Economía

El superávit comercial alcanzó los u$s1.015 millones en enero, pese a caída de exportaciones

El saldo comercial positivo fue el menor desde agosto pasado, aunque si lo comparamos frente a igual mes de 2019 arrojó un incremento del 172%. Las exportaciones sumaron u$s4.549 millones, lo que significó una baja interanual del 0,8%, y las importaciones fueron de u$s3.534 millones , un 16,1% inferior al mismo mes del año pasado.

La balanza comercial de Argentina reportó un saldo positivo de 1.015 millones de dólares en enero, informó el viernes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), un dato explicado por el desplome de las importaciones e inferior al esperado por analistas.

Las exportaciones de enero sumaron u$s4.549 millones, lo que significó una baja interanual del 0,8%, explicada por la caída en precios de 2,2% ya que las cantidades subieron un 1,5%. Por su parte, las compras al exterior sumaron u$s3.534 millones, un 16,1% inferior al mismo mes del año pasado. En este caso, las cantidades bajaron un 9,7% y los precios se contrajeron un 7,1%.

En términos desestacionalizados, las ventas externas se redujeron un 6,6% en relación a diciembre de 2019, lo opuesto a lo ocurrido con las compras a otros países, que se incrementaron un 9,3%.

En enero del año pasado la balanza comercial argentina había registrado un superávit de 373 millones de dólares, por lo cual el superávit reciente implicó una suba del 172% en la comparación de ambos períodos. Durante todo el año pasado, el resultado arrojó un valor positivo de u$s15.990 millones.

La relación con los principales socios comerciales exhibió un caída del 0,4% interanual en las ventas hacia Brasil, principal destino de los bienes transables argentinos, que no llegaron a ser compensadas por el aumento de las exportaciones hacia países asiáticos como China (6,8%), India (33,9%) y Vietnam (67,4%).

Del lado de las importaciones, se destacó una abrupta caída en las compras a Brasil, de casi el 11%, a la vez que también cayeron los embarques desde China (-7,4%) y Estados Unidos (38,8%).

Los productos que más se exportaron estuvieron vinculados, como suele ocurrir, con aquellos de origen agropecuario; las ventas de productos primarios acumularon u$s1.557 millones, registrando un incremento del 16,5%, mientras que las de manufacturas de origen agropecuario sumaron u$s1.651 millones aunque significó una retracción del 6,4% respecto a enero de 2019. Las manufacturas de origen industrial generaron u$s1.045 millones, lo cual reflejó una caída del 9,3%.

La caída de las ventas estuvo vinculada fundamentalmente a los menores envíos de harina y pellets de la extracción del aceite de soja (-u$s109 millones), a la vez que también se registraron mermas en las de aceite de girasol en bruto (-u$s50 millones), cebada en grano (-44 millones de dólares) y oro para uso no monetario (-u$s42 millones). Contra la corriente, se produjeron significativos saltos en los envíos de trigo y morcajo (u$s149 millones) y maíz en grano (u$s132 millones).

Paralelamente, las importaciones mostraron bajas interanuales en todos sus productos, destacándose la caída del 18,1% en Bienes Intermedios, del 15,2% en Piezas para Bienes de Capital (u$s726 millones) y del 12,2% en Bienes de Capital.

Desagregando por productos, las mayores caídas correspondieron a semillas y frutos oleaginosos (-u$s262 millones) reactores nucleares, calderas y artefactos mecánicos (-u$s112 millones), máquinas, aparatos y material eléctrico (-u$s87 millones de dólares) y vehículos terrestres (-u$s80 millones).

El dato tiene su lado positivo en cuanto representa un ahorro de dólares que se podría destinar, entre otras cosas, para afrontar los vencimientos de los bonos en moneda extranjera con los acreedores. Sin embargo, la caída en las exportaciones de productos que contienen valor agregado (tanto industriales como de origen agropecuario) no es una señal auspiciosa en materia de sostenibilidad de una balanza comercial positiva.

Por el lado de las importaciones, su reducción se da en el marco de una ampliación de las licencias no automáticas que pueden proteger a la industria nacional pero también pueden perjudicarla si no se segmentan adecuadamente las restricciones.

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