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Biodiversidad

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En el marco de la semana de la Biodiversidad, la Municipalidad de Trelew lleva adelante una muestra itinerante con el fin de reconocer el valor del recurso que existe en la zona. La iniciativa es impulsada por la Coordinación de Gestión Urbana y la Dirección de Gestión Ambiental dependiente de la Secretaría de Planificación, Obras y Servicios Públicos.

El director de Gestión Ambiental, Lucas Oro explicó que «más allá del contexto que estamos viviendo, desde el municipio impulsamos una manera diferente de conmemorar la Semana de la Biodiversidad para que podamos apreciar nuestro ambiente. La idea es que las personas que estén haciendo trámites en espacios públicos, aprovechen ese tiempo e interactúen con la muestra para apreciar el ecosistema y conocer un poco más de las especies y hábitats de la zona».

«El mensaje es que el ambiente es fundamental, que cuidar el ambiente es cuidar nuestra salud», remarcó Oro.

Por su parte, Luciana Martínez integrante de Gestión Ambiental detalló que «el autor de las fotografías que componen la muestra de biodiversidad animal, es Fabián Tappari, un gran apasionado de la naturaleza, que retrató las especies representativas de la zona».

Collage Ambiental

Oro además dijo que «desde el área se realizan más actividades con el objetivo de promover conciencia activa, teniendo un vínculo dinámico con el vecino para generar propuestas variadas continuamente, como es el caso de «Desafío Collage Ambiental», con la temática residuos sólidos urbanos desde el arte y la creatividad».

«Los vecinos pueden enviar las producciones de los collages a gestion.ambiental.trelew@gmail.com hasta el 1 de junio en la medida 45×30 cm, los mismos serán subidos a la cuenta de Instagram @trelewconcienciactiva, y los diez más votados se plasmarán en distintos puntos de nuestra ciudad».

La flora y fauna de la Reserva Geobotánica del Pululahua está en peligro. El incendio, que se inició el viernes 23 de agosto de 2019, aún no ha podido ser controlado y sus llamas amenazan a la biodiversidad del lugar. Hasta el mediodía de este miércoles 28 de agosto del 2019, se contabilizaron casi 56 hectáreas afectadas en esta zona que alberga a especies como lobos de páramo, osos de anteojos, roedores, conejos, murciélagos, pavas de monte, tangaras y colibríes. Jessica Coronel, directora Nacional Forestal del Ministerio del Ambiente de Ecuador, explica que las especies de flora son las más amenazadas. Esta es la única Reserva Geobotánica en el país, justamente por la cantidad y diversidad de plantas y árboles que se pueden encontrar en su territorio. Hasta el momento se han identificado afectaciones a orquídeas, achupallas, cedros, matorrales arbustivos, pajonales, bromelias, musgos, líquenes, arrayanes y pumamaqui. Además, hualicones de al menos 30 años de edad ya se quemaron.

En el caso de la fauna, algunos animales han logrado huir del calor y se ha logrado poner a zorros y roedores en áreas más seguras. Por el momento no ha sido necesario trasladar a los animales a clínicas veterinarias. Coronel explica que actualmente se está trabajando junto con el Cuerpo de Bomberos de Quito, las Fuerzas Armadas y guardaparques en un puesto de mando unificado. En la zona de reserva hay zonas que se han logrado controlar, señala, pero no quiere decir que no se prenden nuevos focos de calor. Las dificultades se relacionan con las condiciones topográficas y climáticas. Coronel cuenta que hay corrientes de viento de hasta 40 kilómetros por hora y zonas con pendientes de 90 grados que hacen imposible el trabajo terrestre. Según el Cuerpo de Bomberos Quito, la madrugada de hoy se reanudaron las acciones operativas desde las 04:30, con 30 efectivos y 10 vehículos contra incendios, quienes realizan labores de extinción desde el flanco superior. Las operaciones se extenderán hasta que se logre el control total del incendio o hasta que las condiciones climáticas lo permitan. Actualmente se está combatiendo el fuego directamente con descargas de agua. Para esto se están utilizando cuatro helicópteros de Cuerpo de Bomberos Quito, Policía Nacional y Fuerzas Armadas, seguró EL COMERCIO.

