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Cuatro años después de sacudirse con la llegada de Donald Trump al poder, la política de Estados Unidos hacia América Latina podría volver a dar un giro brusco con las elecciones del 3 de noviembre que tienen al opositor Joe Biden como favorito.

De hecho, las profundas diferencias entre Trump y Biden sobre cómo conducir las relaciones exteriores de la mayor potencia global emergen con claridad en sus propuestas para la región.

Mientras que Trump prioriza casi en exclusiva cortar la migración de Latinoamérica hacia EE.UU., Biden plantea aumentar la cooperación continental en problemas que causan ese éxodo en la región, como la violencia y la pobreza.

Muchos prevén que una política de Biden para América Latina se parecería más a la que primó durante el gobierno de Barack Obama entre 2009 y 2017, cuando él fue vicepresidente con un rol de articulador hacia el sur del río Bravo.

Pero algunos advierten que incluso aquel antecedente es relativo.

«2020 no es 2008 ni 2012: la región ha cambiado… Volver a lo de Obama no es posible, porque las condiciones no son las mismas», dice Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de análisis regional en Washington, a BBC Mundo.

Viejas y nuevas prioridades
En la relación de su gobierno con América Latina, Trump destaca como grandes logros sus acuerdos con México y países centroamericanos para que contengan a migrantes en sus territorios.

«Forjamos alianzas históricas con México, Guatemala, Honduras y El Salvador para detener el tráfico de personas», dijo Trump ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre.

Pero los pactos afectan entre otros a aspirantes de asilo en EE.UU. y el presidente llegó a esos acuerdos a base de amenazas de castigos económicos o comerciales a los países involucrados.

Si bien es previsible que en un segundo mandato Trump vele por su cumplimiento, ha surgido incertidumbre sobre la continuidad de sus políticas migratorias aún si fuera reelecto.

La Corte Suprema de Justicia decidió este lunes revisar el programa que obligó a decenas de miles de solicitantes de asilo en EE.UU. a esperar en México mientras se procesan sus pedidos.

El máximo tribunal también analizará la decisión de la Casa Blanca de destinar US$2.500 millones del Pentágono a la construcción de un muro en la frontera sur del país, una de las grandes promesas de Trump en la campaña de 2016.

Se espera que el Supremo procese ambos casos recién el año próximo.

Por su parte, Biden se opone a seguir con la construcción del muro y ha prometido restaurar el papel de EE.UU. «como lugar seguro para refugiados y solicitantes de asilo».

Pero algunos advierten que un gobierno de Biden debería ser cauto para evitar que migrantes de la región interpreten que las fronteras de EE.UU. se abren.

«Eso sería un desastre, tanto político como humanitario», señala Cynthia Arnson, directora del programa América Latina del Centro Wilson, un foro para temas globales en Washington.

Biden, quien ha buscado distanciarse del alto número de deportaciones del gobierno de Obama, impulsó como vicepresidente en 2015 un plan de asistencia para Centroamérica tras la llegada de miles de menores sin acompañantes a la frontera entre EE.UU. y México.

¿Nuevas tensiones?
Pero una pregunta ahora es cómo recibirían los gobiernos latinoamericanos una agenda de Biden que ponga más énfasis en problemas domésticos de sus países que Trump dejó en segundo plano.

Por ejemplo, Trump logró mejorar su relación con el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, tras acordar un nuevo acuerdo comercial entre EE.UU., México y Canadá (T-MEC) y bajar el tenor de sus críticas a su vecino del sur en temas como la seguridad.

Como presidente, Biden buscaría mantener una buena relación con México ante la necesidad de cooperación bilateral en varias áreas, anticipan los expertos.

Lo que sí creo que vamos a ver y puede complicar la relación es que los temas de derechos humanos, democracia y corrupción también van a ser parte de una agenda muy amplia» en un eventual gobierno demócrata, dice Shifter.

«Tal vez no va a estar contento AMLO con esa agenda, pero es una agenda mucho más tradicional y no depende de la forma errática de Trump», agrega.

En el caso de Brasil, el presidente Jair Bolsonaro ha buscado cultivar una relación estrecha con Trump con base en su afinidad ideológica y alineamiento político.

