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Son gratis y sirven para digitalizar, de manera sencilla, antiguas imágenes en papel. Luego, se les puede agregar color y borrar imperfecciones.

Para digitalizar las fotos de papel -de cuando las cámaras usaban rollo de película- o agregar color al patrimonio fotográfico de la familia, existen una serie de aplicaciones y servicios web gratuitos que permiten restaurar las copias más deterioradas por el paso del tiempo.

El primer paso, sea para una foto multicolor o las de tono sepia, es convertir el objeto impreso en un archivo digital. Para esta tarea existen varias herramientas gratuitas que se pueden descargar al móvil y aprovechan la cámara del teléfono para el escaneo.

Una de las más sencillas es Google FotoScan. Una vez que el retrato está en foco, se hace clic sobre el botón disparo y aparece en pantalla una captura preliminar con cuatro puntos. La idea es hacer coincidir estos espacios con el original, para que el software vaya obteniendo nuevas tomas que le permitan reconstruir la foto con la mayor nitidez posible y elimine reflejos, borrones y partes movidas.

Hay otras opciones similares, como Quisquee, que incorpora un editor para mejorar el resultado final. La gran diferencia con la de Google es que todo el proceso de ajuste de contornos hay que hacerlo manualmente. Si queda algún desfasaje, la aplicación no lo corrige y termina torcida. También está Foto Scan Photomyne.

Con el original ya digitalizado, sumar nuevas capas es algo sencillo. Si lo que uno recuperó es una postal monocromática del siglo XIX, con mujeres usando peinetas de celuloide y los hombres de cuello alto con cravat, lo indicado es utilizar algunas de las técnicas de coloración artificial desde la computadora.

El segundo paso, en la computadora

Para obtener óptimos resultados, estas páginas entrenan a su algoritmo con un banco de fotografías, afín de que el “cerebro artificial” identifique los objetos y aprenda qué colores conviene aplicar de acuerdo al contexto de cada escena. Con esta información, la inteligencia artificial (IA) logra colorear una foto que no había visto nunca, pero partiendo de su conocimiento previo.

Hay algunos sitios que son completamente gratuitos. Otros permiten realizar algunas pruebas sin cargo y cuando se supera el límite establecido, a menos que uno se suscriba, todas las imágenes transformadas muestran en la esquina inferior una marca de agua con el logo de la firma.

Uno de los sitios que consigue mejores efectos es Colourise, desarrollada por la División de Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial, GovTech Singapur. Para utilizar este servicio gratuito, antes hay que resolver un captcha que habilita la carga de imágenes.

Sus propios desarrolladores explican que “si bien es imposible replicar las condiciones exactas en que se tomó la foto original, es posible agregar color para ayudarnos a imaginar lo que el fotógrafo podría haber visto en ese instante. Es increíble, casi mágico, cómo un poco de color puede acercarnos mucho más a ese momento específico en el tiempo”.

Para colorear las imágenes, adoptó una técnica de aprendizaje profundo conocida como Redes Generativas Antagónicas (RGAs) que consiste en una red neuronal con muchos parámetros matemáticos, que intenta predecir los valores de color en diferentes píxeles. Hay una segunda red neuronal que busca si los colores generados son fotorrealistas.

Otra opción es Algorithmia, de una empresa dedicada a ofrecer soluciones basadas en IA para resolver cualquier problema. A modo de prueba, habilitaron una serie de herramientas digitales. Así, hay un algoritmo que identifica rostros humanos, otro que detecta el “sentimiento” de un texto, comparar dos imágenes, busca marca y modelo de un coche y la que coloriza fotos.

Hay que decir que la herramienta no es perfecta. Cuando en la imagen hay mucha información, el algoritmo no logra diferenciar a las personas del entorno, lo que resulta en un apocado marrón nocturno. Los resultados mejoran notablemente cuando las caras y los cuerpos no tienen obstrucción.

La plataforma genealógica MyHeritage ofrece también un sistema de conversión creado por Jason Antic y Dana Kelley idearon un enfoque original para colorear las fotos familiar utilizando un algoritmos de aprendizaje automático que dan atención excepcional a los pequeños detalles. En su esmero por cubrir lo imperceptible, el tiempo de demora es superior a otras opciones.

Sobre esta técnica advierten que “los colores son reconstruidos mediante un algoritmo de coloración y pueden no ser precisos. Considere que esto es una simulación tecnológica que hace la mejor estimación sobre cómo era el pasado, estableciendo un puente entre pasado y presente. El modelo fue programado tomando millones de fotos como ejemplo, y gracias a ello es capaz de generar resultados muy realistas”.