La temperatura supera los 31 grados a la sombra. El follaje de palmeras atempera el calor abrasador que baña la reserva natural Pacaya Samiria, uno de los pulmones del planeta en plena Amazonía de Perú , donde proteger la biodiversidad es un mantra.

Aquí viven siete comunidades que aprovechan los recursos naturales de la reserva. Una de ellas es la comunidad 20 de Enero, compuesta por 95 familias que desde hace 18 años viven del sembrado y cosecha del aguaje (Mauritia flexuosa), el fruto emblemático de la reserva.

Antes los pobladores cortaban las plantas, que crecían hasta 40 metros, para recoger los aguajes. Ahora, para luchar contra la tala, recogen los frutos subiendo a las palmeras con un sistema constituido de dos cuerdas, conocidas como estrobos.

La cosecha se comercializa para la preparación de jugos, jabones y aceites medicinales, utilizados contra la caída del cabello y el estrés.

«Para nosotros el aguaje es un tesoro. Estamos conservando este recurso para nuestros hijos. Acá se talaba el árbol, pero ahora lo conservamos», dijo a la AFP Wiler Tuesta, presidente de la Asociación de Productores y Procesadores de Aceite de Aguaje .

Este hombre, que vive en condiciones precarias en una vivienda de madera y con techo de hojas de palmera, afirma que las autoridades no les dan suficiente apoyo.

«En la comunidad no tenemos luz, agua, salud», dice. «Estamos olvidados», se lamenta desde este lugar donde solo se puede llegar en peque peque, una embarcación con motor pequeño, navegando por el río dos horas desde Nauta, en la ciudad portuaria de Iquitos, a unos 1.000 km al noreste de Lima.

Megadiversidad

En Pacaya Samiria existen 30,810 hectáreas de aguajales, llamados popularmente «bosques de la vida», las áreas pantanosas donde crecen los aguajes.

Recientemente, el presidente Martín Vizcarra eligió esta reserva para lanzar el plan Patrimonio Natural del Perú, un fondo que destinará US$ 140 millones a proteger 38 áreas naturales que abarcan 17 millones de hectáreas del país.

«Vamos a promover la cultura de la conservación y sostenibilidad para cuidar nuestras áreas protegidas», aseguró Vizcarra desde la localidad de Buenos Aires, a orillas del río Marañón.

Ubicada en la región Loreto, la reserva natural de Pacaya Samiria es un área de bosque húmedo tropical inundable y tiene una extensión de más de dos millones de hectáreas, donde se aprovechan más de 60 especies de flora y fauna silvestre.

Además del aguaje, en estas áreas amazónicas habitan miles de especies de flora y fauna, como la tortuga taricaya, el otorongo (jaguar en quechua) y el paiche, también conocido como pirarucú o arapaima, un pez de agua dulce considerado como uno de los más grandes del planeta.

La Amazonía cuenta con la mayor reserva de agua y la más variada biodiversidad de Perú, uno de los diez países más megadiversos del mundo.

«La áreas naturales protegidas son el pulmón del mundo, hay que cuidarlas y protegerlas», dice a la AFP Jacobo Rodríguez, coordinador de la Cuenca Yanayacu Pucate, en Pacaya Samiria.

Guardianes de la Amazonía

Creada hace 46 años, esta área natural alberga una importante población indígena que aprovecha sus recursos naturales.

Según el ministerio de Ambiente, más de tres millones de hectáreas de territorios indígenas se encuentran superpuestas a las áreas naturales protegidas.

Las comunidades están logrando preservar la selva y generar sostenibilidad para mejorar su calidad de vida, de acuerdo con las autoridades peruanas.

La iniciativa puesta en marcha cuenta con apoyo de organizaciones como World Wildlife Fund (WWF), Andes Amazon Fund, Fundación Moore y Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

«Necesitamos que otros países sigan el liderazgo de Perú para proteger la Amazonía», afirma Carter Roberts, de la WWF.

Algunos expertos estiman que el planeta se halla peligrosamente en un punto de inflexión en la Amazonía, donde se ha perdido 17% de la selva en los últimos 50 años, acercándose cada vez más al 20% en el que se estima que los bosques se secarían.

Perú ocupa el cuarto lugar en extensión de bosques tropicales a nivel mundial. Estos bosques capturan y secuestran carbono, ayudando a mitigar lo efectos del cambio climático.

