesa Jaxa.

O’Donoghue ya había trabajado en esta animación en el 2008, pero ahora logró refinarla aún más al hacerla en alta resolución y mejorando varios aspectos. «Vaciar los océanos revela cadenas montañosas y cañones sumergidos», escribió O’Donoghue en su cuenta de Twitter.

«También muestra dónde se conectaron los puentes de la Tierra durante las eras de los glaciares. Gran Bretaña, por ejemplo, estaba menos inclinada al Brexit», comentó irónicamente el experto. En el mapa sin océanos, se ve que las islas británicas están más conectadas con el resto del continente europeo de los que los ingleses piensan.

En el video de ‘timelapse’, el color marrón de la tierra seca avanza rápidamente, mientras que el azul de los mares cede a medida que las aguas descienden a más de 6.000 metros por debajo del nivel actual de las aguas. También en Europa se observa que, alrededor de las costas italianas, el primero en desaparecer sería el Mar Adriático, seguido de las aguas que rodean Sicilia y Cerdeña.

En su cuenta de Twitter, O’Donoghue (@physicsJ) escribió, apelando a una comparación con una gran piscina, que «quitando el tapón de los océanos revela bajo el agua las cordilleras y cañones». «También muestra los puentes submarinos utilizados para conectarse durante las glaciaciones, según los cuales Gran Bretaña solía estar menos inclinada hacia el Brexit», continuó con un dejo de ironía.

Las consecuencias del cambio climático ya son visibles en América Latina, aunque no las identifiquemos como tal.

La temperatura de la Tierra ha aumentado en 1,1ºC desde el periodo anterior a la Revolución Industrial y no deja de subir, al punto en que el último lustro (2015-2019) va en camino de convertirse en el más cálido desde que hay registros, según datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicados este martes.

Continuamos emitiendo más dióxido de carbono del que deberíamos y, en 2018, su concentración en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo histórico: 407,8 partes por millón. Este gas es capaz de permanecer allí durante siglos, y el que está en los océanos aún más, «perpetuando» así el calentamiento global, según la OMM.

Con motivo de la celebración de la cumbre del clima (COP-25) en Madrid esta semana, BBC Mundo hace un repaso de cinco consecuencias del cambio climático que ya son visibles en América Latina.

1. Inundaciones

Uno de los efectos del calentamiento global que ya se puede notar son las inundaciones.

No son nuevas en América Latina: entre 1970 y 2013, constituyeron el desastre natural más frecuente, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sin embargo, los expertos advierten que cada vez se vuelven más usuales e intensas.

Zonas como la parte meridional de Sudamérica vivieron fuertes lluvias en enero del año pasado. En Uruguay y Argentina, por ejemplo, llegaron a causar daños por un valor de US$2.500 millones, según la OMM.

En este último país, las poblaciones del norte vivieron un verano lleno de precipitaciones «extraordinarias» y el Servicio Meteorológico Nacional registró eventos «significativos» y «bastantes inusuales para la época», según su página web.

Ese mes, ciudades como Resistencia, la capital de la provincia del Chaco, en Colombia, batieron récord de lluvias con 556,8 milímetros en este caso. Centenares de vecinos tuvieron que ser evacuados, ya que entre el 40% y el 50% de la localidad acabó inundada.

En Uruguay, más de 5.000 personas también tuvieron que dejar sus casas por las fuertes lluvias.

«Lo que está ocurriendo con el cambio del clima es que todos los fenómenos se van exacerbando en su magnitud y en su frecuencia», le explicó a BBC Mundo Gabriel Blanco, ingeniero de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

«Esto quiere decir que donde antes llovía un poco y de vez en tanto había un problema de abundancia de lluvia, bueno, ahora eso se exacerba: ocurre más seguido y con más violencia».

Un mes después, le llegó el turno a Perú, donde las autoridades declararon a un tercio de los distritos del país en emergencia ante los daños que dejaron las intensa lluvias, que por esos lares no solo causa inundaciones sino que aumenta los riesgos de «huaycos» o deslizamientos de tierras.

A esto se suma el derretimiento de los glaciares.

Perú, por ejemplo, tiene la cadena de glaciares tropicales más grande del mundo, la Cordillera Blanca, y muchos de ellos yacen cerca de zonas agrícolas y pobladas que corren el peligro de acabar inundadas.