Varias de esas ‘apps’, que acumulan 382 millones de descargas, piden al usuario una «gran cantidad de permisos peligrosos», lo que podría «poner en riesgo» sus datos privados, advierte un informe.

Google ha eliminado esta semana de Google Play Store un total de 24 aplicaciones de la compañía china Shenzhen Hawk, filial del gigante TCL, después de un informe que las acusaba de hacer uso de diversas prácticas fraudulentas.

Según la investigación de VPNpro, la empresa china utilizó distintos nombres de desarrolladores para camuflar sus intenciones. Varias de las aplicaciones, que acumulan 382 millones de descargas en conjunto, piden al usuario una «gran cantidad de permisos peligrosos» —incluida la capacidad de hacer llamadas, tomar fotos, grabar videos, audios y «mucho más»— lo que podría «poner en riesgo» sus datos privados, advierten los expertos.

Así, Weather Forecast, una de las ‘apps’ mencionadas en el informe, estaba infectada con ‘malware’ y supuestamente recopiló los datos de millones de usuarios, enviándolos a un servidor en China. La aplicación meteorológica también suscribía a los usuarios a teléfonos premium de pago, abría ventanas de navegador ocultas y hacía clic en anuncios de ciertas páginas web.

Según especifica el analista Zak Doffman de Forbes, de las 24 aplicaciones enumeradas en el informe, seis solicitan acceso a la cámara y dos al teléfono en sí, lo que significa que pueden realizar llamadas. Además, 15 de las ‘apps’ pueden acceder a la ubicación GPS del usuario y leer datos en el almacenamiento externo, mientras que 14 pueden recopilar y subir detalles del teléfono y la red del usuario. Una de las aplicaciones puede grabar audio en el dispositivo o en sus propios servidores, mientras que otra puede acceder a los contactos.

Una vez instaladas, estas aplicaciones pueden comunicarse con un servidor externo controlado por sus desarrolladores. «Al recuperar la ubicación y los detalles del usuario, el riesgo más bajo es que esto fomente el marketing dirigido gracias a los datos de usuarios vendidos a anunciantes que luego podrán personalizar anuncios no deseados», explica Doffman.

Las apps que debería desinstalar

A raíz de la investigación, Google decidió el martes retirar las 24 ‘apps’ de su plataforma oficial para Android. «Nos tomamos en serio los informes de violaciones de seguridad y privacidad», aseguró la compañía en declaraciones a Forbes. Sin embargo, los usuarios que ya tengan instaladas alguna de las aplicaciones fraudulentas, deberían desinstalarlas manualmente. Estas son las 24 ‘apps’ mencionadas en el informe:

World Zoo
Puzzle Box
Word Crossy!
Soccer Pinball
Dig it
Laser Break
Word Crush
Music Roam
File Manager
Sound Recorder
Joy Launcher
Turbo Browser
Weather Forecast
Calendar Lite
Candy Selfie Camera
Private Browser
Super Cleaner
Super Battery
Virus Cleaner 2019
Hi Security 2019
Hi VPN, Free VPN
Hi VPN Pro
Net Master
Candy Gallery.

El Gobierno redujo este sábado 28 de diciembre del 30% al 8% el recargo sobre los pagos en dólares en el caso de aplicaciones muy populares como Netflix, Spotify, Airbnb, Tinder y otras, y también en la contratación de servidores de internet y demás servicios vinculados con el mundo web.

Así lo dispone la reglamentación del decreto publicada hoy en el Boletín Oficial, que brinda precisiones sobre los alcances de la Ley de Solidaridad y Reactivación Productiva, en el marco de la Emergencia Pública. En el marco de aclaraciones sobre el “impuesto para una Argentina inclusiva y solidaria” (PAIS), en el artículo 17 del decreto se establece que cuando se trate de “servicios digitales”, el impuesto será del 8% y no del 30%.

El 30% sí aplicará para el resto de los casos enumerados en la ley, como la adquisición de moneda extranjera, las compras de pasajes o gastos en el exterior. El artículo 17 hace referencia a los servicios digitales tal como se los describe en el artículo tercero de la Ley de Impuesto al Valor Agregado.

Por otro lado, el decreto confirma la suspensión del impuesto del 30% sobre “la adquisición de servicios de transporte terrestre, de pasajeros, con destino a países limítrofes”. Sin embargo, los pasajes de avión a países vecinos seguirán incluidos dentro del régimen y tributarán el 30%.

