Política

“Por fin vemos que hay una condena social contra la corrupción”

Por estos días observamos incrédulos las imágenes que dan cuenta de la impunidad con la que se malversaron fondos públicos en los últimos años en nuestra provincia. Por ello desde la Fundación Pensar Chubut se analizó el costo de la corrupción para tener datos concretos y dimensionar de manera cabal el perjuicio generado a Chubut y a la Argentina.

Durante más de una década, en la Patagonia fuimos espectadores cercanos y en tiempo real de lo que hoy se ve en los medios: empresarios amigos del poder y hasta funcionarios de turno, ostentaron sin sonrojarse bienes que ni la inversión más brillante podría desembocar en un aumento patrimonial tan importante, en tiempo récord.

Hay que tener en claro que, a mayor corrupción, menor inversión y por ende, menor crecimiento y mayor pobreza. El mecanismo es bastante obvio: la corrupción es percibida como un impuesto a la inversión, lo que disminuye el volumen de ésta y, como consecuencia, la capacidad de una sociedad de modernizarse, aumentar su producción y sus salarios.

Un informe del Centro de Investigación y Prevención de la Criminalidad Económica (CIPCE), calculó que las 15 causas de corrupción más importantes iniciadas entre 1990 y 2013, significaron para el Estado argentino un perjuicio económico de más de US$ 6.200 millones. El monto surge de la estimación del dinero en juego en el hecho investigado en cada proceso judicial.

Si tomamos en cuenta el ranking de transparencia, la Argentina mejoró en relación a los últimos 5 años, pero igualmente ocupa el lugar 85 sobre 180 países evaluados, puesto compartido con países como Benín o Kosovo. El país menos corrupto es Nueva Zelanda seguido por Dinamarca. Y en la región, Uruguay y Chile son percibidos como los menos corruptos, respectivamente.

Si nuestro país mejorase su índice de transparencia desde el 3,9 de 2017 hasta el 5,24 que obtenía durante el tan cuestionado menemismo en 1995, se ubicaría hoy en la posición 50 del ranking, cerca de Hungría, Croacia o Eslovaquia y su ratio de inversión, en relación con el PBI, podría acercarse al 22% en vez del 17% actual.

Modus operandi

La matriz de corrupción a nivel nacional tuvo como principal instrumento de financiamiento el sistema de compras y contrataciones públicas.

Un ejemplo claro de esta triangulación de dinero entre funcionarios y “empresarios” amigos del poder lo sufrimos muy de cerca en nuestra provincia: la doble trocha Trelew-Puerto Madryn, se sobre ejecutó a tal punto que se llegó a pagar cuatro veces el monto presupuestado originalmente. Así y todo, hoy es más seguro viajar por la banquina que por la propia calzada.

Si bien es cierto que la obra recientemente licitada se dilato por un problema contractual con la empresa que gano en su momento la compulsa, hay que reconocer que las propuestas económicas del último llamado a licitación tuvieron precios 50% inferiores a los ofertados durante la gestión de Cristina Kirchner, lo que muestra el margen promedio de sobreprecios.

Tomando las últimas 15 causas de corrupción con sentencia firme o que siguen judicializadas y, comparando el monto total de $ 50 mil millones con el último presupuesto ejecutado en el ejercicio 2015, vemos que ese dinero podría haberse utilizado para: · 15 hospitales de alta complejidad equipados contemplando el costo operativo anual del personal · 1.500 patrulleros equipados con la última tecnología · 20 escuelas · 5 universidades. Que quede claro: hablamos de aproximadamente el presupuesto de dos años y medio de la provincia del Chubut.

Este sencillo análisis tiene como fin que se entienda y dimensione en su justa medida el daño real que la corrupción provoca en la sociedad, pero no solo en términos monetarios sino sociales, porque la corrupción tiene un costo social directo y se refleja en menos escuelas, menos hospitales, menos rutas y eso genera destrucción de empleo y más pobreza.

La buena noticia es que la ciudadanía elige no acostumbrarse a la corrupción y los chubutenses, todos, tenemos la responsabilidad moral de actuar en consecuencia, sincerarnos como sociedad y entender que el Estado no es un ente aislado que actúa por sí solo. Cuando hay un hecho de corrupción siempre hay un privado que es cómplice del funcionario de turno, siempre hay un empresario amigo y hoy, por primera vez en muchos años y después de la exposición de los principales actores privados y funcionarios públicos de la cleptocracia kirchnerista como los López, Lázaro Báez o los Correa de turno, gracias al hartazgo de años de impunidad en nuestra provincia y en el país, vemos que por fin la condena social se hace sentir.

Lic. Ignacio Torres

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