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Macri y el descontrol de los espías

Las denuncias por los aberrantes casos que involucran a importantes clubes de fútbol, quedaron opacadas por el escándalo que desató Natacha Jaitt en la mesa de Mirtha Legrand.

Detrás de la mediática están los servicios de inteligencia, siempre dispuestos a utilizar sus “conocimientos” en intereses por pujas personales o políticos. Los servicios de inteligencian son un pilar del Estado. Todos los gobiernos se valen de ellos para armar causas ante la Justicia o para frenar otras. Son utilizados para enfrentar a sus enemigos políticos o para conspirar contra los intereses de las grandes mayorías populares.

Esto último se vio en la reciente historia argentina. Fernando De la Rúa utilizó a la exSIDE para sancionar la Reforma Laboral. Las coimas en el senado fueron llevadas adelante por estos agentes.

Eduardo Duhalde tampoco se privo de recurrir a la exSIDE después que su gobierno llevara adelante la masacre del Puente Pueyrredón. El entonces jefe de la SIDE, Carlos Soria, junto a Aníbal Fernández lanzaron una campaña, con supuestas pruebas sobre que el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki fue producto de un “enfrentamiento entre piqueteros”. Poco después está campaña fue desmentida por la fuerza de los hechos.

Mauricio Macri fue procesado en 2009 por propiciar una central de inteligencia clandestina. El excomisario Alfredo “Fino” Palacios dirigió un cuerpo de cien espías que provenían de la Policía Federal. Bajo sus órdenes, Ciro James intervino los teléfonos de un familiar víctima del atentado de la AMIA y otros dirigentes de UTE que encabezaban la lucha de los docentes porteños.

El gobierno de Cristina utilizó los servicios inteligencia para espiar a las organizaciones obreras y populares. El Proyecto X mostró que la Gendarmería se infiltraba en las luchas de los trabajadores para recabar información que proveían a la Justicia para el armado de causas en las que fueron procesados delegados combativos de la comisión interna de Kraft-Mondellez.

Los gobiernos pasan y los servicios quedan

Sus agentes pueden estar dentro del organismo o fuera de él, como mano de obra desocupada. Entre estos últimos está el inoxidable Jame Stiuso. Formado bajo la doctrina de la Triple A y la dictadura genocida. Ingresó en 1972 y continuó en su cargo hasta que recién fue desplazado por Cristina Kirchner en diciembre de 2014, después que se sirvieron de él desde 2003, cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner.

Desde que Cristina decide desalojar del organismo de espionaje, a sus principales figuras, Stiuso y sus aliados quedarían como mano de obra disponible para dedicarse, esta vez a tiempo completo, a sus negocios privados (o no tan privados): narcotráfico, trata de personas y prostitución.

Estos negocios no les impiden mantener buenos vínculos con el poder de turno. A poco que Cristina Kirchner dejara el poder, sus conversaciones con Oscar Parrilli, fueron difundidas en cadena nacional por los principales medios oficialistas.

Con la llegada de Mauricio Macri a la Rosada, más de 900 espías quedaron en la calle. Esta vez no sería para achicar los gastos del Estado, sino para proveerse de “nuevo” personal. Entre los nuevos miembros de la AFI, llegó un viejo conocedor de los sótanos del Estado.

Nada menos que el responsable de pagar coimas en el Senado para aprobar la reforma de flexibilización laboral. Juan José Gallea durante el gobierno de la Alianza manejó las finanzas de la exSIDE, volvió a ocupar ese cargo de la mano del PRO.

Posteriormente Gallea fue un CEO del Grupo Szpolski. Ahí llegó a través del ex número dos de la SIDE durante el gobierno aliancista: Darío Richarte. Hasta diciembre de 2014, el radical Richarte fue abogado del Grupo 23.

Ambos exSIDE se volvieron funcionales al kirchnerismo: Richarte, en su rol de operador en Comodoro Py, y Gallea como gerente de los medios de Szpolski.

Richarte no se conformó con un cargo en la clandestinidad, y en 2014 fue nombrado Vicerrector de la Universidad de Buenos Aires. Su nombramiento fue repudiado y denunciado por los centros de estudiantes por su pasado en la SIDE y por formar parte del estudio de abogados que llevaba adelante la defensa del vicepresidente Amado Boudou.

A partir de la ruptura de los capos de la SIDE con el kirchnerismo, Richarte y Gallea empezaron a jugar para el macrista Daniel “el Tano” Angelici, presidente de Boca y operador en la Justicia.

Durante su paso por la SIDE, Darío Richarte ató un fuerte vínculo con el siempre presente Jaime Stiuso. Ambos están involucrados directamente a la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001, en la que fueron asesinadas 40 personas con las balas del Estado.

Con la llegada del tercer gobierno radical, como suele llamar Jorge Asís a la coalición gobernante, volvió a ocupar un cargo. Richarte, de la mano de Angelici, integra la comisión directiva de Boca.

A su vez el Tano Angelici es un viejo conocido del jefe de la AFI, Gustavo Arribas, empresario dedicado a la compra y venta de jugadores de fútbol hasta hace unos años. Una trama de vínculos que se cierran entre el negocio del fútbol y el de los espías.

Por un decreto de Mauricio Macri, el presupuesto de la AFI es más secreto aún. A cargo de estos fondos esta el responsable de coimear a senadores para que aprueben una ley contra los trabajadores: Juan José Gallea. Queda claro a qué está dirigido parte de esos fondos.

Un escándalo para encubrir lo ominoso

Ante las aspiraciones de jóvenes jugadores de fútbol, se interpuso el aberrante negocio de la prostitución y pedofilia. Un causa judicial se abrió para investigar un red de pedofilia, que dicen es la más grande del país.

El relacionista público Leonardo Cohen Arazi, está detenido por esta causa. El escándalo que desató Natacha Jaitt en la mesa de Mirtha logró correr de los principales medios esta denuncia, en la que están implicados más de un poderoso que busca que esta causa se cierre sobre Cohen Arazi.

Que Natacha Jaitt habló a través de los servicios de inteligencia, estén o no en función, lo prueba que fue acompañada al programa de Mirtha Legrand por una exagente de la AFI. Ana Polero trabajó durante un año para el organismo, desde marzo de 2016 a marzo de 2017.

Polero, como no podía ser de otro modo, también es una allegada a Stiuso. Gustavo Vera, dirigente de La Alameda, uno de los nombrados por Natacha Jaitt, señaló que detrás de estas denuncias están los servicios de inteligencia. Es que en el mundo de los servicios, los espías comercian y operan con los fondos del Estado, pero también viven de los negocios de la tata de personas, de la prostitución vip o el narcotráfico.

El Lauchón Viale, agente de contrainteligencia de la ex SIDE, hombre de máxima confianza de Stiuso, fue asesinado por el Grupo Halcón de la Bonaerense en 2013, para acallarlo porque él y otros poderosos formaban parte de una banda de narcotraficantes.

La disolución de los aparatos de inteligencia es un punto de partida, junto a terminar con los privilegios de la casta judicial y política a la que sirven.

Fuente: laizquierdadiario.com

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