El decreto 99/2019, publicado en el Boletín Oficial y firmado por el presidente Alberto Fernández; el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; y los ministros de Economía, Martín Guzmán; Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; y Trabajo, Claudio Moroni, establece también una alícuota diferencial de Bienes Personales para activos en el exterior, de hasta 2,25%, y beneficios para quienes repatrien fondos.

Los beneficios de menor impuesto para Netflix, Spotify, Airbnb y otras aplicaciones están detallados en el artículo 17 del decreto publicado este sábado. Señala: “Cuando las operaciones comprendidas en el artículo 35 de la Ley 27.541 constituyan servicios incluidos en el inciso m) del apartado 21 del inciso e) del artículo 3° de la Ley de Impuesto al Valor Agregado, texto ordenado en 1997 y sus modificaciones, la alícuota prevista será del 8%. El inciso m de la ley de IVA ordenada en 1997 incluye a los “servicios digitales”.

Considera servicios digitales -cualquiera sea el dispositivo utilizado para su descarga, visualización o utilización-, a aquellos llevados a cabo a través de la red Internet o de cualquier adaptación o aplicación de los protocolos, plataformas o de la tecnología utilizada por Internet u otra red a través de la que se presten servicios equivalentes que, por su naturaleza, estén básicamente automatizados y requieran una intervención humana mínima.

Y determina que comprende a los siguientes:

1. El suministro y alojamiento de sitios informáticos y páginas web, así como cualquier otro servicio consistente en ofrecer o facilitar la presencia de empresas o particulares en una red electrónica.

2. El suministro de productos digitalizados en general, incluidos, entre otros, los programas informáticos, sus modificaciones y sus actualizaciones, así como el acceso y/o la descarga de libros digitales, diseños, componentes, patrones .y similares, informes, análisis financiero o datos y guías de mercado.

3. El mantenimiento a distancia, en forma automatizada, de programas y de equipos.

4. La administración de sistemas remotos y el soporte técnico en línea.

5. Los servicios web, comprendiendo, entre otros, el almacenamiento de datos con acceso de forma remota o en línea, servicios de memoria y publicidad en línea.

6. Los servicios de software, incluyendo, entre otros, los servicios de software prestados en Internet (“software como servicio” o “SaaS”) a través de descargas basadas en la nube.

7. El acceso y/o la descarga a imágenes, texto, información, video, música, juegos —incluyendo los juegos de azar—.

Este apartado comprende, entre otros servicios, la descarga de películas y otros contenidos audiovisuales a dispositivos conectados a Internet, la descarga en línea de juegos — incluyendo aquellos con múltiples jugadores conectados de forma remota—, la difusión de música, películas, apuestas o cualquier contenido digital —aunque se realice a través de tecnología de streaming, sin necesidad de descarga a un dispositivo de almacenamiento—, la obtención de jingles, tonos de móviles y música, la visualización de noticias en línea, información sobre el tráfico y pronósticos meteorológicos — incluso a través de prestaciones satelitales—, weblogs y estadísticas de sitios web.

8. La puesta a disposición de bases de datos y cualquier servicio generado automáticamente desde un ordenador, a través de Internet o de una red electrónica, en respuesta a una introducción de datos específicos efectuada por el cliente.

9. Los servicios de clubes en línea o webs de citas.

10. El servicio brindado por blogs, revistas o periódicos en línea.

11. La provisión de servicios de Internet.

12. La enseñanza a distancia o de test o ejercicios, realizados o corregidos de forma automatizada.

13. La concesión, a Título oneroso, del derecho a comercializar un bien o servicio en un sitio de Internet que funcione como un mercado en línea, incluyendo los servicios de subastas en línea.

14. La manipulación y cálculo de datos a través de Internet u otras redes electrónicas.

Cuando se trata de locaciones o prestaciones gravadas, quedan comprendidos los servicios conexos o relacionados con ellos y las transferencias o cesiones del uso o goce de derechos de la propiedad intelectual, industrial o comercial, con exclusión de los derechos de autor de escritores y músicos.

Hace poco estaba en la galería Betty Cuningham en el Lower East Side de Nueva York y vi una pintura asombrosa: mostraba a una mujer desnuda acurrucada junto a una ventana, dormida, con el Hotel New Yorker y el edificio Empire State de fondo, y un pez arriba de ella, colgado o flotando. Abrí una aplicación móvil llamada Magnus, tomé una fotografía rápidamente y di clic en «Usar». Segundos después, la aplicación encontró una coincidencia.

