Salud

Advierten que la salud de los niños será la más afectada por la crisis climática

Malnutrición, mayor riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares y más exposición a enfermedades infecciosas son algunas de las amenazas que se cumplirán si no toman medidas para frenar el impacto.

La salud de los niños y niñas nacidos hoy puede verse fuertemente determinada por los efectos de la crisis climática. De no cumplir con la agenda para reducir el impacto, en el transcurso de sus vidas el aumento de polución del aire aumentará el riesgo de que sufran problemas respiratorios y cardiovasculares, se agravará la malnutrición, deberán soportar más olas de calor, tormentas más fuertes, estarán más expuestos a enfermedades infecciosas, a la pobreza​ y hasta su salud mental se verá amenazada.

Esa es la advertencia que pone de relieve la actualización del informe «Lancet Countdown: tracking progress on health and climate change», que viene monitoreando el impacto de la evolución del cambio climático en la salud. Se trata de un trabajo de colaboración internacional y multidisciplinaria, del que participan más de 100 expertos de 35 instituciones de diferentes países entre los que haymeterológos, ecologistas, matemáticos, ingenieros, expertos en energía, alimentación y transporte, economistas, científicos sociales y políticos, médicos y otros profesionales de salud pública.

Esta edición del informe analiza un total de 41 indicadores -desde la exposición de las personas a los fenómenos extremos hasta los compromisos políticos- para demostrar qué repercusiones tiene para la salud pública mundial cumplir las metas del Acuerdo de París «o continuar como si no pasara nada».

El estudio es concluyente: la crisis climática ya está dañando la salud de los niños del mundo, ya que sus sistemas inmunitarios están aún en proceso de desarrollo y son más susceptibles a las enfermedades y contaminantes medioambientales; los daños durante la primera infancia son persistentes y sus repercusiones sanitarias durarán toda la vida.

Si no se frena el calentamiento global, un niño que nazca hoy se enfrentará a un mundo con temperaturas medias 4 grados más altas antes de cumplir 71 años, lo que supondrá una amenaza para su salud a lo largo de cada etapa de su vida, advierte el informe, que a su vez destaca que la temperatura media ya aumentó un grado respecto a los niveles preindustriales y que ocho de los diez años más calurosos se han registrado durante la última década.

El estudio de The Lancet llama la atención sobre las graves repercusiones sanitarias del cambio climático «a menos que el mundo cumpla con las metas del Acuerdo de París para limitar el calentamiento por debajo de los 2 grados», y señala que durante el último año los impactos de la crisis han sido «más claros que nunca».

Entre esos efectos, el informe cita las temperaturas más altas registradas hasta ahora en Europa occidental, los incendios forestales en Siberia, Queensland (Australia) o California, y que como consecuencia de ellos la población sufrió más asma, más infecciones respiratorias o una mayor insolación.

A medida que aumentan las temperaturas se reducen las cosechas, subraya el informe, que corrobora el menor rendimiento del maíz, el trigo, la soja o el arroz durante los últimos 30 años, y que las peores consecuencias de la malnutrición, la subida de los precios y la inseguridad alimentaria las sufren los lactantes, los niños y niñas.

«La tendencia descendiente en el rendimiento potencial global de los principales cultivos monitoreados desde 1960 es particularmente preocupante, ya que amenaza la producción de alimentos y la seguridad alimentaria, y los niños en la primera infancia suelen ser los más propensos a sufrir secuelas permanentes a causa de la desnutrición. En Argentina, por ejemplo, vemos que el potencial productivo del maíz y de la soja han disminuido 3% desde los ’60», afirma Marina Romanello, científica de datos del Lancet Countdown.

Las «nuevas» condiciones climáticas son propicias para que se diseminen las bacterias que causan las enfermedades diarreicas, para que aumenten los brotes de cólera en países donde la enfermedad no es frecuente, o para que se propaguen más rápidamente enfermedades como el dengue. De hecho, los mosquitos que transmiten el dengue ya invadieron nuevos territorios en Europa y la mitad de la población mundial está en zonas de peligro. En nuestro país, «la aptitud ambiental para la transmisión de dengue ha aumentado en un 7% desde 1950», destaca Romanello, que se recibió de bioquímica en la Universidad de Buenos Aires y obtuvo un doctorado en biología molecular en la Universidad de Cambridge (Inglaterra), una de las instituciones que participa en el monitoreo.

La contaminación del aire también crece, lo que provoca una reducción de la función pulmonar, un empeoramiento del asma y otras enfermedades respiratorias e incrementa el riesgo de infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares (ACV), lo que va de la mano de un altísimo costo económico destinado a atender esas enfermedades. En Argentina, «la exposición a la contaminación del aire, particularmente a las partículas finas en el ambiente (PM2,5), que son altamente tóxicas, ha resultado en casi 4000 muertes prematuras en 2016», precisa la investigadora.

Los mayores de 65 años son especialmente vulnerables al calor extremo. Según el Lancet Countdown, en 2018 el número de personas mayores de esa edad expuestas a olas de calor ascendió a 220 millones. Y en Argentina el año pasado en ese grupo hubo 300.000 exposiciones más que en el año 2000. A su vez, en 2018 se perdieron a nivel local más de 16 millones de horas potenciales de trabajo debido a la exposición al calor extremo, destaca Romanello.

Los autores del trabajo reclaman la eliminación «rápida, urgente y completa» de la energía generada con carbón, que los países más ricos cumplan sus compromisos y destinen 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 a los países más vulnerables, y adaptar los sistemas sanitarios para asegurar que los perjuicios derivados del cambio climático no superen su capacidad para atender a los pacientes.

«Argentina -consigna Romanello- está entre los países que todavía subsidian el consumo de combustibles fósiles. Si bien han bajado en los últimos años, el país todavía subsidia en un valor de 7084.2 billones de dólares el consumo de estos combustibles que tanto dañan la salud. Y a pesar de un gran aumento en la producción de energía a partir de fuentes renovables del 2012 al 2014, la producción ha comenzado a disminuir desde entonces.»

Dejanos tus comentarios

Comentarios cerrados