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El diseño de un arquitecto argentino que le ganó a los mejores del mundo

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Alejandro Stochetti integra el estudio que ganó un concurso internacional para construir una expo en Kazajistán. Ahora es un distrito de negocios.

El argentino que le ganó a Zaha Hadid se llama Alejandro Stochetti, vive en Chicago y brilló como parte del estudio que se quedó con el concurso internacional que convocó a 100 firmas de primera línea (UNStudio, Snøhetta, Safdie Architects y Zaha Hadid) para la construcción de una mega ciudad futurista en Kazajistán. En diálogo con ARQ, Stochetti repasa los hitos de la Expo Astana 2017, el legado urbano y las herramientas adquiridas para futuros proyectos.

El tema, la Energía del Futuro, fue apenas una excusa para el diseño de estructuras de ciencia ficción en un predio de 174 hectáreas. Por la envergadura del proyecto el estudio AS + GG fue señalado como el autor de una “tercera revolución industrial”.

Alejandro Stochetti, líder de este proyecto descomunal, es reconocido entre los especialistas en desarrollar tipologías de expos a escalas XL.

La experiencia lo llevó a doblar la apuesta. Junto al mismo equipo de AS + GG (el estadounidese Adrian Smith y los canadienses Gordon Gill y Robert Forest), está delineando la Expo Dubai 2020 Al Wasl, un oasis en el desierto.

Astana fue un punto de inflexión. Tanto, que Stochetti avanza en la edición de un libro que repasará la historia de esa esfera gigante de 80 metros de diámetro y 90 metros de alto que quedó en la retina de los casi 4 millones de visitantes que la recorrieron.

Entre los desafíos planteados para proyectar 25 hectáreas de la expo y las 174 hectáreas de la nueva urbanización, figuraba el impacto posterior que el conjunto tendría en la capital de Kazajistán, situada a orillas del río Ishim, al Norte del país centroasiático, el noveno más grande del mundo.

A partir de un relevamiento que incluyó características climáticas, contextos sociales y naturales, el equipo de arquitectos dotó al proyecto de espacios interiores cálidos y confortables para enfrentar los inviernos largos y crudos y garantizar circulaciones dinámicas durante la expo, y a futuro.

Así, las formas curvas de varios volúmenes maximizan superficies expuestas al sol y promueven el aprovechamiento de la luz natural y la optimización de los paneles fotovoltaicos instalados en las fachadas vidriadas.

El lenguaje arquitectónico, más allá de la espectacularidad, se rigió a partir de una lectura minuciosa del sitio para plantear “cuadrículas inteligentes” y “fuentes de energías renovables integradas a edificios y espacios públicos”, destaca Alejandro Stochetti, al frente también de los proyectos Burj Khalifa en Dubai, la Torre de Las Vegas y el masterplan del Centro de Convenciones y Exposiciones de Suzhou, en China, entre otros.

La esfera central es la protagonista. Alineada con la emblemática Torre de Bayterek, el observatorio urbano de 97 metros que simboliza la independencia del país, la gran esfera de la Expo fue concebida como centro de investigaciones y desarrollo de energías renovables. Por su escala y la riqueza del contenido, “fue un imán para los visitantes”, comenta Stochetti.

Desde el último nivel, recuerda, se apreciaba el nuevo distrito y se podía contemplar el funcionamiento de las turbinas eólicas y células fotovoltaicas integradas a la piel de la esfera. El conjunto cuenta también con texturas cerámicas en el vidrio curvado que reducen la exposición del sol en las partes más críticas.

En tanto, los pabellones se encuentran enmarcados por una cubierta y se distribuyen en conjuntos de plantas en U a lo largo de la calle circular. El ingreso se configura a partir de un patio semicubierto, “que permite filtrar la intensa radiación solar. Durante la Expo organizada por el BIE (Bureau International des Expositions), el pabellón de Argentina ofreció un conjunto de contenidos interactivos muy bien resueltos”, recuerda el arquitecto que disfrutó junto a su familia todas las atracciones.

En función de evitar un decorado efímero, AS + GG se impuso empoderar a la ciudad, otorgarle identidad y maximizar el potencial del esfuerzo para que no sólo quede registrado en la retina. “Pusimos el foco en el día después. Por eso tuvimos en cuenta los recursos disponibles (energía solar, vientos y energía geotérmica) para desarrollar un masterplan que incorporara las fuentes de energías renovables propias en pos de mejorar la calidad de vida urbana”, destaca el proyectista argentino radicado en Chicago.

Por su parte, el atrio central es un centro educativo, museo de ciencias y tanto el teatro Energy Hall, como el centro comercial y el Hotel Hilton se transformaron en puntos de encuentro y escenarios de eventos sociales. Además, el Centro de Congresos hoy convoca a eventos internacionales. “Esperamos que el distrito siga creciendo y atraiga a residentes, profesionales y turistas. Que el esfuerzo de la comunidad se transforme en beneficios”, apunta el arquitecto.

El legado de Astana, entonces, se resume en crecimientos sustentable y sostenido, respeto por las prácticas culturales y sociales locales, optimización de la infraestructura pública y promoción del destino como sede internacional de negocios y eventos. Pero sobre todo, lo que Astana le dejó a sus habitantes es un sentimiento de identidad. Ser parte de una ciudad que mira al futuro con los ojos bien abiertos.

Clarin

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