En cambio, el plan de Biden de colocar sobre la mesa temas medioambientales podría generar tensiones con el gigante sudamericano.

Bolsonaro rechazó recientemente como «amenazas cobardes» una idea reciente de Biden de ofrecer a Brasil un fondo internacional de US$20.000 millones para detener la deforestación amazónica o enfrentar «consecuencias económicas».

Otras diferencias importantes entre Trump y Biden surgen en sus planes para Venezuela y Cuba.

Respecto a la isla, Biden propone «una nueva política» que revierta limitaciones a los viajes y remesas impuestas por Trump e impulse a los cubano-estadounidenses como «embajadores por la libertad».

Pero Arnson sostiene que «sería un error pensar que una política de Biden volvería a la política del gobierno de Obama en términos de normalización» de las relaciones con Cuba sin cambios políticos en la isla.

En Venezuela, Biden ve las sanciones económicas como «una de las herramientas» de una estrategia que incluya más asistencia humanitaria, presión internacional coordinada sobre el gobierno de Nicolás Maduro y apoyo a actores democráticos para que se convoque a elecciones libres en el país.

Propone además dar el Estatuto de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) a inmigrantes venezolanos para que residan legalmente en EE.UU. y eviten volver a su país en crisis.

Los expertos creen que Biden se apartaría así de la política de Trump centrada en la imposición de sanciones unilaterales que no han logrado la salida de Maduro del poder.

«Es otro enfoque, otro estilo, pero no es ser una paloma», sostiene Shifter. «Creo que Biden tiene muy claro que Maduro es un dictador que hasta ahora no ha negociado en buena fe».

 

El presidente de EE.UU., Donald Trump, y su rival demócrata, Joe Biden, sustituyeron este jueves el que tenía que ser su segundo cara a cara por un duelo de encuentros televisados con votantes que se contraprogramaron en hora y formato.

Ese segundo debate quedó cancelado después de que Trump se negara a celebrarlo en remoto tras infectarse de coronavirus hace apenas dos semanas y ser hospitalizado durante tres días.

El vicepresidente de Estados Unidos y candidato a la reelección, Mike Pence, acusó este miércoles al candidato presidencial opositor Joe Biden de «plagiar» su plan para combatir la pandemia de coronavirus de lo hecho hasta ahora por el Gobierno de Donald Trump.

Con este ataque comenzó el primer y único debate de vicepresidentes en Estados Unidos entre Pence y su rival demócrata, la senadora Kamala Harris, una cita tradicional que esta vez sumó el componente de que el presidente Donald Trump está contagiado por coronavirus.

El país es el más golpeado del mundo con más de 7,5 millones de casos confirmados y más de 211.000 muertos.

La enfermedad del mandatario, de 74 años, impactó profundamente la agenda de la campaña y ayer el candidato demócrata, Joe Biden, dijo que el segundo debate contra el presidente -previsto para el próximo 15 de octubre- no debería realizarse si el republicano continúa dando positivo, y que en caso de realizarse, todos los involucrados “deberán seguir protocolos muy estrictos”.

A menos de un mes de las elecciones del 3 de noviembre, la pandemia dominaba el debate de entre los vices antes de su inicio y también durante, ya que ambos candidatos debaten separados por dos mamparas, separadas por una distancia de alrededor de dos metros.

Con el anuncio del contagio del presidente, todos los ojos están puestos en Pence, de 61 años. Este cristiano evangélico tradicional asistió a un evento en la Casa Blanca el 26 de septiembre para la nominación de la jueza conservadora Amy Coney Barrett a la Corte Suprema.

Pese al anuncio de su contagio presidencial y su posterior hospitalización, Trump mantiene su tenaz estrategia de minimizar los riesgos del virus y bajar el perfil a la amenaza.

Pese a las encuestas decepcionantes y a las críticas de una falta de empatía con las víctimas del coronavirus, el millonario republicano mantiene su tono desaprensivo frente a la pandemia.