Es el caso de la ciudad de Huaraz, donde las lagunas que se forman a su alrededor con el agua de los glaciares han multiplicado su volumen.

El volumen de una de esas lagunas, Palcacocha, se ha multiplicado por 34 desde la década de los 70.

2. Sequías

Mientras en algunas áreas llueve a cántaros, en otras, muchas veces dentro del mismo país, pasa lo contrario: sequías.

Uno de los ejemplos más claros es Chile, donde antes de las protestas era otro el tema que ocupaba portadas de periódicos cada semana: la megasequía que el país arrastra tras una década de escasez de lluvias.

La nación del sur vive su peor crisis hídrica de los últimos 50 años, según las autoridades. Una situación que afecta a siete de sus 16 regiones, donde varios sistemas de riego colapsaron y más de 30.000 animales perecieron.

«Es brutal, más de la mitad del país fue declarada en emergencia hídrica», le dijo a BBC Mundo Florencia Ortúzar, la abogada del Programa de Cambio Climático de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA). «Hay zonas completas que dependen de que las autoridades les envíen un camión con agua».

La Oficina de Cambio Climático de Chile calcula que las precipitaciones se han reducido en un promedio de 23 milímetros por década entre 1961 y 2018 y diversos estudios atribuyen entre el 12% y el 25% de la responsabilidad de este fenómeno al cambio climático causado por el hombre.

Algo a lo que Ortúzar suma el «mal manejo» de los recursos hídricos, cuyo uso se prioriza para una agricultura «no sostenible»: «No se está garantizando que el agua sea primero para las personas».

Algunos, como el periodista chileno John Müller, mencionan la megasequía como una de las motivaciones de las protestas que tienen al país en vilo desde hace varias semanas, como le dijo a BBC Mundo en una entrevista reciente.

«Chile hoy es un país zombi»

Pero no solo Chile vive un estrés hídrico. Otra zona especialmente vulnerable al cambio climático que ya está sufriendo sus consecuencias es Centroamérica.

El Corredor Seco es un área costera aledaña al océano Pacífico donde vive el 90% de la población de Centroamérica. Se extiende a lo largo de 1.600 kilómetros, desde Chiapas (México), pasando por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y parte de Costa Rica hasta llegar a Panamá.

Si bien está acostumbrado a ser escenario de sequías a principios de año debido al fenómeno de El Niño, el cambio climático lo ha sumido en una situación «verdaderamente insostenible», según le dijo Gustavo Máñez, coordinador de cambio climático para Latinoamérica de ONU Medio Ambiente, a la agencia de noticias Efe en septiembre.

Constituye una zona esencialmente agrícola donde sequías más prolongadas de lo usual, pero también lluvias torrenciales, están arruinando las cosechas.

«Las condiciones adversas de la sequía hacen que una parte importante de esa ola migratoria (hacia Estados Unidos) tenga que ver con el fenómeno del cambio climático», aseguró Máñez.

Los glaciares también juegan un papel en las sequías, ya que concentran agua en época de lluvia, la congelan y la reparten a lo largo del año a través de los ríos a medida que esta se va derritiendo.

Si el hielo retrocede, este ciclo se pierde o disminuye.

3. Huracanes más intensos

Según un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), el hecho de que América Latina sea escenario de otros «fenómenos complejos» hace que su interacción con el calentamiento global pueda contribuir a crear las «condiciones apropiadas» para que sus impactos sean «desastrosos».

Y entre estos impactos desastrosos están los huracanes.

La comunidad científica no se ha puesto de acuerdo en cuanto a si el cambio climático ha incrementado la frecuencia de los huracanes.

Pero sí hay más concierto a la hora de afirmar que efectos del calentamiento global como el incremento de la temperatura de los océanos y la subida de los niveles del mar, llevan a prever que serán más fuertes y devastadores.

Expertos de la agencia espacial de Estados Unidos (NASA) y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de ese mismo país advierten de una tendencia peligrosa: los ciclones son cada vez más lentos, lo que aumenta las posibilidades de daños en un lugar determinado.

De los 66 ciclones que se detuvieron o ralentizaron su movimiento en los últimos 70 años, casi la mitad lo hizo en las últimas tres décadas, según un informe de ambos entes publicado en junio en la revista Nature.

