Política

Perl: «lo que vive Arcioni tiene ciertas similitudes con lo que viví yo»

No quiere aceptar que son momentos parecidos, pero a poco de recordar encuentra similitudes, como la cantidad de días sin clases y el rechazo que genera aumentarse sueldos en plena crisis. Néstor Perl y Mariano Arcioni se encontraron una vez en Rawson en un encuentro protocolar. El abogado nacido en Esquel que hoy es profesor de Historia admite que su gobierno cayó porque él no quiso pelearse con dirigentes de su propio partido. Y se arrepiente un poco.

«Apagá la luz que no vas a tener con qué pagar a fin de mes», le dijo Néstor Perl a Mariano Arcioni el miércoles 29 de noviembre de 2017, cuando el gobernador llevaba 28 días en funciones y convocó a ex mandatarios a Rawson. Además de Perl, ese día asistieron los radicales Carlos Maestro y José Luis Lizurume y el justicialista Fernando Cosentino.

Hoy Perl recuerda aquella broma como premonitoria de lo que podía pasar en esta provincia porque ya era consciente de la deuda que habían contraído anteriores administraciones. «Y toda en dólares», resalta.

Quien fuera gobernador de Chubut entre 1987 y 1990 sostiene que lo que hoy vive Arcioni no es equiparable a la situación que le costó atravesar a él y que desencadenó su caída, aunque admite ciertas similitudes.

La historia

De 79 años, y en actividad como abogado y profesor de Historia, Perl habló de la crisis en Chubut con FM 100.1 de Comodoro Rivadavia. Tiró abajo algunos mitos, como por ejemplo que haya sido Alejandro Fernández Vecino -su ex cuñado- quien impulsara su juicio político en aquellos agitados días de octubre de hace 29 años.

«En realidad fue Venicio Fenizzi, que luego fue compensado como candidato a vicegobernador», aclara. El ya desaparecido dirigente petrolero de SUPE de Comodoro completó en 1991 la fórmula de Osvaldo Sala que perdió las elecciones con Maestro y Jorge Aubía.

Para Perl, el hoy administrador del puerto de Madryn fue quien estuvo detrás de su caída. «Estaba muy resentido conmigo», apuntó sobre quien por entonces era intendente de Puerto Madryn.

El ex gobernador sigue de cerca lo que ocurre en Chubut, no solo por haber nacido en Esquel donde se casó por primera vez con la hija del anterior gobernador peronista que tuvo la provincia, Benito Fernández (1973-76), sino porque un hijo suyo es periodista en un diario de Trelew.

Se fue sin pelear

Perl presentó la renuncia como gobernador el 31 de octubre de 1990 cuando había atrasos salariales con los empleados públicos y los docentes llevaban varios días sin dictar clases. Aquel conflicto incluso dio origen a una comisión de padres en Comodoro desde donde se promovían continuas movilizaciones. Su vocero era un afiliado radical que un año después sería electo concejal y que hace pocos días fue tildado de «cartonero» por un correligionario: José Gaspar.

«Había una amenaza de juicio político porque se planteaba que yo no garantizaba la educación. Fue un golpe y yo no tuve fortaleza anímica para enfrentar la situación; estaba cansado y me arrepiento de mi desidia de no convocar a la gente para enfrentar la situación. A veces, con ignorancia e indiferencia a uno lo matan», sostiene casi tres décadas después el hombre que como diputado nacional (1983-87) impulsó la histórica Ley de Divorcio.

En aquella época aún se vivían en el país los coletazos de la hiperinflación desatada en las postrimerías del gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín y otras provincias patagónicas atravesaban crisis parecidas. El barril de petróleo, además, estaba a 13 dólares.

Santa Cruz, por ejemplo, llegó a tener tres gobernadores antes de que llegara Néstor Kirchner y en Río Negro Horacio Massaccesi fue objeto de una causa penal por apropiarse del tesoro regional del Banco Central que estaba depositado en General Roca.

Conexiones sospechosas

Perl tenía buenas relaciones con el presidente Carlos Menem y sus funcionarios -de hecho, luego sería parte del gobierno del riojano, como también del de Eduardo Duhalde- pero cree que la crisis general fue lo que hizo que no le anticiparan fondos de la coparticipación con los que hubiera salvado su gobierno.

«Tampoco era tanto; yo no tenía deudas sino créditos y la prueba está en que después se arregló la situación con 15 millones de dólares que prestó el Banco Nación», recuerda.

El que se benefició fue su sucesor, Fernando Cosentino, de quien hoy Perl no sospecha, aunque «es complicado porque los vice siempre quieren ser».

Lo concreto es que cuando necesitó de Nación, «no tuve la ayuda que debí tener y eso me lleva a hacer algunas conexiones, pero yo no quise pelearme con gente de mi partido», que además le exigía un ajuste que incluía despidos de empleados públicos. Chubut tenía entonces 18.500.

Más tarde exigiría acompañar la privatización de YPF, para devolver en plata constante y sonante las regalías mal liquidadas en años anteriores. Con esa plata se financió casi enteramente el radical Maestro durante 8 años.

El papel de los medios

Un capítulo especial en las memorias de aquellos días guarda Perl para los medios. «Quedé muy mal con todos. Es que no pagaba tanta publicidad; algunos pedían mucho, pero era sacarle plata a hacer más escuelas y no era buena política. Se malquistaron conmigo. Pero no lo hice por maldad contra ellos; era mi conciencia la que decía que debía darle otro destino a los fondos», afirma.

Además de aulas vacías, otra similitud que Perl encuentra con estos días es que por entonces aceptó el consejo de su ministro de Economía de aumentarle los sueldos a toda la plana política. Hoy le reprocha lo mismo a Arcioni. «Eso irrita a la gente, con razón», sostiene.

Perl hoy mantiene contactos con los senadores nacionales por Chubut, a quienes considera «de lujo». Dice conversar bastante con Juan Mario Pais y Alfredo González Luenzo, de quien es asesora su actual esposa, Constanza Guglielmi, a quien conoció en sus días de diputado, cuando ella era una dirigente estudiantil.

«Mariano tuvo la posibilidad de convocar a quien quisiera. No era oportuno esto del aumento, eso irrita a la gente. Ahora están todos muy obnubilados. No sé si estamos a tiempo de bajar decibeles. Lo veo difícil, pero habría que intentarlo», reflexiona.

Sin embargo, «estamos muy complicados por la deuda que es alta y es en dólares».

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