Según Magnus, la pintura era de Philip Pearlstein, un artista conocido por renovar la tradición pictórica de la figura humana realista. Se titulaba Modelo con el edificio Empire State, de 1992, con medidas de 182 por 152 centímetros, y estaba a la venta por 300.000 dólares. En 2010, se vendió en 170.500 dólares en Sotheby’s en Nueva York, precisó la aplicación. Magnus después agregó esta información a una carpeta llamada «Mi arte» para guardarla digitalmente y poder verla después.

Magnus forma parte de una ola de aplicaciones móviles que tratan de catalogar el mundo físico como una manera de proporcionar información instantánea sobre canciones, ropa, plantas o pinturas. Primero llegó Shazam, que fue creada para que los usuarios registren unos cuantos segundos de una canción y así poder identificarla al instante. Su gran éxito -se ha descargado más de mil millones de veces, la utilizan veinte millones de usuarios a diario y fue adquirida por Applea un precio de 400 millones de dólares el año pasado- ha generado un sinfín de imitaciones. Hay un Shazam para plantas o ropa y, ahora, también para el arte.

Cada una de las aplicaciones de arte aprovecha la tecnología de reconocimiento de imágenes con un giro específico. Magnus tiene una base de datos con más de diez millones de imágenes de arte, la mayoría a través del modelo de colaboración abierta distribuida, y busca ayudar a los posibles compradores de arte a navegar por el mundo de las galerías y las ferias de arte, que ofrecen muy poca información.

Otras iniciativas están dirigidas a los visitantes de los museos: Smartify, por ejemplo, adopta un enfoque educativo, pues colabora con museos -y a veces galerías- para cargar versiones digitalizadas de sus colecciones, los textos murales y la información sobre los artistas. Google Lens-la tecnología avanzada de reconocimiento de imágenes de Google- también está haciendo incursiones en el mundo del arte. En junio anunció una asociación con el Museo de Young en San Francisco para mostrar algunas secciones de su colección. En julio, Google comenzó a colaborar con Wescover, una plataforma orientada al diseño de objetos, arte público y local, muebles y artesanías que te ayuda a descubrir cuál es el nombre de esa pintura anónima que se encuentra en el espacio de WeWork o la cafetería que frecuentas.

Es necesario sortear algunos obstáculos para poder crear un «Shazam del arte». Magnus Resch, fundador de la aplicación Magnus, comentó: «Hay mucho más arte en el mundo que canciones». Catalogar obras individuales que se encuentran en lugares únicos es mucho más difícil.

Derechos de autor

Los derechos de autor también suponen desafíos. La reproducción de una obra de arte puede ser una violación del derecho de autor del propietario. Magnus afirma que, debido a que las imágenes son creadas y compartidas por los usuarios, la aplicación está protegida por la Ley Digital de Derechos de Autor de la Era Digital. Las galerías y los competidores, dijo Resch, se quejaron de que las imágenes y los datos estuvieran cargados en la aplicación; en 2016, fue eliminada durante cinco meses de la App Store, pero Apple terminó por incluir a Magnus de nueva cuenta en su catálogo después de que se eliminó el contenido.

Otro problema es que la tecnología de reconocimiento de imágenes a menudo es muy lenta cuando debe identificar objetos 3D; incluso una escultura reconocida puede confundir con sus ángulos a las aplicaciones, lo cual da como resultado ese momento interminable en el que la tecnología está pensando.

Además, hay una pregunta más apremiante para estas plataformas: ¿qué información puede proporcionar una aplicación para mejorar la experiencia del usuario al que le gusta el arte? ¿Qué puede aportar un «Shazam del arte»?

La respuesta de Resch es sencilla: la transparencia. Las galerías rara vez publican precios y con frecuencia no proporcionan textos murales básicos, así que uno a menudo debe preguntar cuál es el título o incluso el nombre del artista.

Jelena Cohen, gerente de marca de Colgate-Palmolive, compró su primera obra de arte -una fotografía- en Frieze después de usar Magnus. Antes de probar la aplicación, la falta de información era una barrera. «Solía ir a las ferias de arte y me sentía avergonzada o tímida porque no se especifica ningún detalle», comentó Cohen. «Me encantó que la aplicación pudiera escanear una obra y proporcionarte su historial preciso, cuándo se vendió por última vez y el precio por el que se vendió. Eso me ayudó a negociar».