Trump está rezagado en las encuestas nacionales: la pandemia pulverizó el mercado laboral y empujó el desempleo, arrebatándole uno de los mejores argumentos a favor de su gestión: una tasa de desempleo que llegó a tocar un mínimo de 3,5%, pero que ahora está en 7,9%.

Harris, hija de un jamaiquino y una india tamil, desborda vitalidad al lado de Biden, que si es elegido en enero será el presidente de más edad en asumir el poder en Estados Unidos (en noviembre cumple 78 años).

Si ganan los demócratas, Harris será la primera mujer en ocupar la Vicepresidencia.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, no mostraba este martes síntomas de COVID-19, según su médico personal, Sean Conley, y ya ha expresado su intención de participar en el debate del próximo 15 de octubre en Miami (Florida) frente al aspirante demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, pese a no haber completado aún el tratamiento.

“Esta mañana el equipo de médicos del presidente se reunió con él (Trump) en su Residencia. Tuvo una primera noche reconfortante en casa y hoy no muestra síntomas”, señaló Conley en un memorándum, en el que dio a conocer el estado del mandatario, quien dispone de un equipo de especialistas que lo atienden las 24 horas.

Los gritos, las interrupciones y los momentos de caos del primer debate presidencial sacudían este miércoles a Estados Unidos: el presidente y el candidato a la reelección, Donald Trump, lo calificó de «divertido», su rival demócrata, Joe Biden, lo acusó de ser «una vergüenza nacional» y la comisión reguladora prometió que el próximo encuentro será «más ordenado».

«Quizás no debería decir esto, pero el presidente de Estados Unidos se condujo de una forma que creo que fue una vergüenza nacional», aseguró el exvicepresidente y actual candidato opositor durante un acto de campaña en Alliance, Ohio, uno de los estados clave para la elección presidencial, donde la pelea está más ajustada, según las últimas encuestas.

«No sólo me atacó a mí y a mi familia. También atacó al moderador», agregó Biden, quien anoche solo perdió su tradicional calma cuando tuvo que defender a su hijo recuperado de una adicción.

El debate fue tenso de principio y a fin, y Trump sistemáticamente interrumpió a su rival, logrando que pierda su hilo de pensamiento más de una vez, y al moderador, el veterano periodista del canal Fox News, Chis Wallace, con quien se cruzó varias veces en discusiones.

«El debate de ayer hizo evidente que debería agregarse más estructura al formato de los debates restantes para asegurar una discusión más ordenada de los temas», reconoció este miércoles en un comunicado la comisión independiente que organiza y regula los debates presidenciales en Estados Unidos.

El presidente Trump y el exvicepresidente Joe Biden ofrecieron versiones muy diferentes de la respuesta del Gobierno federal a la pandemia del coronavirus.

Cuando se le preguntó a ambos candidatos durante el debate sobre el manejo de la pandemia, Biden señaló el impactante número de estadounidenses que han muerto o contraído coronavirus desde que la pandemia llegó a las costas de Estados Unidos.

«Cuando le presentaron ese número, (Trump) dijo: ‘Es lo que es’. Bueno, es lo que es porque eres quien eres. Es por eso que es. El presidente no tiene ningún plan. No ha presentado nada. Sabía desde febrero lo serio que era esto», dijo Biden, refiriéndose a las entrevistas de Trump con el periodista Bob Woodward, en las que indicó que quería minimizar el coronavirus para no crear pánico a nivel nacional.

«Tú no te asustes. Él entró en pánico», agregó Biden.

Trump respondió diciéndole a Biden: «Nunca podrías haber hecho el trabajo que hicimos». Y citó el manejo de la gripe porcina por parte de la administración Obama.

«Tenemos los trajes. Tenemos las mascarillas. Hicimos los ventiladores. No habrías hecho ventiladores. Y ahora estamos a semanas de una vacuna. Ya estamos haciendo tratamientos. Menos gente está muriendo», dijo Trump, quien culpó a China por el virus y argumentó que la percepción de la falta de éxito de su Gobierno en el manejo de la pandemia es el resultado de la mala prensa.

«Te diré, Joe, nunca podrías haber hecho el trabajo que hicimos. No lo llevas en la sangre. Nunca podrías haberlo hecho, Joe», añadió Trump.

