Sociedad

Los estudiantes en el mundo vuelven a las aulas, pero en la Argentina aún se está lejos

Seis meses pasaron, en algunos lugares más, desde que la pandemia de coronavirus cerró las puertas de sus escuelas. Desde entonces, millones de chicos y adolescentes en el mundo de golpe dejaron de encontrarse -cara a cara- para aprender, para divertirse, para hacerse amigos.

Y aunque la pandemia está lejos de exhibir su punto final, los gobiernos de la mayoría de los países parecen entender que ya es tiempo de volver a las aulas, que eso no solo “normaliza” la vida de los chicos, sino también la del resto de la sociedad y, por consiguiente, puede apuntalar la economía.

Septiembre es el mes del inicio de clases en los países del hemisferio norte, tras las vacaciones de verano de julio y agosto. Y la mayoría de las administraciones en ese lado del globo empiezan a probar cómo se traduce a la realidad los largos y estrictos protocolos que estuvieron preparando mientras los chicos estaban en sus casas.

Muchos gobiernos ven la vuelta a clases como algo urgente: la ONU pidió recientemente la reapertura de las escuelas “en cuanto sea posible” en todo el mundo “para evitar una catástrofe educativa”.

Hace dos semanas movió China, el mismo país en el que arrancó la pandemia. Casi 200 millones de estudiantes, desde jardín de infantes hasta la secundaria, volvieron en las escuelas públicas de ese país. En los Estados Unidos no hay una política única y las definiciones corren por cuenta de cada distrito escolar. Italia puso a prueba su protocolo este lunes, con 5,6 millones de alumnos que volvieron a clases, siguiendo a otros países como España, Francia o Gran Bretaña. En Suecia las escuelas nunca cerraron.

En América latina, epicentro de la enfermedad ahora, hay distintas estrategias: desde Uruguay que ya volvió a clases hasta Bolivia, Paraguay o Venezuela, que ya anunciaron que no volverán en 2020.

En la Argentina solo Formosa y La Pampa tienen clases ahora en escuelas de localidades pequeñas de esas provincias. San Juan y Catamarca habían empezado, pero dieron marcha atrás. La Ciudad quiere volver con los chicos que se desconectaron, pero la Nación no la deja.

China
Paradojas del destino, la primera ciudad china que abrió las aulas fue Wuhan, el centro original de la pandemia. El martes 1° de septiembre volvieron casi 1,4 millones de estudiantes de más de 2.840 escuelas primaras y secundarias.

Desde entonces, China adoptó un ambicioso programa de regreso a las clases que busca que vuelvan la mayoría de los estudiantes, con excepción -en principio- de los de la región de Xinjiang en el Oeste de ese país, donde se registraron brotes en varias ciudades.

El protocolo de vuelta a clases en China no es muy diferente al del resto de los países del mundo, aunque sí lo es la capacidad de mando y control del Partido Comunista sobre la vida social. Las crónicas cuentan que ha movilizado gran cantidad de funcionarios locales y cuadros del partido para inspeccionar las aulas, al tiempo que implementaban aplicaciones y otras tecnologías para monitorear a los estudiantes y al personal, y restringían sus movimientos.

En todos los países la negociación y el acuerdo con los gremios docentes es fundamental para garantizar la reapertura de los colegios. Pero en China, los sindicatos independientes están prohibidos y se desalienta el activismo. Además, el gobierno obliga a los estudiantes universitarios a quedarse dentro de los campus, prohibiéndoles salir para comer o reunirse con amigos, algo difícil de imaginar en las universidades de occidente.

Con respecto a las medidas sanitarias, los directores de las escuelas deben instruir a estudiantes y maestros a mantener la distancia dentro de las aulas. Los barbijos son, en la mayoría de las regiones de China, opcionales. Las reglas son más estrictas en áreas que el gobierno considera particularmente vulnerables a un brote. En Beijing, por ejemplo, se obliga a usar barbijo en todo momento.

Europa
Europa fue el territorio del segundo foco de la pandemia del coronavirus. En la mayoría de los países se interrumpieron las clases a principios de marzo y ahora están haciendo los mayores esfuerzos para pasar a una “nueva normalidad”. Todo esto en medio de una segunda ola de coronavirus en muchos de los países de la región.

La noticia de la semana fue la vuelta a clases este lunes de 5,6 millones de alumnos en doce regiones de Italia. Otras ocho postergaron el comienzo, la mayoría de ellas para el 24 de septiembre. En total se destinaron 4.000 millones de dólares para adaptar todo el sistema.

Por el protocolo escolar, cada aula en Italia fue dividida a la mitad. En los espacios escolares rigen estrictas medidas de seguridad, tanto en las distancia social como en el uso de barbijos y medidas de higiene continuas.

Italia siguió a países como Francia, España y Gran Bretaña, que habían vuelto en casi todas sus escuelas a principios de septiembre. En España, el regreso escolar es progresivo, por etapas educativas, y empezó antes en jardín y primaria. Los protocolos son similares a los de Italia.

