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Patagonia

El bombero que quedó cuadripléjico y espera una ley “justa”

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Damián Lucero afectó su salud de por vida mientras trabajaba en un incendio en Bariloche hace casi 15 años. Hoy cuenta cómo fue asistido. Al no contar con ART, ¿qué pasa cuando los bomberos sufren un accidente?

Nunca pensó que esa tarde de domingo su vida iba a dar un giro inesperado. Era el 21 de marzo de 2004 y Damián Lucero no dudó ni un instante. Como bombero voluntario del cuartel Centro concurrió a un incendio en un supermercado, que funcionaba en la avenida de Los Pioneros al 100, a unas 8 cuadras del Centro Cívico de Bariloche. Veinte bomberos fueron a combatir el fuego.

“El siniestro había empezado en la segunda planta del local. El fuego estaba en el entretecho”, recordó Damián. “Trabajé arriba del techo para sofocarlo y luego ingresé, había mucho humo negro, pero tenía equipo de protección y la máscara de respiración”, relató. “Después sentí un fuerte dolor de cabeza, salí y me senté en la autobomba y volví de regresó al cuartel. La sensación empeoró”, contó.

Horas después, estaba en la guardia del Sanatorio San Carlos. Estuvo 11 días en coma. Cuando despertó había quedado cuadripléjico. “Esto será temporal”, pensó. Tenía 29 años y un hijo de 3. Trabajaba desde hacía una década como técnico en emergencias en el mismo sanatorio donde estuvo un mes internado en terapia intensiva.

“Cuando desperté del coma tenía “síndrome de cautiverio”, una patología en la cual una lesión en el tronco cerebral impide los movimientos voluntarios. Movía sólo las pestañas, no hablaba, no comía por boca”, describió.
Contó que los médicos le explicaron que el dolor de cabeza se debió al poco oxígeno que quedaba en su sangre. “Lo supieron cuando me hicieron el laboratorio, porque hasta ese momento estaban desconcertados. También tuve convulsiones en la guardia y eso complicó todo bastante, me bronco aspiré y tuve neumonía”, rememoró.

“Fue muy fuerte, pero lo que me mantuvo calmo fue pensar que todo sería temporario. Meses después tomé noción real de lo que me estaba pasando”, comentó, en el diálogo que mantuvo por escrito con “Río Negro” por el chat de una cuenta de Facebook. Pasó 8 meses en el Instituto Fleni, en Buenos Aires.
Dijo que cuando revisaron los equipos de respiración, ninguno aprobó la revisión. “Todas las máscaras tenían filtraciones y eran muy obsoletas. Esos equipos eran donaciones de Australia que ellos habían dado de baja”, explicó Damián.

Hoy, tiene 43 años, vive con tres hijos y su señora en su casa de Bariloche. “No camino, me movilizo con una silla motorizada, no puedo mover los brazos, ni puedo hablar, sólo muevo un dedo y con él me comunico a través del teclado de la computadora”, explicó. “Sigo yendo al cuartel, aunque menos de lo que quisiera, también trabajo, estudié y voy a terapias de rehabilitación”, contó.

“Mi lucha fue y es como la de cualquier afiliado a Ipross. He tenido buenos y malos momentos. Un bombero voluntario, gracias a Dios tiene Ipross”, sostuvo. “Pero, a veces, cuando se accidenta, el Ipross no actúa automáticamente, y a veces está cortada o no cubre los tratamientos necesarios”, comentó.

“Necesité un avión sanitario y los bomberos voluntarios tuvieron que salir a manifestarse. Aun así fue un favor político”, recordó. Dijo que años después se accidentó otro bombero voluntario, que necesitó un avión sanitario y a los meses le llego una boleta de 70 mil pesos a la familia. Fue el caso del bombero voluntario Oscar Sánchez, que sufrió un accidente el 30 de noviembre de 2015.

Lucero dijo que en Chile, los bomberos tienen ART. “Incluso Argentina tuvo en 1971 pero no se llamaba ART”, relató. “Quisiera que se aprobara la ART para bomberos voluntarios porque sería algo justo y muy necesario”, afirmó. “Hay un gran abandono del Estado cuando algo pasa. Acá, en Río Negro tenemos Ipross, que no sirve en un accidente, pero por lo menos es algo, otras provincias no tienen absolutamente nada”, señaló.

“No buscamos el fin del voluntariado, ni asistencialismo, sólo una ley justa que nos permita seguir haciendo lo que amamos”, aclaró.

Damián contó que ahora va menos al cuartel, “pero porque me cuesta ir solo de visita y no opinar o involucrarme más, extraño mucho cumplir servicio”.

“Cuando un bombero se lesiona, usualmente la institución a la cual pertenece se encarga de pagar los gastos de internación, pero a veces la situación es más grave de lo cotidiano y la institución se ve desbordada”, sostuvo.

“Entonces, el bombero voluntario queda en situación de abandono. Lo que agrava todo, es que muchos, además, son padres o madres, soporte de familia, lo que los deja a ellos y por ende a sus familiares en una situación de máxima vulnerabilidad social, ante una lesión o una enfermedad, contraída durante el desarrollo de su actividad voluntaria, que le prohiba cumplir con sus obligaciones laborales rentadas”, explicó.

“Mi sueño en la actualidad pasa por mis hijos y mi familia”, afirmó.

 

rionegro.com

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