De acuerdo al estudio, los ciclones tropicales se han hecho más propensos a «detenerse» cerca de la costa y a pasar muchas horas sobre dichas regiones desde mediados del siglo XX.

Su velocidad promedio se redujo en un 17% entre 1944 y 2017: de los 15,4 kilómetros por hora a los 18,5 kilómetros por hora.

Como explica en su página web el Centro de Soluciones para el Clima y la Energía, una superficie del mar más caliente puede intensificar la velocidad de las tormentas tropicales y la cantidad de lluvia.

El aumento de los niveles del mar puede incrementar la intensidad de las tormentas que se den en el litoral y las posibilidades de marejadas.

Esto se pudo ver este año con el huracán Dorian, que causó grandes destrozos materiales y humanos en las Bahamas.

Pero si nos restringimos a América Latina, Puerto Rico es una de las áreas más afectadas, donde todavía hay zonas que no han conseguido volver a la normalidad que perdieron en septiembre de 2017 con el paso del huracán María, que dejó más de 4.600 muertos.

4. Subida del nivel del mar

El calentamiento global ha hecho que el nivel del mar aumente notablemente desde 1993.

Esto se debe, por un lado, al derretimiento de los hielos en los polos. Pero, como apuntó Gabriel Blanco: «El principal motivo es que aumenta la temperatura de los océanos y cuando esto ocurre, el agua se expande. Eso es lo que produce que el nivel del mar suba».

«En parte de la costa de Argentina y en parte de la costa este de Estados Unidos y algunos otros lugares donde las costas son bajas, su impacto es tremendo», añadió.

En Panamá, por ejemplo, ya hay zonas que están sufriendo las consecuencias.

En Gardi Sugdub, mejor conocida como isla Cangrejo, existe desde hace algunos años un programa voluntario de traslado a tierra firme.

Muchos de sus más de mil habitantes de la etnia guna, al menos los que viven más cerca de la costa, ven el agua colarse en casa en algún momento del año.

Por qué los huracanes como Dorian se están moviendo más lentamente

Ubicada en el archipiélago de San Blas, que es una de las principales atracciones turísticas del país centroamericano, a la isla aún le quedan años para cederle territorio al agua.

Pero sus habitantes ya son conscientes de que un futuro allí a largo plazo no será posible. Así lo informó el Diario BBC News Mundo.

La marina rusa anunció este martes el descubrimiento de cinco nuevas islas que emergieron por el derretimiento de glaciares en el Ártico.

En una expedición de agosto y septiembre se cartografiaron las islas, que todavía deben de ser bautizadas. Estaban escondidas bajo unos glaciares, indicó el jefe de la flota, el vicealmirante Alexander Moiseyev.

«Principalmente, esto se debe, por supuesto, a los cambios en la situación del hielo», declaró Moiseyev, qiene lideró la expedición, en una rueda de prensa en Moscú.

«Antes, eran glaciares, pensábamos que formaban (parte del) mismo glaciar», añadió, y explicó que el «derretimiento, el colapso y los cambios de temperatura hicieron que estas islas quedaran al descubierto».

La pérdida de glaciares en el Ártico entre 2015 y 2019 fue mayor que en ningún otro periodo de cinco años anterior que haya sido registrado, indicó Naciones Unidas en un informe sobre el calentamiento global del mes pasado.

Rusia estableció una serie de bases militares y científicas en el Ártico en los últimos años, con un interés creciente a medida que el aumento de las temperaturas va abriendo nuevas vías para la navegación y hacen que se puedan explotar recursos minerales inaccesibles hasta la fecha.

En una expedición de este verano a dos archipiélagos -Tierra de Francisco José y Nueva Zembla- participaron unas sesenta personas, incluyendo civiles de la Sociedad Geográfica rusa. Fue la primera en la que se utilizó un remolcador de rescate en lugar de un rompehielos.

Durante la expedición, el ministerio de Defensa anunció que había encontrado cinco nuevas islas en la bahía de Vize, frente a Nueva Zembla, un gran archipiélago montañoso con dos islas principales.

Esas islas se habían detectado previamente por satélite, pero la expedición fue la primera en avistarlas.