El presidente mencionó el plan del Gobierno para distribuir rápidamente una vacuna contra el coronavirus una vez que esté lista para ser desplegada. Pero Biden respondió, cuestionando por qué los estadounidenses deberían confiar en alguien que miente tan frecuentemente.

«Este es el mismo hombre que te dijo que para Pascua esto se habría ido. Que cuando el clima fuera cálido se habría ido… como un milagro. Y por cierto, tal vez podrías inyectarte un poco de lejía en el brazo», dijo Biden.

Trump afirmó durante el debate que el comentario sobre la lejía que hizo a principios de este año fue sarcástico. CNN ha comprobado esto antes, y simplemente no había ninguna indicación de que no estuviera hablando en serio.

El candidato opositor Joe Biden puso este domingo a la pandemia de coronavirus y a una vacante en la Corte Suprema de Justicia en el centro del debate con vista a las elecciones presidenciales del 3 de noviembre próximo en Estados Unidos.

“Y ahora, en un movimiento político abrupto, este presidente (Donald Trump) y el líder republicano (en el Senado, Mitch McConnell) han decidido forzar un nombramiento vitalicio en la Corte Suprema de Justicia; es lo último que necesitábamos ahora”, agregó el exvicepresidente demócrata, según la agencia de noticias EFE.

Biden reivindicó la Ley de Cuidado Accesible (ACA, en inglés), también conocida como Obamacare porque fue sancionada por el antecesor de Trump, Barack Obama, y a la que el actual mandatario prometió en su campaña derogarla “de inmediato y desde el primer día”, y reemplazarla por otro programa a su juicio mejor y más barato.

Está previsto que la Corte Suprema estudie el futuro de Obamacare una semana después de las elecciones de noviembre y los republicanos aspiran a que el programa sea derogado, o al menos la cláusula que obliga a las aseguradoras a cubrir las enfermedades previstas de sus clientes.

La Corte tenía una ajustada mayoría conservadora (cinco a cuatro, que no siempre votaba automáticamente según esa orientación) y el viernes pasado murió su jueza Ruth Bader Ginsburg, líder del ala liberal, lo que desató un debate sobre si la sucesión debe ser resuelta antes o después de los comicios de noviembre.

Cuando falta un poco más de un mes y medio para las elecciones y solo 12 días para el primer debate, Biden aumentó sus apariciones públicas, que restringió por la pandemia de coronavirus, incluso mientras Trump multiplicaba sus viajes a los llamados estados pendulares, donde las preferencias de los votantes tiene una larga historia de oscilar entre republicanos y demócratas.

Trump regresa a Wisconsin para un acto público al aire libre en el que desplegará su brío característico, en contraste con el estilo más calmo de Biden.

Antes de su partida, Trump criticó la decisión de muchos estados de alentar al voto por correo para evitar posibles riesgos de coronavirus en los colegios electorales, ya que provocará “UN CAOS ELECTORAL”- según lanzó en un tuit.

«PUEDE QUE NUNCA SEAN DETERMINADOS CON PRECISIÓN», continuó el mandatario, que no dio pruebas de sus afirmaciones.

Este método de votación fue implementado en elecciones anteriores y nunca estuvo relacionada con algún fraude a gran escala.

Lejos de la furia del magnate neoyorquino, el exvicepresidente de Barack Obama busca proyectar una alternativa tranquilizadora, por lo que responderá a una audiencia en vivo en un foro organizado por CNN en Scranton, Pensilvania, de donde Biden es oriundo.

La transmisión se llevará a cabo hoy a las 20 horas (hora local) en el estacionamiento de un estadio y asistentes preaprobados ingresarán y estacionarán cerca del escenario, informaron funcionarios locales citados por la agencia de noticias AFP.

El foro televisado en el que participará Biden se produce dos días después de que Trump apareciera en uno similar organizado por ABC News, también en Pensilvania, pero en la ciudad de Filadelfia.

Trump recibió críticas por su desempeño, a pesar de su insistencia en que no había minimizado la amenaza del coronavirus, como reveló un libro del periodista Bob Woodward.

