Cordillera

Voluntarios de Cáritas y otras instituciones ayudan a familias humildes afectadas por las nevadas

«Estamos convencidos de que el amor del voluntariado va a cambiar el mundo», dijo ayer Sonia Correa, referente de Cáritas Prelatura Esquel, quien destacó el trabajo que vienen realizando numerosos vecinos, en su mayoría jóvenes, para paliar las necesidades de un basto sector de la población.

«Cáritas basa su tarea y su acción en voluntarios, y últimamente, gracias a las situaciones que estamos pasando, más complejas que las que teníamos tiempo atrás, se están sumando cada vez más voluntarios. En la mayoría son jóvenes que le ponen la alegría, el entusiasmo y energía a cada una de las misiones».

Explicó que «hace ya casi dos meses empezamos por iniciativa de un vecino a entregar viandas a abuelos y algunas mamás con niños chiquitos. En las recorridas por los barrios los jóvenes veían que la necesidad era mayor, y que era necesario actuar en otras instancias. Entonces se organizaron y empezaron a hacer viandas. El segundo fin de semana eran 120 viandas, el tercero 200, y así se fueron sumando». 

En ese sentido, advirtió que el pasado sábado entregaron 467 viandas, debiendo recurrir a otras instituciones. «Empezamos a pedir ayuda porque sólo no podíamos hacer tantas viandas. Y se sumó el Ejército, Gendarmería, bomberos. Todos trabajando para llegar a las partes más altas de la ciudad, sobre todo en estos días donde ha nevado y hay mucho hielo. Siempre el voluntario está presente. Por eso queremos hacer llegar nuestro agradecimiento y reconocimiento a cada voluntario. Los voluntarios salen a pesar del frío, de la nieve, del viento. Sonríen y empiezan a actuar». 

Correa apuntó que los y las voluntarios/as «buscan donaciones, las llevan, visitan a las familias, desayunan con los abuelos, buscan leña, la cortan, la apilan y se organizan para llevarla a las familias. Ante contextos complejos como los que estamos pasando cada voluntario marca la diferencia. Es muy importante esto de ponernos en el lugar del otro, de sufrir con el otro, de querer que el otro esté mejor, y acompañarlo con lo más valioso que tengo como persona, que es el tiempo». 

Desde Cáritas «sabemos que lo que hacemos es una gota de agua en el océano, pero sin esa gota el océano no sería el mismo. Por eso no queda más que agradecer a cada voluntario por el amor de cada una de las cosas que hacen. Cada una de las acciones es invalorable, y no sería posible si no hubiera personas que no se entreguen desinteresadamente. Estamos convencidos de que el amor del voluntariado va a cambiar el mundo». 

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