Antes del regreso, y como medida preventiva, en España se testeó a todos los docentes. En Madrid, más de 2 mil dieron positivo. La ministra de Educación, Isabel Celaá, pidió confianza porque “el lugar más seguro es el colegio”, aunque dijo que “nadie puede estar tranquilo ni dentro ni fuera de la escuela” en estas circunstancias.

Gran Bretaña

El primer ministro Boris Johnson dijo que reabrir las escuelas es un “deber moral”. Allí no hay ninguna regulación nacional sobre el uso de barbijos en las escuelas. El gobierno ha dejado esta decisión en manos de cada escuela y ha dicho que los niños de primaria no necesitan hacerlo.

En Suecia, en cambio, las escuelas nunca cerraron. Anders Tegnell, el hombre de referencia de ese país en cuestiones sanitarias, sostuvo siempre la decisión de mantener las escuelas abiertas con el argumento de que abrirlas y cerrarlas continuamente -por la aparición de focos de contagios- no sería bueno para la confianza en las autoridades y en la lucha contra el virus.

Estados Unidos

Si bien están en el hemisferio norte, a los Estados Unidos la pandemia llegó unos meses más tarde que a China y Europa, y el comienzo del año escolar los encontró en un serio debate acerca de si es el momento o no de abrir las aulas. Con un poder mucho más descentralizado que otros países, las definiciones ahora corren por cuenta de cada distrito escolar, aunque la mayoría está optando por continuar con las clases a distancia, según informó una crónica del New York Times.

Nueva York

Los oficiales de seguridad escolar controlan la temperatura de un maestro por razones de seguridad afuera de un edificio escolar, mientras comienzan los preparativos para el inicio retrasado del año escolar.

La ciudad de Nueva York es el único sistema escolar importante que planea ofrecer algo de educación presencial, aunque retrasó su fecha de inicio del 10 de septiembre al 21. El protocolo establece el uso de barbijos todo el día, distanciamiento social, una mejora en la ventilación de los salones, menos alumnos por salón, un enfermero en cada escuela. Y si la tasa de contagio del virus supera el 3% (actualmente es de 0,9%) las clases serán suspendidas.

Muchas universidades estadounidenses que han reabierto han visto brotes en los campus, lo que obligó a algunas a cerrar de nuevo.

Las medidas de seguridad recomendadas por la mayoría de los estados de ese país incluyen el uso de barbijos dentro de las escuelas y limitar el movimiento para que los chicos permanezcan en la misma aula todo el día. También se aconseja separar los pupitres, cancelar las reuniones adentro del colegio y las comidas en las cafeterías, tan características de ese país.

América Latina

América Latina es, hoy, el epicentro de la pandemia en el mundo. Por aquí todavía la primera curva está en ascenso y son pocos los países que ya planean una vuelta total a las aulas. Si bien Nicaragua es el único país que dice no haber interrumpido nunca las clases (hay voces que lo relativizan), lo cierto es que el primero que se animó al regreso fue Uruguay.

Los uruguayos sorprendieron en mayo cuando mostraron sus planes de regreso progresivo a las aulas a partir del 1° de junio. En rigor, el proceso de normalización arrancó el 22 de abril con la reapertura de las escuelas rurales, como parte de un cronograma que concluyó el 28 de junio con el retorno de todos los niveles escolares, aunque con menor carga horaria y de días.

Uruguay

Las escuelas cumplen un estricto protocolo sanitario, que incluye la división de los grupos en dos para asegurar el distanciamiento físico. Mientras, los estudiantes que no asisten mantienen un acompañamiento a distancia a través de las plataformas tecnológicas.

Por ahora, las escuelas rurales son las únicas que funcionan en horario completo y con los comedores abiertos.

De la experiencia uruguaya, muchos destacan el apoyo que recibió del Plan Ceibal, que desde 2007, y en forma ininterrumpida, entrega computadoras a los estudiantes y capacita a docentes en educación digital. Con la pandemia se puso en marcha «Ceibal en casa», que busca asegurar la continuidad de las clases a distancia.

En la otra punta, hay otros países de la región -como Paraguay, Bolivia y Venezuela- ya anunciaron que este año no tendrán clases presenciales.

En el medio de las dos estrategias anterior, la Argentina dejó en manos del Gobierno nacional, a través del Ministerio de Educación, la potestad de autorizar la apertura de las escuelas en cada una de las provincias.

En todos los casos, se deberá seguir un protocolo base que fue elaborado en esa cartera por una comisión especial y que contó con el aval de todas las provincias en el Consejo Federal de Educación.

En estos momentos, solamente Formosa y La Pampa tienen clases presenciales en escuelas de localidades pequeñas de esas provincias. San Juan y Catamarca habían empezado, pero dieron marcha atrás por el aumento de contagios. Santiago del Estero que tenía previsto arrancar, también canceló el cronograma.

La Ciudad de Buenos Aires, en tanto, propuso el retorno a “espacios digitales” dentro de las escuelas para unos 6.500 estudiantes que perdieron todo contacto con la escuela. Los gremios porteños manifestaron su oposición. La Ciudad presentó el protocolo ante el Ministerio de Educación nacional, pero éste se lo rechazó.

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