La pandemia del coronavirus se cobró la vida de casi 200.000 estadounidenses y hasta no hace mucho Trump continuaba brindando actos cerrados con una multitud de personas sin mantener ningún recaudo.

Por el contrario, Biden -de 77 años- prefirió los discursos en Delaware, solo con periodistas y parte de su equipo presentes, y, si bien viajó a estados pendulares como Wisconsin, Florida y Pensilvania, evitó multitudes y tiende a relacionarse con los votantes solo en entornos pequeños y controlados.

Trump, de 74 años, suele ironizar sobre su rival al decir que permanece enclaustrado en su «sótano», negándose participar en eventos de campaña más tradicionales.

Biden, por otro lado, siempre se muestra con un tapabocas, mientras Trump casi nunca lo usa y se burla de su adversario político por hacerlo.

«Permítanme ser claro: confío en las vacunas. Confío en los científicos. Pero no confío en Donald Trump», dijo ayer Biden.

La campaña de no agresión de Joe Biden toma una ventaja más aguda a medida que su carrera con el presidente Donald Trump entra en la recta final y el titular, una semana después de la edulcorada convención republicana, vuelve a arremeter en respuesta a una nueva serie de controversias hechas por él mismo.

En la víspera del fin de semana del Día del Trabajo, Biden, en su segunda conferencia de prensa de la semana, reaccionó furiosamente a un informe de que Trump, en conversaciones privadas, describió a los soldados estadounidenses muertos en combate como «tontos». Biden calificó las declaraciones de «absolutamente condenatorias» y pidió al presidente, si los detalles de la historia son ciertos, que se disculpe con las familias de los veteranos militares estadounidenses y los muertos en guerra.

Los supuestos comentarios, como se relataron por primera vez en The Atlantic el jueves, se han encontrado con una frenética avalancha de negaciones de la Casa Blanca y Trump personalmente, quien ha calificado el informe como un «engaño». Pero su prisa por socavar la historia, que no ha sido verificada de forma independiente por CNN, subraya el peligro político que Trump ve en el futuro y, al menos, su potencial para restar valor a sus esfuerzos por convertir esta elección en una elección partidista y no simplemente un referéndum en sus primeros cuatro años.

Biden hizo que el tema, que podría frenar el apoyo a Trump con las familias militares y los veteranos, fuera personal durante un intercambio con los reporteros en Wilmington, Delaware, el viernes, recordando el historial de su difunto hijo, Beau.

«Mi hijo era asistente del secretario de Justicia de Estados Unidos y se ofreció como voluntario para ir a Kosovo, cuando la guerra estaba en curso, como civil, no era un ‘tonto’», dijo Biden, con rostro severo mientras martillaba el término ofensivo. «Cuando mi hijo se ofreció como voluntario y se unió al ejército de Estados Unidos como secretario de Justicia (de Delaware), fue a Irak durante un año, ganó la Estrella de Bronce y otros elogios, no era un ‘tonto’».

En los meses transcurridos desde que ganó la nominación demócrata, Biden ha tratado de mantenerse alejado de los incendios forestales iluminados por Trump, para centrar sus críticas al presidente en el mal manejo por parte de la administración de la pandemia de coronavirus. El número de muertos en el país se aproxima a 200.000 y, según un modelo del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, podría más que duplicar esa cifra en enero si Estados Unidos continúa por su camino actual.

«(Trump) no lo siente, no entiende, simplemente no le importa. Él piensa que si el mercado de valores sube, entonces todo está bien», dijo Biden, quien tocó una fibra populista en esta última denuncia. «Si sus ricos donantes y amigos están bien, entonces todo está bien. Si las corporaciones ven que sus valoraciones aumentan, entonces deben estar contratando».

En su propia conferencia de prensa más tarde en el día, Trump salió y ofreció un comentario de memoria sobre lo que promocionó como noticias económicas positivas en un informe de empleo publicado el viernes, antes de volver a los mensajes engañosos sobre la pandemia y un asalto frontal completo a la historia de The Atlantic.