En los exhibidores de un salón de París, las prendas artesanales de diseño exclusivo reciben miradas de asombro. Comienza a cerrarse un círculo, un proceso que empezó algunos años antes a más de doce mil kilómetros de distancia en Península Valdés, en la Patagonia argentina. En el año 2016, investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), junto a productores ganaderos y trabajadores rurales, ensayaron una serie de medidas con el objetivo de promover una producción lanera responsable tendiente a la conservación de la biodiversidad, que hoy comienza a dar sus frutos.

Los inicios

El investigador independiente del Instituto Para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET), Ricardo Baldi, fue el que primero pensó que el conocimiento científico podía conjugarse con los saberes previamente adquiridos de los productores con el objetivo de encontrar soluciones conjuntas a problemas puntuales. Los campos y el ganado en Península Valdés se han visto afectados a lo largo del tiempo por factores diversos. “Los herbívoros autóctonos como el guanaco, por ejemplo, se alimentan de la vegetación nativa, sobre la que también pastorean las ovejas. El conflicto recrudece cuando los guanacos acceden al agua obtenida mediante bombeo y distribuida en bebederos para el ganado. Al mismo tiempo, depredadores como el puma atacan a los animales”, explica.

Según relata el científico, la respuesta inmediata expandida históricamente en la región, y que en buena medida continúa, es la persecución y caza de estas especies silvestres. Esas prácticas, lejos de solucionar los conflictos, no solo aceleraron la degradación de los ecosistemas áridos sino que también resultaron en el abandono de decenas de campos. De esta forma, un grupo de trabajo conformado por investigadores del IPEEC-CONICET, comenzó a implementar medidas para mitigar los conflictos con el objetivo de evitar la matanza tanto de pumas como de guanacos, restaurar las relaciones entre depredadores y presas nativas, y al mismo tiempo brindar soluciones concretas a los productores de ganado ovino.

“Trabajamos para posibilitar la coexistencia entre la producción de lana y poblaciones saludables de vida silvestre; implementando acciones de conservación y manejo basadas en la investigación científica y en actitudes responsables. Y actualmente estamos trabajando en diferentes establecimientos ganaderos que abarcan unas 50 mil hectáreas de Península Valdés, un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO. En lugares críticos por el conflicto con los carnívoros, hemos introducido perros protectores de ganado para disminuir los índices de mortandad de ovinos por pumas y controlar a los depredadores de manera no letal. En otros sitios colocamos aleros a los bebederos artificiales disponibles para las ovejas, a una altura que impiden acceder a los guanacos a consumir esa agua”, comenta.

El desenlace

Un grupo de productores que se comprometieron a producir lana siguiendo estándares de prácticas responsables, con los que investigadores y becarios del IPEEC-CONICET colaboran desde hace tres años, aplicaron y obtuvieron una certificación internacional. La diseñadora argentina, María Abdala Zolezzi, conocida como Maydi, compró cien kilos de esa lana con el sello “Wildlife Friendly” y acaba de presentar en París la colección que produjo a partir de esa materia prima patagónica.

“Quiero dar a conocer la belleza de las fibras naturales con las que contamos en la Patagonia argentina y sobre todo teniendo en cuenta que estas fibras se encuentran respaldadas por un proceso productivo que cuida el medio ambiente, el bienestar de los animales y el desarrollo de las personas y las organizaciones que participan en toda la cadena de valor”, asegura Maydi.

La diseñadora creó toda una línea de prendas utilizando esta lana, que consta de sweaters, capa y accesorios como guantes, bufandas, polainas, gorros y chales. Además de la lana certificada, utiliza tintes naturales que se obtienen de plantas nativas mediante procesos amigables con el ecosistema. Para Baldi, la ciencia debe ponerse al servicio de esta lógica: “Debemos realizar una producción responsable, que permita la coexistencia con la vida silvestre, contribuyendo a la conservación de la biodiversidad y al bienestar humano, y a su vez encontrar mercados diferenciados que valoren y lleven adelante estas iniciativas. E incentivar a la creación de políticas públicas que pongan en valor la producción regional sustentable y la conservación de nuestras áreas naturales”.

 

 

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