Además, la institución confirmó la existencia de una isla que previamente había sido cartografiada como una península de Hall Island, parte del archipiélago de Tierra de Francisco José, al oeste de Nueva Zembla.

Bajo el lema #FridaysForFuture, cientos de miles de personas salieron a las calles de las principales ciudades de al menos 160 países en el contexto de la marcha impulsada e inspirada por la activista Greta Thunberg, quien esta semana intervino en una cumbre de Naciones Unidas en Nueva York.

La adolescente sueca utilizó su cuenta de Twitter para exhibir las masivas convocatorias que continúan llevándose a cabo alrededor del mundo. En uno de sus tuits, redactó “¡Buenos Aires!” y compartió cuatro imágenes en las que se distingue a activistas y miembros de diversas organizaciones manifestándose por las calles porteñas.

Las protestas del viernes se iniciaron en Nueva Zelanda, donde los jóvenes marcharon hacia el parlamento en Wellington en una de las concentraciones más grandes jamás realizadas en ese país. Los organizadores tuvieron que modificar sus planes de seguridad al ver que la protesta crecía más de lo previsto, mientras miles de personas se manifestaron en Auckland y en otras partes de ese país.

En Argentina, 19 provincias se autoconvocaron para marchar por la misma causa. El encuentro en Buenos Aires comenzó cerca de las 15 desde Plaza de Mayo hacia el Congreso Nacional. La movilización culminó en Yrigoyen y Entre Ríos y tras ello se efectuará el acto central en el que participarán Jóvenes por el Clima y Alianza por el Clima, entre otras.

Greta Thunberg, quien participó de la manifestación en Montreal, Canadá, se convirtió en un ícono de la lucha contra el cambio climático tras su discurso en la ONU frente a los principales líderes del mundo el pasado lunes, en la Cumbre de Acción Climática.

“Los estamos mirando. No tendría que estar aquí, tendría que estar en el colegio al otro lado del océano. Me han robado mis sueños, mi esperanza con sus palabras vacías. De lo único que hablan es de dinero y nos cuentan historias sobre el crecimiento económico perpetuo. ¿Cómo se atreven?”, preguntó la joven, quien se dirigió a los representantes que llevaron a la cumbre las acciones que están llevando adelante en sus países. Sólo participaron aquellos que muestran avances en sus políticas de acción climática.

“Si realmente entendieran la situación, no estarían sin hacer nada. Nos están fallando. Los ojos de las futuras generaciones están sobre ustedes. Nunca los perdonaremos. ¿Cómo se atreven a pretender que esto se puede resolver con los negocios como de costumbre? El mundo se está despertando, te guste o no”, agregó Thunberg.

El nivel del mar podría subir más de un metro de aquí al año 2100 si se mantiene el actual aumento de las temperaturas, lo que podría obligar a millones de personas a desplazarse, advirtió hoy un informe de las Naciones Unidas (ONU).

El Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) concluyó que el aumento podría ser menor, de entre 30 y 60 centímetros, si las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeran fuertemente y el calentamiento climático se limitara a 2 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales.

Pero en comparación con fines del siglo XX, evaluaron los expertos, el aumento podría llegar hasta los 110 centímetros si continúa la tendencia actual del aumento de las temperaturas.

El análisis de ese panel dependiente de Naciones Unidas, presentado en Mónaco, evidencia que el calentamiento climático también aumentó la temperatura de los océanos que son más calientes, más ácidos y menos productivos, y que fenómenos extremos como El Niño vayan a ser cada vez más frecuentes y severos.

Este informe es el más extenso hasta la fecha sobre el impacto de la crisis climática en los océanos y la criósfera y sus autores advirtieron que a pesar de que el mar abierto o los polos puedan parecer lejanos para mucha gente, la población depende en gran parte de ellos de forma directa e indirecta.

Puntualmente, se calcula que pequeños glaciares en Europa, el este de África, los Andes Tropicales e Indonesia perderán más del 80 por ciento de su masa de hielo de aquí a 2100 con el actual escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero.

Con ello, se ve afectada también la calidad del agua y su disponibilidad en regiones más bajas, con implicaciones en sectores como la agricultura, el turismo o la generación de energía.

Además, el IPCC recalcó la presión a la que la actividad humana ha sometido a los océanos, que han absorbido cerca de un cuarto de las emisiones de gases desde los años 80, lo que ha provocado su acidificación.

