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Un Mundial no apto para jugadores o hinchas homosexuales

El próximo campeonato mundial de fútbol será en la península de Qatar, donde la homosexualidad es ilegal. El portavoz del comité organizador afirma que los gays deben “respetar su cultura y costumbres”, que incluyen la muerte.

Negocios son negocios y el fútbol profesional es eso: uno demasiado grande. Allá por 1978, en medio de la mayor masacre de nuestra historia reciente, la FIFA no tuvo problemas en dejar que la dictadura del general Jorge Rafael Videla organizara su Mundial en la Argentina, aprovechado por los militares para hacer propaganda del régimen. En el palco oficial del Estadio Monumental, rodeado de señores de anteojos negros, el genocida habló el día de la inauguración frente a miles de personas y resaltó el “clima de afecto y de respeto recíproco” en el que se celebraba el evento deportivo, mientras, a pocos metros, en la Escuela de Mecánica de la Armada, sus hombres torturaban y mataban día y noche.

Por eso, no debería sorprender que, varias décadas después, las violaciones a los derechos humanos cometidas por la monarquía absolutista de la península de Qatar no hayan sido un obstáculo para que la familia Al Thani, que gobierna este pequeño pero riquísimo país árabe desde mediados del siglo XIX, haya recibido el encargo de los dueños de la pelota para organizar su campeonato mundial en 2022.

Qatar tiene uno de los ingresos per cápita más altos del mundo, de 63,5 mil dólares anuales (Foto AFP)

Lo que sorprende un poco, sí, es el nivel de cinismo con el que los portavoces del régimen tratan de maquillar sus atrocidades. Cuestionado por la persecución contra la población LGBT en el país, el secretario general del comité organizador del Mundial, Hassan Al Thawadi, respondió que los gays que visiten la península durante el Mundial deberán “respetar su cultura” y aceptar sus “costumbres”, si quieren disfrutar la de “hospitalidad” local.

Con “costumbres” y “cultura”, se refería al hecho de que ser homosexual, en ese país, es ilegal y severamente reprimido. El artículo 285 del Código Penal castiga con prisión de hasta siete años a quien “copulare con un hombre mayor de 16 años”, y con “quien” se refiere a otro hombre. Por otro lado, el sexo fuera del matrimonio, tanto gay como hétero, puede castigarse con la muerte en tribunales religiosos que aplican la Sharía, la nefasta ley islámica, como sucede también en la vecina Arabia Saudita.

De acuerdo con la interpretación que ambas monarquías islámicas hacen de la Sura 7:80/81, el sexo entre dos hombres es un delito menor, sin castigo específico, pero, por tratarse de una relación fuera del matrimonio —que el régimen prohíbe a las parejas del mismo sexo—, puede castigarse con azotes o con la muerte por lapidación. Es decir, a pedradas.

Por otra parte, el artículo 296 del Código Penal del país que recibirá a selecciones de fútbol de todo el mundo establece una pena de uno a tres años de prisión para quien “de cualquier manera provoque, instigue o seduzca a un varón a cometer actos de sodomía o inmoralidad” o bien “de cualquier manera induzca o seduzca a un hombre o una mujer a cometer actos ilegales o inmorales”. Aunque la interpretación homofóbica del mito bíblico de Sodoma y Gomorra sea incorrecta, el término sodomía ha quedado asociado a la homosexualidad en el imaginario social y es usado en muchos países para penalizar el sexo anal, principalmente entre varones. El uso de tipos penales abiertos, con expresiones genéricas como “actos de inmoralidad”, es otra de las técnicas de las que se valen para disfrazar la persecución legal contra los gays.

Operarios trabajan en la azotea del estadio Al Janoub de Doha, la capital de Qatar (Foto EFE/Ali Haider)

El expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, ya había advertido públicamente, cuando se supo que Qatar sería la sede del próximo Mundial, que los hinchas de fútbol homosexuales que viajen para asistir a los partidos deberían “abstenerse de cualquier actividad sexual”. Blatter no lo dijo, pero la advertencia también vale también para los deportistas, aunque, por la homofobia imperante en el fútbol, es improbable que los jugadores gays se muestren en público con sus parejas, ya que están todos en el armario.

Ahora, cuestionado por los medios, el funcionario catarí Al Thawadi intentó diluir el carácter homofóbico de las leyes locales, diciendo que su país no permite expresiones públicas de afecto de ningún tipo, sean gay o hétero. “No estamos diciendo que no sean ellos mismos, pero no lo muestren”, advirtió. Del mismo modo, las mujeres que viajen para el evento deberán mantener siempre cubiertos sus hombros y sus rodillas, entre otras restricciones que parecen insólitas fuera del mundo islámico.

Con uno de los ingresos per cápita más altos del mundo, de 63,5 mil dólares anuales, Qatar también es conocido por permitir el trabajo esclavo y por la extrema explotación laboral de miles de inmigrantes, principalmente de la India, Nepal, Bangladesh, Paquistán y Filipinas, que son tratados como ciudadanos de segunda. El club inglés Liverpool solicitó en 2019 a la FIFA que el hospedaje de su comitiva fuese en un hotel diferente al que le había sido asignado, por las denuncias sobre el uso de trabajos forzados para su construcción.

 

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