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“Hay personas que sienten escasamente la poesía; generalmente se dedican a enseñarla. Yo creo sentir la poesía y creo no haberla enseñado; no he enseñado el amor de tal texto, de tal otro: he enseñado a mis estudiantes a que quieran la literatura, a que vean en la literatura una forma de felicidad”. La conferencia se titulaba Qué es poesía y la enunció Jorge Luis Borges en el marco de un ciclo de charlas que ofreció entre junio y agosto de 1977, en el Teatro Coliseo de Buenos Aires. De ese universo que Borges creó, pero también enseñó, una selección de tres poemas necesarios.

Vista de folletos con poemas, este viernes, en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Vista de folletos con poemas, este viernes, en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoro

El Golem

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen 
a la vasta criatura apodó Golem; 
estas verdades las refiere Scholem 
en un docto lugar de su volumen.) 

El rabí le explicaba el universo 
«esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.» 
y logró, al cabo de años, que el perverso 
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía 
o en la articulación del Sacro Nombre; 
a pesar de tan alta hechicería, 
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro 
y harto menos de perro que de cosa, 
seguían al rabí por la dudosa 
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem, 
ya que a su paso el gato del rabino 
se escondía. (Ese gato no está en Scholem 
pero, a través del tiempo, lo adivino.) 

Elevando a su Dios manos filiales, 
las devociones de su Dios copiaba 
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba 
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura 
y con algún horror. ‘¿Cómo’ (se dijo) 
‘pude engendrar este penoso hijo 
y la inacción dejé, que es la cordura?’ 

‘¿Por qué di en agregar a la infinita 
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana 
madeja que en lo eterno se devana, 
di otra causa, otro efecto y otra cuita?’ 

En la hora de angustia y de luz vaga, 
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía 
​Dios, al mirar a su rabino en Praga?

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a Quién prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son lo que me ha querido y olvidado;
​espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

Biblioteca Municipal Miguel Cané - Espacio Borges. Foto: Luciano Thieberger.

Biblioteca Municipal Miguel Cané – Espacio Borges. Foto: Luciano Thieberger.

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
​y mi ventura, inagotable y pura.

El día del natalicio de Jorge Luis Borges es, desde el 2012, una jornada dedicada a los lectores y a incentivar el amor por la literatura.

“Creo que la frase lectura obligatoria es un contrasentido, la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado. ¿Felicidad obligatoria? La felicidad también la buscamos», aseguró Jorge Luis Borges en una entrevista que puede verse en el documental Borges para millones (1978) de Ricardo Wullicher.

Y sobre la lectura agregó: «Yo he sido profesor de literatura inglesa durante veinte años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y siempre les aconsejé a mis estudiantes: si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una forma de la felicidad».

Por su opinión franca sobre qué es leer, en 2012,  se estableció que el día de su natalicio- el 24 de agosto (1899-1986)- sea una jornada para «actos de divulgación de la lectura y de reconocimiento a la obra y a la trayectoria de Borges, como figura insoslayable de la literatura nacional y universal.»

Y como consejo del propio Borges: «Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas.»

 

 

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