El grupo de expertos añade que la capa del hielo marino del Ártico se está reduciendo y volviendo más fina.

El IPCC recordó que 670 millones de personas viven en regiones de alta montaña, 680 millones en zonas costeras de baja altitud, cuatro millones de forma permanente en la región ártica y 65 millones en pequeñas islas, además de distintas especies de animales que podrían verse abocadas a la extinción.

«La palabra clave ahora es adaptación. Eso nos permite abordar muchos de los riesgos que se puedan presentar y nos podría ayudar también a disminuir los efectos que se puedan experimentar a través de esos riesgos. Por eso es importante tomar acciones tempranas», explicó la científica chilena Carolina Adler, una de las autoras del texto.

Un estudio del INTA y la UBA realizado en el Parque Nacional Lanín, en San Martín de los Andes, Neuquén, alertó sobre el impacto que puede tener el cambio climático en los bosques patagónicos, al afectar la germinación de tres árboles icónicos en la zona como el roble pellín, el raulí y la lenga.

Un trabajo conjunto entre el INTA Bariloche y la Facultad de Agronomía de la UBA determinó que las temperaturas más altas afectan la germinación de estas tres especies ya que si bien crecen o largo de toda la montaña lo hacen a temperaturas diferentes, según un informe publicado en la revista Sobre la Tierra de esa facultad.

«La germinación de cada especie está bien adaptada a su hábitat natural, lo cual no estaba documentado hasta el presente”, señaló Verónica Arana, investigadora del INTA Bariloche-Conicet, quien destacó que el calentamiento global «podría cambiar estos patrones y modificar la futura distribución de las tres especies».

Los resultados del trabajo están publicados en la revista New Phytologist, en coautoría con los docentes de Agronomía Diego Batlla, Roberto Benech y Rodolfo Sánchez y profesionales de la Universidad Nacional del Comahue.

Según Arana, el cambio climático predice que para el 2080, los ambientes de la Patagonia sufrirán un aumento de casi 3 grados en la temperatura media anual del aire.

En ese sentido, advirtió que las mediciones que realiza el INTA en la zona marcan una realidad inquietante: “En los últimos 10 años registramos aumentos sensibles en la temperatura de estos bosques».

«Eso está ocurriendo ahora, no dentro de 60 años, y como ya vimos a lo largo de la montaña, cambios muy pequeños en la temperatura alteran la germinación del roble pellín, el raulí y la lenga”, concluyó.

Un escenario pesimista del cambio climático para el siglo en curso establece la subida máxima de la temperatura media mundial en un nivel comprendido entre los 6 y 7 grados Celsius en relación al comienzo del siglo XX. Estas cifras figuran en una nota de expertos franceses que la consideran como altamente previsible para el año 2100.

El último informe disponible del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de Naciones Unidas (2014) ofrecía un pronóstico mucho más alentador: +4,8°C en el peor de los casos.

Según explicó Météo-France, un ente subordinado al Centro Nacional de Investigación Científica, se trata de dos modelos independientemente desarrollados por distintas instituciones especializadas en climatología. Las previsiones en ambos ensayos apuntan a un calentamiento más pronunciado y el autor principal de uno de ellos, David Salas y Mélia, asevera que son más fiables que las estimaciones anteriores.

El problema no es solo que las temperaturas serán cada vez más altas, especialmente en las regiones polares del planeta, sino también de los efectos que implicará la subida. Principalmente son los cambios en los niveles de precipitaciones, que están relacionadas, al igual que el calentamiento, con la emisión de los gases de efecto invernadero.

Ríos secos, hielo derretido

Dentro del escenario más pesimista, los aumentos de precipitación serán muy importantes en el Pacífico tropical y en cifras variables en el océano Índico oriental. En toda la cuenca mediterránea se espera una disminución de los niveles de lluvia, mientras que al norte de Europa lloverá cada vez más, «independientemente del modelo y el escenario».

El cauce alto del río Garona / donde-esta.org

Esta redistribución irá acompañada de «sequías mucho más largas y extensas», la agricultura se verá fuertemente afectada y los «incendios forestales se multiplican en regiones donde no son demasiado frecuentes hoy en día», dijo Salas y Mélia en una rueda de prensa el 17 de septiembre. Su previsión incluyó también un dato muy concreto y contundente: el río Garona, que nace en España y atraviesa media Francia estará seco desde el 2070 durante varios meses de año.