Magnus no te da una lección de historia del arte ni un resumen básico de la obra; como Shazam, es solo un trozo de información sin contexto. Smartify, por otro lado, quiere condensar en una aplicación lo que alguna vez fue territorio exclusivo de las guías de audio. Si le muestras una obra de naturaleza muerta de Gustave Caillebotte -como hice-, la aplicación te dará información que ya está disponible en el muro, incluyendo la posibilidad de dar clic para saber más. Parte de su misión es facilitar el uso y la accesibilidad. La gente con impedimentos visuales puede usar Smartify con la configuración de audio de su celular, y la aplicación está trabajando en la integración de audio. Es elegante y directa, y generalmente se cita la fuente y se verifican sus datos.

La principal limitación de Smartify es que, como la aplicación colabora directamente con los museos, solo funciona bien en algunos lugares. La Galería Nacional de Londres, donde la probé, fue uno de ellos: no le faltó una sola pintura de la colección permanente. Sin embargo, en el Met, donde Smartify ha cargado un conjunto limitado de imágenes, pasé una tarde frustrante mostrándole pinturas a la aplicación para que después no pudiera decirme ni siquiera los datos que podía leer en los textos murales.

Quizá es revelador que mientras estas aplicaciones están recopilando sus bases de datos, algunos museos están comenzando a alejarse de ellas por completo. El Museo Metropolitano, que presentó su propia aplicación en 2014, la eliminó el año pasado.

«Aunque la aplicación estaba haciendo muchas cosas bien, queríamos crear algo más uniforme», dijo Sofie Andersen, directora digital interina del Met. Esto significa contenido que se carga directamente en tu celular como un sitio web, sin necesidad de descargar nada. De igual manera, en julio el Museo Judío presentó una nueva serie de recorridos de audio en una interfaz web.

«Hace algunos años, vivíamos la locura de las aplicaciones, y ahora todos en la industria de los museos están entrando a la fase posterior», dijo JiaJia Fei, directora de medios digitales del Museo Judío. Señaló que la gran mayoría de las aplicaciones que descarga la gente dejan de usarse después de un rato. «Simplemente terminas usando tu correo electrónico e Instagram».

Después de algunas semanas de probar aplicaciones de arte en museos y galerías, en locales callejeros y en una que otra cafetería, descubrí que no aumentan la calidad de mis encuentros visuales. Aunque el calibre de la información de Smartify es bastante alta cuando funciona -pude saber más sobre personajes específicos en Ulysses Deriding Polyphemus, de J. M. W. Turner-, tan solo el hecho de levantar mi celular para tomar una fotografía transformó una pintura física vibrante en una reproducción aplanada. No valió la pena mediar mi experiencia en el museo con una pantalla para obtener información adicional.

Además, los celulares ya están en todas partes en los museos, lo cual transforma una visita en un catálogo mientras los recorremos. Fei se refirió a esto como «el vacío de las pantallas», y es una de las razones por las que el audio es el medio preferido del Museo Judío. Como Shazam, las aplicaciones son adecuadas para obtener respuestas veloces, algo muy útil en las galerías que no ofrecen contextos.

La «shazamificación» del arte es producto de una época en la que la información supera a la experiencia simplemente visual. Sin embargo, la aplicación no debe ser nuestra única guía en el mundo visual. Mientras caminaba por el Nuevo Museo con la aplicación Magnus, me di cuenta de que recorría las pinturas deprisa sin fijarme en los detalles porque la cámara estaba viendo por mí y la aplicación sabía mucho más que yo.

Disfrutaba de ese clic adictivo y satisfactorio en el momento en que reconocía las obras. Y fue difícil detenerme, informó La Nación.

Uno de los principales centros tecnológicos y financieros del mundo, donde nacieron y se asentaron grandes compañías, como Uber, parece darle un revés a la actividadde las empresas de movilidad. El Senado de Californiaaprobó una ley que, si cuenta con el visto bueno del gobernador, podría golpear de lleno al modelo de negocios de Uber, Lyft y otras aplicaciones.

La ley AB5 es una iniciativa de una legisladora de San Diego y apunta a reconocer a los conductores de las plataformas como empleados formales y no como contratados independientes, si su trabajo es habitual en la empresa. La medida se basó en una sentencia previamente emitida por la Corte Suprema de California en la que se consideró a los repartidores de delivery como empleados, según consignó el diario El País.

La principal explicación con la que se argumentó la necesidad de implementar la ley es que la llamada «economía colaborativa» con la que funcionan las aplicaciones «ha sido un factor importante en la erosión de la clase media y el aumento de la desigualdad«.