Pero si el objetivo de Trump era poner en duda los detalles de la revista, para sugerir que no podía haber denigrado a los muertos en guerra debido a su supuesta reverencia por los militares, eligió una forma extraña de comunicarlo.

Al recordar sus comentarios despectivos sobre el difunto senador John McCain, el presidente dijo que «respetaba» al hombre que sirvió casi seis años como prisionero de guerra en Vietnam, antes de criticar repetidamente la legislación de veteranos que McCain, junto con el senador Bernie Sanders, creó y fue aprobada durante la administración de Obama.

Trump también sugirió que su exjefe de gabinete, John Kelly, podría haber sido una fuente para el artículo de The Atlantic, antes de intentar convencer a los estadounidenses de que el exgeneral de la Infantería de Marina de EE.UU. se había derrumbado en el crisol del lujoso espacio de oficinas del ala oeste de Trump.

«Estaba conmigo, no hizo un buen trabajo, no tenía temperamento y, en última instancia, estaba agotado», dijo Trump sobre Kelly, cuyo hijo murió en acción hace casi una década en Afganistán. «Se lo comieron vivo. No pudo manejar la presión de este trabajo».

Estilos contrastantes
Las conferencias de prensa del viernes ofrecieron a los estadounidenses otro contraste discordante entre Trump y Biden, culminando una semana de lo mismo. Ambos hombres visitaron Kenosha, Wisconsin, que se ha visto afectada por protestas y disturbios en respuesta al tiroteo de un agente de policía, siete veces, en la espalda de Jacob Blake, un hombre negro, el 23 de agosto.

Pero Trump usó su visita, casi exclusivamente, para resaltar las escenas de saqueos y edificios incendiados. Biden, cuando aterrizó más tarde en la semana, condenó la violencia y habló sobre el racismo sistémico y los problemas de justicia racial durante los comentarios en la Iglesia Luterana Grace. También tuvo una conversación privada con miembros de la familia de Blake y habló con el joven de 29 años por teléfono.

De regreso a su estado natal el viernes, Biden enmarcó la contienda electoral –como lo ha hecho durante meses– como menos una elección entre él y Trump que una cuestión de si el país quiere ir más allá en la madriguera del conejo de Trump. Pero, quizás más que nunca, parecía decidido a presentar un caso más apasionado en su contra.

Él arremetió y lamentó la sugerencia de Trump, en noches consecutivas, a los partidarios en Carolina del Norte y Pensilvania de que intentaran votar dos veces, una por correo y luego en persona, para probar las medidas de seguridad electoral. Es ilegal votar dos veces, como una variedad de expertos legales, funcionarios electorales y fiscales generales estatales recordaron a los estadounidenses en respuesta.

El exvicepresidente reiteró ese punto, pero también indagó en la psicología del asunto, calificando los comentarios como otro intento de Trump de «crear tanto caos que no importa cuál sea el resultado de las elecciones, que se lanza al aire». Cuando se le preguntó entonces si estaba preocupado por el flagrante esfuerzo de Trump por despejar las dudas sobre la votación por correo, Biden respondió simplemente: «Sí, lo estoy».

«Cuanto más caos se siembra aquí, la gente no se inclinará a aparecer», afirmó, canalizando la sabiduría de los expertos en derechos de voto, quienes dicen que la charla vaga y constante sobre la supresión de votantes, incluso en los intentos de combatirla, puede sea ​​una profecía autocumplida. «En cierto sentido, cada vez que hablo de ello, siento que estoy participando en su juego».

El viernes por la noche, Trump se triplicó y les dijo a los partidarios en Carolina del Norte durante un «telerally» que publicaran sus boletas por correo e intentaran votar en persona.

Entrando al ring
Comprometerse con Trump en los términos de Trump ha demostrado a lo largo de los años ser un esfuerzo perdido, tanto para los republicanos como para los demócratas. Biden y su campaña han buscado mantener al menos un pie fuera del pozo de barro del presidente. Esa decisión se tomó para parecer más sabia esta semana, ya que una variedad de encuestas mostró que Biden superaba a Trump, como lo hace en todas las encuestas nacionales de renombre, y por delante de Trump o corriendo codo a codo con él en estados clave.