Las capas de hielo polares seguirán retrocediendo, como ha venido ocurriendo durante tres décadas, ya sea en verano como en invierno. A partir del 2050 el hielo marino podría desaparecer por completo en época estival. Según uno de los modelos, elaborados por el Instituto Pierre-Simon-Laplace, el desielo ya podría completarse para marzo en las latitudes árticas.

Incumplimiento del acuerdo de París

Los científicos calcularon también que las emisiones de dióxido de carbono de origen antropogénico deberían reducirse a valores negativos para alcanzar las metas designadas por el acuerdo climático de París. En concreto, se estima que para alcanzar un objetivo de 2°C, las emisiones deberían estar a cero a partir del 2080 y luego volverse ligeramente negativas. Para frenar el calentamiento a 1,5° C, se deberían anular las emisiones en 2060 y luego mantener valores negativos.

El escenario más pesimista supone que no haya ningún control de las emisiones de gases y se alcance una subida de 7º C. Uno optimista requiere una fuerte cooperación internacional y que todos los países prioricen el desarrollo sostenible. Y aún permitiría mantenernos por debajo del índice meta de 2°C de calentamiento global, admite Météo-France, así lo reseña RT.

Cuando la marea baja en el Parque Nacional Olímpico del estado de Washington, en el extremo oeste de Estados Unidos, el pasatiempo favorito es saltar de piedra en piedra observando la vida marina en los charcos. Pero, desde hace un tiempo, ya casi no hay estrellas de mar.

“No se le puede llamar de otra manera que catástrofe”, dice Drew Harvell, bióloga de la Universidad Cornell estadounidense, refiriéndose a uno de los peores episodios de enfermedad de especies marinas que se haya visto. “Es impresionante. Millones de estrellas de mar han muerto”, lamenta.

En los últimos años, a millones de estos animales perdieron los brazos en un proceso de deterioro que ocurre en apenas unos días. Los científicos están estudiando la razón por la cual en algunos lugares ha desaparecido al menos un 95% de la población de este importante predador.

Y el año pasado, un equipo de investigadores dijo que halló pruebas convincentes que apuntan a una infección por un densovirus.

Este virus, presente en la costa del Pacífico desde California hasta Alaska, no es nuevo, pero los investigadores creen que el calentamiento de las aguas de los océanos puede haber facilitado su virulencia.

“Creemos que la amplitud (del fenómeno) en nuestras aguas se debe a la temperatura: sabemos que cuando las temperaturas son más altas, las estrellas de mar mueren más rápidamente”, dice Harvell.

“Los océanos han estado inusualmente calientes estos últimos dos años (…) Ese es el factor que hay que tomar en cuenta”, según ella.

Los científicos intentan comprender si el aumento de la temperatura afecta a la estrella de mar porque la debilita, porque vuelve más virulento el virus, porque modifica el ecosistema o todo ello al mismo tiempo.

Falta de fondos

El desafío de los investigadores consiste en recabar la enorme cantidad de datos necesarios para entender este fenómeno.

Las estrellas de mar habitan a lo largo de miles de kilómetros de costas y no hay dinero suficiente para hacer un recuento exacto y tomar en cuenta todos los parámetros.

Pero se las ingenian con lo que tienen. Han vigilado la evolución de muchas estrellas de mar en algunas zonas, anotando la temperatura y la composición química del agua y reclutan “científicos ciudadanos” para rastrear las estrellas e informar sobre su estado de salud.

“Es muy difícil recoger los datos que necesitamos a gran escala”, explica Melissa Miner de la universidad de California en Santa Cruz y una de las responsables de la recolección. “Debo señalar que no entendemos en absoluto cuál es la causa de esta enfermedad”, reconoce.

Harvell destaca que ninguna industria ha lanzado la alarma por esta enfermedad, porque no afecta a ningún animal comestible. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, dice.

Para Denny Heck, miembro de la Cámara de Representantes del estado de Washington, el combate debe ser legislativo. Heck intenta elaborar un texto que permita establecer la urgencia de la situación y abra la vía al financiamiento para investigación.