El Senado aprobó la ley con 29 votos a favor y 11 en contra. El próximo paso es contar con la conformidad definitiva del gobernador, Gavin Newsom, quien si bien manifestó su apoyo, también sostuvo que negociará con Uber y Lyft para encontrar nuevas reglas para los trabajadores.

Polémica

Pero esto generó un fuerte debate entre las empresas que se congregan en Silicon Valley, los conductores y el Estado. Por un lado están los que consideran que esta modalidad laboral permite flexibilidad, mientras que otros entienden que no les brinda la estabilidad ni seguridad social suficiente.

Entre las compañías se ha intentado presionar para que ciertos casos sean considerador excepciones dentro del marco laboral de esta normativa. Por ejemplo, los repartidores de diarios. Empresas como Uber y Lyft han intentando llegar a un acuerdo a través del establecimiento de ciertas medidas, como pagar un salario mínimo de US$21 por hora. Sin embargo, no han logrado prosperar con esas propuestas. Por eso, Uber respondió a la aprobación de la medida con la posibilidad de avanzar con una consulta popular para que sean los ciudadanos quienes decidan.

Por su parte, Lyft pronosticó que ante esta posibilidad aumentarían los costos y tiempos de espera para los clientes. En tanto, el director legal de Uber, Tony West, opinó que la ley no reclasifica automáticamente a los conductores como empleados y que la compañía ha clasificado adecuadamente a sus conductores como contratistas independientes, informó La Nación.

Desde hace un tiempo la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp brinda a los usuarios la capacidad de eliminar los mensajes enviados, después de lo cual el destinatario recibe una notificación con el texto «Este mensaje ha sido eliminado». Sin embargo gracias a una aplicación desarrollada  para el sistema operativo Android, ahora es posible averiguar qué es lo que se había recibido inicialmente.

Se trata de la herramienta WAMR, que al detectar que un mensaje ha sido eliminado de la aplicación envía una notificación y permite crear una copia de seguridad basándose en el historial de las notificaciones. En ese historial se almacenarán y serán accesibles tanto el texto, como las imágenes, videos, notas de voz, animaciones y pegatinas que habían sido eliminadas.

La aplicación WAMR es gratuita, trabaja en segundo plano y además permite descargar los estados de los contactos. También funciona con Telegram y Facebook Messenger, así lo reseña RT.

El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, defendió hoy a las aplicaciones de delivery al asegurar que «están legalmente constituidas, pagan sus impuestos y son utilizadas por mucha gente» en la Ciudad de Buenos Aires.

El mandatario local se expresó de esta manera luego de que el juez de Feria en lo Contencioso Administrativo y Tributario N° 2 Roberto Gallardo ordenara suspender la actividad de las empresas Glovo, Rappi y Pedidos Ya en toda la Capital Federal.

Tras la polémica generada por el fallo, Rodríguez Larreta destacó que estas compañías «dan mucho trabajo» a los locales de comida y «generan nuevos puestos laborales», así lo informó Telefe Noticias.

De «manera clandestina», los repartidores de las apps de delivery siguen trabajando

En declaraciones radiales, el funcionario cuestionó duramente la decisión de Gallardo al señalar que es «una más de las tantas» a las que lo «tiene acostumbrado» ese magistrado.

«Lo de Gallardo es cualquier cosa. Sus fallos son más políticos. El tema es que después todas (las decisiones) se las apelamos y se las ganamos», remarcó el jefe de Gobierno.

En este sentido, Rodríguez Larreta consideró que una cosa sería trabajar «para ver cómo se regulan estas nuevas opciones que aparecen con la tecnología», pero otra es «prohibirlo y dejar en la calle un tendal de gente, justo con la necesidad de trabajo que hay».

La semana pasada, la Policía de la Ciudad inició un operativo para identificar y controlar a los repartidores de las mencionadas empresas.

Los efectivos de seguridad recibieron la orden judicial de controlar que todos los empleados de esta firma tengan casco puesto, chaleco refractario, la caja fija a la moto o bicicleta y no de mochila, y tener libreta sanitaria.

En caso que a los empleados le falte alguno de estos elementos, los agentes debían decomisar la caja y la mercadería y dejar ir al repartidor.

Esta medida se da en el marco de la decisión de Gallardo, que dispuso la suspensión de estas aplicaciones hasta que cumplan con los requisitos estipulados en el Código de Tránsito y Transporte. (NA)