Policiales

“Ensueño”, el cabaret de esclavas sexuales en Sarmiento

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Rogelia Llancamil, más conocida como “Stefi” fue condenada a 8 años de cárcel por explotar al menos a cinco chicas que quedaron atrapadas en un sistema de multas y deudas diseñado para que no pudieran escapar. Les cobraba desde la comida hasta los preservativos, y se quedaba con su plata.

Le dicen “Stefi” y fue condenada a 8 años de cárcel por trata y explotación sexual de 5 mujeres. Se trata de Rogelia Cristina Llancamil. Era dueña del cabaret “Ensueño”, en Sarmiento. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia ordenó decomisar el boliche.

La primera pista fue un allanamiento que secuestró más de 120 libretas sanitarias expedidas por la Municipalidad de Sarmiento. Era octubre de 2014. Gendarmería detectó siete locales con mujeres en esa ciudad: “La Tía II”, “Tiffani”, “Esperanza”, “Bar Alicia”, “Yuli”, “Ibiza” y “Ensueño”. Encontró dos chicas dispuestas a declarar. Todas habían llegado al cabaret porque “Stefi” les prometió bienestar, les pagó los pasajes, las esperó en la terminal de ómnibus, las llevó y las alojó.

El celular de Llancamil fue intervenido. Tenía 8 a su nombre: sospechaba que la escuchaban. La vigilancia encubierta descubrió pases –servicios sexuales por plata- mucho más frecuentes que en otros boliches. A las chicas “Stefi” les daba comida de “Ibiza”, su restaurant. A las más jóvenes las tenía bajo amenaza y si se negaban al sexo fuera del horario nocturno las llegaba a trompear.

Una madrugada de setiembre de 2015 Gendarmería allanó el cabaret, en Perito Moreno y 28 de Julio. Separaron a mujeres de clientes. Secuestraron cuadernos con anotaciones de nombres de fantasía de mujeres y sumas de dinero, precios de tragos, preservativos, celulares y plata. Los montos y porcentajes eran distintos según duración y lugar del pase. Era la contabilidad de la trata.

En su cartera “Stefi” tenía dos libretas sanitarias. Había una casa contigua con varios cuartos. Para llegar había que salir a la vereda. Había heladera, barras, cortinas, tarimas, sillones, consola grabadora de video de una cámara de seguridad de circuito cerrado. Se hallaron camas preparadas, caloventores y preservativos usados en el piso y también en un tarro. La puerta de emergencia estaba clausurada y era imposible salir.

El mismo día se allanó “Ibiza”, Perito Moreno 736. Estaba el hijo de la mujer. Hallaron documentación, cuadernos con anotaciones, un sobre con fotos de hombres y mujeres, y plata. Había una barra, dos freezers, una fonola digital, un equipo de música, un TV y mesas de billar.

Había chicas de Comodoro Rivadavia, Misiones y Buenos Aires. A varias las esperó en la terminal. Les impuso las condiciones: precio y duración de los servicios sexuales, horario de atención, limpieza del lugar y prohibición de usar celular. Sólo la primera copa era para ellas. El resto era mitad y mitad, como con los pases.

Les aplicaba un severo sistema de multas de hasta 3 mil pesos por desobedecerla, llegar tarde, dar el teléfono a un cliente, irse antes sin avisar, quedarse dormidas, negarse a atender a un cliente, romper cosas o pelearse o no regresar a las 23.30. Esto generaba una deuda forzada y continua para las chicas. Hasta las agredía. Así las sometió y las forzó a quedarse: siempre le debían dinero.

El fallo consideró que “Stefi” se aprovechó de la pobreza de las mujeres, sin familiares en la zona. Y que las cinco víctimas estaban “atrapadas”.

El Comodorense

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