Por ahora, “cuando una enfermedad como ésta causa estragos bajo el agua, no tenemos ningún procedimiento para detenerla”, revela.

En su lucha, este parlamentario estadounidense, que asegura que la epidemia podría afectar la industria pesquera y destruir las economías locales, halló aliados en todas las costas de Estados Unidos y en todos los partidos políticos.

“Es alentadora la respuesta que nos han dado quienes en este país se preocupan por un medio ambiente marino limpio y sostenible”, comenta.

Fuente: Discovery

Un análisis catastrófico de cómo la civilización humana podría colapsar en las próxima décadas debido al cambio climático ha llamado la atención de las fuerzas armadas australianas. El análisis, publicado por el Breakthrough National Centre for Climate Restoration, un thinktank en la ciudad de Melbourne, describe al calentamiento global como «una amenaza existencial a corto o mediano plazo».

El informe -escrito por David Spratt, director de investigación de Breakthrough, e Ian Dunlop, ex ejecutivo de Royal Dutch Shell y presidente de la Asociación Australiana del Carbón entre 1987 y 1988- alerta que en nuestra actual trayectoria «los sistemas planetarios y humanos [están] llegando a un ‘punto de no retorno’ para mediados de siglo, en el que la perspectiva de una Tierra en gran medida inhabitable conduce a la desintegración de las naciones y del orden internacional».

Los «resultados extremadamente graves» de las amenazas a la seguridad relacionadas con el clima son mucho más probables de lo que se supone convencionalmente, sostiene el documento, pero casi imposibles de cuantificar porque «no corresponden a la experiencia humana de los últimos mil años».

«Mucha de la información que reciben los legisladores y los políticos son demasiado conservadoras«, explicó Spratt al sitio Vice. «Debido a que los riesgos son ahora existenciales, se requiere un nuevo enfoque de la evaluación de riesgos climáticos y de seguridad utilizando el análisis de escenarios«.
El escenario advierte que si no cambian los modelos de negocio de las industrias que perjudican al medio ambiente, la Tierra probablemente sufrirá al menos 3 grados centígrados de calentamiento global. Esto causaría a su vez la destrucción de ecosistemas claves, incluyendo «los sistemas de arrecifes de coral, la selva amazónica y el Ártico».

Los resultados serían devastadores. Alrededor de 1.000 millones de personas se verían obligadas a reasentarse, y 2.000 millones se enfrentarían a la escasez de suministros de agua. La agricultura colapsaría en los países subtropicales y la producción de alimentos se vería dramáticamente afectada en todo el mundo.

«Incluso con un calentamiento de 2°C, más de mil millones de personas podrían tener que ser reubicadas. La escala de la destrucción está más allá de nuestra capacidad de modelar, con una alta probabilidad de que la civilización humana llegue a su fin», señala el informe.

La única manera de evitar los riesgos de este escenario sería llevando a cabo un esfuerzo «similar en escala a la movilización de emergencia de la Segunda Guerra Mundial», pero esta vez centrada en construir rápidamente un sistema industrial de cero emisiones para restaurar la atmósfera.

En el prólogo del informe, el almirante retirado Chris Barrie, quien fuera Jefe de las Fuerzas de Defensa Australianas de 1998 a 2002 y ahora trabaja para el Instituto de Cambio Climático de la Universidad Nacional de Australia, recomienda el documento por poner al descubierto «la pura verdad sobre la desesperada situación en la que se encuentran los seres humanos y nuestro planeta, pintando un cuadro perturbador de la posibilidad real de que la vida humana en la Tierra pueda estar en vías de extinción, de la manera más horrible».

Mientras que el escenario analizado por Breakthrough establece algunas de las posibilidades de mayor nivel de riesgo, a menudo no es posible cuantificar de forma significativa sus probabilidades. Como resultado, los autores enfatizan que los enfoques convencionales de riesgo tienden a minimizar los peores escenarios a pesar de su plausibilidad.

«Un escenario de alto riesgo para 2050 encuentra un mundo en el colapso social y el caos absoluto», dijo Spratt.

«Pero existe una pequeña ventana de oportunidad para una emergencia, la movilización global de recursos, en la que las experiencias logísticas y de planificación de los cuerpos de seguridad nacional podrían jugar un papel valioso», añadió.