MÁS: Biden habló con Jacob Blake y quedó impresionado por cómo dijo que «nada lo va a derrotar»
La gerente de campaña de Biden, Jen O’Malley Dillon, dijo a los periodistas en una llamada el viernes que creía que la carrera es «bastante estable bajo el capó», ya que marcó una serie de datos demográficos, incluidos los suburbanos y los independientes, con los que las encuestas mostraron que Biden se desempeñó mejor que la nominada demócrata Hillary Clinton en 2016.

Mike Donilon, estratega jefe de Biden, comentó en la misma llamada que el coronavirus seguiría siendo el foco principal de la campaña, por la sencilla razón de que, ya sea visto como un problema de salud o económico, o ambos, sigue siendo una preocupación para millones de estadounidenses.

Los esfuerzos de Trump para evadir la pandemia, indicó, no tendrán éxito, porque «ahí es donde están los votantes», y agregó que los intentos del presidente de cambiar la conversación con comentarios extravagantes y acaparadores de titulares serían contraproducentes.

«Cuando hay un enfoque intenso en el presidente Trump y lo que está diciendo y lo que está haciendo», dijo Donilon, «creo que hay mucha evidencia en el transcurso de esta carrera de que sus números tienden a caer».

Sin embargo, durante partes de la semana y algunas horas cautivadoras al final, Biden se comprometió a dejar su propia huella. Ahora, cuando las primeras rondas de boletas comienzan a llegar a los votantes a menos de 60 días de la elección, Biden y su equipo parecen decididos a ayudar a Trump en un camino que creen termina con la desaparición política del presidente.

Enfrentándose a un momento repleto de crisis en todo el país, el presidente Donald Trump aceptó el jueves la nominación de su partido desde un enorme escenario instalado en el Jardín Sur de la Casa Blanca, rompiendo con la tradición al usar la mansión presidencial como escenario político y desafiar las directrices de combate al coronavirus para dar un discurso ante una multitud que en gran medida no portaba mascarillas.

Con múltiples problemas afuera de la Casa Blanca, Trump presentó una visión optimista para el futuro de Estados Unidos, incluyendo una eventual victoria contra una pandemia que ha dejado más de 175,000 muertos, millones de desempleados y ha obligado a reescribir las reglas de la sociedad. Pero ese horizonte más brillante sólo puede alcanzarse, afirmó el mandatario, si él derrota a Joe Biden, contra quien desató mordaces ataques encaminados a borrar la ventaja que el demócrata lleva en los sondeos.

“Hemos pasado los últimos cuatro años revirtiendo el daño que Joe Biden infligió durante los últimos 47 años”, dijo Trump. “En ninguna época previa los votantes han enfrentado una opción más clara entre dos partidos, dos visiones, dos filosofías o dos agendas”.

Proyectándose como la última barrera que defiende el estilo de vida estadounidense del ataque de las fuerzas radicales, Trump declaró que la agenda demócrata es “el conjunto de propuestas más extremas que haya presentado alguna vez un nominado de uno de los grandes partidos”.

Al concluir la Convención Nacional Republicana con su discurso, Trump se arriesgó a enardecer a una nación dividida que sufre una serie de calamidades, incluyendo la pandemia, un potente huracán que golpeó la costa del Golfo de México y noches de descontento racial y protestas violentas después de que Jacob Blake, un hombre de raza negra, fuera baleado por un policía blanco de Wisconsin.

Donald Trump fue presentado por su hija Ivanka, una influyente asesora de la Casa Blanca, quien dijo que el notablemente extrovertido mandatario se solidariza con aquellos que han pasado adversidades durante la pandemia.

“He estado con mi padre y he visto el dolor en sus ojos cuando recibe la actualización de las vidas que se ha robado esta plaga”, dijo Ivanka Trump.

El presidente pronunció su discurso desde un escenario conocido y controversial. A pesar de la tradición y la reglamentación de no usar la Casa Blanca para eventos meramente políticos, se instaló un enorme escenario frente a la residencia presidencial.

Price reportó desde Las Vegas